
"Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del señor" (Efesios 6:4). Es interesante observar que la palabra "disciplina" que se utiliza en este texto comprende la idea del castigo. Significa dirigir el desarrollo por medio del castigo a las malas acciones.
Los padres deben ser firmes y decididos en cuanto a mantener la autoridad, pero esta autoridad se debe basar siempre en el amor. Ciertamente, necesitan castigar a sus hijos, aún físicamente cuando sea necesario, tal como lo ordena la Palabra de Dios. Cuando lo hacen, en realidad están actuando en lugar de Dios al castigar el pecado y recompensar la rectitud. De esta manera les están enseñando e inculcando obediencia y disciplina a sus hijos.
Siento que de nuevo hablar e insistir acerca de mis puntos de vista respecto del trato abusivo a los niños, debido al gran número de personas a las que se ha condicionado de tal manera que hacen equivaler cualquier forma de castigo físico con el abuso corporal a los niños. Inevitablemente, cada vez que alguien alega que el castigo corporal puede mejorar las actitudes de un niño, se expone a que lo acusen de promover el abuso corporal.
Estamos muy conscientes de que hay individuos de mente enferma o poseídos por demonios que castigan físicamente a los niños de manera habitual y excesiva. Ni siquiera nos pasa por la mente la menor idea de promover, justificar o aprobar esta enfermiza y sórdida perversión. Estamos hablando del castigo físico discreto y racional de un niño que se ha comportado mal voluntariamente, a sabiendas de que no actuaba bien. El que quiera comparar, aunque sea por deducción, las leyes de Dios todopoderoso con el abuso físico a los niños, está tocando este asunto de una forma totalmente superficial.
El abuso físico a los niños es un horrible crimen. Lamentablemente, se está convirtiendo en algo cada vez más común, día tras día. En lo que a mi respecta, el abuso físico a los niños podría ser considerado el peor de los crímenes que se pueden cometer. No conozco con exactitud las balanzas que Dios usa para clasificar los pecados, pero en los niños pequeños hay algo que me estremece el corazón. Son inocentes y desvalidos. Pensar que un miserable borracho, un bestial y perverso sádico se aproveche de uno de estos pequeños y lo hiera, le haga daño o lo asesine, es algo simplemente indescriptible.
No obstante, el simple hecho de que existan quienes maltratan físicamente a los niños, y de que esto sea algo tan irreprensible, no niega de forma alguna el plan de Dios, ni tampoco sus indicaciones directas respecto del castigo corporal. Es necesario administrar ese castigo; por supuesto, debe hacerse siempre con amor, comprensión y compasión.
La exhortación de Pablo en Efesios 6:4 habla de que no provoquemos a ira a nuestros hijos y al mismo tiempo los criemos en disciplina y amonestación del Señor. Es evidente que un padre no debe hacer aquellas cosas que provocan innecesariamente a un hijo suyo. Cuando se corrige y castiga a u niño con amor, los resultados pueden ser positivos. En cambio, la confrontación carente de sensibilidad, y el desafío que provoca, sólo producirán la pérdida de la comunicación y quizá resultados permanentemente negativos. Probablemente, debido a falta de sabiduría y a excesos ocasionales, hay quienes tratan de combatir todo el proceso de disciplina y castigo. Por supuesto, el secreto está es saber administrarlos con sabiduría y amor.