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Oscar Ramírez Durand, habla por primera vez desde la cárcel.

 

TRAS varias semanas de gestiones, Oscar Ramírez Durand (a) Feliciano, aceptó responder a un cuestionario de CARETAS enviado a su celda en la Base Naval del Callao. Sus respuestas, escritas a mano en hojas oficio cuadriculadas, con letra legible y ortografía intachable, son sorprendentes.

 

Ramírez Durand nació en Arequipa hace 51 años. Cursó estudios de ingeniería en la UNI de Lima donde fue captado por las organizaciones de la extrema izquierda. Según la versión más aceptada, en ese ambiente entró en contacto con Abimael Guzmán, entonces líder del PCP-Patria Roja. Desde finales de los '70 participó con él en la preparación de la lucha armada.

 

Acusado de ser el continuador del terror sembrado por el "Presidente Gonzalo" -incluso en contra de la voluntad del líder-, Feliciano ha sido señalado a lo largo de los años como un cabecilla desafiante ante la autoridad de Guzmán al mando de la `Línea Liquidacionista de Izquierda'.

 

 

-¿Sigue usted practicando el ajedrez?

 

-Sí, pero aquí no tengo competidores. Mi padre me obsequió un ajedrez electrónico pero es muy simple, le gano siempre. Quisiera uno mejor.

  

-¿El trato es el mismo dentro de la Base Naval para todos los condenados senderistas?

 

-No. Guzmán y su pareja siempre tuvieron privilegios, desde su "arreglo" con Montesinos en el '93. Aparte de eso, el trato de la Marina es correcto y de mutuo respeto.

 

-¿Es cierto que se comunica con Montesinos desde su celda? ¿Qué se dicen?

 

-Hasta el año pasado lo hacía. Hablábamos a voz en cuello y de cualquier cosa. Él es un pariente lejano de mi padre.

 

-¿Cuál fue su papel real dentro de la organización?

 

-Sólo fui un combatiente más. La dictadura fuji-montesinista y algunos medios influidos por ella me "asignaron" un papel que nunca tuve. Yo, como muchos otros, fuimos usados como carne de cañón para satisfacer los afanes protagónicos del felón Guzmán, ese psicópata que se endiosó con nuestra sangre y la del pueblo, que nunca estuvo en combate pero que se daba la gran vida en Lima, disponiendo de la vida y la muerte de otros. Siempre fue un cobarde y un traidor.

 

-En los años de apogeo de S.L. se le identificaba a usted como hombre de acción mientras que Guzmán era el teórico, ¿es cierto que ello inició sus discrepancias?

 

-Desde antes del '80 hubo discrepancias y no sólo mías. Pero Guzmán, usando a sus dos concubinas, Augusta La Torre y Elena Iparraguirre, conformó una cúpula "familiar" de poder que impuso dentro de Sendero una dictadura totalitaria y el llamado " pensamiento único de Gonzalo", que no admitía ninguna crítica, so pena de sufrir, quien lo hiciera, sanciones muy severas e incluso la muerte si uno se apartaba de la organización. Así, sólo él podía ser el "teórico" ("dar la línea") y los demás tenían que "aplicarla".

 

-Cuando se produjo la captura de Guzmán estaba presente todo el buró, ¿por qué no estaba con ellos?

 

-No me correspondía estar, porque como ya le dije, hasta el '82 sólo fui un combatiente más y después, como quedé minusválido y sufro de cojera, sólo estuve apoyando. Fueron la dictadura y sus medios los que me imputaron una responsabilidad que nunca tuve.

 

-Luego de la captura de Guzmán ¿cuáles fueron sus primeras medidas y acciones? ¿Cuáles fueron los grandes hitos que marcaron su accionar hasta que lo apresaron en 1999?

 

-Yo sólo apoyé a Sendero como pude, porque creía que se estaba haciendo la "revolución", pero ya la línea política de Guzmán había llevado a Sendero a un callejón sin salida. Eso es lo que ni él ni sus ayayeros quieren reconocer, que su propia política sectaria y ultraizquierdista llevaron a la captura de sus dirigentes y al fracaso de su proyecto. Estoy escribiendo un libro sobre todo esto, espero que las autoridades me lo dejen publicar.

 

-¿Cuáles son exactamente sus diferencias con Guzmán? ¿Es cierto que se han producido altercados físicos entre ustedes dentro de la Base?

 

-Sí, hubo algunos roces con Guzmán y su pareja, porque entre otras cosas ellos siempre tratan de manipular a los demás en su provecho personal. Mire, yo afirmo que Guzmán es un farsante y un parásito, que ni siquiera fue maoísta, yo digo que sólo es un estalinista trasnochado y dogmático y de allí no pasará jamás. Guzmán y sus dos concubinas convirtieron a Sendero Luminoso en una secta religiosa, fanática y militarizada. Ahora nuestras diferencias son abismales, en todo. Creo que el siglo XX nos dejó grandes lecciones como esa de que los totalitarismos no son buenos y que la democracia, pese a todos sus problemas, es el mejor sistema político. Hoy pienso que el terrorismo es reprobable y que es mejor evitar las guerras porque son deshumanizadoras. Estoy de acuerdo con ir hacia una gran reconciliación y sobre Sendero creo que tendría que replantearla totalmente para convertirse en un partido democrático con dirigentes renovables.

 

 

-Después de la captura de Guzmán usted rechazó el acuerdo de paz y radicalizó sus acciones al liderar la Línea Liquidacionista de Izquierda, ¿sigue al frente de ella?

 

-Yo nunca lideré a Sendero y menos a la llamada "línea liquidacionista", bautizada así por Guzmán y Montesinos. Sobre el "acuerdo de paz", usted sabe que nunca hubo tal; Montesinos engañó a Guzmán como a un bebé de pecho. Éste se vendió a la dictadura a cambio de que le permitieran vivir con su mujer en la cárcel. Montesinos me contó que los hacía dormir juntos, que los llevaba a pasear y comer a la calle en su camioneta, mientras que la Iparraguirre le escribía poemas a Silvana (Montesinos). También dice que les ofreció una amnistía para "cuando fuera presidente". La dictadura nunca quiso dialogar con quienes seguían en armas porque les convenía tener un pretexto para seguir saqueando las arcas del Estado y mantener la legislación antiterrorista para reprimir al pueblo. Hay que recordar que las conversaciones sólo fueron con algunos presos y en secreto, mientras en el campo arreciaban las operaciones antisubversivas y en las ciudades detenían misteriosamente a cientos de personas.

 

-¿Tiene usted alguna relación o contacto con las huestes de S.L. que actúan en las cuencas cocaleras?

 

-Ninguna. Pero sí quiero decirle que he ofrecido al Estado peruano servir de puente para un diálogo que lleve a una solución no militar de ese problema que aún aqueja a nuestra patria.

 

 -La Policía y el Ejército se adjudicaron su captura. El general Fournier, por ejemplo, mostró planos del cerco que le había tendido en Vizcatán. ¿Cómo fue su captura en realidad?

 

-Sería largo de explicar. Basta con decir que a mí me capturó la Policía y por casualidad. Sólo quiero decirle al señor Fournier que yo lo tenía por un caballero y que no está bien que me difame por gusto.

 

-¿Qué opina de la anulación de los procesos seguidos contra cabecillas de S.L. con el fin de que se les abra otro en el fuero civil?

 

-Me parece bien. Con lo que no estoy de acuerdo es con las penas draconianas que se quieren aplicar. Una sociedad democrática debe mostrar su superioridad en todos los planos, también en lo judicial. La misma Constitución dice que "la pena es para rehabilitar, reincorporar al condenado a la sociedad". Sentenciar con 30 ó 35 años de cárcel y casi sin beneficios penitenciarios es lo mismo que dar cadena perpetua. Eso es sepultarnos en vida.

 

-¿Se arrepiente usted de la violencia desatada por el grupo terrorista al cual perteneció?

 

-Reconozco que cometí muchos errores y por eso pido disculpas y les ofrezco mis más profundas condolencias a todas las personas que se vieron afectadas por la violencia política.

 

 

10 de abril de 2003

 

 

 

Acerca de Una Entrevista a Feliciano

 

  Horacio Herrera                                                                 

                                                                                                 

    La entrevista de Caretas a Feliciano da pruebas suficientes de que este ex-combatiente de Sendero se ha suscrito a la democracia burguesa. ¿De qué otro modo podría entenderse su declaración de que "la democracia, pese a todos sus problemas, es el mejor sistema político"?

 

    Ahora bien, a un senderista ofuscado, esta declaración le serviría para desacreditar las otras que hace el mismo Feliciano sobre la persona de Guzmán. Pero sucede que las observaciones de un tránsfuga (en este caso del izquierdismo a la democracia burguesa) no carecen de cierto valor, necesaria y automáticamente. En el curso de su militancia, Feliciano ha sido protagonista de muchos hechos y testigo excepcional de otros. Por eso, hay que reconocer que, de alguna manera, sus observaciones dan cuenta de ciertas realidades.

 

    Sin embargo, es necesario dejar sentado que Feliciano no tiene el mérito de ser el primero en señalar lo que señala, aunque, al mismo tiempo, hay que admitir que es el primer dirigente senderista que habla públicamente de aquello que otros prefieren callar.

 

    El afirma: "Yo, como muchos otros, fuimos usados como carne de cañón para satisfacer los afanes protagónicos del felón Guzmán, ese psicópata que se endiosó con nuestra sangre y la del pueblo, que nunca estuvo en combate pero que se daba la gran vida en Lima, disponiendo de la vida y la muerte de otros. Siempre fue un cobarde y un traidor".

 

    Carga emocional aparte, esta afirmación encierra una verdad notoria. Veamos. Desde muy temprano (¡incluso desde antes del 80!), el mismo Guzmán alimentó la idea de que él estaba desarrollando la doctrina del proletariado, y, no mucho después, de que su pensamiento es "la cuarta etapa del marxismo", y así hasta ahora mismo. De manera que el egotismo de Guzmán es una realidad inocultable, aunque en este caso, como en todos los demás, Feliciano tenga su manera de decir las cosas, y nosotros la nuestra.

 

    Por otro lado, todo el mundo sabe (excepto los que no quieren saberlo) que Guzmán se mantuvo en Lima durante todo el tiempo que duró su aventura militar, lejos del terreno de la lucha verdadera, es decir, al contrario, por ejemplo, de Lenin en Rusia, de Mao en China, de Ho Chi Min en Vietnam, de Kim Il Sung en Corea, de Fidel Castro en Cuba, de Marulanda en Colombia, de Prachanda en Nepal. De hecho, el estilo de dirección de Guzmán fue burocrático desde cualquier punto que se le mire. Desde su casa limeña, se limitó a dirigir por interpósitas personas (no obstante esta realidad, Guzmán tuvo más tarde la audacia de acusar de burocratismo a Margie Clavo, que, como se sabe, se desplazaba por extensas regiones del país; que Clavo haya aceptado esta acusación, es, ciertamente, un problema distinto). Desde luego, no es que pensemos que la dirección (y no sólo Guzmán) hubiera tenido que ubicarse, por ejemplo, en la zona principal de operaciones, sino que Lima (y en general las ciudades) no es lugar apropiado para la ubicación de la dirección en un proceso de guerra prolongada. Pero Guzmán se mantuvo en Lima todo el tiempo hasta el punto de apoltronarse, de no querer trasladarse al campo por nada del mundo. Cuatro años después de que en el primer congreso de Sendero se tomara el acuerdo del traslado de la dirección al campo (acuerdo ratificado en posteriores eventos), seguía en Lima, a pesar de todo su poder de decisión, o, más bien, debido a este poder precisamente, y esto fue la verdadera causa de su caída. Por eso, su argumento de que su apresamiento se debió a un "error del Comité de Seguridad" de su organización (declaración en la DINCOTE), así como su posterior argumento de que fue responsabilidad de Feliciano, no pasan de ser meras artimañas para ocultar su propio error estratégico consistente en haber ubicado el núcleo de la dirección en un lugar inapropiado. ¡Y pensar que hay quienes creen que Guzmán es un "gran estratega"!

 

     Feliciano debe tener sus razones cuando afirma que Guzmán disponía "de la vida y la muerte de otros". Después de todo, él, Feliciano, así como los demás miembros del CC, conocen muy bien a Guzmán, y, seguramente por esto, y no por otra causa, es que miembros de esa instancia orgánica sospecharon de que había asesinado o mandado a asesinar a Augusta La Torrre (incluso llegaron a formar una comisión para investigar lo sucedido). ¿No es expresivo este hecho? ¿No procedieron así esos dirigentes precisamente porque sabían que Guzmán ordenaba actos de esa naturaleza? Es evidente que, de otro modo, no se hubieran atrevido a echar ni siquiera la más mínima sombra sobre él. No estamos diciendo que Guzmán mató o mandó a matar a su mujer; estamos señalando, simplemente, que en el mismísimo CC de su mismísimo partido, hubieron quienes apuntaron el dedo acusador contra su persona, y que, esto, es sumamente expresivo. Lo que podemos decir, por nuestra parte, con respecto a esta clase de cosas, es que, por ejemplo, un conocido dirigente que en la primera mitad de los 80 exigió "jefatura en los hechos", terminó siendo eliminado. Por lo demás, es sabido que la orden de "resistencia feroz" que se impartió en ciertas circunstancias a los presos de Sendero, fue en última instancia decisión de Guzmán. En consecuencia, es precisamente Guzmán quien condujo más de una vez a sus propios seguidores al matadero, so pretexto de que "la moral de la clase está en juego" y bajo el supuesto negado de que "la sangre riega la revolución" ("¡a más sangre, más revolución!", era consigna que agitaban los presos de Sendero, que, absurdamente, procedían a defender las cárceles como si fueran bases de apoyo; como bien se sabe, incluso una base de apoyo no puede ser siempre defendida). Y si los hechos indican que Guzmán no tuvo escrúpulos en mandarlos al matadero por muy poca cosa en realidad, es, seguramente, porque consideró que eran "ratas" (durante años Sendero calificó de "ratas" a sus presos, hasta que éstos se convirtieron en "héroes" después de las masacres de 1986). Conservar las propias fuerzas y aniquilar las del enemigo es un principio básico de la guerra, pero, con su premeditada política de martirologio, Guzmán mandó al sacrificio a sus propias fuerzas en combates en los que por lo demás estaba descontada la conservación de las del enemigo. Y, así, hubo más sangre de la militancia, pero no más revolución. De hecho, esta maquiavélica política se parece más al aprismo de los primeros lustros que a la experiencia socialista, lo que es bastante revelador. Y, sin embargo, ¡hasta hoy mismo hay quienes no logran darse cuenta de que esa política pone en evidencia el desprecio de Guzmán por la vida de sus propios seguidores! Desprecio que, ya en carne de los militantes, se manifestaba cuando éstos se ofendían unos a otros con la frase "tu cochino pellejo que ni para tambor de guerra sirve". 

 

    Feliciano dice, además, que Guzmán "fue un cobarde". A propósito de esto, nos limitaremos a recordar que, en la DINCOTE, Guzmán no atinó a levantar el brazo para hacer el saludo comunista (un policía se lo levantó), y terminó bajándose los pantalones ante la simple orden de un triste policía (todo el mundo vio el momento en que se los acomodaba otra vez, excepto los que no quisieron verlo; por lo demás, el músico Garrido Lecca, testigo excepcional de los hechos, declaró tiempo después a la prensa que, en esa ocasión, le pidieron a Guzmán que se bajara también los calzoncillos, ante lo cual el "jefe de la revolución mundial" dijo que no podía hacer eso porque habían damas, lo que quiere decir que de no haber sido esa la situación, se los hubiese bajado igual; esto no ha sido desmentido nunca, no obstante que Guzmán y los otros senderistas que estuvieron con él en la DINCOTE, tienen, desde hace tiempo, los medios para hacerlo). Y todavía más, en una conferencia de prensa realizada en el Colegio de Abogados, Crespo, entonces abogado defensor de Guzmán, leyó una nota de puño y letra de este último, en la que decía que él, Guzmán, en su "condición de prisionero de guerra", obedecía "todas las órdenes de los mandos policiales" (cualquiera que tenga dudas puede consultar los periódicos de la época), cuando, como se sabe, a sus seguidores presos les exigía que hicieran "resistencia feroz" (¡cómo! ¿en la conducta de Guzmán en prisión no estaba "en juego la moral de la clase"?). Para reivindicarse, jugó luego al machote con un discurso incendiario en la jaula donde lo presentaron, para una semana más tarde empezar a negociar su capitulación con Montesinos, y decir después que lo que había afirmado en la jaula tenía solamente el objetivo de "mantener la moral de combate y dar tiempo a ambas partes para que piensen y entiendan a unos que no iba a ser fácil acabarnos y a otros para que encontraran solución (sic)" ("¡Unirse Más, Bregando Decididamente en Luchar por un Acuerdo de Paz y Sentar Bases, Defender y Combatir"). Juzgue, pues, el lector.

 

   En otro lugar de la entrevista, Feliciano declara que "Guzmán... conformó una cúpula 'familiar' de poder que impuso dentro de Sendero una dictadura totalitaria y el llamado 'pensamiento único de Gonzalo', que no admitía ninguna crítica, so pena de sufrir, quien lo hiciera, sanciones muy severas e incluso la muerte si uno se apartaba de su organización. Así, sólo él podía ser el 'teórico' ('dar la línea') y los demás tenían que 'aplicarla'".

 

    Cúpula familiar o no, el fondo de la cuestión es que, de hecho, Guzmán conculcó el centralismo democrático e implantó el centralismo burocrático, el despotismo. Con este despotismo, su palabra fue siempre la primera y la última, hasta el punto de que la condición de comunista no se derivaba de la adhesión a la verdad universal del marxismo, sino de la "sujeción incondicional al presidente Gonzalo". ¡Ni más ni menos! En esto, evidentemente, el egotismo burgués de la "jefatura" y el servilismo cerril de la militancia se dieron la mano desde muy temprano para configurar una grosera relación entre dirigente y dirigidos. Por eso, esta deformación de las relaciones orgánicas se reflejó muy pronto en hechos reñidos absolutamente con el espíritu proletario, como, por ejemplo, en que en las comidas del colectivo Guzmán comiera con cubiertos de plata y los demás con los que corrientemente utiliza el pueblo. Y que, además, según otros testimonios, comiera comida especial en platos de porcelana fina y en una mesa para él solo. Verdad todo esto, o parte de ello (lo mismo da), el asunto es que esa práctica pone en evidencia que Guzmán exigía a los demás "desinterés absoluto", mientras él tenía patente de corso para regodearse con privilegios burgueses. Otros testimonios más, dan cuenta de que era todo el CC que tenía ese privilegio (o que a partir de un momento dado se extendió al CC), y que, en las reuniones amplias, los que no eran miembros del CC, tenían que lavar, en expresión de lealtad (¡en expresión de lealtad!), los servicios utilizados por los dirigentes centrales. Estos testimonios, por tanto, demuestran que el problema era más grave todavía, pues quiere decir que la degeneración burguesa no se limitaba a Guzmán, sino que comprendía a toda la dirección. ¡El espíritu burgués enquistado en las relaciones entre los miembros de un partido que se llama comunista! Y, después, se habla con sapos y culebras contra el oportunismo, cuando allí, en los hechos anotados, existía ya el embrión desarrollado de la degeneración de un partido que pretende ser la vanguardia de la revolución mundial. Todo esto revela, desde luego, un problema ideológico y cinismo político. Y ninguna de estas dos cosas son problemas de poca monta. Pero así como hay quienes alentaron esas prácticas, hay también quienes, por conveniencia o cobardía, se hicieron de la vista gorda, así en esta cuestión como en otras. Dicho en otros términos, tan responsables de esas deformaciones (y otras peores) son los que las cometieron como los que las toleraron. Y si en lo orgánico Guzmán impuso el despotismo, en lo ideológico impuso o pretendió imponer el absolutismo, en lo teórico el autoritarismo y en lo político el hegemonismo.

 

   En cuanto al llamado "pensamiento Gonzalo" (¡qué manera de atropellar el castellano!), es completamente cierto que fue mistificado y por eso resultó indiscutido, hasta el punto de que quien se atrevía a cambiar una palabra cualquiera de un discurso o documento de Guzmán por un sinónimo (fíjense, ¡por un sinónimo!), era inmediatamente incriminado; y quien se atrevía a poner en cuestión alguna idea o conducta de la "jefatura", era sometido "a sanciones muy severas" (como la amenaza de muerte por ejemplo, que, obviamente, es una forma de tortura psicológica, o, en ocasiones, como la tortura física sin más); y, quien de algún modo le hacía sombra a la "jefatura", era sencillamente eliminado. ¡Ni más ni menos! Es, pues, hasta cierto punto explicable (pero en modo alguno justificable) que, en ese clima absolutamente extraño al marxismo, en las discusiones internas terminara convirtiéndose en un lugar común la frase "no pongas nada de tu cosecha". En fin, el papel del militante fue reducido a mero aplicador, y, de ese modo, se liquidó la gran enseñanza de Mariátegui de que todo militante debe ser "pensante y operante" (¿para qué podía servir Mariátegui a un partido que lo había excluído de su base de unidad?). En consecuencia, puede decirse que la jefatura resultó "pensante" (sí, entre comillas, es decir, a su manera) pero no operante, y los militantes resultaron operantes, pero no "pensantes" (también entre comillas, porque, al fin y al cabo, los hechos en general y el fracaso en particular, han podido más que el seguidismo, y, así, hoy por hoy, hay quienes se han puesto a pensar realmente).

 

    También dice Feliciano que "ya la línea política de Guzmán había llevado a Sendero a un callejón sin salida. Eso es lo que ni él ni sus ayayeros quieren reconocer, que su propia política sectaria y ultraizquierdista llevaron a la captura de sus dirigentes y al fracaso de su proyecto".

 

    En efecto, el fracaso del experimento de Sendero tiene su germen en el principio mismo de su lucha armada, pues ésta fue lanzada prácticamente cuando en el país se restablecía el sistema democrático-burgués, en cuyas condiciones, como se sabe, está probado que la forma superior de lucha no puede desarrollarse sino hasta el techo que le permiten ciertos factores  (por esto, precisamente, al lanzar su lucha armada, lo que hizo Sendero fue caer en aventurerismo). Así pues, puede decirse que la aventura senderista alcanzó su techo entre 1988 y 1989, y que en 1990 estaba ya políticamente derrotada, y, por lo demás, que con la caída de Guzmán y otros dirigentes en 1992, quedó orgánicamente desarticulada. Desde luego, lo primero no pudo haber pasado desapercibido para Guzmán (la guerrilla daba vueltas en el campo, rodeada por un creciente mar de campesinos organizados contra ella), y, todo indica que este hecho fue justamente el motivo inconfesado por el que precipitó el acuerdo de empezar a trasladar a las ciudades el centro de gravedad de la acción militar de su partido (a lo que se opusieron algunos, motejados a la sazón de "grupillo negro"), intentando con ello dos cosas. Primero, ocultar a la militancia que la guerrilla había entrado en un callejón sin salida, es decir, que su proyecto izquierdista hacía agua. Segundo, provocar de un modo deliberado, con la ejecución de "acciones altas" en las ciudades (y todos sabemos en qué consistieron esas "acciones altas"), una intervención directa del imperialismo y esperar que por razones de patriotismo las masas tomaran las armas contra los agresores, y, así, salvar su aventura militar. Pero la intervención no se produjo (en realidad el imperialismo nunca tuvo la intención real de intervenir directamente, y si alguna vez habló de ello fue para publicitar a Sendero), y, por tanto, Guzmán no pudo jugar su última carta. La realidad del izquierdismo, sin embargo, no es reconocida y difícilmente será reconocida alguna vez por Guzmán y sus seguidores, sencillamente porque el egotismo se lo impide al primero y el servilismo mental inhibe a los segundos. Pero es un hecho innegable (incluso para cualquier persona con una inteligencia por debajo de lo normal) que el fracaso de Sendero se debió a causas internas (su línea izquierdista), y que las causas externas (represión del ejército) cumplieron solamente un papel condicionante. Precisamente la dialéctica marxista enseña que en todo objeto o proceso las causas internas son las determinantes, pero, al parecer, Guzmán y sus seguidores se han aderezado su propia dialéctica según la cual la cosa no es así.

 

    Por otro lado, Feliciano sostiene que Guzmán "ni siquiera fue maoísta". Con relación a esto, hay que señalar que, el maoísmo delirante de Guzmán, expresa precisamente una flagrante tergiversación de las enseñanzas de Mao en más de un aspecto, lo que, desde luego, ha quedado más que demostrado no sólo en la práctica, sino también en la teoría.

 

    Casi a manera de conclusión, Feliciano sostiene que Guzmán y otros personajes "convirtieron a Sendero Luminoso en una secta religiosa, fanática y militarizada". Conociéndose como se conocen ciertos caracteres de Sendero, huelga decir que esta organización actuó como una secta política donde su "jefe" oficiaba de Dios de carne y hueso, infalible y omnipotente, ante cuya arbitrariedad se prosternaba supersticiosamente la militancia más fanatizada.

 

    Comentemos ahora estas dos afirmaciones de Feliciano: "Montesinos engañó a Guzmán como a un bebé de pecho"; "la dictadura nunca quiso dialogar con quienes seguían en armas porque les convenía tener un pretexto para seguir saqueando las arcas del Estado y mantener la legislación antiterrorista para reprimir al pueblo".

 

    No obstante que durante las negociaciones Guzmán se mandó la parte (¡cuándo no!) declarando que "nuestras posiciones políticas se confirman, dijimos cómo resolver contradicciones Partido Comunista contra Fuerza Armada (sic) y así está pasando" ("Asumir y Combatir por la Nueva Decisión y Nueva Definición"), la realidad de las cosas es, más bien, que lo que a la sazón estaba pasando era que la reacción llevaba adelante un plan para hacerle pisar el palito. Y Guzmán, con toda facilidad, pisó el palito (y no sólo y no tanto por la astucia de Montesinos como por la disposición de él mismo a capitular, pues no hay que olvidar que ordenó desmantelar los llamados "Comités Populares" y desarmar su "Ejército Guerrillero Popular" ¡sin la base de un acuerdo que obligara al gobierno a alguna concesión como contraparte!). En vano, pues, apela Guzmán a la experiencia de las negociaciones de Chungching entre el Partido Comunista de China y el Kuomintang para justificar su capitulación, pues precisamente en su artículo a propósito de tales negociaciones, Mao señala tajantemente que  "todas las armas del pueblo, cada fusil y cada bala, deben conservarse, no deben entregarse". Pero Guzmán ordenó a sus fuerzas militares "inutilizar" sus armas, lo que, ciertamente, no es lo mismo que entregarlas, pero lo que, de todos modos, significa desarmarse. ¿Cómo se llama esto? Evidentemente, se llama capitulación.

 

    Por otro lado, la lucha armada de Sendero sirvió (sirve todavía) de paraguas protector a la democracia burguesa. El propio Montesinos llegó a declarar que el gobierno necesitaba "una guerrilla en el Huallaga". Y no sólo el gobierno de Fujimori, sino también el actual de Toledo utiliza la guerrilla para embellecer la democracia burguesa, pues mientras la misma burguesía no rompa su propia legalidad, el derecho a la revolución no será algo legítimo ante la conciencia del pueblo. Esta es una sencilla verdad que revela la dialéctica de la revolución, pero que el izquierdismo no entiende ni por asomo.

 

    Finalmente, comentemos esta otra declaración de Feliciano: "Guzmán y su pareja siempre tuvieron privilegios, desde su 'arreglo' con Montesinos en el '93".

 

    Es verdad que Guzmán y su compañera consiguieron con su capitulación ciertos previlegios que no tienen los otros presos en la Base Naval del Callao ni en otros establecimientos carcelarios. Esto demuestra que la reacción está agradecida de los servicios prestados a su causa por Guzmán y Elena Iparraguirre. Entre otras cosas, ¡hasta les han permitido varias veces reunirse con los otros dirigentes senderistas presos y sacar a luz sus resoluciones y escritos! Pero, ciertamente, lo más oscuro de todo esto es que, en noviembre de 2000, cuando hacía varios años que no había ya ninguna negociación para un "acuerdo de paz", ¡la reacción les permitió a los mencionados reunirse una vez más con su CC y circular los documentos evacuados! Mientras hubieron negociaciones, de alguna manera podía entenderse que les permitieran reunirse con su entorno orgánico inmediato, pero, como ha quedado dicho, en noviembre de 2000 no había ninguna negociación de por medio. Por eso, la pregunta cae de su mismo peso: ¿a cambio de qué les permitieron reunirse con los otros dirigentes? Porque, evidentemente, sería necesario ser un tonto de capirote para creer que la reacción da puntada sin hilo. Sin embargo, el gato encerrado que hay allí no es percibido por el seguidismo ni sospechado por el servilismo. Por otro lado, los senderistas declaran una y otra vez que "la reacción mantiene al Presidente Gonzalo en aislamiento absoluto". ¿Absoluto? Pero si, entre otras cosas, ¡le han permitido reunirse varias veces con su CC!

 

    Pues bien, en cuanto a Feliciano, hay que reconocer que ha tenido la franqueza de declarar que "el terrorismo es reprobable y que es mejor evitar las guerras porque son deshumanizadoras. Estoy de acuerdo con ir a una gran reconciliación". Esta franqueza, por supuesto, vale sólo como franqueza. En cuanto a Guzmán, hay que señalar, finalmente, que se resiste a reconocer su extravío, sencillamente porque si lo hiciese se vendría abajo su desmezurada ambición de que su izquierdismo (que él supone marxismo) sea reconocido como "cuarta etapa" de la doctrina del proletariado, y no sólo por su partido sino por el entero movimiento comunista internacional (no es casual que, por ejemplo, soto voce por ahora, los senderistas acusen a Bob Avakian de oportunista, porque "no ha reconocido el pensamiento Gonzalo como desarrollo del marxismo-leninismo-maoísmo"). Esta falta absoluta de espíritu autocrítico y estas ambiciones desmezuradas son, sin embargo, solamente una parte de la verdad, pues, la verdad entera, es que, no obstante su izquierdismo consabido, Guzmán ha virado a derecha en más de un punto, lo que, por supuesto, no es captado por quienes no tuvieron la capacidad de distinguir entre marxismo e izquierdismo ni tienen ahora la capacidad de distinguir entre marxismo y derechismo.

 

    Y, este transfugio de Feliciano y esta resistencia de Guzmán a reconocer su extravío, son expresiones de que tanto el uno como el otro ya no pueden más.

 

    Ciertamente, la facción de Guzmán puede reagruparse, reorganizarse, hacer su segundo congreso, reconstituirse, mimetizarse aquí y allá, participar en la lucha electoral como pretende, hacer otros congresos, golpearse el pecho, crecer un poco, etcétera, etcétera. Pero, mientras no haga una verdadera, profunda, multilateral y completa autocrítica, es decir, mientras no se depure de su excrecencia izquierdista y no se preserve del derechismo que asoma en sus filas, o sea, mientras no deje de ser lo que es, será siempre una organización sin ninguna perspectiva histórica.

 

    Hay que anotar, sin embargo, para concluir, que en el clima de egotismo y servilismo que existe en la facción de Guzmán, esa autocrítica no puede tener curso con todas sus consecuencias.

 

    Y, precisamente, en esto reside la crisis terminal de esa facción de Sendero.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

FELICIANO: METAMORFOSIS EN LA BASE NAVAL DEL CALLAO

 

Dos hipótesis sobre la ³Entrevista exclusiva con 'Feliciano' (Revista

Caretas, 10 abril 2003) realizada por Patria Caycho: Una que sea auténtica y

que en verdad refleje las ideas políticas de Oscar Ramírez Durand. En ese

caso, habría que admitir el brusco viraje (la capitulación) respecto a su

posición política anterior cuando era ³combatiente² del Partido Comunista

del Perú (PCP). La otra hipótesis es que la respuesta al cuestionario

enviado por la periodista de Caretas haya sido traficada en el penal de la

Marina y que ella haya salido del mismo laboratorio que en 1993 se fabricó

las ³cartas de paz² que la mafia fujimorista adjudicó a Abimael Guzmán. En

cualquiera de los casos, es visible que el propósito principal de que las

autoridades hayan autorizado que Feliciano hable para una revista limeña, es

reeditar la traición en los penales del país, y confundir a los maoístas que

se mantienen firmen en proseguir la lucha armada en Perú.

 

1. Las respuestas que se suponen de Feliciano, resultan una retahíla de

falsedades e insultos y no aportan absolutamente nada para comprender el

fenómeno y la historia de la lucha social de las dos últimas décadas en

Perú. La entrevista privilegia viejos argumentos policiales contra Abimael

Guzmán. De la misma manera que antes lo hizo el Servicio de Inteligencia

Nacional (SIN) manejado por Montesinos, sindica a Guzmán de haber usado a

las masas como ³carne de cañón² bajo el objetivo de satisfacer sus apetitos

personales. Recurre también al arsenal de la propaganda policial para

calificar a Guzmán de felón, psicópata, cobarde y traidor. Cualquiera de

estos calificativos se encuentran en abundancia en la propaganda

antisuversiva fabricada de desde 1980 en los cuarteles de la policía y del

ejército.

 

 

Los ataques de Feliciano contra Guzmán, son incongruentes y se perfilan no

para afirmar una posición de izquierda, sino más bien para arrastrarse a los

pies de los que ahora gobiernan el Perú. Así, acusa a Guzmán de que este se

³vendió a la dictadura² fujimorista  y que fue ³engañado por Montesinos²,

pero al mismo tiempo él se declara partidario de una ³reconciliación

nacional². Para este propósito, el entrevistado de Caretas, se  ofrece como

³puente para un diálogo que lleve a una solución no militar² al conflicto

armado en Perú. Como se conoce el discurso en torno a una ³solución no

militar² al problema de la guerra popular, fue la esencia de las discutidas

³cartas de paz² que en octubre de 1993 el gobierno anterior difundió desde

la sede de la Organización de las Naciones Unidas. Estas cartas, en las que

estampó su marca Montesinos, fueron la médula de la criminal política

contrainsurgente del gobierno fujimorista y ellas objetivamente sirvieron

entre otras cosas para acentuar la militarización del Estado.

 

 

2. Feliciano, ya sea como ³combatiente², ³apoyo², o simplemente

simpatizante² (como dice en Caretas) da muestras de su absoluto

arrepentimiento y capitulación de las ideas más elementales de la revolución

social en Perú o en cualquier parte del mundo. Su metamorfosis política lo

convierte en un elemental apologista de las gastadas ideas políticas y del

sistema decadente de la burguesía. Feliciano se empeña en aplicar un

servilismo a ultranza. Así dice, que la democracia, ³pese a todos sus

problemas, es el mejor sistema político². ¿De qué democracia se trata?. Si

se refiere al Perú basta ver el ³gobierno democrático² instaurado por el

señor Toledo para saber que este tipo de sistema político, sustentado en la

corrupción y en la creciente militarización del Estado, es sinónimo de

miseria y hambre de millones de peruanos. Como le consta a la mayoría de

ciudadanos peruanos, el régimen toledista, no es otra cosa que la

continuación del fujimorismo bajo otra máscara. En lo fundamental,  los

mismos personajes que desde el parlamento, las empresas privadas, los

bancos, los medios de comunicación, y hasta de la iglesia, que sostuvieron

el régimen anterior, ahora prestan sus servicios al gobierno de ³todas las

sangres² de Toledo.

 

Feliciano, dice también, que las ³guerras son deshumanizadoras² y que

³Sendero² debería convertirse en ³partido democrático² con ³dirigentes

renovables². Las guerras no se dividen en guerras ³inhumanas² o ³humanas².

Las guerras son justas o injustas. Así una guerra para acabar con el hambre

y la dictadura de una clase dirigente lumpenizada como la que dirige el

Estado peruano, es una guerra justa y liberadora. Así una guerra criminal y

de conquista como la que acaba de realizar los Estados Unidos contra Irak es

una odiosa guerra injusta y exterminadora. Ni la sociología burguesa ni los

ideólogos reaccionarios, pueden ocultar que en los sistemas capitalistas las

organizaciones políticas (partidos) tienen carácter democrático. Mismo en

los Estados Unidos, se publican serias criticas sobre la naturaleza

dictatorial de los dos partidos (El Demócrata y el Republicano) que se

turnan en el poder desde hace más de 50 años. En Perú, la situación es más

desastrosa, y basta mirar el panorama de los partidos tradicionales o

también a esas caricatura de ³partidos políticos² (El Partido de Fujimori,

el Partido de Toledo, o pequeños conglomerados electorales), para anunciar

que el cuento sobre el ³partido democrático² es algo parecido al cebo de

culebra que se vende en los mercados populares.

 

3. Las declaraciones de Feliciano, auspiciadas por la Marina y el Servicio

de Inteligencia Nacional (SIN) (fueron los que aprobaron la entrevista),

aparte de pretender implantar una versión aún más traidora y de derecha de

las ³cartas de paz², busca en lo inmediato distorsionar la situación actual

del Partido Comunista del Perú (PCP). El lío de callejón, entre un ridículo

Feliciano y un Gonzalo que junto con capitular jugaba cartas con Montesinos,

presenta un cuadro surrealista de la organización maoísta. Y en ese aspecto

se oculta que el PCP, dirigido ahora por militantes de base, hace grandes

esfuerzos para lograr dotarse de una organización capaz de ponerse al frente

de la aguda lucha de clases en Perú y potenciar la lucha armada bastante

debilitada por el momento. En efecto, los camaradas que la propaganda

denominan ³grupo proseguir², y que en teoría y práctica rechazan la

negociación de la lucha armada, se proponen en lo inmediato realizar un

intenso trabajo (ideológico-político) en el seno de las masas pobres,

reorganizar y fortalecer los instrumentos de la revolución (Partido,

Ejército y Frente) aparte de reconstruir los diversos organismos generados

del PCP. El hambre y la miseria, cada vez más aguda en el país, depara todas

las condiciones materiales para la agudización de la lucha de clases. La

crisis del sistema político peruano no tiene salida dentro de los esquemas

de las élites políticas que dirigen el Estado. La situación nacional y los

efectos de la crisis internacional, impondrá la necesidad histórica de un

cambio radical de la sociedad peruana, y es en este contexto que los

maoístas peruanos actúan y se preparan para las contingencias armadas en

perspectivas.

 

En la nueva situación del Perú (mayor crisis, mayor represión, más

desigualdad entre pobres y ricos, más hambre y pobreza, más desocupación,

más corrupción, etc.) y en el futuro de las luchas populares y en especial

de la lucha armada,  ni Feliciano ni el supuesto Gonzalo que escribía cartas

de paz desde la prisión, ni los demás prisioneros que se pasaron a trabajar

con Montesinos (Osman Morote, María Pantoja, Magie Clavo, Cox Beauzeville, y

otros) no tienen ningún rol que cumplir, salvo el que la propaganda y la

policía les ha deparado en el terreno de la contrarrevolución.

 

Luis Arce Borja

Bruselas, 15 de Abril 2003

 

 

 

 

 

 

 

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