
En el patriarca Abraham tenemos un ejemplo perfecto de lo que es disciplinar a los hijos. Dios lo bendijo grandemente porque pudo confiar en su forma de educar y controlar a sus hijos.
He aquí por qué Dios le confió a Abraham sus planes de destruir a Sodoma y Gomorra: "Y Jehová dijo: ¿Encubriré yo a Abraham lo que voy a hacer, habiendo de ser Abraham una nación grande y fuerte, y habiendo de ser benditas en él todas las naciones de la tierra? Porque yo sé que mandará a sus hijos y a su casa después de sí, que guarden el camino de Jehová, haciendo justicia y juicio, para que haga venir Jehová sobre Abraham lo que ha hablado acerca de él" (Génesis 18:17-19).
Dios le contó sus planes a Abraham y confió en él porque, como él mismo dijo: "Yo sé que mandará a sus hijos y a su casa después de sí, que guarden el camino de Jehová, haciendo justicia y juicio".
Al leer esto, vemos claramente que Dios le prometió bendiciones a Abraham debido a la forma en que Abraham controlaba su casa y sus hijos. Era una figura paterna fuerte, no sólo por su gran autoridad, sino también como ejemplo de amor e interés. Mandaba a sus hijos y a su casa "después de sí"; esto es, los dirigía por medio del ejemplo de tal forma que Dios sabía que seguirían el camino que Él había trazado para ellos.