“De la linealidad a la complejidad en comunicación.
Una perspectiva semiótica”
CARLOS EMILIANO
VIDALES GONZÁLES
ÍNDICE
INTRODUCCIÓN…………………………………………………………………….
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1 |
CAPÍTULO I. MARCO DE REFERENCIA ………….……………………………
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10 |
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1.1.
Nociones
preliminares…………………………………………………………...... 1.1.1. La polisemía de la comunicación…………………………………………... 1.1.2. El debate sobre la disciplinariedad en
comunicación….………………….. 1.1.3. La importancia de la semiótica
en los estudios y los modelos de comunicación…………………………………………….………………… 1.2.
Los
conceptos……………………………………………………………………... |
10 15 17 20 24 |
CAPÍTULO
II. HACIA
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27 |
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2.1. El proceso de
significación..……………………………………………………… 2.1.1. Del signo a la producción de sentido...…………………………………….. 2.1.2. Dos
hipótesis…...……………………..……………………………………. 2.1.3. El significado como unidad
cultural..……………………………………… 2.1.4. El
código…..………………………………………………………….……. 2.2. La estructura
de los diagramas lineales de la comunicación…………………….... 2.2.1. El problema del emisor, el
receptor y la linealidad…...…………….……… 2.2.2. La noción de pluricódigo en la
comunicación humana……..……………… 2.2.3. La dinámica del proceso de
comunicación humana…………..……………. 2.3. Comunicación y
complejidad…..…………………………………………………. 2.3.1. Algunas nociones de
complejidad…..……………………………………… 2.3.2. Breves nociones de
epistemología de la complejidad a partir de Edgar
Morin…..………………………………………………………… 2.3.3. La relación de los macro
conceptos……..……………………………….… |
27 28 34 36 38 44 45 48 52 56 57 61 65 |
CAPÍTULO III. DE
|
69 |
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3.1. La
“refundición” epistemológica…..…………………………………………...… 3.1.1. La semiótica como epistemología………………………………………….. 3.1.2. La semiótica como punto de
vista………………………………………….. 3.1.3. Desde el punto de vista
comunicativo……………………………………… 3.2. La
comunicación como sistema…..…………………………………………….… 3.2.1. La teoría general de los sistemas…..……………………………………..… 3.2.2. La comunicación entendida como
un sistema….………………………….. |
69 72 75 80 83 84 89 |
CAPÍTULO
IV. HACIA UN MODELO COMPLEJO DEL PROCESO
DE COMUNICACIÓN HUMANA……………………………………:………………...
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93 |
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4.1. Los primeros
esquemas o los micro procesos comunicativos…..………………… 4.2. La
esquematización de la propuesta…..…………………………………………... 4.3. Los macro
conceptos y sus relaciones…...……………………………………….. |
94 101 103 |
CONCLUSIONES……………………………………………………………….……
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107 |
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS ……………………………………………...
|
110 |
Durante
el curso de primavera (enero-mayo) de 2002 y producto de la asignatura de
Modelos de Comunicación, se comenzó a gestar lo que terminaría en el presente
proyecto de investigación, pero sobre todo, lo que habría de generar la
necesidad de una visión diferente sobre las teorías de la comunicación que
posibilitara la incorporación de elementos y metodologías diferentes en la
construcción de los modelos de comunicación. El hecho de nombrar el curso de
modelos de comunicación cobra importancia por ser el gestor de los contenidos,
la metodología y las metas que posteriormente tratarían de alcanzarse. La
necesidad de plantear los modelos como sociales, de integrar elementos
diferentes a los que se han venido
utilizando en la teoría de la comunicación, la integración de dimensiones
territoriales distintas, la retórica esquematización vinculada a la teoría y
ésta a los modelos, fueron algunos de los planteamientos que nacieron no
productos de la profundidad de los análisis hechos durante el curso, sino
producto de lo contrario. Durante el mismo periodo descrito, una asignatura más
determinaría el camino metodológico y la principal herramienta que desde ese
momento se comenzó a utilizar directamente en el análisis de las teorías y
modelos de comunicación existentes. La semiótica se convirtió así en el pilar
fundamental bajo el cual se construiría el objeto de estudio y funcionaría como
sustento epistemológico de la presente investigación.
De forma conjunta, diversos
encuentros de investigación a nivel nacional e internacional en los que se tuvo
la oportunidad de participar como ponente y/o asistente, y el constante
intercambio de experiencias y trabajo con investigadores de diferentes centros de
estudio al interior y al exterior del país, fueron aportando un panorama
general del estado actual de los modelos y las teorías en comunicación. Con
esto, se logró construir el marco conceptual bajo el que se sustentaría la
investigación, así mismo, fue importante para poner en discusión los adelantos
y resultados que la investigación fue presentando.
El vínculo estrecho con la realidad
latinoamericana, el interés por recobrar el aspecto humano-social de la
comunicación, la inquietud por proponer formas y caminos diferentes para
explicar un fenómeno, la preocupación por la pérdida de la dinámica de los
procesos comunicativos, la teoría de la información, la teoría de sistemas, el
conocimiento y descubrimiento del paradigma de la complejidad y su repercusión
en las ciencias sociales, la inquietud por recobrar lo interdisciplinar de los
estudios, las matemáticas y las ciencias duras como gestoras de conocimiento
social, entre otras, fueron las principales motivaciones que impulsaron a la
presente investigación. Pero sobre todo la necesidad de participar en la
construcción de un sustento teórico específico para el campo de la
comunicación.
Más
que un muestrario o guía de los modelos que se han generado para explicar la
dinámica de los procesos comunicativos o la comunicación misma, consideramos
importante problematizar su lógica constructiva, sus elementos, conceptos y las
relaciones que se generan entre éstos sin establecer a ninguno como marco
específico de referencia. La importancia de hablar sobre modelos de
comunicación recae en la construcción teórica en sí, es decir, que más allá de
la esquematización o geometrización del pensamiento (Bachelard, 2000), los
modelos suponen un marco teórico específico, una teorización y reflexión en
torno a su objeto de estudio y, para nuestro caso, los modelos suponen una
reflexión en torno a los procesos comunicativos, sus relaciones, sus elementos
y los conceptos que usamos para definir a nuestro objeto de estudio central que
es la comunicación. Por lo tanto, lo que aquí se presenta es un marco
explicativo que incluye aspectos lógicos, conceptuales, epistemológicos y
gráficos en torno al proceso de comunicación y los múltiples procesos que se
desarrollan de forma paralela.
Debido
a que la investigación no se planteó en ningún momento la revisión de la
totalidad de los modelos de comunicación existentes, se establecieron tres
criterios de selección: i) se tomaron directamente los modelos cuyo principio
constructivo fuse el principio de linealidad, ii) los modelos que no nacieran
específicamente de los estudios de los medios masivos y, iii) aquellos que
nacieran desde la semiótica, sobre todos los que contemplaran dentro de sí los
procesos de significación. De esta forma
se creó un marco de referencia explícito y de discernimiento que estableció los
modelos que funcionaron como ejemplos o como fuentes epistemológicas a lo largo
de la investigación.
Con
lo anterior se entiende que la construcción teórica a la que se llegó al final
de la investigación esta sustentada en trabajos e investigaciones previas que
se enmarcan en dos grandes campos del conocimiento: la teoría de la
comunicación y la semiótica. Pero de ésta última más que teoría semiótica se
utilizaron teóricos con objetos y propuestas epistemológicas de la semiótica como
ciencia unificada, esto, con la finalidad de convertir a la semiótica en fuente
epistemológica primaria de la comunicación. Por lo anterior, la metodología que
se siguió fue en un principio una fase exploratoria y de discernimiento entre
los modelos existentes de acuerdo con los criterios antes señalados, para
posteriormente hacer la refundición epistemológica de los elementos, funciones,
procesos y conceptos de la revisión previa y de los que nosotros incluimos como
aporte y esquematización final de la propuesta.
La
investigación que ahora se presenta es el resultado de cuatro años de
invetigación y varias discusiones con especialistas del tema entre los que se
encuentran el Dr. Jesús Octavio Elizondo Martínez de
El
proósito principal de la investigación es contribuir a la consolidación de la
comunicación como un campo de reflexión autónomo, esto a partir de la
reflexión, análisis, estudio y propuesta teórica de los modelos que explican
sus procesos, sus elementos, los conceptos y los esquemas resultantes. Todo
esto a partir de una visión semiótica que funciona al mismo tiempo como
herramienta metodológica y, como ya hemos dicho anteriorimente, como fuente
epistemológica primaria. Pero el propósito de la investigación esta en estrecha
relación con el problema de investigación, es decir, la explicación de los
procesos comunicativos a partir del principio de linealidad, al que
consideramos como una parte del proceso y al que proponemos una visión
complementaria al incluir un visión desde la complejidad y la teoría general de
sistemas. Así, lo que se presenta es una propuesta teórico-esquemática de los
procesos comunicativos en general, a partir de la refundición espistemológica,
todo, desde una perspectiva semiótica.
Los primeros enfoques que intentaron
explicar a la comunicación no se orientaron hacia la noción de proceso, sino
que la entendieron como una relación de causa-efecto, pero de una manera
directa, es decir, que la comunicación se limitaba a que un comunicador hace A,
luego B y después ocurre C (Berlo, 2000). De dicha forma de entender el
fenómeno de la comunicación nacieron teorías como la de la “aguja hipodérmica”
en donde los mensajes son dirigidos a un sector específico, el cual responde de
acuerdo a lo planeado, es decir, a la configuración específica de los mensajes
emitidos, la codificación y la decodificación son exactas. Con el tiempo fue
necesario hacer nuevas consideraciones en torno a la comunicación, sus
elementos y la forma en que ésta se sucedía en espacios específicos, de esta
manera comienza a ser importante i) quién esta comunicando, ii) por qué se está
comunicando y, iii) con quién se está comunicando. Todo esto llevaba a integrar
de forma directa el análisis de los mensajes que son emitidos en los procesos
comunicativos, con el fin de entender y comprender qué es lo que la gente está tratando de comunicar al entablar un
proceso comunicativo. En este momento las investigaciones en comunicación se
dirigieron directamente a estudiar los mensajes, no obstante, está es una de
las líneas de investigación que perdura hasta la actualidad[1].
Uno
de los modelos contemporáneos más utilizados fue desarrollado por el matemático
Claude Shannon en 1947 (Shannon, 1948) y puesto al alcance del público por
Warren Weaver. Pero dichos modelos no hacían referencia a la comunicación
humana sino que explicaban la comunicación electrónica, no obstante hubo más de
un científico que consideró que dicho modelo podía ser utilizado también para
explicar la comunicación humana. Algunos investigadores de la comunicación
siguen usando este modelo para explicar la naturaleza de la comunicación, sobre
todo aquellos que están inmersos en el estudio de la comunicación
organizacional. En 1983 cuando aparece la primera edición de The Dynamic of Mass Communication
(Dominick, 2001), Joseph R. Dominick explica el proceso de la comunicación
siguiendo este mismo modelo, y aunque sugiere nuevos elementos, el principio
sigue siendo el mismo: una fuente, un proceso de codificación, un mensaje, un
canal, un proceso de decodificación, un receptor potencial para la
retroalimentación y posible ruido.
Pero una de las principales
dificultades a las que se ha enfrentado la comunicación es a su consolidación
como campo de estudio, disciplina científica o ciencia. Semejante problema no
se reduce a la simple terminología, sino que conlleva efectos mucho más
importantes que van desde la crisis de su objeto de estudio hasta su disolución
en una infinidad de líneas de acción e investigación. Ante semejante panorama
la tarea no puede ser realizada de forma individual, por lo que desde hace
varios años se han creado distintas redes nacionales e internacionales que
trabajan desde una perspectiva definida algunos de los principales problemas de
la comunicación. Ya sea desde su planeación curricular hasta los aportes
teóricos, cada red ha definido desde donde aportará a la comunicación. Ejemplo
de estas redes son
Por lo anterior, la línea de investigación que
se pretende seguir son los modelos de comunicación, todos ellos a través de la
semiótica de la comunicación. El objetivo que se persigue es “De la linealidad
a la complejidad en comunicación. Una perspectiva semiótica”. Para esto es
necesario el recorrido por diferentes teorías y teóricos que han escrito sobre
la comunicación o que han abordado la construcción de modelos teóricos y la
construcción del pensamiento, entre ellos se encuentran: Umberto Eco, Iuri
Lotman, Jacques Fontanille, Oscar Quezada Macchiavello, Claude Zilberberg,
Gaston Bachelard, Edgar Morin, Roland Barthes, Eliseo Veron, L. V. Bertalanffy,
Julia Kristeva, D. K Berlo, entre otros.
Consideramos
que los principales problemas que ha enfrentado y enfrenta la comunicación es
que no es factible explicar dicho fenómeno a través de modelos lineales[2], por lo que para su explicación es necesario incluir la noción de
tiempo, código, el proceso de significación, la complejidad y la teoría de
sistemas. Con esto intentaremos construir un vínculo entre la teoría y la
praxis, en vías de una reestructuración epistemológica de los modelos que
explican dicho fenómeno. Pero consideramos necesario partir de los procesos
comunicativos primarios para poder entender sus relaciones y posteriormente sus
interconexiones en relaciones macro, por esto, también es necesario replantear
los elementos que intervienen en el proceso comunicativo, así como las
relaciones que se establecen entre cada uno de ellos. Nos preguntamos entonces,
¿es viable seguir explicando a la comunicación a partir del principio de
linealidad? ¿Cuáles con los elementos que intervienen en los procesos
comunicativos y qué relaciones se generan entre éstos? ¿Qué sucede con los
conceptos y elementos de los modelos lineales al ser insertados en un modelo cuyo eje articulador es la teoría
de sistemas y la complejidad? ¿Es viable la propuesta de un modelo teórico de
la comunicación de corte semiótico? ¿Por qué la semiótica? ¿Cuál es el grado de
pertinencia de una propuesta de esta naturaleza? ¿Nos puede ayudar la propuesta
de un modelo teórico a explicar la producción/generación de sentido en la comunicación? ¿Es este sentido devenido
producto del proceso de comunicación?
Al
tratar de dar respuesta a estas preguntas intentamos aportar en la
consolidación teórica de la comunicación, así, el presente trabajo se ocupará
únicamente del plano teórico de la comunicación, lo cual, funcionará como una
metodología para futuras investigaciones que tengan como tema central cualquier
manifestación que implique directamente a la comunicación. En consecuencia a lo
anterior, la investigación sugiere como principal aportación un modelo teórico,
construido bajo nociones que hasta el momento no han sido consideradas en los
modelos teóricos precedentes. Esto, al integrar conceptos diferentes, o que
hasta el momento no han sido considerados para el estudio de la comunicación
como la noción de código, las temporalidades concomitantes, el proceso de
significación, la simultaneidad en el tiempo, las relaciones de transferencia
de información, los espacios semióticos y las relaciones que se establecen
entre todos los elementos involucrados.
La
importancia de un trabajo de estas características radica en la necesidad de
consolidar a la comunicación como una ciencia, para esto, es necesario el
trabajo teórico, la sistematización de su historia y metodologías, la revisión
de los planes curriculares, etcétera, en vías a la construcción de un campo
teórico propio. Es en este último punto, en lo que concierne a la teoría de la
comunicación, es en donde inserta la presente investigación. Es decir, que
intentamos conocer y describir la noción de comunicación, de proceso de
significación y la generalidad de los modelos de comunicación, con la finalidad
de hacer una propuesta semiótica de reestructuración de los actuales modelos de
comunicación con miras a la construcción de un modelo comunicativo. Todo esto
porque consideramos que “para explicar el fenómeno de la comunicación es
necesario la reestructuración epistemológica de los actuales modelos teóricos
de la comunicación a fin de entenderla como fenómeno complejo y poder a portar
en la consolidación de ésta como campo académico”.
En
el marco del desarrollo de las nuevas tecnologías, la puesta en marcha de modelos
económicos globales y el diálogo constante entre ciencias y disciplinas del
pensamiento, la comunicación ha hecho su entrada en el ámbito académico como
una dimensión que, de igual forma, ha expandido sus fronteras de pertenencia y
sus límites de discusión para convertirse en un discurso formalizado en torno a
una multiplicidad de temas que van desde los estudios culturales y de recepción
a los que están dedicados a los nuevos enfoques teórico-metodológicos y formas
emergentes del pensamiento comunicacional. Pero la problemática de su
constitución como campo de estudio autónomo ha desbordado las fronteras de los
espacios académicos de la comunicación para envolver diferentes ciencias y
disciplinas del pensamiento, convirtiendo esta discusión en una de las más
importantes en el campo de la comunicación.
En
este marco, las posturas son diferentes, aquellos que consideran a la
comunicación como un proyecto realizable, el proyecto de “hacia una
comunicología posible” (Galindo, 2002a, 2002b, 2003a, 2003b, 2003c), aquellos que piensan que no hay mayor
discusión y que la comunicología existe en tanto existen los comunicólogos
(entendidos éstos como cualquier egresado de una carrera de comunicación), en
este grupo se encuentran los dedicados al estudio de los medios masivos de
información. Y, finalmente, se encuentra el grupo de aquellos para los que la
comunicación no es más que el resultado de ciertas investigaciones que se
articulan bajo el nombre de comunicación (Galeano, 1997). En este punto es
importante señalar que la presente investigación comparte el punto de vista del
primer grupo, es decir, la posibilidad de generar un proyecto de comunicología
capaz de sistematizar su propia historia, fundamentar epistemológicamente su
campo de acción, generar bases de datos y sistemas de información, generar una
matriz constructiva con principios y conceptos constructores y sobre todo,
generar la posibilidad de trabajar en red con diferentes investigadores, porque
una tarea de semejantes dimensiones sólo se puede entenderse a través del
trabajo colectivo, del compartir los sistemas de información y los adelantos de
cada investigación en lo particular y su forma de articularse con el resto de
las investigaciones en general. Ahora bien, devenido de este programa se entiende a la comunicología (desde
una perspectiva sistémica) como el “estudio de la organización y composición de
la complejidad social en particular y la complejidad cosmológica en general,
desde la perspectiva constructiva-analítica de los sistemas de información
y comunicación que las configuran[3]”.
Esta definición de la comunicología nos
permite establecer la pertinencia de nuestro estudio que se entiende desde dos
dimensiones específicas. La primera de ellas esta en estrecha relación a
nuestro objeto de estudio: la comunicación como proceso humano desde una
perspectiva semiótica, es decir, que abordamos los procesos comunicativos desde
la comunicación, intentando convertir a ésta en metalenguaje de sí y generar
así esquemas explicativos que puedan ser usados en investigaciones posteriores.
Esta primera dimensión implica de lleno la discusión de la comunicación como
ciencia, sus problemas, sus dependencias epistemológicas y requiere de una
determinada visión de la comunicación y un punto de vista. Nosotros lo que
intentamos en contribuir desde el estudio de los procesos comunicativos a la
generación de un espacio conceptual nacido desde el campo de la comunicación
hacia el campo de la comunicación, todo desde una perspectiva semiótica.
La segunda dimensión consiste en compartir
la información. Desde finales del año 2004 cuando se comenzó a participar
activamente en el trabajo de
De
esta forma, la investigación se presenta como un aporte a la discusión del
actual discurso de la comunicación y como un intento en contribuir desde la
semiótica y la comunicación al proyecto general de “hacia una comunicología
posible”.
En la presente investigación se
utilizó un paradigma de tipo cualitativo con una fundamentación epistemológica
de corte fenomenológico, apoyado en la teoría de sistemas y el paradigma de la
complejidad, así, se pretenderá entrar solamente a una aproximación
interpretativa del fenómeno y no a la búsqueda de una verdad considerada
absoluta. Estas tres líneas estarán articuladas por una visión semiótica que se
explica detalladamente en el punto 3.1.
La
tarea de proponer un modelo teórico sobre los procesos de comunicación desde
una perspectiva semiótica requiere de un enfoque metodológico específico, el
cual esta en estrecha relación con el cuerpo capitular que presentamos. En el
capítulo I exponemos un punto de partida del estado actual de los estudios
teóricos de la comunicación que denominamos como nociones preliminares, así
mismo, explicamos el por qué de la inclusión de los elementos/conceptos que
proponemos y la pertinencia de cada uno de ellos en nuestro estudio, así,
creamos un punto de partida para nuestra reflexión. El capítulo II comienza con
el análisis del proceso de significación, pasando de la construcción del signo
a la generación del sentido y, finalmente el código, todo en vías de ponerlos
en relación con el proceso de comunicación en donde algunos elementos como el
código se entienden a través de su dinámica. Estas relaciones que se
establecerán entre cada elemento y cada proceso darán pie a la inclusión del
paradigma de la complejidad, paradigma con el que pondremos en relación a los
macro conceptos creados a través del análisis. Esto posibilitará la refundición
epistemológica[4],
tema central del capítulo III, en donde también incluiremos
CAPÍTULO I
Desde los años sesenta en que se comienzan a formalizar los
estudios en comunicación en México, iniciando con el programa ofrecido por
La realidad del siglo XXI
presenta características propias y distinguibles: un proyecto económico global
y un proyecto informático mundial, y ambas formas han afectado drásticamente a
la comunicación, ya sea al interior del campo de estudio o en sus diferentes
proyectos de investigación que se desarrollan desde los enfocados a los medios
masivos de información, los efectos de la puesta en marcha de esos modelos
económicos globales, hasta los intentos por generar un sustento teórico
específico. Lo cual ha creado la necesidad de una re-visión del enfoque no sólo
de lo que consideramos como comunicación, sino de su objeto de estudio, sus
métodos, sus relaciones con otras ciencias o disciplinas, hasta la emergencia
de nuevos enfoques teórico-metodológicos. En este capítulo nos encargaremos de
establecer un marco conceptual desde donde hablamos hoy en día de la
comunicación, sus principales problemas, los avances y las tareas que quedan
por realizar, así, situaremos implícitamente nuestra investigación desde un
espacio concreto.
1.1. Nociones preliminares
“Para una
guerrilla semiológica” fue el título de un artículo publicado en 1967 por
Umberto Eco en donde se lee que “no hace mucho tiempo que para adueñarse del
poder político en un país era suficiente controlar el ejército y la policía.
Hoy, sólo en los países subdesarrollados los generales fascistas recurren
todavía a los carros blindados para dar un golpe de estado. Basta que un país
haya alcanzado un alto nivel de industrialización para que cambie por completo
el panorama […] Hoy un país pertenece a quien controla los medios de
comunicación” (Eco, 1999c: 137). Y, aunque podamos tomar una postura a favor o
en contra, hay algo que no podríamos negar, y esto es, que las nuevas
tecnologías, las investigaciones y el campo de estudio de la comunicación como
fenómeno no reductible y complejo, han modificado drásticamente las estructuras
sociales y la manera en cómo interpretamos nuestra propia realidad.
Al hablar de los medios masivos de
comunicación, de la comunicación organizacional o del estudio y análisis del
fenómeno comunicativo en sí, no estamos hablando de manifestaciones que se
sucedan de forma aislada en un entorno social, al contrario, estamos hablando
de la forma en que se construye nuestro propio espacio, es decir, todas
aquellas manifestaciones que logran filtrarse hasta los llamados núcleos
sociales. Sin embargo, resulta
imprescindible la incorporación de las diferentes ciencias y disciplinas del
pensamiento para lograr caracterizar los distintos fenómenos de comunicación de
distintos rango, nivel, configuración y espacio-temporalidad. Las grandes redes
de la información se entremezclan para darle forma a la concebida idea de “la
aldea global” al mismo tiempo que transforman su posesión más valiosa, la
información, en un instrumento más de poder. Y aunque sigamos discutiendo sobre
la naturaleza del concepto que mejor define la extensión y repercusiones de un
mundo posmoderno imaginario, seguimos siendo espectadores de la forma en que
algunos países y los grupos más poderosos del mundo definen las nuevas
fronteras y las nuevas reglas económicas que rigen el comportamiento de las
naciones. Por ahora nos podemos seguir sintiendo cómodos si comulgamos con la
idea de Enrique Dussel y le adjudicamos a la modernidad su grado de pertenencia
y exclusividad a un territorio europeo (Dussel, 1998).
Ya en 1989 (García, 1989) y
posteriormente en 1999 (García, 1999), Néstor García Canclini hacía la primera
de las advertencias que implicaba la puesta en marcha de un modelo cultural
global que siguiera los mismos pasos del modelo económico global, esto, no sólo
al hablar de la hibridación de las culturas, sino al referirse a la
“globalización imaginada”. Los grandes puentes culturales que hoy se tejen
entre las distintas naciones han generado que la cultura compita o fortalezca
las reglas del libre mercado y que los elementos culturales se conviertan en un
objeto más con el cual comerciar. En un espacio social como éste, es en donde
se inserta hoy en día el discurso y gestión de la comunicación, y al no poder
aislar nuestro objeto de estudio a las paredes blancas de un laboratorio,
convertimos nuestros espacios sociales en lugares de experimentación y
análisis.
Los estudios serios dedicados
únicamente al análisis del fenómeno de la comunicación son relativamente
recientes[6], y al ser considerado como
elemento complejo de la red que tejen las diferentes manifestaciones sociales,
la comunicación sigue el mismo curso vertiginoso que corresponde a la velocidad
de desarrollo de la tecnología y la economía. De esta forma, se podría explicar
porqué la idea de progreso está tan ligada a la inminente tecnologización de
los espacios sociales o de cómo surge el paradigma de Lasswell, de Shannon y
Weaver, de Wilbur Schramm para explicar la transferencia de información
(Jiménez, 1994), la explicación del proceso de la comunicación (Berlo, 2000),
los procesos de significación en la cultura (Lotman, 1996, 1998, 2000), los
intercambios culturales en espacios social-territorial diferentes (García 1999
y Mattelart, 1981 y 1998) o la gestión de la comunicación en las empresas
(Costa, 1999).
De esta forma, no es pertinente
plantear a la comunicación como una de las grandes utopías del nuevo siglo,
simplemente porque es un fenómeno que actúa aquí y ahora y del cual no podemos
prescindir, esto, aunque el mismo fenómeno se manifieste de diferentes maneras.
Los discursos no funcionan si no tienen su contraparte en la acción, la palabra
requiere de ser dicha para ser escuchada, la comunicación requiere de algo más
que la simple acción. Ahora podemos decir que todo acto del cual el ser humano
sea consciente, involucra necesariamente una forma específica de comunicación y
una manera específica de ser estudiada, en tanto exista un proceso de
significación.
Bajo la estructura y la bandera de
modernidad-posmodernidad, las estructuras económicas fueron moldeando sociedades
diferentes: sistemas de comunicación que plantean la inmediatez de la
información como herramienta principal, y donde las barreras o puentes
culturales se desvanecen para darle paso a las reestructuraciones territoriales
y a la nueva polarización de espacios sociales en donde el grado de información
que posean se convierte en el principal indicador que marca la diferencia.
Paralelamente al desarrollo de este tipo especial de sociedades, los medios
masivos de comunicación y la práctica mediática formularon imaginarios
fundamentados en lógicas excluyentes y formas anticipadas de transformaciones
sistémicas, es decir, modelos que pretenden ser su auto justificación.
Pensar
en el desarrollo de la comunicación, los medios masivos, los intercambios culturales,
la reflexión del campo académico de la comunicación, la teoría de comunicación,
etcétera, es pensar lógicamente en un estudio interdisciplinario que pueda dar
forma a la telaraña que el aparato social forma cuando éste opera en sus
múltiples dimensiones, y al mismo tiempo es legitimar una forma de pensamiento
que puede ser fácilmente identificable. Con esto, salta a la luz la necesidad
de reestructurar los modelos o paradigmas comunicativos que explican el
fenómeno de forma lineal, para complementarlos con todos aquellos que incluyen
a la simultaneidad como elemento constitutivo dentro de su estructura, es
decir, la inclusión de la complejidad como eje articulador.
Si
bien asociamos de forma directa los estudios en comunicación con los mass
media, es necesario entender el fenómeno como característica tácita de un
aparato social que se fundamenta bajo la lógica de los lenguajes como
herramientas principales, y los cuales se han consensuado bajo códigos comunes.
Los intentos por esquematizar los diferentes procesos de comunicación o de
circulación de información, han guiado a la elaboración de complejos modelos,
los cuales tienen el inconveniente de sólo poder explicar al fenómeno que
estudian, ya sea social, tecnológico o mediático. Y conjuntamente se sectoriza
o aísla el objeto de estudio de su campo de acción con el fin de poder ser
analizado a detalle.
Una vez iniciado el discurso y
análisis formal del fenómeno de la comunicación éste tendió a seguir la ruta
del estructuralismo y convirtió a la comunicación en una manifestación lineal,
al tiempo que simplificaba su forma de operar y reducía a un mínimo los
elementos involucrados. Es así, que la explicación más satisfactoria contempló
únicamente tres elementos (emisor, mensaje y receptor) con interrelaciones
extremadamente simples (lineales) y donde la comunicación es un fenómeno que, visto de esta forma, es
difícil entenderlo como complejo. Pero es bajo este panorama y este tipo de
concepciones que se han venido desarrollando los estudios teóricos sobre la
comunicación, lo que impulsa a la necesidad de repensar las conclusiones y los
modelos teóricos que han nacido producto de este tipo de reflexiones, en vías a
entenderla en su accionar y posibilitar la creación de un modelo.
Derivado de lo anterior, los recientes estudios sobre el
campo de la comunicación han vislumbrado problemáticas concretas como su objeto
de estudio, su cualidad interdisciplinar y la reflexión sobre el contexto
institucional de su producción científica. Conjuntamente con la aparición de
nuevas líneas de investigación, se hace necesario una constante revisión no
sólo de sus objetivos y desarrollo, sino de los planteamientos epistemológicos
bajo los cuales están cimentadas las principales teorías de la comunicación, en
concreto, los modelos de comunicación.
El
problema fundamental sobre los modelos que han tratado de explicar la
naturaleza del fenómeno de la comunicación, es que han tendido a convertir en
estáticos a los elementos de un proceso que se caracteriza por ser dinámico y
complejo, al tiempo que han convertido en lineal las relaciones que se
establecen entre cada uno de éstos, los cuales no sólo intervienen en las
relaciones de comunicación (o de intercambio de información) sino en el proceso
mismo de la comunicación. De igual forma, lo estático del proceso no sólo debe
ser entendido como la detención de un movimiento implícito, sino que es
necesario entender dicha secuencia temporal como simultánea, lo cual, aunque
resulte paradójico, es lo que guiará una de las líneas que habremos de seguir.
Es así, que surge un último problema y que concierne a los elementos que se han
utilizado en la explicación del fenómeno de la comunicación, no sólo por su
carga histórico-conceptual, sino por la función que cumplen en la dinámica de proceso.
Así,
los problemas en cuanto a las teorías y modelos que se han venido utilizando
pueden ser enumerados de la siguiente manera:
1.1.1. La polisemia de la comunicación
Con lo primero que nos
enfrentamos al intentar hablar desde la comunicación sobre la comunicación es
con el problema de su definición, su utilización y el proceso que designa, así
mismo, nos enfrentamos al problema de la constitución de su campo disciplinar y
algunos enfoques emergentes. Este primer problema no sólo se reduce a la
definición de un término, sino que tiene que ver con su utilización y su
espacio de pertenencia.
En principio el término
“comunicación” es utilizado para designar las relaciones entre seres humanos
pero que están mediadas por la palabra, los gestos, las imágenes o la
percepción de los sentidos, pero también es utilizado para designar relaciones
entre animales y máquinas, en las transmisiones de energía, en el código
genético, etcétera. Por tanto, la comunicación se dice “del hombre pero también
del animal y de la máquina; de la relación entre dos personas pero también del
monólogo solitario y de la multitud; de la voz pero también del gesto y de la
imagen; de los canales sensoriales pero también de los extrasensoriales; del
intercambio de ideas y opiniones pero también del diálogo de sordos; de la novedad pero también de la redundancia;
del acto, del proceso pero también de su resultado; de las partes involucradas
pero también del mensaje y del medio” (Luiz C. Martino en Vassallo y Fuentes
2001:76-77). Esta polisemia se comprueba en el espacio social que es propio a
cada individuo y en donde la comunicación puede inclusive significar muchas
otras cosas más o limitarse a un único significado consensuado, impuesto o
arbitrario. Este problema hace compleja la reflexión científica de un campo
disciplinar, sobre todo al intentar establecer el lugar desde donde se
reflexiona sobre determinado fenómeno, puesto que más tarde el resultado del
discurso estará en estrecha relación de fundamentación con ese espacio o lugar
de pertenencia.
La comunicación es el nombre de
muchos fenómenos que juntos configuran un espacio conceptual amplio y confuso.
Con el mismo nombre se llama a las carreteras y a los puentes, a los
automóviles, los barcos, los aviones y los trenes. A la radiodifusión, al cine,
a los periódicos. Y también a las relaciones de pareja, familiares, vecinales y
laborales. E incluso a un partido de fut-bol, a una reunión religiosa en un
templo, a una fiesta, a una campaña política. Y más, a las relaciones sexuales,
a las relaciones pedagógicas, interétnicas, a la historia. E incluso a las
interacciones entre insectos, animales, y hasta a las relaciones químicas y
entre planetas del sistema solar. Todo esto y más participa del espacio
conceptual de la comunicación. Como se puede apreciar es necesario un perfil
más claro de lo que es y no es, desde qué punto de vista, con qué
implicaciones, y bajo que condiciones. En fin, algo más que una noción general
compartida (Galindo, 2003c).
La importancia de establecer
no una definición, sino un campo discursivo en donde se entienda a la
comunicación de una determinada manera, implica que dicha consideración no es
únicamente para la utilización o no del término en lugares determinados, sino
que al mismo tiempo esa definición generará implícitamente una plataforma estructural
en donde se establecerán los elementos que más tarde consideraremos como partes
integrales de un proceso de comunicación. Es decir, que este campo discursivo
al que hacemos alusión es la primer fuente epistemológica de la comunicación,
no sólo a nivel semántico o como simple significado de un término (palabra)
sino que establece inmediatamente un campo de acción. La comunicación humana,
entre máquinas o entre animales contienen elementos distintorios y campos
discursivos altamente especializados, aunque podamos preguntarnos sobre la
pertinencia de la utilización del término en determinados fenómenos de
transferencia o intercambio de información. Lo que nosotros iremos haciendo es
crear nuestro propio campo y lugar de pertenencia desde donde se entienda
nuestra propuesta teórica sobre la comunicación pero desde una perspectiva
semiótica.
Desde mediados del siglo
pasado parece haber habido un consenso sobre el campo de pertenencia de la
comunicación y su significado, ambos en estrecha relación con los medios
masivos de información, pero ya desde algunas décadas se busca reflexionar en
la creación no de un lugar específico, sino un campo disciplinar /académico
como tal, que disminuya el grado de polisemia que aún existe no sólo hacia el
término “comunicación” sino hacia todo un proceso que tiende a reducirse a la
utilización de una palabra para designarlo. Tenemos por tanto un primer
problema que apunta a fundamentos epistemológicos emergentes hacia la
constitución de este campo, por tanto, este grado polisémico de la comunicación
presenta por sí mismo la necesidad de discernir entre lo que es y lo que no es
comunicación y los elementos comunes a cualquier proceso comunicativo, esto
ayudaría entonces a reducir el campo de pertenencia y a contribuir en la formación
de dicho campo.
Esta discusión en torno de la
“ciencia de la comunicación” a dividido a los teóricos de la comunicación en
dos grandes grupos: el de aquellos que afirman que la constitución de una
ciencia de la comunicación es factible y deseable, y de quienes aseguran que la
comunicación es un proceso social tan amplio y tan complejo que requiere un
abordaje interdisciplinario (Lozano, 1996). Ejemplo claro de una de estas
consideraciones es la de Ernesto Cesar Galeano quien afirma que “verdaderamente
no ha existido nunca una teoría de la comunicación. Lo que tenemos es un
sinnúmero de resultados de investigaciones, aglutinados bajo el indefinido
nombre de teoría de la comunicación” (Galeano, 1997:17). En contraposición,
Javier Esteinou encuentra inclusive cinco etapas del desarrollo teórico de la
comunicación, es decir, la clásica humanista (1930-1945), la científico-técnica
(1946-1965), la científico reflexiva (1966-1985), la apertura conceptual
(1986-1990) y la de la comunicación mercado (1990-2000) (Esteinou, 1998). Esto
nos da un claro panorama de los dos grandes grupos en los que se encuentran
divididas las reflexiones teóricas y las investigaciones sobre la comunicación.
Sin embargo, no se puede
descartar que se hable de comunicación desde cualquier disciplina o ciencia
(sociología, psicología, filosofía, etcétera). Pero esta consideración nos
remite directamente a una mayor.
1.1.2. El debate sobre la disciplinariedad en comunicación
Generalmente se ha tendido a
designar la comunicación como “ciencias de la comunicación”, aunque esto nada
más designe el conjunto de los saberes que toman a la comunicación como objeto,
por lo que
de la cuestión inicial de la polisemia, el problema se desplaza al
análisis de la posibilidad de que la comunicación constituya un saber
específico o si se trataría nada más de un campo atravesado por saberes
diversos. En esta última forma, la comunicación sería vista como un “campo
interdisciplinario”, lo cual impone ciertas precisiones. (Luiz C. Martino en
Vassallo y Fuentes 2001:80).
Pero con esta visión no le
aseguramos a la comunicación un lugar específico, sobre todo porque no sabemos
si la comunicación puede corresponder a un saber particular sin reducirse a los
conocimientos generados a partir de otros saberes, es decir, que con esto no es
posible verificar si la comunicación puede ser el objeto de una disciplina
particular[8]. Entonces tenemos que la
interdisciplinariedad no sólo es una oportunidad de consolidación disciplinar,
sino un problema cuando se articula con reflexiones devenidas de un campo en
construcción, sobre todo porque este campo tenderá a importar una gran cantidad
de elementos a su interior, o bien, tenderá a ser epistemológicamente
dependiente de otros campos o ciencias que se encuentran fuertemente constituidas
como tal. Sin embargo, Luiz C. Martino considera que el apoyo que la disciplina
de la comunicación encuentra en otros saberes no representa en si mismo un
argumento contra la autonomía de esa disciplina, sólo indica la necesidad de
una formulación precisa de lo que sería este saber-meta en el caso de una
disciplina comunicacional.
Tenemos en la
interdisciplinariedad una herramienta que nos puede ser de ayuda en nuestro
camino, es decir, teniendo en cuenta los problemas de la polisemia que ya hemos
expuesto, la naturaleza interdisciplinar pasando por la cuestión de su
cientificidad, todo esto converge en el problema de la definición de un objeto
de estudio que no pueda ser reducido a los de las disciplinas existentes, de lo
contrario, su misma existencia carecería de justificación teórica alguna. Por
lo anterior, Martino propone tres vías abiertas por la epistemología
contemporánea que permiten considerar el problema de la definición de la
disciplina de la comunicación: a) a través de una respuesta de tendencia
empírica, tomando como base el análisis de las instituciones relacionadas con
la comunicación; b) a través de una definición lógico-formal de su objeto de
estudio y; c) en el tiempo, esto es, a través de un análisis diacrónico,
procurando situar la génesis del campo de esa disciplina (Luiz C. Martino en
Vassallo y Fuentes, 2001:83). Pero nosotros podríamos articular dos de sus
puntos de vista para generar el propio, es decir, un estudio que reflexiones
sobre su objeto, pero este objeto se convierte a sí mismo como el campo de
acción. Es decir, que intentamos hablar de la comunicación a través del
discurso de la comunicación y en esta frontera donde ambos discursos, el
práctico y el teórico se mezclan, es en donde situamos el nivel de pertenencia
de la presente investigación. Devenido de lo anterior, hay que entender que la
polisemia de la comunicación también indica una oportunidad teórica de
refundición epistemológica en base a una suerte de estudio diacrónico[9].
Esta emergencia del campo
académico a la que hacemos referencia ya había sido expuesta por Jesús Galindo
y Carlos Luna en 1995 (Galindo y Luna, 1995) y posteriormente por Raúl Fuentes
Navarro en 1998 (Fuentes, 1998). Nosotros lo que intentamos no es proponer
desde o hacia el campo académico de la comunicación sino desde y hacia
El problema que nosotros
ubicamos como objeto de análisis, los modelos teóricos de la comunicación, no
se limita a su carácter lineal sino que se relaciona directamente con la
construcción teórico-metodológico de la comunicación. De igual forma la
discusión sobre los conceptos de ciencia, disciplina o campo de estudio no se
reduce a simples relaciones conceptuales, sino que tienen tan diversas
implicaciones, como por ejemplo las que van del financiamiento a la
acreditación, de la profesionalización a la estructuración de planes de estudio,
desde los problemas concretos de la docencia a la ruptura entre el pregrado y
el posgrado, y, finalmente, a la constitución de un campo como tal. Es decir,
que nos movemos en un terreno en el cual las transformaciones teóricas se están
sucediendo constantemente en vías a la consolidación de un campo específico con
un objeto igualmente específico.
Es en este contexto en donde
insertamos nuestra presente investigación, como una propuesta que nos lleve de
la linealidad a la complejidad en comunicación y que nos permita contribuir
desde la teoría de la comunicación a la constitución de un campo específico y
autónomo. Nos insertamos así desde la teoría de la comunicación, en concreto
los modelos de comunicación, hacia la propuesta de un modelo teórico. Las implicaciones
de un campo en construcción no sólo tienen que ver con la dispersión de las
agendas de trabajo a nivel nacional e internacional (en donde los temas, los
objetos de análisis o las metodologías seguidas son muy diversas y dispersas)
sino que conllevan una fuerte dependencia epistemológica emanada de los puntos
de intersección con los objetos de estudios de otras ciencias o disciplinas. Y
es precisamente en uno de esos cruces de donde nosotros extraemos nuestra
plataforma epistemológica, en la relación de la comunicación con la semiótica.
1.1.3. La importancia de la
semiótica en los estudios y los modelos de comunicación
Si hablamos antes
de la polisemia de la comunicación fue porque la ubicamos como un problema para
la comunicación, problema que plantea a sí mismo una vía posible de solución
que tiene directa relación con los estudios interdisciplinares. Pero para esto
es necesario partir desde un espacio concreto que nos sirva como base de
arranque y esa disciplina[10] de la que partimos es la
semiótica, debido a que su objeto de estudio y su metodología está muy ligada a
lo que nosotros consideramos comunicación o los procesos comunicativos como
tal.
Durante los años
treinta y cuarenta, la corriente europea de la semiótica en Italia y Francia, apoyada
en las nociones del estructuralismo, tendió a situar a los signos como su
objeto de estudio, más tarde se entendió que la verdadera importancia no era el
signo aislado como tal, sino que su verdadero valor era en su relación con
otros signos en un entorno social determinado, es decir, la acción los signos
en la vida social. Posteriormente, ya en los años sesenta y setenta, nuevos
teóricos aparecen en la discusión haciendo grandes aportes desde diferentes
regiones del mundo (Estados Unidos y Rusia) y se comienza a establecer la
semiótica como todo un campo de estudio con un objeto y metodologías
específicas. Se entiende desde entonces que la semiótica estudia ya no sólo el
signo, sino los sistemas de significación
cuyo principal campo de acción es la vida social como tal. Resulta entonces que
los sistemas de significación comienzan a ser estudiados tal como se presentan
en la vida social, es decir como procesos de comunicación. Este primer
acercamiento nos da una relación tautológica: La semiótica estudia los sistemas
de significación que se presentan en la vida social como procesos de
comunicación, pero la comunicación parece no existir si no es a través de los
sistemas de significación. Una relación de autoimplicación, una relación de
complejidad.
El modelo que
prevaleció durante muchos años como explicación de los procesos comunicativos
reducía la fórmula a un emisor, un mensaje y un receptor, a la transferencia de
información. El hecho de que nosotros entendamos como necesarios los sistemas
de significación para la comunicación humana es porque hacemos énfasis en que
esa determinada información que es transmitida requiere ser interpretada a fin de generar un significado posible, el cual a su vez
generará un determinado sentido. Este
tipo de procesos escapan a los límites de los modelos lineales y requieren de
la inclusión de la complejidad para su explicación puesto que el significado,
la interpretación y el sentido no son sólo elementos del proceso de
comunicación, sino procesos en sí mismos. Entonces en el proceso de
comunicación no sólo intervienen elementos, sino múltiples micro-procesos,
todos articulados bajo la acción de la comunicación. Pero cada uno de estos
micro-procesos alternos a los que hacemos referencia se constituye a sí mismo
como objeto de análisis de la semiótica, es decir, los sistemas de
significación, la relación de significación de lo signos en relación con los
seres humanos y la forma en que se generan determinados significados a través
de los signos o textos semióticos, es decir, la generación/producción de
sentido[11].
Resulta entonces
imprescindible para nuestro estudio la incorporación de la semiótica como
herramienta de análisis, pero no de todo el campo semiótico, sino de aquel que
se aproxime a nuestro objeto de estudio que es la comunicación desde la
comunicación. Para esto, recurrimos a la reflexión teórica de la semiótica no a
estudios semiológicos concretos, es decir, que basaremos nuestro estudio en
teóricos más que en teorías, siendo los principales Umberto Eco (Eco, 1990,
1999a, 1999b, 1999c y 2000) por sus aportes teóricos y fundacionales del campo;
Iuri M. Lotman (Lotman, 1996, 1998 y 2000) por insertar a la semiótica desde la
perspectiva de los estudios culturales; y John Deely (Deely, 1996) por exponer
los fundamentos (epistemología) de la semiótica. Sin embargo, es necesario
tener en cuenta el camino que ha seguido la semiótica en la historia como lo
plantean Mauricio Beuchot (Beuchot, 2001 y 2004), Herón Pérez (Pérez, 2000) y
Victorino Zecchetto (Zecchetto, 2003). Finalmente, nos parece importante
utilizar las reflexiones semióticas de los años recientes que apuntan a nuevas
líneas y metodologías de análisis como lo hacen Jacques Fontanille (Fontanille,
2001), Claude Zilberberg (Ziliberberg, 2000), Oscar Quezada Macchiavelo
(Quezada, 1996) y Jesús Elizondo Martínez (Elizondo, 2003).
La perspectiva
semiótica que planteamos para la comunicación en esta investigación se irá
desarrollando desde aquí hasta el final de ésta, puesto que más que perspectiva
de análisis se constituirá a sí misma como fundamento epistemológico de la
comunicación[12].
Este punto de encuentro entre la comunicación y la semiótica no sólo implica la
refundición epistemológica que apuntábamos, sino que requiere de enfoques
emergentes y de la inclusión del paradigma de la complejidad que ya hemos
mencionado, sobre todo porque los procesos a los que hacíamos referencia, aquí
se entienden como procesos simultáneos
de mutua dependencia. Pero estos procesos requieren articularse en una unidad
mayor que hemos denominado como proceso
de comunicación. Esta articulación la realizaremos por medios de
Este panorama
semiótico y de complejidad[13] es en donde insertamos el
discurso que iremos construyendo en torno a la comunicación, sobre todo como
una propuesta teórica diferente de los actuales modelos con los que el proceso
de comunicación es explicado y por ende, de lo que entenderemos por
“comunicación”. Es aquí en dode encontramos la verdadera importancia de la
semiótica en los estudios de comunicación, no sólo porque sus objetos de
análisis (los procesos de significación, los sistemas de significación) son
imprescindibles para comprender a la comunicación, sino porque, como se verá
más tarde, la semiótica representa una oportunidad epistemológica para la
comunicación al hacer consideraciones especiales para la interpretación de un
determinado cúmulo de información. Resulta entonces que la semiótica nos puede
funcionar como fuente epistemológica, generadora de principios, relaciones y
conceptos que nos ayuden en la tarea de discernimiento entre la comunicación y
la no comunicación, al tiempo que posibilita la relación entre principios
constructores, como lo es la complejidad y la teoría de sistemas. La semiótica
funciona entonces como un elemento articulador de principios constructores,
como instancia metodológica y como fuente epistemológica de conceptos. Esta
suerte de articulación no se da en función únicamente de los elementos y sus
relaciones, sino en función del espacio
en donde se dan esas relaciones. Hablamos aquí de la acción de la comunicación
en un espacio determinado, un espacio social. Fuente y preocupación primordial
de los estudios semióticos.
Hemos dicho que
la semiótica centró su estudio en los sistemas de significación en la vida
social y que tendió a ver dichos sistemas como procesos de comunicación,
devenido de estos, nosotros entenderemos por ahora la importancia de la
semiótica en relación con nuestra fundamentación epistemológica en base a las
posibilidades metodológicas que genera a partir de principios constructores
como el proceso de significación. Proceso que más tarde nos permitirá hablar de
la construcción/generación de sentido en la vida social a partir de un estímulo
sensorial, de percepción, es decir, a partir de un determinado grado de
información.
1.2. Los conceptos
La descripción de las vías de
análisis que hemos expuesto ha generado en realidad tres conceptos
fundamentales para el desarrollo de la investigación: la semiótica, la
complejidad y
Partimos entonces
de la deconstrucción[14] de los modelos lineales
de la comunicación, lo que no quiere decir su desaparición, sino la
re-adaptación de aquellos elementos que consideramos como indispensables para
cualquier fenómeno comunicativo, siendo el primero de ellos la información. Estamos de acuerdo que todo
proceso de comunicación implica necesariamente una transferencia/flujo de
información (la evocación en común, la puesta en común) pero consideramos que
la transferencia o el flujo de un determinado grado de información no implica
necesariamente que se pueda hablar de procesos comunicativos o de comunicación,
sino simplemente de sistemas de transferencia de información. Apuntamos
entonces a la necesidad de que la información trasferida no se comporte como
simple estímulo, sino que requiere de la(s) persona(s) involucrada(s) un
determinado grado interpretativo, es decir, que active un proceso de significación, de atribución de significado. Este
proceso de significación envuelve una gran cantidad de elementos que se
convierten en fundamentos teóricos de la comunicación como el código y su
dinámica, los sistemas de significación, los signos y textos semióticos, es
decir, que implica el objeto central de la semiótica y sus diversas líneas
teóricas. Los fundamentos semióticos plantean entonces la primer fuente
epistemológica y de discernimiento entre lo que entendemos por comunicación y
no comunicación. Entonces decimos de la comunicación que es un proceso en donde
un determinado grado de información es significado y produce entonces un
determinado sentido.
Sin embargo es
importante recobrar dos de las definiciones que
·
Acción y efecto de informar y,
Estas
dos definiciones que extraemos de más de diez que se ofrecen sobre el concepto
de información nos dan una primera guía en nuestro análisis. En primer lugar la
información es una acción y un efecto, pero es en sí misma una comunicación o
adquisición de conocimientos, es decir, que la información es aquí entendida no
sólo como unidad medible (como los bits de información), sino que representa
una acción sobre una materia determinada. Por lo tanto, cuando nosotros
apuntamos a la información como nuestro punto de arranque de los procesos
comunicativos estamos hablando implícitamente de una acción, de un efecto, pero
que por sí solos no produce un fenómeno comunicativo. Es decir, que se acciona
un determinado proceso, pero aún no podemos decir que ese proceso sea
comunicativo, sino únicamente que se ha accionado un determinado proceso. Esto
nos da en principio un punto de partida de la comunicación.
Pero este primer acercamiento a una
definición de la comunicación nos enfrenta a un problema mayor que tiene que
ver con la temporalidad de los procesos, dado que aquí se entenderá que cada
uno de los conceptos y sus procesos se suceden de forma simultánea y, si son
separados, es por fines analíticos.
Esta
forma de simultaneidad va de los conceptos y los procesos a los
elementos involucrados en los diferentes fenómenos o procesos comunicativos.
Esta forma de construcción teórica permite un acercamiento mayor a la praxis de
la comunicación, es decir, su acción en un entorno social determinado. Derivado
de esto, la comunicación se complejiza, no sólo se hace más difícil, se hace
compleja.
Finalmente, cada uno de los
conceptos, elementos y procesos va a generar
sub sistemas, articulándose y estableciendo múltiples relaciones con
otros sistemas isomórficos y no isomórficos, es decir, sistemas de la misma
naturaleza, con elementos iguales o similares, o bajo procesos iguales o
diferentes[15],
lo que presupone una condición sistémica para la comunicación. Lo que se
plantea entonces es un cambio de mira sobre la comunicación que la aleje de los
modelos lineales y la acerque a las consideraciones de las reflexiones
devenidas de la incorporación del paradigma de la complejidad a su estudio.
Transitamos de la linealidad a la complejidad en comunicación pero lo hacemos
desde una perspectiva semiótica que nos permita verla a través de sus
relaciones sistémicas con diferentes procesos comunicativos.
Esta
misma división que planteamos como vías de análisis del proceso de la
comunicación implica que la construcción metodológica del cuerpo total de la
investigación siga la misma lógica, es decir, que permita seguir un estudio
fragmentario y específico de cada vía al tiempo que permita su articulación en
un capítulo final. Pero esta tarea requiere que cada vía que escogimos
encuentre su relación con la comunicación para después articularlas a todas en
un mismo sistema general que será nuestra propuesta final.
CAPÍTULO II
HACIA
2.1.
El proceso de significación
Existe una confusión que nos remite
a dos semióticas diferentes, la semiótica de la comunicación y la semiótica de
la significación. Esto, debido a que la semiótica estudia todos los procesos
culturales como procesos de comunicación, pero estos últimos procesos parecen subsistir
gracias a que debajo de ellos se establece un proceso de significación. En
consecuencia, se puede establecer una semiótica de la significación
independiente de una semiótica de la comunicación, lo que no se podría concebir
de forma inversa, es decir, un proceso de comunicación independiente de un
proceso de significación.
Un proceso de comunicación se
establece cuando una señal es procesada desde una fuente a través de un
transmisor a lo largo de un canal hasta un destinatario. El destinatario tendrá
que ser forzosamente de naturaleza humana, puesto que dicha señal no tiene que
comportarse como un simple estímulo sino que tiene que solicitar una respuesta interpretativa del destinatario. Si el
proceso fuese realizado únicamente entre máquinas, la señal, al no requerir el
grado interpretativo, carecería de capacidad de significar y hablaríamos entonces de un proceso de transmisión de
información.
Una vez hecha la transmisión y
requerido el carácter interpretativo del destinatario, la comunicación se
verifica bajo la existencia de un código,
es decir, un sistema de significación que posee entidades presentes y entidades
ausentes, así como un orden y una jerarquía de valores que se aplica siempre
que exista una cosa que materialmente
presente, represente otra cosa para el receptor a partir de reglas subyacentes.
Por tanto, “un sistema de significación es una construcción semiótica autónoma
que posee modalidades de existencia totalmente abstractas, independientes de
cualquier acto de comunicación que las actualice” (Eco, 2000:25). Así,
cualquier acto o proceso comunicativo conlleva necesariamente un proceso de
significación como condición mínima.
Tanto la significación como la
comunicación siguen procesos, metodologías y categorías diferentes en un nivel
analítico, el problema es que en la práctica (en los procesos culturales/de
comunicación) ambos están estrechamente ligados y parecieran funcionar como una
sola forma, sin embargo, es una mutua
dependencia no sólo por su condición concomitante, sino por su condición
temporal (simultánea).
Siendo
la semiótica el estudio de los procesos de semiosis, de atribución de
significado, y siendo este último la cualidad principal del proceso
comunicativo, es menester que le dediquemos un apartado especial. En realidad,
cada proceso comunicativo, dependiendo de su naturaleza, expondrá de forma
tácita los elementos que intervienen, el proceso de significación que ha
seguido y la dinámica de las traducciones del código[16]; cuando se han puesto en
relación e interacción a dichos elementos han producido un significado
determinado, es decir, que el proceso de significación se ha llevado a cabo.
Las formas que éste finalmente posea o describa estarán en estrecha relación
con la forma o el modo en que se ha sucedido el proceso.
Nosotros
no nos ocuparemos de las cualidades del significado, entendidas éstas como
producto de las posibles y diversas interpretaciones[17], sino que apuntaremos a
establecer la importancia de su existencia y la posible dinámica de su
generación. Aunque su posición específica dentro del proceso es aún motivo de
muchas discusiones, trataremos de esclarecer lo más satisfactoriamente posible
su importancia dentro del proceso comunicativo y el por qué de su consideración
como fenómeno complejo.
2.1.1. Del signo a la producción de sentido
El proceso de
significación involucra y se refiere a la atribución de significado a los
signos, textos o cadenas sígnicas (para el caso de la lingüística), lo que
supone modos diferentes para procesos diferentes. En este momento no es
relevante qué tipo-cualidad de significado se está atribuyendo, sino el proceso
de atribución. Los modos de significar, por su naturaleza discursiva, se ponen
en estrecha relación con algunas de las teorías del conocimiento, sobre todo
con aquellas que consideran estructuras de pensamiento a priori y/o como
producto de la interacción de los sujetos con la naturaleza-experiencia[18].
“Para Santo Tomás, el modo de significar es una consecuencia del modo de
entender y la propiedad de las locuciones depende no sólo del objeto
significado sino de la manera de significar” (Pérez, 2000:65).
Ante
esta disyuntiva nos quedamos únicamente con dos opciones. La primera requiere
de un pensamiento retrospectivo, algo así como la mitología de la prolepsis de Skiner[19] o el texto constructo de Iuri M. Lotman[20], es decir, partiendo del
significado otorgado definimos el proceso que se ha seguido, con la salvedad de
convertir al estudio en casuístico. La segunda opción involucra una tarea mayor
que consistiría en definir caminos posibles de significación, modelos (modos)
de significación, más allá de los planteados ya por Erfurt[21] y otros pensadores. Ante
este panorama es necesario regresar a ciertas nociones básicas sobre el signo.
El
signo es aquello que está en lugar de otra cosa y de la cual se puede decir que
existe de forma material o conceptual, lo que a su vez nos genera la
posibilidad de crear imágenes mentales. La imagen mental es una idea que se
tiene de la cosa (material/inmaterial) a la cual el signo está supliendo y que
tiene cierto sentido. Dicho sentido es atribuido al signo de acuerdo a ciertos
códigos que puestos en relación establecen reglas de significación, de
atribución de significado. Éste último, como resultante de un proceso, no
indica el lugar específico de su procedencia, únicamente nos índica que está
presente y que se ha sucedido de forma simultánea a la consideración de “algo”
como signo.
Por
lo anterior, algunos textos o sistemas de significación tendrán un grado
potencialmente mayor/menor de significar. Una obra literaria poseerá mayor
significancia que el manual de operación de un reloj; pero, de igual forma, un
proceso comunicativo que involucre a más de dos elementos/sujetos (cualesquiera
que sean éstos) tendrá un grado de significancia directamente proporcional al
número de elementos intervinientes, es decir, que este grado de significancia
es una consideración de posibilidades de significar en tanto función latente,
no es una consideración cuantitativa en tanto grados de significancia. Esto se
puede ver más claro en los sistemas de significación sociales: un sujeto en el
interior del seno familiar posee un sistema altamente consensuado (como las
reglas verbales o de interpretación de determinados gestos, posturas u olores)
de reglas que guían sus interpretaciones y su proceso de significación, pero
una vez que este sujeto sale del núcleo familiar hacia el espacios social, la
cantidad de elementos/sistemas, elevan su grado de significancia.
Esta
característica del significado nos lleva a pensar que al momento de realizar un
análisis retrospectivo, necesitamos de las guías o de los modelos de
significación previamente establecidos y, de forma inversa, necesitamos los
análisis retrospectivos para crear las vías o modos de significación, lo que además
se da de forma simultánea con el proceso de comunicación. Esto, a su vez,
genera una interrelación directa entre el proceso de significación y el proceso
de comunicación, interrelación que es tan estrecha que la línea
imaginaria-supuesta que divide a una y otra solamente es útil a nivel
metodológico, fuera de éste, en la realidad concreta, la separación es
inoperable. Sin embargo, podemos apuntar
a una salida introduciendo la teoría del signo y de los interpretantes de
Charles Sanders Peirce para quien:
Un signo o representamen,
es algo que, para alguien representa o está en lugar de algo bajo algún aspecto
o capacidad. Se dirige a alguien, esto es, crea en la mente de esa persona un
signo equivalente, o tal vez un signo más desarrollado. Este signo creado es lo
que yo llamo interpretante del primer
signo. El signo esta en lugar de algo, su objeto.
Está en lugar de este objeto, no en todos los aspectos, sino sólo con
referencia a una suerte de idea que a veces he llamado el fundamento del representamen. [Peirce citado por Herón Pérez
(Pérez, 2000:126)].
En
la construcción del signo intervienen no un objeto y un interpretante, sino dos
y tres respectivamente. El objeto, aquello acerca de lo cual el signo presupone
un conocimiento para que sea posible proveer alguna información adicional sobre
él mismo, contempla dos condiciones diferentes que se generan durante el
proceso de construcción sígnica, proceso que contendrá en sí mismo la
construcción del significado. El objeto
inmediato, que es el objeto tal como el signo mismo lo representa, y cuyo
ser depende entonces de la representación de él en el signo, parte de la
complejidad misma del objeto en tanto instancia de la semiosis ilimitada, es
decir, es aquella que el representamen
elegirá como cualidad pertinente. El objeto
dinámico, que es la realidad que por algún medio se ingenia para determinar
el signo por su representación, se establece como segunda instancia.
Ahora
bien, en la construcción del signo planteada por Peirce, un objeto dinámico
–objeto o situación percibidos en toda su complejidad- se pone en relación con
un representamen –lo que lo representa-, de acuerdo con alguna correspondencia
que es el fundamento; pero este fundamento no pone en evidencia todo el objeto
dinámico, sino que selecciona alguna parte de él que considere pertinente, es
decir, el objeto inmediato. La posibilidad de reunir o poner en relación al
objeto inmediato y al representamen se da gracias al interpretante.
Este
recorrido busca llegar al reconocimiento de las tres formas de interpretantes
que resultan de este proceso de construcción del signo, no porque sea la
herramienta que une al objeto y su representación, sino porque guarda dentro de
sí las relaciones de significación y significado.
El interpretante inmediato, entendido como
el interpretante que se revela en la correcta comprensión del signo mismo, es a
lo que comúnmente se le conoce como el significado del signo. Es la
abstracción, lo que algunos tienden a llamar el “sentido”, sin embrago, sigue
perteneciendo a la forma mental de representación, pero que no ha sido
reflexionada, se podría decir que es una forma casi instantánea de significado.
Por su parte, el interpretante dinámico,
que es el efecto real que el signo, en tanto signo, determina un evento real y
singular. Por último, el interpretante
final (al que el mismo Peirce le tenía reservas) se refiere a la manera en
que el signo tiende a representarse a sí mismo para relacionarse con su objeto.
Podría ser lo mismo que la “significación”, el efecto que el signo producirá
sobre cualquier mente sobre la cual las circunstancias permitirían que pudiera
ejercer su efecto pleno.
Por
lo tanto, el significado o la significación parecen encontrarse en el
interpretante, en esa suerte de signo más desarrollado que el representamen,
pero esto sugiere una construcción abstracta. La representación mental de un
determinado objeto (dinámico/inmediato) que genera un signo, el cual a su vez
genera un interpretante (signo más elaborado) y que sucede gracias a la
intervención de un intérprete, define por sí misma la dinámica que habrá de
tener el proceso de significación[22].
En
la definición de Peirce salta a la vista el interpretante inmediato por estar
ligado con lo que entendemos como significado, más, un signo no puede ser
entendido como la suma de elementos (intérprete, objeto, representamen) sino
como una unidad simultánea. Así, en algún espacio temporal de la semiosis se
activa el interpretante inmediato atribuyéndole significado al signo. El grado
de la carga significativa dependerá del sistema de significación en el cual
esté inserto el proceso o, si que quiere, en el proceso comunicativo en que se
inserte el proceso de significación. La relación triádica que establece Peirce,
nosotros la podemos transferir a nuestros sujetos-objeto y establecer al
significado en analogía al signo.
Aún
más, la teoría del signo peirceano va a establecer una relación posible entre
la percepción y la significación a través de la forma en que es construido y
entendido el representamen-signo. Ante esto se puede pensar que la teoría del
signo no nos relata la emergencia de una nueva significación sino que sólo
capta un momento en una vasta semiosis infinita, además de establecer a través
de la percepción una suerte de significación y entendimiento, ambos no como
instancias bien delimitadas sino en estrecha relación de movimiento.
Lo
que se puede decir hasta el momento es que la significación es indisociable a
la noción de articulación, no sólo de elementos de un proceso de construcción
sígnica, sino al intérprete directamente. El significado deberá de tener un
punto de vista (mira) y un dominio de pertinencia. Para el caso de la
significación discursiva, Jacques Fontanille considera esenciales el cuerpo y los sistemas de valor. Dado que nuestro estudio no pertenece únicamente
a la articulación de sonidos (lengua), sino que se mueve por diferentes
lenguajes, nos ocuparemos únicamente de los segundos, debido a que consideramos
al igual que Fontanille que un sistema de significación sin un sistema de valores
que lo cruce, hace inteligible el discurso, cualquiera que sea éste.
Las dos guías de análisis seguidas desde hace
más de cuarenta años convergen en partir de dos planos: el plano de la
expresión y el plano del contenido, entendidos como el mundo exterior e
interior respectivamente, o como más tarde serán llamados por A. J. Greimas en Semántica estructural, “exteroceptivo” e
“interoceptivo”, aunque éste agregará la posición abstracta del sujeto de la
percepción, a lo que llamará propioceptiva.
Jacques Fontanille considera que:
[…] la significación supone,
entonces, para comenzar, un mundo de percepciones, donde el cuerpo propio, al tomar posición,
instala globalmente dos macrosemióticas,
cuya frontera puede siempre desplazarse pero que tiene cada una su forma
específica. De un lado, la interoceptividad
da lugar a una semiótica que tiene la forma de una lengua natural y, de otro lado, la exteroceptividad da lugar a una semiótica que tiene la forma de una
semiótica del mundo natural. La
significación es el acto que reúne esas dos macrosemióticas y eso es posible
gracias al cuerpo propio del sujeto de la percepción, cuerpo propio que tiene
la propiedad de pertenecer simultáneamente a las dos macrosemióticas entre las
cuales toma posición. (Fontanille, 2001:35)
Es
necesario aclarar que esa forma o suerte de frontera entre las dos macro
semióticas (plano de expresión y plano de contenido) no establece una posición
fija o definitiva en su acto, sino que se modifica de acuerdo a la situación y
al sujeto. Se modifica de acuerdo al momento.
De
lo expuesto hasta aquí se infiere que las constantes modificaciones de la
frontera entre las macro semióticas dependerán de las relaciones que se
establecen entre ambas, relaciones que estarán reglamentadas o reguladas por los
ya antes mencionados sistemas de valor. Por lo tanto, la significación no puede
ser entendida de forma separada de los sistemas de valor, los cuales
determinarán el camino que se ha de seguir en la construcción del signo, es
decir, en la atribución de significado.
Haciendo
entonces un breve recorrido por lo que hemos dicho, entendemos por principio la
construcción sígnica que involucra procesos y elementos específicos que, al
entrar en relación, producen un determinado significado que estará en estrecha
relación con los sistemas de significación. Al principio del apartado
apuntábamos el problema del análisis retrospectivo o la construcción de vías o
modos de significar, sin embargo, al incluir la teoría peirceana nos acercamos
a una construcción formal del significado, que dentro de la teoría de Peirce se
entiende, a través del interpretante inmediato, como lo concerniente al
sentido, es decir, que consiste en una acción, en una posibilidad. Nuestra
intención al incluir la teoría de Peirce en la construcción del signo, está en
estrecha relación a la idea de la producción de sentido, devenido éste de un
proceso de significación el cual está inserto en un espacio semiótico
específico y posee una un grado de orden y estructura de acuerdo al momento en
que se verifique o estudie.
Aunque
de esto hablaremos más tarde, es necesario hacer notar algo importante. Cuando
hablamos de espacios semióticos, micro y macro semióticas y a los procesos de
significación, estamos conscientes que involucran la puesta en marcha de
múltiples dimensiones, es decir, de la acción de los elementos y procesos con
un sujeto y su espacio de pertenencia. Involucra entonces la interacción de un sujeto con una gran
cantidad de elementos y procesos que iremos describiendo a lo largo del trabajo.
2.1.2. Dos hipótesis
La reflexión
teórica en torno al significado (Quezada, 1996) ha conducido a dos posturas que
se encuentran en polos opuestos. La primera de ellas niega su existencia en la
realidad pero le otorga dualistamente una existencia como “concepto mental”, es
decir, como idea abstracta. Esta primera postura indicaría y posibilitaría la
existencia de significados previos, un banco de significación activo previo al
proceso comunicativo y se podría argumentar que los posteriores significados
son interpretantes de esa forma mental ideal. La re-significación aprobaría la
semiosis ilimitada, pero más aún, se estaría disociando a la comunicación del
significado y se estaría en posibilidad de crear vectores de significación sin
la necesidad de un pensamiento circular. La idea de una significación previa
nos hace pensar o bien que se encuentra en forma latente en la mente humana o
que está latente en el mundo natural.
Esta
primera hipótesis subordinaría a la comunicación al proceso de significación.
Si la comunicación es la transferencia y modificación de mensajes que se
significan, estaríamos entonces ante una herramienta del significado. La
comunicación vista desde esta perspectiva sería únicamente un conducto, una
suerte de medio. Nuestros conjuntos
significantes en semiótica existirían de forma previa sin la intervención
propioceptiva y hablaríamos de la ciencia de la significación, sus procesos y
metodologías, la historia de la significación.
Umberto Eco, al hablar de la
“semiótica y algo”, indica que “hay un fenómeno que debemos entender como
presemiótico, o protosemiótico (en el sentido que constituye la señal que da
salida, instituyéndolo del proceso semiósico), y que llamaremos indicatividad o atencionalidad primaria” (Eco, 1997:22). Esta forma de concebir un
proceso previo es lo que Peirce considera como atención, es decir, dirigir la atención a un determinado objeto
descuidando otro. Esta forma de entender la constitución previa de la semiosis
nos daría la posibilidad de estudiar los significados previos, pero éstos
estarían únicamente en potencia, lo que imposibilitaría su estudio, es decir,
estaría en condiciones previas a su constitución como signos, por lo tanto y,
siguiendo las ideas de Peirce analizadas por Jesús O. Elizondo, el único
pensamiento que puede ser conocido es pensado en signos (Elizondo, 2003).
Más aún, la presemiótica de Eco, que se activa antes del proceso semiósico, es
ya un acto en sí, por lo que se considera desde ese momento como parte de la
semiosis. Además, la idea de la atención
de Peirce hace referencia a una especie de discriminación de estímulos del
mundo natural. Esta discriminación requiere, como ya hemos mencionado, de la
interpretación de un sujeto que fija su atención en “algo” dejando de lado “lo
demás”. En pocas palabras, al fijar la
atención en determinado estímulo y dejando de lado otros, ha considerado algo
como signo, ha habido ya un proceso semiótico.
Si
tenemos en cuenta lo que hemos dicho anteriormente del proceso de construcción
del signo, sobresale un aspecto importante: el hecho de que todos los elementos
estén en estrecha relación con el intérprete y que éste último sea el que
considere que algo está funcionando como signo (aunque no lo haga de forma
consciente). Esto nos lleva a pensar que la única forma en que accedamos a un
estudio de la significación es a través de la significación, es decir, del
proceso ya trascurrido y no en potencia o posibilidad de ser. Esto nos lleva a nuestra segunda hipótesis.
La segunda hipótesis, y que resulta
conveniente para nuestro estudio, considera que “no hay porque distraerse con
teorías sobre el significado, y que éste no es otra cosa que la consecuencia,
siempre contingente, del uso de los signos (entendidos como herramientas)”
(Quezada, 1996:150). Es necesario hacer notar para esta consideración que, al
igual que Fontanille, la semiótica que avizoramos, en la perspectiva definida
por Greimas hace una treintena de años, es la de los conjuntos significantes,
pero de los conjuntos significantes en construcción y en devenir (Fontanille,
2001). Más allá de las unidades mínimas útiles a la lingüística, es necesario
que dichos conjuntos sean entendidos como producto de un proceso que va desde
la construcción sígnica, las interacciones entre cada uno de los textos
producidos y los efectos de la posición del sujeto (propioceptiva) en un
determinado escenario, es decir, producto de un proceso comunicativo. El
significado devenido de esta concepción se entiende no como construido sino en construcción y re-construcción.
Esta idea del uso de los signos nos
indica un camino metodológico plausible para el estudio que realizamos al
colocar a éstos dentro de su uso práctico. Una vez que un signo es entendido
como signo es porque éste ha sido puesto en relación con otros signos y con el
intérprete en cuestión, es decir, ha sido usado. Así, la significación necesita
de la acción de los signos. Peirce apunta que “para desarrollar el significado
de una cosa, por tanto, no tenemos más que determinar qué hábitos produce, ya
que lo que una cosa significa equivale a los hábitos que comporta” [23], por lo que entender al
significado previo a la acción de los signos resulta paradójico al posibilitar
signos sin significado (sin sentido)[24].
2.1.3. El significado como unidad cultural
Hasta ahora hemos situado la
significación dentro de una temporalidad específica en el proceso comunicativo,
pero es necesario situar dicho proceso en un espacio concreto. El significado
como unidad cultural, título tomado de La
estructura ausente de Umberto Eco, nos permite hacer referencia
directamente a un espacio. Al igual
que Eco, Iuri M. Lotman ha realizado un exhaustivo y detallado trabajo sobre la
forma en que se suceden los actos de significación en un espacio determinado,
la cultura. Ambos se plantean como complementarios para nuestro presente
trabajo.
Así pues, ¿qué es el significado de un término? Desde el punto de
vista semiótico no puede ser otra cosa que una unidad cultural. En toda cultura
una unidad es, simplemente, algo que está definido culturalmente y distinguido
como entidad. Puede ser una persona, un lugar, una cosa, un sentimiento, una
situación, una fantasía, una alucinación, una esperanza o una idea. (Eco
1999:71).
Aunque
el “término” pueda ser entendido como un signo (o representamen para Peirce) es
indisociable para ese espacio cultural donde convenidamente cobra un sentido
(dirección) e intencionalidad para un determinado sujeto. Sea juzgado como
verdadero o falso, el significado por ahora nos interesa por su existencia no
por su cualidad. Sus grados, de acuerdo a las reglas de valor que el sistema
proponga o establezca como pautas interpretativas, guiarán, en relación al
sujeto, su consideración de validez. Es el sistema de la cultura el que
definirá finalmente el resultado de dicho proceso, la dinámica y el tiempo de
duración. Aunque, claro, como apunta Ero Tarasti, los significados no pueden
ser funcionales sin un acto de entendimiento (Tarast, 2000). Tal parece que el
significado hasta este punto es devenido y/o producido por medio de un proceso,
y no como entidad a priori de un
vehículo significante u objeto determinado.
Ambas
aseveraciones independizan al significado del problema de las condiciones de
verdad de un determinado enunciado o texto, es decir, a la existencia o
inexistencia del referente. Este gran espacio en donde los signos son
significados[25]
o convertidos en tal, es a lo que Lotman ha llamado la semiosfera, es decir, un
espacio que puede ser considerado como un mecanismo único (sino como un
organismo), en donde todos los elementos resultan importantes, no uno u otro,
sino todo el sistema. En palabras de
Lotman, “la semiosfera es el espacio semiótico fuera del cual es imposible la
existencia de la misma semiosis” (Lotman, 1996:24).
De esta forma, Lotman distingue dos
tipos de sistemas semióticos, los orientados a la transmisión de información
primaria (estáticos) y los orientados a la transmisión de información
secundaria (dinámicos). “Para los primeros no hay ninguna necesidad de un
entorno extrasistémico que desempeñe el papel de reserva dinámica, para los
segundos éste es indispensable […] En la tensión estructural entre esos polos
se desarrolla un único y complejo todo semiótico: la cultura” (Lotman,
1996:80).
Este lugar de pertenencia es en
donde se da la acción de los signos, donde se intercambian y se actualizan
significados entre distintos, sujetos/objetos, donde se accionan los procesos
de atribución de significado producto de la interacción de los elementos y
proceso a los que cada individuo se vea sometido o con los que se ponga en
relación voluntaria e involuntariamente. Hasta este punto, el significado
requiere de la acción de los signos (y por ende de los interpretantes) en un
entorno físico determinado, la cultura. Sin embargo dentro de la cultura
existen formas específicas de orden que ya hemos mencionado anteriormente pero
que no hemos desarrollado, es decir, los códigos.
2.1.4. El código
Uno de los principales pensadores que ha estudiado ampliamente la
teoría del código es Umberto Eco (Eco, 1999, 2000), pero nosotros no buscamos
profundizar en su estudio o proponer alternativas a los límites que la misma
teoría ha presentado, sólo apuntamos a recobrar nociones que nos parecen
básicas para entender la naturaleza de los procesos comunicativos. No obstante,
la teoría de los códigos será revisada más a fondo en el siguiente punto que
tiene que ver con lo que nosotros entenderemos como procesos de comunicación.
Ya antes hemos hecho la distinción de lo que entendemos como signo
cuyo orden pertenece a la cultura, a diferencia, por ejemplo, de la señal cuyo
orden pertenece a la naturaleza o a la tecnología. Esta primera distinción
indica en primera instancia la existencia de un signo que, al pertenecer al
orden cultural está necesariamente investido de significado, así, el mundo de
los signos funciona como un repertorio de significantes cuya estructura reposa
sobre una matriz que, en último término, es un sistema de diferencias u oposiciones. Este sistema, considerado
como el más básico, es una forma de orden
que establece las relaciones que más tarde se habrán de dar entre los elementos
del proceso de significación que se siga. El código de las computadoras, por
ejemplo, sigue esta forma simple de oposiciones binarias, instituyendo un
lenguaje a través de la presencia-ausencia de sus elementos (uno y cero).
El código, entendido como aquellas reglas socialmente aceptadas o
convencionalmente nombradas que permiten la univocidad[26] de los mensajes, al
tiempo que permiten la codificación y decodificación de los mismos, se inscribe
como la primera de las guías en el análisis de los procesos comunicativos, al
ser éste el que determina la forma en que se dará el proceso de
significación. Para Victorino Zecchetto
, el código es
[…] el conjunto de
reglas que sirven para asociar semánticamente los valores de los repertorios de
los significantes y, de esa manera, organizar los significados de los signos,
ya que éstos carecen de sentido mientras están desligados unos de otros. Los
signos se hacen comprensibles únicamente a partir de algún código que actúa
como una convención de sistema significativo, y que indica la dirección
semántica y unificada de los mismos en un texto. En este nivel complementario
el signo funciona, unido a un sistema de reglas fijadas por consenso social,
que rige la producción y uso de los signos, y las expresiones culturales en
general. (Zecchetto, 2003:119).
Lo anterior nos permite establecer tres nociones básicas para
entender el código. i) El código es un consenso o convención social, es decir,
que no existe de forma a priori o como estructura independiente en cada
individuo, sino que éste se establece en ese espacio de intercambio
significativo que es la cultura; ii) el código es dinámico, está necesariamente
siendo actualizado por los actos comunicativos-significativos, por su
naturaleza flexible. La excesiva rigidez de los códigos de comunicación sería
la muerte de la comunicabilidad de los signos. Finalmente, iii) el código
establece la forma y las normas de la transmisión de información, al ser el
regulador del proceso. Ya antes se ha hablado de codificador (emisor) y
decodificador (receptor) para explicar la naturaleza de la comunicación, sin
embargo, el código o sistema de significación funciona aquí como elemento que
asocia semánticamente los elementos sígnicos que se usan en todo tipo de
comunicación.
Los diferentes significados del proceso de semiosis, sin importar
si son entendidos como verdaderos o falsos, son sometidos y devenidos por un
código común que explica y direcciona su funcionalidad dentro del proceso
comunicativo. Es evidente que los sujetos inmersos en la
percepción-significación-socialización del (posible o supuesto) significado,
están tácitamente poniendo en común o haciendo en común un código. Así, el
primero de los elementos del proceso comunicativo se activa, no antes ni
después ni durante el proceso, sino de manera simultánea. Aún con todo esto, la
relación entre elementos o entre sistemas dentro de un mismo código devela tres
categorías específicas:
La disposición en un sistema
vuelve COMPRENSIBLE un estado de hechos y lo vuelve COMPARABLE a otros estados
de hechos, con lo que prepara las condiciones para una posible CORRELACIÓN de
signos o códigos. Proporciona un repertorio de unidades estructurado en un conjunto
de modo que cada unidad se diferencie de la otra mediante EXCLUSIONES BINARIAS.
Por tanto, un sistema (o s-código) tiene una GRAMÁTICA INTERNA (Eco, 2000:69).
Las nociones de “comprensible”, “comparable” y de “correlación”,
hacen referencia directa a la forma y figura del código que se plantea como eje
articulador entre las tres. Sus relaciones no son de causa o efecto, sino que
se consideran como relaciones de
interdependencia.
Para el proceso de la comunicación
humana, el código no sólo tiende a entenderse como implícito, sino que en
ocasiones no es entendido en sus verdaderas dimensiones. Por lo cual puede
difícilmente explicarse cómo un mismo texto (o mensaje) es cambiado de lenguaje
o trasladado de un código a otro (del visual al musical por ejemplo). Tal
consecuencia y extensión de la noción de código lleva a complejizar el proceso
de la comunicación al convertir a la gran mayoría de sus elementos en
dinámicos, mutables e intercambiables entre los mismos sistemas que
intervienen.
Algunas consideraciones sobre sistemas semióticos, como la
desarrollada por Iuri M. Lotman en su ensayo Un modelo dinámico del sistema semiótico (Lotman, 1998), al
describir las cualidades y características del sistema, establece seis pares de
conceptos que funcionan como elementos correlacionales o dialécticos, es decir,
que establecen relaciones que pueden también ser entendidas como concernientes
al código, así, dichos pares: sistémico/extrasistémico, unívoco/ambivalente,
núcleo/periferia, descrito/no descrito, necesario/superfluo y modelo
dinámico/lenguaje poético; son ya una noción de código. Todos estos pares se suceden de forma
conjunta durante un proceso comunicativo, entendiéndose no la suma de todos
ellos, sino todo ellos de manera simultánea. La relación entre lo sistémico y
lo extrasistémico no se da a razón de causa-efecto o de oposición constante,
sino que se da en relación mutua de interdependencia e interrelación. Las
posibilidades de entender algo como extrasistémico tienden a guiarse de acuerdo
a tres consideraciones principales: (i) a la utilización de metalenguajes en
tanto que la descripción sea una autodescripción; (ii) al concepto de
inexistencia o inexistente; y (iii) a lo alosemiótico o perteneciente a otro
sistema semiótico. Bajo estas tres premisas, configuramos sustancialmente un
grado de oposiciones que funcionan como reglas implícitas del discurso y que
proporcionan la primera noción de “orden”. Algo que esté funcionando como
explicación del mismo sistema, lo inexistente o lo alosemiótico, no puede
pertenecer al sistema y tiene que ser transferido y colocado en su contraparte,
por lo que se puede entender un orden de posicionamiento lógico de acuerdo a
nociones básicas binarias.
En consecuencia, lo unívoco y lo ambivalente funcionan como pares
dialécticos de orden estructural; a diferencia de lo sistémico/extrasistémico,
no hacen referencia directa a un orden, sino a un estado de “aparición”, es
decir, a la lógica del momento temporal de discurso y a su función de
“veracidad”. Y al funcionar de manera conjunta hacen evidente una estructura
específica sobre la que se sucede el acto comunicativo, o bien, un código bajo
el cual se da el proceso mismo de la comunicación humana.
Se entiende
entonces que un sujeto en realidad no puede funcionar como codificador y algún
otro u otros como decodificadores, primero porque ambos están funcionando como
las dos partes de forma simlutánea y, en dado caso, se podría argumentar que en
realidad están haciendo uso del
código, más allá de establecer o crean uno nuevo. Aunque esto lo seguirémos
tratando más adelante.
Ya desde 1968 cuando salió a la luz La estructura ausente, Umberto Eco,
haciendo referencia a la complejidad del código, apuntaba que éste no podía ser
un simple sistema de oposiciones que pusiesen orden a un sistema de entropía
muy alta, ni tampoco podía ser que por él mismo se estableciera una
equivalencia entre cada uno de los términos del sistema. Todo lo cual apuntaba
a que el código fuera: a) el sistema de las unidades significantes y sus reglas
de combinación; o b) el sistema de los sistemas semánticos y de las reglas de
combinación semántica de las distintas unidades; o c) el sistema de sus
aparejamientos posibles y las reglas de transformación de uno a otro; o d) un
repertorio de reglas circunstanciales que prevé diversas circunstancias de
comunicación correspondientes a diversas
interpretaciones (Eco, 1999).
Aunque ya se había mencionado la cualidad convencional del código,
poco se había hablado de su naturaleza de oposiciones y transformaciones, así,
“un código como langue se ha de
entender como una suma de nociones que por razones de comprensibilidad se
pueden indicar como competence del
parlante, pero que en verdad constituiría aquella suma de competencias
individuales que forman el código como convención colectiva” (Eco,
1999:122). Lo anterior, si es trasladado
a un momento específico de comunicación, se entenderá a la convención como
implícita de la socialización de la semiosis “personal”.
Lo que hemos descrito hasta este momento son las cualidades y
características del código, pero habrá que considerar que más de dos de éstos
intervienen necesariamente en un proceso comunicativo, estableciendo relaciones
entre ellos, entretejiendo y dándole forma a los mensajes que serán
transmitidos y puestos en diferentes relaciones. En este sentido, a) para que
exista un proceso de comunicación, es necesario que estén más de dos códigos en
juego, b) al tiempo que cada uno de sus elementos es intercambiado o puesto en
un nivel jerárquico diferente. Así, el código es como un elemento latente del proceso de comunicación cuya
verdadera importancia no recae en su existencia dentro del proceso, sino en las
relaciones que genera, es decir, el acto de codificar es más importante que el
código mismo.
Aún con la afirmación de Jean Baudrillard que “en cuanto se supone
una relación ambivalente, todo se desploma. Porque no existe código de la
ambivalencia. Sin código, ya no hay codificador ni decodificador, las comparsas
levantan el vuelo. Tampoco hay ya mensaje, puesto que éste se define como
emitido y recibido” (Baudrillard, 1999:216), podríamos argumentar algunas
consideraciones importantes. (i) El requisito necesario para la comunicación es
que sea puesto en juego más de un código -como en la noción de texto para Julia
Kristeva (Kristeva, 1978) o Roland Barthes (Barthes, 1999)- por eso, es muy
difícil entender su desaparición. (ii) O bien, se habla de elementos
identificables como s-códigos (sistemas-códigos)[27] que se articulan bajo la
misma lógica del código rector, o de elementos que evidentemente pertenecen a
otro código. (iii) Por otra parte, se podría argumentar que lo que se está
entendiendo como elementos o funciones de ambivalencia, podrían ser los límites
del código, y estaríamos enfrentados a un código incompleto o que no alcanza
para explicar ciertos sistemas de significación[28]. (iv) Finalmente,
podríamos argumentar que la necesidad de explicar la comunicación a través de
nociones de pluricódigo, conllevan dos fuertes implicaciones: a) que el punto
de encuentro entre un código y otro sea tan sutil que se le comprenda como un
solo código; y b) que ciertos lenguajes estén tomando supremacía sobre otros y
se entienda a alguno de ellos como articulador o rector del proceso, es decir,
como código y no como elemento.
En este punto, hemos encontrado que el código es un concepto que
importa por su acción de codificar. “La función del código es la de hacer
comprensible un texto, de hacer inteligible una práctica social o un discurso,
ya que los ubica en el marco de una estructura semántica” (Zecchetto,
2003:123). Hasta este momento hemos hecho una breve descripción de lo que es el
código y su importancia dentro del proceso de comunicación-significación, sin
embargo, es necesario entender cómo funciona éste directamente en el proceso
comunicativo.
Por ahora, podemos decir que la significación es inevitablemente
un producto de un proceso de
comunicación. Este proceso de comunicación conlleva necesariamente un proceso
de significación que estará regido por normas de valor que devienen de una
convención social, es decir que son producto del espacio social de la semiosis,
la cultura. Parte medular del proceso de significación es, por tanto, la
existencia de un intérprete que considere a algo como signo y lo ponga en
relación con otros signos. Queda hasta este punto clara la diferencia de este
tipo de procesos con los de transferencia de información, más por la necesidad
de que un estímulo sea interpretado que por las cualidades mismas de la
información. Una vez que algo es considerado como signo y se le atribuye un
determinado significado, podemos decir que ha existido un acto de
codificación-decodificación que se dio de forma simultánea con la comunicación
misma. Todos estos elementos trabajando de forma simultánea permiten hablar
entonces de un proceso comunicativo y por ende de un proceso de significación.
2.2.
La estructura de los diagramas lineales de la comunicación
Con miras a la
construcción de una propuesta de modelo comunicativo (Capítulo IV), hemos de
hacer un breve recorrido por los modelos precedentes, no sólo por la
importancia histórica que éstos tienen en el estudio de la comunicación, sino
porque son la base de lo que entendemos como modelos lineales, construidos
sobre dos nociones básicas: emisor/receptor. Es necesario incluir este breve
recorrido porque es de estos modelos que nace nuestra crítica y propuesta, es
desde donde surge la necesidad de la inclusión de la complejidad y de la semiótica
como principal herramienta.
Partimos así, de
dos tipos de comunicación. a) Las situaciones en que el objetivo del acto
comunicativo es transmitir una información constante. En este caso todo el
sistema está orientado a la comprensión máxima y cualquier falta de
coincidencia con el código de los que intervienen en el proceso –fuente de una
no comprensión- será considerada como una interferencia. b) Las situaciones en
que el objetivo del acto comunicativo es producir una nueva información.
Encaramos así dos modelos comunicativos diferentes, el primero de ellos ha sido
ampliamente estudiado y muy utilizado, sin embargo, el proceso de la
comunicación no se reduce a uno u otro tipo, sino que articula ambos. La
transferencia de información es apenas una herramienta del proceso, es un
elemento más que requiere de la puesta en marcha de relaciones complejas y
tensivas entre cada uno de los elementos en miras a la construcción de sentido,
significado y nuevos mensajes. Así, dado que el proceso de transferencia de
información ya ha sido muy trabajado, es tiempo de incluir nociones
alternativas a fin de comprender el proceso mismo de la comunicación en su
complejidad.
2.2.1. El problema del emisor, receptor y la linealidad
Los principales estudios en torno a
la comunicación nacen en Estados Unidos producto, principalmente, del avance de
las nuevas tecnologías. De este mismo campo nacen también los primeros esquemas
o modelos que explican el proceso de la comunicación.
Entre
los principales teóricos/técnicos/pensadores que reflexionan en torno a la
comunicación se encuentran Harold Lasswell, importante por su tan citado y
utilizado paradigma. Paul Lazarsfeld
quien aportó reflexiones importantes sobre los efectos de los medios de
comunicación colectiva y la influencia que ejercen los llamados “líderes de
opinión” sobre los individuos. Kurt Lewis, quien investigó sobre la
comunicación de grupos y los reflejos en
el comportamiento y actitudes de sus miembros. Wilbur Schramm investigó sobre
la correlación entre la lectura de
periódicos y las características de los lectores. Jacques Kayser hizo los
primeros estudios sobre morfología y contribuyó al análisis comparativo del
periodismo impreso. Norbert Weiner, basado en la teoría cibernética, contribuyó
a crear el sistema de control en la comunicación a través del sistema de
dirección. Shannon y Weaver desarrollaron los fundamentos de la “teoría de la
información”, que la explica como un elemento constitutivo de la organización
social (Heliodoro 1994).
Algunos de ellos desarrollaron
esquemas del proceso de comunicación, que aunque involucren diversos elementos
o diferentes conceptos, en la práctica resuelven en formas muy similares. El
modelo o paradigma de Lasswell, por ejemplo, contempla cinco elementos: 1)
quién dice 2) qué en qué 3) canal a 4) quién con 5) qué efectos. Este mismo
modelo más tarde será modificado por Nixon quién agregará dos elementos más: 1)
quién, 2) con qué intenciones, 3) dice qué, en 4) qué canal a 5) quién, 6) bajo
qué condiciones y 7) con qué efectos. En 1947, Shannon y Weaver diseñaron uno
de los más usados modelos contemporáneos de la comunicación electrónica, que
explica, por ejemplo, un circuito radiofónico o telefónico: fuente de
información-mensaje-transmisor-señal emitida-señal recibida-receptor-mensaje-destino.
En 1960, David K. Berlo hace una
modificación a estos modelos ubicando independientemente al codificador y al descifrador. El codificador que traduce a una clave[29] los propósitos de la
fuente y el descifrador que traduce la clave en términos que puedan ser
comprendidos por el perceptor: la fuente de la comunicación-el codificador-el
mensaje-el canal-el descifrador-el perceptor de la comunicación.
Wilbur Schramm y algunos otros más
desarrollarán modelos propios pero bajo los mismos principios: la linealidad y
la noción de emisor-receptor; aunque esta linealidad tenia una episteme detrás,
los modelos mecanismos del positivismo, la concepción causal de la
comunicación; la linealidad más que una diagrama es un a prior sobre la comunicación
y sus condiciones para realizarla. Nosotros, apuntamos desde el comienzo a un
modelo comunicativo que permita tener un acercamiento más real con la dinámica
misma de la comunicación en un espacio social determinado, por esa razón se ha
utilizado la semiótica como herramienta. Y, como menciona Oscar Quezada
Macchiavello, “cuando se trata específicamente del caso de la comunicación
humana, el modelo emisivo/perceptivo es insuficiente y debe ser complementado
y, por ende, profundizado por un modelo persuasivo/interpretativo regido por la
comunicación de una creencia” (Quezada 1996:168).
Esta idea de nuevo orden binario
persuasivo/interpretativo es lo que nosotros hemos introducido desde el
análisis del proceso de significación. Ahora bien, al principio hablamos de
sistemas de significación/sistema de reglas, esos sistemas de reglas o de orden interpretativo son códigos que
guían al proceso mismo. Involucramos brevemente la descripción de los modelos o
esquemas comunicativos que explican la dinámica de la comunicación para hacer
resaltar los problemas que encontramos en su explicación. i) Son esquemas
lineales que ponen al emisor y al receptor como polos opuestos del proceso,
visión que imposibilita que ambos sean considerados uno al mismo tiempo, aún con la posibilidad de la ciclicidad del
sistema, es decir, aún con la eventual retroalimentación, en donde un receptor
se convierte en emisor y viceversa. ii) Los modelos no exigen al destinatario
un acto interpretativo, sino que un elemento ajeno al receptor hace las veces
de la traducción del código (clave) y la “supuesta” interpretación de la
información. Estamos más ante un modelo de transferencia de información que de
comunicación. iii) Finalmente, estos modelos no hablan de
significación/significado, interpretación, mira, pertinencia o cualquier
función que suscite un acto de pensamiento, un acto donde los signos se creen y
actualicen, donde sean usados, es decir, que no encontramos el nivel pragmático
de la semiótica, de la significación y, por ende, de la comunicación.
Aunque en una forma no muy clara,
los modelos precedentes ya apuntaban a
una interrelación de los elementos: “los componentes de un proceso interaccionan, es decir, cada uno de
ellos influye sobre los demás” (Berlo 2000:21). Nosotros avizoramos algo
diferente, más allá de su análisis fragmentario que por razones metodológicas
tiene que sucederse de esta forma, entendemos a todos los elementos como una
misma unidad, un todo que se resuelve en el proceso de la comunicación mismo.
De igual forma como Iuri M. Lotman entiende la semiosfera: “Las partes no
entran en el todo como detalles mecánicos, sino como órganos en un organismo.
Una particularidad esencial de la construcción estructural de los mecanismos
nucleares de la semiosfera es que cada parte de ésta representa, ella misma, un
todo cerrado en su independencia estructural” (Lotman 1996:31).
Entendemos la importancia de la
constitución e identificación de los elementos del proceso de comunicación,
pero habremos de decir que éstos representan sólo una parte. Es aquí, donde
intentaremos contribuir desde la implementación del binomio
persuasivo/interpretativo, y la dinámica del código dentro del proceso mismo.
Siguiendo a Lotman, estudiamos el desarrollo independiente de los elementos del
proceso como estructuras únicas y complejas, como órganos dentro del organismo.
Esta visión sincrónica de la comunicación es necesaria para después entender su
acción. La comunicación sólo existe en tanto acción. Así, el comportamiento de
las estructuras es más tarde puesto en relación, primero de forma aislada
(órgano) como un todo constituido y después de forma conjunta que, de igual
manera, representan una unidad
(organismo).
La idea de modificar ciertas nociones básicas sobre el fenómeno de
la comunicación parte de la base del acto comunicativo mismo; así como el signo
se entiende a través de su acción, en la comunicación es igualmente
imprescindible la dimensión pragmática, en donde cada uno de los elementos que
ya hemos descrito entran en interrelación temporal, discursiva y de
significación.
Con esto, inferimos que los modelos que hemos presentado responden
a nuestro primer tipo de comunicación, aquel cuyo objetivo es la transmisión
constante de información, en donde las irregularidades del código o la imposibilidad
de su traducción sin pérdida de sentido y/o modificación del significado es
considerado como una interferencia. Este tipo de esquemas basados en la
descripción lineal del proceso resultan incompletos para explicar situaciones
en las que se ven involucrados seres humanos y, si han funcionado hasta ahora,
no es porque estén mal planteados, sino porque explican una parte del
proceso, la transmisión de información.
La significación
se da porque un determinado grado de información es interpretado, así, se da el
proceso de comunicación. No decimos con esto que la transmisión de información
es ajena al proceso de comunicación, sino que la comunicación es entendida a
través de la interpretación de la información, lo que no puede ser entendido de
manera inversa.
Al incluir la
relación persuasivo/interpretativo que plantea Quezada, evidentemente estamos
hablando del segundo tipo de comunicación cuyo objetivo es la producción de
información nueva. Esta dinámica se da gracias a la intervención del código,
cuya verdadera importancia dentro del proceso comunicativo es la de ayudar a
determinar otro sistema de oposiciones: comunicación - no comunicación.
2.2.2. La noción de pluricódigo en la comunicación humana
Existen
condiciones mínimas para los procesos comunicativos. La noción de pluricódigo
es una de ellas, es decir, que no sólo interviene un código con la complejidad
que ya antes hemos descrito en 2.1.4, sino que es necesario que más de dos
estén involucrados. Además, es necesario contar con por lo menos dos códigos
que sean intraducibles entre sí, dado que el segundo código debe cumplir con la
relación sintagmática dejando de lado las relaciones semánticas (o a la
inversa) a fin de generar tensiones en los intercambios y traducciones del
código, lo que generará a su vez nuevos sentidos y significados dejando de lado
la pura transmisión y recepción de un determinado volumen de información[30]. Esta forma de
interacción entre un texto determinado
(con su propio código) y la intromisión de uno diferente genera una situación
semiótica en dos niveles: al nivel del sistema y al nivel del texto o código
que será insertado en dicho sistema, lo cual a su vez provocará que
inevitablemente ese paquete de información deba ser interpretado. El proceso de
semiosis ha comenzado y la comunicación también, se comienzan a crear nuevos
textos[31] y nuevos mensajes[32].
Los
sujetos involucrados en el proceso, deben tener la característica de poseer
códigos disímiles[33] entre sí, además de
poseer las herramientas necesarias para traducir el mensaje del código extraño
a sí. Aquí, una paradoja: cada elemento/sujeto/objeto involucrado en el proceso
de comunicación debe poseer por sí mismo un código que le permita entender los
textos provenientes de determinados sistemas de significación o semióticos, al
tiempo de poseer algún otro intraducible en determinados sistemas, el cual
funcionará como traductor en el proceso comunicativo. Este tipo de
intromisiones textuales hacen imposibles los procesos comunicativos en los que
interviene únicamente un código o en el que el mensaje/texto ha sido recibido
sin transformación alguna de sentido o alteraciones cuantitativas, cualitativas
o cognitivas.
El provecho colectivo de los participantes en el acto de comunicación consiste en
desarrollar la no identidad de los modelos en forma de los cuales se representa
el mundo exterior en su conciencia. Esto se logra en el caso de una no
coincidencia de los códigos que forman su conciencia. Para ser mutuamente
útiles, los participantes de la comunicación deben conversar en lenguajes
diferentes (Lotman 1998:40).
Por
ejemplo, en la comunicación que se da en un mismo sujeto pero en tiempos
diferentes, en las interacciones pluricódigo es necesario tener en cuenta que
el primero de los códigos (el que es compatible con el sistema semiótico al que
se pertenece y que es inmanente al sujeto/intérprete) es insertado en el
sistema semiótico como estructura puramente semántica. El segundo, por su
parte, representa una estructura sintáctica altamente desarrollada. En el enfrentamiento
entre ambos códigos el segundo de estos toma supremacía sobre el primero
convirtiéndolo (o suponiendo/dando la apariencia) de crear un texto
a-semántico, pero este nivel de orientación es directamente proporcional a la
posibilidad de generar asociaciones de significación en diversos niveles, desde
los más generales, hasta los extremadamente personales.
En
este punto, el código como noción y concepto es más un elemento que actúa y
dirige el proceso de la comunicación al regular y establecer el resto de
relaciones que los demás elementos involucrados tendrán, así, lo importante no
es el código, sino la acción misma de codificar y decodificar pero no
constantemente, sino durante momentos del proceso. Puede entenderse entonces
que el código supone funcionar como estructura superior que escapa al mismo
proceso, encerrando dentro de sí a las micro/macro semióticas y micro/macro
procesos comunicativos.
Los
sistemas que podemos entender como base o los que determinan la lógica de la
codificación están proponiendo un cierto orden/sistema. El más simple es de
relaciones binarias o de oposición que ya hemos mencionado: carácter
organizado/carácter no organizado[34], semiótico/alosemiótico,
relevancias/opacidades[35], etcétera. Este tipo de
orden sistémico implica la pertenencia o no de determinados elementos que
estarán involucrados en los procesos de significación los cuales determinarán a
su vez el número, cualidad y características de los códigos involucrados. Si no
existiera este sistema de oposición estaríamos frente a un sistema de
transmisión de información, el cual tendría la cualidad de conservar de manera
íntegra el sentido de los mensajes.
Es importante señalar que basta
con que se distinga un nivel cualquiera
de la apropiación semiótica del mundo, para que en los marcos del mismo se
esboce de inmediato una oposición […] sin ello el mecanismo semiótico dado se
ve privado de dinámica interna y sólo es capaz de transmitir información, pero
no de crearla (Lotman 1998:31).
Esta
serie de oposiciones es la forma más práctica de entender un código, es decir,
que al igual que el resto de nuestros elementos, esta forma metodológica que
adoptamos funciona únicamente a nivel analítico, una vez que esta forma de
entender el código intenta ser puesta a funcionar en un acto comunicativo como
tal, el grado de complejidad se incrementa enormemente, debido a que todos los
procesos que aquí separamos, en la praxis comunicativa suceden de forma
simultánea.
Este segundo código que se inserta y se pone en relación con algún
otro en el que la información difícilmente es interpretada conservando el
sentido, permite no sólo la creación de nuevos mensajes, sino que implica la
construcción y deconstrucción de textos, implica un proceso de significación,
un acto de actualización sígnica y un acto de pensamiento. El sujeto inmerso en
este proceso se encuentra dentro de un acto de codificación-decodificación, es
decir, en un estado latente del código que se ordena a sí mismo, un metacódigo
que presenta su propio sistema de oposición, codificado-no codificado. Este
sistema se puede verificar con el arte y sus diferentes lenguajes, de la
traducción de la literatura a la música, la arquitectura o la pintura, por
ejemplo. De esta forma, el código se
autorregula haciendo posible, inclusive, la comunicación de alguien consigo
mismo, lo que Lotman denominó la comunicación “yo-yo”.
En el sistema “YO-YO” el portador de la
información sigue siendo el mismo, pero
en el proceso de la comunicación el mensaje es reformulado y adquiere un nuevo
sentido. Esto ocurre a consecuencia de que se introduce un código adicional –el
segundo- y el mensaje inicial es recodificado en unidades de la estructura de
éste, recibiendo los rasgos de un nuevo mensaje (Lotman, 1998:44).
En los procesos comunicativos pueden
existir ciertas paradojas o elementos de complejidad. En ocasiones los textos
de un determinado sistema semiótico comienzan a comportarse como códigos y
viceversa, y aunque esto pasa generalmente con los textos verbales, el fenómeno
se desarrollará generalmente en el sujeto que en ese momento funciona como
receptor o en sí mismo[36]. La interpretación
oscilará entre dos polos distintos (mensaje/código) o de uno y de otro al mismo
tiempo. En algunos sistemas semióticos más complejos como los del arte sucede
lo mismo, pero al código y al texto se suma algún elemento perteneciente al
sistema de significación. En estos sistemas semióticos ciertos elementos
cobraran mayor importancia sobre el resto y se constituyen como reglas
interpretativas o generadoras de orden, en una suerte de códigos[37]. Así, la idea de las
reglas interpretativas o del código no pueden ser únicas y estáticas, sino que
dependen y se construyen de acuerdo al momento
de la codificación en un determinado proceso comunicativo, ese momento determinará
a su vez los elementos, la dinámica de sus traducciones, el tipo de
comunicación o, en su caso, si estamos ante un proceso comunicativo o no.
2.2.3. La dinámica del proceso de comunicación humana
La
comunicación, una vez desarticulada su linealidad, se transforma en un fenómeno
complejo al incluir en su práctica la noción de movimiento-proceso, de una
dinámica que acompaña al acto comunicativo, “el diccionario define el proceso como cualquier fenómeno que
presenta una continua modificación a través del tiempo, o también como
cualquier operación o tratamiento continuos” (Berlo 2000:21).
La
comunicación, al igual que la gran mayoría de las manifestaciones del ser
humano, presenta una complicación intrínseca en su forma directa de praxis:
La sociedad es producida por
las interacciones entre individuos, pero la sociedad, una vez producida,
retroactúa sobre los individuos y los produce. Si no existiera la sociedad y su
cultura, un lenguaje, un saber adquirido, no seríamos individuos humanos. Dicho
de otro modo, los individuos producen la sociedad que produce a los individuos
(Morin 2003:107).
Así, epistemológicamente hablando, los individuos serían los primeros en producir a la sociedad que
los produce a ellos en un segundo
momento. Esto es de vital importancia, sobre todo al tratar de definir los
elementos que intervendrán en el proceso, sus relaciones y sus posibles estados
concretos.
En el esquema tradicional de la comunicación encontramos los tres
principales elementos (emisor-mensaje-receptor) que intervienen en el proceso
comunicativo y, aunque aparece como modelo extremadamente simplificado,
sobresalen las capacidades de re-significación y re-semantización de dos de los
elementos (emisor/receptor y receptor/emisor), los cuales tienen la posibilidad
de establecer una relación de bidireccionalidad con el mensaje
emitido/recibido.
Imaginemos un caso hipotético para establecer una posible guía de
nuestro análisis. Un sujeto “X” va caminando por la calle y al intentar
atravesar una esquina encuentra en la banqueta opuesta un cartel blanco con un
círculo negro en el centro. Sobre este ejemplo podemos desprender que: i)
independientemente de lo que el sujeto “X” crea o interprete que signifique
aquel cartel, ha habido un proceso de semiosis (significación) y que; ii) en el
proceso de semiosis ha intervenido un factor social que funciona como banco de datos previos al encuentro mismo
con el cartel y como fuente primaria en el proceso de significación.
Ahora bien, si al mismo ejemplo le agregamos que el sujeto “X” se
encuentra acompañado por un sujeto “Y” quien asume que el cartel en realidad
“no quiere decir nada”, entonces el proceso comunicativo se ha complicado.
Ahora no sólo intervienen los elementos que hemos mencionado, sino que se ha
sumado un sujeto más (Y) quien se ve afectado por los mismos elementos que el
sujeto “X”. Los factores que intervienen se han duplicado y es necesario
entender que esto se sucederá de forma exponencial de acuerdo al número de
sujetos que pudieran llegar a intervenir. Para entender esto, es necesario
dejar a un lado la estructura cognitiva individual, y las formas de idiolecto.
Hasta este momento sólo hemos hablado de la intervención de los
sujetos, no hemos hablado nada del cartel ni de sus cualidades significantes,
pero una vez que los sujetos se han puesto a discernir lo que pudiese
significar (primero de forma individual antes de socializar el discurso), el
cartel sufre una constante re-semantización de su significado. A esto hay que
agregar que dicho proceso se verá afectado directamente por un espacio social
(contexto), es decir, aquél donde queramos situar a nuestros actores. En este
primer acercamiento de un proceso de significación y comunicación, encontramos
varios elementos importantes: los sujetos, el detonador del proceso y el
proceso mismo, todos actuando de forma simultánea. En lo que concierne a la
posibilidad que existe de tener “n” cantidad de significados, debe de
entenderse como posibilidad ilimitada
pero finita.
En
este proceso primario de comunicación se ponen en relación diferentes
dimensiones, elementos y sistemas de significación. Cada una de estas formas
posee su propia dinámica interna con sus elementos constitutivos, después, cada
una es puesta en relación con las demás generando un sistema. Veámoslo más de cerca. El proceso de significación que
hemos descrito en 2.1 establece su propia dinámica y sus elementos (el código,
los sujetos, las transformaciones y tensiones entre códigos, etcétera), pero
cada una de las formas estructurales a las que hacemos referencia son en sí
sistemas de significación con sus dinámicas y estructuras propias (a nivel
personal, el cartel y sus reglas de interpretación, las reglas de la cultura,
etcétera). Es decir, que encontramos más de un sistema de significación con más
de un sistema de reglas. Por lo tanto cada uno de los sistemas de significación
tendrá sus propios elementos y sus propias dinámicas de interpretación. Son dos
elementos los detonadores del proceso; el sujeto/objeto, cada uno con sus
propias reglas de interpretación. Además, cada proceso se modifica de acuerdo a
la situación específica, por lo que cada uno de los elementos y sus sistemas de
reglas están en constante modificación. Finalmente, cada uno de los micro
procesos interpretativos/de movimiento/de significación se suceden de forma
simultánea con el acto comunicativo pero en dimensiones[38] diferentes.
Haciendo
una abstracción del proceso podríamos decir que los sujetos “X” y “Y” entran en
relación con un sistema de significación A
(el cartel) que posee sus propios elementos (círculo, color, disposición,
orden, formas, tamaños, etcétera) y sus propias reglas de interpretación
(señalética). Los sujetos que intervienen en la interpretación de A cuentan cada uno de ellos con sus
reglas personales de interpretación B
y C, además de compartir aquellas
reglas que pertenecen al espacio social (cultura) D. Tenemos así cuatro sistemas de significación diferentes pero que
se encuentran en relación por la acción de dos intérpretes que han considerado
algo como signo, o en este caso, como texto semiótico. Una vez analizado los
micro procesos semióticos de los sistemas de significación todos ellos tienen
que ser puestos en relación para formar uno general E. Este sistema general puede ser considerado como un todo semiótico
o como la semiosfera de Lotman, al poseer los órganos del organismo, los
elementos del sistema. Una vez que se ha constituido este espacio semiótico
complejo E, se puede entender así
mismo como un nuevo sistema de significación que, a su vez, puede ser
nuevamente puesto en relación con cualquier otro sistema de significación. Este
proceso se extiende de igual forma que el interpretante de Peirce.
Los sub sistemas de significación A, B,
C y D poseen cada uno sus propias reglas, elementos y define cada uno
la dinámica de las traducciones de los códigos que las conforman. Se podría
decir que cada una es un micro proceso comunicativo por sí mismo, pero no es
sino hasta su puesta en relación de sistema que se genera el verdadero proceso.
Cada uno de esos sistemas de significación (A,
B, C y D) definen su estructura de acuerdo al momento y al intérprete, que es el que finalmente determinará la mira y la pertinencia a la que ya hemos hecho referencia con anterioridad.
Evidentemente la información que se transmita dentro de los sistemas y fuera de
ellos no podrá mantener el mismo sentido
ni se podrá conservar un mismo mensaje durante todo el proceso. Estas complejas
relaciones que le dan forma a un sistema de significación único E es a lo que podemos llamar “proceso de
comunicación”.
Es
decir, que partimos desde la construcción sígnica, de los textos semióticos,
las reglas o códigos de interpretación a la constitución de los sistemas de
significación y la intervención de un intérprete que actualice la información
que se transmite. El acto de actualización involucra todo lo que hemos dicho,
además de hacer práctica una situación comunicativa. Nuevamente, la
comunicación no existe sin la praxis, sin la dimensión pragmática.
Los
modelos lineales explican las transferencias de información en el proceso que
hemos descrito, pero permanecen fuera de las posibilidades de entender la
codificación, sus traducciones, las tensiones que genera o la constitución de
un texto semiótico. En un principio decíamos que la información es una acción y
un efecto, que es en sí misma una comunicación o adquisición de conocimientos,
pero esa acción o adquisición es un proceso que no involucra necesariamente la
generación/producción de sentido, de hecho lo que transfiere o acciona es un cierto
grado de información, sin embargo es parte imprescindible de los procesos de
comunicación humana. En la definición que
El
proceso de comunicación que hemos descrito lo podríamos considerar en un nivel
primario de complejidad, sin embargo, la gran mayoría de lo textos de la cultura se encuentran en
los niveles más elevados por las relaciones que establecen y por la cantidad de
elementos que intervienen. Las tradiciones, las creencias, los intercambios devenidos
de los llamados “puentes culturales”
entre países, son ejemplos de sistemas macro de comunicación que elevan
enormemente la complejidad de sus propios sistemas. Algunos teórico como Néstor
García Canclini (García 1989, 1999, 2001) Armand Mattelart (Mattelart 1981,
1986, 1998) o Jesús Martín-Barbero (Martin-Barbero, 1987) explican este tipo de
procesos desde lo visible, lo cuantificable, lo sígnicamente o textualmente
construido, nosotros lo hacemos desde las estructuras inversas, desde lo que
Juan Luis Pintos denominó las opacidades.
Las
nociones básicas de emisor y receptor son suplidas por las de intérprete dado
que permite hablar de dos prácticas diferentes en un mismo momento y puede ser
entendido entonces, como una unidad. Si bien la forma lineal de explicación y
los elementos que se usaron para la comprensión de su dinámica funcionaron, es
imprescindible la incorporación de nuevas formas y acercamientos a un proceso
que es por naturaleza complejo.
2.3. Comunicación y complejidad
En
2.1 hemos hecho un breve análisis del proceso de significación y lo hemos
puesto en relación con el proceso de comunicación en 2.2. En esta relación
encontramos que en la frontera entre cada uno de los procesos se generan
fenómenos que escapan a la posibilidad de ser explicados por medio del
paradigma de la linealidad, o los modelos devenidos del principio de
linealidad. Dichas relaciones han sido consideradas complejas, no obstante, es
necesario definir y especificar qué es lo que se está entendiendo por complejidad
y la forma en que ésta se relaciona con la comunicación. Basaremos este
apartado en dos teóricos que abordan la complejidad de dos formas diferentes:
Edgar Morin desde su planteamiento teórico por su inclusión a la reflexión del
paradigma de la complejidad, y I. M. Lotman por desarrollar y aplicar de forma
práctica el paradigma de la complejidad al estudio de la cultura[39].
2.3.1. Algunas nociones de complejidad
Devenido de la reflexión teórica de
los modelos lineales en general, se buscaba poner orden a los fenómenos más
allá de los puramente comunicativos, así, esa búsqueda de orden dio como
resultado el paradigma de la simplicidad. En dicho paradigma es menester
terminar con el desorden (igual que el ruido en el caso de la comunicación) y
establecer fronteras claras de pertenencia-no pertenencia a un determinado
sistema, el cual determinará de igual manera la forma en que se han de entender
los elementos.
Así es que el
paradigma de simplicidad es un paradigma que pone orden en el universo, y
persigue al desorden. El orden se reduce a una ley, a un principio. La
simplicidad ve a lo uno y ve a lo múltiple, pero no puede ver que lo Uno puede,
al mismo tiempo, ser Múltiple. El principio de simplicidad o bien separa lo que
está ligado (disyunción), o bien unifica lo que es diverso (reducción) (Morin,
2003:89).
Esta posibilidad que se genera de
ver a lo uno y a lo múltiple al mismo tiempo es lo que más tarde va a generar
posibilidades de análisis mucho más próximas a la situación concreta de los
fenómenos en el seno de su estructura y en el espacio concreto de su
manifestación. Aún así, no se puede olvidar que Uno no existe sin el Otro; más
aún, que uno es, al mismo tiempo, el
otro, si bien son tratados con términos y conceptos diferentes. Este uno y otro del que hablamos puede ser comprendido como cualquiera de los
elementos que intervienen en los procesos que conforman la comunicación, pero
ya no vistos o analizados desde la linealidad y la imposibilidad de la
simultaneidad, sino con la necesidad de entenderlos como imprescindibles en un
tiempo/espacio concretos. Esto es, que un determinado elemento en un proceso
determinado es uno u otro, o bien, uno y otro. Aquí una paradoja de la
complejidad: el elemento es uno u otro al tiempo que es uno y otro, pero siempre
se manifestará de alguna de estas formas, sin
embargo, posee la posibilidad de ser esas formas al mismo tiempo.
Esta forma de convivencia generada a
partir de lo uno y lo múltiple simultáneo, abría al mismo tiempo otra paradoja
conceptual que no sólo aceptaba la existencia simultánea del orden y el
desorden, sino que, además, de alguna manera ambos cooperaban para organizar no
sólo un sistema determinado, sino cualquier relación sistémica.
Al comienzo del
siglo XX la reflexión sobre el universo chocaba contra una paradoja. Por una
parte, el segundo principio de
Las condiciones anteriores nos dan
dos posibilidades: i) que dentro de una misma organización un determinado
elemento (órgano/objeto/sujeto/etcétera) puede ser considerado como uno u otro
al mismo tiempo. Esta misma consideración se hace extensiva a las relaciones
que se establecen entre cada elemento de la organización. Además, ii) es
posible que dentro de dicha organización convivan el orden y el desorden para
estabilizar el nivel de entropía generado por los elementos, sus interrelaciones
y sus mutuas implicaciones, logrando la neguentropía y organizando al
organismo. Esto representa una organización compleja en donde el orden y el
desorden se incrementan mutuamente. Este tipo de consideración podría parecer
contradictoria y poco lógica, sin embargo, la aceptación de la complejidad es
la aceptación de una contradicción que funciona, contradictoriamente, como
fórmula organizadora. En este caso, lo uno y lo otro, el orden y el desorden
funcionan como pares dialécticos de oposición y mutua correspondencia, que no
sólo establecen reglas de organización, sino que estabilizan los altos niveles
de entropía al interior de la organización.
Al haber introducido el binomio
interpretativo/persuasivo a la dinámica del proceso comunicativo, deconstruimos
los modos lineales y posibilitamos las contradicciones, es decir, que incluimos
nociones de complejidad. Cuando decíamos que un fenómeno determinado de
comunicación establecería tácitamente su dinámica interna, sus elementos, sus
interrelaciones, etcétera, en realidad nos estábamos refiriendo al fenómeno
comunicativo como una organización que tiene la posibilidad de auto
organizarse, de establecer su propio orden y desorden, sus propias jerarquías,
pero finalmente su propia estabilidad. He aquí un principio más de la
complejidad, la autonomía[40].
Y, al igual que hemos definido en 2.2.3, cada sistema o micro sistema comunicativo será independiente y autónomo,
estableciendo relaciones complejas entre cada uno de los sistemas con los que
sea puesto en relación/interacción.
La
complejidad es muchas veces entendida como la complicación de un determinado
sistema o un organismo. Sin embargo, la complicación es un elemento
constituyente de la complejidad, entendido éste como el “entrelazamiento
extremo de las inter-retroacciones” (Morin, 2003:101), por lo tanto, si decimos
que la comunicación es de entrada un proceso complejo, se entiende entonces que
también es un proceso complicado. Pero no siempre la complicación es un claro
indicador de que se pueda considerar o no a un sistema como complejo, para esto
intervienen otra serie de elementos y algunos principios que veremos más tarde.
Desde un principio hemos apuntado a
una concepción compleja de la comunicación al establecer una herramienta
semiótica en nuestro estudio y al considerar todo acto comunicativo en
interdependencia a los actos de significación o actos semióticos. Esta
concepción de la comunicación afronta, además de lo dicho, la necesidad de macro conceptos[41] que nos ayuden a definir
la comunicación de la no-comunicación, o lo que es lo mismo, lo perteneciente
al espacio semiótico, espacio que se encuentra delimitado (pero no cerrado) por
una suerte de frontera que lo define como perteneciente a un determinado
espacio semiótico:
Así como en la matemática se llama frontera a un
conjunto de puntos pertenecientes simultáneamente al espacio interior y al
espacio exterior, la frontera semiótica es la suma de los traductores “filtros”
bilingües pasando a través de los cuales un texto se traduce a otro lenguaje (o
lenguajes) que se halla fuera de la
semiosfera dada. El “carácter cerrado” de la semiosfera se manifiesta en que
esta no puede estar en contacto con los textos alosemióticos o con los
no-textos. Para que éstos adquieran realidad para ella, le es indispensable
traducirlos a uno de los lenguajes de su espacio interno o semiotizar los
hechos no-semiótico (Lotman, 1996:24).
Así, el
sistema semiótico no sólo acepta dentro de sí a lo uno y lo otro simultáneo, al
orden y al desorden temporalmente correspondientes, sino que está puesto en
relación con lo que se encuentra fuera de sí, es decir, con otro sistema, un
sistema alosemiótico del cual puede importar o exportarle elementos, textos o
diferentes códigos (reglas) que lo modifiquen y actualicen. Ya no hablamos aquí
de un proceso de significación o uno de comunicación, sino que nos referimos a
la comunicación misma como un todo cerrado y dinámico. En el ejemplo que
apuntamos en 2.2.3, al proceso interpersonal-objetual y a su conjunto de
relaciones lo podemos llamar comunicación, pero más de uno de estos procesos
están puestos en relación con un determinado espacio/tiempo que es la cultura.
Cada uno de los procesos va a establecerse como sistema “no-cerrado”
permitiendo el intercambio con otros sistemas no-cerrados en sus diferentes
fronteras. Debido a la gran cantidad de intercambios que se dan, las fronteras
son siempre borrosas y se encuentran superpuestas, su delimitación únicamente
opera, una vez más, a nivel analítico. Este fenómeno lleva a la necesidad de
establecer parámetros de identificación de cada proceso, que es lo que Morin
define como macro conceptos. Para nuestro caso, esos macro conceptos definen el
tipo de comunicación que se está analizando o llevando a cabo.
Como
ya habíamos apuntado antes, los modelos lineales insertos en el paradigma de la
simplicidad no pueden ser eliminados ni resultan inservibles, al contrario, son
complementarios a los persuasivos/interpretativos que se constituyen a sí
mismos como modelos complejos. Finalmente, “la complejidad es la unión de la simplicidad y la complejidad; es la
unión de los procesos de simplificación que implican la selección,
jerarquización, separación, reducción, con los otros contra-procesos que
implican la comunicación, la articulación de aquello que esta disociado y
distinguido; y es el escapar a la alternativa entre el pensamiento reductor que
no ve más que los elementos y el pensamiento globalista que no ve más que el
todo” (Morin, 2003:143-144).
Por
esto, no apuntamos a la desaparición de los modelos lineales o simplistas, sino
a la integración de un sistema más que involucre al paradigma de la complejidad
como elemento constitutivo de su estructura. Apuntamos así, a un acercamiento
más real con el fenómeno de la comunicación que, visto de esta manera, cobra
una nueva importancia y se inserta en un nivel diferente de la transmisión de
información y, dado que la complejidad contempla la imperfección porque incluye
la incertidumbre y el reconocimiento de lo irreductible, la comunicación habrá que
entenderla bajo estos parámetros.
[…] la
complejidad, no es solamente la unión de la complejidad con la no-complejidad
(la simplificación); la complejidad se halla en el corazón de la relación entre
lo simple y lo complejo porque una relación tal es, a la vez, antagonista y
complementaria (Morin, 2003:44).
La necesidad de la visión compleja en el fenómeno
comunicativo es imprescindible para entender las relaciones que se generan a
partir de los elementos que hemos ido analizando y sus múltiples relaciones. Es
aquí en donde los modelos devenidos del principio de linealidad establecen un
límite conceptual y de representación, pero al mismo tiempo presentan límites
conceptuales. La complejidad nos permite abrir el espacio de reflexión teórica
en torno al fenómeno de los procesos comunicativos al tiempo que nos da
herramientas de análisis y pautas metodológicas en el discernimiento entre la
comunicación y la no comunicación.
2.3.2. Breves nociones de epistemología de la complejidad a partir
de Edgar Morin
Al
igual que la mayoría de los paradigmas, el de la complejidad no escapa a la
lógica de sus principios rectores, tres de los cuales mencionamos a
continuación y los cuales pertenecen a la propuesta hecha por Edgar Morin en
1990 (Morin, 2003) en
El primero es el principio llamado dialógico. A este principio corresponde
la lógica o el supuesto que dentro de un sistema (organismo) dos principios
funcionan de forma conjunta, ambos considerados como antagonistas pero complementarios,
es decir, de acuerdo con lo que habíamos supuesto de lo uno y lo otro al mismo
tiempo, es aquí complementario y antagonista. Los códigos y sus traducciones
son un claro ejemplo, no sólo son complementarios para hacer coherente e
inteligible un discurso/texto/signo semiótico dentro del proceso comunicativo,
sino que son, al tiempo, necesarias las intraducciones entre al menos dos de
ellos. Se entiende entonces que dos códigos deben ser antagonistas al tiempo
que se complementan dinámicamente para generar las interpretaciones y
traducciones de ellos mismos. Esto mismo sucede con cada uno de los elementos
del proceso, dentro y fuera de los sistemas de organización. El principio
dialógico se establece de igual forma como principio epistemológico de la
complejidad y como elemento analítico al corresponderle una lógica sintagmática
dentro de la complejidad. “El principio dialógico nos permite mantener la
dualidad en el seno de la unidad. Asocia dos términos a la vez complementarios
y antagonistas” (Morin, 2003:106).
En el seno de cada sistema de
significación se establecen este tipo de relaciones, las cuales se extienden a
las fronteras de los mismos sistemas para incorporarse a esa
importación/exportación de elementos entre sistemas. Cada sistema semiótico
puede entenderse, entonces, como sistema abierto y, si acaso, los elementos o
signos/textos semióticos como sistemas cerrados. No obstante, esto es a nivel
analítico y bajo la mirada sincrónica de un caso específico de comunicación,
fuera de este espacio/tiempo delimitado la dinámica de los códigos y procesos
(significativo/comunicativo) convierten a la comunicación en un fenómeno en
constante movimiento, en acción. Por lo tanto, la complejidad fija un principio
imprescindible para comprender la praxis comunicativa.
El segundo principio es el de recursividad organizacional. “Un proceso
de recursividad es aquél en el cual los productos y los efectos son, al mismo
tiempo, causas y productores de aquello que los produce” (Morin, 2003:106). Un
ejemplo somos los individuos que producimos a la sociedad a la vez que esta nos
produce a nosotros, parte de esto es lo que analizamos y citamos en 2.2.3. Para
nuestro caso concreto, en la comunicación es imprescindible la incorporación y
la acción de un individuo, elevando este principio a la categoría pragmática de
la semiótica, a la acción y relación de esos elementos, sistemas de
significación y sus respectivas relaciones, con el sujeto inmerso en el acto
comunicativo, en la acción de la comunicación.
Es aquí, que el intérprete no sólo es espectador del acto comunicativo,
sino que participa de el, lo hace en común, lo pone en común o lo deconstruye
en común. Lo mismo que plantea Morin para la sociedad sucede con la
comunicación y los individuos son, a la vez, elementos, intérpretes,
codificadores y decodificadores de sistemas de significación, son los que
finalmente construyen un acto comunicativo como tal.
Ahora bien, si consideramos cada
proceso comunicativo[42] como un elemento
particular, podríamos decir que cada uno es como los individuos y que la
sociedad sería la suerte de “la comunicación”. Esta analogía, aunque fuera de
lugar, establece los parámetros para una ciencia de la comunicación, una
ciencia dedicada a entender y delimitar su objeto de estudio, metodología y
dinámica misma.
El tercer y último principio que plantea Morin es el principio hologramático, el cual
consiste en considerar que no solamente la parte está en el todo, sino que el
todo está en la parte. A esto ya hemos hecho referencia explícita en 2.2.1.,
siguiendo la idea puesta por I. M. Lotman. Sin embargo, para la comunicación es
útil por su consideración, de significación, que a su vez esta estrechamente
relacionada con el todo del proceso, el cual posee, por sí mismo, su propia
parte significativa y, la cual, nuevamente se relaciona con el elemento mismo.
Esta cadena circular de significación determina un proceso que puede terminar
en lo que apuntábamos en 2.1.1.
Los tres principios que acabamos de
seguir pueden ser considerados como pautas epistemológicas de la complejidad y
nosotros las hemos puesto en relación con las tres dimensiones propuestas por
Charles Morris (Morris, 1994) para la semiótica. Esto nos sitúa ante un
panorama más claro del por qué de la inclusión del paradigma de la complejidad
a nuestro estudio, además, establece categorías y conceptos clave que nosotros
utilizaremos más tarde para nuestra propuesta alternativa de modelo
comunicativo. Así, la finalidad de citar los principios de la complejidad y las
dimensiones de la semiótica es para poner en relación a la comunicación y la
complejidad en miras a un desarrollo teórico acorde con las exigencias de un
fenómeno de semejantes dimensiones.
Los
diferentes procesos de comunicación que se pueden desarrollar en un entorno cultural
determinado, ya sean procesos interpresonales o mass mediáticos, además de
contar interna y externamente con los procesos, elementos e interrelaciones que
ya hemos descrito, se relacionan con un sujeto especialmente, es decir, el
investigador del proceso de comunicación. Nosotros al estar realizando el
análisis de un proceso comunicativo como en 2.2.3., somos investigadores a la
vez que participamos del mismo espacio-tiempo donde se esta realizando el acto
comunicativo. Pero, el proceso de investigación se complica cuando es el mismo
investigador el que es parte del proceso de comunicación, porque no sólo es
elemento imprescindible del intercambio comunicativo, sino porque que es la
posición desde la cual se verifica y analiza el flujo comunicativo. Es a esta
relación a la que se le ha llamado la “doble hermenéutica” que consiste en la
“intersección de dos marcos de sentido [frames
of meaning] como parte lógicamente necesaria de la ciencia social: el mundo
social significativo constituido por los actores comunes y los metalenguajes
inventados por los científicos sociales”[43]. Es decir, que la doble
hermenéutica interpreta sobre la base de una interpretación previa, y así,
construye el metalenguaje científico, escapando de las relaciones de
comunicación y estableciéndose como investigador de su propio proceso.
La doble hermenéutica transfiere a
metalenguajes[44]
lo que habrá más tarde de pertenecer a lo extrasistémico del acto comunicativo
que estemos analizando, así, la necesidad de poner en relación a la
comunicación con la complejidad se convierte en imprescindible para la
comprensión de los sistemas en donde un determinado flujo y cantidad de
información es transferido entre dos objetos/sujetos, los cuales perciben, en
primera instancia, e interpretan, en un segundo momento, la información que ha
sido transferida. Este sistema simple de comunicación implica la consideración
de la doble hermenéutica para la construcción de su propia explicación, de la
explicación de sí misma, esto es, que el acto comunicativo además de definir
sus elementos, estructura, etcétera, tiene la posibilidad de generar su propia
explicación, en donde los elementos y los procesos cobran un lugar propio en el
fenómeno. Es hasta este momento que entendemos el verdadero lugar que cada
elemento ocupa dentro del proceso, la función que cumple y las relaciones que
genera. Esto imposibilita el análisis previo a toda comunicación, pero si bien
se puede planear la mejor de las vías y el mejor de los medios para entablar un
proceso comunicativo, los resultados de la comunicación únicamente pueden ser
analizados una vez sucedido el acto comunicativo. El análisis no puede ser, por
tanto, simultáneo.
Además de la doble hermenéutica
existe una posibilidad más dentro de la complejidad y esta es la de considerar
a lo uno y a lo múltiple de forma simultánea. El investigador es elemento del
proceso comunicativo en tanto unidad, pero es al mismo tiempo investigador de
su propio proceso en el que también es un elemento único. Este sujeto funciona
en dos procesos como uno pero esta en
los dos al mismo tiempo, es decir, que es múltiple
en tanto dos unidades diferentes actuando al mismo tiempo. Pero esto mismo
sucede con otros elementos de la comunicación como los objetos, los textos
semióticos, los códigos, etcétera, lo cuales tienen, potencialmente, la
posibilidad de ser uno y múltiple al mismo tiempo. Para poder realizar un
estudio que nos permita acceder a este tipo de concepciones necesitamos de la
posibilidad de una doble interpretación, es de decir de una doble hermenéutica.
Por esto, hemos de considerar a la relación de lo uno y lo múltiple y la doble
hermenéutica como nuestro cuarto principio, al cual llamaremos, por efectos de
practicidad, como cuarto principio.
Este cuarto
principio se dispone a nivel analítico pero corresponde de forma directa con la
práctica de la comunicación. En los procesos comunicativos la gran mayoría de
los elementos establecen relaciones con otros elementos de forma simultánea y
se convierten en partes integrales de más de un micro proceso, en el que son
uno, pero al formar parte de más procesos son múltiples. En realidad la idea de
integrar el cuatro principio responde a la necesidad de establecer un marco
práctico de la comunicación, es decir, una forma en donde se actualizan los
conceptos, las relaciones y todos los procesos involucrados. Esto es lo que
corresponde a la acción de la comunicación como sucede en los diferentes
espacios sociales, es la pragmática de la comunicación entendida como una
dimensión de análisis. Este es nuestro cuarto principio.
2.3.3. La relación de los macro conceptos
Al haber
incluido el paradigma de la complejidad al análisis de la comunicación, se ha
generado una especie de fractura entre tres conceptos fundamentales que aquí
trataremos de reunir, la comunicación, la complejidad y el espacio semiótico
que une ambas para darles forma, analizarlas y hacer coherente su discurso.
Para esto seguiremos los planteamientos de I. M. Lotman en su ensayo Acerca de
En
un principio el análisis de los fenómenos respondía a un postulado: ascender de
lo simple a lo complejo, de las partes al todo. Esta consideración funcionó
hasta cierto tiempo en donde los límites de este enfoque (o método) llegó a
establecer límites dentro de los fenómenos mismos, es decir, que un postulado
teórico contradecía la “naturaleza” de un determinado
acontecimiento/fenómeno/objeto/texto cuyo comportamiento parecía seguir sus
propias reglas. Una paradoja epistemológica.
Este
primer postulado encerró dentro de sí un peligro: “la convivencia heurística
empieza a ser percibida como una propiedad ontológica del objeto, al que le
atribuye una estructura que asciende de los elementos con carácter de átomo,
simples y claramente perfilados, a la gradual complicación de los mismos. El
objeto complejo se reduce a una suma de objetos simples” (Lotman, 1996:22).
Como ahora podemos suponer, ninguna de estas formas, estructuras o sistemas
trabaja realmente en forma aislada, la separación es únicamente por una
necesidad heurística. Sólo funcionan estando sumergidos en un continuum semiótico, completamente
ocupado por formaciones semióticas de diversos tipos y que se hallan en
diversos niveles de organización. A este continuum
es a lo que Lotman llama la semiosfera (Lotman, 1996).
Resulta
entonces que la semiosfera, considerada como un organismo único, es el espacio
semiótico fuera del cual es imposible la existencia misma de la semiosis, de
los procesos de significación y, por ende, de los procesos de comunicación. Y,
de acuerdo con nuestros macro conceptos establecemos grados de pertenencia y
estratificación; la comunicación depende de un proceso de significación pero
éste último requiere estar situado en un espacio semiótico, requiere de la
construcción y consolidación del espacio semiósico, la semiosfera. Estos cuatro
macro conceptos[45] funcionan de acuerdo al primer principio, de
lo simple a lo complejo analíticamente. Los tres procesos son simultáneos a la
práctica de cualquiera de ellos y si únicamente analizamos uno de ellos y
obtenemos resultados coherentes del análisis es porque tácitamente los otros
tres (cualquiera que sean) también han estado funcionando. Si obtuvimos
resultados del análisis del proceso de significación fue porque este estaba
contenido o siendo parte de un proceso de comunicación el cual se dio en un
espacio semiótico concreto. Y los resultados que obtuvimos de las relaciones
entre sus elementos fueron de naturaleza compleja, e decir, que implícitamente
estaban funcionando el resto de los sistemas para hacer legible y coherente un
determinado discurso, en este caso, el de la significación. Esto mismo ha
sucedido con el resto de los procesos que hemos venido analizando, todo
envuelto en relaciones complejas.
Regresando
a la discusión sobre la frontera, como ya establecimos en 2.3.1., hay una de
éstas entre cada macro concepto, dicha frontera dependerá del modo de codificar
del intérprete, por lo que dentro de un mismo fenómeno la frontera será tan
diferente como sujetos intervengan en el acto. Pero esta frontera al pertenecer
a la semiosfera, la cual contiene tanto al proceso de significación como al
proceso de comunicación, establece en su periferia una frontera general que
cubre a la totalidad del sistema semiótico y que la separa de otros sistemas
semióticos o de sistemas alosemióticos. En esta frontera es en donde se generan
tensiones y traducciones de textos en ambos sentidos y es aquí en donde se
genera una forma de dinámica de los sistemas semióticos, transfiriendo textos
(grados de información) del núcleo a la periferia[46] o viceversa. En este
constante intercambio con el exterior (fuera de la frontera) se generan nuevos
textos, se modifica y actualiza un mismo texto o se desaparece alguno más. Los
textos semióticos, por tanto, sufren el mismo proceso de la atribución de
significado y de re-semantización de sus unidades elementales o elementos
constitutivos, una vez más, provocado por su acción dentro de un espacio
cultural determinado y por la interacción con un intérprete.
Aquí
ya no hablamos de estructuras simples o de partes de un todo complejo, sino que
optamos, después de un recorrido por las particularidades y los micro procesos
al interior de nuestros macro conceptos, por cambiar de mira hacia una visión general de nuestros objetos que convergen en
un solo punto. Ese punto de convergencia entre la significación, la
comunicación y el continnum semiótico es la producción de sentido. Ya no es el
binomio persuasivo/interpretativo, la linealidad de un proceso, la atribución
de significado, etcétera, lo que guía nuestro análisis, sino finalmente, la
transformación de un determinado flujo informativo a través de la interacción
de tres sistemas (comunicación/significación/semiosfera) puestos en relación
compleja para producir, generar o crear en un intérprete un sentido determinado
sobre “algo”, lo que sea. La introducción de los macro conceptos, la
complejidad y la semiótica se ajustan a la necesidad de una función
metodológica capaz de explicar la generación de sentido en el intérprete. Los
tres principios de la complejidad propuestos por Morin y el cuarto propuesto
por nosotros, actúan de forma conjunta con las dinámicas del proceso de
significación y con el proceso de comunicación, todo inserto en un espacio
semiótico determinado (donde además se articulan las tres dimensiones de la
semiótica), y generando en sus respectivas interacciones, relaciones de
complejidad.
En
este momento aparece una contradicción epistemológica fuerte y que está
estrechamente ligada a la metodología de la investigación. Partimos de lo
particular de los micro procesos de construcción de significado para construir
macro conceptos que nos permitan llegar finalmente a la construcción de
sentido, sin embargo, este método contradice los postulados de complejidad y
tiene más relación con la lógica “de lo simple a lo complejo”. Para esto, cabe
aclarar que la investigación se deconstruye a sí misma en macro conceptos, que
a se vez son los que funcionan al interior de la investigación. La
comunicación, la significación, la complejidad y la semiosfera se establecieron
como temas separados y cada uno se construyó de lo simple a lo complejo, pero
al mismo tiempo cada uno visto como macro concepto es un elemento de “la
comunicación”, tema central de nuestra tesis. No el proceso de comunicación,
sino el proceso complejo de la comunicación.
Hecha
esta aclaración, y establecida la forma en que se ha construido cada uno de los
macro conceptos, que desde ahora consideraremos simplemente como conceptos,
podemos recién partir hacia la propuesta de modelo, para el que se tendrán que
tener en cuenta todas y cada una de las construcciones sistémicas que se dan al
interior de cada concepto.
CAPÍTULO III
DE
3.1.
La “refundición” epistemológica
En el intento
por construir y/o proponer un modelo teórico de la comunicación, ciertas
nociones básicas y conceptos fundamentales se convierten en un problema y
algunos otros siguen teniendo una vigencia importante. Esos principios rectores
al convertirse en conceptos centrales para hacer consideraciones al interior de
la “ciencia de la comunicación” se entienden como fundamentos epistemológicos
los cuales, de acuerdo con Germán Vargas Guillen, se convierten, a su vez, en
temas epistemológicos: objeto, método y lenguaje (Vargas, 2003). El objeto de
la reflexión y estudio teórico de la comunicación puede ser guiado a diferentes
fenómenos envueltos en el ámbito de la comunicación, ya sea desde el estudio
del campo como tal, es decir, los círculos académicos, los productos de la
reflexión teórica (publicaciones) o la estructuración de los planes de estudio
(Fuentes, 1998). O bien, desde otros enfoques pero dentro del campo académico
de la comunicación (Galindo y Luna, 1995). Debido al camino que hemos seguido
hasta ahora y que pretendemos seguir, nuestro objeto se ubica en la reflexión
en torno a la comunicación —y los
modelos de la comunicación— en un
nivel teórico, así, la búsqueda epistemológica en los modelos lineales de la
comunicación será sustituida por un enfoque diferente que más adelante
explicaremos.
Entendemos que la
reflexión epistemológica busca que el conocimiento esté básicamente exento de
supuestos, pero que reconociendo la imposibilidad de alcanzar tal ideal, sume
la tematización de los puntos de partida que se quedan como comprensiones
presuntas en el comienzo de la práctica de investigación (en cualquier orden del
conocimiento, bien sea de la realidad social, natural, formal o tecnológica)
(Vargas, 2003:44).
No es casualidad ni algo fortuito el
hecho de que la comunicación se haya tendido a explicar por medio de la
linealidad y los elementos que ya hemos mencionado en 2.2.1, sobre todo si
tenemos en cuenta que la epistemología pretende psicoanalizar nuestra época a
través del discurso más perfecto y seguro de su razón y de su derecho que esta
época haya elaborado: el conocimiento científico (Serrano, 1988). El paradigma
de la linealidad-simplicidad rector durante los años cincuenta y sesenta
combinado con las disciplinas científicas de donde provenían estos primeros
modelos explicativos del fenómeno de la comunicación (el desarrollo
tecnológico, las matemáticas, la sociología, etcétera), funcionaron
temporalmente como principios epistemológicos del fenómeno comunicativo y, si
lo hicieron, es porque, como ya hemos dicho, responden a la transmisión de
información, a un elemento del proceso. Esto requiere de una epistemología que
sea más que descriptiva, es decir, crítica y normativa con respecto a las
ciencias haciendo necesaria la consideración del problema de las relaciones
entre ciencia y sociedad.
Para ser más
claros, son dos los requisitos que esto exige de la epistemología: a) que no
verse sobre la ciencia en tanto que fenómeno autosuficiente, sino en tanto
actividad diferenciada pero imbricada en el todo social; b) que por tratar de
lo general de las ciencias (aunque esto no
sea lo general de la sociedad) no pueda ella misma ser “ciencia de la ciencia”,
sino discurso integrador y, por ende, filosofía (Serrano, 1988:20).
La
epistemología que perseguimos, por tanto, es aquella que responda a la dinámica
de la comunicación en un espacio semiótico concreto, que puestos en
interrelación produzcan un sentido determinado para un sujeto inmerso en la
acción de la comunicación. Una de las vías que se pueden vislumbrar para esta
tarea requeriría de la identificación de aquellos conceptos/elementos devenidos
de los modelos comunicativos precedentes que aún sean útiles, con la finalidad
de ponerlos en relación con aquellos nuevos o diferentes conceptos/elementos
que sean propuestos como indispensables, los cuales son, a su vez, el objetivo
central de la presente investigación. Hacer epistemología es, precisamente,
hacer un recorrido fenomenológico a través de los modos oficiales de hacer
ciencia, inventariando desde el pasado hasta hoy, fines, procedimientos
(métodos) y objeto (Serrano, 1998). Pero esta gran tarea se constituye a sí
misma como otro proyecto de investigación que escapa no sólo a nuestras
herramientas conceptuales, sino al objetivo que nos hemos planteado y a los tiempo que nos hemos
propuesto cumplir.
Por
lo anterior, decidimos partir desde dos posturas diferentes, pero
complementarias, que se constituyen a sí mismas como fundamentos de la
semiótica. La primera fundamentación es la propuesta en 1978 por Julia Kristeva
(Kristeva, 1978) y, la segunda es la propuesta por John Deely (Deely, 1996). La inclusión de una fundamentación
semiótica a la que recurrimos como una epistemología emergente de la
comunicación, responde a dos vínculos que hemos encontrado entre ambas. El
primero de ellos está en estrecha relación con lo que ya hemos mencionado en el
capítulo II, es decir, que al considerar como imprescindible para la
comunicación los procesos de significación (semiosis) y siendo la semiótica la
disciplina encargada de estudiarlos, al hacer un estudio de los fundamentos de
la semiótica hacemos, a la vez, epistemología de la semiótica y, por ende, de
la comunicación. El segundo vínculo implica consideraciones prácticas: la
semiótica al estudiar procesos de significación, estudia, a su vez, la
construcción de signos, las relaciones entre ellos y su acción durante la interacción
con los sujetos, todo esto en un espacio semiótico determinado. Esta forma de
fundamentar la semiótica fundamenta de forma tácita lo que habremos de entender
como la epistemología de la comunicación, además de concebir una vía plausible
de análisis.
Entendemos
que la epistemología es filosofía en tanto es la reflexión filosófica que se
desata sobre una actividad social “diferenciada” y multifacética que se nos
presenta y hace observable, analizable, comprensible desde las más diferentes
manifestaciones: Desde “el discurso más perfecto y más seguro de su razón” de
nuestro tiempo, desde los modos de organización de los procesos de producción,
desde los modos de organización de la gestión del Estado, desde los modos de
destrucción, desde los modos de repercusión sobre el arte y la religión, desde
los modos de repercusión sobre la corporeidad humana y sobre la naturaleza,
desde los modos de repercusión sobre la ciencia del hombre y, desde los modos
de representación del futuro (paz-guerra-esperanza) (Serrano, 1988). Pero tal
vez a estas miras epistemológicas propuestas por Augusto Serrano, nosotros
tengamos que agregar aquella que corresponde a un espacio de significación
desde la generación/producción de sentido, es decir, una epistemología que
abarque las traducciones de información durante cierto proceso, traducciones
que requieren que la información sea algo más que señales o estímulos, sino que
produzcan un determinado significado que más tarde va a generar, a su vez, un
sentido determinado. Con esto hacemos clara referencia a la necesidad de
incluir una manifestación más, aquella que se concibe y construye desde la
comunicación.
3.1.1. La semiótica como
epistemología
El
recorrido que Julia Kristeva siguió en torno a los fundamentos de la semiótica,
es especialmente interesante y particular porque retomando la epistemología de
los estoicos y Platón, la axiomática de Peirce y la teorías de Saussure, y
confrontándolas con la realidad de los textos –de la novela primitiva francesa
a Phillippe Sollers pasando por Mallarmé, Roussel– y los descubrimientos
filosóficos y matemáticos, inmersa en un discurso preponderante (Marx y Lenin),
establece su concepción sobre lo que debiese ser los fundamentos de la
semiótica, entendida ésta como nueva ciencia. Pero a nosotros nos interesa
especialmente el resultado de su investigación que tiene que ver directamente
con la consideración de la semiótica como modelo.
Así, el
camino que seguimos al incluir las nociones semióticas de Julia Kristeva
implica una discusión que comienza con el problema de definir una nueva
investigación propuesta por Ferdinand de Saussure en 1916 y que entendía como
“semiología”, la cual debería designar una vasta ciencia de los signos de la
cual, la lingüística sería únicamente una parte. Sin embargo, más tarde se
advirtió que cualquiera que fuera su objeto-signo, no es accesible su
conocimiento más que a través de la lengua. Sin pretender hacer un recorrido
histórico en torno a la construcción de un espacio o nueva investigación, y en torno
a la discusión entre semiología y semiótica, introducimos a Kristeva a la
discusión por su consideración metodológica, al considerar a la semiótica como
un modelo[47],
como una formalización. De esta manera, al hablar de semiótica se pensará en la
elaboración de modelos, es decir, de sistemas formales cuya estructura es
isomorfa o análoga a la estructura de otro sistema (del sistema estudiado)[48].
Dicho de
otro modo, la semiótica, en un tercer momento, se elaboraría como una
axiomatización de los sistemas significativos, sin dejarse trabar por sus
relaciones de dependencia epistemológica con la lingüística, y tomando de las
ciencias formales (la matemática, la lógica, que, con ello, son devueltas al
estatuto de ramas de la vasta “ciencia” de los modelos del lenguaje) sus
modelos, que la lingüística, a cambio, podría adoptar para renovarse (Kristeva,
1978:37-38).
Si la
semiótica se encarga de producir modelos, esto por sí sólo no la justifica como
necesaria o independiente, siendo el producto del resto de las “ciencias”[49] la
creación de sus propios modelos. Los modelos de las ciencias exactas son
representaciones y se realizan en coordenadas espacio-temporales concretas al
igual que los de la semiótica, pero he aquí la diferencia, la semiótica escapa
a las puras representaciones al ser también la teoría del modelo, cierto es que
la misma teoría ocurre en las otras ciencias, pero “la semiótica manifiesta
esta teoría o mejor, no existe sin esa teoría que la constituye a la vez (y
cada vez) su objeto (y por lo tanto el nivel semiótico de la práctica
estudiada) y su instrumento (el tipo de modelo que correspondería a determinada
estructura semiótica designada por la teoría)” (Kristeva, 1978:38). Por lo
tanto, la semiótica constantemente piensa sobre su objeto y su teoría, se
autoconstruye constantemente, es la reflexión sobre sí misma, la teoría de la
ciencia que es, criticando constantemente aquellos modelos y/o teorías que toma
de otras ciencias y aquellos modelos y/o teorías que ella misma produce.
Pero ese
giro sobre sí misma no es un círculo. La investigación semiótica sigue siendo
una investigación que no halla nada al final de la investigación más que su
propio gesto ideológico, para dar fe de él, negarlo y volver a comenzar.
Habiendo partido con, como finalidad, un conocimiento, acaba por hallar como
resultado de su trayecto una teoría
que, siendo un sistema significativo, remite la investigación semiótica a su
punto de partida: al modelo de la propia semiótica, para criticarlo o echarlo
abajo. O sea, que la semiótica no pude hacerse más que como una crítica de la semiótica (Kristeva,
1978:40).
Entender esta
forma cíclica de autogestión y manifestación de la semiótica y encerrarla en
una idea que justifique su existencia en razón de su existencia misma, estabiliza
y congela un proceso de reflexión teórica y sugiere, por tanto, una constante
importación teórica de modelos ajenos a sí[50]. La
construcción y reflexión teórica que Kristeva encontrará más tarde en su
investigación, sobre todo en lo que concierne a las implicaciones y problemas
del signo, es un claro indicador de una producción teórica propia que rompe con
la ciclicidad o carácter cíclico de un
sistema. Esto puede ser visto de dos formas. La primera implica entender los
ciclos como formas que rompen la circularidad cuando un vector temporal los
atraviesa, deconstruyendo un círculo y convirtiéndolo en un proceso progresivo,
con un antes y un después teórico. Esta forma de entender la deconstrucción no
implica la construcción de un proceso lineal, simplemente establece una
progresión que imposibilita volver al mismo punto. Es importante resaltar dos
vectores que han salido a la reflexión, el espacio
y el tiempo, elementos que más tarde
convertiremos en macro conceptos de nuestro análisis. El hecho de que un modelo
progresivo no sea entendido como únicamente lineal es porque se involucran
elementos simultáneos (véase 2.2.1 en este trabajo) que en todo caso establecen
un sistema de correlaciones entre lo lineal y lo complejo.
La segunda
forma determina que la semiótica se convierte en la historia del saber en el
lugar en el que se rompe la tradición, en donde “la ciencia se presenta como un
círculo cerrado sobre sí mismo, la
mediatización, que devuelve el final al comienzo, que constituye la base simple
del proceso; pero ese círculo es, además, un círculo de círculos; pues cada miembro, en tanto que animado por el
método, es una reflexión sobre sí mismo, que por el hecho de volver al
principio, es comienzo de un nuevo miembro […]”[51]. El
hecho de entender un sistema de estas características como reflexión de sí
mismo, nos hace entender por qué la semiótica tiende a ser entendida aquí como
un método y como un proyecto de investigación pertinente y constituido como
tal, pero también hay que recordar que esto fue escrito en los años en que
cobraban fuerza los estudios y la reflexión semiótica y que Julia Kristeva
justificaba gran parte de su sistema semiótico en relación con las reflexiones
teóricas de Marx en Alemania.
Al considerar
la semiótica como un modelo, nos encontramos con formas estructurales cíclicas
y con la necesidad, ya antes emergente, de una epistemología propia que nos
permita establecer no sólo su pertinencia teórica, sino los productos de esa
misma reflexión, es decir el mismo modelo. Es así, que la semiótica se encierra
como reflexión de sí misma imposibilitándola para funcionar como fundamento
epistemológico de cualquier reflexión teórica. Sin embargo, la posibilidad de
modelizar a través de la semiótica abre a su vez nuevas posibilidades que nosotros
intentamos recobrar. Esto es así: no podemos utilizar en esta investigación la
consideración de la semiótica en tanto que modelo porque imposibilita su uso
como fundamento epistemológico al encerrarse sobre sí misma, pero podemos
utilizar la posibilidad de que pueda
ser un modelo, un punto de vista capaz, entonces sí, de ser utilizado o cumplir
la función de fundamento epistemológico.
3.1.2. La semiótica como punto de vista[52]
Existen varios recorridos sobre la
historia de la semiótica o introducciones para su estudio en tanto
reflexión teórica (Pérez, 2000; Zecchetto, 2003; Beuchot, 2004) que versan
sobre diferentes formas tanto históricas como temáticas de ordenarla. Algunos
otros plantean principios básicos o reflexiones teóricas concretas en la construcción
del pensamiento semiótico (Eco, 1992, 1999a, 1999b y 2000); sin embargo, John
Deely se da a la tarea de estudiar a la semiótica desde sus fundamentos y
publica en 1990 su libro titulado Basics of semiotics en Indiana University
press, pero no es sino hasta 1996 que aparece su traducción hecha por José Luis
Caivano y publicada por
…por primera vez,
en quizá trescientos años, la semiótica hace posible el establecimiento de
nuevos fundamentos para las ciencia humanas, fundamentos que a su vez
posibilitan una nueva superestructura para las humanidades y para las así
llamadas ciencias duras o naturales a la par. Tal marco teórico ha sido muchas
veces soñado, pero la semiótica lo coloca por primera vez a nuestro alcance,
con la única condición de que poseamos un entendimiento del signo y de sus
funciones esenciales lo suficientemente rico como para prevenir el encierro de
la investigación semiótica dentro de la esfera de los signos construidos
(Deely, 1996:41).
Estas funciones esenciales del signo
y su comprensión requieren de su acción para producir un fenómeno determinado,
la semiosis, que vista desde las concepciones de Peirce –alejadas de Saussure-
hacen de ésta un proceso mucho más amplio y fundamental que involucra el universo físico en la
semiosis humana y hace de la semiosis en nuestra especie una parte de la
semiosis en la naturaleza. Por lo tanto la semiótica forma un todo del cual la
semiosis es sólo una parte. Vista desde esta perspectiva, la semiótica
pareciera convertirse en un método
cuyo objetivo estaría delimitado por el signo y sus relaciones, lo que
implicaría decir entonces, que la semiosis misma debería de ser entendida como
la fuente epistemológica donde subyacen los elementos, las reglas y los
principios rectores del campo disciplinar. Sin embargo, la semiótica tiende a
alejarse de su consideración metodológica para convertirse y ser concebida como
un Punto de Vista, después de todo,
un método implementa algún aspecto o aspectos de un punto de vista, y la
implementación sistemática de algo sugerida por un punto de vista es
prácticamente en lo que consiste un método. Cuanto más rico es un punto de
vista más diversos son los métodos que se necesitan para explotar las posibilidades
de entender que están latentes en él (Deely, 1996). Vemos entonces a la
semiótica más como un punto de vista que como un método, y sus implicaciones en
tanto metodología de análisis y actualización de conocimiento en su relación
con la construcción sígnica y sus interrelaciones, como devenidas de su propio
proceso semiósico. Desde este punto de vista
resulta claro que las ideas no son autorrepresentaciones sino signos de
lo que es objetivamente de y superior a la idea en su existencia como representación
privada.
Por lo tanto, los signos no sólo son
requeridos por la filosofía, la semiótica o cualquier método dado en las
ciencias naturales, sino como condición que posibilita a ese mismo método o a
una investigación de cualquier clase. Pero podemos decir que aquel método o
proceso de investigación que considere los signos como meros objetos, deja de
ser un método semiótico y queda fuera de las consideraciones de nuestra
investigación (ya se ha hecho referencia explícita a la construcción del signo
y sus características en 2.1.1). En realidad la idea del “punto de vista” de
Deely responde directamente a una preocupación y a un objetivo que a nosotros
nos involucra de lleno: “el punto de vista semiótico se expande naturalmente
para incluir al completo fenómeno de la comunicación humana –no solamente el
lenguaje[53]-
y, luego como consecuencia de ello, a los fenómenos culturales como
incorporadores de, así como en su diferencia con, los fenómenos de la
naturaleza” (Deely, 1996:69). Esta relación entre semiótica y comunicación es
más que fortuita y responde a consideraciones más allá de las puramente
metodológicas al convertirse en campos cuasi
concomitantes, de hecho, esta forma de fundamentación bajo la idea del
punto de vista parece responder de igual forma a la pertinencia de los estudios
(investigación) en comunicación y sobre comunicación, respondiendo no sólo a la
dinámica del mismo, sino a la naturaleza de su construcción y a la comunicación
como fenómeno natural.
En este punto la mira de la comunicación
deconstruye sus propias fronteras y escapa a su propio campo para establecerse
como el lugar desde donde se puede
hablar de cualquier fenómeno, ciencia o disciplina que involucre la
consideración de “algo” como signo, es decir, que expande su grado de
pertinencia. Aclaremos esto: si bien el fenómeno comunicativo se circunscribe a
un espacio concreto de interrelaciones y producciones de sentido, se puede
hablar desde “la comunicación” de cualquier fenómeno natural o humano en el que
los signos, sus relaciones, su constitución y su acción sean involucrados, o
bien, se puede hablar desde la comunicación de cualquier objeto que pertenezca
a su propio proceso y sea considerado como tal.
Si entendemos la relación entre el
punto de vista y la idea de que entre más rico sea éste más diversos son los
métodos que se necesitan para explorar las posibilidades de entender que están
latentes en él, entonces podemos comprender la dependencia epistemológica y
metodológica de la comunicación sobre todo de la sociología[54]. Pero al mismo tiempo
podemos construir una base epistemológica de la comunicación partiendo de los
fundamentos de la semiótica, porque si nos preguntamos sobre qué es lo que la
semiótica investiga, la respuesta es la acción de los signos, elementos indispensables
de la comunicación y de los procesos de significación, es decir, la semiosis
como el objeto de conocimiento de la investigación semiótica. Con esto
podríamos decir que se pueden hacer estudios semióticos sobre fenómenos,
elementos o relaciones comunicativas o que se puede hablar desde la
comunicación sobre sus propios elementos, fenómenos o relaciones con un enfoque
o punto de vista semiótico. Esta posibilidad habla de una relación
extremadamente estrecha entre comunicación y semiótica y nos posibilita
entonces para hablar de una semiótica de la comunicación, una semiosis
comunicativa o bien, de la comunicación desde una perspectiva semiótica,
sustentada en los fundamentos epistemológicos de ambas.
Uno de los principales
investigadores y que incluso, al darle nombre propio al campo reflexivo de los
signos, lo separó del resto, fue Charles Sanders Peirce (a quien ya hemos hecho
referencia en el capítulo anterior), nombrándola semiosis.
El investigador que separó este campo al darle un nombre propio fue
Charles Sanders Peirce, y el nombre que le asigno fue semiosis. En este punto la doctrina de los signos dio un giro en su
desarrollo: Peirce vislumbró que el completo desarrollo de la semiótica como un
cuerpo particular de conocimiento requería una visión dinámica de la
significación en cuanto proceso. La semiótica no sería meramente una respuesta
a la pregunta de la existencia propia de los signos ontológicamente
considerados. También debe darse respuesta a la pregunta adicional acerca de la
transformación por la que este peculiar tipo de existencia se habilita y
sustenta a sí mismo. Los símbolos no solamente existen; también crecen (Deely,
1996:80).
Por
su parte, Mauricio Beuchot en su introducción a los Elementos de Semiótica define a ésta como el “estudio general de
los signos, desde un nivel abstracto superior, en sus relaciones de coherencia,
de significación y uso. Aunque no de manera exclusiva, se aboca de manera
principal al signo lingüístico o, por lo menos, considera los fenómenos significativos
como formando lenguajes. Un lenguaje es un sistema de signos mediante el cual
se pretende la comunicación de contenidos referentes al mundo real (o
imaginario)” (Beuchot, 2001:13). Hasta aquí, coincidimos con la condición y
mira de la semiótica pero llegamos a un
punto de discrepancia, la comunicación. Más adelante Beuchot la considera como
aquello que se realiza básicamente entre un emisor y un receptor, conceptos que
nosotros hemos omitido de manera consciente y voluntaria en la totalidad de la
investigación. Ya sea que se hable de la visión dinámica de la significación en
cuanto proceso o del estudio de los signos y sus relaciones, nos damos cuenta
de que todos estos procesos micro/macro que se generan a partir de este tipo de
enfoque, se articulan bajo el concepto propuesto por Peirce, al tiempo que
genera el problema que aún se discute sobre su aceptación, lo histórico de su
proceso y su estado actual. Esto puede ser constatado en los enfoques que los
diversos tratados de semiótica han decidido abordar, ya sea desde su relato
histórico, su fundamentación epistemológica, los espacios territoriales o los
investigadores en cuestión (Eco, 2000; Zecchetto, 2003; Pérez, 2000; Guiraud,
2000; Beuchot, 2001, 2004; Deely, 1996).
De
esto desprendemos que la actividad semiótica o la situación semiótica (todo fenómeno en que aparece el signo) escapa
a la pura interacción del ser humano y el ambiente físico producto de la
consideración de algo como signo (explicado en 2.1.1) poniendo en relación al
ser humano no sólo con sus coespecíficos y con otros animales, sino también con
el dominio general de los entornos físicos en el más amplio sentido, incluso
con el universo mismo. A esto es a lo que se le ha llamado antroposemiosis. Y,
siguiendo con los postulados de Deely encontramos una primera categorización o
niveles de la semiosis que consideramos pertinentes rescatar.

Fuente:
Deely, 1996:98
Son tres conceptos los que definen nuestra investigación como
antroposemiótica; cultura, lenguaje e historia. Establecemos un espacio
semiótico concreto (la cultura) con sus sistemas explícitos de significación y
sus reglas de codificación-decodificación (lenguajes), con un orden
enstructural y jerárquico específico (historia). No obstante, no podemos
reducir la semiótica a un ámbito específico de estas interrelaciones
elementales sin articularlas bajo tres dimensiones concretas que una vez más
hemos utilizado sin indicar el lugar de su procedencia. Estas dimensiones se
construyen y entienden a partir de las relaciones que surgen entre el contenido
del signo (significado), el medio en el que se comunica el significado
(vehículo de signo, vehículo de significado, significante o simplemente signo),
y los usuarios del signo. La primera de ellas es la relación entre los mismos
signos instituyéndose como objeto de análisis de la sintaxis. Hay otra
relación entre los signos y los contenidos que se significan; estas relaciones
de los significantes con sus significados, pertenecen como objeto de estudio a
la semántica.
Y, finalmente la relación entre los vehículos de signos y los usuarios
pertenecen, como objeto de estudio, a la pragmática.
Conjuntamente al
desarrollo de nuestro proyecto de investigación hemos ido siguiendo estas tres
dimensiones al tiempo que aclaramos desde cuál estamos hablando en un momento
determinado. Así, encontramos una estrecha relación entre las consideraciones
fundamentales –epistemológicas- de la semiótica y la comunicación, es momento
de clarificar la relación desde la comunicación a fin de establecer nuestro
discurso desde la mira que nos interesa y consolidar así nuestros elementos que
posibiliten aquel modelo alternativo al que ya hemos hecho referencia y que
expondremos en un último capítulo.
3.1.3 Desde el punto de vista comunicativo
El recorrido por los fundamentos de la semiótica ha ido construyendo un
espacio epistemológico implícito, es decir, un lugar desde el que se puede
dirigir y sustentar un discurso determinado, sin embargo, hemos construido un
postulado contradictorio que es necesario aclarar. Hemos hablado anteriormente
de la posibilidad de una semiótica de la comunicación, es decir, de la
reflexión en torno a cualquier elemento u objeto (físico o conceptual) que sea
considerado como perteneciente al proceso comunicativo, lo cual es un claro
punto de vista sobre la comunicación. Nosotros buscamos establecer un punto de vista comunicativo que pueda
utilizar a la semiótica como metalenguaje de sí. Esto requiere un grado de
inclusión de uno y otro que hemos situado a nivel epistemológico, a fin de que
nos permita construir una base teórica de la comunicación en la que estemos
considerando a cada uno de los elementos que intervengan en el proceso
comunicativo como signos, es decir, que hablamos desde un punto de vista
comunicativo pero con una perspectiva semiótica. Sin olvidar que lo que la
comunicación produce y circula es precisamente el objeto central de la
semiótica: la significación. La semiótica se convierte entonces en ese sustento
epistemológico que le hacia falta a la comunicación para establecer su propio
objeto y su propia construcción teórica.
La dicotomía que presentamos en cuanto a la consideración de
la semiótica como modelo o como punto de vista, nos acercó a nociones epistemológicas
que nos permiten establecer una línea de relación clara entre la semiótica y la
comunicación, de esta forma, establecemos de entrada a la comunicación como el
lugar desde donde se hablará de las relaciones entre elementos y sistemas,
desde donde, producto de sus propios procesos, se generan determinados sentidos
para alguien. Ambas consideraciones permiten teorizar sobre la comunicación
desde la comunicación, eliminando de entrada aquellos conceptos o modelos que
no pertenezcan a nuestra perspectiva semiótica, es decir, que pertenezcan al
binómio emisivo/receptivo (lineal) o cualquier relación que se genere entre los
elementos involucrados durante el proceso lineal de la transferencia de
información.
Partimos de la
deconstrucción epistemológica de los modelos lineales y de su sustento teórico
en tanto justificacion de transferencia de información para establecer una mira
comunicativa que implique el binomio persuasivo/interpretativo, la complejidad
y una visión sistémica de la comunicación. Esta vía resuelve en que la
comunicación propone su propio modelo interpretativo en tanto proceso
comunicativo, en tanto que fue y no en tanto que será o es[55]. La mira
comunicativa implica entonces la propuesta de un modelo desde el cual se puedan
establecer los elementos y sus relaciones durante el proceso de generación de
sentido, esto, a través de macro conceptos que nos permitan entender la lógica
sistémica que se genera en los procesos micro/macro comunicativos y sus mutuas
relaciones. Pero la comunicación, como una infinidad de proceos sociales, se
sucede en un espacio determinado y durante un tiempo determinado, siempre en
relación con el tipo de comunicación que se esté estudiando o en la que se esté
inmerso. Este espacio nosotros podemos llamarlo función semiótica y la inclusión del factor temporal nos ha
permitido hablar de la simultaneidad
de la acción de los elementos-signos.
La función semiótica se
referirá entonces a todo un ambito semiótico, más allá del signo como unidad
mínima de la semiótica. El espacio donde se significa y en donde se está
atribuyendo de significado –y por ende de sentido- a una determinada cantidad
de información, es para la comunicación un espacio semiótico que cumple un
papel en un determinado sistema de significación. El espacio semiótico o
semiosfera para Lotman, es aquel en donde es posible la semiosis, pero este
gran espacio no puede ser utilizado como macro concepto en situaciones
significativas micro como los procesos interpersonales de comunicación, porque
la elevación del nivel de complejidad no se justifica y dificulta entender la
producción de sentido. Así, cuando un determinado proceso comunicativo se lleva
a cabo, sólo una parte de ese todo semiótico es utilizado, cumpliendo así con
una determinada función dentro del proceso, es decir, cumpliendo una función
semiótica para el proceso de comunicación. La simultaneidad, por su parte,
permite establecer un antes y un después analítico y una consideración
simultánea de la acción de los signos en relación a un intérprete y a un grado
determinado de información, consideración que implica de lleno a la complejidad
en la estructuración teórica de los modelos de comunicación, o si se quiere, de
la epistemología de los modelos comunicativos y de la comunicación misma.
Esto nos permite ir
esbozando no una definición de la comunicación, sino un punto de vista
comunicativo desde una perspectiva semiótica, el cual es difícilmente
definible. Hablamos de un proceso mediante el cual un grado determinado de
información es tranferido entre dos o más elementos que al requerir una acción
interpretativa, activan una gran de cantidad de micro procesos al interior de
cada elemento involucrado, atribuyéndole un determinado significado a la
información y un cierto sentido. Esta descripción tan simple es de la que
partimos para construir nuestra propuesta (Capítulo IV) en donde se detallaran
los proceso que hemos descrito durante toda la investigación. Resulta entonces
evidente que la comunicación no puede ser reducida a la relación entre un emisor
un mensaje y un receptor, que este modelo y sus múltiples versiones no sólo
simplifican un proceso complejo, sino que lo reducen tanto, que los hacen
dependiente teórica y epistemológicamente de muchas otras ciencias.
Establecemos el punto de
vista comunicativo como el gran marco semiótico desde donde reflexionamos
teóricamente sobre la comunicación, como la reflexión de la semiótica como sí
misma, como el discurso de su propio discurso, el dicurso de la ciencia
(epistemología), puesto que si es ciencia de la comunicación, entonces podemos
convertir parte de su discurso en metalenguaje de sí misma, convirtiendo a esos
elementos en extrasistémicos (véase 2.1.4.) pero desde un punto de vista
comunicativo. Esta posiblidad de hablar de sí misma nos abre las puertas para
generar una teoría de sí misma y por ende, modelos de sus propios procesos.
3.2
La comunicación como sistema
Cuando hablamos
de la dinámica del proceso de comunicación en 2.2.3, hacíamos referencia a
sistemas de significación que nombramos con las letras A, B, C y D. Decíamos
entonces que dichos sistemas poseen sus propias reglas, elementos, y define
cada uno la dinámica de las traducciones de los códigos que las conforman,
decíamos también que cada uno podía funcionar como micro proceso comunicativo
por sí mismo, pero no era sino hasta su puesta en relación como sistema que se generaba y entendía el
verdadero proceso. Esta concepción de sistema es de la que nos ocuparemos
ahora, sobre todo con la visión de Ludwig Von Bertalanffy en su Teoría general de los sistemas
(Bertalanffy, 2003) y los aportes de Edgar Morin en su Introducción al pensamiento complejo (Morin, 2003). El concepto al
que ahora le dedicamos un apartado especial ha venido siendo utilizado en
diferentes descripciones, por lo que resulta imprescindible incluirlo como
elemento/macro concepto en nuestra investigación. Pero antes de incluir o
definir la comunicación como sistema o con relaciones sistémicas, es necesario
que definamos lo que estamos entendiendo por sistema.
3.2.1.
Durante el recorrido que hemos
realizado hasta ahora hemos establecido macro conceptos que por sí mismos
funcionan de manera compleja. Cada uno de los elementos que hemos mencionado
requiere de una forma de articulación que les permita existir de forma autónoma
al tiempo que integran o son parte de un proceso con elementos igualmente
autónomos pero interdependientes, esa forma en que co-participan se genera a
través de las relaciones que entre éstos se producen y se ponen en relación o
funcionan como sistema, es decir, que
dichas relaciones pueden ser entendidas como sistémicas al articularse bajo una
misma unidad o sistema. Es necesario entonces comprender la naturaleza del
sistema –o los sistemas- para establecer la forma que éste adquirirá cuando se
habla de procesos comunicativos.
En 1968 se publica uno de los
principales libros y precursores de
Se considera
entonces, que la verdadera virtud sistémica es: a) haber puesto en el centro de
la teoría, con la noción de sistema, no una unidad elemental discreta, sino una
unidad compleja, un “todo” que no se reduce a la “suma” de sus partes
constitutivas; b) haber concebido la noción de sistema, no como una noción
“real”, ni como una noción puramente formal, sino como una noción ambigua o
fantasma y, c) situarse en un nivel transdisciplinario que permite concebir, al
mismo tiempo, tanto la unidad como la
diferenciación de las ciencias, no solamente según la naturaleza material de su
objeto, sino también según los tipos y las complejidades de los fenómenos de
asociación/organización. En este último sentido, el campo de la teoría de
Sistemas es, no solamente más amplio que el de
Podemos hacer una analogía con la
comunicación e ir estableciendo ciertos parámetros discursivos. Un “todo” que
no se reduce a la suma de sus partes son todos aquellos elementos que ya hemos
mencionado y convertido en macro conceptos, pero sólo aquéllos en los que
sucede una suerte de acción interna o acción independiente: el código, la
significación, el intérprete, la construcción sígnica o textual, la semiosis,
etcétera, es decir, aquellos que generan su propia dinámica. Una vez hecha esta
aclaración podemos considerar a cada elemento/concepto como micro sistema o
simplemente como un “todo”. Pero cada uno de estos micro sistemas necesita de
la acción de otros micro sistemas para formar un sistema general, esto se logra
a través de sus relaciones, formando
un todo general que nosotros habremos de considerar como un proceso
comunicativo. Sin la visión sistémica es imposible hablar de relaciones que se
escapen a las descripciones lineales de intercambio de información, llegando a
la simplificación de fenómenos complejos como la misma comunicación.
El no considerar la noción de
sistema como “real” o puramente “formal” abre las posibilidades de integraciones
o reflexiones teóricas en construcción en concordancia a un conjunto de
relaciones establecido. Es decir, que podemos construir un sistema a través de
las relaciones entre determinados elementos y un espacio/ámbito que
consideramos real, o bien, podemos convertir teóricamente un sistema que sólo
existe como noción ambigua de sí mismo. Habrá que entender entonces que la
sistémica tiene estrecha relación con elementos complejos que construyen
sistemas por sí mismos paradigmáticos bajo macro conceptos como el de
organismo, sistema abierto/cerrado, organización y sistemas
auto-eco-organizadores. Con esto es necesaria –y posible– la visión
transdisciplinar que nos permita ver los tipos diferentes de objetos y sus
complejidades en tanto fenómenos de asociación/organización. Así, este tipo de
teoría nos permite estudiar el proceso de la comunicación desde una perspectiva
semiótica, concibiendo a ésta como un fenómeno complejo que genera relaciones
determinadas durante su acción, las cuales pueden ser entendidas como
sistémicas o como pertenecientes a un mismo sistema. Habrá entonces que
especificar las consideraciones de algo como sistema y los tipos que podemos
encontrar, sobre todo para poner en relación a esta visión con lo que nosotros habremos de construir
como modelo sistémico de la comunicación.
Para esto es necesario
especificar claves conceptuales de la teoría de sistemas, una de ellas es la de
sistema abierto.
La de sistema abierto es, originalmente, una noción termodinámica,
cuyo carácter primario era el de permitir circunscribir, de manera negativa, el
campo de aplicación del segundo principio, que requiere la noción de sistema
cerrado, es decir, que no dispone de una fuente energética-material exterior a
sí mismo. Tal definición no hubiera ofrecido interés alguno si no fuera que se
podía, a partir de allí, considerar a un cierto número de sistemas físicos y,
sobre todo, a los sistemas vivientes, como sistemas cuya existencia y estructura dependen de una alimentación exterior y, en el caso de los sistemas
vivientes, no solamente material-energética, sino también
organizacional-informacional (Morin, 2003:43).
Con esto se tuvo una visión
diferente de lo que la física había tenido de las nociones de
equilibrio/desequilibrio y que esta idea está más allá de una y otra noción
conteniéndolas a ambas en un mismo sentido, es decir, que el sistema debe
cerrarse al mundo exterior a fin de mantener sus estructuras y su medio interno
que si no se desintegrarían, pero es su apertura lo que permite su clausura.
Análogamente, la comunicación
tiende a cerrarse en tanto se establece o constituye un determinado proceso[56] al definir sus elementos,
las relaciones y la estructura de cada uno de ellos. Por ejemplo, la función
semiótica a la que hacíamos referencia en 3.1.3, se mantiene abierta al todo
semiótico o al espacio semiótico en su totalidad, una vez puesto en marcha el
proceso, la función semiótica delimita un espacio de pertenencia cerrando a un
número ilimitado pero finito las posibilidades interpretativas. Una vez que se
ha significado algo y se ha producido un determinado sentido, la función
semiótica se reduce a un único significado posible, aquel que se ha producido
(sistema cerrado), pero en tanto se vuelve a producir el fenómeno de
significación, recobra la totalidad de posibilidades semióticas al abrirse
nuevamente al espacio semiótico en su totalidad (sistema abierto). Por esto, el
análisis de un determinado proceso se genera a partir del proceso concluido, en
tanto sistema cerrado. Esta misma fórmula se repite con los elementos que ya
hemos descrito, el código, los sistemas de significación, el intérprete en su
consideración de algo como signo o texto semiótico, etcétera[57].
Siguiendo la idea del sistema
abierto, se desprenden dos consecuencias capitales. La primera es que las leyes
de la organización de lo viviente no son de equilibrio, sino de desequilibrio,
retomando o compensando, de dinamismo estabilizado. La segunda consecuencia es
que la inteligibilidad del sistema debe de encontrarse no solamente en el
sistema mismo, sino también en su relación con el ambiente, y esa relación no
es una simple dependencia, sino que es constitutiva del sistema (Morin, 2003).
Entonces tenemos un sistema de oposiciones que se constituyen a sí mismas como
un orden de mutua dependencia y
necesaria cooperación, en donde ningún sistema puede ser considerado como tal
fuera de un espacio de pertenencia y sin
éste último es imposible la construcción de un sistema determinado. En realidad
lo que se persigue con esto es la idea de organización.
La organización, noción decisiva, apenas entrevista, no es aún, si
se me permite decirlo un concepto organizado. Esta noción puede elaborarse a
partir de una complejización y de una concretización del sistemismo, y aparecer
todavía como un desarrollo, aún no logrado, de
Tenemos entonces un sistema
que puede ser abierto o cerrado y que presupone o tiene la posibilidad de tener
una cierta organización. Devenido de esto, la organización supone un organismo
cerrado en sí mismo con sus cualidades específicas, siendo el más complejo y
desarrollado el ser viviente.
En 1940 apareció una teoría
que ayudó mucho a la teoría de sistemas y que se expandió rápidamente por sus
innovaciones que presentaba, nos referimos a
Con esto queda más claro por
qué esta teoría fue transferida de inmediato al ámbito de la comunicación y,
pese a sus carencias, desarrolló un papel muy importante en la fundación de los
primeros modelos de la comunicación, todos ellos basados en la lógica de la
teoría de la información.
La teoría de la información, en el sentido de Shannon y Weaver
(1949), se basa en el concepto de información, definido por una expresión
isomorfa con la entropía negativa de la termodinámica. De ahí que la esperanza
de que la información sirva de medida de la organización […] En tanto que la
teoría de la información ganó importancia en ingeniería de comunicaciones, sus
aplicaciones a la ciencia no han llegado a ser muy convincentes […] La relación
entre información y organización, teoría de la información y termodinámica,
sigue siendo un problema decisivo […] (Bertalanffy, 2003:21).
En esta relación problemática
entre información y organización nació un concepto contrario al segundo
principio de la termodinámica y es el de homeostasia, que insistía únicamente
en la tendencia al equilibrio, el cual se transfirió rápidamente al modelo
psicoanalítico fundamental en el que sólo hay una tendencia básica hacia la
satisfacción de necesidades o a la reducción de tensiones. En este punto se
establece la crítica que Bertalanffy hace a dicho modelo y que a nosotros nos
incluye totalmente debido a que define su punto de vista “más allá del principio
homeostático: “Se diría que el modelo E-R y psicoanalítico es una imagen muy
irreal de la naturaleza humana y, en sus consecuencias, bastante peligrosa.
Precisamente lo que tenemos por logros específicamente humanos es difícil de
subsimir bajo el esquema utilitario de homeostasia y estímulo respuesta”
(Bertalanffy, 2003:112). Este peligro que se vislumbra entre el proceso
estímulo respuesta es a lo que comúnmente se redujo el proceso de comunicación
al incluir a un emisor y un receptor en relación a un mensaje. Este modelo
altamente reducido se convierte en un estímulo-respuesta y en un modelo de
causalidad. Nosotros consideramos, por tanto, que la teoría de la información
cumplió el papel de posibilitar relaciones antes ignoradas, pero que cerró a sí
misma las posibilidades de expansión solicitando la intervención de elementos
externos de complejidad y una visión sistémica de las interrelaciones de las
que forma parte en cada estudio, para nuestro caso de sus relaciones en el
proceso de comunicación.
3.2.2. La comunicación
entendida como un sistema
Con la visión de
sistemas que hemos incluido, queda completada la fundamentación epistemológica
que nos va a permitir establecer la propuesta alternativa de un modelo de
comunicación en un último capítulo, pero también nos permite establecer de
entrada una formulación teórica específica para un campo específico. Cada uno
de los procesos que hemos descrito a lo largo de la investigación tenderán a
integrarse en un proceso general que aquí hemos denominado como proceso de
comunicación. Es importante recalcar que el modelo que se persigue parte
necesariamente de una base común a cualquier tipo de comunicación cuyas
posibilidades se expandirán a la generalidad de los procesos comunicativos, no
sólo aquéllos en lo que interviene el lenguaje articulado, sino en todos
aquellos discursos cuya condición mínima es que un grado determinado de
información sea interpretado. La visión sistémica de la comunicación nos va a
permitir crear esta base común a todo fenómeno comunicativo y las relaciones
entre cada proceso específico o particular, es así, que el modelo que se
propone es un modelo multimodal,
acorde a la realidad misma[58] de cómo se dan los
diferentes procesos comunicativos micro y macro dentro de un espacio semiótico concreto.
Los procesos
comunicativos a los que hemos hecho alusión desde el comienzo de la
investigación se circunscriben en un nivel micro de complejidad por el número
de elementos y procesos que se suceden en su interior, nos referimos al proceso
intrapersonal, interpersonal, grupal y colectivo. Los procesos donde
intervienen los medios masivos de información o los intercambios comunicativos
entre espacios geográficos concretos (América Latina, Europa, etcétera) o entre
países, aquí son considerados como procesos macro comunicativos, puesto que
tanto los elementos como los procesos que se generan y sus mutuas relaciones
son de un orden de complejidad mayor. Entonces, lo que plantea es una guía
metodológica de discernimiento entre lo que es y lo que no es comunicación, la
dinámica de las relaciones micro comunicativas y la manera en que cada micro
proceso se entrelaza con muchos más para crear una red comunicativa o macro
proceso comunicativo. Esa red que se teje entre cada micro proceso no es más
que la construcción de un sistema, el cual corresponde al orden de la
comunicación, es el sistema de la comunicación humana al cual accedemos desde
la misma teoría de la comunicación con una perspectiva semiótica.
Existe por tanto una doble implicación sistémica que hemos
desarrollado como fundamentación epistemológica, la cual corresponde al orden
de los conceptos y al orden de las relaciones entre ellos. En el orden de los
elementos/conceptos, el recorrido por el proceso de significación estableció
los modos de significar, las vías de análisis que se han seguido, el lugar de
pertinencia del significado como unidad cultural y, el código. A cada uno de
estos procesos le asignamos una letra arbitraria a fin de establecer más
adelante únicamente sus relaciones: A, B, C y D respectivamente. Ahora bien, en
el análisis del proceso de comunicación establecimos el problema del emisor,
receptor y la linealidad; la dinámica del código y; la dinámica del proceso de
comunicación, a los cuales, les asignamos de igual forma una letra arbitraria:
E, F y G respectivamente. Esto es únicamente lo que corresponde a nuestro
objeto de análisis. Tenemos entonces siete macro conceptos cuya característica
principal es que poseen y generan su propio proceso de construcción al interior
de sí mismos, proceso que ha sido descrito detenidamente en el capítulo II. La
comunicación es explicada entonces por:
A) los modos de significar, B) las vías de análisis del modo de
significar, C) el significado como unidad cultural, D) el código, E) el problema
del emisor, el receptor y la linealidad, F) la dinámica del código y, G) la
dinámica del proceso de comunicación. Por fines analíticos, cada una de las
letras –procesos- será considerada como un micro sistema.
Ahora bien, los modos de
significar (A) y las vías que se han seguido (B) corresponden a un tiempo y a
un espacio concretos, que en la comunicación se remonta al desarrollo de la
teoría de la información, pero al nosotros haber incluido el binomio
persuasivo/interpretativo y, sobre todo, el código (D) y su dinámica (F) dentro
del proceso de significación, nos dimos cuenta de que las concepciones teóricas
bajo las que estaban cimentados los modelos explicativos de lo que nosotros
consideramos como el proceso de comunicación, requerían de una fuerte
reestructuración. Es así, que determinamos que los procesos comunicativos nunca
pueden ser estáticos, sino que están inmersos en una dinámica (G) constante que
les permite actualizarse e intercambiar información con el espacio semiótico en
su totalidad. Las relaciones se reducen entonces a cuatro nociones básicas: “El
proceso de comunicación requiere que
necesariamente más de dos códigos
estén presentes, cuya condición permita efectuar un proceso de significación determinado, que sin importar cual sea su
resultado, produzca un cierto sentido
para alguien”. En este primer acercamiento a una posible
definición, ponemos en relación sistémica cada uno de los macro conceptos que
hemos mencionado, pero partiendo de los procesos particulares de cada uno de
ellos. Hasta aquí, corresponde a la primera relación sistémica que planteamos
entre elementos.
La segunda implicación es del
orden de las relaciones entre los elementos que ya hemos mencionado, para ello
definimos como herramienta principal a la semiótica, la complejidad, y la
teoría de sistemas. Pero sin aventurarnos sobre la propuesta concreta que será
desarrollada en el siguiente capítulo, podemos decir, que muchos de los
elementos al interior de cada micro sistema se dan de forma simultánea con
otros elementos de otros micro sistemas, pero la única forma de acceder a ellos
para un posible análisis es por medio de la complejidad, y la única manera de
entenderlos en su praxis comunicativa es por medio de la teoría de sistemas.
Con esto, podemos definir al proceso de comunicación como un sistema compuesto
de muchos subsistemas que funcionan de manera simultánea, evidentemente todo
aquello que sea utilizado como explicación del mismo, tendrá que ser entendido
como metasistémico. Por lo que el mismo proceso
como forma conceptual de descripción, será un subsistema del fenómeno de la
comunicación, y aquí habremos descrito tan sólo la célula misma del fenómeno.
De esta manera, habrá que identificar cómo este pequeño fenómeno que hemos
descrito se pone en relación con los demás subsistemas isomórficos y no
isomórficos. Una vez hecho esto, será necesario establecer las relaciones entre
sistemas, lo cual nos llevaría a la posible creación de modelos
multidimencionales y territoriales de intercambio entre sistemas comunicativos
(por ejemplo en América Latina). Por lo tanto, no se puede estudiar la
comunicación en ningún momento o estado como un fenómeno en equilibrio, si
acaso, se podrá entender como un fenómeno uniforme y dinámico, al ser
considerado éste como sistema u organización, es decir, en estrecha relación a
nociones como totalidad, diferenciación, orden jerárquico, dominancia, control,
competencia, etcétera (Bertalanffy, 2003).
Partimos entonces, desde la
fundamentación epistemológica que hemos presentado, a la propuesta concreta del
modelo alternativo de comunicación, en el cual se articularán cada uno de los
principios, elementos, conceptos y relaciones que hemos expuesto hasta este
punto a lo largo de la investigación.
CAPÍTULO IV
Durante el desarrollo de la presente
investigación, establecimos macro conceptos que van desde el proceso de
significación y el proceso de comunicación con sus elementos respectivos, los
que a su vez hemos puesto en relación sistémica bajo el paradigma de la
complejidad. Así, hemos llegado a nuestro cuarto y último capítulo donde
sugerimos un modelo alternativo de la comunicación desde los fundamentos
epistemológicos y visión semiótica que ya hemos expuesto anteriormente, sin
embargo, es necesario hacer un breve recorrido de recordatorio sobre los macro
conceptos que hemos propuesto, en vías de su articulación en un esquema final
que nos ayude a explicar lo que entendemos por comunicación. El recordatorio
tiene la finalidad de extraer lo conceptos y elementos que ya hemos explicado
pero que utilizaremos en el modelo final.
Sin
embargo, es conveniente que aclaremos que nuestra idea de Modelo esta ligada
con la de Denis Mcquial y Sven Windhal en cuanto a que un modelo es una
descripción conscientemente simplificada en forma gráfica de un fragmento de la
realidad, el cual busca mostrar los principales elementos y las relaciones que
se establecen entre estos (Mcquail, 1993). Deutsch[59] nota las siguientes
ventajas de los modelos en las ciencias sociales: i) los modelos tienen una función organizativa ordenando y
relacionando sistemas entre sí y proveyéndonos de imágenes completas que
nosotros de otra manera no percibiríamos. Un modelo da un panorama general de
un rango de diferentes circunstancias particulares ii) ayuda en la explicación proveyendo en una forma
simplificada información que de otra forma sería complicada o ambigua. Esto le
da al modelo una función heurística
al poder guiar al estudiante o al investigador a puntos claves de un proceso o
de un sistema y; iii) el modelo puede hacer posible predecir el resultado o el
curso de un determinado evento. Pude ser
al menos una base de probabilidades a
varias alternativas de resultado y por lo tanto, sirve para formular hipótesis
en la investigación.
Por
lo anterior, consideramos necesaria la esquematización de un estudio
teórico-analítico que hemos realizado hasta este momento, haciendo nuevamente
un recorrido retrospectivo a fin de ir estableciendo, como ya dijimos, macro
conceptos que finalmente serán entendidos como procesos o elementos dentro del
esquema general que se plantea más adelante.
4.1. Los primeros esquemas
o los micro procesos comunicativos
Hemos dicho que un proceso imprescindible a la comunicación es la
interpretación de un grado determinado de información a fin de producir un
significado. Al partir de la perspectiva semiótica, iniciamos el proceso de
significación a través de la teoría del signo. Por fines metodológicos,
regresaremos al ejemplo que ya hemos planteado en 2.2.3 que nos permitirá ir
creando lo primeros esquemas: un sujeto “X” va caminando por la calle y al
intentar atravesar una esquina encuentra en la banqueta opuesta un cartel
blanco con un círculo negro en el centro. Sobre este ejemplo podemos desprender
que: i) independientemente de lo que el sujeto “X” crea o interprete que se
signifique aquel cartel, ha habido un proceso de semiosis (significación) y
que; ii) en el proceso de semiosis ha intervenido un factor social que funciona como banco de datos
previos al encuentro mismo con el cartel y como fuente primaria en el proceso
de significación.
En esta primera consideración,
encontramos que un intérprete ha considerado algo como signo, lo que a su vez
se puede considerar como un determinado grado de información que requiere ser
interpretada, es decir, que no sólo está funcionando como estímulo (en este
caso visual) sino que está generando un determinado sentido. Esta primer consideración puede ser entendida de la
siguiente forma.

En este
caso, las líneas representan relaciones y las flechas procesos (vease 2.1.1)
El significado por lo tanto es devenido y tiene una mira
y una pertinencia, además de
articularse bajo un código específico
que generalmente versa sobre sistemas de oposiciones, pero del cual podemos
decir que es consensuado, dinámico y funciona como una secuencia de reglas que
regula y da cierto orden a los sistemas de significación. Así, siguiendo con el
ejemplo que ya hemos mencionado, le agregamos que el sujeto “X” se encuentra
acompañado por un sujeto “Y” quien asume que el cartel en realidad “no quiere
decir nada”, entonces el proceso comunicativo se ha complicado. Ahora no sólo
intervienen los elementos que hemos mencionado, sino que se ha sumado un sujeto
más (Y) quien se ve afectado por los mismos elementos que el sujeto “X”. Para
entender esto, es necesario dejar a un lado la estructura cognitiva individual,
y las formas de idiolecto. Hasta este momento sólo hemos hablado de la intervención
de los sujetos, no hemos hablado nada del cartel ni de sus cualidades
significantes, pero una vez que los sujetos se han puesto a discernir lo que
pudiese significar (primero de forma individual antes de socializar el
discurso), el cartel sufre una constante re-semantización de su significado. A
esto hay que agregar que dicho proceso se verá afectado directamente por un
espacio social (contexto), es decir, aquél donde queramos situar a nuestros
actores.


Hemos dicho durante la investigación
que los procesos comunicativos requieren necesariamente más de dos códigos y
que por lo menos uno de ellos sea intraducible en el sistema semiótico opuesto
ya que eso implicaría una transmisión de información y no una interpretación de
información[60].
La dinámica del código a la que ya hemos hecho referencia en 2.2.2, actualiza
el acto comunicativo en sí y pone en relación semiótica a los individuos que se
encuentren en un determinado espacio semiótico, traduciendo y poniendo en
relación sus códigos personales y los de su consideración de algo como signo.
Para el ejemplo que hemos venido señalando, se establece un código rector al
interior de un sistema semiótico específico del que se ha devenido una
construcción sígnica (el cartel), la cual ha sido puesta en relación con otros
dos sistemas de significación con sus propios códigos rectores. Si no existiera
la posibilidad de la intraducibilidad de los códigos, ambos intérpretes (X y Y)
construirían exactamente igual el signo o texto semiótico (cartel), lo cual
indicaría que su proceso interpretativo y de atribución de significado
produciría el mismo sentido para ambos. Esto en realidad, convertiría
nuevamente al proceso en una transferencia de información más que en un proceso
de comunicación. Con la intraducibilidad y existencia de sistemas pluricódigo,
se asegura una interpretación diferente desde cualquier sistema de
significación o desde cualquier intérprete. Se tiene entonces un proceso de
múltiples significaciones y consensos en torno al código, con lo que reiteramos
su importancia en tanto acto. Es decir, el código es importante no como
regulador u ordenador, sino en tanto proceso de codificación. Para el ejemplo
que hemos venido señalando, partimos, por fines metodológicos, del sistema de
significación del cartel, para después explicar cómo es que se da el proceso de
intercambio/traducción de los códigos y cómo es que se puede llegar a un
significado convenido o consensuado.

Es
evidente que hablamos de un micro proceso, pero esto nos permite establecer
éste, y cualquier proceso similar, como un sistema.
Todos los micro procesos comunicativos como éste, que se pueden extender
incluso a la comunicación entre grupos, se colocan en un grado de complejidad
menor a los macro procesos que iremos estableciendo, con esto, ponemos en
estrecha relación la visión sistémica con los fundamentos epistemológicos de la
comunicación que hemos ubicado a un nivel semiótico.
Tenemos
entonces que cualquier micro proceso comunicativo[61] como el que hemos
presentado se pone en relación con muchos otros micros procesos para generar
una red de procesos que es lo que aquí consideramos comunicación humana. Todo
esto dentro de un espacio semiótico dado. Cada micro proceso genera un grado potencial
de sentido, pero no es sino hasta su relación de significación con otros
sistemas de significación que se activan cada uno de los procesos que ya hemos
descrito al interior de cada sistema, produciendo un determinado sentido. Pero
este proceso se puede repetir –y de hecho lo hace- a cada momento y con cada
nuevo grado de información, es decir, que este proceso se está generando de
forma simultánea con el resto de procesos con los que tenga relación y con lo
que no la tenga. Entonces, cada sistema de significación puede ser estudiado
como un sistema cerrado en tanto micro sistema, pero una vez que éste se abre
al espacio semiótico completo y a las relaciones con otros sistemas, tendrá que
ser entendido como sistema abierto. La comunicación siempre es acción, al igual
que los signos y la semiótica.

La
apertura de cada micro sistema le permite la actualización de su información y
de sus elementos a través de la relación con otros micro o macro sistemas de
significación. La comunicación por tanto no es uno de los procesos que hemos
descrito, sino que es el resultado de todos ellos, no la suma, sino todos al
mismo tiempo, es por eso que su nivel de complejidad dependerá del proceso
comunicativo que se esté estudiando. Esta suerte de simultaneidad es la que permite a la comunicación inscribirse en
todos los ámbitos de la vida del ser humano y lo que imposibilita explicarla
por medio de modelos lineales. Haciendo un breve resumen de lo que hemos
descrito hasta este momento y en relación con el ejemplo citado encontramos
que:
1. Las condiciones
de significación tienen que ver directamente con lo que denominamos espacio social (cultura), es decir el
espacio donde “dos sujetos (X y Y) se encuentran interactuando con un
objeto/mensaje que le provee cierta información (cartel). Cada uno de estos
tres elementos es un s-código
(subsistema) que más tarde será socializado y regido por uno código (sistema) general. No hablamos de
un emisor ni un receptor, sino de ambos (“X” y “Y” ) de forma simultánea que
significan un mensaje (el cartel), todo esto en un tiempo determinado.
2. Es necesario
que existan más de dos códigos en juego para que podamos estar hablando de un
proceso de comunicación. En nuestro caso, están en relación el código social de
la lengua, el icónico, el señalético, normas y valores, etc., que influirán
directamente en el proceso de semiosis de cada sujeto. Esta condición implica
que no existe una jerarquía definida de los códigos, sino que éstos pueden ser
intercambiados de posición jerárquica de acuerdo al caso específico que se estudie.
De igual manera, las reglas y los elementos que los conforman pueden sufrir un
reacomodo semántico y sintáctico. El círculo (elemento icónico) puede ser
importante para el código icónico, pero al ser transferido dicho elemento al
código verbal, puede no ser de relevancia, transfiriendo su nivel de relevancia
(posición jerárquica) a la forma, tamaño, color, etcétera.
3. El tiempo
implica la equifinalidad y la ambivalencia del proceso. Aún con la idea de la
simultaneidad, es necesario que el proceso, por su dinámica-movimiento,
requiera de la noción de un “antes” y un “después”, es decir, de un transcurso
temporal, pero dicho tiempo tiene que ser simultáneamente concomitante (en
interdependencia). Además, este tiempo tiene que transcurrir en un espacio
determinado, que ya antes hemos denominado como la cultura (ese gran “todo”
semiótico del que hablábamos antes).
4. En el proceso
que hemos descrito, se hacen plausibles las relaciones objeto-objeto,
sujeto-objeto, etcétera, además de todas aquellas que involucren medios
electrónicos de comunicación y formas de comunicación interpersonales (de
masas).
5. El proceso de
comunicación al que hemos hecho referencia, se inscribe en un nivel primario de
complejidad, no porque los niveles[62] hagan referencia a una
cantidad de complejidad, sino a modos o cualidades de complejidad. Así, aunque
las relaciones que se establecen entre los elementos de este primer sistema son
de simultaneidad, habrá que tomar en cuenta que este sistema estará en relación
con muchos otros sistemas isomórficos y no isomórficos.
“n” sistemas
posibles pero finitos Sistema B
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Así, dirigimos la discusión de los modelos de comunicación hacia
la recuperación de su cualidad dinámica y compleja, no porque se intente
construir un modelo totalizador de los diferentes fenómenos comunicativos, sino
porque es importante estudiar la comunicación como lo que es, un fenómeno
complejo.
4.2. La
esquematización de la propuesta
Una vez hecho el recorrido por los
micro procesos podemos establecer su relación con los macro procesos, pero es
necesario recordar que en este último punto vamos a utilizar todos y cada uno
de los elementos, conceptos y relaciones que ya hemos descrito de manera
particular a lo largo de la presente investigación.
Tenemos entonces que cada micro
proceso se relaciona con muchos más, los cuales van a generar una mira y un
grado de pertinencia de cada sistema de significación. Durante la relación
entre los sistemas se activan los diferentes procesos de codificación,
decodificación y traducciones del código, al interior de cada sistema y entre
éstos, todo esto sucediendo, primero dentro de cada espacio semiótico concreto
y después en el todo semiótico (semiosfera). Una vez que esa relación se ha
dado, se establece un sistema en el que es posible identificar el proceso y la
constitución de sus elementos, en tanto un proceso ya constituido como tal.
Esto es, que el análisis o metodología que planteamos es sobre procesos
comunicativos concluidos, cerrados o en constitución, no en tanto potencialidad
de ser, porque si no han sido no es posible determinar sus elementos, las
relaciones entre éstos, sus procesos al interior y sus intercambios en el
exterior. Hay que recordar que esta constitución de los elementos y los
procesos se da de forma simultánea. Pero una vez que se ha activado la dinámica
del código, es posible interpretar determinado grado de información, lo que a
su vez producirá un determinado SENTIDO[63]. Esto es a lo que
llamamos un proceso de comunicación, una vez producido este sentido se podría
considerar como sistema cerrado hasta que nos sea puesto, una vez más, en
relación con otros sistemas de significación.
Este proceso se repite
constantemente porque constantemente se ponen en relación los sistemas de
significación, es a este espacio semiótico al que nosotros hemos llamado como
el espacio de la cultura, la semiosfera fuera de la cual es imposible la
semiosis. Todos los procesos culturales no son otra cosa que la constante
interacción entre sistemas de significación que generan diversos sentidos y lo
hacen a través de la comunicación y su acción. Se podría decir entonces que
esta es la gran dimensión pragmática de la comunicación en tanto interacción de
los intérpretes con los sistemas semióticos y su mutua relación.

4.3. Los macro conceptos y sus relaciones
En realidad, el esquema del
modelo general presenta la articulación de cada uno de los macro conceptos que
hemos definido y establecido durante el desarrollo de la presente
investigación, y se constituye a sí mismo como una posible guía metodológica en
investigaciones que involucren fenómenos comunicativos de cualquier índole. Por
último, es necesario poner en relación a cada elemento y macro concepto que
establecimos en un último esquema. En dicho esquema, cada flecha indica un
proceso y cada línea una relación, los conceptos resaltados con letras más
oscuras son los que establecimos como macro conceptos y cada bloque A, B y C
deben ser entendidos como sistemas (de significación).



Sistema de
significación A
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Espacio semiótico/semiosfera/cultura
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El esquema anterior muestra la
distinción analítica de las dimensiones de la semiótica que ya hemos mencionado
en 3.1.2 y que corresponden al nivel semántico, sintáctico y pragmático.
En lo que corresponde a la parte
izquierda del esquema englobado en lo que hemos denominado como “información”,
corresponden los órdenes estructurales y de relaciones semánticas de los flujos
informativos, así mismo, corresponde a esta primer etapa la construcción
sígnica y el establecimiento de un marco de referencia o punto de partida en la
construcción del sentido. Es en este momento del proceso en donde se genera la
primer forma de significación que más tarde dará pie a la construcción de dicho
sentido, al tiempo que se establecen los primeros elementos y micro procesos
del proceso general de la comunicación. Para nuestro ejemplo, es en este
momento en donde se establecen al cartel y a los sujetos como elementos del
proceso, al tiempo que se establecen las relaciones entre éstos y se establecen
los procesos y los sistemas de significación. Se establece el campo de la
señalética, el campo social/cultural de cada uno de los sujetos y se articulan
sus relaciones en función de un significado preliminar o individual como lo
hemos llamado antes.
La segunda etapa corresponde a la
dimensión pragmática de la semiótica, es decir, la acción misma de la
comunicación. Cada uno de los elementos y procesos que hemos descritos existe
de forma potencial o previa a su constitución como tal, pero no es sino hasta
su puesta en acción que se pueden entender como tal. Parece entonces que en
este punto gracias a la pragmática se pueden entender la semántica y la
sintáctica, o bien, que ambas se encuentran contenidas en ésta de forma tácita.
Esta segunda etapa del proceso comunicativo[64] es la más importante
porque es aquí en donde se genera el sentido a partir de la acción de todos los
procesos y elemento que intervienen en el proceso. Es gracias a la pragmática
que se entienden las transformaciones de los flujos informativos en
determinados significados que posibilitarán más tarde la generación o
producción de sentido.
En un principio nos preguntábamos
¿Es este sentido devenido producto del proceso de comunicación? Ahora nos
podemos contestar que sí, pero sin perder de vista la multiplicidad de micro
procesos que intervienen en eso que hemos denominado como “proceso de
comunicación” y una vez más, habrá que entenderlo como producto de, como
resultado de la interacción entre determinados elementos y determinadas relaciones
que se establecen entre éstos. De igual forma, esta segunda etapa, que
corresponde al lado derecho del esquema, se entiende únicamente bajo la acción
de la comunicación.
Haciendo
una analogía con la teoría de Saussure (Saussure, 1998), nuestras dos etapas
corresponderían a la dicotomía lengua/habla, siendo la primer etapa la lengua y
la segunda el habla, la utilización de los elementos y de los sistemas de
significación que se encuentran en relación producto del intercambio de
información. Se podría decir que la segunda etapa corresponde al acto de enunciación. Con esto queremos decir que
esta segunda etapa es de suma importancia porque es en donde se articulan todos
los elementos y micro procesos pero cumpliendo su función en tanto acción,
movimiento, actualización, transformación, traducción y procesos. Es la praxis
de la comunicación en un entorno determinado y producto de un flujo
informativo. Es a lo que nosotros llamamos “comunicación humana”.
Al plantear
la presente investigación buscábamos un objetivo específico que era la
elaboración de un modelo teórico de los procesos comunicativos que se acoplara
a la realidad latinoamericana y en específico a la de México, además de que
pudiese contribuir a la consolidación de la comunicación como un campo de
estudio particular. Pero la metodología que nos planteamos desde un inicio nos
fue guiando de lo concreto hacia lo general, lo que supuso un cambio radical en
el objetivo específico, ya no sería un modelo exclusivo, sino que se
convertiría paulatinamente en una descripción general de procesos generales de
comunicación. Este primer cambio, producto de los años de investigación,
estableció un primer marco de referencia para hablar de la comunicación al
establecer conceptos generales para una gran cantidad de procesos comunicativos
y se consolidó así en uno de los principales aportes, entendido éste como
posible metodología para posteriores análisis de procesos comunicativos.
Esta misma
vía que se siguió encontró dos conceptos paradójicos, el de significación y el
de sentido. El estudio derivado de una lógica de modelos teóricos de corte
informacionista consolidaban la idea de la significación como macro concepto o
concepto imprescindible para cualquier proceso de comunicación humana, pero la
entrada de la semiótica pragmática o la corriente pragmatista pugnaba más por
la consideración de la generación y/o producción de sentido. Este punto fue de
vital importancia porque involucraba de lleno la visión semiótica que desde un
principio decidimos seguir, así, entendiendo a la semiótica como ciencia
unificada y de acuerdo con las tres dimensiones que se proponen (semántica,
sintáctica y pragmática) se abrieron nuevos caminos que la investigación no
tenía previstos en un principio, y resultado de esto es la inclusión de la
producción de sentido en la comunicación.
Entendemos
que la comunicación, como dimensión, esta propuesta para la semiótica como
ciencia unificada, pero no esta descrita, y es aquí en donde centramos nuestro
principal aporte al campo teórico de la comunicación, en la propuesta de una
metodología de análisis de la comunicación desde la comunicación desde una
perspectiva semiótica, describiendo los micro y macro procesos que se generan
al interior de la generalidad de los procesos de comunicación humana. Con esto
le asignamos un valor y un lugar a la comunicación en las grandes teorías de la
significación.
Pero
al tiempo que la investigación fue creando nuevos caminos y vías de análisis,
fue generando nuevas interrogantes, muchas de las cuales se quedan como cuentas
pendientes para futuras investigaciones, tal es el caso de la interacción, la
enunciación, la profundización en la semiótica pragmática, etcétera. No
obstante, los logros de la investigación superaron los objetivos iniciales y
convirtieron al modelo en una explicación de la generalidad de los procesos
comunicativos, lo que nos ayudará a definir desde un comienzo si estamos o no
ante un proceso comunicativo, y si es así, cuáles son sus elementos, sus
procesos y cómo se articulan estos, todo desde un espacio social concreto.
De
la linealidad a la complejidad en comunicación desde una perspectiva semiótica
fue el tema central de la investigación, lo que presentó un reto que consistía
en integrar la visión de la teoría de sistemas, la complejidad, la semiótica y
las teorías de la comunicación, en concreto los modelos de comunicación.
Consideramos que los resultados producto de la investigación abren nuevos
caminos que tendrán que ser explorados y que aquí se presentaron los
fundamentos epistemológicos que más tarden van a posibilitar esas futuras
investigaciones, una de las cuales (a nivel personal) se ha convertido en el
tema central de estudios de posgrado.
Sin
duda alguna la discusión sobre la consolidación de un campo específico o un
campo académico propio de la comunicación, una ciencia de la comunicación, esta
lejos de ser resuelta, de igual forma la discusión en tanto “teorías de la
comunicación”; pero nosotros consideramos que una propuesta que nace desde la comunicación
y cuyo objeto de análisis es la comunicación, puede representar un aporte para
inclinar la balanza hacia el reconocimiento o la construcción de un campo con
estas características. Es evidente que una tarea de semejantes dimensiones no
puede ser responsabilidad de unos cuantos, sino de la gran mayoría de
investigadores o estudiosos de la comunicación, así, al concluir una etapa que
corresponde a la formación a nivel licenciatura, pretendemos integrarnos de
lleno en la discusión con una propuesta concreta.
Para
nosotros recién se abren las puertas de la discusión de un campo disciplinar,
de las construcciones teóricas de un campo o ciencia, de los modelos que la
explican o de las agendas nacionales e internacionales en torno a la reflexión
e investigación de la comunicación, sin embargo, intentamos ingresar a ese
campo desde la propuesta teórica de un modelo de comunicación, modelo que
seguramente sufrirá muchos cambios o adecuaciones de acuerdo al tiempo y los
espacios.
Finalmente
abría que agregar que uno de los principales frutos producto de la
investigación fue la posibilidad de formar parte de
El primer pasó fue crear esta fuente
epistemológica primaria que permitiera cimentar el camino hacia un programa
mayor, ahora los retos son otros y el programa de trabajo ha cambiado, sin
embargo, parte fundamental de este nuevo camino es la presente investigación y
sus alcances momentáneos. Por ahora cerramos un trabajo que corresponde a la
articulación de principios constructores en los que tendremos que profundizar
aún más en un proyecto posterior.
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CARLOS EMILIANO
VIDALES GONZÁLES
Morelia, Michoacán julio 2005
1 Estos nuevos enfoques o nuevas formas de
entender y estudiar a la comunicación están en estrecha relación con los
tiempos históricos, los paradigmas rectores y el lugar de procedencia de las
reflexiones. Por ejemplo, “en 1948, el norteamericano Claude Elwood Shannon
publica una monografía titulada The
Mathematical Theory of Communications en el marco de las publicaciones de
investigaciones de los laboratorios Bell System, filial de la empresa de
telecomunicaciones American Telegraph / Telephone (ATT). Al año siguiente
2 Aunque no descartamos la importancia del
principio de linealidad, el cual se justifica dentro de la historia de las
ciencias sociales y del pensamiento en comunicación por ser de los ser los
primeros intentos en graficar procesos. Sin embargo, consideramos que al explicar
la transferencia de información sólo explican una parte del proceso
comunicativo, el cual, desde nuestro punto de vista, requiere de la inclusión
de elementos y conceptos diferentes que iremos describiendo a lo largo de la
presente investigación.
[3] Presentación de Jesús Galindo durante el seminario “Hacia una
Comunicología Posible”. Primera sesión 25 de junio de 2005, Universidad
Autónoma de
4 Entendemos a la refundición epistemológica como
la articulación de fundamentos epistemológicos ya existentes/precedentes con
aquellos que se propongan como nuevos/diferentes para la fundamentación de un
estudio o como sustento teórico para la propuesta del modelo.
5 La inclusión del paradigma de la complejidad
responde a dos principios que consideramos imprescindibles para la propuesta
del modelo, y estas son la posibilidad de entender a lo “uno” y lo “múltiple”
al mismo tiempo y la posibilidad de la simultaneidad de procesos (véase 2.3.).
Para esto hemos seguido principalmente los postulados de Edgar Morin (Morin,
2003).
6 Además de que estuvieron y están seriamente
avocados a los fenómenos vinculados a los medios de información y tecnologías
de información.
7 Es importante recalcar que en esta
investigación sólo estamos tomando en cuenta aquellos modelos que parten del
principio de linealidad y estamos dejando a un lado aquellos que parten de
lógicas o principios diferentes como es el caso, por ejemplo, de “la espiral
del silencio” de Elizabeth Noelle-Neuman (Noelle-Neuman, 1995).
8 Pero aquí una contradicción entre el campo
académico y la oferta educativa en el sentido de un incremento nacional en la
matrícula de las carreras de comunicación, las cuales ofrecen como alternativa
educativa un campo académico en reestructuración. Tal vez esto corresponda,
como dice Luiz C. Martino, en afirmar que la entrada de la comunicación a la
escena intelectual no se deba a la consistencia de su fundamentación teórica
sino a una fuerte demanda social. (Véase Fuentes, 1998 y Luiz C. Martino en Vassallo y Fuentes, 2001).
9
Lo anterior nos lleva a otros niveles de análisis que tienen que
ver con la comunicación como ciencia, disciplina, como institución y como campo
profesional, el problema es que cada uno de estos caminos nos conduce a lugares
reflexivos distintos aunque todos ellos se encuentren relacionados entre sí.
Nosotros no intentamos entrar en los niveles del campo profesional ni en la
discusión de la comunicación como institución, sino que nos insertamos en la
reflexión de la comunicación en tanto ciencia o disciplina, en el nivel teórico
de ésta, el cual nos llevó al problema de su constitución como tal.
10 Más tarde se hablará más al respecto y se
entenderá a la semiótica como un punto de vista desde donde se pude hablar de
la comunicación (Véase punto 3.1.2).
11
Por la importancia de cada término que hemos establecido como todo un proceso,
cada uno de ellos será estudiado de manera separada en los siguientes
capítulos.
13 Aunque a la complejidad le dedicamos un
apartado específico es necesario recalcar que además de los dos principios que
seguimos (de los que ya hemos hecho mención) la entendemos como el paradigma
que nos va a permitir incluir el binomio persuasivo/interpretativo que propone
Oscar Quezada Machiavvelo (Quezada, 1996) y que nos aleja del principio de
linealidad. Esto, además de permitir la articulación de todos lo procesos que
iremos describiendo, nos va a permitir la creación de macro conceptos que son
imprescindibles para nuestra propuesta final (véase punto 2.3).
14 Nos referimos con deconstrucción a la
posibilidad de utilizar ciertos elementos o procesos que se describen en los
modelos lineales, es decir que no pensamos en su desaparición sino en su
re-adaptación a un modelo diferente, complejo.
15 Estos sistemas isomórficos pueden ser entendido
como los procesos comunicativos en sí, por ejemplo la comunicación
interpersonal puede ser entendida como un sistema que es isomórfico a otro
proceso interpersonal con el que puede compartir ciertos elementos y procesos.
Pero estos mismos sistemas son no isomórficos con la comunicación de
masas.
18 Por ejemplo el racionalismo, el empirismo, el
intelectualismo o el apriorismo. Véase Johannes Hessen (Hessen, 2003).
19 La mitología de la prolepsis se refiere a la
búsqueda de la significación retrospectiva de una obra, lo que presupone la
presencia de un cierto telos
significativo implícito en ella y que sólo en un futuro se revela. (Palti,
1998:30).
21
Tomás de Erfurt hacia el año 1350 produjo, entre otros trabajos,
[22] ...[M]is tres grados de Interpretantes fueron obtenidos razonando, a partir
de la definición de Signo, qué tipo de cosa debería ser relevante y, luego,
buscándola. Mi Interpretante Inmediato está implícito en el hecho de que cada
Signo debe tener su Interpretabilidad peculiar antes de obtener un Intérprete.
Mi Interpretante Dinámico es aquel que es experimentado en cada acto de
interpretación, y en cada uno de éstos es diferente de cualquier otro; y el
Interpretante Final es el único resultado Interpretativo al que cada Intérprete
está destinado a llegar si el Signo es suficientemente considerado. El
Interpretante Inmediato es una abstracción: consiste en una Posibilidad. El
Interpretante Dinámico es un evento singular y real. El Interpretante Final es
aquel hacia el cual tiende lo real [Peirce citado en Rivas (Rivas, 2001)].
[24] Estas primeras reflexiones nos llevan a lo que
más tarde entenderemos como la dimensión pragmática de la semiótica y que será
de mucha importancia para el desarrollo posterior del modelo, al incluir lo que
hasta este momento hemos llamado acción, es decir, la acción de los signos en
relación con un sujeto, ya sea de enunciación, de audición, de contemplación,
de reflexión, etcétera. Lo importante es entender la dimensión de la acción y
la interacción que hasta este momento hemos recién descrito de forma breve
(véase punto 3.1).
25 El hecho de que los signos sean “significados”
debe de entenderse en el sentido del proceso de significación, de atribución de
significado no en el sentido del signo de Saussure, es decir,
significante/significado.
26 En este sentido, hay que entender a la
univocidad como un texto que se puede “pensar bien” de varias maneras (Lotman
1997: 73).
27 “Cuando se ven independientemente de otros
sistemas con los que se los puede poner en relación, los s-códigos pueden
considerarse como ESTRUCTURAS, es decir, sistemas (i) en que los valores
particulares se establecen mediante posiciones y diferencias y que (ii) se
revelan sólo cuando se comparan entre sí fenómenos diferentes mediante la
referencia al mismo sistema de relaciones” (Eco, 2000:67).
28 Un ejemplo muy claro es el sistema musical, en
el cual el código se convirtió en una dificultad al tratar de establecer el
significado del proceso de semiosis.
29 Es importante señalar que esta clave presupone
la traducción de información, a diferencia de nuestra noción de código que
establece la interpretación de información. Se debe entender también que la
información puede ser desde el lenguaje articulado hasta cualquier estímulo
sensorial. Esta distinción es muy importante porque es lo que más tarde
analizaremos como parte medular del proceso comunicativo.
30 Esto es lo que pasa generalmente con sistemas
de significación muy complejos como en la música, donde, por ejemplo, un código
sintáctico se sobrepone a uno semántico dando la apariencia de un sistema
a-semántico. Secuencias de significantes sin significado.
31 Los textos son entendidos como conjuntos
significantes (de signos) que son devenidos a la mente del sujeto involucrado
en forma de unidad. Una pintura, una
pieza musical, la ropa o el festejo de una tradición son considerados textos
semióticos. Aquí se deja de lado la idea de un signo aislado, puesto que éste
deja de tener importancia si no es puesto en relación con algún otro. El signo
aislado, desde este momento, deja de funcionar en tanto unidad, para transferir
su importancia a sus relaciones con los demás signos en el seno de lo social.
Esta forma de entender a los conjuntos de signos es a lo que llamaremos
“textos” semióticos.
32 “Llamaremos mensajes nuevos a los que no surgen como resultado de
transformaciones unívocas, y, por
consiguiente, no pueden ser inferidos automáticamente de cierto texto inicial mediante la
aplicación al mismo de reglas de
transformación dadas de antemano”
(Lotman 1998:26).
33 La idea de los códigos disímiles corresponde a
la necesidad de códigos diferentes, que no puedan ser íntegramente traducibles
en el sistema semióticos opuesto. Si los códigos fueran traducibles
completamente, entonces estaríamos ante un sistema de transferencia de
información capaz de generar el mismo significado o general el mismo sentido en
los procesos de intercambio de información.
35 De acuerdo con la teoría propuesta por Juan
Luis Pintos de
36 Por ejemplo el color, el tamaño, la figura,
etcétera de un determinado cartel en el código de la señalética de tránsito,
puede cobrar mayor importancia y convertirse en un código, por ejemplo el color rojo de “no estacionarse” o la forma de la flecha que contenga un
cartel de cualquier color se pueden entender como elementos que pasaron a ser
reglas interpretativas.
37 Esto sucede, por ejemplo, en la música en lo
que se refiere a la tonalidad o las figuras métricas, en la pintura con un
color o con una determinada forma, en la arquitectura con el periodo o el
material, etcétera.
38 La idea de las dimensiones funciona únicamente
a nivel analítico, al igual que los elementos, y los sistemas de significación
que proponemos. En la práctica todo sucede de forma simultánea. Las dimensiones
pueden ser entendidas como las capas del proceso de comunicación, desde el
proceso de interpretación personal, social o interpersonal, hasta las
traducciones del código en cada uno de los sistemas de significación.
[39] Es importante señalar que nosotros somos los
que estamos asumiendo como complejo el pensamiento de Lotman puesto que él no
se asume como tal. Esta idea de complejidad en Lotman la entendemos más como
una modalidad de complejidad, es decir, nociones de complejidad aplicadas
directamente a un estudio, para este caso, el de la cultura.
40 “Si concebimos un universo que no sea más un
determinismo estricto, sino un universo en el cual lo que se crea, se crea no
solamente en el azar y el desorden, sino mediante procesos autoorganizadores,
es decir, donde cada sistema crea sus propios determinantes y sus propias
finalidades, podemos comprender entonces, como mínimo, la autonomía […]”
(Morin, 2003:96).
41 “Las fronteras son siempre borrosas, son
siempre superpuestas. Hay que tratar, entonces, de definir el corazón, y esa
definición requiere, a menudo, de macro-conceptos” (Morin, 2003:105).
42 Los procesos comunicativos aquí son entendidos
desde la comunicación interpersonal y con objetos (como el arte), hasta las
relaciones que involucran espacios territoriales diferentes e intercambios
comunicativos entre estos (comunicación mass mediática).
44 “Puesto que la descripción, como hemos
señalado, trae consigo un aumento en la medida de organización, la
autodescripción de tal o cual sistema semiótico, la creación de una gramática
de sí mismo, es un poderoso medio de autoorganización del sistema” (Lotman,
1998:68).
45 Los cuatro macro conceptos por los que optamos
para el análisis son el proceso de comunicación (la comunicación), el proceso de significación (la significación), el espacio semiótico en el cual se llevan a cabo
ambos procesos (la semiosfera) y las
relaciones que se van a generar entre cada sistema (la complejidad).
46 “En los trabajos de I. N. Tyniánov se muestra
el mecanismo del intercambio de lugares entre el núcleo estructural y la
periferia. El mecanismo más flexible de esta última resulta cómodo para la
acumulación de formas estructurales, que en la siguiente etapa histórica
resultarán dominantes y se trasladarán al centro del sistema. El intercambio
constante entre el núcleo y la periferia forma uno de los mecanismos de la
dinámica estructural”. Véase I. M. Lotman (1998:76-77),
[47] Aunque decir modelo, en sentido más duro es
decir más: flexibilidad, criterios de pertinencia, de apertura, relación
sistema-subsistemas, relación con su entorno. Nociones importantes para la
teoría de sistemas que veremos más adelante (véase punto 3.2).
48 La idea de los sistemas isomórifocos responde a
la necesidad de establecer un primer orden estructural de nuestro trabajo, el
cual corresponderá a la noción binaria de oposiciones. Es decir, que el sistema
que se estudie funcionará como primer elemento de oposición, siendo el segundo
cualquier otro sistema.
49 La investigación clásica distingue entre
ciencias naturales y ciencias humanas y
considera como ciencias puras a aquéllas más que a éstas (Kristeva, 1978:38).
50 Esta puede ser una de las principales razones
de la dependencia epistemológica de la teoría de la comunicación, en concreto,
los modelos de comunicación, que al ser estáticos y cerrados en sí mismos,
requieren de la importación de nuevas metodologías ajenas a sí para explicar
fenómenos de significación, y por ende, de comunicación. La suerte de
ciclicidad aquí se reduce a la retroalimentación de los modelos lineales de la
comunicación a los que ya hemos hecho referencia en 2.2.1.
53 “Será necesario ver cómo el lenguaje es una
forma, pero sólo una forma, de semiosis, y de semiosis solamente en su
modalidad antroposemiótica”: Véase John Deely ( Deely, 1996).
54 “Berger define las relaciones interdisciplinarias simplemente como la
yuxtaposición de disciplinas que se suponen más o menos relacionadas, aunque en
sus términos, las relaciones apuntadas entre sociología y comunicación podrían
considerarse más bien un caso de erección de la sociología como un marco transdisciplinario para los estudios
sobre la comunicación, lo que supondría el establecimiento de una axiomática
común para un conjunto de disciplinas, reforzando la idea de dependencia
epistemológica o metodológica original aunque sin implicar la formación de una
comunidad científica dependiente” (Fuentes, 1998:249-250).
55 Aunque no se rechaza la posibilidad de la
planeación o la intencionalidad en guiar ciertos discursos o textos semióticos
hacia determinadas interpretaciones, pero aún así, el resultado indicará el
método que se ha seguido y los elementos que finalmente intervinieron. Nosotros
accedemos a ellos a través de los procesos que entre éstos finalmente se
generó. Ese llamado resultado, es finalmente el significado atribuido a
determinado proceso y el sentido que
finalmente se creó a partir del proceso de significación.
56 Hay que recordar que los procesos a los que
hacemos referencia son todos devenidos del número de elementos que intervienen
en él, así, los procesos van desde los intra-personal, interpersonal, hasta los
de carácter masivo.
57 Estas relaciones entre cada uno de los
conceptos/elementos que hemos descrito durante toda la investigación, pero
sobre todo aquellos que hemos establecido como macro conceptos, serán puestos
en relación en el capítulo IV cuando se articulen todos bajo la propuesta alternativa
del modelo comunicativo que es el objetivo central del presente trabajo.
58 Entendemos que la realidad puede ser multimodal
pero que ningún modelo puede agotar la complejidad de ésta, sin embargo, lo
apuntamos con un modelo multimodal es a la posibilidad de esquematizar y
analizar diferentes procesos comunicativos bajo un mismo marco de referencia.
Es decir, que el marco de referencia general es el modelo que se propone, el
cual tendrá la posibilidad de aceptar nuevos o diferentes elementos, relaciones
y conceptos dependiendo del proceso que se estudie.
60 Tiene que entenderse que este planteamiento
sigue la lógica de un orden binario de oposiciones, así, el primer código es
aquél que funciona directamente en el fenómeno que estudiamos y el segundo será
aquél que corresponda a un segundo sistema de significación con el que se ponga
en relación al primero. Esto es en realidad en términos epistemológicos.
61 Estos procesos pueden ser los
intrapersonales, interpersonales, todos
aquellos en que se pone en relación a un determinado grupo de personas con un
signo o texto semiótico o todo aquel proceso en que un determinado grado de
información, que puede provenir de cualquiera de los cinco sentidos, es
interpretada y genera un cierto significado, y por ende un cierto sentido para
un intérprete o para todo un grupo.
[62] Los niveles de complejidad se relacionan con
los procesos comunicativos como tal, los elementos y el espacio de referencia.
Así, un proceso comunicativo entre grupos vecinales será de menor complejidad
que un estudio sobre el impacto de la industria cultural en un espacio
territorial mayor (Centroamérica, el Caribe, etcétera) pero no sólo por el
espacio que describe el estudio, sino por la complejidad de establecer los
macro conceptos y elementos que anlizaremos, así como sus relaciones. Esta es
la misma lógica que se sigue para establecer y diferenciar un proceso
comunicativo primario (como el ejemplo que hemos venido señalando) de uno
secundario o terciario. Entre mayor es el espacio territorial y mayores son los
elementos involucrado nos transferimos de niveles de complejidad y niveles de
análisis, es decir, que cada investigación decide cuál va considerar como
procesos primarios de comunicación. Si queremos estudiar el intercambio de
productos culturales a través de los medios masivos de información entre los
países miembros del TLAN cada país puede entenderse como un todo cerrado (como
procesos primaros) y sus relaciones comunicativas como el macro proceso. Pero
de igual forma si el objeto de estudio es al interior de alguno de estos países
(México, Canadá y EUA) el territorio completo, el espacio semiótico en su
totalidad sería considerado entonces como el macro concepto. Con esto queremos
decir que tanto los niveles de complejidad como los procesos comunicativos
están en estrecha relación con los objetos de estudios, siempre y cuando éstos
estén dentro del campo de la comunicación.