Por qué han fracasado los pasados
movimientos revolucionarios.
I
- IIntroducción*
Hace treinta años todo socialista estaba convencido que la guerra que se
aproximaba entre los grandes poderes capitalistas significaría la catástrofe
final del capitalismo y seria sucedida por la revolución proletaria. Incluso
cuando la guerra estalló y el movimiento socialista y obrero se colapsó como un
factor revolucionario, las esperanzas de los obreros revolucionarios siguieron
siendo elevadas. Incluso luego estuvieron seguros de que la revolución mundial
seguiría al despertar de la guerra mundial. Y de hecho así fue. Como un
luminoso meteoro la revolución rusa se encendió y resplandeció sobre la Tierra,
y en todos los países los obreros se alzaron y empezaron a movilizarse.
Sólo unos pocos años distan el volverse claro que la revolución estaba
decayendo, que las convulsiones sociales estaban decreciendo, que el orden
capitalista estaba siendo restaurado gradualmente. Hoy el movimiento de los
obreros revolucionarios está en su aflujo más bajo y el capitalismo es más
poderoso que nunca. Una vez más, una gran guerra ha llegado, y de nuevo los
pensamientos de obreros y comunistas vuelven a la pregunta: ¿afectará al
sistema sistema capitalista en tal grado que una revolución obrera surgirá de
ello? ¿Se hará real esta vez la esperanza de una lucha victoriosa por la
libertad de la clase obrera?
Está claro que nosotros no podemos esperar lograr una respuesta a esta
pregunta en tanto que no entendamos por qué los movimientos revolucionarios
después de 1918 han fracasado. Sólo investigando todas las fuerzas que estaban
entonces actuando, podemos conseguir una visión clara de las causas de ese
fracaso. Por eso, debemos volver nuestra atención sobre lo acontecido hace
veinte años en el movimiento obrero mundial.
II
- EEl desarrollo revolucionario del
capitalismo mundial y el distinto carácter de la revolución proletaria
El crecimiento del movimiento obrero no fue el único hecho importante,
ni siquiera el más importante en la historia del pasado siglo. De importancia
primaria fue el crecimiento del capitalismo mismo. No sólo creció en intensidad
-a través de la concentración de capital,, la perfección creciente de las
técnicas industriales, el incremento de productividad- sino también en
extensión. Desde los primeros centros de la industria y el comercio
-Inglaterra, Francia, América y Alemania-- el capitalismo empezó a invadir los
países extranjeros, y ahora está conquistando el conjunto de la Tierra. En los
siglos anteriores los continentes extranjeros fueron dominados para ser
explotados como colonias. Pero al final del siglo XIX y el principio del XX
vemos una forma superior de conquista. Estos continentes fueron asimilados por
el capitalismo; se han vuelto ellos mismos capitalistas. Este proceso de mayor
importancia, que siguió con rapidez creciente en el último siglo, significó un
cambio fundamental en su estructura económica. En breve, allí estaba la base de
una serie de revoluciones a lo largo del mundo.
Los países centrales de capitalismo desarrollado, con la clase media -la
burguesía- como clase dominante, fueron antaño rodeados por una franja de
otros, los países subdesarrollados. Aquí la estructura social todavía era
enteramente agraria y más o menos feudal; las grandes llanuras eran cultivadas
por campesinos que eran explotados por los terratenientes y permanecían en
continua lucha más o menos abierta contra ellos y los autócratas regidores. En
el caso de las colonias esta presión interna fue intensificada a través de la
explotación por capital colonial europeo, que hizo sus agentes a los
terratenientes y a los reyes. En otros casos esta explotación más fuerte por el
capital europeo se ocasionó por medio de los préstamos financieros de los
gobiernos, que pusieron altos impuestos a los campesinos. Se construyeron vías
férreas, introduciendo los productos de fábrica que destruyeron las viejas
industrias tradicionales y transportaron lejos materias primas y alimentos.
Esto sacó gradualmente a los campesinos al comercio mundial y despertó en ellos
el deseo de convertirse en productores libres para el mercado. Se construyeron
fábricas; se desarrolló una clase de hombres de negocios y distribuidores en
los pueblos que sentían la necesidad de un mejor gobierno para sus intereses.
La juventud, estudiando en las universidades occidentales, se convirtió en el
portavoz revolucionario de estas tendencias. Formularon estas tendencias en los
programas teóricos, abogando principalmente por la libertad nacional y la
independencia, un gobierno democrático responsable, derechos y libertades
civiles, en orden de poder encontrar ellos mismos su lugar útil como
funcionarios y políticos en un estado moderno.
Este desarrollo en el mundo capitalista tuvo lugar simultánea y
apropiadamente con el desarrollo del movimiento obrero dentro de los países
centrales de capitalismo avanzado. Había entonces dos movimientos revolucionarios,
no sólo paralelos y simultáneos, sino también con muchos puntos de contacto.
Tenían un enemigo común, el capitalismo, que en la forma de capitalismo
industrial explotaba a los obreros, y en la forma de capitalismo colonial y
financiero explotaba al campesinado en los países orientales y coloniales y
sostenía a estos gobernantes despóticos. Los grupos revolucionarios de estos
países sólo encontraron comprensión y ayuda por parte de los obreros
socialistas de Europa occidental. Por eso se llamaron socialistas también. Las
viejas ilusiones de que las revoluciones de la clase media traerían libertad e
igualdad a la población entera estaban renaciendo.
En realidad había una diferencia profunda y fundamental entre estos dos
tipos de objetivos revolucionarios, denominados como occidental y oriental. La
revolución proletaria sólo puede ser el resultado del desarrollo más elevado
del capitalismo. Pone fin al capitalismo.
Las revoluciones en los países orientales eran las consecuencias del principio
del capitalismo en estos países. Visto así, se asemejan a las revoluciones de
la clase media en los países occidentales y -con la debida consideración para
el hecho de que su carácter especial debe ser diferenciado en los distintos
países- deben considerarse como revoluciones de la clase media. Aunque no había
una numerosa clase media de artesanos, pequeñoburgueses y campesinos ricos tal
como había sido en las revoluciones francesa e inglesa (porque en el Este, el
capitalismo vino repentinamente, con un número menor de grandes fábricas)
todavía su carácter general es análogo. También aquí tenemos el despertar
afuera de la visión provinciana de una villa agraria hacia la conciencia de una
gran comunidad nacional y hacia el interés por el mundo entero; el ascenso del
individualismo que se libera de las ataduras de los viejos estratos; el
crecimiento de la energía orientada a ganar poder y riqueza personales; la
liberación del pensamiento de las viejas supersticiones, y el deseo del
conocimiento como un medio de progreso. Todo esto es el armamento mental
necesario para llevar a la humanidad desde la vida lenta de las condiciones
precapitalistas hasta el rápido progreso industrial y económico que más tarde
abrirá el camino para el comunismo.
El carácter general de una revolución proletaria debe ser totalmente
diferente. En lugar de una pugna temeraria por los intereses personales debe
haber una acción común por los intereses de la comunidad de la clase. Un
obrero, una sola persona, es impotente; sólo como parte de su clase, como
miembro de un grupo económico fuertemente conectado puede conseguir poder. Las
individualidades de los obreros son disciplinadas ordenadamente por su hábito
de trabajar y luchar juntos. Sus mentes deben liberarse de las supersticiones
sociales y ver como una verdad común el que, una vez están fuertemente unidos,
entonces pueden producir la abundancia y liberar a la sociedad de la miseria y
la necesidad. Esto es parte del armamento mental necesario para llevar a la
humanidad desde la explotación de clase, la miseria, la destrucción mutua del
capitalismo, hasta el mismo comunismo.
Por consiguiente, las dos clases de revolución son tan ampliamente
diferentes como que son el principio y el fin del capitalismo. Ahora podemos
ver esto claramente, treinta años después. Podemos también entender cómo hasta
el momento pudieron no sólo ser considerados como aliados, sino lanzados juntos
como las dos caras de la misma gran revolución mundial. Se suponía que el gran
día estaba cercano; la clase obrera, con sus grandes partidos socialistas y
todavía más grandes sindicatos, conquistaría pronto el poder. Y entonces, al
mismo tiempo, con el poder del capitalismo occidental abatido, todas las
colonias y los países orientales serian liberados de la dominación occidental y
se dedicarían a su propia vida nacional.
Otra razón de la confusión de estos diferentes objetivos sociales estaba
en que, en ese período, los pensamientos de los obreros occidentales estaban
completamente ocupados por las ideas reformistas acerca de reformar el
capitalismo hacia las formas democráticas de sus comienzos y sólo unos pocos
entre ellos comprendieron el significado de una revolución proletaria.
III
- La lucha revolucionaria en los países oorientales y los países occidentales
La guerra mundial de 1914-18, con su destrucción absoluta de fuerzas
productivas, incidió profundos surcos por entre la estructura social, sobre
todo de Europa central y oriental. Los emperadores desaparecieron, los viejos
gobiernos anticuados fueron derrocados, las fuerzas sociales de debajo se
desataron, las diferentes clases de pueblos diferentes, en una serie de
movimientos revolucionarios, intentaron ganar el poder y realizar sus
aspiraciones de clase.
En los países altamente industrializados la lucha de clase de los
obreros era ya el factor dominante de la historia. Ahora estos obreros habían
pasado por una guerra mundial. Aprendieron que el capitalismo no sólo se
instala en el derecho sobre su fuerza de trabajo, sino también en sus vidas;
completamente, en cuerpo y alma, son poseídos por el capital. La destrucción y
pauperización del aparato productivo, la miseria y la privación sufridas
durante la guerra, la desilusión y el dolor después de que la paz trajese
oleadas de inquietud y insubordinación sobre todos los países participantes.
Porque Alemania había perdido, allí la rebelión de los obreros era mayor. En
lugar del conservadurismo de preguerra, se levantó un nuevo espíritu en los
obreros alemanes, compuesto de valor, energía, anhelos de libertad y de lucha
revolucionaria contra el capitalismo. Era sólo un comienzo, pero fue el primer
comienzo de una revolución proletaria.
En los países orientales de Europa la lucha de clases tenía una
composición diferente. La nobleza propietaria de la tierra fue desposeída; los
campesinos se apropiaron de la tierra; surgió una pequeña clase de pequeños o
medianos propietarios de tierras. Los conspiradores revolucionarios anteriores
se convirtieron en los jefes, ministros y generales en los nuevos Estados nacionales.
Estas revoluciones eran las revoluciones de la clase media y como tales
indicaron el principio de un desarrollo ilimitado del capitalismo y la
industria.
En Rusia esta revolución fue más profunda que en cualquier otra parte.
Porque destruyó el poder del mundo zarista que durante un siglo había sido un
poder dominante en Europa y el más odiado
enemigo de toda democracia y socialismo, la revolución rusa lideró a
todos los movimientos revolucionarios en Europa. Esta hegemonía había sido
asociada durante muchos años con los jefes socialistas de Europa occidental,
del mismo modo que el Zar había sido el aliado de los gobiernos ingleses y
franceses. Es cierto que los principales contenidos sociales de la Revolución
rusa -las apropiaciones de la tierra por los campesinos y el aplastamiento de
la autocracia y la nobleza- la muestran como si fuese una revolución de clase
media, y los bolcheviques mismos acentuaron este carácter comparándose a menudo
con los jacobinos de la Revolución francesa.
Pero los obreros en el oeste, llenos de tradiciones de libertad
pequeñoburguesa, no consideraron esto extraño a ellos. Y la revolución rusa
simplemente no hizo más que despertar su admiración; les enseñó un ejemplo en
los métodos de acción. Su poder en los momentos decisivos era el poder de las
acciones de masas espontáneas de los obreros industriales en las grandes
ciudades. Además de esas acciones, los obreros rusos construyeron esa forma de
organización más apropiada para la acción independiente - los soviets o
consejos. Así se hicieron los guías y maestros de los obreros en otros
países.
Cuando un año después, en noviembre de 1918, el imperio alemán se
derrumbó, la apelación a la revolución mundial emitida por los bolcheviques
rusos fue aclamada y bienvenida por los principales grupos revolucionarios en
Europa occidental. Estos grupos, llamándose a sí mismos comunistas, estaban
fuertemente impresionados por el carácter proletario de la lucha revolucionaria
en Rusia que pasaron por alto el hecho que, económicamente, Rusia permanecía
sólo en el umbral del capitalismo, y que los centros proletarios eran sólo
pequeñas islas en el océano del campesinado primitivo. Mas aún, razonaron que
cuando viniese una revolución mundial, Rusia sería sólo una provincia del mundo
-el lugar dónde la lucha comenzó- mientraas que los países más desarrollados en
el capitalismo avanzado tomarían pronto el primer plano y determinarían el
curso real del mundo.
Pero el primer movimiento rebelde entre los obreros alemanes fue derrotado.
Era sólo una minoría avanzada la que tomó parte; la gran masa se mantuvo
apartada, alimentándose de la ilusión de que la tranquilidad y la paz eran
ahora posibles. Contra estos rebeldes se puso en pie una coalición del partido
socialdemocráta, cuyos jefes ocuparon los asientos gubernamentales, y las
viejas clases dominantes, burguesía y funcionarios del ejército. Mientras el
anterior acunó a las masas en la inactividad, las bandas armadas organizadas de
los últimos aplastaron el movimiento rebelde y asesinaron a los dirigentes
revolucionarios, Liebnecht y Rosa Luxemburgo.
La revolución rusa, a través del miedo, había despertado en la burguesía
una mayor energía que la que había despertado en el proletariado a través de la
esperanza. Aunque, por el momento, la organización política de la burguesía se
había derrumbado, su poder real material y espiritual era enorme. La dirección
socialista no hizo nada para debilitar este poder; temieron la revolución
proletaria no menos de lo que lo hizo la burguesía. Hicieron todo para
restaurar el orden capitalista en que, por el momento, ellos eran ministros y
presidentes.
Esto no significó que la revolución proletaria en Alemania fuese un
fracaso total. Sólo el primer ataque, la primera rebelión había fallado. El
derrumbamiento militar no había llevado directamente a la dominación del
proletariado. El poder real de la clase obrera -la conciencia clara por parte
de las masas de su posición social y de la necesidad de luchar, la más ansiosa
actividad en todos estos centenares de miles, el entusiasmo, la solidaridad y
una fuerte unidad en la acción, el conocimiento del objetivo supremo: tomar los
medios de producción en sus propias manos- tenía en cualquier caso que surgir y
crecer progresivamente. Tanta miseria y crisis eran amenazantes en la sociedad
de postguerra exhausta, destrozada y empobrecida, en la que estaban encerradas
las nuevas luchas que habrían de venir.
En todos los países capitalistas, en Inglaterra, Francia, América, así
como en Alemania, los grupos revolucionarios surgieron entre los obreros en
1919. Publicaron papeles y folletos, mostraron a sus compañeros obreros los
nuevos hechos, nuevas condiciones y nuevos métodos de lucha, y encontraron
buena audiencia entre las masas alertadas. Apuntaron a la revolución rusa como
a su gran ejemplo, sus métodos de acción de masas y su forma de organización el
soviet o consejo. Se organizaron en los partidos y grupos comunistas,
asociándose con el Bolchevique, el partido comunista ruso. De este modo se lanzó
la campaña por la revolución mundial.
IV
- DDe la crítica del bolchevismo a la
autonomia obrera
Pronto, sin embargo, estos grupos se dieron cuenta con incrementada y
dolorosa sorpresa que, bajo el nombre de comunismo, se estaban propagando desde
Moscú otros principios e ideas distintos que los suyos propios. Apuntaron a los
soviets rusos como los nuevos órganos obreros para la autogestión de la
producción. Pero gradualmente se supo que las fábricas rusas eran de nuevo
gestionadas por directores fijados desde arriba, y que la posición política
suprema había sido apropiada por el Partido Comunista. Estos grupos
occidentales promulgaron la dictadura del proletariado, que en oposición a la
democracia parlamentaria encarnó el principio de la autonomía de la clase
obrera como la forma política de la revolución proletaria.
Los portavoces y dirigentes que Moscú envió a Alemania y Europa
occidental proclamaron que la dictadura del proletariado estaba encarnada en la
dictadura del Partido Comunista.
Los comunistas occidentales vieron como su tarea principal el
esclarecimiento de los obreros acerca del papel del partido socialista y de los
sindicatos. Señalaron que en estas organizaciones las acciones y decisiones de
los dirigentes sustituían las acciones y decisiones de los obreros, y que los
jefes nunca pudieron emprender una lucha revolucionaria porque una revolución
consiste en esta misma autoactividad de los obreros; que las acciones del
sindicato y la práctica parlamentaria son buenas en un mundo capitalista joven
y acallado, pero es completamente incapaz durante los períodos revolucionarios,
donde, desviando la atención de los obreros de los objetivos y metas
importantes y dirigiéndolos a reformas irreales, actúan como fuerzas hostiles y
reaccionarias; que todo el poder de estas organizaciones, en manos de
dirigentes, es usado contra la revolución. Moscú, sin embargo, exigió que los
partidos comunistas debían tomar parte en las elecciones parlamentarias así
como en todo el trabajo de los sindicatos. Los comunistas occidentales
predicaron la independencia, el desarrollo de la iniciativa, la confianza en sí
mismos, el rechazo de la dependencia y la creencia en los jefes. Pero Moscú
predicó, en términos cada vez más fuertes, que la obediencia a los jefes era la
virtud principal del verdadero comunista.
Los comunistas occidentales no comprendieron inmediatamente como de
fundamental era la contradicción. Vieron que Rusia, atacada de todos lados por
ejércitos contrarrevolucionarios, que estaban apoyados por los gobiernos inglés
y francés, necesitaba la simpatía y
ayuda de las clases obreras occidentales; no por parte de grupos pequeños que
furiosamente atacaban a las viejas organizaciones, sino de las viejas
organizaciones de masas mismas. Por eso intentaron convencer a Lenin y a los dirigentes rusos que estaban mal
informados sobre las condiciones reales y el futuro del movimiento proletario
en el Oeste. En vano, claro. No vieron, en su momento, que en realidad eso era
el conflicto entre dos concepciones de la revolución, la revolución de la clase
media y la revolución proletaria.
Era realmente natural que Lenin y sus camaradas fueran absolutamente
incapaces ver que la revolución proletaria inminente del oeste era algo muy
diferente de su revolución rusa. Lenin no conoció el capitalismo desde dentro,
en su desarrollo más elevado, como un mundo de crecientes masas proletarias,
movilizandose hasta el momento en que pudieran tomar el poder en sus manos en
un aparato de producción potencialmente perfecto. Lenin conoció el capitalismo
sólo desde fuera, como un extranjero, robando, devastando, usurero, como el
capital financiero y colonial occidental debía haber aparecido ante él en Rusia
y otros países asiáticos. Su idea era de que, para vencer, las masas
occidentales tenían sólo que unirse al poder anticapitalista establecido en
Rusia; no deberían intentar obstinadamente
buscar otras formas, sino seguir el ejemplo ruso. Así, se necesitaron
las tácticas flexibles en el oeste para ganar las grandes masas de miembros
socialistas y sindicales lo más pronto posible, inducirlos a dejar sus propios
partidos y dirigentes que se ligaron a sus gobiernos nacionales, y a unirse a
los partidos comunistas, sin necesidad de cambiar sus propias ideas y
convicciones. Por eso las tácticas de Moscú se siguieron lógicamente de su
equivocación básica.
Y lo que Moscú había propagado tenía por lejano lo de mayor peso. Tenía
la autoridad de un victorioso contra una revolución (alemana) derrotada. ¿Usted
será más sabio que sus maestros? La autoridad moral del comunismo ruso era tan
indiscutible que incluso un año después la oposición alemana excluida pidió ser
admitida como un 'simpatizante' adherente a la III Internacional. Pero junto a
la autoridad moral, los rusos tenían la autoridad material del dinero detrás de
ellos. Una cantidad enorme de literatura, fácilmente pagada a través de los
subsidios de Moscú, inundó los países occidentales: los periódicos semanales,
los folletos, las noticias excitantes sobre los éxitos en Rusia, los análisis
científicos, todo explicando la visión de Moscú. Contra esta ofensiva
arrolladora de propaganda espectacular, los pequeños grupos de comunistas
occidentales, con su falta de recursos financieros, no tenían ninguna
oportunidad. De ahí el nuevo y germinante reconocimiento de que las condiciones
necesarias para la revolución estaban derrotadas y estranguladas por las
poderosas armas de Moscú. Más aún, se usaron los subsidios rusos para sostener
un número de secretarios asalariados
del partido, quienes, bajo la amenaza de despedidos, naturalmente se
convirtieron en defensores de las tácticas rusas.
Cuando se volvió visible que incluso todo esto no era suficiente, el
mismo Lenin escribió su bien conocido folleto "El comunismo de izquierdas, una enfermedad infantil". Aunque
sus argumentos mostraron solamente su falta de entendimiento de las condiciones
occidentales, el hecho que Lenin, con su autoridad imbatida, tomase partido tan
abiertamente en las diferencias internas, tenía una gran influencia en muchos
comunistas occidentales. Y todavía, no obstante a todo esto, la mayoría del
Partido Comunista Alemán se adherió al conocimiento que habían ganado a través
de su experiencia de luchas proletarias. Por eso en su próximo congreso en Heidelberg,
Dr. Levi, mediante algunos trucos sucios, tenía primero que dividir a la
mayoría -para excluir a una parte, y luego para acumular más votos que otros-
con objeto de ganar una victoria formal y aparente para las tácticas de Moscú.
Los grupos excluidos siguieron durante algunos años diseminando sus
ideas. Pero sus perspectivas fueron ahogadas por el bullicio enorme de la
propaganda de Moscú, no tuvieron influencia apreciable en los eventos políticos
de los años próximos. Sólo podían mantener y desarrollar, a través de las
discusiones teóricas mutuas y de algunas publicaciones, su comprensión de las
condiciones de la revolución proletaria, y mantenerse vivos durante los tiempos
que estaban por venir.
Los comienzos de una revolución proletaria en el oeste habían sido
asesinados por la poderosa revolución de clase media del este.
V
- EEl verdadero carácter de la Revolución
rusa y el papel de la III Internacional
¿Es correcto llamar a esta revolución rusa, que destruyó la burguesía e
introdujo el socialismo, una revolución de la clase media?
Algunos años después, en las grandes ciudades de la extremadamente pobre
Rusia, aparecieron las tiendas especializadas, con los frentes de cristal de
espejo y caras y exquisitas delicadezas, especialmente para los ricos, y se
abrieron lujosos clubes nocturnos, frecuentados por señores y señoras con
vestido de tarde -jefes de departamentos, altos funcionarios, directores de
fábricas y comités-. Estaban mirando fijamente, con asombro, los pobres en las calles,
y los comunistas desilusionados dijeron: "Allí va la nueva burguesía". Estaban equivocados. No era una
nueva burguesía; pero era una nueva clase dominante. Cuando una nueva clase
dominante surge, los revolucionarios defraudados siempre la llaman por el
nombre de la clase dominante anterior. En la revolución francesa, los
capitalistas ascendentes fueron llamados "la nueva aristocracia". Aquí en Rusia, la nueva clase
firmemente acomodada en la silla como los amos del aparato de producción era la
burocracia. Tenía que desempeñar en Rusia el mismo papel que en el oeste la
clase media, la burguesía, había desempeñado: desarrollar el país por medio de
la industrialización, desde las condiciones primitivas hasta la alta
productividad.
Así como en Europa occidental la burguesía había surgido del pueblo
vulgar de artesanos y campesinos, incluyendo algunos aristócratas, a través de
la habilidad, la suerte y la astucia, del mismo modo la burocracia dominante
rusa había surgido de la clase obrera y los campesinos (incluyendo a los
funcionarios anteriores) por la habilidad, la suerte y la astucia. La
diferencia es que en la URSS ellos no se apropiaron individualmente de los
medios de producción, sino
colectivamente; su competición entre sí, también, debía sucecer bajo
otras formas. Esto significa una diferencia fundamental en el sistema
económico; producción colectiva planificada y explotación en lugar de
producción individual al azar y explotación; capitalismo de estado en lugar de
capitalismo privado. Para las masas obreras, sin embargo, la diferencia es
despreciable, no fundamental; una vez más son explotados por una clase media.
Pero ahora esta explotación está intensificada por la forma dictatorial de
gobierno, por la falta total de todas esas libertades que en el oeste hacen
posible la lucha actual contra la burguesía.
Este carácter de la Rusia moderna determinó el carácter de la lucha de
la Tercera Internacional. Alternando los discursos calientes al rojo con el
oportunismo parlamentario más llano, o combinando ambos, la III Internacional
intentó ganar la adhesión de las masas obreras del oeste. Explotó el
antagonismo de clase de los obreros contra el capitalismo para ganar poder para
el Partido. Recogió todo el entusiasmo revolucionario de la juventud y todos
los impulsos rebeldes de las masas, les impidió desarrollarse hacia un poder
proletario creciente, y los consumió en
aventuras políticas inútiles. Esperó así conseguir el poder sobre la
burguesía occidental; pero tampoco fue capaz de hacerlo, porque la comprensión
del carácter íntimo del capitalismo avanzado estaba totalmente ausente en ella.
Este capitalismo no puede ser conquistado por una fuerza externa; sólo puede
ser destruido desde dentro, por la revolución proletaria. La dominación de clase
sólo puede ser destruida por la iniciativa y el discernimiento de una clase
proletaria con confianza en sí misma: la disciplina de partido y la obediencia
de las masas a sus jefes sólo pueden conducir a una nueva dominación de clase.
De hecho, en Italia y en Alemania esta actividad del Partido Comunista preparó
el camino para el fascismo.
Los Partidos Comunistas que pertenecen a la III Internacional son
completamente -materialmente y intelectualmente- dependientes de Rusia, son los sirvientes obedientes de los
gobernantes de Rusia. Por lo tanto, cuando Rusia, después de 1933, sintió que
debía alinearse con Francia contra Alemania, toda la intransigencia anterior
fue olvidada. El Comintern se volvió el campeón de la "democracia" y
se unió no sólo con los socialistas sino incluso con algunos partidos
capitalistas en el llamado Frente Popular. Gradualmente su poder de atracción,
por medio de la pretensión de representar las viejas tradiciones
revolucionarias, empezó a desaparecer; sus seguidores en el proletariado
disminuyeron.
Pero al mismo tiempo, su influencia en las clases medias intelectuales
en Europa y América empezó a crecer. Un amplio número de libros y análisis en
todos los campos del pensamiento social fue difundido por casas editoriales del
P.C. más o menos camufladas, en Inglaterra, Francia y América. Algunos de ellos
eran valiosos estudios históricos o recopilaciones populares; pero mayormente
eran exposiciones sin valor del llamado Leninismo. Toda esta literatura era
evidentemente no destinada a los obreros, sino a los intelectuales, con objeto
de ganarlos para el comunismo ruso.
La nueva aproximación encontró algún éxito. El ex-diplomático soviético
Alejandro Barmine dice en sus memorias cómo percibió con sorpresa en Europa
occidental que sólo cuando él y otros Bolcheviques empezaron a tener sus dudas
acerca del resultado de la revolución rusa, los intelectuales de la clase media
occidental, engañados por las alabanzas mentirosas de los éxitos del Quinto
Plan Anual, empezaron a sentir un interés simpatizante en el Comunismo. La
razón está clara: ahora esa Rusia no era obviamente uno más de los Estados
obreros; sintieron que esta dominación del capitalismo de estado de una
burocracia se volvió más cercana a sus propios ideales de gobierno por la
intelectualidad de lo que lo hizo el gobierno europeo y americano de las
grandes finanzas. Ahora que una nueva minoría dominante desde fuera y por
encima de las masas se estableció en Rusia, el Partido comunista, su sirviente
externo, tenía que volverse a esas clases de las que, cuando el capitalismo
privado colapsase, surgirían los nuevos gobernantes para explotar a las
masas.
Claro, para triunfar de esta manera, necesitaban una revolución obrera
para derrotar el poder capitalista. Luego, debían intentar desviarla de sus
propias aspiraciones y convertirla en un instrumento para el gobierno de su
partido. Vemos así qué tipo de dificultades tendrá que afrontar la revolución
futura de la clase obrera. Tendrá que
luchar no sólo contra la burguesía sino también contra los enemigos de la
burguesía. No sólo tiene que despojarse del yugo de sus presentes amos;
también debe guardarse de aquellos que intentarían ser sus amos futuros.
VI
- AAnte el comienzo de la nueva guerra hay
que liberarse del bolchevismo
El mundo ha entrado ahora en su nueva gran guerra imperialista. Cautos,
aunque los gobiernos belicosos pueden estar manipulando las fuerzas económicas
y sociales e intentando impedir el infierno de dejarlas completamente sueltas,
no serán capaces de detener la catástrofe social. Con el agotamiento general y
el empobrecimiento, los más severos en la Europa continental, con el espíritu
de feroz agresividad todavía potente, las luchas violentas de clases
acompañarán los inevitables nuevos ajustes del sistema de producción. Entonces,
con el capitalismo privado desmoronado, las cuestiones serán en un lado la
economía planificada, el capitalismo de estado, la explotación obrera; en el
otro la libertad de los obreros y el dominio sobre la producción.
La clase obrera está yendo a esta guerra gravada por la tradición
capitalista de mando del Partido y la tradición quimérica de una revolución del
tipo ruso. La tremenda presión de esta guerra conducirá a los obreros a la
resistencia espontánea contra sus gobiernos y hacia los inicios de nuevas
formas de lucha real. Una vez que Rusia entre en el campo contrario a los
poderes occidentales, volverá a reabrir esa vieja caja de eslóganes y apelará a
los obreros en favor de la "revolución
mundial contra el capitalismo" en un esfuerzo por poner a los obreros
de mente rebelde de su lado. Así, el Bolchevismo tendrá su oportunidad una vez
más. Pero esto no sería ninguna solución para los problemas de los obreros.
Cuando la miseria general aumenta y los conflictos entre las clases se hacen
más feroces, la clase obrera debe, por su
propia necesidad, apropiarse de los medios de producción y encontrar los
caminos para liberarse de la influencia del Bolchevismo.
De la revista
"Living Marxism" Vol. 5, #2 - aparecido en 1940.
NOTAS
* Los subtítulos en cursiva tras la numeración romana son del
traductor.