La inevitabilidad del comunismo.
Crítica
de la Interpretación de Marx por Sidney Hook
Indice:
Prólogo de S.L. Solon.
Introducción - La
perspectiva de totalidad ##
I - Ciencia y
marxismo
II - La
ciencia y la división del trabajo
III - La forma
social de la ciencia
IV - El
carácter científico del materialismo histórico
V - La demostración del materialismo histórico en la
crítica de la economia política
VI - Voluntad,
conciencia y necesidad histórica
VII - La
comprensión de las crisis y del derrumbe del capitalismo
VIII - La
praxis revolucionaria
IX - Recapitulación
X - Materialismo
y conciencia de clase
XI - Ortodoxia
científica contra el revisionismo y la vulgarización del marxismo
XII - Espontaneidad
obrera e Inevitabilidad del Comunismo
Notas
Prólogo de
S.L. Solon.
La publicación de Hacia la
Comprensión de Karl Marx de Sidney Hook en enero de 1933 sirvió como la
señal para el lanzamiento de un diluvio virtual de literatura de controversia e
interpretación sobre el marxismo. Aclamado y denunciado, respetado y sospechoso
en los diferentes distritos radicales, el libro de Hook propuso nítidamente la
cuestión: ¿Quienes son los marxistas? Sentimientos a favor y en contra de la
validez de su interpretación se cristalizaron rápidamente y la tónica
fundamental de la misma fue sondeada mediante discusiones que iban a ser
caldeadas y prolongadas. Que las controversias que giraron alrededor de Hacia la Comprensión de Karl Marx hayan
a menudo bordeado en el rencor y los personalismos habla enfáticamente del
carácter relevante y de la brillantez desafiante de la obra de Hook. Unas
cuantas cabezas se han quebrado o los egos han sido despertados por la
aparición de un nuevo libro en la alfarería etrusca. Cualquier otra cosa que
haya sido dicha del libro de Hook, su vitalidad y pertinencia no han sido
puestas en cuestión.
La inevitabilidad del comunismo de Paul
Mattick es una crítica de la interpretación de Hook desde lo que Mattick
considera como la posición del materialista dialéctico ortodoxo. El folleto, en
efecto, propone servir a un doble propósito. Primero, intenta refutar el
derecho de Hook al título de materialista dialéctico. Intenta mostrar que la
interpretación de Marx por Hook es el punto de vista de último revisionismo del
siglo XIX bajo el ropaje filosófico de moda en la actualidad. Eliminar los
principios de inevitabilidad y espontaneidad del marxismo, dice
Mattick, es castrar las enseñanzas de Marx. Es negar el concepto de la función
universal del materialismo dialéctico y atribuir a la conciencia humana un
vasto papel sobrevalorado. Segundo, el ensayo de Mattick sirve como una
presentación positiva de la posición del materialismo dialéctico tal y como él
lo interpreta. Comienza con lo que el considera como los errores del leninismo,
el punto de vista desde el cual, sostiene él, no difiere en esencia de la
posición de la socialdemocracia. Para él, socialdemocracia y bolchevismo (la
"socialdemocracia revolucionaria") parten de la misma semilla: ambos
consideran el partido político altamente centralizado, cuya eficacia en última
instancia debe depender de la actividad de los "grandes hombres",
como un prerrequisito absoluto para la libertad de la clase obrera. De esta
posición, dice Mattick, fluyen los males del burocratismo organizativo con las
posibilidades de traición, corrupción y actividad contrarrevolucionaria cuando
es necesario para el partido actuar para retener poder y afluencia.
El partido revolucionario "centralizado", declara Mattick,
será --si algo-- sólo un instrumento insignificante de la revolución. No será
el motor primario de la revolución ni el éxito de la lucha dependerá de su
existencia.
Los trabajadores agrupados juntos en sus unidades industriales, las
fábricas, los talleres, las oficinas, etc., serán explotados intensivamente por
un capitalismo que en su agonía de muerte tratará desesperadamente de mantener
su tasa de ganancia en un nivel rentable. Finalmente, habrá sólo una salida
para el proletariado, que Mattick considera como "la actualización#
de la conciencia revolucionaria". Hambrientos, buscarán comida; desnudos,
buscarán ropas; sin resguardo, se reapropiarán de los barrios. En ese momento,
dice Mattick, precedido por un "periodo de adiestramiento" de
motines, conflictos locales con la clase dominante y terror, vendrá la
revolución. Al timón estará no el partido centralizado sino los Consejos
Obreros "espontáneamente" organizados, creados en las fábricas y
talleres.
El papel de los "grandes hombres" y sus ideologías conscientes
juega su parte sólo dentro de unos límites reducidos. Precisamente, cuánto
puedan acelerar u obstaculizar la revolución sólo puede determinarse en
referencia a la situación concreta, específica, no de un modo general.
Por último, para un observador la respuesta de Sidney Hook a la certeza
de las críticas vertidas contra él se esperará con no poco interés. Viniendo
después de la publicación de varias revisiones de su interpretación, su
contestación servirá para completar el balance general de cuentas de la
controversia. Será entonces posible, si se nos permite extender la metáfora,
tomar cuenta de los débitos y créditos de su posición.
Unas palabras a modo de conclusión: en el calor de la controversia,
ambos, participantes y lectores, se inclinan a menudo a atribuir excesiva
significación o importancia a lo que puede llamarse la barrera del vocabulario.
Es bueno, por tanto, tener en mente lo que Mattick implica a lo largo de su
ensayo y que Marx expuso brevemente en La
Ideologia Alemana: "No la
crítica, sino la revolución, es la fuerza motora de la historia".
S. L. SOLON
La
inevitabilidad del comunismo se publicó en 1936 en New York
por Polemic
Publishers (Folleto Polémico Nº 3), editado por S.L.Solon.
Introducción - La perspectiva de totalidad ##
El punto de vista de la totalidad
en el materialista dialéctico es diferente del anhelo de la burguesía
económicamente distraída por la armonía, por un sistema autocontenido, por las
verdades eternas y por una omniabarcante filosofía del Todo que culmina en el
Absoluto. Para el marxismo, no hay nada
cerrado. Todos los conceptos, todo el saber, es el reconocimiento de que,
en la interacción material entre el
hombre y la naturaleza, el hombre social es un factor activo, de que el
desarrollo histórico no sólo está condicionado por relaciones objetivas
surgidas a través de la naturaleza, sino también otro tanto de lo mismo por los
momentos subjetivos, sociales. Precisamente por razón del hecho de que la
dialéctica materialista considera las relaciones económicas como los
fundamentos del desarrollo histórico, se vuelve imposible aceptar una filosofía
burguesa y necesariamente metafísica de la eternidad. La sociedad, que ayuda en
la determinación del ser y de la conciencia del hombre, cambia perpetuamente y
por eso no admite soluciones absolutas. El proceso dialéctico de desarrollo no
reconoce factores constantes, biológicos o sociales; en él estos mismos
factores varían continuamente, por lo cual uno no está nunca realmente en
posición de separarlos, y debe negarlos con cierta constancia. La perspectiva
dialéctica, comprensiva, la consideración del Todo, ha de ser entendida
adecuadamente en el sentido de que aquí
toda separación entre los factores históricos objetivos y subjetivos es
rechazada, una vez que éstos están siempre influenciandose recíprocamente
y, de este modo, están siempre cambiando. Lo uno no puede entenderse sin lo
otro. Para la ciencia, esto significa que sus conceptos no están sólo dados
objetivamente sino que también son dependientes de los factores subjetivos, y
que éstos la ayudan a su vez determinando los métodos científicos y sus
metas.
Hook dedica la mayor parte de su libro a la interpretación de la
dialéctica marxiana [1]. Sobre el factor de totalidad y la interacción
dialéctica presta la máxima atención a propósito de que el papel activo del
hombre, la conciencia revolucionaria en el proceso histórico, pueda destacar en
un relieve más marcado. A sus frecuentemente felices formulaciones, y también
frecuentemente infelices, en tanto que tratan con el factor de totalidad,
consagraremos menor atención en las siguientes páginas, puesto que su obra está
casi exclusivamente dedicada a refutar teóricamente las muchas castraciones
mecanicistas e idealistas del pensamiento marxista a manos de los epígonos, y
en esto estamos de acuerdo en general con lo que él tiene que decir. Si en lo
que sigue adoptamos una perspectiva que se opone a la de Hook, deseamos al
mismo tiempo dar énfasis a que aceptamos plenamente, en detalle, muchas de sus
ideas. Si omitimos exponer estos puntos comunes es debido a la falta de
espacio. Deseamos dejar claro, además, que esta revisión no puede ser exhaustiva;
el objetivo es meramente atraer la atención sobre esos factores que, en nuestra
opinión, deben ser puestos en el centro de la discusión para hacerla realmente
fructífera.
I - Ciencia y marxismo
En los comentarios introductorios a su libro (p.6) Hook declara que la
"ciencia" no puede ser
identificada con el "marxismo",
una vez que los dos tratan de asuntos diferentes. La una con la naturaleza, el
otro con la sociedad. Marx distinguió entre el desarrollo de la naturaleza y el
de la sociedad humana, y vio en la conciencia humana el factor diferenciador
(p.85). El marxismo presupone las metas de clase; por eso es una ciencia
subjetiva, una ciencia de clase; la ciencia misma, sin embargo, permanece por
encima de las clases, es objetiva. Hook ve en la filosofía de Marx una síntesis
de los momentos objetivos y subjetivos de la verdad. Como un instrumento de la
lucha de clases, la teoría marxiana puede funcionar sólo en cuanto que sea
objetivamente correcta. Aún como una verdad objetiva sólo puede funcionar
eficazmente dentro del marco de los propósitos subjetivos de clase del
proletariado. Si estos propósitos de clase están también social e
históricamente condicionados, esto no es todavía verdad a respecto de la
voluntad y del acto específico mediante los cuales se realizan.
Consecuentemente, tanto valor debe atribuirse a los momentos históricos
subjetivos como a los objectivos. El elemento humano-activo es subjetivo, sin
embargo, sólo en relación con la situación socio-económica; para los participantes
en la lucha de clases es completamente objetivo. Según esta distinción, sería
imposible hablar de marxismo como una "ciencia
objetiva" sin quitarle al mismo tiempo su carácter revolucionario
(p.7-8).
A primera vista, no hay nada que objetar a estas formulaciones de Hook.
Aparte del hecho de que, con la aceptación de la síntesis marxiana, tales
conceptos como, por ejemplo, la "ciencia
objetiva" y lo "biológicamente
constante" (tesis) y la "variable
naturaleza social del hombre" así como la "voluntad subjetiva de la clase" (antítesis), como Hook propone
más tarde, pueden todavía tener validez únicamente como abstracciones
metodológicas que ya no corresponden a la realidad; quitando el hecho de que
con la aceptación de la dialéctica marxiana cualquier sobreénfasis unilateral
sobre los factores históricos objetivos o subjetivos, sin la más precisa
investigación acerca de la situación real, es una torpeza, siendo bastante
posible que, en ciertas situaciones, el factor subjetivo juegue un papel menor y
en otras un papel mayor; y aparte de los muchos defectos de la formulación de
Hook, uno puede aceptar totalmente el marxismo, sin detenerse a pensar, como
una síntesis de ciencia objetiva y de ciencia subjetiva de clase. Pero si Hook
sitúa la ciencia objetiva, la ciencia de los hechos, la "ciencia propiamente", por encima de
las clases, no ha mostrado el núcleo racional oculto detrás del concepto. Si
uno es incapaz de materializar la ciencia, si sigue siendo una mera materia de
conceptos, entonces el concepto de "ciencia
objetiva" sólo puede confundir y se vuelve inservible para la
explicación real del contenido dialéctico del marxismo, una vez que todos los
métodos científicos, sin consideración del material con el que tratan, están en
parte subjetivamente condicionados.
Cuando Hook dice con Marx que lo que nos interesa no es la explicación
sino la transformación [del mundo], sobreentiende que es sólo el proletariado
el que puede realizar el marxismo. Pero a través de esta realización el
marxismo se convertirá entonces en "ciencia
objetiva". Si tomamos como nuestro punto de partida la síntesis
marxiana, entonces esta síntesis sola es aún capaz de pasar como "ciencia objetiva". Pero esta
síntesis teórica es, en primer lugar, sólo el método teórico para llegar a
comprender la conexión de la realidad histórica. La realidad histórica no es
otra cosa que... realidad histórica;
no es una ciencia. Sólo cuando los seres humanos comprenden y emplean
conceptualmente esta realidad con la orientación de determinar dentro de sus
limites sus propias acciones, sólo eso produce el contenido de la ciencia, la
objetividad de lo que en cualquier momento particular debe ser demostrado en la
práctica.
El materialista dialéctico es hoy el único método que se confirma en la
práctica. Es aplicable y es demostrado experimentalmente. De aquí que esta
dialéctica sea "ciencia objetiva";
ella, también, permanece por encima de las clases, como puede verse más
adelante por la admisión de Hook de que continuaría operando en una sociedad
comunista. Es lo contrario, sin embargo,
con los tres principios fundamentales de la doctrina marxiana. Estos están
ceñidos sólo al proletariado, mientras sea un proletariado; están
históricamente condicionados. El materialismo histórico, la teoría de la lucha
de clases y la teoría de la plusvalía sólo son concebibles y prácticamente
aplicables en la sociedad burguesa (p. 97-98). Son las armas teóricas de la
mayor fuerza de producción... el proletariado. Ayudan al desarrollo pleno y
realización de su superior fuerza de producción y así, en un sentido
materialista, ellos mismos no son nada más que elementos productivos. Sin embargo, incluso lo que Hook define con
el concepto de "ciencia objetiva"
no es, racionalmente considerado, nada sino una expresión de las crecientes
fuerzas de producción. Detrás de la ciencia están encubiertas las fuerzas
sociales de producción; si estas últimas se desarrollan, así también la
ciencia, e, igualmente, en interacción dialéctica, se cumple el proceso
inverso. Hook no dudará en concedernos que la ciencia debe contarse entre las
fuerzas humanas de producción, pero su definición nublada de ciencia, junto con
otros factores que deberemos abordar más tarde, prueban que su comprensión no
es clara a respecto de la conexión íntima entre la ciencia y las fuerzas de
producción. Aún si uno ha reconocido la ciencia como una fuerza de producción,
también ve que incluso la "ciencia
como tal" permanece escasamente por encima de las clases y está
exactamente tan condicionada de modo histórico como los factores históricos del
marxismo, que sólo son válidos para la sociedad de la lucha de clases. O,
inversamente, que los elementos históricos del marxismo, como las fuerzas
sociales de producción, sólo añaden otras nuevas a las fuerzas productivas
disponibles, o a la "ciencia
objetiva", y por eso son una parte de la ciencia. Si el fetichismo de
la mercancía era una forma en la que las fuerzas sociales de producción se
desarrollaron, entonces el marxismo es una forma superior del desarrollo de las
fuerzas productivas.
Si uno quiere ilustrar el desarrollo de la dialéctica marxiana, puede
sin duda tomar el camino seguido por Hook y dibujar una distinción entre
ciencia objetiva y ciencia subjetiva. Pero en la base de la dialéctica, que rechaza
de plano una tal distinción, uno no puede ya apelar a esa distinción excepto
con el riesgo de introducir confusión en las filas del marxismo. El mismo
divorcio entre la "ciencia"
y el marxismo es histórico y sólo otra expresión de la separación de los
obreros de los medios de producción.
II - La ciencia y la división del trabajo
En su ensayo El papel del trabajo
en la transformación del mono en hombre (1876), Friedrich Engels escribió
en resumen lo siguiente:
"Primeramente el trabajo, y siguiéndolo de cerca, el lenguaje... ésos
son los dos estímulos esenciales bajo la influencia de los cuales el cerebro
del mono pasó gradualmente a ser el del hombre. Con el cultivo del cerebro vino
de la mano el cultivo de los órganos de los sentidos... El efecto reactivo del
desarrollo del cerebro, y su sentido subjetivo de la conciencia haciendose más
y más claro, de la capacidad para la abstracción y formación de conclusiones,
en el trabajo y el lenguaje... todo esto sirvió continuamente para inducir el
desarrollo posterior de estas dos fuerzas; un desarrollo que nunca vino a
cerrarse y que, por una parte, fue promovido poderosamente y, por la otra, giró
en una dirección más definida por el nuevo elemento añadido con la aparición del
hombre acabado... a saber, la sociedad".
Así, según esta opinión, la conciencia y la ciencia tienen su base en el
desarrollo del trabajo, o sea, en el crecimiento de las fuerzas humanas
sociales de producción. Es inicialmente el trabajo del hombre, aplicado al
mundo que existe independientemente del hombre, el que forma la contradicción
entre el ser y la conciencia, una contradicción, es más, que no puede
resolverse excepto a través de la eliminación
del trabajo. A través del crecimiento de las fuerzas productivas, trayendo
consigo un cambio en las formas en que se realiza la interacción material entre
el hombre y la naturaleza, la naturaleza, la sociedad y la conciencia,
interactuando mutuamente, también cambian. Esto sólo debido al hecho de que el
hombre altera la naturaleza externa por medio del trabajo, que son alteradas su
propia naturaleza y la totalidad compleja de su vida e intereses, y habiendo
sido cambiados éstos, cambian de nuevo el mundo externo. Si el elemento
humano-activo es al principio solamente la actividad más primitiva, corpórea,
ya en conexión con esa actividad se levanta la inteligencia, que mediante la
reacción transforma la actividad simple en la más complicada.
Desde este punto de vista, la "ciencia"
permanece por encima de las clases solamente en tanto que, como el trabajo, se
desarrolla progresivamente con las fuerzas de producción en todas las formas de
vida social; pues la necesidad de trabajo permanece intacta en cualquier forma
de sociedad. Pero cuanto más se desarrollan las fuerzas productivas, más
condicionan los elementos sociales el proceso total del desarrollo. Marx
apunta, por ejemplo, el hecho de que "en
todas las formas de sociedad donde la propiedad de la tierra prevalece, la
relación natural es todavía predominante; pero en aquellas donde el capital
prevalece, el elemento social tiene superioridad". La estrechez de la
conexión entre el proceso de trabajo y la conciencia es revelada claramente por
Marx en la sección de Feuerbach de La
Ideología Alemana, donde dice:
"La división del trabajo realmente se vuelve una división sólo desde el
momento en que introduce una división entre el trabajo material y el trabajo
intelectual. Desde ese momento, la conciencia puede imaginarse a sí misma
realmente como algo distinto que la conciencia de la práctica existente".
Con el crecimiento acelerado de las fuerzas productivas bajo el
capitalismo, su expresión teórica, la "ciencia",
también está sometida a un desarrollo tal que su propia influencia sobre el
proceso total creció más y más en significación. Y así como el trabajo
pretérito o acumulado desarrolló nuevas condiciones... los sentidos y la
conciencia... así la ciencia posterior también desarrolló nuevas tendencias
peculiares a sí misma, que, sin embargo, dejan intacto el hecho básico de que
la ciencia está condicionada por las necesidades sociales, que a su vez
dependen de la fase de desarrollo de las fuerzas productivas. Nada muestra
quizás más claramente esta dependencia que la presente crisis general de la
ciencia burguesa, que corre paralela con la crisis económica general del
capital. Si el capitalismo restringe el despliegue ulterior de las fuerzas
productivas, también restringe la extensión de la ciencia. Ni el uno ni la otra
pueden liberarse de sus trabas excepto a través de la revolución proletaria; o
lo que es lo mismo, sólo esta revolución puede aún considerarse como "ciencia objetiva". El desarrollo
más amplio de los elementos racionales inmanentes en la ciencia, o sea, de las
fuerzas sociales de producción, es la misión histórica de la clase obrera, que
en concordancia con ello será identificada con la ciencia. O los propios científicos se vuelven revolucionarios, o en otro caso
dejan de ser científicos.
III - La forma social de la ciencia
La identificación reformista de la "ciencia" con el "marxismo",
que Hook considera (p.25) como una de las razones de la desviación del viejo
movimiento obrero del verdadero marxismo, no tiene su origen en el "malentendido" o en la
interpretación falsa del marxismo, sino en el hecho real de la capitalización creciente del viejo
movimiento obrero. Realmente no es aquí una cuestión de una identificación,
sino de la aceptación de la ciencia burguesa, junto con la aceptación de las relaciones
burguesas en las que uno lucha con otros grupos por la porción de plusvalía de
uno de ellos. El marxismo no fue convertido en una ciencia sino que, primero
prácticamente, y luego también teóricamente, fue completamente abandonado.
Desde que el capital liberó las fuerzas de producción y también desarrolló la
ciencia, y al mismo tiempo hizo de la vida, en cuanto al "marxismo oficial" concernía, un
festín continuo, el reformismo se identificó él mismo con este desarrollo. El
mundo capitalista era también el mundo del reformismo, que vio en el desarrollo
de este mundo capitalista y de su ciencia la "conciencia absoluta" en desarrollo, que un día introduciría el
socialismo a través del mero cambio de lugar entre el capital privado y el
estado burocrático, y que no vio en el desarrollo histórico nada más que la
adaptación de la verdadera relación a través del espíritu. Esta ideología
estaba históricamente confinada al periodo de ascenso del capitalismo, y era
sólo la expresión intelectual de las contratendencias económicas que retardaban
el rápido derrumbe del sistema capitalista.
En la crisis capitalista, la identificación del marxismo con la ciencia
no es sólo la expresión subjetiva de clase del proletariado sino actualmente,
realmente, la única ciencia, pues solamente el marxismo admite la continuidad
de una práctica social progresiva. Si algo es "verdadero" (no para la eternidad, sino durante el proceso
temporalmente condicionado de la interacción material entre el hombre y la
naturaleza, un proceso cuya forma está continuamente cambiando), sólo es
revelado mediante la práctica. Mientras la ciencia llevó más allá las fuerzas
de producción, y éstas a su vez promovieron la ciencia, esta ciencia (burguesa)
era objetiva y "verdadera",
una vez que hacía posible una práctica y era, al mismo tiempo, un resultado de
esta práctica. Aunque el cambio
aconteciese con falsa conciencia, una vez que en la sociedad de clases la
ideología ocupó el lugar de la conciencia, el cambio ocurrió. Y si fue
cambiada la realidad, así también necesariamente la conciencia, lo que
mismamente se expresa en el debilitamiento de la ideología capitalista. El
nivel de las fuerzas productivas en el capitalismo, la relación capitalista de
producción, la ciencia burguesa en todos sus aspectos, que era la ciencia
"objetiva": la ciencia
propiamente dicha. Esto es encarado por el proletariado como su antítesis.
Para el proletariado en la fase de avance del capitalismo, no había
ninguna ciencia en absoluto; el proletariado no tenía todavía una práctica
propia. La "lucha de clases",
que fue dominada por el reformismo, no sólo prestó vigor a la ciencia burguesa,
pues esa lucha también sirvió como un incentivo al desarrollo superior de las
fuerzas productivas bajo el capitalismo. Si los salarios de los obreros
aumentaban, la explotación se incrementaba más rápido. Esta práctica era,
también, una práctica completamente
burguesa. Pero esta práctica era necesaria para desarrollar las fuerzas
productivas capitalistas cuantitativamente, a una magnitud tal que las
relaciones productivas estuviesen obligadas a asumir otras formas. Y, al
principio, en el punto que marca el límite del desarrollo capitalista de las
fuerzas productivas, sólo entonces se divorcia la lucha de clases de la
práctica burguesa y a partir de aquí, debido a que a través de este divorcio la
lucha de clases suprime toda práctica burguesa, se convierte en la única
práctica: la lucha de clases se vuelve
ciencia. Y llegado este punto, ya nada fuera de esta lucha es ciencia. La negación de la negación determina, con
la desaparición de la burguesía y del proletariado y su conversión en seres
humanos, también la desaparición de los conceptos "objetivo" y "subjetivo"
de la ciencia y su conversión en "ciencia",
[determinando] los elementos racionales de los que luego forma [esta] su
contenido natural y obvio.
Si los medios de producción en el
capitalismo aparecen bajo la forma de capital, si la fuerza de trabajo aparece
como capital, no menos lo hace la ciencia. La tarea del proletariado
consiste en derribar la relación del capital. Incluso en su tegumento o corteza
capitalista, fetichista, las fuerzas de producción, y por tanto también la
ciencia, son realidades completas, siendo por supuesto el fetichismo sólo la
relación objetivizada entre personas que es indiferente al carácter material de
los elementos reales de la vida. El proletariado no opone nada a estas
realidades, sino que simplemente las
libera su corteza fetichista. "Su
propio movimiento social", dice Marx, hablando de la sociedad
capitalista, "le parece poseer la
forma de un movimiento de cosas por medio del cual es dominada en lugar de
dominarlas". El comunismo, el proletariado, abole este fetichismo que,
de hecho, sólo era capaz de desarrollar las fuerzas productivas durante un
periodo histórico y que, a través de la acumulación de este proceso, se convierte en su contrario, en un
estorbo al desarrollo ulterior de las fuerzas productivas.
IV - El carácter científico del materialismo histórico
La ciencia burguesa significó una práctica social progresiva; en cuanto
ayudó desarrollar las fuerzas sociales de producción, permaneció "por encima de las clases". Fue una
fase del proceso de desarrollo general, y mientras no refrenó prácticamente el
proceso, la fase álgida de la ciencia. Marx
no opuso a la ciencia de la burguesía la del proletariado, sino la revolución.
Del mismo modo, opuso a la dialéctica
de Hegel no una dialéctica del proletariado, sino que el proletariado era para
él la actualización del proceso
dialéctico de desarrollo de la sociedad capitalista. Desde el reino del
concepto él trasplantó la dialéctica en el reino de la realidad, así como no
opuso contra la teoría burguesa del valor la teoría del valor del proletariado,
sino que poniendo al descubierto el fetichismo de las mercancías reveló el
contenido actual o real del
valor.
La filosofía burguesa no podría ir más allá de Hegel; el fetichismo de
la mercancía veda la materialización de la dialéctica, así como la dialéctica
idealista, económicamente expresada, no es otra cosa que el fetichismo de las
mercancías. Sólo la existencia del
proletariado posibilitaba la materialización de la dialéctica, hacía posible el
marxismo. El periodo de la lucha de clases necesariamente contiene todavía
elementos burgueses y continuará haciendolo hasta que haya finalizado. Pero el crecimiento de la lucha de clases es
ya el proceso de actualización de la nueva sociedad. La revolución
victoriosa acaba con la destrucción completa de la ciencia burguesa; para
entonces el proletariado, que deja de ser proletariado, se ha apropiado completamente de los elementos
racionales de esa ciencia, los ha tomado dentro de sí mismo.
En resumen, [...] para el marxismo, la ciencia, en último análisis, es
trabajo humano acumulado. Una cierta cantidad de trabajo social humano altera,
es decir, agranda, incrementa, las fuerzas sociales de producción. Esto hace necesario un cambio en las
relaciones de producción, y esto a su vez cambia la totalidad de la superestructura
intelectual. Las relaciones productivas, por reacción, condicionan el
proceso de trabajo de nuevo y conducen siempre a formas externas nuevas,
progresivas.
Si Marx nunca se cansaba, como Hook insiste (p.85), de diferenciar entre
los procesos naturales de desarrollo y aquéllos del hombre en la sociedad, era
porque la dialéctica materialista de Marx consiste en señalar la manera en que,
a lo largo de todas las formas de sociedad, el
proceso de interacción entre el hombre y la naturaleza desarrolla las fuerzas
productivas. Este proceso se ilustra en el desarrollo de los modos de
producción, esto es, cómo y con qué instrumentos y métodos se efectúa la producción. La contradicción determinante es la existente entre el hombre y la
naturaleza, entre el ser y la conciencia, y esta contradicción es desarrollada
a partir del trabajo. Dentro de este proceso se desarrollan nuevas
contradicciones, que por reacción llevan de nuevo más hacia adelante el proceso
general. En este proceso los factores conscientes
llegan a desarrollarse a una tal magnitud, especialmente a través de la
división social del trabajo, que ya no tiene ningún sentido la distinción entre
causa y efecto; cualquier separación entre el ser y la conciencia se ha vuelto
imposible... siempre están fundiéndose. Lo tomado como base no tiene nada
más que hacer con nuestros resultados finales, y estos resultados finales
siempre están formando nuevos puntos de partida, por lo cual estar
distinguiendo continuamente entre la causa y el efecto se hace imposible. Y aún
en este proceso dialéctico la base última
continúan siendo las necesidades humanas de la vida; permanece siendo
material, actual. Lo que domina el
pasado domina también el presente, lo que permitió a Marx en El Capital, decir
también para el futuro:
"El reino de la libertad comienza, en realidad, sólo allí donde ese
trabajo, que está determinado a través de la necesidad y la intencionalidad
exterior ya no existe; por consiguiente, se extiende, por la naturaleza de las
cosas, más allá de la esfera de la producción material efectiva.{Así como el salvaje debe luchar con la
naturaleza para satisfacer sus necesidades, para conservar y reproducir su
vida, también debe hacerlo el civilizado, y lo debe hacer en todas las formas
de sociedad y bajo todos los modos de producción posibles. Con su desarrollo se
amplía este reino de la necesidad natural, porque se amplían sus necesidades;
pero al propio tiempo se amplían las fuerzas productivas que las satisfacen.} En este terreno, la libertad sólo puede
consistir en el hecho de que el hombre socializado, los productores asociados,
regulen racionalmente esta interacción, este metabolismo entre ellos y la
naturaleza, situándolo bajo su control comunal, en lugar de ser dominados por
él como por un poder ciego; llevando a cabo esto con el menor gasto de energía
y bajo las condiciones más dignas y adecuadas a su naturaleza humana. Pero este
seguirá siendo siempre un reino de la necesidad. Más allá del mismo empieza el
desarrollo de las fuerzas humanas, considerado un fin en sí mismo, el verdadero
reino de la libertad, el cual, sin embargo, sólo puede florecer, prosperar,
sobre la base de aquel reino de la necesidad. {La reducción de la jornada laboral es la condición básica.}".
(entre {} fragmentos omitidos por Mattick, N.
Traductor)
V - La demostración del
materialismo histórico en la crítica de la economia política
En el prefacio de su libro, Hook (p. X) se ha tomado la molestia de
anticiparse al reproche de pasar de contrabando factores idealistas dentro del
marxismo. Pero su dialéctica, que falla al asumir una visión racional de la
ciencia, y que es puramente conceptual, se hunde nada menos que en el
idealismo. Desconoce, por ejemplo, qué buscar detrás de la categoría valor o detrás de la economía política. En su distinción
entre "ciencia" y "marxismo" desde una base puramente
científica, no ha llegado realmente más allá que Hegel. La ciencia teórica del
proletariado es práctica o no es ciencia. La dialéctica marxiana no es una
ciencia especial, "subjetiva";
es la práctica de la revolución proletaria, y es teórica sólo en la medida en
que esta teoría es la práctica concreta, la actividad real.
Que Hook está lejos de ser claro en este punto se demuestra por el hecho
de que, aunque está deseoso de tener elaborada una distinción entre ciencia y
marxismo, rechaza la aplicación de esta distinción respecto a la economía.
Desde nuestro punto de vista, no hay ninguna distinción que hacer entre ciencia
y marxismo, y de aquí que tampoco entre la economía y la economía política.
Pero la negativa a esta distinción para la economía, mientras es aceptada en la
ciencia, es, sobre la base de la argumentación de Hook, una señal de completa
confusión y retroceso a la dialéctica idealista. Por ejemplo, cuando Hook
reprocha a Engels prestar apoyo al reformismo, que hizo del marxismo una
ciencia, a través de su tendencia
monista, lo cual sale a la luz más claramente en su prólogo al segundo y
tercer volúmenes de El Capital, Hook
ilustra sólo su propia percepción incompleta de la naturaleza real del
marxismo. Escribe (p.29-30):
"Pero más importante todavía,
en lo que respecta a la realización y publicación del segundo y tercer
volúmenes de Das Kapital, Engels dio
curso final a la noción de que las teorías económicas de Marx constituían un
sistema hipotético-deductivo del tipo ejemplificado por las teorías científicas
en general, en lugar de ser una ilustración de un método de crítica
revolucionaria. Al hacer eso Engels fracasó al desarrollar las importantes
implicaciones sociológicas y prácticas de la doctrina de Marx del «fetichismo
de las mercancías». Se consagró a la
tarea de explicar cómo la ley de la caída de la tasa de ganancia podía ser
cuadrada a la vez con el hecho empírico de que la tasa de ganancia era la misma
independientemente de la composición orgánica del capital, y con la definición
del valor de cambio por la fuerza de trabajo...
En ninguna parte, por lo que sé hasta ahora,
comenta Engels, sobre las propias palabras de Marx en el prólogo a la segunda
edición del primer volumen, «que la economía política sólo puede
seguir siendo una ciencia mientras la lucha de clases está latente o se
manifiesta sólo en fenómenos aislados o esporádicos». No podrá insistirse con suficiente fuerza que Marx no concibe Das
Kapital para ser una exposición deductiva
de un sistema natural y objetivo de economía política, sino como un análisis
crítico --sociológico e histórico-- de un sistema considerado objetivo. Su
subtítulo es Kritik der Politischen Oekonomie (Crítica de la Economía Política). La crítica exige un punto de
partida, una posición. El punto de vista de Marx era el punto de vista de la
conciencia proletaria de Europa occidental. Su posición implicó que un sistema
económico en su base es siempre una economía de clase".
Después, Hook viene a asertar que Engels percibió su error; y Hook
reproduce en el apéndice de su libro una serie de cartas de Engels designadas a
confirmar esta declaración. Pero es imposible, incluso para Hook mismo, sacar
más de estas cartas que que Engels lamenta en ellas el hecho de que Marx y él,
en el apuro del trabajo, habían dedicado demasiado poca atención a los momentos
subjetivos de la historia. No hay una palabra de revisión del punto de vista
reproducido por él en el prólogo a El
Capital, que era considerado allí no sólo como una crítica de la economía
política sino como el análisis de las leyes del movimiento social en
general.
Según Hook, Das Kapital
consistió sólo en una crítica de la economía política, que reveló, desde el
punto de vista del proletariado, el carácter puramente histórico del capital.
¿Pero cómo revela esta crítica el carácter transitorio de la producción
capitalista? ¿Por qué la crítica es capaz de poner esto al descubierto? "A causa de que el proletariado quiere
cambiar la sociedad", afirma Hook más tarde, "la voluntad descubre por consiguiente, en el
modo de producción económico, el factor decisivo en la vida social"
(p.181). Para Marx, sin embargo, no es la voluntad sino la existencia del
proletariado, no las relaciones de producción sino el desarrollo de las fuerzas
productivas (que determina la voluntad, así como ésta determina las relaciones
sociales), lo que es el punto de partida para su estudio histórico. Das Kapital revela la contradicción más
amplia entre el hombre y la naturaleza como una contradicción que todos los
órdenes sociales han condicionado, y que impulsó el desarrollo de las fuerzas
productivas. Indica también las más angostas contradicciones que surgen dentro
de este proceso, por medio de las cuales se forman las relaciones de producción
y son de nuevo destruidas. Si la ciencia burguesa no es para Hook la única
ciencia, la ciencia en general, entonces no tiene derecho a considerar la
economía política burguesa como la economía general. Pero mientras en el caso
anterior, siguiendo a Hook, la ciencia permanece por encima de las clases, uno
no está justificado, a su vez según Hook, a poner la economía por encima de las
clases. Para nosotros, sin embargo, la economía política, como la ciencia
burguesa, es un nivel alcanzado del desarrollo humano general, objetivo y
verdadero en la medida en que es progresivo. Reconocerlo como un nivel
histórico presupone un conocimiento del carácter, de los rasgos generales, de
las leyes de la transformación social. Este reconocimiento era obstaculizado
por la dominación de clase; fue en primer lugar la existencia del proletariado
como una clase que abole todas las clases
[ *], lo que posibilitó el
conocimiento de las leyes de la transformación social, un conocimiento que, no
obstante, debe primero volverse práctico
para ser capaz de vivir de acuerdo a sus
propias leyes.
La economía política no es una categoría eterna, por la razón de que es
sólo la relación cosificada,
objectivizada (intercambio) entre los seres humanos que oscurece con su sombra
el contenido real de la economía. Las
categorías económicas con que Marx operó estaban dadas objetivamente;
pertenecen a la sociedad burguesa. La crítica de Marx consistió en el hecho que
las iluminó con la conciencia correcta, la del proletariado, no con la
necesariamente falsa de la burguesía. La conciencia fetichista, falsa,
condicionada por el nivel de las fuerzas productivas, y que tenía que detenerse
con Hegel, Ricardo y Adán Smith, no pudo, como Marx, quien vio en el
proletariado la antítesis de la sociedad burguesa, ver teóricamente la síntesis
que descubrió primero la característica común a todas las sociedades. Marx
apuntó, por ejemplo, cómo la manufactura se desarrolla a partir de la división
social del trabajo, a partir de la manufactura el sistema de la fábrica moderna, que a su vez avanza para
convertirse en capital monopolista. El dinamista, Marx, se dirigió a una
materia "disparatada" tal como la reproducción simple meramente para
demostrar la imposibilidad del sistema. En todo lo cual, Marx quería mostrar
que las fuerzas productivas son la base de todas las relaciones de producción.
En el comunismo, también, se desarrollarán más allá las fuerzas productivas, la
"economía". Si las fuerzas
productivas en crecimiento originan las relaciones burguesas de producción y el
desarrollo superior de las fuerzas productivas, por lo que estas últimas
determinan a su vez el ritmo de su [propio] desarrollo ulterior, y llegado un
cierto punto de su desarrollo están constreñidas por las relaciones de
producción. Ya que no existe ningún equilibrio (estática), estas relaciones
tienen que ser transformadas. En este proceso necesariamente general, en este
proceso material, la "economía
política" representa meramente un cierto nivel, pero un nivel
significativo en el cual ella es la condición preliminar para un periodo de la
historia humana [en el] que obre con la conciencia correcta y, por
consiguiente, domine los acontecimientos
en lugar de ser determinada por ellos. Ya en la Introducción a la Crítica de la Economía Política, Marx deja esta
conexión clara, lo que nos demuestra que la crítica de la sociedad burguesa era
al mismo tiempo la puesta al descubierto de las leyes del movimiento económico
en general. Dice:
"La sociedad burguesa es la
organización histórica de la producción más altamente desarrollada y más
compleja. Las categorías en las que se expresan sus relaciones, la comprensión
de su estructura, permiten al mismo tiempo entender la estructura productiva y
las relaciones de producción de todas las formas pasadas de sociedad, sobre las
ruinas y elementos de los que ha sido edificada. De estas sociedades arrastra
consigo, en toda su extensión, todavía vestigios no sometidos, así como meras
insinuaciones que se han desarrollado hasta convertirse en nociones
perfeccionadas. La anatomía del hombre es la clave para la anatomía del mono".
Así, poniendo al descubierto las leyes del movimiento capitalista Marx
ha puesto al desnudo las leyes del movimiento social en general. Engels tenía
razón, por consiguiente, cuando vio en Das
Kapital más de lo que Hook, para quien es simplemente una crítica. Y cuando Engels, al pesar de
Hook, en lugar de preocuparse del fetichismo de las mercancías, se involucra en
los problemas de la tasa media de ganancia, la teoría del valor, etc. para
mostrar que todos los fenómenos capitalistas pueden remontarse a la ley de valor, no estaba haciendo otra
cosa que en lo que falló según la opinión de Hook: estaba revelando el carácter
fetichista de las mercancías. Este fetichismo oculta el proceso real, pero no
lo cambia. Sólo una conciencia falsa, atrapada en la red del fetichismo, se
confunde con el mercado y los problemas de precios y falla en comprender que
todos los movimientos del capital son gobernados por la ley de valor como por
una ley interna. Que Marx sostuvo la misma visión y, como Engels afirma, quería
mas que una crítica, es mostrado por el siguiente pasaje de una carta escrita
por Marx en 1886 con referencia a un crítico de su concepto de valor:
"El pobre tipo no alcanza a
ver que, aún si mi libro no contenía un solo capítulo sobre el valor, el
análisis que doy de las relaciones reales contendría la evidencia y la
demostración de las relaciones reales del valor. La tontería a cerca de la
necesidad de demostrar el concepto de valor se apoya sobre la más completa
ignorancia de la materia en cuestión y de los métodos de la ciencia. Que
cualquier nación que dejase de trabajar, no diré durante un año, sino durante
unas pocas semanas, se moriría de hambre, es sabido por cualquier niño. También
sabe que las masas de productos que corresponden a las diferentes necesidades
exigen determinadas masas del trabajo social total diferentes y
cuantitativamente determinadas. Que esta necesidad de la división social del
trabajo en determinadas proporciones no puede en absoluto ser abolida por razón
de la forma determinada de la producción social, sino que sólo puede cambiar su
modo de manifestarse, es obvio. En absoluto pueden abolirse las leyes
naturales. Lo que puede cambiarse en condiciones históricamente diferentes es
sólo la forma en la que estas leyes operan. Y la forma en la que esta división proporcional del trabajo opera, en un estado
de sociedad en el que la interrelación del trabajo social se afirma como intercambio
privado de los productos individuales del
trabajo, no es otra cosa que el valor de cambio de estos productos".
Y, así, Das Kapital se
construye sobre una doble perspectiva del desarrollo: por un lado, observa el
desarrollo como un proceso natural y, por el otro, Marx lo trata según la forma
histórico-social que asume en un período particular. En el capítulo sobre el
carácter fetichista de las mercancías, Marx muestra lo que realmente es el valor de cambio. No es algo natural,
sino una relación social mediante la cual la sociedad está determinada como un
objeto real. El valor del cambio, la producción de valor, es simplemente una
expresión del atraso social, y tiene su fuente en el todavía insuficiente
desarrollo de las fuerzas de producción. Es, por consiguiente, una categoría
histórica, que es superada por las crecientes fuerzas de producción. Por eso el fetichismo de las mercancías
muestra simplemente que el hombre no está aún en posición de dominar la
producción, y consecuentemente la producción gobierna al hombre.
En el ejemplo de Robinson Crusoe, que Marx emplea en la discusión acerca
del comunismo, muestra lo que retorna del valor de cambio, y luego en el tercer
volumen de El Capital dice: "como los precios pueden regularse, se ve que
la ley del valor gobierna su movimiento". Según Hook, en las tan poco
importantes excursiones de Engels en su prólogo al segundo y tercer volúmenes
de El Capital, éste meramente
enfatiza esta frase de Marx, que no es sino una ilustración del carácter
fetichista de las mercancías, un carácter que no admite el tiempo de trabajo socialmente necesario como medida del
valor, aunque en realidad opera a pesar de todas las modificaciones. Así
pues, la economía política es la expresión de la forma social en que, en un
cierto nivel de la historia, operan las leyes naturales. Y en este nivel
capitalista, el valor no puede comprenderse por la falsa conciencia de la burguesía. Si la economía burguesa estaba
interesada en la manera en que era determinado el precio de mercado, si de
acuerdo con esto estaba satisfecha con la ley de la oferta y la demanda,
entonces Marx inquirió sobre el origen del precio y lo encontró en la ley del
valor. De este modo, él descubrió el fetichismo de las mercancías como la
"conciencia" social bajo el
capitalismo, en el que los obreros están separados de los medios de producción.
No es hasta que esta separación entre productores y medios de producción sea
abolida que, la sociedad de la mercancía, con la falsa conciencia que es
necesariamente parte de ella, puede ser suprimida. Y sólo sobre la base de este fetichismo es posible la distinción
entre "ciencia" y "marxismo". La abolición del primero
está sujeta a la abolición de la segunda. Teóricamente, esto ya está
presupuesto en el marxismo, pues el hombre construye en su cabeza antes de
actuar. Marx fue capaz de actualizar la
dialéctica hegeliana, el marxismo sólo puede actualizarse a través de la
Revolución. O, como lo expresa Marx: "No es suficiente que el pensamiento se abra paso para llegar a ser
realidad, [actualidad,] la realidad [o
actualidad] misma debe abrirse paso para
llegar a ser pensamiento".
VI - Voluntad, conciencia y necesidad histórica
Dado que Hook no ve en Das Kapital
el descubrimiento de las leyes del movimiento social, sino sólo la crítica
(condicionada por la voluntad del proletariado) de la economía burguesa, Das Kapital no es para él la
actualización teórica de la dialéctica materialista sino "la aplicación del materialismo histórico a
los «misterios» del valor, el precio y
la ganancia" (p.187). En otras palabras: ya que, según Hook, las
relaciones de producción determinan el pensamiento y las acciones de los seres
humanos, Marx desarrolló desde el punto de vista del proletariado su crítica de
la economía burguesa, que es simple crítica y nada más. Si el proletariado
gana, entonces en consecuencia El Capital
de Marx queda meramente como un documento histórico, lleno de los pensamientos
de una clase que sufrió bajo la dominación del capitalismo. El materialismo
histórico no es aquí una parte del desarrollo dialéctico sino que está
divorciado de él; no es un elemento productivo, sino una visión de la vida (una
comprensión del mundo). "No obstante",
como Marx escribió en relación a su crítico ruso en el prólogo al primer
volumen de El Capital, "que otra cosa está describiendo sino el
método dialéctico?". Pero para Hook, Das Kapital es sólo una ideología, y a partir de este punto de
vista dice (p.181):
"Lo que justifica a Marx y
Engels para sostener que el modo de producción económico es el factor decisivo
en la vida social es la voluntad revolucionaria del proletariado que se prepara
para actuar sobre esa asunción... Sólo porque queremos cambiar la estructura
económica de sociedad, buscamos la evidencia del hecho de que, en el pasado, el
cambio económico ha tenido un efecto profundo sobre toda la vida social y
cultural. Porque queremos cambiar la estructura económica de la sociedad,
afirmamos que esta evidencia del pasado junto con nuestra actividad
revolucionaria en el presente constituye una causa suficiente para creer que la
proposición general de que «en última instancia el modo de producción económico
determina el carácter general de la vida social», será verdad en el futuro
próximo."
Aunque, siguiendo a esto, continua con la afirmación de que lo que
queremos y cuando lo queremos no pueden derivarse de un deseo de acción
independiente, absoluto, sino que están históricamente condicionados, todavía en
su interpretación la voluntad permanece divorciada de la conciencia. No hay
aquí ninguna interacción ni totalidad dialéctica. A pesar de todas las
concesiones materialistas e inconsistencias idealistas, el punto de vista sigue
siendo que vemos el factor determinante en el modo de producción económico sólo
porque queremos cambiar las relaciones económicas. La voluntad, sin embargo,
tal y como pueda ser condicionada, sigue siendo para Hook el fundamento
decisivo. La seriedad con que acepta esta perspectiva puede verse en su
descripción del modo en que se produce el cambio social. Escribe (p.84):
"A partir de las condiciones
objetivas, sociales y naturales (tesis), surgen las necesidades y propósitos
humanos que, reconociendo las posibilidades objetivas en la situación dada
(antítesis) preparan el curso de la acción (síntesis) proyectado para
actualizar estas posibilidades."
La acción, que para Hook es idéntica a la voluntad, forma la síntesis.
Para Marx, sin embargo, la síntesis es algo diferente; aquí el proletariado,
como la antítesis de la sociedad burguesa, ya contiene lo que forma el
contenido de la síntesis de Hook. La
síntesis marxiana presupone la acción exitosa; se sitúa detrás de la voluntad.
Es el resultado de la negación de la
negación, es la sociedad comunista. El crecimiento del propio proletariado
no es sólo el crecimiento de la miseria proletaria sino también de la
conciencia de clase y de la acción. Este proceso
total se transforma, en un cierto nivel de desarrollo, en la revolución. "Was der Mensch will, das
muss er wollen." ("Lo que el ser
humano quiere, es lo que debe querer"). La voluntad es inseparable del
proletariado; la existencia del proletariado como una fuerza material de
producción es al mismo tiempo la existencia de la voluntad. Toda puesta aparte
o sobreénfasis de la voluntad debe evitarse. Podemos decir, antes bien, con
Engels: "Una revolución es un puro
fenómeno de la naturaleza, dirigido más de acuerdo con leyes físicas que según
las pautas que en los períodos ordinarios condicionan el desarrollo de la
sociedad. O más bien, estas pautas asumen en el curso de una revolución un
carácter mucho más físico, el poder material de la necesidad se manifiesta más
contundentemente". El poder material es idéntico con la voluntad así
como con la conciencia. En las épocas
ordinarias (reformismo) a estas facultades se atribuyen necesariamente más
valor del que poseen, por eso se vuelven nuevamente idealistas y falsas. En las
épocas revolucionarias no importa en
que medida existan la voluntad y la conciencia, estos factores siempre
permanecen a distancia tras el poder
material real de la revolución.
El proceso revolucionario real está mucho más estrechamente relacionado
con los procesos de la naturaleza de lo que somos capaces de concebir en un
periodo no revolucionario; el factor "humano" (ideológico) en el
desarrollo se vuelve más insignificante. Diez mil seres humanos hambrientos con
la más clara conciencia y la voluntad más fuerte no significan nada en ciertas
circunstancias; diez millones pasando hambre bajo las mismas circunstancias,
sin la conciencia y la voluntad específicamente humana, pueden significar... la
revolución. Los hombres se mueren de hambre con y sin la conciencia y la
voluntad, pero en cualquier caso no se mueren de hambre a la vista de la
comida. Y cuando Hook en el curso de su exposición se refiere a los millones de
seres humanos que perecieron por la falta de conciencia de clase, está, después
de todo, meramente señalando el hecho de que ni siquiera la presencia de la
conciencia de clase podía impedir la inanición. Por otra parte, no plantea
ningún caso en el que millones de seres humanos se fuesen hambrientos a la
vista de la comida. En tal caso no estarían pasando hambre, sino que habrían
tomado posesión de la comida y, en tanto lo hacían, se volverían... conscientes de su clase.
Esta sobreestimación, o una estimación bastante equivocada del papel de
la conciencia, lleva a Hook a
sobreestimar también el papel del partido
y, en el sentido más estrecho, del papel del individuo en el proceso histórico; un papel que no concibe
históricamente, sino del todo absolutamente. Con el propósito de llegar al
papel del genio, pregunta, por
ejemplo (p.169):
"¿Habría la Revolución rusa
tenido lugar en octubre de 1917, si Lenin hubiese muerto en el exílio en Suiza?
¿Y si la Revolución rusa no hubiera tenido lugar cuando lo hizo, habrían tomado
el mismo curso los acontecimientos subsiguientes en Rusia?"
El mismo juego se continua con otros estadistas y científicos, y luego
Hook se vuelve ásperamente contra Engels, Plechanov y otros, que sostuvieron el
punto de vista de que todo periodo que necesita grandes hombres también los
crea. Hook contesta (pp.171-172):
"Con todo el debido respeto,
esta posición me parece ser un notorio sin sentido... Argumentar que si
Napoleón no hubiese vivido, algún otro y no él habría sido Napoleón (es decir,
habría realizado la obra de Napoleón) y entonces ofrecer como evidencia el hecho de que siempre que un
gran hombre era necesario había sido encontrado, es lógicamente infantil...
¿Dónde estaba el gran dirigente escondido cuando Italia estaba objetivamente
lista para la revolución en 1921 y en Alemania en 1923?... No hay imperativos
en la historia; sólo hay probabilidades."
Para contestar sobre el mismo planteamiento, podemos decir, primero,
igual que Hook ha declarado en otro lugar, que sólo la práctica demuestra si
una verdad es cierta, por lo cual también si un gran hombre es realmente tal. Y
esta práctica es la práctica social. Por ejemplo, si la sociedad no hubiera
presupuesto (el mecanismo en la manufactura), actualizado (la división del
trabajo) y aplicado el conocimiento de Newton, el genio de Newton habría muerto
con él. Si el proceso de capitalización no le hubiera dado a Francia tal poder
ofensivo y defensivo, el genio de Napoleón habría muerto quizás como un
lugarteniente más solitario que en St. Helena. La sociedad determina lo que es genio. La Revolución rusa es
independiente de Lenin, e incluso el período en que suceció no fue en lo más
mínimo condicionado por él, sino por una serie interminable de factores
entretejiendose, en los que el genio de Lenin es absorbido, y sin lo cual no
puede ser entendido. El hecho de que los bolcheviques tuviesen éxito tomando el
poder político en una revolución sobre la cual no tenían el mando está, por
supuesto, en parte en relación directa con los bolcheviques y también en parte
con la personalidad de Lenin. Pero la idea que sin Lenin el curso de la
historia rusa habría sido decididamente diferente está por debajo del nivel de
la investigación marxista, que constantemente remonta la historia a las
necesidades de la vida social. La Revolución rusa no se adaptó a Lenin, sino
que Lenin se adaptó a la Revolución rusa. Sólo debido a que aceptó el
movimiento revolucionario ganó la influencia sobre él, se convirtió en un
órgano ejecutivo para él. El alto grado en el que Lenin estaba condicionado por
el curso actual de la revolución, y que poco determinó él su desarrollo, se
muestra por el modo en que revisó su obra después de la revolución. Esto se
expresa muy claramente en un discurso que dio en octubre de 1921, cuando
dijo:
"La revolución
democrático-burguesa ha sido conducida hasta su término por nosotros como por
ningún otro... No habíamos calculado suficientemente en relación con nuestro
plan de poner en funcionamiento la producción socializada y el modo comunista
de distribución de los productos entre los pequeños campesinos, mediante la
orden directa del Estado proletario. La vida nos ha mostrado nuestros errores.
Una serie de fases de transición --capitalismo de estado y socialismo-- se requerían para preparar el camino para el comunismo. Esto involucrará trabajo, extendiéndose
durante un gran número de años. No es directamente por la vía del entusiasmo, sino con la ayuda de los intereses
personales, del interesamiento personal,
con la ayuda del cálculo económico, como debeis construir un puente
material que, en la tierra de los
pequeños campesinos, lleve a través del capitalismo de Estado al socialismo; de ninguna otra manera podemos llegar al
comunismo. Esto se nos reveló por el
proceso objetivo de desarrollo de la Revolución... El Estado proletario
debe convertirse en un propietario prudente, cuidadoso y hábil, el distribuidor
mayorista del futuro; de ninguna otra
manera la tierra de los pequeños campesinos puede alzarse a un alto nivel
económico. Distribuidor mayorista; eso parece ser un tipo económico justo tan
lejano del comunismo como el cielo de la tierra. Pero esta es simplemente una
de las contradicciones que, en la vida real, conduce de la empresa de labranza
de los pequeños campesinos, a través del capitalismo de Estado, al socialismo. El interesamiento personal promueve la producción. El comercio mayorista
sirve para unir a millones de pequeños campesinos económicamente, despierta su
interés, los lleva a la próxima fase: las varias formas de ligación, de unión
en la producción misma."
El curso de la Revolución rechazó, primero, todas las viejas ideas
bolcheviques que todavía estaban estrechamente ligadas el capitalismo de Estado de Hilferding, y forzaron la adopción del comunismo de guerra como la nueva
doctrina; y entonces el curso real de los desarrollos también rechazó esta
nueva "construcción" y tomó un giro más puro al capitalismo de
Estado. Por eso la Revolución rusa es un ejemplo clásico del hecho de que
el curso de desarrollo no está determinado por las ideas de los grandes hombres
sino por la práctica socialmente necesaria. Si la Revolución rusa sin Lenin
habría tomado otro curso que el del Estado capitalista único quizás no es de
ningún valor discutirlo, pues el propio Lenin sostuvo que el capitalismo, no
sólo en la Europa occidental sino también en Rusia, estaba suficientemente
avanzado y que la próxima fase sólo podía girar al socialismo. Lenin consideró
el imperialismo como "el capitalismo
en su forma de transición, capitalismo parasitario o en estancamiento".
El imperialismo llevó, de acuerdo con Lenin, simplemente a la socialización universal
de la producción: "Arrastra al
capitalista, contra su voluntad, a un orden social que ofrece una transición de
la completa libertad de competencia a la completa socialización". La
guerra, según Lenin, había transformado el capitalismo de monopolios en la
forma del "Estado-monopolista";
el "capitalismo de Estado
monopolista-militarista" es, sin embargo, un "preparación material para el socialismo en
completamiento, la puerta de entrada a él". Con la conquista del poder
estatal y la expropiación de los bancos, pensó que el capitalismo de Estado podría transformarse muy rápidamente en socialismo. Llevar a cabo la economía
capitalista del Estado en Rusia era, por consiguiente, en la perspectiva de
Lenin, sólo la anticipación de la circulación real del capital. Lo que se
cumplía era la consecuencia capitalista de la monopolización en avance. El
partido aceleró lo que necesariamente vendría, finalmente, incluso sin esta
aceleración.
Que este curso capitalista se modificó por medio de la influencia de los
bolcheviques es indiscutible, pero permanecía siendo capitalista, y además, la
modificación se limitaba a velar la naturaleza real de la reversión al capitalismo, o de la formación de una nueva falsa
conciencia. Así, encontramos a Bucharin, en una conferencia gubernamental hacia
el fin de 1925, expresándose como sigue: "¿Si confesamos que las empresas
nacionalizadas son empresas capitalistas, si
decimos esto abiertamente, cómo podemos luego dirigir una campaña por un
mayor rendimiento? En fábricas que no son puramente socialistas, los obreros no
incrementarán la productividad de su trabajo."
La práctica rusa no se dirige según los
principios comunistas, sino que sigue las leyes de la acumulación capitalista. ¿Qué otras
leyes seguiría si Lenin y los bolcheviques no hubiesen ganado? También tenemos
en Rusia, aunque en una forma modificada, una producción de plusvalía bajo el camuflaje ideológico de la "construcción socialista". La relación salarial es idéntica a la de la
producción capitalista, formando también en Rusia la base para la existencia de
una burocracia creciente con privilegios en ascenso, una burocracia que, al
lado de los elementos capitalistas privados que todavía están presentes, será
estrictamente estimada como una nueva
clase que se apropia para sí del plustrabajo
y la plusvalía. El mismo hecho de
la existencia de la relación salarial
significa que los medios de producción
no son dominados por los productores sino que permanecen por encima y contra
ellos en la forma de capital, y esta
circunstancia compele además a un proceso de reproducción en la forma de acumulación de capital. Esto
último, sobre la base de la ley marxiana del valor, con la cual la situación
rusa también debe ser iluminada, conduce
necesariamente a la crisis y al derrumbamiento final. La ley de la
acumulación es al mismo tiempo la acumulación del empobrecimiento, y por esa
razón también los obreros rusos están actualmente haciéndose más pobres al
mismo ritmo que el capital se acumula. La productividad de los obreros rusos
aumenta más rápidamente que sus salarios; del producto social creciente ellos
reciben una porción relativamente cada vez más pequeña. Para Marx, este
empobrecimiento relativo de la población obrera en el curso de la acumulación
es sólo una fase del empobrecimiento absoluto; es sólo otra expresión de la
creciente explotación de los trabajadores, y apenas puede haber duda de que
incluso sin Lenin y la Revolución rusa nada más podría ocurrir en Rusia que la
explotación creciente. Únicamente alguien que, como Hook, confunde el contenido de la Revolución rusa puede plantear la
cuestión acerca de si la historia rusa sin Lenin habría tomado cualquier otro
curso que el que realmente siguió. Ciertamente, habría procedido con ideologías
diferentes, banderas diferentes, jefes diferentes, y con un ritmo diferente,
pero para el proletariado existente estas diferencias son completamente
insignificantes. Y desde que la revolución de la que estamos hablando es
proletaria en el nombre, uno sólo puede preguntar: ¿qué ha sido cambiado, como
resultado de la Revolución y de la existencia del genio Lenin, en lo que estima
a la situación de los obreros rusos? ¡Nada esencial! Para el proletariado, Lenin no era más que Kerensky, nada más que
cualquier revolucionario burgués, que no abole la explotación sino que sólo
cambia sus formas.
No hay dos tipos de trabajo asalariado, uno
capitalista y otro bolchevique: el trabajo asalariado es la forma en
la que, bajo la producción capitalista, la plusvalía es apropiada por la clase
o elemento dominante. Ciertamente, los medios de producción han pasado aquí de
las manos de los empresarios privados a las del Estado; en lo que respecta a
los productores, sin embargo, nada ha cambiado. Tal y como antes, sus únicos
medios de sustento son la venta de sus fuerzas de trabajo. La única diferencia
es que ya no se les exige que traten con el capitalista
individual sino con el capitalista
general, el Estado, como comprador de la fuerza de trabajo. La relación económica entre el productor y
el producto todavía corresponde aquí al sistema capitalista. Los medios de producción sólo están más
centralizados; lo cual no es la finalidad de una economía comunista, sino sólo
un medio para esa finalidad. La influencia de Lenin, la política de los
bolcheviques, se hayan reveladas como una gran capacidad para adaptarse al
curso necesario del desarrollo, con el propósito de, como el partido
bolchevique o como un genio, continuar en el poder, que sólo puede ser el poder de la necesidad. Si Lenin
hubiera intentado llevar a cabo una política comunista, su grandeza habría sido
reducida --o elevada, según uno prefiera-- a la de un utópico ebrio.
¿Dónde estaban los grandes dirigentes de Italia en 1921 y de Alemania en
1923 (y de nuevo en 1933)? Si debe darse una respuesta en términos absolutos,
uno puede apuntar sin duda a Mussolini y a la jefatura de la Tercera
Internacional, Zinoviev en ese periodo. Mussolini, que aceleró el proceso
objetivamente necesario de concentración del capital en Italia; la dirección de
la Tercera Internacional, que mantuvo el "status quo" en Europa en interés del régimen bolchevique ruso,
previniendo la revolución alemana.
Así, Radek declaró (por orden de Zinoviev), antes de la decimotercera
conferencia del Partido comunista ruso el 16 de febrero de 1924: "El comité central del Partido comunista de
la Unión Soviética, así como el comité ejecutivo del Comintern reconoce
inequívocamente que el Partido comunista de Alemania actuó correctamente
cuando, a la vista de las fuerzas armadas superiores del enemigo y de la
división dentro de las filas de la clase obrera, evitó un conflicto armado."
(Esto se repitió en 1933-34).
Pero esta cuestión también puede abordarse dialécticamente, y
reconoceremos entonces que el problema de los grandes hombres es totalmente
histórico. Particularmente en la sociedad capitalista, en la que el símbolo es
más "real" que la realidad, el problema de la dirección adquiere tal
importancia que ideológicamente se convierte en el problema de la historia. El problema del precio de mercado es el lado
anverso del problema del dirigente. El que Hegel se quede corto con el
Estado prusiano, la forma de dinero de las mercancías, el problema del
dirigente de masas, son todos una y la
misma expresión del nivel de las fuerzas sociales de producción en su tegumento
capitalista. El movimiento real de la clase obrera no conoce el
"problema" del dirigente. En él las decisiones se toman por los
soviets, que sostienen la acción como también más tarde la vida económica.
Pero este cambio en el papel de la personalidad no sólo puede
reconocerse en el dominio político; también se lleva a cabo para la ciencia. La
especialización de la ciencia va de la mano con su desarrollo. La división
social del trabajo no está siendo restringida sino extendida. Cada invención y
descubrimiento profesan necesariamente un carácter más y más colectivo. Esta
socialización conduce siempre a otra mayor. En los inicios de la sociedad
capitalista había inventores, hoy hay talleres de invención. Las invenciones se
producen casi de la misma manera que los neumáticos de automóvil. En el
capitalismo moderno lo individual cuenta menos, todas las innovaciones vienen
de los laboratorios de trabajo en común.
El hecho de que esto no llegue a ser políticamente visible es debido a
la necesidad de la burguesía de volverse ideológica, cada vez más reaccionaria
en la misma medida en que empuja las relaciones actuales hacia adelante. Si la
burguesía requirió una vez un Napoleón, hoy la estupidez de Hitler sirve como
la encoladura simbólica de sus tendencias centrífugas. Y todavía para la
burguesía alemana Hitler aparece como una personalidad sobreencumbrada; pues si
Napoleón ayudó al desarrollo de la sociedad capitalista, Hitler ayuda a
retardar su derrumbamiento. Pero incluso sin Napoleón el capitalismo habría
ascendido con su marcha victoriosa, y se derrumbará a pesar de Hitler. Los dos
pueden contribuir en pequeña parte a determinar el ritmo, mientras opera la
tendencia a la expansión o la tendencia al derrumbe, pero la tendencia general
está más allá de su capacidad de alterarla. A través de todas las
modificaciones temporales, la marcha de la historia, el desarrollo de las
fuerzas humanas de producción, sigue su
camino. Pero incluso dentro de estas modificaciones la significación real
de los "grandes hombres" no
es inherente en ellos mismos, sino a ellos en conexión con todas las demás
circunstancias sociales. Sólo a causa de
que la historia obra bajo el capitalismo con una falsa conciencia, el
movimiento real yace oculto tras el fetichismo del dirigente. Cuando este
movimiento tenga lugar con una conciencia correcta, pondrá incluso al genio en
su propio lugar.
A lo largo de esta disquisición sobre el papel del dirigente y el de la oportunidad
en el sentido más amplio, Hook ha olvidado su propio punto de partida que
demanda que cada problema sea considerado como histórico. La alternativa presentada por el Manifiesto Comunista --comunismo o barbarie-- no apunta al papel
determinante de la voluntad humana sino a sus limitaciones. Dado que no hay
equilibrio, una raza humana que se rezague perecerá necesariamente si las
necesidades objetivas no vencen. Pero el rezagarse mismo es algo temporal. La barbarie no es el final de un desarrollo,
sino sólo una interrupción por la que se paga un alto costo. La barbarie no
es el retorno al carro de bueyes y a lo primitivo, sino la bárbara condición de
la autolaceración en las crisis y guerras de defunción de un capitalismo que se
está pudriendo. Sólo hay una salida... el
camino que conduce hacia delante, la salvación a través del comunismo.
El punto de partida del modo
comunista de producción es la elevación ya lograda por las fuerzas
productivas del capitalismo. Si el joven capitalismo necesitó a Napoleón y el
que expira requirió de Hitler, si el capitalismo siempre necesita fantasías
--dado que la realidad, que no tenía interreses comunes, tampoco permitía una
lucha común-- la revolución comunista sólo se necesita a sí misma, es decir, la acción de las masas. No tiene ninguna
necesidad de fetichismo, de imaginaciones, para mantenerse en la realidad,
puesto que sólo conoce intereses comunes
y permite una genuina lucha común.
Al personaje eminente, como también en general al papel de la oportunidad en la historia, no puede
atribuírsele más de lo que Marx le atribuyó en una carta a Kugelmann citada por
Hook. Pero el volumen de esta carta no apoya sino que se opone a la concepción
absoluta, idealista, ahistórica de Hook sobre el problema del dirigente [2]. "Estos «accidentes» mismos", dice Marx, "caen naturalmente dentro del curso general del desarrollo, y son
compensados por otros «accidentes». Pero la aceleración y retardación están muy
influenciadas por tales «accidentes», entre los que también debe contarse el
carácter «accidental» de las personas que primero estean a la cabeza del
movimiento." La importancia de estos "accidentes" debe comprenderse históricamente. La cuestión
acerca de hasta que punto tienen todavía importancia hoy, no se resuelve desde
la teoría, sino desde la práctica. También en esto "la investigación de la situación real", tal como la concebía
Lenin, "forma la verdadera esencia y
el alma viviente del marxismo".
VII - La comprensión de las crisis y del derrumbe del capitalismo
Puesto que, para Hook, Das Kapital
es sólo una crítica de economía
política, así también la teoría marxiana
del valor, para Hook, no puede indicar nada más de lo que ya es conocido.
Escribe (p.220): "Con todo, ni la
teoría del valor del trabajo ni cualquier otra teoría del valor pueden predecir
algo que no se conozca ya por adelantado. La Guerra y la crisis, la
centralización y el desempleo, eran ya fenómenos totalmente familiares cuando
Marx formuló la teoría de valor". Es un error asumir, viene a decir
Hook, que uno puede predecir algo específico con la teoría del valor del
trabajo. Ahora, después de todo, el capitalismo todavía está lejos de haberse
derrumbado, y todavía la ley marxiana de la acumulación, sobre la base del
valor, es la ley del derrumbamiento del sistema capitalista. Eso ya se mostró
en el primer volumen de El Capital
como "la ley general de la
acumulación capitalista". Sin embargo, esta ley del derrumbamiento no
opera "puramente" sino que,
como cualquier otra ley, es más o menos modificada en la realidad. Estas
modificaciones son establecidas con mayor detalle en el tercer volumen,
especialmente en la sección que trata de la ley
de la tasa decreciente de ganancia. Así como la ley de la gravedad sólo
opera en realidad de una forma modificada, así también la ley del
derrumbamiento capitalista, que no es nada más que la acumulación capitalista
sobre la base del valor de cambio. Cuando
Hook aparta la ley marxiana del valor de su poder predictivo, ha renunciado
completamente a Marx. Y cuando además declara que "uno puede aceptar la metafísica evolutiva
marxista y no estar comprometido inmediatamente con su teoría de la revolución
social" (p.251), la afirmación es falsa por la misma razón de que, en
primer lugar, el marxismo no tiene ninguna metafísica evolutiva, y segundo, que
nosotros realmente no podemos
comprometernos con una teoría de la revolución social sin practicarla. Si
Liebknecht fuera, en el sentido científico, un peor marxista que Hilferding
(p.249), y sin embargo mejor en la práctica, como Hook asegura, la comparación
todavía es totalmente gratuita. Para Marx, él mismo "no era marxista", pero identificó el marxismo con el proletariado actuante, que sólo puede
actuar [como clase] de modo marxista, no de otro. ¡El Marxismo no es
simplemente una ideología, sino la práctica de la lucha de clases! La
revolución es realizada por las masas que puede que no sepan nada sobre Marx: ¡la revolución les hace marxistas!
En lo que respecta a la teoría, de cualquier modo es imposible rechazar
la doctrina económica de Marx y al mismo tiempo esperar ser un marxista en
todas las demás materias, como lo inverso también es imposible. Con el rechazo
del poder predictivo de la teoría del
valor, o sea, el rechazo de la teoría marxiana de la crisis y el derrumba,
Hook, aunque contra su voluntad, rechaza el marxismo no parcial sino
completamente. El rechazo del contenido real de la teoría del valor por Hook,
explica simultáneamente el contenido idealista de su dialéctica, como esto
último es a su vez la explicación de lo primero.
La debilidad de Hook en la teoría económica se ilustra en el mismo hecho
de que se dedican sólo veintidós páginas de su libro a la economía marxiana. En
relación con esto, también es interesante referirse al pasaje en cual trata de la
diferencia entre Rosa Luxemburgo y Lenin.
La disputa entre ellos giraba en torno a la cuestión de la realización de la plusvalía. Con
respecto a Luxemburgo, Hook escribe (p.61):
"En su Akkumulation des
Kapitals (La acumulación de los
capitales) sostuvo que, con el
agotamiento del mercado interno, el capitalismo debía ir de un país colonial a
otro y que el capitalismo únicamente podría sobrevivir mientras tales países
estuviesen disponibles. Tan pronto como el mundo se repartiese entre los poderes
imperialistas y se industrializase, la revolución internacional estallaría por
necesidad, dado que el capitalismo no puede expandir sus fuerzas productivas y
continuar indefinidamente el proceso de acumulación en cualquier sociedad
productora de mercancías relativamente aislada, no importa cómo sea de grande."
Lenin, viene a afirmar, negó que el capitalismo se derrumbaría alguna
vez de tal modo mecánico. Y cita luego, con gran aprobación, de un discurso de
Lenin que data de 1920, un pasaje que no tiene ninguna relación en absoluto con
el debate sobre la realización de la
plusvalía en los países no capitalistas --un debate que había sido
emprendido previamente hacía ocho años--. El capitalismo necesita un mercado no
capitalista: esta había sido la posición de Rosa Luxemburgo. Lenin mantenía que
crea su propio mercado. Pero los dos sostuvieron la concepción básica de Das Kapital, a saber, que el modo
capitalista de producción tiene un límite económico absoluto. Mientras
Luxemburgo buscaba este límite dentro de la esfera
de la circulación, Lenin ya lo vislumbrara correctamente en la esfera de la producción. Mientras tanto,
ambos, en el conocimiento que el proceso de acumulación sobre la base del valor
es el proceso de derrumbe del capitalismo, lo que es idéntico a la revolución,
atacaban la posición reformista en su totalidad, por lo cual Hilferding dijo en
un discurso, en 1927 sin ir más lejos: "Yo siempre he rechazado cualquier teoría del derrumbe económico. El
derrocamiento del sistema capitalista no ocurrirá por cualquiera leyes internas
de este sistema, sino que debe ser el acto consciente de la voluntad de la
clase obrera".
Si en el calor del debate, esa frase de Lenin, que ha sido citada hasta
la nausea, de que "no existe ninguna
situación para el capitalismo de la que no haya absolutamente ninguna salida",
poseyó una cierta justificación política en una situación determinada, a saber
la "crisis epidémica mortal"
que se presenta en 1920; no obstante, no presta consuelo al reformismo, que
siempre había negado a la teoría del valor cualquier capacidad predictiva, y
que fue utilizada para rechazar la teoría de derrumbe económico. Todo el
trabajo teórico-económico de Lenin, que se limitó conscientemente a repetir a
Marx, está opuesto a tal afirmación. Para Lenin, la ley de valor es la ley del
derrumbe.
Uno se sorprende, sin embargo, cuando Hook, después haber rechazado,
"con Lenin", la teoría
"mecanicista" del derrumbe
de Rosa Luxemburgo, presenta, en su propia exposición económica, nada más ni
nada menos que una repetición de la posición de Luxemburgo. Después de perfilar
las teorías del valor y la plusvalía, de la relación del capital en la
producción, la caída de la tasa de ganancia con el incremento en la
productividad del trabajo, la relación valor-precio, la acumulación y la
crisis, entonces añade (pp.204-209):
"Con el incremento de la
composición orgánica del capital la tasa de ganancia cae incluso cuando la tasa
de explotación, o plusvalía, permanece igual. El deseo de sostener la tasa de
ganancia conduce al progreso de la planta y al aumento en la intensidad y
productividad del trabajo. Como resultado, existencias de mercancías siempre
mayores son lanzadas al mercado. Los obreros no pueden consumir estos bienes
dado que el poder adquisitivo de sus salarios es necesariamente menor que el
valor de las mercancías que han producido. Los capitalistas no pueden consumir
estos bienes porque (1º) ellos y sus asistentes inmediatos hacen uso solamente
de una parte de la riqueza inmediata producida, y (2º) el valor del resto debe
convertirse primero en dinero antes de que pueda invertirse de nuevo. A menos
que la producción estea sufriendo un colapso permanente, debe encontrarse un
campo de venta para el excedente de mercancías proporcionadas.... Puesto que
los límites en los que el mercado interno puede dilatarse están dados por el
poder adquisitivo de los salarios... el recurso debe ser tener que exportar."
Luego muestra además cómo en el curso del desarrollo los propios países
importadores se convierten en países exportadores. A estas alturas Hook ha
alcanzado el límite situado por Luxemburgo; pero mientras que ella salió de
él, Hook no lo hace, pues claro, él
rechaza con Lenin la "naturaleza
mecanicista" de esta idea del derrumbe. En cambio, repite meramente
una vez más su punto de partida (p.207):
"Este proceso está acompañado
por crisis periódicas de sobreproducción. Se vuelven progresivamente peores
tanto en las industrias locales como en la industria en conjunto. Las relaciones
sociales bajo las que la producción se mantiene, y que hacen imposible para los
trabajadores asalariados reapropiarse en cualquier momento de lo que han
producido, conduce a una inversión de capital más elevada en las industrias que
generan bienes de producción que en las industrias que producen bienes de
consumo. Esta desproporción entre la inversión en bienes de producción y la
inversión en bienes de consumo es permanente bajo el capitalismo. Pero una vez
acabados, los bienes de producción deben por último emplearse en plantas que
fabrican los bienes de consumo, las cantidades de mercancías lanzadas al
mercado, y para las que no puede encontrarse comprador, se amplían aún en mayor
medida. En el momento que estalla la crisis, y en el periodo inmediatamente
precedente, el trabajador asalariado puede estar ganando más y consumiendo más
que usualmente. Por consiguiente, no es el subconsumo de lo que el obrero
necesita lo que causa la crisis... sino su subconsumo en relación a lo que
produce. Consecuentemente, un incremento en el nivel de vida absoluto bajo el
capitalismo... no eliminaría la posibilidad de la crisis."
Todos los factores involucrados en la interpretación de Luxemburgo están
aquí repetidos de una forma más primitiva. La diferencia es que Hook no
comparte con ella la conclusión que delineó. Tenemos aquí en Hook la
desproporción entre las dos grandes secciones de la producción social, la
sobreproducción de mercancías, la imposibilidad de realizar la plusvalía en
ausencia de mercados frescos en los países no capitalistas. En resumen, como
pasaba con Luxemburgo, para Hook el mundo capitalista se ahoga bajo su superfluidez [o flujo excesivo] de
plusvalías que no pueden convertirse en dinero (realizarse). La única
diferencia entre las dos formulaciones es que donde Luxemburgo habla de
derrumbamiento, con Hook el proceso se detiene en la crisis. Pero todos estos
factores de la crisis tienen sus puntos de apoyo en el proceso de circulación,
y de aquí que no estean encajados en la esencia del capitalismo.
Sabemos, sin embargo, que Marx desarrolló su teoría de la acumulación
primero sobre la base del capital total; en éste, no existe ningún problema de
circulación, no hay ni una sobreproducción absoluta ni incluso un "subconsumo" relativo, y los obreros
reciben constantemente el valor de su fuerza de trabajo. Incluso en este
capitalismo "puro" pintado
por Marx, aunque todos los factores de la crisis dados por Hook están ausentes,
Marx demuestra todavía que incluso ese capitalismo ideal deberá derrumbarse, y
con ningún otro fundamento que el de la contradicción contenida en la
producción de valor. Cuando Engels, en el pasaje que Hook cita del Anti-Dühring (p.213), dice que "en la forma de valor de la mercancía hay ya
encubierta embrionariamente la forma total de la producción capitalista, la
oposición entre capital y trabajo, el ejército industrial de reserva, la crisis",
esto sobreentiende que los fundamentos de la crisis serán buscados en la esfera
de la producción, no de la circulación. El mismo Hook dice (p.213):
"De modo similar, en interés
del análisis, él (Marx) fue compelido a asumir, al comienzo, que el intercambio
de mercancías tenía lugar bajo un sistema de capitalismo "puro" en
que no había ningún vestigio del privilegio feudal y ningún principio de
monopolio; que la totalidad del mundo comercial pudiera considerarse como una
nación; que el modo capitalista de producción domina toda la industria; la
oferta y la demanda estaban constantemente en equilibrio: que habiéndose
abstraido de los inconmensurables valores de uso de las mercancías, la única
calidad relevante y mensurable que salió a determinar los valores por los que
se cambiaban las mercancías, era la cantidad de fuerza de trabajo socialmente
necesaria gastada en ellas."
¿Por qué, podemos preguntar, Marx demostró primero el funcionamiento de
la ley del valor en un capitalismo
"puro"? Encontramos una
excelente respuesta en los textos póstumos de Lenin: "Procediendo de lo concreto a lo abstracto, el pensamiento... con tal de
que sea correcto... no se aparta de la verdad sino que se acerca. La
abstracción de la materia, de la ley natural, la abstracción del valor, etc...
en resumen, todas las abstracciones científicas reflejan la naturaleza de la
forma más completa y más profunda. De la contemplación viva al pensamiento
abstracto y de este a la práctica... ése es el camino dialéctico hacia el
conocimiento de la verdad."
La ley del valor reveló lo que
la realidad concreta, el mundo superficial de la apariencia, ocultó; el hecho
de que el sistema capitalista, como por la necesidad de una ley natural, debe
derrumbarse. Marx abstrayó en primer lugar todas las contradicciones secundarias de ese sistema, para mostrar el efecto
ejercido por la ley de valor como una
"ley interna" del
capitalismo, para posteriormente, con las modificaciones introducidas por la
realidad concreta, señalar el carácter puramente temporal de las tendencias que
surgen de las modificaciones y operaciones contra las tendencias al
derrumbamiento, que confirman la ley del
valor como el factor determinante en última instancia. La ley de valor explica la caída de la tasa de ganancia --un índice de la caída relativa de la masa de
ganancia--. El crecimiento de la masa de ganancia puede compensar la caída de la
tasa de ganancia sólo durante un tiempo. Si la masa de ganancia cayese primero
relativamente, respecto al capital total y al requerimiento de la acumulación
ulterior, a largo plazo caería de un modo absoluto.
No es lo que Hook aduce como un factor de crisis lo que puede
considerarse como lo principal; al contrario, la cuestión debe entenderse
exactamente de la manera inversa. Hook puede citar a Marx para apoyar su
planteamiento de que la causa de la crisis es la contradicción entre la
producción y el consumo. Pues de hecho, de acuerdo con Marx, "la base final de todas las crisis reales es
la pobreza y el consumo limitado de las masas, en contraste con el impulso de
la producción capitalista para desarrollar las fuerzas productivas como si su
único límite fuera la capacidad de consumo absoluta de la sociedad"...
"Pero no podría haber nada más
insensato", escribe Lenin (La
teoría marxiana de la realización), "que deducir de este pasaje del Capital que Marx habría planteado la
imposibilidad de realizar la plusvalía en la sociedad capitalista o que habría
explicado la crisis como el resultado del consumo insuficiente". Una sobreproducción o subconsumo (lo que finalmente equivale a lo mismo) está
necesariamente circunscrito a la forma física de la producción y del consumo.
Pero en la sociedad capitalista el carácter material de la producción y del
consumo no juega un papel que podría explicar la prosperidad o la crisis. Por
mucho que esto pueda ofender "a la
lógica", el capital se acumula, de hecho, por causa de la acumulación.
La producción material, así como el consumo, se deja en el capitalismo a los
individuos; el carácter social de sus trabajos y de su consumo no está
directamente regulado por la sociedad, sino indirectamente por la vía del
mercado. El capital no produce cosas,
sino valores (de cambio). Pero incluso aunque no sea así, sobre la base de
la producción de valor, en condiciones de adaptar su producción y su consumo a
las necesidades sociales, estas necesidades reales deben ser tenidas en cuenta,
no obstante, si la población no va a perecer. Si el mercado ya no está en las condiciones adecuadas para satisfacer
estas necesidades, entonces la producción para el mercado, la producción de
valor, será echada a un lado por la revolución, para hacer sitio para una forma
de producción que no estea socialmente regulada mediante el rodeo del mercado,
sino que tenga un carácter directamente social, y pueda, en consecuencia, ser
planificada y sea apta para ser dirigida de acuerdo con las necesidades de los
seres humanos. Desde el punto de vista del valor de uso, la contradicción
entre producción y consumo en la sociedad capitalista es demencial, pero tal
punto de vista no se sostiene para la producción capitalista. Desde el punto de
vista del valor, esta contradicción es el secreto del avance capitalista, y
cuanto mayor es esta contradicción mejor se desarrolla el capital. Pero por
esta misma razón, la acumulación de esta contradicción debe llegar finalmente a
un punto que conduce a su abolición, puesto que las condiciones de vida y de
producción reales son, después de todo, más fuertes que las relaciones sociales
objetivizadas. Por eso, la base última de todas las crisis reales es todavía la
limitación del consumo de masas, en contraste con el impulso para, así,
desarrollar las fuerzas de producción como si la capacidad de consumo fuese
ilimitada. En la producción capitalista de valor, la apropiación de la
plusvalía está limitada por la posibilidad de la explotación. El consumo de los
obreros no puede reducirse a cero; y es sólo por esa razón que hay un límite
económico absoluto, puesto que la producción de valor sólo puede tender a
acercarse más y más a este cero punto. Las contradicciones capitalistas surgen
de la contradicción entre los valores de uso y el valor de cambio. Esta
contradicción convierte la acumulación de capital en acumulación de
empobrecimiento. Si el capital desarrolla el margen del valor, asímismo
simultáneamente, y en idéntica medida, destruye su propia base, con lo cual
disminuye continuamente la parte de sus propios productos que desembocan en los
productores. Esta parte no puede ser suprimida absolutamente, ya que el
instinto natural de autoconservación por parte de las masas es más fuerte que
una relación social, y también porque el capital sólo puede ser capital
mientras explote a los obreros, y los obreros muertos no pueden ser
explotados.
Para asumir por un momento la posición imposible adoptada por Hook, uno
podría decir mucho mejor que la crisis acontece porque este "subconsumo" relativo, y
posteriormente absoluto, por parte de los trabajadores no es suficientemente
grande, porque no puede aumentar suficientemente a causa de que el "subconsumo" se presenta demasiado
poco. No es el subconsumo, sea relativo o absoluto, lo que produce el
desempleo; sino que es el subconsumo
insuficiente, o sea, la masa insatisfactoria de beneficios, la imposibilidad de
aumentar la explotación en la proporción necesaria, la pérdida de perspectivas
para la acumulación rentable, lo que produce la crisis y el desempleo.
No es porque estea presente demasiada
plusvalía por lo que no puede convertirse en dinero; sino porque no le basta
para satisfacer las necesidades de la acumulación ulterior sobre la base de la
producción de beneficios, por lo que no se reinvierte. Debido a que
se produjo demasiado poco capital, ya no puede funcionar más como capital y
hablamos de sobreacumulación de capital.
Mientras la masa de plusvalía podría incrementarse correspondientemente, para
ser suficiente para la acumulación ulterior, seguimos adelante de crisis en
crisis, interrumpidas por periodos de prosperidad. Mientras era posible en los
puntos de riesgo de la crisis incrementar la apropiación de plusvalía a través
de la agudización de la explotación y a través del proceso de expansión, era
posible superar la crisis únicamente para
reproducirla en un plano más elevado del desarrollo. Una vez que las
tendencias que actúan contra el derrumbe son eliminadas, o han perdido su
efectividad en contraste con las necesidades de acumulación, la ley del derrumbe se afirma. La
abstracción marxiana del capitalismo "puro",
la ley de valor, resulta ser una ley
o proceso interno de la realidad capitalista; ley o proceso que en última
instancia determina su desarrollo
necesario. [3]
VIII - La praxis revolucionaria
Ya hemos señalado la íntima conexión entre la peculiar actitud de Hook
respecto a la teoría marxiana del valor en particular, y a las doctrinas
económicas de Marx en general, y su desviación idealista de la dialéctica
marxiana. Todos estos factores prosiguen ejerciendo su influencia perniciosa
sobre la teoría de la revolución de
Hook. En el capítulo titulado "Lucha
de clases y psicología social" dice (p.228): "La división del plusproducto social nunca es un asunto automático, sino que
depende de las luchas políticas entre las diferentes clases engranadas en la
producción". La lucha por la división de la plusvalía es, sin embargo,
bastante limitada: un hecho que debe referirse porque es precisamente esta
limitación lo que muestra lo que es la verdadera conciencia de clase. Por ejemplo, Marx señaló cómo el salario del obrero no puede exceder un
cierto nivel durante cualquier gran lapso de tiempo ni a la larga puede
hundirse debajo de un cierto nivel. La ley de valor es finalmente decisiva. E
incluso independientemente de estas variaciones el derrumbe del capitalismo es
exclusivamente manifiesto por la teoría del valor. Además, la lucha de clases no determina en última instancia la porción de la
plusvalía que va al estrato medio, sino que esta porción determina su lucha.
El proceso de concentración es más fuerte que las tácticas defensivas de las
clases medias. Que estas clases existan a
pesar de todo, es debido al hecho de que el capital, mientras destruye los
elementos de la clase media por un lado, continúa reproduciéndolos por el otro.
Ciertamente, la división de la plusvalía no es un proceso automático,
ciertamente la lucha de clases en la totalidad del proceso dialéctico
contribuye a determinar esta porción, pero fuera
de la lucha por la distribución de la plusvalía se levanta, en el curso del
desarrollo, una lucha por la abolición
del sistema del beneficio, queramos nosotros o no.
Hasta ahora, durante años a los obreros de todo el mundo se les ha
pagado menos de su valor, y este hecho es sólo otra indicación de la
permanencia de la crisis presente. En la crisis de muerte del capitalismo la
población activa sólo puede volverse más afligida por la pobreza; si lucha para una porción más grande de la
plusvalía, entonces prácticamente está luchando por la abolición de la
producción de plusvalía, incluso sin ser consciente de este hecho y de sus
consecuencias.
La oposición de clase inherente a las relaciones de producción determina
la naturaleza de la lucha de clases. Se forman los partidos políticos, puesto
que fracciones de los trabajadores se vuelven conscientes de la necesidad de la
lucha de clases más rápidamente que la gran masa. Si el partido puede, por un lado, acelerar el desarrollo general y
acortar la agonía del nacimiento de la nueva sociedad, también puede,
inversamente, dilatar el desarrollo y actuar como un obstáculo en el camino.
De acuerdo con esto, cuando uno habla como lo hace Hook, de la necesidad del
partido y además se compromete uno mismo con él en la idea de que sin un
partido una revolución triunfante está descartada, entonces en primer lugar de lo que él está hablando es
una abstracción y, segundo, él identifica el partido con la revolución o con la
conciencia de clase; con la ideología marxiana. De hecho, si la conciencia de clase revolucionaria, que
en el partido toma la forma de una ideología, está obligada a manifestarse en
el partido... ésa es una cuestión que no puede establecerse en abstracto sino
solamente en el sentido práctico. No es únicamente en la forma específica del
partido donde la conciencia de clase,
que se ha convertido en una ideología, necesita expresarse. Esa conciencia
puede también asumir otras formas, por ejemplo, la forma de células de fábrica, y éstas serían lo
que el partido es aún hoy. La afirmación de que sin conciencia de clase
cristalizada en una ideología una revolución está descartada no es
debatible, aunque sólo por la razón de que el marxismo, que no separa el ser de la conciencia,
presupone que en un periodo revolucionario los elementos conscientes, también,
están presentes como algo natural. Cuanto más fuertes sean éstos, mejor; pero
como pueden ser débiles, la conciencia de
clase para el marxismo no es una ideología, sino las necesidades de la vida
material de las masas, sin tener en cuenta su posición ideológica. La idea de Hook de la revolución como un
asunto de partido pertenece a un periodo que ya está sobrepasado --el periodo del reformismo, por el cual el
marxismo se había congelado en una ideología, y cuya posición Hook, a pesar de
toda su crítica, aprueba ahora después de todo--.
Si en la situación presente el partido será considerado todavía como un
centro para la cristalización de la conciencia de clase, sólo puede
determinarse, como ya se expuso, por la práctica actual. Y aquí, si Hook
estuviera obligado a proporcionar una prueba de la necesidad del partido,
fracasaría desconsoladamente. Hoy el
partido no es nada más que un estorbo para el despliegue de la conciencia de
clase real. Dondequiera que la
conciencia de clase real se ha expresado, en los últimos treinta años, ha
asumido la forma de comités de acción y de consejos obreros. Y en esta
forma organizativa la conciencia de clase, expresándose en la acción, han visto
todos los partidos un poder hostil que combatieron. La historia revolucionaria
europea del siglo XX será investigada en vano por un único caso en el que el
partido, en una situación revolucionaria, tuvo la dirección del movimiento; en
todas las ocasiones ese movimiento estaba en las manos de los comités de
acción, de los consejos espontáneamente formados. Dondequiera que los partidos se pusieron a la cabeza de un movimiento,
o se identificaron con él, sólo era para despuntar su filo. Los ejemplos:
la revolución rusa --y la alemana--.
Ni la socialdemocracia ni los bolcheviques fueron ni son capaces de
concebir un movimiento que no controlen.
Los bolcheviques nunca han sido otra cosa que socialdemócratas radicales. En la
pugna sobre la forma de organización
del movimiento de la clase obrera, tan implacablemente sostenida entre Lenin y
Rosa Luxemburgo, la historia ha decidido finalmente a favor de Luxemburgo. El
reconocimiento de este hecho histórico puede sin duda retardarse por el
"socialismo" ruso de Potemkin [4], pero la historia misma se alza
ahora en lugar de Rosa Luxemburgo y, con las derrotas más vergonzosas inscritas
en sus anales, machaca en las cabezas de los trabajadores que la revolución no es una materia de partido
sino el asunto de la clase. La concepción de Lenin del partido, con la que
Hook se compromete, es específicamente rusa, completamente sin sentido para la
Europa y América industriales.
Si la dictadura del partido
--qué necesariamente lleva a la burocraciaa-- era una necesidad para Rusia,
donde, debido al atraso del país, el sistema de soviets puede admitirse
meramente como una frase y no como una realidad, sin embargo los soviets
genuinos constituyen la única forma en que la dictadura proletaria puede expresarse en los países desarrollados. No más sobre el partido, sino sobre las masas
mismas, debe depositarse el peso de la decisión revolucionaria. El partido de
la reforma acabó con la traición social de la Segunda Internacional en la
Guerra Mundial. La "socialdemocracia
revolucionaria", el partido de Lenin, la Tercera Internacional, vino a
su ignominioso final en la colisión con el fascismo. Los actos del capitalismo
desenmascararon la lucha fingida mantenida por estas organizaciones. El fin de
la Tercera Internacional podría verse tan cercano como en 1920, cuando los
revolucionarios fueron expulsados para no perder el contacto con el mixto
U.S.P.D. (socialistas independientes) y los otros partidos de masas medio
reformistas. La lucha contra el cretinismo
parlamentario emprendida con tal muestra de enconamiento por el "parlamentarismo revolucionario",
acabó en el "cretinismo
parlamentario revolucionario", que en su ansia de detener la acción
inscribió en su bandera (1933): "¡No
Hitler, sino Thalmann le dará comida y trabajo! ¡Contesta el fascismo el 5 de
marzo! ¡Elige a los comunistas!" ¿A qué partido se refiere Hook cuando
habla del partido como una necesidad? ¿Está pensando en la bufonería de los
trotskistas, que al mismo tiempo reivindican la revolución permanente y
créditos a largo plazo para Rusia, o el chiste político de los brandleritas,
que una vez creyeron que la dictadura del proletariado era posible dentro del
marco de la Constitución de Weimar? Seguramente, Hook habla (en su libro) del
partido en abstracto, pero no obstante siempre quiere decir el partido de
Lenin, que contiene y desarrolla todo lo
que condujo a la disolución del movimiento obrero tal como ha existido hasta
ahora, sin que por esa razón condujese a un movimiento obrero real.
Salvo impedir el desarrollo de la iniciativa de masas, al partido le
queda todavía todo por hacer. No se ha revelado como un instrumento de la
revolución, sino que ha impuesto su voluntad sobre el movimiento. La
identificación del partido con la revolución ha conducido a la organización de
las masas a cualquier precio, pues el partido tenía ahora que tomar el lugar
del movimiento de masas. En el mejor de
los casos, no obstante, el partido no es nada más que un instrumento de la
revolución, no la revolución misma.
La concepción mecanicista del
materialismo dialéctico sostenida por Lenin, que Hook adopta en las más
variadas conexiones a lo largo de su libro, una concepción que no veía en la conciencia nada más que el reflejo del mundo externo, necesariamente llevaba también a infravalorar el
papel de la espontaneidad en la
historia. Aunque Hook descarta el mecanicismo de Lenin, no evita los errores a
que este mecanicismo da lugar --como, por ejemplo, el rechazo de la espontaneidad-- [#]. Lenin compartió con Kautsky
la idea de que "no el proletariado
sino la intelectualidad burguesa deben considerarse como los representantes de
la ciencia". Para Kautsky, la conciencia socialista no es idéntica con
el proletariado, sino que es traída a
los obreros desde el exterior. Ésta
es la tarea del partido en el sentido
kautskiano. Para Marx, sin embargo, la
lucha de clases es idéntica con la conciencia de clase. Ni Kautsky ni su
pupilo Lenin podían comprender esto. En su folleto ¿Qué hacer? Lenin escribe:
"No puede concevirse una
ideología separada, madurada por las masas obreras mismas en el curso de su desarrollo... La historia
de todos los países da testimonio de que la clase obrera, por sí misma, sólo es capaz de desarrollar una conciencia
sindicalista... es decir, la convicción
de la necesidad de agruparse juntos en uniones, de dirigir una lucha contra el
patrón, de exigir del Gobierno esta o esa medida legislativa en interés de los
trabajadores, etc. La doctrina socialista, sin embargo, ha procedido de las teorías filosóficas, históricas y
económicas que crearon los representantes ilustrados de las clases poseedoras, los
intelectuales."
El conjunto del movimiento obrero hasta hoy ha tomado una conciencia
idéntica con la ideología socialista. Por tanto, si la organización,
considerada como la ideología organizada,
estaba creciendo, eso significaba que la conciencia de clase estaba aumentando.
El partido expresó la fortaleza de la
conciencia de la clase. El ritmo de la
revolución era el ritmo del triunfo del partido. Por supuesto, las
relaciones estaban condicionadas por el buena gana con que las masas aceptaban
la propaganda del partido, pero las masas
mismas, sin la propaganda, eran incapaces
de dirigir un movimiento genuino. La
revolución dependía de la propaganda correcta. Esto dependía a su vez de la
dirección del partido, y esto del genio del líder. Y así, si bien de forma
indirecta, la historia era sólamente, después de todo, en último análisis, la
obra de los "grandes hombres".
Hasta que punto el movimiento de la clase obrera está todavía dominado
por esta concepción burguesa de "hacer
la historia" se muestra por la impudencia de los derrotados estrategas
del partido comunista, cuya única respuesta a la crítica revolucionaria hoy es
la afirmación de que la derrota del proletariado alemán en 1933 es nada menos
que una jugada magistral por parte de los revolucionarios profesionales. Así,
el órgano del partido comunista, Contraataque,
escribe, con fecha del 15 de agosto (1933) de su exilio en Praga: "Hay perros poco inteligentes que corren
detrás del tren e imaginan que lo están persiguiendo. Entretanto, los
constructores de tesis se sientan en sus mesas y calculan la velocidad del tren
en relación con su suministro de carbón, para determinar el momento preciso en
el que puede descarrilar con mayor certeza." Ninguna crítica, por
favor, sólo paciencia; el comité central hará el trabajo. Hoy todavía está
calculando, pero mañana --¡ah, mañana...!--. Entretanto, los grandes estrategas
se infunden confianza de su grandeza los unos a los otros y el movimiento de la
clase obrera está siendo absorbido en el mar
de estupidez del partido comunista, cuya mayor sabiduría ha sido bien
expresada en las simples palabras del camarada Kaganovich: "El dirigente del comunismo mundial, el
camarada Stalin, el mejor pupilo de Lenin, es el más grande materialista
dialéctico de nuestra época"... Ése es el nivel del movimiento obrero
actual, que ve en el partido la revolución misma y mientras tanto ha degenerado en el más fuerte baluarte
de la contrarrevolución.
Nombrar a Marx y Lenin juntos como lo hace Hook cuando dice: "Marx y Lenin comprendieron que, dejada a sí
misma, la clase obrera nunca desarrollaría una filosofía socialista",
es quizás justo para Lenin, pero nunca para Marx. Para Marx, el proletariado es
la actualización de la filosofía; la
existencia del proletariado, sus necesidades vitales, su lucha, sin tener en
cuenta sus necedades ideológicas... ¡ése
es el marxismo vivo!
Por mucho que Hook pueda insistir en que "el antagonismo de clases sólo puede desarrollarse hasta la conciencia
revolucionaria bajo la dirección de un partido político revolucionario",
pensando que con ello ha rendido justicia al papel de la conciencia de clase en
la historia; si imagina que por eso ha rotulado la teoría de la espontaneidad
con la etiqueta mecanicista, en tal caso ha hecho lo mismo con el mecanicismo
de Kautsky y Lenin y participa de su visión antidialéctica
del marxismo --una visión que se ilustra
mejor como antidialéctica precisamente en el rechazo del factor de la
espontaneidad--.
De la misma manera antidialéctica y absoluta con la que Hook aborda la
cuestión del partido, también aborda todas las demás cuestiones que tienen que
ver con la conciencia. Simplemente a
modo de ejemplo, permítasenos tomar el parlamentarismo.
Hook escribe (p.302): "En todas
partes debe emprenderse una lucha por el sufragio universal... no porque esto
cambie la naturaleza de la dictadura del capital, sino porque elimina fuentes
de confusión y permite que la cuestión de la propiedad salga claramente al
frente". En realidad, sin embargo, el parlamentarismo en una cierta
época histórica no sólo elimina muchas fuentes de confusión, sino que también
crea nuevas ilusiones, que en otras situaciones históricas se vuelven
completamente contra el proletariado. Si el sufragio universal fue una vez
grito político de agrupamiento del proletariado, en la actualidad esta
reivindicación puede haberse vuelto --y se ha vuelto-- completamente carente de
sentido. Si la lucha por el voto fue una
vez una lucha política, ahora está convirtiéndose en una lucha fingida que
meramente distrae la atención de la real. Si el viejo movimiento obrero ya
descendido en el cretinismo parlamentario,
la reivindicación actual en favor de la actividad parlamentaria es un crimen. Pues la necesidad de hoy
es la vivificación de la iniciativa de
masas y el desarrollo de la acción
directa de los trabajadores --una necesidad que está desviándose a cauces
inocuos a través de la actividad parlamentaria--. El parlamentarismo --inclusive el de "marca revolucionaria"--
es la traición a la clase. Y no necesitamos dirigirnos a Marx: el marxismo no sería marxismo si la tarea
propia del movimiento obrero en los tiempos de Marx y Engels fuese todavía al
detalle su propia tarea hoy.
IX - Recapitulación
Recapitulando, podemos decir del libro de Hook que, en comparación con
el hasta ahora marxismo embrionario en los Estados Unidos, sin duda será
considerado como un avance. Es enteramente adecuado para servir como punto de
partida para una nueva y muy necesaria discusión, con objeto de construir el
contenido del nuevo movimiento obrero
ahora en proceso de formación. Como opuesto al "ortodoxismo" de la escuela kautskiana, Hook expone debidamente
lo activo como el elemento esencial
del marxismo. Pero en cuanto a que es realmente la conciencia revolucionaria, a la que todo el libro se dedica... Hook
sólo es capaz de explicarla al modo kautskiano. También para Hook, la conciencia de clase, a pesar de todos
sus esfuerzos por lo contrario, no deja
de ser en absoluto nada más que ideología. En Marx, sin embargo, la
existencia del proletariado es al mismo tiempo la existencia de la conciencia
de la clase revolucionaria proletaria, pues a partir de sus necesidades sociales el proletariado
sólo puede actuar, y debe actuar, de acuerdo con el marxismo; pero para Hook
esta conciencia ya se vuelve ideología; el partido, es el punto central de su
concepción de la revolución. Abandona así su propio punto de partida, el de la totalidad dialéctica, y aunque contra su
voluntad, retrocede al idealismo.
Ciertamente, Hook sale al paso con Lenin del "ortodoxismo" de la escuela kautskiana, pero sólo para
detenerse al poco con la nueva edición del "ortodoxismo". La necesidad, sin embargo, es completar el paso a medias dado por Lenin.
Para ese fin primero era requerido el derrumbe político de la Tercera
Internacional. Pero, para apelar de nuevo, como Hook, a la ya históricamente
sobrepasada posición de Lenin, pretende detenerse a medio camino. Después de
todo, como Karl Korsch ha expresado tan admirablemente en su libro Marxismo y Filosofía: "En las discusiones fundamentales tocantes a
la totalidad de la situación del marxismo actual, en todas las cuestiones
grandes y decisivas la vieja ortodoxia marxiana de Karl Kautsky y la nueva
ortodoxia del marxismo ruso o leninista, estarán, a pesar de todas las pequeñas
y secundarias disputas pasajeras, juntos en un mismo lado, y todas las
tendencias críticas y progresivas en la teoría del presente movimiento de la
clase obrera presente estarán en el otro."
X - Materialismo y conciencia de clase
El "marxismo ortodoxo",
escribe Georg Lukacs en su libro Historia
y Conciencia de Clase (y pensamos que tiene razón), "no significa una aceptación acrítica de los resultados de las investigaciones de Marx, no significa
una «creencia» en esta o aquella tesis,
ni la exégesis de un «libro sagrado». La ortodoxia en las cuestiones del
marxismo se relaciona, de modo preferente, exclusivamente con el método. Es la convicción científica de que este método puede expandirse, extenderse y
profundizarse sólo en el sentido de su fundador. Y esta convicción descansa en
la observación de que todos los esfuerzos por superar o «mejorar» ese método
han llevado, y tan necesariamente, sólo a la trivialidad, a la vulgaridad y al
eclecticismo...". Pero aunque los resultados obtenidos por medio del
método marxista pueden ser estimados de modo totalmente diferente, la mayoría
de los intérpretes confía casi exclusivamente, como ellos mismos afirman, en el
materialismo dialéctico. El método es a menudo subordinado a las
interpretaciones, así como una herramienta puede emplearse de maneras
diferentes, por personas diferentes, y para finalidades diferentes. Y así surge
una propensión actual, como ilustró Herman Simpson [5], a designar el método dialéctico como "una herramienta para gigantes", que
puede ser manejada mejor por una persona y peor por otra, y esta circunstancia
se toma para indicar su grandeza revolucionaria. Pero esta actitud "respetuosa" descuida realmente el hecho de que el método dialéctico es sólo
el movimiento real, concreto, captado dentro, y parcialmente determinado, por
la conciencia. La continuidad del proceso se ha comprendido, y uno interviene
en el proceso como un resultado de esa comprensión.
Con el avance del desarrollo humano general,
el papel de la conciencia se incrementa. Llegado un punto elevado del
desarrollo, sin embargo, así como las relaciones capitalistas de producción
impiden el despliegue ulterior de las fuerzas productivas, del mismo modo
impiden también la aplicación plena del factor consciente en el proceso social.
Y, no obstante, la conciencia debe finalmente afirmarse y, bajo tales
condiciones, sólo puede hacerlo volviéndose
concreta, [creciendo en concrección]. Las
personas hacen por necesidad lo que harían por su propia voluntad dentro de
relaciones de libertad. De la misma manera que las fuerzas productivas
(aunque restringidas por las relaciones productivas) se afirman eruptivamente,
por los cauces revolucionarios, así también lo hace la conciencia. El
materialismo dialéctico no pone evolución
y revolución enfrentadas la una
contra la otra, sin percibir al mismo tiempo su unidad. Cualquier evolución se convierte en revolución, y todas
las revoluciones tienen fases evolutivas. Que esa conciencia puede manifestarse
de varias maneras es, por consiguiente, algo natural para el marxismo. Lo que
se designa como conciencia en los periodos de desarrollo tranquilo, pacífico,
no tiene nada que ver con la conciencia de clase con que las masas están
henchidas en los períodos revolucionarios, aunque la una condicione a la otra y
aunque no podamos separar las dos sin percibir al mismo tiempo su unidad.
Justo como la relación de intercambio en el capitalismo, aunque sólo una
relación entre personas y no una cosa palpable, cumple funciones totalmente
concretas, se objetiviza, del mismo modo ahora, en la situación revolucionaria,
la alternativa (una absolutamente
realista para la gran masa de los seres humanos) Comunismo o Barbarie se convierte en una práctica activa, como si esta actividad saltase directamente de la conciencia. Si las relaciones
pueden llegar a ser objetivizadas (verdinglicht) y asumir una forma palpable,
así también, inversamente, las cosas pueden ser transformadas en relaciones.
La situación efectiva se convierte en una relación
revolucionaria, que como tal llena e impele a las masas, aunque la conexión total de los acontecimientos no
sea comprendida por ellas intelectualmente.
Es únicamente por esta razón por lo que ese otro dicho está justificado: "Im Anfang war die Tat!" (¡En el comienzo era la acción!). El levantamiento de masas, sin el que
un derrocamiento revolucionario es imposible, no puede desarrollarse a partir
de la "conciencia intelectual":
las relaciones capitalistas de la vida excluyen esta posibilidad, pues la
conciencia es finalmente, en definitiva, sólo la conciencia de la práctica
existente. Las masas no pueden ser "educadas"
para convertirse en revolucionarias conscientes; y todavía la necesidad material de su existencia las compele a actuar como si
efectivamente hubieran recibido una educación revolucionaria: se vuelven
"conscientes-en-acto". Sus
necesidades vitales deben recurrir a la posibilidad revolucionaria de
expresión, y una vez aquí, para usar una expresión de Engels, un día de revolución tiene más peso que
veinte años de educación política.
Esto no es ningún secreto para cualquiera que haya participado
directamente en una insurrección revolucionaria. En los campos de batalla, los
obreros que son ideológicamente más atrasados a menudo se vuelven los
revolucionarios que luchan más enconadamente, no porque hayan cambiado
ideológicamente la noche pasada, sino porque no había para ellos ninguna otra
salida que tomar, pues de otra parte habrían sido cercenados, simplemente por
el hecho de que eran obreros. Tienen que
defenderse a sí mismos, no porque deseen luchar sino porque "quieren
vivir". En el caso de los obreros combatientes del ejército rojo del
distrito del Ruhr, por ejemplo, era imposible registrar cuales de ellos eran
católicos estrictos y cuales comunistas conscientes. El levantamiento abolió estas distinciones. Y esto no sólo es una
verdad del distrito de Ruhr. Una historia de la revolución sin la masa anónima
como su "héroe" no es una historia de la revolución.
Pero si la propia lucha de clases
real toma para sí la función de la conciencia, esto no significa que la
conciencia no sea capaz de expresarse también como conciencia (pensamiento). Totalmente lo contrario. Se vuelve
concreta para ser capaz de funcionar como conciencia, así como, por otro lado,
las relaciones reales de la vida bajo el capitalismo se afirman, ciertamente,
por la vía del mercado, y, no obstante, también en su actualidad. La modalidad indirecta, condicionada a través de la
producción de valor, explica las malfunciones del mecanismo económico y la
necesidad de la revolución. Sólo por esta razón las personas, como dice Marx,
no hacen su historia fuera del tejido total [de las relaciones sociales]; las
relaciones, en este caso las capitalistas, les compelen a acciones que se
consagran a la superación de esta
compulsión.
Debe hacerse referencia a este respecto al hecho adicional de que el movimiento de masas es algo diferente de
lo que el individuo es capaz de
comprender como tal, dado que su
entendimiento está parcialmente determinado por sus condiciones individuales. Igualmente, el movimiento de un grupo no es
lo mismo que el de la masa. Cada grupo, aunque sólo a causa de su tamaño,
tiene leyes diferentes de automovimiento y reacciona diferentemente a la
influencia externa. La voluntad y la
conciencia del individuo, como las del grupo, son incapaces de reconocer
adecuadamente y juzgar el movimiento de masas. El individuo o el grupo no
pueden identificarse más con el movimiento revolucionario que el océano
compararse con un vaso de agua. El "dirigente"
y el "partido",
precisamente porque son tales, pueden captar y buscar determinar el movimiento
revolucionario solamente con referencia a ellos mismos; pero, no obstante, este movimiento sigue sus propias leyes.
Ganar influencia en el movimiento sólo es posible para el individuo o el grupo
cuando se subordinan a esas leyes. Sólo cuando
siguen, no cuando compiten por seguidores, pueden considerarse como
llevando más allá el movimiento. Esto no quiere decir (para usar una expresión
de Lenin para designar una tendencia que él combatió) que el partido estea para
formar la "parte de atrás"
de la revolución, sino que buscará operar desde el punto de vista de la
revolución, no desde el del partido, puntos de vista que son necesariamente diferentes. Esto, claro,
no puede, por tanto, lograr realizarse completamente; pero la amplitud en que es capaz de acercarse al punto de vista de la
revolución puede servir como una medida de su valor revolucionario. Si el
partido no se toma a sí mismo como punto de partida, esto implica ya un
reconocimiento del hecho de que, el
método dialéctico, como deducido de la realidad, es sólo la imagen teórica de la realidad, y que sólo puede ser aplicado porque la persona
que lo aplica está sujeta a ella. Pero el obrero más atrasado está sujeto
al movimiento dialéctico exactamente de la misma manera que el "gigante" del Sr. Simpson; el
anterior tiene que hacer lo que el otro no sólo tiene que hacer, sino que
también quiere hacer. Dado que el movimiento dialéctico de la revolución es un
movimiento social, es únicamente el
imperativo de la multitud, no la voluntad de los individuos, lo que puede
considerarse como la conciencia real. De hecho, las relaciones actuales
excluyen totalmente la posibilidad de una voluntad social. La expresión social de la voluntad sólo llega a través del imperativo
social. Por eso una concepción
errónea del método dialéctico es una concepción errónea del propio movimiento
real, aunque el movimiento no sea cambiado en nada a consecuencia de eso.
Esto aclara también, no obstante, que el "gigante" de Simpson puede, en ciertas circunstancias, servir
para llevar más allá el movimiento, pero no es decisivo en él.
XI - Ortodoxia científica contra el revisionismo y la vulgarización del
marxismo
Un marxista ortodoxo tiene que rechazar el "ortodoxismo" de las escuelas kautskiana y leninista. Hook se
opone al dogmatismo de estas escuelas
[6], pero sin comprender que ese "dogmatismo"
sólo puede combatirse desde el punto de vista ortodoxo. La pseudo-orthodoxia de la socialdemocracia y de los bolcheviques no
tiene nada que ver con el marxismo
ortodoxo. Una vez al "ortodoxismo"
kautsiano se le opuso el eslogan: "Volver
a Marx con Lenin". Hoy, uno está obligado a volverse contra Lenin con
el eslogan ortodoxo: "Volver a Marx".
Ni Kautsky ni Lenín vieron en el método dialéctico algo más de una herramienta útil. Disputaron entre si
sobre la manera de manejarla. Sus
diferencias son, por consiguiente, de una naturaleza exclusivamente táctica (desatendiendo la confusión
arbitraria de cuestiones tácticas con
cuestiones de principios): no hay ninguna diferencia de principios
entre ambos. Con el arma de la dialéctica, los dos quisieron hacer historia
por el proletariado. El que ellos mismos podrían únicamente desempeñar el papel de un arma era, en
consecuencia, un pensamiento que permanecía completamente extraño a ellos; se
identificaron a sí mismos, como "gigantes
de la dialéctica", con el propio movimiento social dialéctico, y
estuvieron necesariamente obligados a impedir el movimiento revolucionario real
en la misma magnitud en que fortalecieron sus propias posiciones. Cuanto más hicieron por sí mismos, menos
lograron para la revolución, pues la magnitud de su influencia dependida para
ellos del desvanecimiento de la iniciativa de las masas. Estas últimas
serían puestas bajo control, para que pudiesen ser dirigidas. Si, para Kautsky,
la Iglesia era inconfesadamente el
modelo de organización, para Lenin ese modelo era, por su propia confesión, la fábrica. Por unidad de la teoría y la practica ellos no entendieron nada más que
la simple unificación de "jefes y masas"; organización desde
arriba hacia abajo, órdenes y obediencia, estado mayor y ejército. El principio burgués de organización tenía
que servir también para los objetivos proletarios.
Pero la unidad de la teoría y la práctica
sólo se origina a través de la acción revolucionaria misma; puede
lograrse, bajo las relaciones capitalistas, sólo por los cauces
revolucionarios, eruptivos, no a través de una "política astuta" que garantizase una armonía entre dirigentes
y dirigidos. Pero tal acción puede
únicamente ser llevada más allá o impedida; no puede fabricarse o evitarse,
dado que depende de los movimientos económicos, y éstos no están todavía
sujetos a la voluntad y la inteligencia humanas. El viejo movimiento obrero no entendió por conciencia de clase nada más
de su propia visión del proceso histórico. El partido era todo, el movimiento
perceptible únicamente por vía del partido. De este modo, surgió desde la lucha de clases entre capital y trabajo
--en cuanto esa lucha era subordinada al ppartido-- la lucha entre grupos diferentes por la supremacía sobre los trabajadores.
No hay mejor prueba de la corrección del método marxiano que la
castración que el marxismo ha sufrido. Las cualidades de los epígonos sirven para ilustrar el desarrollo capitalista, e
inversamente este desarrollo proporciona la explicación
del epigonismo. En otras palabras,
las varias escuelas del epigonismo, o
revisionismo, pueden remontarse a las
fases varias del desarrollo capitalista. El
marxismo "original" ha sobrevivido a sus niños degenerados, y hoy el
movimiento revolucionario está forzado, en el nombre de ese marxismo original,
a una nueva orientación sobre la base de la adhesión ortodoxa al método
marxista. El "malentendimiento" del método dialéctico en manos de
los pseudomarxianos no se expresó en ninguna parte más claramente que en el
abandono de la teoría marxista de la acumulación y el derrumbe. Los
revisionistas alardearon del rechazo de esa teoría, y los marxistas "ortodoxos" contemporáneos no se
aventuraron a defenderlo. El "malentendimiento"
se expresó además en la separación de la filosofía marxiana de la economía.
Había y hay "marxistas" que se "especializan" en la una o
en la otra, quienes no alcanzan a entender que las leyes económicas son
dialécticas. Cualquiera que, por ejemplo,
abandona la teoría marxista del derrumbe no puede al mismo tiempo sostener el
método dialéctico; y cualquiera que acepta el materialismo dialéctico
"filosóficamente" no tiene opción salvo considerar el movimiento
dialéctico de la sociedad actual como un movimiento de derrumbe.
La crisis mundial del capitalismo tenía primero que hacerse una realidad
antes de que el problema del derrumbe pudiese llevarse de nuevo al centro de la
discusión y por tanto, también, antes de que la lucha por la dialéctica
marxiana pudiese reavivarse. No es tanta
teoría sino la realidad misma lo que ahora sirve para el desarrollo ulterior
del marxismo. Pero este desarrollo ulterior es hoy, en realidad, sólo la reconstrucción del marxismo original,
que está siendo depurado de la corrupción de los epígonos. Se vuelto claro que las "abstracciones" marxianas eran más reales que los esfuerzos
"realistas" que los epigonos hicieron para suplementarlas, con el deseo de darles
"carne y sangre",
intentando "completar" el
"torso", etc. Entretanto,
Kautsky ha rechazado completamente la dialéctica marxiana, y Lenin recomendó,
poco antes su muerte, que el estudio de
Hegel y del problema dialéctico en
general se empezase nuevamente. Cincuenta
años de "teoría marxista" ofrecieron como su resultado la confusión
más irremediable. No ha llevado más allá el marxismo, sino que lo ha arrojado
hacia atrás incluso antes de su punto de partida. Cualquier ortodoxismo
real es cien veces superior al sucesor "marxiano". El marxismo como teoría revolucionaria permanece en contradicción con el movimiento obrero
que se estaba desarrollando en el periodo de ascenso del capitalismo, y, en
consecuencia, fue modificado por ese movimiento de acuerdo con sus propias
necesidades, modificación que luego fue confundida con la esencia.
Uno no está justificado a considerarse como defensor de una posición
avanzada sólo porque no está conforme con el epigonismo, o porque tiene opiniones diferentes en esta o aquella
cuestión. Uno debe rechazar completamente
ambos, la socialdemocracia y el bolchevismo, así como todos sus vástagos, para
situarse sobre una base marxista. Pero mientras Hook quiere renovar el
marxismo por medio de la superación de varios "dogmas", no ha combatido, en la lucha contra el dogmatismo,
las crastraciones del marxismo, sino que en su ardor ha abandonado el marxismo
mismo. Lo que él ataca como "dogmatismo"
no ha sido atacado por primera vez; el grito de "dogmatismo" siempre ha sido usado como un argumento político
contra las corrientes radicales en el movimiento obrero. Los mismos argumentos
que Hook ahora dirige contra el "dogmatismo"
del movimiento comunista "oficial"
fue una vez lanzado por Lenin contra el movimiento consejista-comunista de
izquierda, que era reacio a sacrificar la revolución mundial al capitalismo de Estado ruso. Y todavía
con más anterioridad, la socialdemocracia dirigía estos mismos argumentos
contra Lenin y el movimiento comunista en general. La lucha contra el dogmatismo, como ha sido dirigida hasta
ahora, estaba limitada a una lucha contra las tendencias radicales en el movimiento obrero, tendencias que
amenazaban con llegar a ser peligrosas para las organizaciones ya establecidas
y sus propietarios. El debate de preguerra dentro de la socialdemocracia,
dirigido contra la oposición revolucionaria, el argumento de la
socialdemocracia contra los bolcheviques, las exhortaciones de Lenin contra los
comunistas consejistas, y ahora la lucha de Hook contra el "dogmatismo" son totalmente
indistinguibles. Todos fueron acusados de dogmatismo:
la socialdemocracia, mientras tuvo un carácter revolucionario; los
bolcheviques, mientras fueron revolucionarios; y el movimiento consejista,
porque se dirigió contra la autosuficiencia
de los partidos. Todas las posiciones
ideológicas (incluyendo la de Hook) dirigidas
contra el movimiento radical fueron asumidas bajo el pretexto de combatir el
dogmatismo. El socialdemócrata Curt Geyer ha proporcionado la mejor
expresión de sus características comunes, y sus argumentos se asemejan
perfectamente a los de Hook. Geyer escribe [7]:
"El comunista radical cayó en el error de confundir la probabilidad con la necesidad, de ver en las tendencias económicas e históricas establecidas por sí
mismas, leyes en el sentido de las leyes naturales de las primeras ciencias de
la naturaleza, leyes que son dadas a priori y gobiernan el mundo como una
providencia ciega... Su filosofía de la historia revela un rasgo sumamente
mecanicista. El papel del proletariado como un factor activo en el desarrollo
histórico, en general el papel del hombre en la historia, no vale de mucho en
el fondo... Este mecanismo descansaba, en parte, en la derivación de todo el
desarrollo histórico a partir de la economía, que era concebida como
automotora, y en parte, en una concepción teleológica de la función de las
masas en la historia. El radicalismo
atribuye a la masa la capacidad de conseguir una percepción propia de una
determinada situación histórica y de su función en el desarrollo general, no
intelectualmente, es cierto, sino instintivamente, y de aquí la capacidad de
asumir la acción instintivamente en la dirección del progreso social. Esta
capacidad se remonta a una conciencia de clase mística que guía la actitud de la masa y de este modo el curso de la historia
--una conciencia de clase que surge automááticamente, como a través de una
necesidad de la naturaleza, a través de la posición de clase de las masas, como
el efecto de la causa. Esta conciencia de clase no es vista por el radicalismo como la visión intelectual del individuo
dentro de su situación social y la concepción de esa situación desde el punto
de vista de una determinada filosofía social, sino como un algo místico que
puede existir fuera del contenido de la conciencia del miembro de la clase y no
entra en la conciencia excepto (y aquí tenemos la fase teológica de esta
concepción) bajo determinadas condiciones, es decir, cuando el avance social lo
requiere. Y así, para el radicalismo,
la acción de las masas siempre se encuentra en la dirección del progreso
social..."
La acusación de Geyer de confundir la probabilidad con la necesidad es
una frase vacía. La probabilidad presupone la posibilidad de decisión; según
Geyer, y también según Hook, uno puede decidir a voluntad de tal o cual manera.
Cuando y por qué, no depende, según ellos, directamente del hombre, pero sí lo
hace. Esta concepción presupone para el movimiento social la existencia de una
voluntad social, una cosa que, sin embargo, no está presente en la sociedad
capitalista. Consecuentemente, esta
concepción relaciona el movimiento social con la incertidumbre del individuo,
lo que es naturalmente un sinsentido. Pero es precisamente este sinsentido
lo que explica la introducción de la acusación de misticismo dirigida contra el
radicalismo (o "dogmatismo"), dado que es
evidentemente imposible para personas que sostienen tal visión concebir de
cualquier otra manera que la "conciencia
intelectual", o, a lo más, aún conceder la validez de otras cosas que
no sean "instintos". La
crítica de Geyer del radicalismo, tal
y como ejemplificaba anteriormente, deja el radicalismo
bastante indemne; se limita a revelar la debilidad de la "crítica", que fracasó en comprender
que en el capitalismo no es la "voluntad"
sino el mercado sin voluntad lo que
determina los destinos de la humanidad. No es el hombre quien determina en el capitalismo --y sólo en
estos términos es posible hablar de probabilidad--, sino que la voluntad de la
humanidad, así como la vida de la sociedad, están completamente sujetas al
mercado, sus acciones son necesariamente las compelidas por la relación del mercado. Si no se conforman
a esta compulsión del mercado, dejan de existir, en cuyo caso, naturalmente, en
lo que hasta aquí les concierne, desaparece todo problema. La desorganización de esta relación de mercado, que actualmente
está siendo efectuada por las crecientes fuerzas de producción y sin la adición
suplementaria de la voluntad por parte de la humanidad, no está condicionada
sino que es necesariamente, porque no
tiene que hacer nada con la voluntad.
Si la revolución fuese dependiente del
partido, del dirigente, o de la conciencia intelectual, entonces no sería
necesaria sino condicionada. Y es sólo esta voluntad del partido y del jefe
lo que Geyer tiene en mente cuando habla del papel activo del hombre en la
historia. El papel del proletariado como
un factor activo en el desarrollo histórico resalta en un relieve muy
pronunciado precisamente con la aceptación del concepto de necesidad.
El progreso social es idéntico a la abolición del trabajo asalariado. En
consecuencia, el proletariado, tan pronto
como actúe por sí mismo, no puede actuar falsamente y debe actuar por necesidad de acuerdo con el progreso social. Caracterizar esto como
teleología presupone un entendimiento completamente equivocado de las leyes del
movimiento económico. La lucha del proletariado por su existencia --no la lucha
ideológica de los revolucionarios entre el proletariado, sino la lucha del
proletariado tal y como es-- debe conducir a la abolición del trabajo
asalariado y asegurar así la liberación de las fuerzas productivas restringidas
por el capitalismo. La misma circunstancia de que los obreros se manifiestan en
nombre de sus intereses específicamente materiales les hace revolucionarios y
capaces de actuar de acuerdo con el progreso social general. Esta concepción no
tiene en absoluto necesidad de cualquier conciencia de clase mística, siendo
indiferente su fuente. Los argumentos de Geyer, que Hook debe ciertamente
compartir, muestran que en la lucha contra el dogmatismo siempre es únicamente
el movimiento radical el que se toma como blanco. Este movimiento es necesariamente autosuficiente, y no puede ceder a
las demandas de los varios individuos o grupos, sino que asume literalmente la
idea de que la liberación de los trabajadores sólo puede ser el resultado de
sus propias acciones.
Podría anotarse más allá que el "dogmatismo" que Hook atribuye al movimiento del partido
comunista "oficial" se
mantiene todavía allí, a lo más, como una manera tradicional de disertación. En realidad, el único principio del
movimiento del partido comunista --para usar una frase de Rosa Luxemburgo
con referencia al oportunismo en general-- es
"la falta de principios". Si el Partido comunista fuera tan
"dogmático" como a Hook le
gusta creer, quizás podría todavía considerarse como un movimiento
revolucionario; pues el "dogmatismo"
del que está acusado, pero que no está presente, no sería otra cosa que los
primeros comienzos del marxismo
revolucionario. Pero el viejo movimiento obrero --de Noske a Trotsky-- no
tiene conexión con el marxismo, y por eso tampoco puede ser acusado de dogmatismo. Nunca fueron las organizaciones más antidogmáticas, más carentes de
principios, más antiortodoxas, más venales, más oportunistas, que las dos
grandes corrientes del "movimiento obrero" y sus varias filiales, que
ahora están consumadas. Reprocharles dogmatismo es confundir la frase con la
realidad. Si uno aprecia estas organizaciones, no por lo que dicen sino por
lo que hacen, no se encontrará ningún rastro de dogmatismo.
XII - Espontaneidad obrera e Inevitabilidad del Comunismo
En el artículo ya mencionado [8], Hook ha repudiado de plano la
concepción de la inevitabilidad del
comunismo y la concepción de la espontaneidad
que la acompaña. Según Hook, el "dogma"
de que el comunismo es inevitable ha de ser rechazado porque "hace ininteligible cualquier actividad en
nombre del comunismo" (p.153). Dispensando que esto fuese así (aunque
en nuestra opinión no lo es), este argumento, así como los argumentos
ulteriores que Hook emplea, no aportan nada para refutar la concepción de la necesidad del progreso social, que
únicamente puede ser vista en el comunismo.
El argumento de Hook, rechazando la idea de la necesidad es justamente tan imposible de aceptar como la negativa
de que el agua es húmeda simplemente por razón de que la humedad sea
desagradable. Que este supuesto dogma "niega
que el pensamiento ocasione diferencias en el desenlace final" (p.153)
es un argumento inventado por Hook: aquellos que sostienen este presunto dogma
no cuestionan lo que Hook se complace tomar por dado. De hecho, este "dogmatismo" no tiene ninguna
necesidad de disputar el papel determinante del pensamiento, entre otros
factores; simplemente se niega a ver en
el pensamiento el papel decisivo. Pero la idea de la necesidad tiene que ser rechazada por Hook, puesto que el toma como
punto de partida la asunción de que es "absurdo (creer) que la clase
obrera por su propio poder, sin ayuda,
puede lograr la victoria" (p.146). Para Hook, de acuerdo con esto, es
"la tarea de los comunistas
educarlos" (a los obreros en su propia conciencia de clase y
dirigirlos) (p.146). En este mismo terreno, como ya hemos visto, la teoría del
valor no tenía para Hook ningún poder predictivo. La circulación del capital sobre la base del valor no es, sin embargo,
nada más que el movimiento dialéctico de la sociedad misma, y el conocimiento
del método dialéctico es aquí solamente el conocimiento de este movimiento. Si
uno rechaza la capacidad predictiva de la teoría del valor, uno rechaza al
mismo tiempo el método dialéctico. Si uno sigue la circulación del capital
mientras sostiene al mismo tiempo firmemente el método dialéctico, se ve que el presunto dogma con que nos involucramos
no es otra cosa que el reconocimiento realista del movimiento real del capital.
En un artículo que aparecía recientemente en la Revista para el Estudio Social (Zeitschrift
für Sozialforschung, 1933, Nº 3), Max Horkheimer ha hecho suyo el problema
de la predicción en las ciencias sociales, llegando a conclusiones que compartimos y que no podemos abstenernos de
oponer a esas de Hook:
"La objeción" (de
que las ciencias sociales excluyen las predicciones) escribe Horkheimer, "se aplica sólo a casos especiales y no por
principio... Hay campos amplios de conocimiento en los que no estamos limitados
al postulado: «en caso de que estas condiciones se cumplan, ocurrirá» sino en los que podemos decir: «estas
condiciones se cumplen ahora, y por consiguiente ese esperado acontecimiento
ocurrirá sin ninguna intervención de nuestra voluntad»... Es ciertamente
incorrecto decir que la predicción sólo es posible cuando el acontecimiento de
las condiciones necesarias depende de la persona que predice, sino que la
predicción será, no obstante, la más plausible puesto que las relaciones
condicionantes dependen más de la voluntad humana, es decir, del grado en que
el efecto predicho no es el producto de la naturaleza ciega sino el resultado
de decisiones razonables. La manera en la que la sociedad capitalista mantiene
y renueva su vida tiene más parecido al curso de un mecanismo natural que a una
acción dirigida hacia una meta... Puede postularse como ley, que con el
cambio creciente de la estructura (de la sociedad presente) en la dirección de
la organización unificada y planificada, las predicciones también ganarán un
grado superior de certidumbre. Según el
grado en que la vida social pierde el carácter de un proceso ciego de la
naturaleza y la sociedad emprende formas en las que se constituye a sí misma
como un sujeto racional, más definitivamente puede predecirse el proceso
social. En este, la posibilidad de predicción no depende exclusivamente del
refinamiento de los métodos y de la sensibilidad de los sociólogos, sino
igualmente del desarrollo de su objeto, de los cambios estructurales en la
sociedad misma... Así que la preocupación de los sociólogos concerniente a
llegar a predicciones más exactas se convierte en el esfuerzo político por la
realización de una sociedad racional."
La abstracción marxiana, que inicialmente dejó el problema del mercado
real completamente fuera de consideración, y que recurrió sólo a la
distribución de las condiciones de producción entre capital y trabajo (medios
de producción y fuerza de trabajo), omitiendo de esta manera el carácter de un
proceso natural ciego que posee la vida social bajo el capitalismo y
sosteniendo estrictamente la teoría del valor, llevó al reconocimiento de que
el sistema capitalista debe derrumbarse. De este modo también era posible,
sobre la base de la situación necesariamente creada por el capitalismo en el
curso de su desarrollo, llegar a una conclusión con respecto al carácter de la
revolución y a sus resultados. La
sociedad capitalista ha llevado más allá las fuerzas de producción en tal
medida que su socialización completa es inevitable, que ya no pueden funcionar
realmente excepto bajo relaciones comunistas de producción. Si, para Marx, el derrumbe era inevitable,
del mismo modo también era inevitable el comunismo. Si el movimiento presente
sólo es posible sobre la base del anterior, entonces podemos juzgar desde el
presente acerca de la naturaleza del movimiento futuro. Acerca de cómo de
distante, eso depende del nivel que el movimiento presente ha logrado, mas esta
consideración siempre continua limitada. Sobre
lo que vendrá a partir de la sociedad comunista, eso no puede decirse antes de
que tal sociedad exista: pero lo que vendrá a partir de la sociedad capitalista
se revela por sus propias condiciones materiales. Cuanto más se desarrolla la sociedad capitalista, y en consecuencia se
despedaza, más claros se vuelven los rasgos de la sociedad comunista. Mientras Marx, que nada odiaba tanto como a
los utópicos, no podía ir más allá del derrumbe del capitalismo, hoy es
posible, en medio del derrumbamiento, esbozar las leyes del movimiento de la
sociedad comunista con cierto grado de exactitud. Un análisis de la
sociedad capitalista, que implica estudiar sus propias leyes internas de
desarrollo, no permite otra conclusión, con una base científica y con la
aceptación de la teoría del valor, que que el
comunismo es inevitable. Cualquiera que tome una actitud hostil a esta
"dogma" sólo ilustra la
debilidad de su comprensión de la economía, y no tiene actualmente nada que le
quede por hacer excepto encerrarse dentro de sí mismo, de su voluntad, de su
inteligencia; para abreviar, debe adherirse fuertemente al mundo ideológico de
la burguesía, y su conciencia debe necesariamente nublarse. Y precisamente por
esa razón sus ataques sobre el "dogmatismo"
y el "misticismo" deben
hacerse cada vez más salvajes, cuanto más sucumba a la prestidigitación
capitalista.
No hace falta decir que el rechazo del concepto de la inevitabilidad del comunismo también
envuelve el rechazo de la teoría de la espontaneidad.
Y, de hecho, encontramos que para Hook, "la doctrina de la espontaneidad, que enseña que las experiencias
diarias de la clase obrera generan espontáneamente conciencia de clase política",
es un sinsentido patente. Para él, como ya hemos visto, es más bien la "educación" proporcionada por los
comunistas, que cuidan de la "propia"
conciencia de la clase. La educación está aquí puesta contra la experiencia, como si la una no
estuviese condicionada por la otra, como si ambas no fueran las dos caras del
mismo proceso. También estos argumentos, como aquéllos que Hook emplea contra
la inevitabilidad, son gratuitos.
Pero aun si alguno estaba por aceptarlos como razones inevitables, qué sumarían
en vista del hecho de que, a pesar de estos argumentos, todos los movimientos revolucionarios reales --como incluso la
autosuficiencia de un Trotsky se ve obligada a menudo a admitir-- tenían un carácter espontáneo. Rosa
Luxemburgo, en sus escritos contra la socialdemocracia así como contra los
bolcheviques, ya ha demostrado esto con fuerza suficiente, por lo que es
superfluo hacer recuento aquí una vez más de la historia del movimiento
revolucionario contemporáneo. Nos parece
más importante desechar por anticipado un argumento que se avanza
frecuentemente contra el concepto de espontaneidad, a saber, que incluso desde
el punto de vista de la espontaneidad las masas han mostrado a menudo su
insuficiencia.
¿Por qué fracasaron las masas, les gusta comentar irónicamente a estos
críticos, por ejemplo para prevenir la institución de la dictadura de Hitler?
Esta es la misma clase de pregunta que se opone a la teoría del derrumbe: ¿por
qué, entonces, el capitalismo todavía no se ha derrumbado nunca? En ambos
casos, nos enfrentamos simplemente a un mal entendimiento de las teorías en
cuestión. La tan frecuentemente mencionada fórmula dialéctica de la conversión de la cantidad en calidad,
las cuales están necesariamente separadas por el proceso de desarrollo, también
proporciona la explicación de nuestro punto de vista, el de aquéllos que
aceptan las doctrinas de la espontaneidad
y del derrumbe. En ambos casos, la
pregunta se refiere al momento de la conversión. Es, de hecho, una conversión
que se repite una y otra vez en una escala más extensiva, por lo que, para
emplear una expresión de Henryk Grossmann "cada crisis es un fenómeno de derrumbamiento y el derrumbamiento final
no es otra cosa que una crisis insoluble". La teoría del derrumbe no
descansa en ningún proceso automático, ni el concepto de espontaneidad asume
ningún fundamento místico por el que las masas un día u otro estallarán en revuelta.
El derrumbe y la espontaneidad han de ser
considerados solamente desde el punto de vista de la conversión de la cantidad
en calidad.
¿Por qué, aunque cada crisis es un derrumbe en miniatura, el sistema es
capaz de refrenarlo? Simplemente porque las
tendencias dirigidas contra el derrumbamiento --tendencias que surgen por
entre las realidades de la situación-- no están agotadas todavía. Si están agotadas con referencia a las
necesidades ulteriores de acumulación, la crisis ya no puede superarse y debe
necesariamente convertirse en derrumbe. Es la misma manera en que el
movimiento de masas está circunscrito en este proceso. Mientras las contratendencias contra la revolución son suficientemente
fuertes, el movimiento espontáneo de las masas no será capaz de afirmarse.
De hecho, revelará tal debilidad que
dará la impresión de que nunca sería más importante que en el presente y que,
por consiguiente, por su propia parte (pues por supuesto nadie niega el factor
espontáneo por completo) tiene necesidad del partido para distribuir y dirigir
este factor espontáneo, como todos los demás factores, según el interés de la
revolución. Únicamente a causa de que las
tendencias económico-políticas dirigidas contra la acción espontánea de las
masas eran tan fuertes, podría parecer que las acciones reales eran despertadas
conscientemente. Los pocos
movimientos revolucionarios reales que Alemania, por ejemplo, podría apuntar,
entraron en acción contra la voluntad de los múltiples partidos, incluso contra
la voluntad del Partido comunista
(Considera, como un ejemplo clásico, el movimiento de marzo de 1921).
Mientras el Partido comunista participó en estas acciones, lo hizo sólo porque
no tenía nada mejor que hacer; en ningún caso surgieron de la iniciativa del
partido --la iniciativa era constantemente procurada por las masas mismas--. No
fue hasta que el tamaño del partido
era tal como para ser decisivo, que
podría negarse a seguir la compulsión de la iniciativa de masas, que podría
impedir los movimientos del proletariado --y los impidió, aunque haciéndolo tenía necesariamente que derrumbarse como partido--.
Sólo después de una ingente cantidad de
"educación" de partido podrían las masas ser decisivamente derrotadas
durante años. ¿De qué otra manera se explicará que la conciencia de clase
de las masas retrocedió continuamente con el crecimiento de los partidos y su
influencia? ¿Cómo se explicará, por otra parte, que incluso en Rusia, donde el
partido revolucionario "podría
montarse sobre un carro de heno", los obreros y campesinos llevaron a cabo su revolución sin haber sido
"educados" para ello? De hecho, condujeron la revolución hasta el
final con mayor esmero donde los "educadores"
eran completamente deficientes. Las masas, que dieron los pasos para expropiar
las fábricas contra la voluntad de los bolcheviques, forzaron primero a Lenin a
dar la orden para la nacionalización. Nadie puede negar esto sin falsificar la
historia. No fue el demagogo Hitler quien
destruyó el Partido comunista alemán y la socialdemocracia, sino las masas
mismas, en parte activamente y en parte a través de la inactividad. Puesto
que estos partidos habían adoptado una posición insostenible: no representaban el interés de los obreros, y no se
conformaron con los intereses de la burguesía. Esta última, que no podría
enlazar sus ambiciones imperialistas con las de Moscú y su campaña militarista,
tuvo que imponerse en tales proporciones y a tal ritmo como no podrían estar
asegurados por un "movimiento obrero"
circunscrito a la tradición. El papel de
estos partidos fue simplemente el papel que la burguesía les permitió. El
hecho de que los movimientos espontáneos son muchas veces incapaces de
afirmarse no es ninguna prueba de su inexistencia. El diluvio puede,
ciertamente, se evitado mediante un dique, pero el dique no puede suprimirlo.
Acerca de cuánto tiempo puede represarse el diluvio, depende de los medios a
disposición de los constructores del dique. Las limitaciones de estos medios
bajo el capitalismo son bien conocidas. El
diluvio de la sublevación espontánea de masas se llevará por delante todos los
diques.
La idea de Hook de que la doctrina de la espontaneidad puede ser y es utilizada como "una justificación para la política de
división y ruptura cismática" (p.154) es incomprensible. Como si las
divisiones saltasen por la voluntad de los disidentes en lugar de por la
naturaleza de las organizaciones dentro de la sociedad capitalista. ¿Pero,
dejando este factor a un lado, que será, según la concepción de Hook, de la
revolución proletaria cuando ya es totalmente imposible edificar partidos
influyentes, fuertes, que sean "decisivos"
en la lucha de clases? ¿Qué será de la
revolución cuándo la clase dominante ha tenido éxito destruyendo todos los
"gigantes" --los
dirigentes, los partidos, la educación comunista, etc.-- y en privarlos
permanentemente de la posibilidad de ejercer sus funciones? Desde el punto de
vista de Hook, la única respuesta es que entonces no puede simplemente haber
ninguna revolución. La revolución, de acuerdo con el, es, en último análisis
--como quiera que esto pueda sonar a chistte--, dependiente de la indulgencia
democrática de la burguesía. Justo como para el Sr. G.D.H. Cole, por ejemplo,
las perspectivas de socialismo han declinado como resultado de la crisis capitalista,
y considera que el socialismo se desarrolla mucho mejor a partir de la
prosperidad capitalista, lo mismo para Hook, aunque no reconocidamente, la
existencia de la democracia es la presuposición para la revolución proletaria
(no hace falta decir que el movimiento obrero ilegal no puede ser comprendido
en el concepto hookiano del partido). En ambos casos, para Hook como para Cole,
es la conciencia intelectual la que
triunfa convenciendo al mundo, o por
lo menos a un porcentaje preponderante de los trabajadores, de las bendiciones del socialismo o de la belleza de la revolución, y por
consiguiente ambos sean "deseados".
Esta actitud de maestría escolar puede concordar con el curso de la instrucción
política, pero con respecto a la revolución sólo puede producir un efecto
cómico.
El análisis de Marx de las leyes
capitalistas de acumulación termina en la revolución proletaria. No hace
falta decir que para Marx no había ningún problema puramente económico. Mucho antes de que el desarrollo capitalista
haya alcanzado el punto final económico fijado por las consideraciones teóricas,
las masas ya habrán puesto fin al sistema.
La crisis cíclica se convierte en crisis permanente, una condición en la que el
capitalismo es todavía capaz de existir sólo a través del continuo y absoluto
empobrecimiento del proletariado. Este periodo, una fase histórica entera,
compele a la burguesía al terrorismo
permanente contra la población obrera, dado que bajo tales condiciones cualquier disminución de la ganancia por la vía
de la lucha de clases pone en cuestión más y más el sistema mismo. El
proceso de concentración también ha creado la base para la dominación de la
burguesía, tan estrecha que una práctica
social relativamente exenta de fricción sólo es aún posible por medio de la
dictadura abierta. El final de la
democracia ha llegado. Con él también desaparecen las organizaciones
obreras circunscritas a la democracia, la libertad de palabra y de prensa, etc. Cuanto más se alarga la vida del
capitalismo, más profunda la crisis y más afilado el terrorismo. Esta necesidad capitalista no puede eludirse
por medio de la democracia. La misma salvaguarda de la "democracia formal" compele la caída
del capitalismo, por lo que naturalmente la democracia capitalista se convierte
en algo del pasado. El fin de la
democracia envuelve el final del movimiento obrero en el sentido hookiano; él
ya no tiene nada que hacer sino despedirse desilusionado de los obreros que
fallaron a escucharle lo suficientemente pronto. La historia mundial se detiene
porque los obreros mismos no se dejaron "educar".
Pero el concepto de espontaneidad
también se adecuará a esta situación. La
crisis permanente agudiza la lucha de clases en la misma medida en que suprime
esa lucha. El zarismo no sólo explicó el retraso de la Revolución rusa sino
al mismo tiempo su poder maravilloso y terrible cuando estalló, a pesar de la
ausencia de "educadores" y
de organizaciones preponderantes. La
acción era simultáneamente la organización, los luchadores activos eran sus
propios dirigentes. ¿Quien fue el que
"persuadió" en las masas la concepción de los soviets? ¿No nació de
las relaciones mismas? ¿De las masas y de sus necesidades? Sólo después de
que los hubiesen formado, los soviets empezaron a ser discutidos por los "educadores". La lucha de clases es
el movimiento de la sociedad de clases. Pueden destruirse organizaciones,
asesinarse a los dirigentes, la educación transformada en barbarismo; pero no
pueden enajenar la lucha de clases, excepto dejando aparte las clases. La misma
destrucción de la organización obrera legal es una mejor indicación que
cualquier otra de la profundización de la lucha de clases, aunque esto no es
proclamar la calidad revolucionaria de los partidos destruida.
No hay, sin embargo, ningún punto fijado en el tiempo para la
revolución. Aunque uno sostenga que la revolución será inevitable, nada se ha
dicho con eso en lo que estima a su tiempo de llegada. Y cualquier argumento al
efecto de que el Estado fascista es inevitable es un sinsentido, sirviendo
meramente para ocultar la traición perpetrada por la Tercera Internacional. En
1918, por ejemplo, se había vuelto posible para la socialdemocracia suprimir el
movimiento de consejos con la sangre de los obreros. Podría haber sido
igualmente el caso opuesto, y sólo posteriormente se volvió claro que lo
anterior ocurrió en lugar de lo último. El factor del "accidente", de la "dirección", etc. es innegable y no
será negado, pero uno también debe reconocer sus límites y su papel cambiante
en el proceso histórico. Así como era posible en 1923 para el Partido Comunista
de Alemania apartar a las masas del levantamiento revolucionario, podría
también igualmente haber fracasado en ese esfuerzo. La revolución fue
pospuesta, pero meramente pospuesta. Puede también estallar prematuramente, y
de este modo complicar su propio curso. Pero
prematura o retrasada, la revolución --la locomotora de la historia-- y con ella la sociedad comunista, se afirma
de la necesidad, y se lleva a cabo por los obreros mismos, pues el curso previo
de la historia ha creado un estado que no permite otra solución, porque esa solución es idéntica a las necesidades
de la vida presente de la mayoría de la humanidad. Y la revolución
proletaria, mientras cambia el mundo, no descuidará educar a los pasmados
"educadores".
Notas
# Actualización o
actualidad son utilizados en el sentido filosófico de "convertirse en
acto" y "ser acto", o sea, hacerse o ser realidad efectiva.
(Nota del traductor al español)
## Los subtítulos en cursiva de las partes del
texto son del traductor. La Introducción y los números romanos son del
original. (Nota del traductor al español)
[1] Sidney Hook, Hacia la comprensión de Karl Marx. (John Day Company, New York, 1933).
[*] La apreciación de Mattick
puede llevar a confusión, puesto que condensa en una afirmación lo que el
proletariado es en potencia y a la vez en realidad. En su actualidad, el
proletariado es la negación de la propiedad privada en cuanto está desposeído
de los medios de producción de su vida. Pero también, a causa del desarrollo de
la contradicción entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción,
y de la contradicción interna de estas relaciones -el antagonismo entre las
clases-, está compelido históricamente a superar la propiedad privada
capitalista y la sociedad de clases en general. Así lo concebía Marx:
"Inversamente, el
proletariado, en tanto que proletariado, se encuentra forzado a trabajar por su
propia supresión y, por consecuencia, por la de la propiedad privada, es decir,
de la condición que hace de él el proletariado. (...) Por la contradicción que
existe entre su naturaleza humana y su situación, que constituye la negación
franca, neta y absoluta de esa naturaleza. (...) En el proletariado plenamente
desarrollado se hace abstracción de toda humanidad, hasta de la apariencia de
la humanidad; en las condiciones de existencia del proletariado se condensan,
en su forma más inhumana, todas las condiciones de existencia de la sociedad
actual; el hombre se ha perdido a sí mismo, pero, al mismo tiempo, no sólo ha
adquirido conciencia teórica de esa pérdida, sino que se ha visto constreñido
directamente, por la miseria en adelante ineluctable, imposible de paliar,
absolutamente imperiosa -por la expresión práctica de la necesidad-, a
rebelarse contra esa inhumanidad; y es por todo esto que el proletariado puede
libertarse a sí mismo. Pero él no puede
liberarse sin suprimir sus propias condiciones de existencia. No puede suprimir sus propias condiciones de
existencia sin suprimir todas las condiciones de existencia humanas de la
sociedad actual que se condensan en su situación. No en vano pasa por la escuela ruda, pero fortificante, del
trabajo. No se trata de saber lo que
tal o cual proletario, o aun el proletariado íntegro, se propone
momentáneamente como fin. Se trata de
saber lo que el proletariado es y lo que debe históricamente hacer de acuerdo a
su ser. Su finalidad y su acción
histórica le están trazadas, de manera tangible e irrevocable, en su propia
situación de existencia, como en toda la organización de la sociedad burguesa
actual." (La Sagrada Familia).
"Dónde reside, entonces, la
posibilidad positiva de emancipación alemana?
Respuesta: en la formación de una clase con cadenas radicales, de una clase de la sociedad civil que no
sea una clase de la sociedad civil; de un Estado que sea la disolución de los
Estados; de una esfera que posea un carácter universal por lo universal de sus
sufrimientos, y que no reclame para sí ningún derecho especial, puesto que
contra ella no se ha cometido ningún desafuero en particular, sino el desafuero
en sí, absoluto. Una clase a la que le resulte imposible
apelar a ningún título histórico, y
que se limite a reivindicar su título humano. Que no se encuentre en
contradicción unilateral con sus consecuencias, sino en omnilateral contraposición
con las premisas del Estado alemán; de una esfera, finalmente, que no pueda
emanciparse sin emanciparse en el resto de las esferas de la sociedad y,
simultáneamente, emanciparlas a todas ellas; que sea, en una palabra, la
pérdida completa del hombre. Esta descomposición de la sociedad, en
cuanto clase particular, es el proletariado.
(...) Cuando el proletariado proclama la disolución del orden universal precedente,
no hace más que pregonar el secreto de su propia existencia, ya que él es la disolución de hecho de ese orden universal. Cuando
el proletariado reclama la negación de la propiedad privada, no hace más que elevar a principio de
la sociedad lo que la sociedad ha elevado
a principio suyo, lo que ya está
personificado en él, sin intervención suya, como resultado negativo de la sociedad." (Contribución a la
Crítica de la Filosofía del Derecho de Hegel).
(Nota del traductor al español.)
[2] Las comillas en
las que Marx incluye sus "accidentes" muestran el sentido estricto en
que desea haberlos considerado. La palabra primera (zuerst) hacia el final del
pasaje enfatiza esto todavía más (la palabra se omite en el texto de Hook). Las
cursivas son mías.
[3] Nos llevaría
demasiado tiempo desarrollar más plenamente la teoría marxiana de la
acumulación y el derrumbe. Este asunto se tratará extensamente en otra
parte.
[4] Potemkin era
Primer Ministro bajo Catherina de Rusia. Cuando la Zarina hizo un viaje a
través de las provincias, Potemkin tenía fachadas artificiales de pueblos
construidas a lo largo de su curso para hacerle creer que todo era leche y miel
en sus dominios. El nombre del ministro, en consecuencia, se ha vuelto un
sinónimo para "espurio".
[#] "If
Hook discards Lenin's mechanism, he does now eschew the errors to which
this mechanism gives rise". El verbo
"eschew" en tercera persona singular tiene terminación en s
(eschews), el auxiliar "does" está presente tras el pronombre
"he", y la conjunción "if" determina el significado del
conjunto de la oración. Por todo lo cual, y de acuerdo con el conjunto del
folleto --sobre todo las últimas partes que tratan acerca de la concepción de
la espontaneidad--, lo más probable y aceptable es que lo que Mattick afirma en
esta oración es que Hook, aunque descarta el mecanicismo de Lenin, "NO
evita los errores" del mismo en la comprensión de la sociedad, la lucha de
clases, el movimiento obrero y la revolución. (Nota del traductor al español).
[5] La Nueva República, Feb. 28, 1934.
[6] Compara, en
adición al libro de Hook, también su artículo en el número de abril (1934) de El Mensual Moderno: "Comunismo sin dogmas".
[7] Der
Radikalism us in der deutschen Irbeiterbewegung (Jena 1923).
[8] "Comunismo sin dogmas". Los números
de página entre paréntesis hacen referencia a este artículo.