EL CASTIGO DE LAS MALAS ACCIONES


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Los padres deben castigar el pecado y recompensar la rectitud en un niño. En realidad, esto no es ni más ni menos que una imitación de lo que Dios hace con todos los hombres. Los padres deben estar dispuestos a asumir esta responsabilidad, porque en un sentido muy real, ocupan el lugar de Dios ante sus hijos. Aunque ambos padres comparten esta responsabilidad, el padre tiene en particular el deber de administrar la autoridad de Dios sobre sus hijos y en la familia. Debe actuar como el representante de Dios en el hogar.

Dios dijo esto de Abraham: "Yo sé que mandará a sus hijos y a su casa después de sí" (Génesis 18:19). Muchas veces, la Bíblia usa a un padre humano para mostrar cuál es la actitud de Dios hacia sus hijos. Por tanto, el padre tiene un lugar concreto y especial dentro del hogar.

"Como el padre se compadece de los hijos, se compadece Jehová de los que le temen" (Salmo 103:13).

Cuando Jesús les ense�ó a orar a sus discípulos, les dijo: "Cuando oríis, decid: Padre nuestro que estas en los cielos" (Lucas 11:2).

Despéus de esto dijo: "Pues vosotros, siendo malos sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿Cuánto más vuestro padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan?" (Mateo 7:11). Por consiguiente, los padres se hallan revestidos ante sus hijos de la autoridad de Dios, lo sepan o no. De aquí que tengan el deber de darles órdenes e instruirlos en los caminos del Señor.

"Hijos, obedeced a vuestros padres en todo, porque esto agrada al Señor" (Colosenses 3:20).

El escritor usa la palabra "todo", pero se refiere concretamente a las cosas de Dios. Los padres no pueden exigir nada impío de sus hijos. No hace falta decir que este versículo no está hablando de explotación. "Todo" significa "todo lo que se decente y correcto". De ninguna forma quieren decir aquí las Escrituras que los hijos deban estar dispuestos a colaborar con sus padres en acciones pecaminosas, inmorales o ilegales.

Estamos viviendo en tiempos terriblemente pecaminosos y pervertidos. Hay padres que exigen de sus hijos cosas tan impías que es imposible describirlas. Dios no exige de ningún hijo, ni le pedirá cuentas si no obedece a sus padres en caso de que éstos le exijan que robe, cometa sus actos lujuriosos o realice alguna otra obra mala. Por supuesto, la enseñanza básica sigue siendo absolutamente correcta y adecuada, cuando afirma que los hijos deben obedecer a sus padres.

Los Diez Mandamientos nos indican: "Honra a tu padre y a tu madre para que tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da" (Éxodo 20:12). O sea, que los padres tienen la autoridad de Dios sobre sus hijos, y ésta es una responsabilidad sumamente seria.

Cuando uno de los hijos de Dios actúa mal, Él puede actuar de dos formas en esta situación. En primer lugar, les pide a sus hijos, es decir, a usted y a mí, si somos cristianos; que se juzguen a sí mismos; esto es, que debemos reconocer que hemos actuado mal y dedicarnos a resolver el problema. De esta forma, Dios no tendrá que juzgarnos ni castigarnos. Sin embargo, si nos negamos a juzgarnos a nosotros mismos, entonces Dios tendrá que administrarnos el castigo.

Eso mismo es lo que pide Dios de nosotros como padres. Quiere que, como representantes suyos, tratemos a nuestros hijos de igual forma que Él nos trata a nosotros. Dios tiene que castigar a sus hijos, y la Bíblia enseña claramente que los padres deben hacer lo mismo con los suyos, por el bien de ellos. Dios dice: "Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos, porque ¿Qué hijo es aquél a quien el padre no disciplina?" (Hebreos 12:7).

El ser hijo entraña en una misma naturaleza el recibir castigo cuando sea necesario: el ser padre conlleva por naturaleza el dar ese castigo. Cuando el niño necesita un castigo corporal, la voluntad de Dios es que lo reciba. Se debe dar en amor, pero el que perderá será el niño si no se le da.

La norma de Dios al respecto es clara: "Porque el Señor al que ama, disciplina y azota a todo el que recibe por hijo. Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos: porque ¿Qué hijo es aquél a quien el padre no disciplina? Pero si se os deja sin disciplina, de la cual todos han sido participantes, entonces sois bastardos, y no hijos" (Hebreos 12:6-8).

Este texto de las escrituras afirma que si no se corrige y castiga a un hijo, se lo está tratando como si no fuera hijo legítimo, sino bastardo. Todo padre que no castigue corporalmente a sus hijos cuando lo necesiten, los está tratando como si no fuera hijo legítimo, sino bastardo. Podrá parecer dura esta afirmación desde dos puntos de vista. En primer lugar, la idea de "castigar corporal" podrá sonar demasiado severa para muchos, porque el castigo podría volverse excesivo. Sin embargo, no estamos hablando de golpear abusivamente a los niños de ninguna forma. Es un triste comentario acerca de lo enferma que está nuestra sociedad, el que exista un crimen como el golpear abusivamente a los niños. Sin duda, hay adultos impulsados por demonios que golpean fuertemente a los niños. Oímos hablar de casos en que sus cuerpos han quedado llenos de contusiones y les han roto huesos. Esto no es más que brutalidad, y no guarda relación alguna con la corrección amorosa, la disciplina, o el acto natural de aplicar una corrección física. La gente que causa un dolor así a los niños necesita ayuda, y ciertamente, sus pequeñas víctimas necesitan protección

De lo que estamos hablando es de la necesidad de una corrección y una disciplina positivas; de aquí el castigo corporal cuando sea adecuado. A un niño pequeño quizá sea necesario golpearlo con una pequeña vara o algo similar, que podría ir creciendo algo en diámetro a medida que pase el tiempo, o quizá una paleta pudiera reemplazarla.

Nunca debe ser ningún objeto que ponga en peligro la integridad física del niño en forma alguna. El castigo corporal correcto y juicioso hace reaccionar, pero no hiere. Los padres tienen la ineludible responsabilidad y el deber de castigar a sus hijos.

Estamos viviendo en unos días en que la delincuencia juvenil abunda de manera incre�ble. Hay muchas prostitutas adolescentes (e incluso preadolescentes) en las grandes ciudades. Cerca de la mitad de jovencitas que quedan embarazadas tienen hijos ilegítimos. Las jovencitas fuman, beben licor, toman drogas y se enredan en actividades inmorales y delictivas. Es un cáncer de nuestra sociedad, manifestación de la terrible cosecha que hay que recoger cuando una nación deja de seguir los caminos y las palabras de Dios. Esta tendencia ha sido ampliada por la "iluminada" actitud de una generación de educadores a quienes les ha disgustado todo tipo de disciplina.

Gracias a Dios, estamos comenzando a regresar a la disciplina, aunque sólo sea un poco. Mucha gente se burla del castigo corporal, a pesar del hecho de que está claramente enseñado n la Bíblia y completamente reivindicado por la experiencia práctica. La única respuesta a la delincuencia juvenil, la única respuesta a una generación que ha crecido sin fe en Dios y carente de domino propio, es volver a la Bíblia y redescubrir los métodos de Dios para educar jóvenes de carácter. ¿El sistema de Dios? Una disciplina inteligente y llena de oración en el hogar, desde los primeros días de la vida. Esto es absolutamente esencial para el crecimiento y desarrollo de hombres y mujeres decentes y honorables.

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