Las masas y la vanguardia.
Los cambios económicos y políticos se siguieron con desconcertante
rapidez desde el fin de la guerra mundial. Las viejas concepciones del
movimiento obrero se han vuelto incorrectas e inadecuadas, y las organizaciones
de la clase obrera presentan un escenario de indecisión y confusión.
En vista de la cambiante situación económica y política parece que la
completa reevaluación de la tarea de la clase obrera se hace necesaria para
encontrar las formas de lucha y de organización más necesarias y eficaces.
La relación del "partido", la "organización" o la
"vanguardia" con las masas toca una gran parte de la discusión
contemporanea de la clase obrera. Que la importancia e indispensabilidad de la
vanguardia o del partido sea sobreenfatizada en los círculos de la clase obrera
no es sorprendente, una vez que la historia y la tradición enteras del
movimiento tienden en esa dirección.
[El
movimiento obrero ha adoptado formas capitalistas de organización e ideologias
capitalistas]
El movimiento obrero hoy es el fruto de desarrollos económicos y
políticos que encontraron su primera expresión en el movimiento cartista en
Inglaterra (1838-1848), con el desarrollo subsecuente de sindicatos desde los
años cincuenta en adelante, y en el movimiento lasalleano en Alemania en los
años sesenta. Correspondiendo al grado de desarrollo capitalista, los
sindicatos y los partidos políticos se desarrollaron en los otros países de
Europa y América.
El derrocamiento del feudalismo y las necesidades de la industria
capitalista necesitaban en sí mismas el ordenamiento del proletariado y la
concesión de ciertos privilegios democráticos por los capitalistas. Estos
últimos habían estado reorganizando la sociedad en la linea de sus necesidades.
La estructura política del feudalismo fue reemplazada por el parlamentarismo
capitalista. El estado capitalista, el instrumento para la administración de
los asuntos colectivos de la clase capitalista, se estableció y ajustó a las necesidades
de la nueva clase.
El molesto proletariado, cuya ayuda contra las fuerzas feudales había
sido necesaria, ahora tenía que ser considerado. Una vez llamado a la acción,
no podría ser completamente eliminado como factor político. Pero podría ser coordinado.
Y esto se hizo -en parte conscientemente con la destreza, y en parte por la
misma dinámica de la economía capitalista-, puesto que la clase obrera se
ajustó y sometió al nuevo orden. Organizó uniones cuyos limitados objetivos
(mejores salarios y condiciones) podrían realizarse en una economía capitalista
en expansión. Jugó al juego de la política capitalista dentro del estado
capitalista (las prácticas y formas de la cual estaban determinadas
primordialmente por las necesidades capitalistas) y, dentro de estas
limitaciones, logró éxitos aparentes.
Pero, por eso mismo, el proletariado adoptó formas capitalistas de
organización e ideologías capitalistas. Los partidos obreros, como los de los
capitalistas, se convirtieron en corporaciones limitadas, las necesidades
elementales de la clase se subordinaron a conveniencia política. Los objetivos
revolucionarios fueron desplazados por el chalaneo y las manipulaciones para
obtener posiciones políticas. El partido se volvió de total importancia, sus objetivos
inmediatos sustituyeron a los de la clase. Donde las situaciones
revolucionarias ponían en movimiento a la clase, cuya tendencia es luchar por
la realización del objetivo revolucionario, los partidos obreros
"representaban" a la clase obrera y ellos mismos eran
"representados" por parlamentarios cuya misma posición en el
parlamento constituía la resignación a su status de negociadores dentro de un
orden capitalista cuya supremacía ya no era desafiada.
La coordinación general de las organizaciones obreras con el capitalismo
observó la adopción de la misma especialización en las actividades sindicales y
partidarias que desafiaban la jerarquía de las industrias. Gerentes,
superintendentes y capataces vieron sus contrapartidas en presidentes, organizadores
y secretarios de las organizaciones obreras. Las juntas directivas, las
comisiones ejecutivas, etc. La masa de los obreros organizados como masa de
esclavos asalariados en la industria dejó el trabajo de dirección y control a
sus superiores.
[El
resurgir revolucionario mediante las acciones de masas]
Esta castración de las iniciativas obreras procedió rápidamente,
mientras el capitalismo extendia su influencia. Hasta que la guerra mundial
puso fin a la ulterior expansión capitalista pacífica y "ordenada".
Los alzamientos en Rusia, Hungría y Alemania dieron lugar a un
resurgimiento de la acción y la iniciativa de las masas. Las necesidades
sociales compelieron a la acción de las masas. Pero las tradiciones del viejo
movimiento obrero en Europa occidental y el atraso económico de Europa oriental
frustraron el cumplimiento de la misión histórica obrera. Europa occidental vio
las masas derrotadas y el alzamiento del fascismo con Mussolini y Hitler,
mientras la atrasada economía de Rusia desarrollaba un "comunismo" en
el cual la diferenciación entre clase y vanguardia, la especialización de
funciones y la regimentación del trabajo alcanzó su cota más elevada.
El principio de dirección, la idea de la vanguardia que debe asumir la
responsabilidad por la revolución proletaria, está basada en la concepción de
preguerra del movimiento obrero, es erronea y sin vigor. Las tareas de la
reorganización revolucionaria y comunista de la sociedad no pueden ser
realizadas sin la más amplia y plena acción de las masas mismas. Suya es la
tarea y su resolución.
El declive de la economía capitalista, la parálisis progresiva, la
inestabilidad, el desempleo masivo, los recortes salariales y el
empobrecimiento intensivo de los obreros -todo esto compele a la acción, a
pesar del fascismo a la Hitler o del fascismo disfrazado de la F.A. of L.
[American Federation of Labour]*.
Las viejas organizaciones son destruidas o reducidas voluntariamente a
la impotencia. La acción real sólo es
posible ahora fuera de las viejas organizaciones. En Italia, Alemania y
Rusia los fascismos blancos y rojos han destruido ya todas las viejas
organizaciones y han situado a los obreros directamente ante el problema de
encontrar nuevas formas de lucha. En Inglaterra, Francia y América las viejas
organizaciones mantienen todavía un grado de ilusión entre los obreros, pero su
sucesiva rendición a las fuerzas de la reacción está socavandolas
rápidamente.
Los principios de la lucha independiente, la solidaridad y el comunismo
les están siendo impuestos en la lucha de clases actual. Con esta poderosa
tendencia hacia la consolidación de las masas y hacia la acción de masas, la
teoría de reagrupar y realinear las organizaciones militantes parece estar
anticuada. El verdadero regrupamiento es esencial, pero no puede ser una mera
fusión de las organizaciones existentes. En las nuevas condiciones es necesaria
una revisión de las formas de lucha. "Primero
claridad - luego unidad". Incluso los grupos pequeños, reconociendo e
insistiendo en los principios del movimiento independiente de masas, son mucho
más significativos que los grandes grupos que desprecian el poder de las
masas.
[Las
nuevas formas de lucha y de organización están determinadas por la superación
de la esclavitud asalariada]
Hay grupos que perciben los defectos y debilidades de los partidos. A
menudo proveen de sana crítica de la coalición del frente popular y de los
sindicatos. Pero su crítica es limitada. Carecen de un entendimiento
comprensivo de la nueva sociedad. Las tareas del proletariado no se completan
con la apropiación de los medios de producción y la abolición de la propiedad
privada. Las cuestiones de la reorganización social deben plantearse y
contestarse. ¿Deberá rechazarse el socialismo de Estado? ¿Cuál será la base de
una sociedad sin esclavitud asalariada? ¿Qué determinará las relaciones
económicas entre las fábricas? ¿Qué determinará las relaciones entre los
productores y su producto total?
Estas preguntas y sus respuestas son esenciales para un entendimiento de
las formas de lucha y de organización hoy. Aquí
el conflicto entre el principio de dirección y el principio de la acción
independiente de las masas se vuelve aparente. Pues, un entendimiento
completo de estas cuestiones lleva a la conclusión de que la actividad más
amplia, omnímoda, directa del proletariado como clase, es necesaria para
realizar el comunismo.
La abolición del sistema salarial es de importancia primordial. La
voluntad y los buenos deseos de los hombres no son lo bastante potentes para
retener este sistema después de la revolución (como en Rusia) sin rendirse
eventualmente a la dinámica engendrada por él. No es suficiente apropiarse de
los medios de producción y abolir la propiedad privada. Es necesario abolir la
condición básica de la explotación moderna, la esclavitud asalariada, y ese
acto acarrea las medidas subsiguientes de reorganización que nunca serían
invocadas sin el primer paso. Los grupos que no se plantean estas cuestiones,
no importa cómo de justa sea su crítica por otra parte, carecen de los
elementos más importantes en la formación de una política revolucionaria
segura. La abolición del sistema de los salarios debe ser cuidadosamente
investigada en su relación con la política y la economía. Nosotros tomaremos
aquí algunas de las implicaciones políticas.
Primero está la cuestión de la toma del poder por los obreros. Debe
ponerse el acento en el principio de la detentación del poder por las masas (no
por el partido o la vanguardia). El comunismo no puede ser introducido ni
realizado por un partido. Sólo el proletariado como un todo puede hacelo. El
comunismo significa que los obreros han tomado su destino en sus propias manos;
que han abolido los salarios; que han combinado, con la supresión del aparato
burocrático, el poder legislativo y el ejecutivo. La unidad de los obreros no
descansa en sacrosanta fusión de los partidos o los sindicatos, sino en la
similitud de sus necesidades y en la expresión de las necesidades en la acción
de masas. Todos los problemas de los obreros deben, por consiguiente, verse en
relación a la autoactividad en desarrollo de las masas.
Decir que el espíritu no combativo de los partidos políticos es debido a
la malicia o al reformismo de los dirigentes es equivocado. Los partidos
políticos son impotentes. No harán nada, porque no pueden hacer nada. Debido a
su debilidad económica, el capitalismo se ha organizado para la supresión y el
terror, y en el presente es políticamente muy fuerte, pues está forzado a
ejercer todos sus esfuerzos para mantenerse. La acumulación de capital, enorme
a lo largo del mundo, ha mermado el rendimiento de los benefícios -un hecho
que, en las políticas exteriores, se manifiesta a través de las contradicciones
entre las naciones; y en las políticas interiores, a través de la
"devaluación" y de la concurrente expropiación parcial de la clase
media y el descenso del nivel de subsistencia de los obreros; y en general por
la centralización del poder de las grandes unidades de capital en manos del
Estado. Contra este poder centralizado
los pequeños movimientos no pueden nada.
Únicamente las masas pueden combatirlo, pues sólo ellas pueden destruir
el poder del Estado y llegar a ser una fuerza política. Por esa razón la lucha
basada en las organizaciones de oficio se vuelve objetivamente obsoleta, y los
enormes movimientos de masas, sin la restricción de las limitaciones de tales
organizaciones, deben necesariamente reemplazarlas.
[Los
progresos de la acción independiente de la clase obrera y sus debilidades]
Así es la nueva situación a la que se enfrentan los obreros. Pero de
ella sobresale una debilidad. Desde que el viejo método de lucha por medio de
las elecciones y de la limitada actividad del sindicato se ha vuelto bastante
fútil, se ha desarrollado instintivamente un nuevo método, es cierto, pero ese
método no ha sido todavía aplicado conscientemente, y, por consiguiente,
tampoco de modo eficaz. Donde sus partidos y sindicatos son impotentes, las
masas empiezan ya a expresar su militancia a través de las huelgas salvajes. En
América, Inglaterra, Francia, Bélgica, Holanda, España, Polonia, las huelgas
salvajes se desarrollan, y a través de ellas las masas demuestran ampliamente
que sus viejas organizaciones ya son adecuadas para la lucha. Las huelgas
salvajes no son, sin embargo, desorganizadas, como el nombre implica. Son
denunciadas como tales por los burócratas sindicales, porque son huelgas
formadas fuera de las organizaciones oficiales. Los huelguistas mismos
organizan la huelga, pues es una vieja verdad que como una masa organizada
pueden los obreros luchar y triunfar. Forman lineas de piquete, preparadas para
la repulsión de los rompehuelgas, organizan el fondo de ayuda para la huelga,
crean relaciones con otras fábricas... En una palabra, ellos mismos asumen la
dirección de su propia huelga, y lo organizan sobre una base de fábrica.
Es en estos mismos movimientos donde los huelguistas encuentran su
unidad de lucha. Es entonces cuando toman su destino en sus propias manos y
unen "el poder legislativo y el ejecutivo" eliminando sindicatos y
partidos, como lo ilustran varias huelgas en Bélgica y Holanda.
Pero la acción independiente de la clase es todavía débil. Que los
huelguistas, en lugar de continuar su acción independiente hacia la ampliación
de su movimiento, llamen a los sindicatos a unirseles, es una indicación de que
bajo las condiciones existentes su movimiento no puede hacerse mayor, y por esa
razón no puede todavía convertirse en una fuerza política capaz de combatir al
capital concentrado. Pero es un principio.
Ocasionalmente, no obstante, la lucha independiente da un gran salto
adelante, como en las huelgas de los mineros asturianos en 1934, los mineros de
Bélgica en 1935, las huelgas en Francia, Bélgica y América en 1936, y la
revolución catalana en 1936. Estas explosiones son la evidencia de que una
nueva fuerza social está surgiendo entre los obreros, está descubriendo la
dirección de los obreros, está sujetando las instituciones sociales a las
masas, y ya está en marcha.
Las huelgas ya no son meras interrupciones en la obtención de benefícios
o simples perturbaciones económicas. La huelga independiente deriva su
significación de la acción de los obreros como una clase organizada. Con un
sistema de comités de fábrica y consejos obreros que se extiende sobre amplias
areas, el proletariado crea los órganos que regulan la producción, la
distribución, y todas las demás funciones de la vida social. En otras palabras,
el aparato administrativo civil es privado de todo poder, y se establece la
dictadura proletaria. Así, la organización de clase en la misma lucha por el
poder es, al mismo tiempo, la organización, el control y la gestión de las
fuerzas productivas de la sociedad entera. Es la base de la asociación de
productores-consumidores libres e iguales. Éste, entonces, es el peligro que el
movimiento independiente de clase presenta a la sociedad capitalista. Las
huelgas salvajes, aunque aparentemente de poca importancia tanto a pequeña como
a gran escala, son comunismo embrionario. Una pequeña huelga salvaje, dirigida
como es por los obreros y según el interés de los obreros, ilustra a pequeña
escala el carácter del futuro poder proletario.
[La
necesidad del reagrupamiento militante para coexionar el poder proletario]
Un reagrupamiento de militantes debe ponerse en acción por el
conocimiento de que las condiciones de lucha lo hacen necesario para unir los
"poderes legislativo y ejecutivo" en manos de los obreros de fábrica.
Ellos no deben comprometerse en esta posición: todo el poder para los comités
de acción y los consejos obreros. Éste es el frente de clase. Éste es el camino
al comunismo. Hacer a los obreros conscientes de la unidad de las formas
organizativas de la lucha, de la
dictadura de la clase, y de la estructura económica del comunismo, con su
abolición de los salarios; ésta es la tarea de los militantes.
Los militantes que se llaman a sí mismos "vanguardia" tienen
hoy la misma debilidad que caracteriza a las masas en el presente. Creen
todavía que los sindicatos o que este o aquel partido debe dirigir la lucha de
la clase, aunque con métodos revolucionarios. Pero, si es cierto que las luchas
decisivas están acercándose, no es suficiente manifestar que los jefes obreros
son traidores. Es necesario, sobre todo en la actualidad, formular un plan para la formación del frente de clase y de las formas
de sus organizaciones. Con este fin, el mando de los partidos y los
sindicatos debe ser combatido incondicionalmente. Éste es el punto crucial en
la lucha por el poder.
Este
artículo apareció originalmente en Marxismo Vivo vol. 4, nº 4, agosto de 1938.
Aunque aparecía sin firmar fue escrito por Paul Mattick. Marxismo Vivo era el
periódico publicado por los Grupos de Comunistas de Consejos norteamericanos.
Se reimprimió en Red & Black Notes #6 y #7.
NOTA DE TRADUCCIÓN:
* Por deducción del
contexto y de la época en que escribe el autor, conocida su implicación en las
luchas obreras estadouni-denses y sabido el carácter corporativista-reformista
de la Federación Americana del Trabajo.