
El que un niño se permita acciones seriamente malas de grave importancia. El Antiguo Testamento afirma que es mejor para los padres que su hijo haya fallecido, que verlo desobediente a Dios y a la autoridad y orientación paterna.
Esto podría parecer rudo para los padres acostumbrados a los indulgentes códigos de conducta de la actualidad, pero la Biblia dice:"Si alguno tuviere un hijo contumaz y rebelde, que no obedeciere a la voz de su padre no a la voz de su madre, y habiéndole castigado, no, les obedeciere; entonces lo tomarán su padre y su madre, y lo sacarán ante los ancianos de su ciudad, y a la puerta del lugar donde viva; y dirán a los ancianos de la ciudad: Este nuestro hijo es contumaz y rebelde, no obedece a nuestra voz; es glotón y borracho. Entonces todos los hombres de su ciudad lo apedrearán, y morirá; as� quitarás el mal de en medio de ti, y todo Israel oirá, y temerá" (Deuteronomio 21:18-21).
En los días del Antiguo Testamento había castigos reservados para la rebeldía. Se la consideraba algo muy serio. Las consecuencias de que no disciplinemos a nuestros hijos pueden ser aún peores que la muerte misma. Esto es evidente hoy, cuando miramos a nuestro alrededor y vemos los resultados de una generación indisciplinada y rebelde que invade toda la sociedad. Sus acciones han provocado la catástrofe para muchos inocentes y un buen número de muertes reales. Los que creen que todos somos buenos retroceden ante el pensamiento de castigar cualquier delito, y la consecuencia es que estamos viviendo en medio de la anarquía. Lo menos que podemos hacer, al ver los resultados de sus métodos, es preguntarnos: La muerte de unos pocos, como ejemplo para los muchos, ¿No habría salvado a largo plazo más vidas que las que se pierden anualmente a causa de los crímenes?
Por supuesto, las prácticas del Antiguo Testamento acerca de la desobediencia y la rebelión no hallarían mucho apoyo en la sociedad actual. Sin embargo, todavía sirven como faro para dirigirnos y como advertencia respecto de lo que serias que son estas situaciones. Cuando los hijos crecen y llegan a extremos, como han hecho algunos, no estaría mal del todo que sus padres usaran algunas medidas extremas para tratar de detenerlos en su descenso al pantano de la perversión. Las actitudes fáciles y modernas que existen en la sociedad han permitido que los cimientos mismos de la civilización se vean amenazados. El elemento básico en demasiados de estos casos es el abandono total del ejercicio de la autoridad por parte de los padres en el hogar.
Volvemos a insistir en que, de acuerdo con la Biblia, la disciplina de los niños, incluso la corporal, a fin de castigar el pecado y mover a la obediencia, es absolutamente esencial para el desarrollo correcto de los jóvenes, a fin de que se conviertan en adultos morales y rectos.
Si los padres y los hogares de hoy regresaran a las "anticuadas" enseñanzas del Antiguo testamento, tendríamos mucha menos delincuencia juvenil, jovencitas embarazadas, niños con drogas y vidas destrozadas que son la consecuencia de estas desviaciones respecto de la moralidad de Dios. La causa básica del deterioro de la sociedad es el repudio general de Dios, de su Palabra y de sus principios. Los padres modernos se burlan de la Palabra de Dios todopoderoso. Aun los que profesan ser cristianos, al mismo tiempo que apoyan verbalmente la Palabra de Dios, rechazan sus indicaciones concretas cuando se trata de los detalles en la crianza de sus hijos.
Las naciones se levantan o caen según lo hagan sus hijos. Nuestra sociedad actual se halla en graves aprietos hoy, debido a la delincuencia juvenil. Hoy jovencitos de muy tierna edad que cometen asesinato; otros, que incluso es posible que no hayan llegado aún a la adolescencia, están seriamente enredados en el vicio de las drogas. La falta de restricciones en la casa, disciplina y normas ha causado esto. Dios ha hecho responsables a los padres de la disciplina, el control y la formación del niño