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MOVIMIENTO REVOLUCIONARIO TUPAC AMARU |
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Entrevista a Victor Polay
hecha por la revista CARETAS En Marzo del año 2002 se llevó
a cabo en distintos penales del Perú una huelga de hambre. He aquí un
testimonio de uno de los protagonistas de este hecho. Recluido en la celda que ocupa en la Base Naval, Víctor Polay Campos, líder del MRTA, rompe su silencio por primera
vez desde la captura en 1992.
EN las últimas tres
semanas, Víctor Polay Campos habría perdido unos
diez kilos de peso. Al cierre de la presente edición, continúa la huelga de
hambre que el número uno del MRTA lleva a cabo junto a los otros cinco
condenados por terrorismo de la Base Naval y cientos de presos más en el
resto del país. Con el correr de los días, el adelgazamiento no parece
traducirse en señales de blandura. Hace unas semanas,
CARETAS logró hacer llegar un cuestionario a Polay.
Por las casi inexpugnables condiciones de seguridad debió arribar comprimido,
como si se tratara de las herramientas de un escolar copión. Y Polay respondió, de puño y letra, desde su estrecha
celda. Es su primer contacto con la prensa desde que fue capturado el 9 de
junio de 1992. Este es el singular testimonio del cabecilla de uno de los
violentos movimientos subversivos que azotaron al Perú en las décadas de 1980
y 1990. Del prisionero que fue amenazado con ser fusilado, del responsable de
"actos de terrorismo". Del hombre condenado a purgar prisión por el
resto de sus días. -No es la primera vez que usted se declara
en huelga de hambre. ¿Qué hace diferente a ésta? -La primera huelga
que hicimos en la Base Naval -por 30 días- fue en setiembre y octubre del
'99, en pleno auge de Fujimori-Montesinos, luego la
volvimos a hacer en mayo del 2000 por tres semanas. Buscábamos ligarnos a las
luchas de nuestro pueblo por la democracia, nuestro mensaje era que incluso
en las celdas-tumbas donde estábamos aislados los presos del MRTA se podía y
debía resistir. Con el gobierno de Paniagua, que inició un proceso de
democratización del país y de respeto a los derechos de los presos,
consideramos inconveniente hacerle una huelga de hambre. Hoy lo hacemos
porque el ministro de Justicia Fernando Olivera ha demostrado un profundo
desprecio al pedido de diálogo y a las reivindicaciones de los presos
políticos.
-¿Cuáles han sido sus momentos más
difíciles en prisión? -El 11 de junio del
'93 vino a mi celda el almirante Antonio Ibárcena Amico y me dijo que había alguien que quería hablarme y
me recomendó que escuchara con atención porque de ello dependía mi futuro.
Ese "alguien" resultó ser Vladimiro Montesinos, que en resumen me
informó que se había decidido mi fusilamiento, pero que podía ser conmutado
si apoyaba al Gobierno de Reconstrucción. Al negarme a semejante claudicación
se molestó y me gritó que mi familia ya podía irme comprando un ataúd en la
funeraria Merino. Desde ese día, hasta a mediados del '94, que tuve la
primera visita de mi madre, me acostaba pensando que cualquier madrugada
podían sacarme para pasar ante el pelotón de fusilamiento. -¿Cómo se produjeron los acercamientos con
los miembros de Sendero Luminoso para poder tener un frente unido en esta
huelga de hambre? ¿Cuáles son los límites de esta unión? -No existe ningún
frente unido con Sendero Luminoso. Esta huelga une a 2,500 presos políticos
que pedimos la derogatoria de las leyes anticonstitucionales, nuevos juicios,
la restitución de beneficios penitenciarios y el respeto a las sentencias de
la Corte Interamericana (de Derechos Humanos), entre otros. Además, los presos
del MRTA tenemos nuestra propia plataforma donde pedimos como primer punto el
juicio y sanción de Fujimori y Montesinos por los
crímenes en la casa del embajador japonés. -Hace diez años calificó a Sendero como la
versión peruana de Pol Pot. ¿Considera hoy que
tanto ellos como ustedes son del mismo tipo de presos? -Son de conocimiento
público las enormes diferencias ideológicas y políticas que tenemos con SL.
Por ejemplo, en el proceso de la guerra muchas veces sufrimos el accionar
dogmático y brutal que SL ejerció contra las organizaciones populares que no
se sometían a sus dictados. Durante la dictadura, a diferencia de SL -que
propuso el Acuerdo de Paz- el MRTA descartó cualquier compromiso con el
gobierno más corrupto y criminal de nuestra historia y estuvimos en las
primeras líneas de combate en la ciudad y el campo. En las cárceles, la
dictadura se ensañó contra los presos del MRTA y en particular con los que
estábamos en la Base Naval. En esta lucha perdimos líderes populares de la
talla de Néstor Cerpa Cartolini, compañeros
inolvidables como Rolly Rojas y Tito. A pesar de
estas diferencias con SL no se les puede negar su condición de presos
políticos. -Usted justificaba la subversión por la
situación social del país. ¿Volvería a hacer lo mismo hoy? -Pensamos que lo más
importante ha sido la lucha por la caída de la dictadura y el inicio de la
democratización con el gobierno de Paniagua. Sin embargo, vemos con
preocupación las marchas y contramarchas del gobierno de Toledo. Hoy la lucha
es por profundizar este proceso de democratización. -De algunos escritos recientes de Abimael Guzmán se desprende una "salida del
repliegue", primero de modo político. ¿Usted ha pensado en algún tipo de
movida similar para el MRTA? -No conozco esos escritos,
pero creo que en las actuales circunstancias se impone como necesidad
fundamental la rearticulación y fortalecimiento del movimiento popular y
sentar las bases para una alternativa política del conjunto de la izquierda
peruana. -¿Es cierto que usted y Peter Cárdenas no tienen en la actualidad mayor contacto
y están distanciados? -No. Lo que pasa es
que en una relación de más de 20 años existen momentos de mayor o menor
acercamiento. Por ejemplo ahora, para iniciar la huelga, Miguel Rincón, Peter y yo hemos enviado una carta a Toledo donde le
planteamos nuestras demandas y nuestra disposición al diálogo. En esto
estamos unidos. -El MRTA tuvo siempre más relaciones
políticas que SL. ¿Consideran establecer vínculos con las FARC? -Nuestras visiones
han sido siempre muy amplias, en la visión de América Latina como la
"Patria Grande". Hoy vemos con simpatía y expectativa a los Zapatistas de México, a nuestros hermanos de las antiguas
guerrillas de El Salvador, Guatemala, al movimiento social e indígena del
Ecuador, los Tupamaros, el Frente Amplio de
Uruguay. Al PT de Lula y los Sin Tierra en Brasil, las Asambleas Populares de
Argentina, etc... Vemos también con preocupación el
Plan Colombia que busca la paz, pero de los cementerios frente a la insurgencia
guerrillera de las FARC y el ELN, que tienen más de 40 años. -El MRTA pasó anteriormente por varios
cismas. ¿Usted conserva un liderasgo sólido hoy en
día? -Nunca tuvimos un
cisma, sólo pequeños desprendimientos sin mayor trascendencia. Desde mi captura
en el '92 no he tenido oportunidad de relacionarme y menos dialogar con mis
compañeros de los distintos penales ni con los que están en libertad. Lo que
sí puedo decirle es que a pesar de mi carcelería inhumana y los ofrecimientos
para mejorarla supimos defender nuestros principios y responder a la
confianza de los compañeros que me eligieron como su Comandante General.
Nadie podrá decir que el jefe del MRTA, en manos de sus adversarios, fue
cobarde o desertor. -En 1989 usted dijo que "ningún industrial
debe ser considerado como víctima". Es difícil no considerar eso como
terrorismo. -Jamás dije esa
frase, nosotros siempre hemos defendido la industria y la producción
nacional. Lo que sí rechazamos fue a los empresarios de entrañas
antinacionales y antipopulares.
-¿Se mantiene en la posición de negar la
condición terrorista de su agrupación? -Durante el conflicto
interno siempre tratamos de ser cuidadosos con el respeto a los derechos
humanos y las leyes de la guerra. Ni el más encarnizado enemigo del MRTA
puede acusarnos de delitos de genocidio o de lesa humanidad o de haber
participado de la guerra sucia. Autocríticamente,
sin embargo, debemos reconocer que cometimos errores, pero nunca como una
política deliberada o sistemática. -¿Se arrepiente de haber ordenado
asesinatos y de contribuir a la espiral de violencia que se desató en nuestro
país? -La violencia en el
Perú no la inició el MRTA. Nuestra patria sufre una violencia social y crisis
estructural desde comienzos de la República, y una violencia política
periódica. En ese contexto el MRTA actuó como una organización en armas que
buscaba el cambio social, sin embargo nunca descartamos el diálogo político
que pudiera evitar llevarnos a una guerra civil. Así, por ejemplo en 1985,
respetuosos de la voluntad popular expresada en las urnas declaramos una
tregua unilateral al gobierno de Alan García, para que pudiera cumplir con
sus compromisos electorales, la que duró hasta la masacre de los penales. A Fujimori también le planteamos el diálogo a través de uno
de sus congresistas en agosto del '90, pero no prosperó porque respondió que
el único diálogo posible era el de la rendición. ¿Está dispuesto a morir para hacer
escuchar sus reclamos? Siempre hemos asumido
las consecuencias de nuestros pensamientos y actos.
Marzo 2002 |
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