Tesis sobre la lucha de la clase
obrera contra el capitalismo
I. El capitalismo, en un siglo de
desarrollo ha incrementado enormemente su poder, no sólo a través de la expansión
por toda la tierra, sino también a través del desarrollo bajo nuevas
formas.
Con él, la clase obrera ha aumentado en poder, en número, en
concentración masiva, en organización.
Su lucha contra la explotación capitalista, por el dominio sobre los medios de
producción, también se está desarrollando continuamente y se tiene que
desarrollar bajo nuevas formas.
El desarrollo del capitalismo condujo a la concentración del poder sobre
las ramas principales de la producción, en manos de los grandes intereses
monopolistas. Estos están íntimamente conectados con el poder estatal, y lo
dominan; controlan la parte principal de la prensa, dirigen la opinión pública.
La democracia de clase media se ha demostrado el mejor camuflaje de la
dominación política del gran capital. Al mismo tiempo, hay una tendencia
creciente en la mayoría de los países a usar el poder organizado del Estado
para concentrar en sus manos la dirección de las industrias claves, como
comienzo de la economía planificada. En Alemania, una economía dirigida por el
Estado unió la dirección política y la administración capitalista en una
explotación de clase combinada. En el capitalismo de Estado de Rusia, la
burocracia es colectivamente la que domina sobre los medios de producción, y mantiene
en sumisión a las masas explotadas mediante un gobierno dictatorial.
II. El socialismo, erigido como la meta de
la lucha de los obreros, es la organización de la producción por el Gobierno.
Significa el socialismo de Estado, el mando de los funcionarios del Estado
sobre la producción y el mando de los gerentes, científicos, jefes, en la
fábrica. En la economía socialista, este cuerpo, formando una burocracia bien
organizada, es el amo directo del proceso de producción. Tiene la disposición sobre
el producto total, determinando qué parte se asignará como salarios a los
obreros, y apropiandose del resto para las necesidades generales y para sí
mismo. Los obreros, bajo la democracia, pueden escoger a sus amos, pero no son
ellos mismos amos de su trabajo; reciben sólo parte de lo producido, asignado a
ellos por otros; son aún explotados y tienen que obedecer a la nueva clase
dominante. Las formas democráticas, que se supone o se pretende que la
acompañen, no alteran la estructura fundamental de este sistema económico.
El socialismo fue proclamado la meta de la clase obrera cuando, en su
primer alzamiento, se sentía impotente, incapaz de conquistar por sí misma el
poder sobre las fábricas, y buscaba en el Estado protección contra la clase
capitalista por medio de reformas sociales. Los grandes partidos políticos que
encarnaban estas aspiraciones, la socialdemocracia y los partidos laboristas,
se convirtieron en instrumentos para regimentar al conjunto de la clase obrera
al servicio del capitalismo, en sus guerras por el poder mundial, así como en
la política doméstica en tiempo de paz. El Gobierno obrero del Partido
Laborista Británico ni siquiera podía decirse que fuese realmente socialista,
sino que era un modernizador del capitalismo. Mediante la abolición de sus
ignominias y del atraso, introduciendo la gestión estatal subordinada a la
preservación -garantizada por el Estado- de las ganancias para los
capitalistas, fortalece la dominación capitalista y perpetúa la explotación de
los obreros.
III. La meta de la clase obrera es su
liberación de la explotación. Esta meta no se alcanza y no puede alcanzarse
mediante una nueva clase dirigente y gobernante que sustituya a la burguesía.
Sólo puede ser realizada por los obreros mismos siendo dueños de la
producción.
El dominio de los obreros sobre los medios de producción significa, en
primer lugar, la organización del trabajo en cada fábrica y empresa por su
plantilla. En lugar de mediante el mando del gerente y sus subordinados, toda
la regulación es elaborada a través de la decisión del cuerpo entero de los
obreros. Este cuerpo, comprendiendo todas las clases de obreros, especialistas
y científicos, todos tomando parte en la producción, decide en asamblea todo lo
relacionado con el trabajo común. El que aquéllos que han de efectuar el
trabajo también tengan que regular el mismo y asumir su responsabilidad dentro
del propósito del conjunto, puede aplicarse a todas las ramas de producción.
Esto significa, en segundo lugar, que los obreros crean sus órganos para
coordinar las empresas separadas en una totalidad organizada de producción
planificada. Estos órganos son los consejos obreros.
Los consejos obreros son cuerpos de delegados, enviados por las
plantillas de las fábricas separadas o por las secciones de grandes empresas,
llevando las intenciones y opiniones de las plantillas para discutirlas y tomar
decisiones acerca de los asuntos comúnes, llevando de vuelta los resultados a
sus mandatarios. Ellos plantean y proclaman las regulaciones necesarias, y,
uniendo las diferentes opiniones en un resultado común, forman la conexión de
las unidades independientes en una totalidad adecuadamente organizada. No son
un cuadro permanente de dirigentes, sino que pueden ser revocados y cambiados
en cualquier momento. Sus primeros gérmenes aparecieron en el comienzo de las
revoluciones rusa y alemana (soviets,
arbitrate). Ellos han de jugar un papel creciente en futuros desarrollos de la
clase obrera.
IV. Los partidos políticos en los tiempos
presentes tienen dos funciones. En primer lugar, aspiran al poder político, a
la dominación en el Estado, a tomar el gobierno en sus manos y a usar su poder
para poner su programa en práctica. Para este propósito, tienen, en segundo
lugar, que ganarse a las masas de la
población trabajadora para sus programas: por medio de sus enseñanzas,
clarificando la visión, o, mediante su propaganda, intentando simplemente hacer
de ella un rebaño de seguidores.
Los partidos de la clase obrera erigen como su meta la conquista del
poder político; por consiguiente, gobernar en interés de los obreros, y en
especial para abolir el capitalismo. Se afirman como la vanguardia de la clase
obrera, su parte más clarificada, capaz de conducir a la mayoría desinstruida
de la clase, actuando en su nombre como sus representantes. Pretenden ser
capaces de liberar a los obreros de la explotación. Una clase explotada, sin
embargo, no puede liberarse simplemente votando y trayendo al poder a un grupo
de nuevos gobernadores. Un partido político no puede traer la libertad, sino
que, cuando gana, trae sólo nuevas formas de dominación. La libertad sólo puede
ser conquistada por las masas obreras a través de su propia acción organizada,
tomando su suerte en sus propias manos, dedicandose al ejercicio de todas sus
facultades, dirigiendo y organizando su lucha y su trabajo por sí mismas
mediante sus consejos.
Para los partidos queda entonces la segunda función, extender la visión
y el conocimiento, estudiar, discutir y formular las ideas sociales, y,
mediante su propaganda, iluminar las mentes de las masas. Los consejos obreros
son los órganos para la acción práctica y la lucha de la clase obrera; en los
partidos recae la tarea de vigorizar su poder espiritual. Su obrar forma una
parte indispensable en la autoliberación
de la clase obrera.
V. La forma más fuerte de lucha contra la
clase capitalista es la huelga. Las huelgas son necesarias, siempre de nuevo,
contra la tendencia de los capitalistas a incrementar sus ganancias mediante la
bajada de los salarios y el incremento de
las horas o de la intensidad del trabajo.
Los sindicatos se han formado como instrumentos de resistencia
organizada, se basan en una solidaridad fuerte y en la ayuda mutua. Con el crecimiento de las grandes
corporaciones el poder capitalista ha aumentado enormemente, por lo que sólo en
casos especiales los obreros son capaces de aguantar la degradación de sus
condiciones de trabajo. Los sindicatos se convierten en instrumentos de mediación entre
capitalistas y obreros; hacen tratos con los patrones que intentan poner en
vigor sobre los a menudo poco dispuestos obreros. Los jefes aspiran a convertirse en una parte reconocida del aparato de
poder del capital y el Estado que dominan a la clase obrera; los sindicatos se
convierten en los instrumentos del capital monopolista, por medio de los cuales
dicta sus condiciones a los obreros.
El derecho de la clase obrera, bajo estas circunstancias, toma cada vez
más la forma de las huelgas salvajes.
Éstas son espontáneas, explosiones masivas del espíritu de resistencia
largamente reprimido. Son acciones directas en las que los obreros toman su
lucha completamente en sus propias manos, dejando fuera a los sindicatos y a
sus dirigentes.
La organización de la lucha es acometida por los comités de huelga, delegados de los huelguistas, escogidos y
mandados por la plantilla. Por medio de las discusiones en estos comités los
obreros establecen su unidad de acción. La extensión de la huelga a masas cada
vez mayores, la única táctica apropiada para arrancar concesiones del capital,
está opuesta fundamentalmente a las tácticas sindicalistas de restringir la
lucha y ponerle fin tan pronto como sea posible. Tales huelgas salvajes en los tiempos presentes son las únicas luchas
de clase reales de los obreros contra el capital. En ellas afirman su
libertad, escogiendo y dirigiendo sus acciones ellos mismos, no dirigidos por
otros poderes para otros intereses.
Eso determina la importancia de tales contestaciones de la clase para el
futuro. Cuando las huelgas salvajes toman cada vez mayor extensión encuentran
el entero poder físico del Estado contra ellas. De modo que asumen un carácter revolucionario. Cuando el capitalismo se
convierte en un gobierno mundial
organizado -aunque todavía sólo en la forma de dos poderes contendientes,
amenazando a la humanidad con la total devastación- la lucha por la libertad de
la clase obrera toma la forma de una lucha
contra el poder del Estado. Sus huelgas asumen el carácter de grandes huelgas
políticas, a veces huelgas universales. Entonces, los comités de huelga
necesitan asumir funciones generales sociales y políticas, y adquirir el
carácter de consejos obreros. La lucha revolucionaria por la dominación sobre
la sociedad es al mismo tiempo una lucha por la dominación sobre y en las
fábricas. Entonces, los consejos obreros, como órganos de lucha, se convierten
en órganos de producción al mismo tiempo.
(Abogación Sureña por los Consejos Obreros,
Melbourne, nº 33, Mayo de 1947.)