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"César González
hace rolas y las canta. En sus rolas ha logrado apartar su punto de
vista de las necesidades del comercio y retratar su vida cotidiana. Ha
logrado ser un cronista de su propia vida y gracias a eso habla de
todos. Cuando canta sus rolas parece desprenderse de este mundo y
participar en un trance que lo eleva hasta su utopía, hasta un lugar
donde puede desprenderse del mal humor, las malas noticias y la mala
suerte para ser un hombre feliz, por lo menos mientras dura la canción.
Es un
perfeccionista. Tarda mucho en completar sus composiciones y en
montarlas. No me extraña que apenas esté grabando un disco después de
más de cinco años de carrera como solista. Es un cazador de palabras,
un tejedor de frases, un arquitecto de canciones y no descansa hasta
estar seguro de que ha domado al lenguaje y lo ha dirigido hacia donde
se proponía. Incisivo y demoledor, arroja luz sobre temas aparentemente
triviales, donde sin embargo está contenida la complejidad del mundo.
En su música ha logrado
superar sus influencias para generar un lenguaje propio que no se parece
a nada. Claro que pueden encontrarse los restos digeridos de la trova y
del jazz, pero de la amalgama surge algo completamente nuevo.
César González hace rolas y las canta. En una época oscura en que
pensar es una pérdida de tiempo, "Chico" sostiene con su arte
que el ser humano sigue siendo la medida de todas las cosas, se toma muy
a pecho cualquier presentación, del tamaño que sea, ensaya y estudia y
sigue enriqueciendo su idioma con colores que utiliza en cada canción
para dibujar un arco iris tan diverso como la vida.
César González es un constructor de espejos."
-Rodrigo Solís
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