“De la linealidad a la complejidad en comunicación.

Una perspectiva semiótica”

 

CARLOS EMILIANO VIDALES GONZÁLES

 

ÍNDICE

 

INTRODUCCIÓN…………………………………………………………………….

 

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CAPÍTULO I. MARCO DE REFERENCIA ………….……………………………

 

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1.1.  Nociones preliminares…………………………………………………………......

1.1.1. La polisemía de la comunicación…………………………………………...

       1.1.2. El debate sobre  la disciplinariedad en comunicación….…………………..

       1.1.3. La importancia de la semiótica en los estudios y los modelos de

                 comunicación…………………………………………….…………………

1.2.  Los conceptos……………………………………………………………………...

 

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CAPÍTULO II. HACIA LA COMPLEJIDAD EN COMUNICACIÓN…………..

 

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2.1. El proceso de significación..………………………………………………………

       2.1.1. Del signo a la producción de sentido...……………………………………..

       2.1.2. Dos hipótesis…...……………………..…………………………………….

       2.1.3. El significado como unidad cultural..………………………………………

       2.1.4. El código…..………………………………………………………….…….

 

2.2. La estructura de los diagramas lineales de la comunicación……………………....

       2.2.1. El problema del emisor, el receptor y la linealidad…...…………….………

       2.2.2. La noción de pluricódigo en la comunicación humana……..………………

       2.2.3. La dinámica del proceso de comunicación humana…………..…………….

 

2.3. Comunicación y complejidad…..………………………………………………….

       2.3.1. Algunas nociones de complejidad…..………………………………………

       2.3.2. Breves nociones de epistemología de la complejidad a partir

                 de Edgar Morin…..…………………………………………………………

       2.3.3. La relación de los macro conceptos……..……………………………….…

 

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CAPÍTULO III. DE LA TEORÍA AL MODELO………………………………….

 

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3.1. La “refundición” epistemológica…..…………………………………………...…

       3.1.1. La semiótica como epistemología…………………………………………..

       3.1.2. La semiótica como punto de vista…………………………………………..

       3.1.3. Desde el punto de vista comunicativo………………………………………

 

3.2. La comunicación como sistema…..…………………………………………….…

       3.2.1. La teoría general de los sistemas…..……………………………………..…

       3.2.2. La comunicación entendida como un sistema….…………………………..

 

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CAPÍTULO IV. HACIA UN MODELO COMPLEJO DEL PROCESO  DE COMUNICACIÓN HUMANA……………………………………:………………...

 

 

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4.1. Los primeros esquemas o los micro procesos comunicativos…..…………………

4.2. La esquematización de la propuesta…..…………………………………………...

4.3. Los macro conceptos y sus relaciones…...………………………………………..

 

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CONCLUSIONES……………………………………………………………….……

 

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REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS ……………………………………………...

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INTRODUCCIÓN

 

Durante el curso de primavera (enero-mayo) de 2002 y producto de la asignatura de Modelos de Comunicación, se comenzó a gestar lo que terminaría en el presente proyecto de investigación, pero sobre todo, lo que habría de generar la necesidad de una visión diferente sobre las teorías de la comunicación que posibilitara la incorporación de elementos y metodologías diferentes en la construcción de los modelos de comunicación. El hecho de nombrar el curso de modelos de comunicación cobra importancia por ser el gestor de los contenidos, la metodología y las metas que posteriormente tratarían de alcanzarse. La necesidad de plantear los modelos como sociales, de integrar elementos diferentes a los que  se han venido utilizando en la teoría de la comunicación, la integración de dimensiones territoriales distintas, la retórica esquematización vinculada a la teoría y ésta a los modelos, fueron algunos de los planteamientos que nacieron no productos de la profundidad de los análisis hechos durante el curso, sino producto de lo contrario. Durante el mismo periodo descrito, una asignatura más determinaría el camino metodológico y la principal herramienta que desde ese momento se comenzó a utilizar directamente en el análisis de las teorías y modelos de comunicación existentes. La semiótica se convirtió así en el pilar fundamental bajo el cual se construiría el objeto de estudio y funcionaría como sustento epistemológico de la presente investigación.

            De forma conjunta, diversos encuentros de investigación a nivel nacional e internacional en los que se tuvo la oportunidad de participar como ponente y/o asistente, y el constante intercambio de experiencias y trabajo con investigadores de diferentes centros de estudio al interior y al exterior del país, fueron aportando un panorama general del estado actual de los modelos y las teorías en comunicación. Con esto, se logró construir el marco conceptual bajo el que se sustentaría la investigación, así mismo, fue importante para poner en discusión los adelantos y resultados que la investigación fue presentando.

            El vínculo estrecho con la realidad latinoamericana, el interés por recobrar el aspecto humano-social de la comunicación, la inquietud por proponer formas y caminos diferentes para explicar un fenómeno, la preocupación por la pérdida de la dinámica de los procesos comunicativos, la teoría de la información, la teoría de sistemas, el conocimiento y descubrimiento del paradigma de la complejidad y su repercusión en las ciencias sociales, la inquietud por recobrar lo interdisciplinar de los estudios, las matemáticas y las ciencias duras como gestoras de conocimiento social, entre otras, fueron las principales motivaciones que impulsaron a la presente investigación. Pero sobre todo la necesidad de participar en la construcción de un sustento teórico específico para el campo de la comunicación.

Más que un muestrario o guía de los modelos que se han generado para explicar la dinámica de los procesos comunicativos o la comunicación misma, consideramos importante problematizar su lógica constructiva, sus elementos, conceptos y las relaciones que se generan entre éstos sin establecer a ninguno como marco específico de referencia. La importancia de hablar sobre modelos de comunicación recae en la construcción teórica en sí, es decir, que más allá de la esquematización o geometrización del pensamiento (Bachelard, 2000), los modelos suponen un marco teórico específico, una teorización y reflexión en torno a su objeto de estudio y, para nuestro caso, los modelos suponen una reflexión en torno a los procesos comunicativos, sus relaciones, sus elementos y los conceptos que usamos para definir a nuestro objeto de estudio central que es la comunicación. Por lo tanto, lo que aquí se presenta es un marco explicativo que incluye aspectos lógicos, conceptuales, epistemológicos y gráficos en torno al proceso de comunicación y los múltiples procesos que se desarrollan de forma paralela.

Debido a que la investigación no se planteó en ningún momento la revisión de la totalidad de los modelos de comunicación existentes, se establecieron tres criterios de selección: i) se tomaron directamente los modelos cuyo principio constructivo fuse el principio de linealidad, ii) los modelos que no nacieran específicamente de los estudios de los medios masivos y, iii) aquellos que nacieran desde la semiótica, sobre todos los que contemplaran dentro de sí los procesos de significación. De esta  forma se creó un marco de referencia explícito y de discernimiento que estableció los modelos que funcionaron como ejemplos o como fuentes epistemológicas a lo largo de la investigación.

Con lo anterior se entiende que la construcción teórica a la que se llegó al final de la investigación esta sustentada en trabajos e investigaciones previas que se enmarcan en dos grandes campos del conocimiento: la teoría de la comunicación y la semiótica. Pero de ésta última más que teoría semiótica se utilizaron teóricos con objetos y propuestas epistemológicas de la semiótica como ciencia unificada, esto, con la finalidad de convertir a la semiótica en fuente epistemológica primaria de la comunicación. Por lo anterior, la metodología que se siguió fue en un principio una fase exploratoria y de discernimiento entre los modelos existentes de acuerdo con los criterios antes señalados, para posteriormente hacer la refundición epistemológica de los elementos, funciones, procesos y conceptos de la revisión previa y de los que nosotros incluimos como aporte y esquematización final de la propuesta.

La investigación que ahora se presenta es el resultado de cuatro años de invetigación y varias discusiones con especialistas del tema entre los que se encuentran el Dr. Jesús Octavio Elizondo Martínez de la Universidad Iberoamericana, el Dr. Tanius Karam de la UACM, el Dr. Juan Carlos Gonzáles Vidal de la Facultad de Letras de la UMSNH, el Dr. Jesús Galindo de la Universidad Veracruzana entre muchos otros con los que se tuvo la oportunidad de discutir los avances y problemas que la tesis fue presentando.

El proósito principal de la investigación es contribuir a la consolidación de la comunicación como un campo de reflexión autónomo, esto a partir de la reflexión, análisis, estudio y propuesta teórica de los modelos que explican sus procesos, sus elementos, los conceptos y los esquemas resultantes. Todo esto a partir de una visión semiótica que funciona al mismo tiempo como herramienta metodológica y, como ya hemos dicho anteriorimente, como fuente epistemológica primaria. Pero el propósito de la investigación esta en estrecha relación con el problema de investigación, es decir, la explicación de los procesos comunicativos a partir del principio de linealidad, al que consideramos como una parte del proceso y al que proponemos una visión complementaria al incluir un visión desde la complejidad y la teoría general de sistemas. Así, lo que se presenta es una propuesta teórico-esquemática de los procesos comunicativos en general, a partir de la refundición espistemológica, todo, desde una perspectiva semiótica.

            Los primeros enfoques que intentaron explicar a la comunicación no se orientaron hacia la noción de proceso, sino que la entendieron como una relación de causa-efecto, pero de una manera directa, es decir, que la comunicación se limitaba a que un comunicador hace A, luego B y después ocurre C (Berlo, 2000). De dicha forma de entender el fenómeno de la comunicación nacieron teorías como la de la “aguja hipodérmica” en donde los mensajes son dirigidos a un sector específico, el cual responde de acuerdo a lo planeado, es decir, a la configuración específica de los mensajes emitidos, la codificación y la decodificación son exactas. Con el tiempo fue necesario hacer nuevas consideraciones en torno a la comunicación, sus elementos y la forma en que ésta se sucedía en espacios específicos, de esta manera comienza a ser importante i) quién esta comunicando, ii) por qué se está comunicando y, iii) con quién se está comunicando. Todo esto llevaba a integrar de forma directa el análisis de los mensajes que son emitidos en los procesos comunicativos, con el fin de entender y comprender qué es lo que la gente está tratando de comunicar al entablar un proceso comunicativo. En este momento las investigaciones en comunicación se dirigieron directamente a estudiar los mensajes, no obstante, está es una de las líneas de investigación que perdura hasta la actualidad[1].     

Uno de los modelos contemporáneos más utilizados fue desarrollado por el matemático Claude Shannon en 1947 (Shannon, 1948) y puesto al alcance del público por Warren Weaver. Pero dichos modelos no hacían referencia a la comunicación humana sino que explicaban la comunicación electrónica, no obstante hubo más de un científico que consideró que dicho modelo podía ser utilizado también para explicar la comunicación humana. Algunos investigadores de la comunicación siguen usando este modelo para explicar la naturaleza de la comunicación, sobre todo aquellos que están inmersos en el estudio de la comunicación organizacional. En 1983 cuando aparece la primera edición de The Dynamic of Mass Communication (Dominick, 2001), Joseph R. Dominick explica el proceso de la comunicación siguiendo este mismo modelo, y aunque sugiere nuevos elementos, el principio sigue siendo el mismo: una fuente, un proceso de codificación, un mensaje, un canal, un proceso de decodificación, un receptor potencial para la retroalimentación y posible ruido.

            Pero una de las principales dificultades a las que se ha enfrentado la comunicación es a su consolidación como campo de estudio, disciplina científica o ciencia. Semejante problema no se reduce a la simple terminología, sino que conlleva efectos mucho más importantes que van desde la crisis de su objeto de estudio hasta su disolución en una infinidad de líneas de acción e investigación. Ante semejante panorama la tarea no puede ser realizada de forma individual, por lo que desde hace varios años se han creado distintas redes nacionales e internacionales que trabajan desde una perspectiva definida algunos de los principales problemas de la comunicación. Ya sea desde su planeación curricular hasta los aportes teóricos, cada red ha definido desde donde aportará a la comunicación. Ejemplo de estas redes son la Asociación Latinoamericana de Investigadores de la Comunicación (ALAIC), la Asociación Mexicana de Investigadores de Comunicación (AMIC), el Consejo Nacional para la Enseñanza y la Investigación de las Ciencias de la Comunicación (CONEICC), La Red de Estudios en Teorías de la Comunicación (REDECOM) sólo por nombrar algunas.

             Por lo anterior, la línea de investigación que se pretende seguir son los modelos de comunicación, todos ellos a través de la semiótica de la comunicación. El objetivo que se persigue es “De la linealidad a la complejidad en comunicación. Una perspectiva semiótica”. Para esto es necesario el recorrido por diferentes teorías y teóricos que han escrito sobre la comunicación o que han abordado la construcción de modelos teóricos y la construcción del pensamiento, entre ellos se encuentran: Umberto Eco, Iuri Lotman, Jacques Fontanille, Oscar Quezada Macchiavello, Claude Zilberberg, Gaston Bachelard, Edgar Morin, Roland Barthes, Eliseo Veron, L. V. Bertalanffy, Julia Kristeva, D. K Berlo, entre otros.

Consideramos que los principales problemas que ha enfrentado y enfrenta la comunicación es que no es factible explicar dicho fenómeno a través de modelos lineales[2], por lo que para su explicación es necesario incluir la noción de tiempo, código, el proceso de significación, la complejidad y la teoría de sistemas. Con esto intentaremos construir un vínculo entre la teoría y la praxis, en vías de una reestructuración epistemológica de los modelos que explican dicho fenómeno. Pero consideramos necesario partir de los procesos comunicativos primarios para poder entender sus relaciones y posteriormente sus interconexiones en relaciones macro, por esto, también es necesario replantear los elementos que intervienen en el proceso comunicativo, así como las relaciones que se establecen entre cada uno de ellos. Nos preguntamos entonces, ¿es viable seguir explicando a la comunicación a partir del principio de linealidad? ¿Cuáles con los elementos que intervienen en los procesos comunicativos y qué relaciones se generan entre éstos? ¿Qué sucede con los conceptos y elementos de los modelos lineales al ser insertados en  un modelo cuyo eje articulador es la teoría de sistemas y la complejidad? ¿Es viable la propuesta de un modelo teórico de la comunicación de corte semiótico? ¿Por qué la semiótica? ¿Cuál es el grado de pertinencia de una propuesta de esta naturaleza? ¿Nos puede ayudar la propuesta de un modelo teórico a explicar la producción/generación de sentido en la  comunicación? ¿Es este sentido devenido producto del proceso de comunicación?

Al tratar de dar respuesta a estas preguntas intentamos aportar en la consolidación teórica de la comunicación, así, el presente trabajo se ocupará únicamente del plano teórico de la comunicación, lo cual, funcionará como una metodología para futuras investigaciones que tengan como tema central cualquier manifestación que implique directamente a la comunicación. En consecuencia a lo anterior, la investigación sugiere como principal aportación un modelo teórico, construido bajo nociones que hasta el momento no han sido consideradas en los modelos teóricos precedentes. Esto, al integrar conceptos diferentes, o que hasta el momento no han sido considerados para el estudio de la comunicación como la noción de código, las temporalidades concomitantes, el proceso de significación, la simultaneidad en el tiempo, las relaciones de transferencia de información, los espacios semióticos y las relaciones que se establecen entre todos los elementos involucrados.

La importancia de un trabajo de estas características radica en la necesidad de consolidar a la comunicación como una ciencia, para esto, es necesario el trabajo teórico, la sistematización de su historia y metodologías, la revisión de los planes curriculares, etcétera, en vías a la construcción de un campo teórico propio. Es en este último punto, en lo que concierne a la teoría de la comunicación, es en donde inserta la presente investigación. Es decir, que intentamos conocer y describir la noción de comunicación, de proceso de significación y la generalidad de los modelos de comunicación, con la finalidad de hacer una propuesta semiótica de reestructuración de los actuales modelos de comunicación con miras a la construcción de un modelo comunicativo. Todo esto porque consideramos que “para explicar el fenómeno de la comunicación es necesario la reestructuración epistemológica de los actuales modelos teóricos de la comunicación a fin de entenderla como fenómeno complejo y poder a portar en la consolidación de ésta como campo académico”.

En el marco del desarrollo de las nuevas tecnologías, la puesta en marcha de modelos económicos globales y el diálogo constante entre ciencias y disciplinas del pensamiento, la comunicación ha hecho su entrada en el ámbito académico como una dimensión que, de igual forma, ha expandido sus fronteras de pertenencia y sus límites de discusión para convertirse en un discurso formalizado en torno a una multiplicidad de temas que van desde los estudios culturales y de recepción a los que están dedicados a los nuevos enfoques teórico-metodológicos y formas emergentes del pensamiento comunicacional. Pero la problemática de su constitución como campo de estudio autónomo ha desbordado las fronteras de los espacios académicos de la comunicación para envolver diferentes ciencias y disciplinas del pensamiento, convirtiendo esta discusión en una de las más importantes en el campo de la comunicación.

En este marco, las posturas son diferentes, aquellos que consideran a la comunicación como un proyecto realizable, el proyecto de “hacia una comunicología posible” (Galindo, 2002a, 2002b, 2003a, 2003b,  2003c), aquellos que piensan que no hay mayor discusión y que la comunicología existe en tanto existen los comunicólogos (entendidos éstos como cualquier egresado de una carrera de comunicación), en este grupo se encuentran los dedicados al estudio de los medios masivos de información. Y, finalmente, se encuentra el grupo de aquellos para los que la comunicación no es más que el resultado de ciertas investigaciones que se articulan bajo el nombre de comunicación (Galeano, 1997). En este punto es importante señalar que la presente investigación comparte el punto de vista del primer grupo, es decir, la posibilidad de generar un proyecto de comunicología capaz de sistematizar su propia historia, fundamentar epistemológicamente su campo de acción, generar bases de datos y sistemas de información, generar una matriz constructiva con principios y conceptos constructores y sobre todo, generar la posibilidad de trabajar en red con diferentes investigadores, porque una tarea de semejantes dimensiones sólo se puede entenderse a través del trabajo colectivo, del compartir los sistemas de información y los adelantos de cada investigación en lo particular y su forma de articularse con el resto de las investigaciones en general. Ahora bien, devenido de este programa se entiende a la comunicología (desde una perspectiva sistémica) como el “estudio de la organización y composición de la complejidad social en particular y la complejidad cosmológica  en general,  desde la perspectiva constructiva-analítica de los sistemas de información y comunicación que las configuran[3]”.

 Esta definición de la comunicología nos permite establecer la pertinencia de nuestro estudio que se entiende desde dos dimensiones específicas. La primera de ellas esta en estrecha relación a nuestro objeto de estudio: la comunicación como proceso humano desde una perspectiva semiótica, es decir, que abordamos los procesos comunicativos desde la comunicación, intentando convertir a ésta en metalenguaje de sí y generar así esquemas explicativos que puedan ser usados en investigaciones posteriores. Esta primera dimensión implica de lleno la discusión de la comunicación como ciencia, sus problemas, sus dependencias epistemológicas y requiere de una determinada visión de la comunicación y un punto de vista. Nosotros lo que intentamos en contribuir desde el estudio de los procesos comunicativos a la generación de un espacio conceptual nacido desde el campo de la comunicación hacia el campo de la comunicación, todo desde una perspectiva semiótica. 

    La segunda dimensión consiste en compartir la información. Desde finales del año 2004 cuando se comenzó a participar activamente en el trabajo de la Red de Estudios en Teorías de la Comunicación (REDECOM) se estableció como necesario el constante intercambio y discusión de información con investigadores de diferentes centros educativos del país, por lo que la presente investigación se ha presentado como parte a las reflexiones de la red, cons sus limitaciones y alcances momentáneos.

De esta forma, la investigación se presenta como un aporte a la discusión del actual discurso de la comunicación y como un intento en contribuir desde la semiótica y la comunicación al proyecto general de “hacia una comunicología posible”.

            En la presente investigación se utilizó un paradigma de tipo cualitativo con una fundamentación epistemológica de corte fenomenológico, apoyado en la teoría de sistemas y el paradigma de la complejidad, así, se pretenderá entrar solamente a una aproximación interpretativa del fenómeno y no a la búsqueda de una verdad considerada absoluta. Estas tres líneas estarán articuladas por una visión semiótica que se explica detalladamente en el punto 3.1.

La tarea de proponer un modelo teórico sobre los procesos de comunicación desde una perspectiva semiótica requiere de un enfoque metodológico específico, el cual esta en estrecha relación con el cuerpo capitular que presentamos. En el capítulo I exponemos un punto de partida del estado actual de los estudios teóricos de la comunicación que denominamos como nociones preliminares, así mismo, explicamos el por qué de la inclusión de los elementos/conceptos que proponemos y la pertinencia de cada uno de ellos en nuestro estudio, así, creamos un punto de partida para nuestra reflexión. El capítulo II comienza con el análisis del proceso de significación, pasando de la construcción del signo a la generación del sentido y, finalmente el código, todo en vías de ponerlos en relación con el proceso de comunicación en donde algunos elementos como el código se entienden a través de su dinámica. Estas relaciones que se establecerán entre cada elemento y cada proceso darán pie a la inclusión del paradigma de la complejidad, paradigma con el que pondremos en relación a los macro conceptos creados a través del análisis. Esto posibilitará la refundición epistemológica[4], tema central del capítulo III, en donde también incluiremos la Teoría General de Sistemas a fin de ir convirtiendo los conceptos y sus relaciones en sistemas. Esta ultima inclusión nos permitirá ir “hacia un modelo complejo[5] de la comunicación”, tema central del IV y último capítulo, en donde se expone el modelo que proponemos.

 

 

 

 

 

 

 

CAPÍTULO I

MARCO DE REFERENCIA

 

     Desde los años sesenta en que se comienzan a formalizar los estudios en comunicación en México, iniciando con el programa ofrecido por la Universidad Iberoamericana (Fuentes, 1998), la reflexión en torno al fenómeno de la comunicación ha tomado diferentes líneas y cada una ha ido aportando algunas claves importantes en la constitución del campo disciplinar de la comunicación, sin embargo, pese a los grandes adelantos que se han dado en esta construcción, son muchas las interrogantes que aún se tienen.

La realidad del siglo XXI presenta características propias y distinguibles: un proyecto económico global y un proyecto informático mundial, y ambas formas han afectado drásticamente a la comunicación, ya sea al interior del campo de estudio o en sus diferentes proyectos de investigación que se desarrollan desde los enfocados a los medios masivos de información, los efectos de la puesta en marcha de esos modelos económicos globales, hasta los intentos por generar un sustento teórico específico. Lo cual ha creado la necesidad de una re-visión del enfoque no sólo de lo que consideramos como comunicación, sino de su objeto de estudio, sus métodos, sus relaciones con otras ciencias o disciplinas, hasta la emergencia de nuevos enfoques teórico-metodológicos. En este capítulo nos encargaremos de establecer un marco conceptual desde donde hablamos hoy en día de la comunicación, sus principales problemas, los avances y las tareas que quedan por realizar, así, situaremos implícitamente nuestra investigación desde un espacio concreto. 

 

 

1.1.  Nociones preliminares

    

            “Para una guerrilla semiológica” fue el título de un artículo publicado en 1967 por Umberto Eco en donde se lee que “no hace mucho tiempo que para adueñarse del poder político en un país era suficiente controlar el ejército y la policía. Hoy, sólo en los países subdesarrollados los generales fascistas recurren todavía a los carros blindados para dar un golpe de estado. Basta que un país haya alcanzado un alto nivel de industrialización para que cambie por completo el panorama […] Hoy un país pertenece a quien controla los medios de comunicación” (Eco, 1999c: 137). Y, aunque podamos tomar una postura a favor o en contra, hay algo que no podríamos negar, y esto es, que las nuevas tecnologías, las investigaciones y el campo de estudio de la comunicación como fenómeno no reductible y complejo, han modificado drásticamente las estructuras sociales y la manera en cómo interpretamos nuestra propia realidad. 

            Al hablar de los medios masivos de comunicación, de la comunicación organizacional o del estudio y análisis del fenómeno comunicativo en sí, no estamos hablando de manifestaciones que se sucedan de forma aislada en un entorno social, al contrario, estamos hablando de la forma en que se construye nuestro propio espacio, es decir, todas aquellas manifestaciones que logran filtrarse hasta los llamados núcleos sociales.  Sin embargo, resulta imprescindible la incorporación de las diferentes ciencias y disciplinas del pensamiento para lograr caracterizar los distintos fenómenos de comunicación de distintos rango, nivel, configuración y espacio-temporalidad. Las grandes redes de la información se entremezclan para darle forma a la concebida idea de “la aldea global” al mismo tiempo que transforman su posesión más valiosa, la información, en un instrumento más de poder. Y aunque sigamos discutiendo sobre la naturaleza del concepto que mejor define la extensión y repercusiones de un mundo posmoderno imaginario, seguimos siendo espectadores de la forma en que algunos países y los grupos más poderosos del mundo definen las nuevas fronteras y las nuevas reglas económicas que rigen el comportamiento de las naciones. Por ahora nos podemos seguir sintiendo cómodos si comulgamos con la idea de Enrique Dussel y le adjudicamos a la modernidad su grado de pertenencia y exclusividad a un territorio europeo (Dussel, 1998).

            Ya en 1989 (García, 1989) y posteriormente en 1999 (García, 1999), Néstor García Canclini hacía la primera de las advertencias que implicaba la puesta en marcha de un modelo cultural global que siguiera los mismos pasos del modelo económico global, esto, no sólo al hablar de la hibridación de las culturas, sino al referirse a la “globalización imaginada”. Los grandes puentes culturales que hoy se tejen entre las distintas naciones han generado que la cultura compita o fortalezca las reglas del libre mercado y que los elementos culturales se conviertan en un objeto más con el cual comerciar. En un espacio social como éste, es en donde se inserta hoy en día el discurso y gestión de la comunicación, y al no poder aislar nuestro objeto de estudio a las paredes blancas de un laboratorio, convertimos nuestros espacios sociales en lugares de experimentación y análisis.

            Los estudios serios dedicados únicamente al análisis del fenómeno de la comunicación son relativamente recientes[6], y al ser considerado como elemento complejo de la red que tejen las diferentes manifestaciones sociales, la comunicación sigue el mismo curso vertiginoso que corresponde a la velocidad de desarrollo de la tecnología y la economía. De esta forma, se podría explicar porqué la idea de progreso está tan ligada a la inminente tecnologización de los espacios sociales o de cómo surge el paradigma de Lasswell, de Shannon y Weaver, de Wilbur Schramm para explicar la transferencia de información (Jiménez, 1994), la explicación del proceso de la comunicación (Berlo, 2000), los procesos de significación en la cultura (Lotman, 1996, 1998, 2000), los intercambios culturales en espacios social-territorial diferentes (García 1999 y Mattelart, 1981 y 1998) o la gestión de la comunicación en las empresas (Costa, 1999).

            De esta forma, no es pertinente plantear a la comunicación como una de las grandes utopías del nuevo siglo, simplemente porque es un fenómeno que actúa aquí y ahora y del cual no podemos prescindir, esto, aunque el mismo fenómeno se manifieste de diferentes maneras. Los discursos no funcionan si no tienen su contraparte en la acción, la palabra requiere de ser dicha para ser escuchada, la comunicación requiere de algo más que la simple acción. Ahora podemos decir que todo acto del cual el ser humano sea consciente, involucra necesariamente una forma específica de comunicación y una manera específica de ser estudiada, en tanto exista un proceso de significación.

            Bajo la estructura y la bandera de modernidad-posmodernidad, las estructuras económicas fueron moldeando sociedades diferentes: sistemas de comunicación que plantean la inmediatez de la información como herramienta principal, y donde las barreras o puentes culturales se desvanecen para darle paso a las reestructuraciones territoriales y a la nueva polarización de espacios sociales en donde el grado de información que posean se convierte en el principal indicador que marca la diferencia. Paralelamente al desarrollo de este tipo especial de sociedades, los medios masivos de comunicación y la práctica mediática formularon imaginarios fundamentados en lógicas excluyentes y formas anticipadas de transformaciones sistémicas, es decir, modelos que pretenden ser su auto justificación.

Pensar en el desarrollo de la comunicación, los medios masivos, los intercambios culturales, la reflexión del campo académico de la comunicación, la teoría de comunicación, etcétera, es pensar lógicamente en un estudio interdisciplinario que pueda dar forma a la telaraña que el aparato social forma cuando éste opera en sus múltiples dimensiones, y al mismo tiempo es legitimar una forma de pensamiento que puede ser fácilmente identificable. Con esto, salta a la luz la necesidad de reestructurar los modelos o paradigmas comunicativos que explican el fenómeno de forma lineal, para complementarlos con todos aquellos que incluyen a la simultaneidad como elemento constitutivo dentro de su estructura, es decir, la inclusión de la complejidad como eje articulador.

Si bien asociamos de forma directa los estudios en comunicación con los mass media, es necesario entender el fenómeno como característica tácita de un aparato social que se fundamenta bajo la lógica de los lenguajes como herramientas principales, y los cuales se han consensuado bajo códigos comunes. Los intentos por esquematizar los diferentes procesos de comunicación o de circulación de información, han guiado a la elaboración de complejos modelos, los cuales tienen el inconveniente de sólo poder explicar al fenómeno que estudian, ya sea social, tecnológico o mediático. Y conjuntamente se sectoriza o aísla el objeto de estudio de su campo de acción con el fin de poder ser analizado a detalle.

            Una vez iniciado el discurso y análisis formal del fenómeno de la comunicación éste tendió a seguir la ruta del estructuralismo y convirtió a la comunicación en una manifestación lineal, al tiempo que simplificaba su forma de operar y reducía a un mínimo los elementos involucrados. Es así, que la explicación más satisfactoria contempló únicamente tres elementos (emisor, mensaje y receptor) con interrelaciones extremadamente simples (lineales) y donde la comunicación  es un fenómeno que, visto de esta forma, es difícil entenderlo como complejo. Pero es bajo este panorama y este tipo de concepciones que se han venido desarrollando los estudios teóricos sobre la comunicación, lo que impulsa a la necesidad de repensar las conclusiones y los modelos teóricos que han nacido producto de este tipo de reflexiones, en vías a entenderla en su accionar y posibilitar la creación de  un modelo.

Derivado de lo anterior, los recientes estudios sobre el campo de la comunicación han vislumbrado problemáticas concretas como su objeto de estudio, su cualidad interdisciplinar y la reflexión sobre el contexto institucional de su producción científica. Conjuntamente con la aparición de nuevas líneas de investigación, se hace necesario una constante revisión no sólo de sus objetivos y desarrollo, sino de los planteamientos epistemológicos bajo los cuales están cimentadas las principales teorías de la comunicación, en concreto, los modelos de comunicación.

El problema fundamental sobre los modelos que han tratado de explicar la naturaleza del fenómeno de la comunicación, es que han tendido a convertir en estáticos a los elementos de un proceso que se caracteriza por ser dinámico y complejo, al tiempo que han convertido en lineal las relaciones que se establecen entre cada uno de éstos, los cuales no sólo intervienen en las relaciones de comunicación (o de intercambio de información) sino en el proceso mismo de la comunicación. De igual forma, lo estático del proceso no sólo debe ser entendido como la detención de un movimiento implícito, sino que es necesario entender dicha secuencia temporal como simultánea, lo cual, aunque resulte paradójico, es lo que guiará una de las líneas que habremos de seguir. Es así, que surge un último problema y que concierne a los elementos que se han utilizado en la explicación del fenómeno de la comunicación, no sólo por su carga histórico-conceptual, sino por la función que cumplen en la dinámica de proceso.

Así, los problemas en cuanto a las teorías y modelos que se han venido utilizando pueden ser enumerados de la siguiente manera:

  • la linealidad de los modelos que explican el fenómeno de la comunicación;
  • la linealidad de los modelos que explican la transferencia de información en los fenómenos comunicativos, ya sean primarios o a niveles macro;
  • los elementos que son considerados dentro del proceso y las relaciones que se establecen entre ellos[7];
  • los elementos que son considerados y sus propios procesos al interior de cada uno;
  • la simplificación de los modelos teóricos y las respectivas esquematizaciones del fenómeno de la comunicación;
  • la ruptura entre teoría y praxis de la comunicación;
  • la noción de código, dinámica y de tiempo en los procesos comunicativos,
  • el proceso de significación en comunicación y;
  • la generación y/o producción de sentido.

 

1.1.1.      La polisemia de la comunicación

 

Con lo primero que nos enfrentamos al intentar hablar desde la comunicación sobre la comunicación es con el problema de su definición, su utilización y el proceso que designa, así mismo, nos enfrentamos al problema de la constitución de su campo disciplinar y algunos enfoques emergentes. Este primer problema no sólo se reduce a la definición de un término, sino que tiene que ver con su utilización y su espacio de pertenencia.

En principio el término “comunicación” es utilizado para designar las relaciones entre seres humanos pero que están mediadas por la palabra, los gestos, las imágenes o la percepción de los sentidos, pero también es utilizado para designar relaciones entre animales y máquinas, en las transmisiones de energía, en el código genético, etcétera. Por tanto, la comunicación se dice “del hombre pero también del animal y de la máquina; de la relación entre dos personas pero también del monólogo solitario y de la multitud; de la voz pero también del gesto y de la imagen; de los canales sensoriales pero también de los extrasensoriales; del intercambio de ideas y opiniones pero también del diálogo de sordos; de la novedad pero también de la redundancia; del acto, del proceso pero también de su resultado; de las partes involucradas pero también del mensaje y del medio” (Luiz C. Martino en Vassallo y Fuentes 2001:76-77). Esta polisemia se comprueba en el espacio social que es propio a cada individuo y en donde la comunicación puede inclusive significar muchas otras cosas más o limitarse a un único significado consensuado, impuesto o arbitrario. Este problema hace compleja la reflexión científica de un campo disciplinar, sobre todo al intentar establecer el lugar desde donde se reflexiona sobre determinado fenómeno, puesto que más tarde el resultado del discurso estará en estrecha relación de fundamentación con ese espacio o lugar de pertenencia.

La comunicación es el nombre de muchos fenómenos que juntos configuran un espacio conceptual amplio y confuso. Con el mismo nombre se llama a las carreteras y a los puentes, a los automóviles, los barcos, los aviones y los trenes. A la radiodifusión, al cine, a los periódicos. Y también a las relaciones de pareja, familiares, vecinales y laborales. E incluso a un partido de fut-bol, a una reunión religiosa en un templo, a una fiesta, a una campaña política. Y más, a las relaciones sexuales, a las relaciones pedagógicas, interétnicas, a la historia. E incluso a las interacciones entre insectos, animales, y hasta a las relaciones químicas y entre planetas del sistema solar. Todo esto y más participa del espacio conceptual de la comunicación. Como se puede apreciar es necesario un perfil más claro de lo que es y no es, desde qué punto de vista, con qué implicaciones, y bajo que condiciones. En fin, algo más que una noción general compartida (Galindo, 2003c).

 

La importancia de establecer no una definición, sino un campo discursivo en donde se entienda a la comunicación de una determinada manera, implica que dicha consideración no es únicamente para la utilización o no del término en lugares determinados, sino que al mismo tiempo esa definición generará implícitamente una plataforma estructural en donde se establecerán los elementos que más tarde consideraremos como partes integrales de un proceso de comunicación. Es decir, que este campo discursivo al que hacemos alusión es la primer fuente epistemológica de la comunicación, no sólo a nivel semántico o como simple significado de un término (palabra) sino que establece inmediatamente un campo de acción. La comunicación humana, entre máquinas o entre animales contienen elementos distintorios y campos discursivos altamente especializados, aunque podamos preguntarnos sobre la pertinencia de la utilización del término en determinados fenómenos de transferencia o intercambio de información. Lo que nosotros iremos haciendo es crear nuestro propio campo y lugar de pertenencia desde donde se entienda nuestra propuesta teórica sobre la comunicación pero desde una perspectiva semiótica.

Desde mediados del siglo pasado parece haber habido un consenso sobre el campo de pertenencia de la comunicación y su significado, ambos en estrecha relación con los medios masivos de información, pero ya desde algunas décadas se busca reflexionar en la creación no de un lugar específico, sino un campo disciplinar /académico como tal, que disminuya el grado de polisemia que aún existe no sólo hacia el término “comunicación” sino hacia todo un proceso que tiende a reducirse a la utilización de una palabra para designarlo. Tenemos por tanto un primer problema que apunta a fundamentos epistemológicos emergentes hacia la constitución de este campo, por tanto, este grado polisémico de la comunicación presenta por sí mismo la necesidad de discernir entre lo que es y lo que no es comunicación y los elementos comunes a cualquier proceso comunicativo, esto ayudaría entonces a reducir el campo de pertenencia y a contribuir en la formación de dicho campo.

Esta discusión en torno de la “ciencia de la comunicación” a dividido a los teóricos de la comunicación en dos grandes grupos: el de aquellos que afirman que la constitución de una ciencia de la comunicación es factible y deseable, y de quienes aseguran que la comunicación es un proceso social tan amplio y tan complejo que requiere un abordaje interdisciplinario (Lozano, 1996). Ejemplo claro de una de estas consideraciones es la de Ernesto Cesar Galeano quien afirma que “verdaderamente no ha existido nunca una teoría de la comunicación. Lo que tenemos es un sinnúmero de resultados de investigaciones, aglutinados bajo el indefinido nombre de teoría de la comunicación” (Galeano, 1997:17). En contraposición, Javier Esteinou encuentra inclusive cinco etapas del desarrollo teórico de la comunicación, es decir, la clásica humanista (1930-1945), la científico-técnica (1946-1965), la científico reflexiva (1966-1985), la apertura conceptual (1986-1990) y la de la comunicación mercado (1990-2000) (Esteinou, 1998). Esto nos da un claro panorama de los dos grandes grupos en los que se encuentran divididas las reflexiones teóricas y las investigaciones sobre la comunicación.

Sin embargo, no se puede descartar que se hable de comunicación desde cualquier disciplina o ciencia (sociología, psicología, filosofía, etcétera). Pero esta consideración nos remite directamente a una mayor.

 

1.1.2.      El debate sobre la disciplinariedad en comunicación

 

Generalmente se ha tendido a designar la comunicación como “ciencias de la comunicación”, aunque esto nada más designe el conjunto de los saberes que toman a la comunicación como objeto, por lo que

de la cuestión inicial de la polisemia, el problema se desplaza al análisis de la posibilidad de que la comunicación constituya un saber específico o si se trataría nada más de un campo atravesado por saberes diversos. En esta última forma, la comunicación sería vista como un “campo interdisciplinario”, lo cual impone ciertas precisiones. (Luiz C. Martino en Vassallo y Fuentes 2001:80).

 

Pero con esta visión no le aseguramos a la comunicación un lugar específico, sobre todo porque no sabemos si la comunicación puede corresponder a un saber particular sin reducirse a los conocimientos generados a partir de otros saberes, es decir, que con esto no es posible verificar si la comunicación puede ser el objeto de una disciplina particular[8]. Entonces tenemos que la interdisciplinariedad no sólo es una oportunidad de consolidación disciplinar, sino un problema cuando se articula con reflexiones devenidas de un campo en construcción, sobre todo porque este campo tenderá a importar una gran cantidad de elementos a su interior, o bien, tenderá a ser epistemológicamente dependiente de otros campos o ciencias que se encuentran fuertemente constituidas como tal. Sin embargo, Luiz C. Martino considera que el apoyo que la disciplina de la comunicación encuentra en otros saberes no representa en si mismo un argumento contra la autonomía de esa disciplina, sólo indica la necesidad de una formulación precisa de lo que sería este saber-meta en el caso de una disciplina comunicacional.

Tenemos en la interdisciplinariedad una herramienta que nos puede ser de ayuda en nuestro camino, es decir, teniendo en cuenta los problemas de la polisemia que ya hemos expuesto, la naturaleza interdisciplinar pasando por la cuestión de su cientificidad, todo esto converge en el problema de la definición de un objeto de estudio que no pueda ser reducido a los de las disciplinas existentes, de lo contrario, su misma existencia carecería de justificación teórica alguna. Por lo anterior, Martino propone tres vías abiertas por la epistemología contemporánea que permiten considerar el problema de la definición de la disciplina de la comunicación: a) a través de una respuesta de tendencia empírica, tomando como base el análisis de las instituciones relacionadas con la comunicación; b) a través de una definición lógico-formal de su objeto de estudio y; c) en el tiempo, esto es, a través de un análisis diacrónico, procurando situar la génesis del campo de esa disciplina (Luiz C. Martino en Vassallo y Fuentes, 2001:83). Pero nosotros podríamos articular dos de sus puntos de vista para generar el propio, es decir, un estudio que reflexiones sobre su objeto, pero este objeto se convierte a sí mismo como el campo de acción. Es decir, que intentamos hablar de la comunicación a través del discurso de la comunicación y en esta frontera donde ambos discursos, el práctico y el teórico se mezclan, es en donde situamos el nivel de pertenencia de la presente investigación. Devenido de lo anterior, hay que entender que la polisemia de la comunicación también indica una oportunidad teórica de refundición epistemológica en base a una suerte de estudio diacrónico[9].

Esta emergencia del campo académico a la que hacemos referencia ya había sido expuesta por Jesús Galindo y Carlos Luna en 1995 (Galindo y Luna, 1995) y posteriormente por Raúl Fuentes Navarro en 1998 (Fuentes, 1998). Nosotros lo que intentamos no es proponer desde o hacia el campo académico de la comunicación sino desde y hacia la Teoría de la comunicación. Por esto comenzamos con la polisemia de la comunicación, sobre todo porque intentamos consolidar un marco de discernimiento entre los proceso y no-procesos de comunicación, en pocas palabras entre la comunicación y la no comunicación. Para esto, es necesario que sigamos los postulados de la interdisciplinariedad que nos permitan establecer un fundamento epistemológico emergente en la comunicación, aquél que permita establecer su objeto de estudio como propio de la comunicación. Aquí nos ocupamos de la reflexión teórica de la comunicación, en específico de los modelos por los que ha sido explicado el proceso de la comunicación en los últimos años, es decir los modelos devenidos del paradigma de la linealidad, problema que aunque ya había sido expuesto en los ochentas por Armand y Michèlle Mattelart (Mattelart, 1988)  ha tendido a estar fuera de las agendas nacionales e internacionales sobre la reflexión teórica de la comunicación. Aunque entendemos que existen muchos problemas aún sin resolver que ya ha expuesto Jesús Galindo en la presentación del libro “Campo académico de la comunicación: hacia una reconstrucción reflexiva”  en 1995. (Galindo y Luna, 1995).

El problema que nosotros ubicamos como objeto de análisis, los modelos teóricos de la comunicación, no se limita a su carácter lineal sino que se relaciona directamente con la construcción teórico-metodológico de la comunicación. De igual forma la discusión sobre los conceptos de ciencia, disciplina o campo de estudio no se reduce a simples relaciones conceptuales, sino que tienen tan diversas implicaciones, como por ejemplo las que van del financiamiento a la acreditación, de la profesionalización a la estructuración de planes de estudio, desde los problemas concretos de la docencia a la ruptura entre el pregrado y el posgrado, y, finalmente, a la constitución de un campo como tal. Es decir, que nos movemos en un terreno en el cual las transformaciones teóricas se están sucediendo constantemente en vías a la consolidación de un campo específico con un objeto igualmente específico.

Es en este contexto en donde insertamos nuestra presente investigación, como una propuesta que nos lleve de la linealidad a la complejidad en comunicación y que nos permita contribuir desde la teoría de la comunicación a la constitución de un campo específico y autónomo. Nos insertamos así desde la teoría de la comunicación, en concreto los modelos de comunicación, hacia la propuesta de un modelo teórico. Las implicaciones de un campo en construcción no sólo tienen que ver con la dispersión de las agendas de trabajo a nivel nacional e internacional (en donde los temas, los objetos de análisis o las metodologías seguidas son muy diversas y dispersas) sino que conllevan una fuerte dependencia epistemológica emanada de los puntos de intersección con los objetos de estudios de otras ciencias o disciplinas. Y es precisamente en uno de esos cruces de donde nosotros extraemos nuestra plataforma epistemológica, en la relación de la comunicación con la semiótica.

 

1.1.3. La importancia de la semiótica en los estudios y los modelos de comunicación

 

            Si hablamos antes de la polisemia de la comunicación fue porque la ubicamos como un problema para la comunicación, problema que plantea a sí mismo una vía posible de solución que tiene directa relación con los estudios interdisciplinares. Pero para esto es necesario partir desde un espacio concreto que nos sirva como base de arranque y esa disciplina[10] de la que partimos es la semiótica, debido a que su objeto de estudio y su metodología está muy ligada a lo que nosotros consideramos comunicación o los procesos comunicativos como tal.

            Durante los años treinta y cuarenta, la corriente europea de la semiótica en Italia y Francia, apoyada en las nociones del estructuralismo, tendió a situar a los signos como su objeto de estudio, más tarde se entendió que la verdadera importancia no era el signo aislado como tal, sino que su verdadero valor era en su relación con otros signos en un entorno social determinado, es decir, la acción los signos en la vida social. Posteriormente, ya en los años sesenta y setenta, nuevos teóricos aparecen en la discusión haciendo grandes aportes desde diferentes regiones del mundo (Estados Unidos y Rusia) y se comienza a establecer la semiótica como todo un campo de estudio con un objeto y metodologías específicas. Se entiende desde entonces que la semiótica estudia ya no sólo el signo, sino los sistemas de significación cuyo principal campo de acción es la vida social como tal. Resulta entonces que los sistemas de significación comienzan a ser estudiados tal como se presentan en la vida social, es decir como procesos de comunicación. Este primer acercamiento nos da una relación tautológica: La semiótica estudia los sistemas de significación que se presentan en la vida social como procesos de comunicación, pero la comunicación parece no existir si no es a través de los sistemas de significación. Una relación de autoimplicación, una relación de complejidad.

            El modelo que prevaleció durante muchos años como explicación de los procesos comunicativos reducía la fórmula a un emisor, un mensaje y un receptor, a la transferencia de información. El hecho de que nosotros entendamos como necesarios los sistemas de significación para la comunicación humana es porque hacemos énfasis en que esa determinada información que es transmitida requiere ser interpretada a fin de generar un significado posible, el cual a su vez generará un determinado sentido. Este tipo de procesos escapan a los límites de los modelos lineales y requieren de la inclusión de la complejidad para su explicación puesto que el significado, la interpretación y el sentido no son sólo elementos del proceso de comunicación, sino procesos en sí mismos. Entonces en el proceso de comunicación no sólo intervienen elementos, sino múltiples micro-procesos, todos articulados bajo la acción de la comunicación. Pero cada uno de estos micro-procesos alternos a los que hacemos referencia se constituye a sí mismo como objeto de análisis de la semiótica, es decir, los sistemas de significación, la relación de significación de lo signos en relación con los seres humanos y la forma en que se generan determinados significados a través de los signos o textos semióticos, es decir, la generación/producción de sentido[11].

            Resulta entonces imprescindible para nuestro estudio la incorporación de la semiótica como herramienta de análisis, pero no de todo el campo semiótico, sino de aquel que se aproxime a nuestro objeto de estudio que es la comunicación desde la comunicación. Para esto, recurrimos a la reflexión teórica de la semiótica no a estudios semiológicos concretos, es decir, que basaremos nuestro estudio en teóricos más que en teorías, siendo los principales Umberto Eco (Eco, 1990, 1999a, 1999b, 1999c y 2000) por sus aportes teóricos y fundacionales del campo; Iuri M. Lotman (Lotman, 1996, 1998 y 2000) por insertar a la semiótica desde la perspectiva de los estudios culturales; y John Deely (Deely, 1996) por exponer los fundamentos (epistemología) de la semiótica. Sin embargo, es necesario tener en cuenta el camino que ha seguido la semiótica en la historia como lo plantean Mauricio Beuchot (Beuchot, 2001 y 2004), Herón Pérez (Pérez, 2000) y Victorino Zecchetto (Zecchetto, 2003). Finalmente, nos parece importante utilizar las reflexiones semióticas de los años recientes que apuntan a nuevas líneas y metodologías de análisis como lo hacen Jacques Fontanille (Fontanille, 2001), Claude Zilberberg (Ziliberberg, 2000), Oscar Quezada Macchiavelo (Quezada, 1996) y Jesús Elizondo Martínez (Elizondo, 2003).

            La perspectiva semiótica que planteamos para la comunicación en esta investigación se irá desarrollando desde aquí hasta el final de ésta, puesto que más que perspectiva de análisis se constituirá a sí misma como fundamento epistemológico de la comunicación[12]. Este punto de encuentro entre la comunicación y la semiótica no sólo implica la refundición epistemológica que apuntábamos, sino que requiere de enfoques emergentes y de la inclusión del paradigma de la complejidad que ya hemos mencionado, sobre todo porque los procesos a los que hacíamos referencia, aquí se entienden como procesos simultáneos de mutua dependencia. Pero estos procesos requieren articularse en una unidad mayor que hemos denominado como proceso de comunicación. Esta articulación la realizaremos por medios de la Teoría General de Sistemas.

            Este panorama semiótico y de complejidad[13] es en donde insertamos el discurso que iremos construyendo en torno a la comunicación, sobre todo como una propuesta teórica diferente de los actuales modelos con los que el proceso de comunicación es explicado y por ende, de lo que entenderemos por “comunicación”. Es aquí en dode encontramos la verdadera importancia de la semiótica en los estudios de comunicación, no sólo porque sus objetos de análisis (los procesos de significación, los sistemas de significación) son imprescindibles para comprender a la comunicación, sino porque, como se verá más tarde, la semiótica representa una oportunidad epistemológica para la comunicación al hacer consideraciones especiales para la interpretación de un determinado cúmulo de información. Resulta entonces que la semiótica nos puede funcionar como fuente epistemológica, generadora de principios, relaciones y conceptos que nos ayuden en la tarea de discernimiento entre la comunicación y la no comunicación, al tiempo que posibilita la relación entre principios constructores, como lo es la complejidad y la teoría de sistemas. La semiótica funciona entonces como un elemento articulador de principios constructores, como instancia metodológica y como fuente epistemológica de conceptos. Esta suerte de articulación no se da en función únicamente de los elementos y sus relaciones, sino en función del espacio en donde se dan esas relaciones. Hablamos aquí de la acción de la comunicación en un espacio determinado, un espacio social. Fuente y preocupación primordial de los estudios semióticos.

            Hemos dicho que la semiótica centró su estudio en los sistemas de significación en la vida social y que tendió a ver dichos sistemas como procesos de comunicación, devenido de estos, nosotros entenderemos por ahora la importancia de la semiótica en relación con nuestra fundamentación epistemológica en base a las posibilidades metodológicas que genera a partir de principios constructores como el proceso de significación. Proceso que más tarde nos permitirá hablar de la construcción/generación de sentido en la vida social a partir de un estímulo sensorial, de percepción, es decir, a partir de un determinado grado de información.

           

 

1.2. Los conceptos

 

            La descripción de las vías de análisis que hemos expuesto ha generado en realidad tres conceptos fundamentales para el desarrollo de la investigación: la semiótica, la complejidad y la Teoría de sistemas. Cada uno de estos conceptos (que más tarde entenderemos como procesos) se inscribe en un nivel diferente de pertinencia, articulándose en su relación con la comunicación en tanto proceso comunicativo. Cada uno de estos conceptos  nosotros los entendemos como elementos de fundamentación epistemológica porque no sólo funcionan a un nivel práctico, sino que implican relaciones teórico-metodológico al interior de cada uno de ellos que se convierten en concomitantes con la fundamentación epistemológica de la comunicación que aquí planteamos. Es decir, que los conceptos se articulan de forma teórica con el proceso de comunicación sin perder su dinámica interna y establecen un marco conceptual sólido desde el que se pueda hablar de una propuesta teórica. Con esto se entiende que cada concepto designa un proceso y que el resultado de la articulación de estos procesos es lo que nosotros entendemos como un proceso comunicativo.

            Partimos entonces de la deconstrucción[14] de los modelos lineales de la comunicación, lo que no quiere decir su desaparición, sino la re-adaptación de aquellos elementos que consideramos como indispensables para cualquier fenómeno comunicativo, siendo el primero de ellos la información. Estamos de acuerdo que todo proceso de comunicación implica necesariamente una transferencia/flujo de información (la evocación en común, la puesta en común) pero consideramos que la transferencia o el flujo de un determinado grado de información no implica necesariamente que se pueda hablar de procesos comunicativos o de comunicación, sino simplemente de sistemas de transferencia de información. Apuntamos entonces a la necesidad de que la información trasferida no se comporte como simple estímulo, sino que requiere de la(s) persona(s) involucrada(s) un determinado grado interpretativo, es decir, que active un proceso de significación, de atribución de significado. Este proceso de significación envuelve una gran cantidad de elementos que se convierten en fundamentos teóricos de la comunicación como el código y su dinámica, los sistemas de significación, los signos y textos semióticos, es decir, que implica el objeto central de la semiótica y sus diversas líneas teóricas. Los fundamentos semióticos plantean entonces la primer fuente epistemológica y de discernimiento entre lo que entendemos por comunicación y no comunicación. Entonces decimos de la comunicación que es un proceso en donde un determinado grado de información es significado y produce entonces un determinado sentido.

            Sin embargo es importante recobrar dos de las definiciones que la Real Academia de la Lengua Española hace sobre el término información:

·        Acción y efecto de informar y,

  • Comunicación o adquisición de conocimientos que permiten ampliar o precisar los que se poseen sobre una materia determinada.

 

Estas dos definiciones que extraemos de más de diez que se ofrecen sobre el concepto de información nos dan una primera guía en nuestro análisis. En primer lugar la información es una acción y un efecto, pero es en sí misma una comunicación o adquisición de conocimientos, es decir, que la información es aquí entendida no sólo como unidad medible (como los bits de información), sino que representa una acción sobre una materia determinada. Por lo tanto, cuando nosotros apuntamos a la información como nuestro punto de arranque de los procesos comunicativos estamos hablando implícitamente de una acción, de un efecto, pero que por sí solos no produce un fenómeno comunicativo. Es decir, que se acciona un determinado proceso, pero aún no podemos decir que ese proceso sea comunicativo, sino únicamente que se ha accionado un determinado proceso. Esto nos da en principio un punto de partida de la comunicación.

            Pero este primer acercamiento a una definición de la comunicación nos enfrenta a un problema mayor que tiene que ver con la temporalidad de los procesos, dado que aquí se entenderá que cada uno de los conceptos y sus procesos se suceden de forma simultánea y, si son separados, es por fines analíticos.

 Esta  forma de simultaneidad va de los conceptos y los procesos a los elementos involucrados en los diferentes fenómenos o procesos comunicativos. Esta forma de construcción teórica permite un acercamiento mayor a la praxis de la comunicación, es decir, su acción en un entorno social determinado. Derivado de esto, la comunicación se complejiza, no sólo se hace más difícil, se hace compleja.

            Finalmente, cada uno de los conceptos, elementos y procesos va a generar  sub sistemas, articulándose y estableciendo múltiples relaciones con otros sistemas isomórficos y no isomórficos, es decir, sistemas de la misma naturaleza, con elementos iguales o similares, o bajo procesos iguales o diferentes[15], lo que presupone una condición sistémica para la comunicación. Lo que se plantea entonces es un cambio de mira sobre la comunicación que la aleje de los modelos lineales y la acerque a las consideraciones de las reflexiones devenidas de la incorporación del paradigma de la complejidad a su estudio. Transitamos de la linealidad a la complejidad en comunicación pero lo hacemos desde una perspectiva semiótica que nos permita verla a través de sus relaciones sistémicas con diferentes procesos comunicativos.

Esta misma división que planteamos como vías de análisis del proceso de la comunicación implica que la construcción metodológica del cuerpo total de la investigación siga la misma lógica, es decir, que permita seguir un estudio fragmentario y específico de cada vía al tiempo que permita su articulación en un capítulo final. Pero esta tarea requiere que cada vía que escogimos encuentre su relación con la comunicación para después articularlas a todas en un mismo sistema general que será nuestra propuesta final.

 

 

 

 

 

CAPÍTULO II

HACIA LA COMPLEJIDAD EN COMUNICACIÓN

 

2.1. El proceso de significación

 

            Existe una confusión que nos remite a dos semióticas diferentes, la semiótica de la comunicación y la semiótica de la significación. Esto, debido a que la semiótica estudia todos los procesos culturales como procesos de comunicación, pero estos últimos procesos parecen subsistir gracias a que debajo de ellos se establece un proceso de significación. En consecuencia, se puede establecer una semiótica de la significación independiente de una semiótica de la comunicación, lo que no se podría concebir de forma inversa, es decir, un proceso de comunicación independiente de un proceso de significación.

            Un proceso de comunicación se establece cuando una señal es procesada desde una fuente a través de un transmisor a lo largo de un canal hasta un destinatario. El destinatario tendrá que ser forzosamente de naturaleza humana, puesto que dicha señal no tiene que comportarse como un simple estímulo sino que tiene que solicitar una respuesta interpretativa del destinatario. Si el proceso fuese realizado únicamente entre máquinas, la señal, al no requerir el grado interpretativo, carecería de capacidad de significar y hablaríamos entonces de un proceso de transmisión de información.

            Una vez hecha la transmisión y requerido el carácter interpretativo del destinatario, la comunicación se verifica bajo la existencia de un código, es decir, un sistema de significación que posee entidades presentes y entidades ausentes, así como un orden y una jerarquía de valores que se aplica siempre que exista una cosa que materialmente presente, represente otra cosa para el receptor a partir de reglas subyacentes. Por tanto, “un sistema de significación es una construcción semiótica autónoma que posee modalidades de existencia totalmente abstractas, independientes de cualquier acto de comunicación que las actualice” (Eco, 2000:25). Así, cualquier acto o proceso comunicativo conlleva necesariamente un proceso de significación como condición mínima.

            Tanto la significación como la comunicación siguen procesos, metodologías y categorías diferentes en un nivel analítico, el problema es que en la práctica (en los procesos culturales/de comunicación) ambos están estrechamente ligados y parecieran funcionar como una sola forma, sin embargo, es una  mutua dependencia no sólo por su condición concomitante, sino por su condición temporal (simultánea).

Siendo la semiótica el estudio de los procesos de semiosis, de atribución de significado, y siendo este último la cualidad principal del proceso comunicativo, es menester que le dediquemos un apartado especial. En realidad, cada proceso comunicativo, dependiendo de su naturaleza, expondrá de forma tácita los elementos que intervienen, el proceso de significación que ha seguido y la dinámica de las traducciones del código[16]; cuando se han puesto en relación e interacción a dichos elementos han producido un significado determinado, es decir, que el proceso de significación se ha llevado a cabo. Las formas que éste finalmente posea o describa estarán en estrecha relación con la forma o el modo en que se ha sucedido el proceso.

Nosotros no nos ocuparemos de las cualidades del significado, entendidas éstas como producto de las posibles y diversas interpretaciones[17], sino que apuntaremos a establecer la importancia de su existencia y la posible dinámica de su generación. Aunque su posición específica dentro del proceso es aún motivo de muchas discusiones, trataremos de esclarecer lo más satisfactoriamente posible su importancia dentro del proceso comunicativo y el por qué de su consideración como fenómeno complejo.

 

2.1.1. Del signo a la producción de sentido

 

El proceso de significación involucra y se refiere a la atribución de significado a los signos, textos o cadenas sígnicas (para el caso de la lingüística), lo que supone modos diferentes para procesos diferentes. En este momento no es relevante qué tipo-cualidad de significado se está atribuyendo, sino el proceso de atribución. Los modos de significar, por su naturaleza discursiva, se ponen en estrecha relación con algunas de las teorías del conocimiento, sobre todo con aquellas que consideran estructuras de pensamiento a priori y/o como producto de la interacción de los sujetos con la naturaleza-experiencia[18]. “Para Santo Tomás, el modo de significar es una consecuencia del modo de entender y la propiedad de las locuciones depende no sólo del objeto significado sino de la manera de significar” (Pérez, 2000:65).

Ante esta disyuntiva nos quedamos únicamente con dos opciones. La primera requiere de un pensamiento retrospectivo, algo así como la mitología de la prolepsis de Skiner[19] o el texto constructo de Iuri M. Lotman[20], es decir, partiendo del significado otorgado definimos el proceso que se ha seguido, con la salvedad de convertir al estudio en casuístico. La segunda opción involucra una tarea mayor que consistiría en definir caminos posibles de significación, modelos (modos) de significación, más allá de los planteados ya por Erfurt[21] y otros pensadores. Ante este panorama es necesario regresar a ciertas nociones básicas sobre el signo.

El signo es aquello que está en lugar de otra cosa y de la cual se puede decir que existe de forma material o conceptual, lo que a su vez nos genera la posibilidad de crear imágenes mentales. La imagen mental es una idea que se tiene de la cosa (material/inmaterial) a la cual el signo está supliendo y que tiene cierto sentido. Dicho sentido es atribuido al signo de acuerdo a ciertos códigos que puestos en relación establecen reglas de significación, de atribución de significado. Éste último, como resultante de un proceso, no indica el lugar específico de su procedencia, únicamente nos índica que está presente y que se ha sucedido de forma simultánea a la consideración de “algo” como signo.

Por lo anterior, algunos textos o sistemas de significación tendrán un grado potencialmente mayor/menor de significar. Una obra literaria poseerá mayor significancia que el manual de operación de un reloj; pero, de igual forma, un proceso comunicativo que involucre a más de dos elementos/sujetos (cualesquiera que sean éstos) tendrá un grado de significancia directamente proporcional al número de elementos intervinientes, es decir, que este grado de significancia es una consideración de posibilidades de significar en tanto función latente, no es una consideración cuantitativa en tanto grados de significancia. Esto se puede ver más claro en los sistemas de significación sociales: un sujeto en el interior del seno familiar posee un sistema altamente consensuado (como las reglas verbales o de interpretación de determinados gestos, posturas u olores) de reglas que guían sus interpretaciones y su proceso de significación, pero una vez que este sujeto sale del núcleo familiar hacia el espacios social, la cantidad de elementos/sistemas, elevan su grado de significancia.

Esta característica del significado nos lleva a pensar que al momento de realizar un análisis retrospectivo, necesitamos de las guías o de los modelos de significación previamente establecidos y, de forma inversa, necesitamos los análisis retrospectivos para crear las vías o modos de significación, lo que además se da de forma simultánea con el proceso de comunicación. Esto, a su vez, genera una interrelación directa entre el proceso de significación y el proceso de comunicación, interrelación que es tan estrecha que la línea imaginaria-supuesta que divide a una y otra solamente es útil a nivel metodológico, fuera de éste, en la realidad concreta, la separación es inoperable. Sin embargo, podemos  apuntar a una salida introduciendo la teoría del signo y de los interpretantes de Charles Sanders Peirce para quien:

Un signo o representamen, es algo que, para alguien representa o está en lugar de algo bajo algún aspecto o capacidad. Se dirige a alguien, esto es, crea en la mente de esa persona un signo equivalente, o tal vez un signo más desarrollado. Este signo creado es lo que yo llamo interpretante del primer signo. El signo esta en lugar de algo, su objeto. Está en lugar de este objeto, no en todos los aspectos, sino sólo con referencia a una suerte de idea que a veces he llamado el fundamento del representamen. [Peirce citado por Herón Pérez (Pérez, 2000:126)].

 

En la construcción del signo intervienen no un objeto y un interpretante, sino dos y tres respectivamente. El objeto, aquello acerca de lo cual el signo presupone un conocimiento para que sea posible proveer alguna información adicional sobre él mismo, contempla dos condiciones diferentes que se generan durante el proceso de construcción sígnica, proceso que contendrá en sí mismo la construcción del significado. El objeto inmediato, que es el objeto tal como el signo mismo lo representa, y cuyo ser depende entonces de la representación de él en el signo, parte de la complejidad misma del objeto en tanto instancia de la semiosis ilimitada, es decir, es aquella que el representamen elegirá como cualidad pertinente. El objeto dinámico, que es la realidad que por algún medio se ingenia para determinar el signo por su representación, se establece como segunda instancia.

Ahora bien, en la construcción del signo planteada por Peirce, un objeto dinámico –objeto o situación percibidos en toda su complejidad- se pone en relación con un representamen –lo que lo representa-, de acuerdo con alguna correspondencia que es el fundamento; pero este fundamento no pone en evidencia todo el objeto dinámico, sino que selecciona alguna parte de él que considere pertinente, es decir, el objeto inmediato. La posibilidad de reunir o poner en relación al objeto inmediato y al representamen se da gracias al interpretante.

Este recorrido busca llegar al reconocimiento de las tres formas de interpretantes que resultan de este proceso de construcción del signo, no porque sea la herramienta que une al objeto y su representación, sino porque guarda dentro de sí las relaciones de significación y significado.

El interpretante inmediato, entendido como el interpretante que se revela en la correcta comprensión del signo mismo, es a lo que comúnmente se le conoce como el significado del signo. Es la abstracción, lo que algunos tienden a llamar el “sentido”, sin embrago, sigue perteneciendo a la forma mental de representación, pero que no ha sido reflexionada, se podría decir que es una forma casi instantánea de significado. Por su parte, el interpretante dinámico, que es el efecto real que el signo, en tanto signo, determina un evento real y singular. Por último, el interpretante final (al que el mismo Peirce le tenía reservas) se refiere a la manera en que el signo tiende a representarse a sí mismo para relacionarse con su objeto. Podría ser lo mismo que la “significación”, el efecto que el signo producirá sobre cualquier mente sobre la cual las circunstancias permitirían que pudiera ejercer su efecto pleno.

Por lo tanto, el significado o la significación parecen encontrarse en el interpretante, en esa suerte de signo más desarrollado que el representamen, pero esto sugiere una construcción abstracta. La representación mental de un determinado objeto (dinámico/inmediato) que genera un signo, el cual a su vez genera un interpretante (signo más elaborado) y que sucede gracias a la intervención de un intérprete, define por sí misma la dinámica que habrá de tener el proceso de significación[22].

En la definición de Peirce salta a la vista el interpretante inmediato por estar ligado con lo que entendemos como significado, más, un signo no puede ser entendido como la suma de elementos (intérprete, objeto, representamen) sino como una unidad simultánea. Así, en algún espacio temporal de la semiosis se activa el interpretante inmediato atribuyéndole significado al signo. El grado de la carga significativa dependerá del sistema de significación en el cual esté inserto el proceso o, si que quiere, en el proceso comunicativo en que se inserte el proceso de significación. La relación triádica que establece Peirce, nosotros la podemos transferir a nuestros sujetos-objeto y establecer al significado en analogía al signo.

Aún más, la teoría del signo peirceano va a establecer una relación posible entre la percepción y la significación a través de la forma en que es construido y entendido el representamen-signo. Ante esto se puede pensar que la teoría del signo no nos relata la emergencia de una nueva significación sino que sólo capta un momento en una vasta semiosis infinita, además de establecer a través de la percepción una suerte de significación y entendimiento, ambos no como instancias bien delimitadas sino en estrecha relación de movimiento.

Lo que se puede decir hasta el momento es que la significación es indisociable a la noción de articulación, no sólo de elementos de un proceso de construcción sígnica, sino al intérprete directamente. El significado deberá de tener un punto de vista (mira) y un dominio de pertinencia. Para el caso de la significación discursiva, Jacques Fontanille considera esenciales el cuerpo y los sistemas de valor. Dado que nuestro estudio no pertenece únicamente a la articulación de sonidos (lengua), sino que se mueve por diferentes lenguajes, nos ocuparemos únicamente de los segundos, debido a que consideramos al igual que Fontanille que un sistema de significación sin un sistema de valores que lo cruce, hace inteligible el discurso, cualquiera que sea éste.

 Las dos guías de análisis seguidas desde hace más de cuarenta años convergen en partir de dos planos: el plano de la expresión y el plano del contenido, entendidos como el mundo exterior e interior respectivamente, o como más tarde serán llamados por A. J. Greimas en Semántica estructural, “exteroceptivo” e “interoceptivo”, aunque éste agregará la posición abstracta del sujeto de la percepción, a lo que llamará propioceptiva.

            Jacques Fontanille considera que:

[…] la significación supone, entonces, para comenzar, un mundo de percepciones, donde el cuerpo propio, al tomar posición, instala globalmente dos macrosemióticas, cuya frontera puede siempre desplazarse pero que tiene cada una su forma específica. De un lado, la interoceptividad da lugar a una semiótica que tiene la forma de una lengua natural y, de otro lado, la exteroceptividad da lugar a una semiótica que tiene la forma de una semiótica del mundo natural. La significación es el acto que reúne esas dos macrosemióticas y eso es posible gracias al cuerpo propio del sujeto de la percepción, cuerpo propio que tiene la propiedad de pertenecer simultáneamente a las dos macrosemióticas entre las cuales toma posición. (Fontanille, 2001:35)

 

Es necesario aclarar que esa forma o suerte de frontera entre las dos macro semióticas (plano de expresión y plano de contenido) no establece una posición fija o definitiva en su acto, sino que se modifica de acuerdo a la situación y al sujeto. Se modifica de acuerdo al momento.

De lo expuesto hasta aquí se infiere que las constantes modificaciones de la frontera entre las macro semióticas dependerán de las relaciones que se establecen entre ambas, relaciones que estarán reglamentadas o reguladas por los ya antes mencionados sistemas de valor. Por lo tanto, la significación no puede ser entendida de forma separada de los sistemas de valor, los cuales determinarán el camino que se ha de seguir en la construcción del signo, es decir, en la atribución de significado.

Haciendo entonces un breve recorrido por lo que hemos dicho, entendemos por principio la construcción sígnica que involucra procesos y elementos específicos que, al entrar en relación, producen un determinado significado que estará en estrecha relación con los sistemas de significación. Al principio del apartado apuntábamos el problema del análisis retrospectivo o la construcción de vías o modos de significar, sin embargo, al incluir la teoría peirceana nos acercamos a una construcción formal del significado, que dentro de la teoría de Peirce se entiende, a través del interpretante inmediato, como lo concerniente al sentido, es decir, que consiste en una acción, en una posibilidad. Nuestra intención al incluir la teoría de Peirce en la construcción del signo, está en estrecha relación a la idea de la producción de sentido, devenido éste de un proceso de significación el cual está inserto en un espacio semiótico específico y posee una un grado de orden y estructura de acuerdo al momento en que se verifique o estudie.

Aunque de esto hablaremos más tarde, es necesario hacer notar algo importante. Cuando hablamos de espacios semióticos, micro y macro semióticas y a los procesos de significación, estamos conscientes que involucran la puesta en marcha de múltiples dimensiones, es decir, de la acción de los elementos y procesos con un sujeto y su espacio de pertenencia. Involucra entonces la interacción de un sujeto con una gran cantidad de elementos y procesos que iremos describiendo a lo largo del trabajo.

 

2.1.2. Dos hipótesis 

 

            La reflexión teórica en torno al significado (Quezada, 1996) ha conducido a dos posturas que se encuentran en polos opuestos. La primera de ellas niega su existencia en la realidad pero le otorga dualistamente una existencia como “concepto mental”, es decir, como idea abstracta. Esta primera postura indicaría y posibilitaría la existencia de significados previos, un banco de significación activo previo al proceso comunicativo y se podría argumentar que los posteriores significados son interpretantes de esa forma mental ideal. La re-significación aprobaría la semiosis ilimitada, pero más aún, se estaría disociando a la comunicación del significado y se estaría en posibilidad de crear vectores de significación sin la necesidad de un pensamiento circular. La idea de una significación previa nos hace pensar o bien que se encuentra en forma latente en la mente humana o que está latente en el mundo natural.      

Esta primera hipótesis subordinaría a la comunicación al proceso de significación. Si la comunicación es la transferencia y modificación de mensajes que se significan, estaríamos entonces ante una herramienta del significado. La comunicación vista desde esta perspectiva sería únicamente un conducto, una suerte de medio. Nuestros conjuntos significantes en semiótica existirían de forma previa sin la intervención propioceptiva y hablaríamos de la ciencia de la significación, sus procesos y metodologías, la historia de la significación.

            Umberto Eco, al hablar de la “semiótica y algo”, indica que “hay un fenómeno que debemos entender como presemiótico, o protosemiótico (en el sentido que constituye la señal que da salida, instituyéndolo del proceso semiósico), y que llamaremos indicatividad o atencionalidad primaria” (Eco, 1997:22). Esta forma de concebir un proceso previo es lo que Peirce considera como atención, es decir, dirigir la atención a un determinado objeto descuidando otro. Esta forma de entender la constitución previa de la semiosis nos daría la posibilidad de estudiar los significados previos, pero éstos estarían únicamente en potencia, lo que imposibilitaría su estudio, es decir, estaría en condiciones previas a su constitución como signos, por lo tanto y, siguiendo las ideas de Peirce analizadas por Jesús O. Elizondo, el único pensamiento que puede ser conocido es pensado en signos (Elizondo, 2003).

            Más aún, la presemiótica de Eco, que se activa antes del proceso semiósico, es ya un acto en sí, por lo que se considera desde ese momento como parte de la semiosis. Además, la idea de la atención de Peirce hace referencia a una especie de discriminación de estímulos del mundo natural. Esta discriminación requiere, como ya hemos mencionado, de la interpretación de un sujeto que fija su atención en “algo” dejando de lado “lo demás”.  En pocas palabras, al fijar la atención en determinado estímulo y dejando de lado otros, ha considerado algo como signo, ha habido ya un proceso semiótico.

Si tenemos en cuenta lo que hemos dicho anteriormente del proceso de construcción del signo, sobresale un aspecto importante: el hecho de que todos los elementos estén en estrecha relación con el intérprete y que éste último sea el que considere que algo está funcionando como signo (aunque no lo haga de forma consciente). Esto nos lleva a pensar que la única forma en que accedamos a un estudio de la significación es a través de la significación, es decir, del proceso ya trascurrido y no en potencia o posibilidad de ser.  Esto nos lleva a nuestra segunda hipótesis.

            La segunda hipótesis, y que resulta conveniente para nuestro estudio, considera que “no hay porque distraerse con teorías sobre el significado, y que éste no es otra cosa que la consecuencia, siempre contingente, del uso de los signos (entendidos como herramientas)” (Quezada, 1996:150). Es necesario hacer notar para esta consideración que, al igual que Fontanille, la semiótica que avizoramos, en la perspectiva definida por Greimas hace una treintena de años, es la de los conjuntos significantes, pero de los conjuntos significantes en construcción y en devenir (Fontanille, 2001). Más allá de las unidades mínimas útiles a la lingüística, es necesario que dichos conjuntos sean entendidos como producto de un proceso que va desde la construcción sígnica, las interacciones entre cada uno de los textos producidos y los efectos de la posición del sujeto (propioceptiva) en un determinado escenario, es decir, producto de un proceso comunicativo. El significado devenido de esta concepción se entiende no como construido  sino en construcción y re-construcción. 

            Esta idea del uso de los signos nos indica un camino metodológico plausible para el estudio que realizamos al colocar a éstos dentro de su uso práctico. Una vez que un signo es entendido como signo es porque éste ha sido puesto en relación con otros signos y con el intérprete en cuestión, es decir, ha sido usado. Así, la significación necesita de la acción de los signos. Peirce apunta que “para desarrollar el significado de una cosa, por tanto, no tenemos más que determinar qué hábitos produce, ya que lo que una cosa significa equivale a los hábitos que comporta” [23], por lo que entender al significado previo a la acción de los signos resulta paradójico al posibilitar signos sin significado (sin sentido)[24].

             

2.1.3. El significado como unidad cultural

 

            Hasta ahora hemos situado la significación dentro de una temporalidad específica en el proceso comunicativo, pero es necesario situar dicho proceso en un espacio concreto. El significado como unidad cultural, título tomado de La estructura ausente de Umberto Eco, nos permite hacer referencia directamente a un espacio. Al igual que Eco, Iuri M. Lotman ha realizado un exhaustivo y detallado trabajo sobre la forma en que se suceden los actos de significación en un espacio determinado, la cultura. Ambos se plantean como complementarios para nuestro presente trabajo.

            Así pues, ¿qué es el significado de un término? Desde el punto de vista semiótico no puede ser otra cosa que una unidad cultural. En toda cultura una unidad es, simplemente, algo que está definido culturalmente y distinguido como entidad. Puede ser una persona, un lugar, una cosa, un sentimiento, una situación, una fantasía, una alucinación, una esperanza o una idea. (Eco 1999:71).

 

Aunque el “término” pueda ser entendido como un signo (o representamen para Peirce) es indisociable para ese espacio cultural donde convenidamente cobra un sentido (dirección) e intencionalidad para un determinado sujeto. Sea juzgado como verdadero o falso, el significado por ahora nos interesa por su existencia no por su cualidad. Sus grados, de acuerdo a las reglas de valor que el sistema proponga o establezca como pautas interpretativas, guiarán, en relación al sujeto, su consideración de validez. Es el sistema de la cultura el que definirá finalmente el resultado de dicho proceso, la dinámica y el tiempo de duración. Aunque, claro, como apunta Ero Tarasti, los significados no pueden ser funcionales sin un acto de entendimiento (Tarast, 2000). Tal parece que el significado hasta este punto es devenido y/o producido por medio de un proceso, y no como entidad a priori  de un vehículo significante u objeto determinado.

Ambas aseveraciones independizan al significado del problema de las condiciones de verdad de un determinado enunciado o texto, es decir, a la existencia o inexistencia del referente. Este gran espacio en donde los signos son significados[25] o convertidos en tal, es a lo que Lotman ha llamado la semiosfera, es decir, un espacio que puede ser considerado como un mecanismo único (sino como un organismo), en donde todos los elementos resultan importantes, no uno u otro, sino todo el sistema. En palabras de Lotman, “la semiosfera es el espacio semiótico fuera del cual es imposible la existencia de la misma semiosis” (Lotman, 1996:24).

            De esta forma, Lotman distingue dos tipos de sistemas semióticos, los orientados a la transmisión de información primaria (estáticos) y los orientados a la transmisión de información secundaria (dinámicos). “Para los primeros no hay ninguna necesidad de un entorno extrasistémico que desempeñe el papel de reserva dinámica, para los segundos éste es indispensable […] En la tensión estructural entre esos polos se desarrolla un único y complejo todo semiótico: la cultura” (Lotman, 1996:80).

            Este lugar de pertenencia es en donde se da la acción de los signos, donde se intercambian y se actualizan significados entre distintos, sujetos/objetos, donde se accionan los procesos de atribución de significado producto de la interacción de los elementos y proceso a los que cada individuo se vea sometido o con los que se ponga en relación voluntaria e involuntariamente. Hasta este punto, el significado requiere de la acción de los signos (y por ende de los interpretantes) en un entorno físico determinado, la cultura. Sin embargo dentro de la cultura existen formas específicas de orden que ya hemos mencionado anteriormente pero que no hemos desarrollado, es decir, los códigos. 

 

2.1.4. El código

 

Uno de los principales pensadores que ha estudiado ampliamente la teoría del código es Umberto Eco (Eco, 1999, 2000), pero nosotros no buscamos profundizar en su estudio o proponer alternativas a los límites que la misma teoría ha presentado, sólo apuntamos a recobrar nociones que nos parecen básicas para entender la naturaleza de los procesos comunicativos. No obstante, la teoría de los códigos será revisada más a fondo en el siguiente punto que tiene que ver con lo que nosotros entenderemos como procesos de comunicación.

Ya antes hemos hecho la distinción de lo que entendemos como signo cuyo orden pertenece a la cultura, a diferencia, por ejemplo, de la señal cuyo orden pertenece a la naturaleza o a la tecnología. Esta primera distinción indica en primera instancia la existencia de un signo que, al pertenecer al orden cultural está necesariamente investido de significado, así, el mundo de los signos funciona como un repertorio de significantes cuya estructura reposa sobre una matriz que, en último término, es un sistema de diferencias u oposiciones. Este sistema, considerado como el más básico, es una forma de orden que establece las relaciones que más tarde se habrán de dar entre los elementos del proceso de significación que se siga. El código de las computadoras, por ejemplo, sigue esta forma simple de oposiciones binarias, instituyendo un lenguaje a través de la presencia-ausencia de sus elementos  (uno y cero).

El código, entendido como aquellas reglas socialmente aceptadas o convencionalmente nombradas que permiten la univocidad[26] de los mensajes, al tiempo que permiten la codificación y decodificación de los mismos, se inscribe como la primera de las guías en el análisis de los procesos comunicativos, al ser éste el que determina la forma en que se dará el proceso de significación.  Para Victorino Zecchetto , el código es

[…] el conjunto de reglas que sirven para asociar semánticamente los valores de los repertorios de los significantes y, de esa manera, organizar los significados de los signos, ya que éstos carecen de sentido mientras están desligados unos de otros. Los signos se hacen comprensibles únicamente a partir de algún código que actúa como una convención de sistema significativo, y que indica la dirección semántica y unificada de los mismos en un texto. En este nivel complementario el signo funciona, unido a un sistema de reglas fijadas por consenso social, que rige la producción y uso de los signos, y las expresiones culturales en general. (Zecchetto, 2003:119).

 

Lo anterior nos permite establecer tres nociones básicas para entender el código. i) El código es un consenso o convención social, es decir, que no existe de forma a priori o como estructura independiente en cada individuo, sino que éste se establece en ese espacio de intercambio significativo que es la cultura; ii) el código es dinámico, está necesariamente siendo actualizado por los actos comunicativos-significativos, por su naturaleza flexible. La excesiva rigidez de los códigos de comunicación sería la muerte de la comunicabilidad de los signos. Finalmente, iii) el código establece la forma y las normas de la transmisión de información, al ser el regulador del proceso. Ya antes se ha hablado de codificador (emisor) y decodificador (receptor) para explicar la naturaleza de la comunicación, sin embargo, el código o sistema de significación funciona aquí como elemento que asocia semánticamente los elementos sígnicos que se usan en todo tipo de comunicación.

Los diferentes significados del proceso de semiosis, sin importar si son entendidos como verdaderos o falsos, son sometidos y devenidos por un código común que explica y direcciona su funcionalidad dentro del proceso comunicativo. Es evidente que los sujetos inmersos en la percepción-significación-socialización del (posible o supuesto) significado, están tácitamente poniendo en común o haciendo en común un código. Así, el primero de los elementos del proceso comunicativo se activa, no antes ni después ni durante el proceso, sino de manera simultánea. Aún con todo esto, la relación entre elementos o entre sistemas dentro de un mismo código devela tres categorías específicas:

La disposición en un sistema vuelve COMPRENSIBLE un estado de hechos y lo vuelve COMPARABLE a otros estados de hechos, con lo que prepara las condiciones para una posible CORRELACIÓN de signos o códigos. Proporciona un repertorio de unidades estructurado en un conjunto de modo que cada unidad se diferencie de la otra mediante EXCLUSIONES BINARIAS. Por tanto, un sistema (o s-código) tiene una GRAMÁTICA INTERNA (Eco, 2000:69).

 

            Las nociones de “comprensible”, “comparable” y de “correlación”, hacen referencia directa a la forma y figura del código que se plantea como eje articulador entre las tres. Sus relaciones no son de causa o efecto, sino que se consideran como relaciones  de interdependencia.

            Para el proceso de la comunicación humana, el código no sólo tiende a entenderse como implícito, sino que en ocasiones no es entendido en sus verdaderas dimensiones. Por lo cual puede difícilmente explicarse cómo un mismo texto (o mensaje) es cambiado de lenguaje o trasladado de un código a otro (del visual al musical por ejemplo). Tal consecuencia y extensión de la noción de código lleva a complejizar el proceso de la comunicación al convertir a la gran mayoría de sus elementos en dinámicos, mutables e intercambiables entre los mismos sistemas que intervienen.

Algunas consideraciones sobre sistemas semióticos, como la desarrollada por Iuri M. Lotman en su ensayo Un modelo dinámico del sistema semiótico (Lotman, 1998), al describir las cualidades y características del sistema, establece seis pares de conceptos que funcionan como elementos correlacionales o dialécticos, es decir, que establecen relaciones que pueden también ser entendidas como concernientes al código, así, dichos pares: sistémico/extrasistémico, unívoco/ambivalente, núcleo/periferia, descrito/no descrito, necesario/superfluo y modelo dinámico/lenguaje poético; son ya una noción de código.  Todos estos pares se suceden de forma conjunta durante un proceso comunicativo, entendiéndose no la suma de todos ellos, sino todo ellos de manera simultánea. La relación entre lo sistémico y lo extrasistémico no se da a razón de causa-efecto o de oposición constante, sino que se da en relación mutua de interdependencia e interrelación. Las posibilidades de entender algo como extrasistémico tienden a guiarse de acuerdo a tres consideraciones principales: (i) a la utilización de metalenguajes en tanto que la descripción sea una autodescripción; (ii) al concepto de inexistencia o inexistente; y (iii) a lo alosemiótico o perteneciente a otro sistema semiótico. Bajo estas tres premisas, configuramos sustancialmente un grado de oposiciones que funcionan como reglas implícitas del discurso y que proporcionan la primera noción de “orden”. Algo que esté funcionando como explicación del mismo sistema, lo inexistente o lo alosemiótico, no puede pertenecer al sistema y tiene que ser transferido y colocado en su contraparte, por lo que se puede entender un orden de posicionamiento lógico de acuerdo a nociones básicas binarias.

En consecuencia, lo unívoco y lo ambivalente funcionan como pares dialécticos de orden estructural; a diferencia de lo sistémico/extrasistémico, no hacen referencia directa a un orden, sino a un estado de “aparición”, es decir, a la lógica del momento temporal de discurso y a su función de “veracidad”. Y al funcionar de manera conjunta hacen evidente una estructura específica sobre la que se sucede el acto comunicativo, o bien, un código bajo el cual se da el proceso mismo de la comunicación humana.

            Se entiende entonces que un sujeto en realidad no puede funcionar como codificador y algún otro u otros como decodificadores, primero porque ambos están funcionando como las dos partes de forma simlutánea y, en dado caso, se podría argumentar que en realidad están haciendo uso del código, más allá de establecer o crean uno nuevo. Aunque esto lo seguirémos tratando más adelante.

            Ya desde 1968 cuando salió a la luz La estructura ausente, Umberto Eco, haciendo referencia a la complejidad del código, apuntaba que éste no podía ser un simple sistema de oposiciones que pusiesen orden a un sistema de entropía muy alta, ni tampoco podía ser que por él mismo se estableciera una equivalencia entre cada uno de los términos del sistema. Todo lo cual apuntaba a que el código fuera: a) el sistema de las unidades significantes y sus reglas de combinación; o b) el sistema de los sistemas semánticos y de las reglas de combinación semántica de las distintas unidades; o c) el sistema de sus aparejamientos posibles y las reglas de transformación de uno a otro; o d) un repertorio de reglas circunstanciales que prevé diversas circunstancias de comunicación correspondientes  a diversas interpretaciones (Eco, 1999).

Aunque ya se había mencionado la cualidad convencional del código, poco se había hablado de su naturaleza de oposiciones y transformaciones, así, “un código como langue se ha de entender como una suma de nociones que por razones de comprensibilidad se pueden indicar como competence del parlante, pero que en verdad constituiría aquella suma de competencias individuales que forman el código como convención colectiva” (Eco, 1999:122).  Lo anterior, si es trasladado a un momento específico de comunicación, se entenderá a la convención como implícita de la socialización de la semiosis “personal”.

Lo que hemos descrito hasta este momento son las cualidades y características del código, pero habrá que considerar que más de dos de éstos intervienen necesariamente en un proceso comunicativo, estableciendo relaciones entre ellos, entretejiendo y dándole forma a los mensajes que serán transmitidos y puestos en diferentes relaciones. En este sentido, a) para que exista un proceso de comunicación, es necesario que estén más de dos códigos en juego, b) al tiempo que cada uno de sus elementos es intercambiado o puesto en un nivel jerárquico diferente. Así, el código es como un elemento latente del proceso de comunicación cuya verdadera importancia no recae en su existencia dentro del proceso, sino en las relaciones que genera, es decir, el acto de codificar es más importante que el código mismo.

Aún con la afirmación de Jean Baudrillard que “en cuanto se supone una relación ambivalente, todo se desploma. Porque no existe código de la ambivalencia. Sin código, ya no hay codificador ni decodificador, las comparsas levantan el vuelo. Tampoco hay ya mensaje, puesto que éste se define como emitido y recibido” (Baudrillard, 1999:216), podríamos argumentar algunas consideraciones importantes. (i) El requisito necesario para la comunicación es que sea puesto en juego más de un código -como en la noción de texto para Julia Kristeva (Kristeva, 1978) o Roland Barthes (Barthes, 1999)- por eso, es muy difícil entender su desaparición. (ii) O bien, se habla de elementos identificables como s-códigos (sistemas-códigos)[27] que se articulan bajo la misma lógica del código rector, o de elementos que evidentemente pertenecen a otro código. (iii) Por otra parte, se podría argumentar que lo que se está entendiendo como elementos o funciones de ambivalencia, podrían ser los límites del código, y estaríamos enfrentados a un código incompleto o que no alcanza para explicar ciertos sistemas de significación[28]. (iv) Finalmente, podríamos argumentar que la necesidad de explicar la comunicación a través de nociones de pluricódigo, conllevan dos fuertes implicaciones: a) que el punto de encuentro entre un código y otro sea tan sutil que se le comprenda como un solo código; y b) que ciertos lenguajes estén tomando supremacía sobre otros y se entienda a alguno de ellos como articulador o rector del proceso, es decir, como código y no como elemento.

En este punto, hemos encontrado que el código es un concepto que importa por su acción de codificar. “La función del código es la de hacer comprensible un texto, de hacer inteligible una práctica social o un discurso, ya que los ubica en el marco de una estructura semántica” (Zecchetto, 2003:123). Hasta este momento hemos hecho una breve descripción de lo que es el código y su importancia dentro del proceso de comunicación-significación, sin embargo, es necesario entender cómo funciona éste directamente en el proceso comunicativo.

Por ahora, podemos decir que la significación es inevitablemente un producto de un proceso de comunicación. Este proceso de comunicación conlleva necesariamente un proceso de significación que estará regido por normas de valor que devienen de una convención social, es decir que son producto del espacio social de la semiosis, la cultura. Parte medular del proceso de significación es, por tanto, la existencia de un intérprete que considere a algo como signo y lo ponga en relación con otros signos. Queda hasta este punto clara la diferencia de este tipo de procesos con los de transferencia de información, más por la necesidad de que un estímulo sea interpretado que por las cualidades mismas de la información. Una vez que algo es considerado como signo y se le atribuye un determinado significado, podemos decir que ha existido un acto de codificación-decodificación que se dio de forma simultánea con la comunicación misma. Todos estos elementos trabajando de forma simultánea permiten hablar entonces de un proceso comunicativo y por ende de un proceso de significación.

           

 

2.2. La estructura de los diagramas lineales de la comunicación

 

Hemos dicho que un proceso comunicativo involucra necesariamente la construcción de un significado, es decir, devenido de un sistema de significación (podemos entender a la cultura como un único y gran sistema de significación), pero para fines analíticos será necesario entender varios (más de dos como mínimo) sistemas de significación por los resultados que generan las relaciones tensivas entre cada uno de ellos, “los sistemas de significación pueden ser permanentemente reconvertidos ya que no son tanto sistemas de elementos como sistemas de reglas” (Quezada, 1996:154).

            Con miras a la construcción de una propuesta de modelo comunicativo (Capítulo IV), hemos de hacer un breve recorrido por los modelos precedentes, no sólo por la importancia histórica que éstos tienen en el estudio de la comunicación, sino porque son la base de lo que entendemos como modelos lineales, construidos sobre dos nociones básicas: emisor/receptor. Es necesario incluir este breve recorrido porque es de estos modelos que nace nuestra crítica y propuesta, es desde donde surge la necesidad de la inclusión de la complejidad y de la semiótica como principal herramienta.

            Partimos así, de dos tipos de comunicación. a) Las situaciones en que el objetivo del acto comunicativo es transmitir una información constante. En este caso todo el sistema está orientado a la comprensión máxima y cualquier falta de coincidencia con el código de los que intervienen en el proceso –fuente de una no comprensión- será considerada como una interferencia. b) Las situaciones en que el objetivo del acto comunicativo es producir una nueva información. Encaramos así dos modelos comunicativos diferentes, el primero de ellos ha sido ampliamente estudiado y muy utilizado, sin embargo, el proceso de la comunicación no se reduce a uno u otro tipo, sino que articula ambos. La transferencia de información es apenas una herramienta del proceso, es un elemento más que requiere de la puesta en marcha de relaciones complejas y tensivas entre cada uno de los elementos en miras a la construcción de sentido, significado y nuevos mensajes. Así, dado que el proceso de transferencia de información ya ha sido muy trabajado, es tiempo de incluir nociones alternativas a fin de comprender el proceso mismo de la comunicación en su complejidad.

 

 

2.2.1. El problema del emisor, receptor y la linealidad

 

            Los principales estudios en torno a la comunicación nacen en Estados Unidos producto, principalmente, del avance de las nuevas tecnologías. De este mismo campo nacen también los primeros esquemas o modelos que explican el proceso de la comunicación.     

Entre los principales teóricos/técnicos/pensadores que reflexionan en torno a la comunicación se encuentran Harold Lasswell, importante por su tan citado y utilizado paradigma. Paul Lazarsfeld quien aportó reflexiones importantes sobre los efectos de los medios de comunicación colectiva y la influencia que ejercen los llamados “líderes de opinión” sobre los individuos. Kurt Lewis, quien investigó sobre la comunicación de grupos  y los reflejos en el comportamiento y actitudes de sus miembros. Wilbur Schramm investigó sobre la correlación  entre la lectura de periódicos y las características de los lectores. Jacques Kayser hizo los primeros estudios sobre morfología y contribuyó al análisis comparativo del periodismo impreso. Norbert Weiner, basado en la teoría cibernética, contribuyó a crear el sistema de control en la comunicación a través del sistema de dirección. Shannon y Weaver desarrollaron los fundamentos de la “teoría de la información”, que la explica como un elemento constitutivo de la organización social (Heliodoro 1994).

            Algunos de ellos desarrollaron esquemas del proceso de comunicación, que aunque involucren diversos elementos o diferentes conceptos, en la práctica resuelven en formas muy similares. El modelo o paradigma de Lasswell, por ejemplo, contempla cinco elementos: 1) quién dice 2) qué en qué 3) canal a 4) quién con 5) qué efectos. Este mismo modelo más tarde será modificado por Nixon quién agregará dos elementos más: 1) quién, 2) con qué intenciones, 3) dice qué, en 4) qué canal a 5) quién, 6) bajo qué condiciones y 7) con qué efectos. En 1947, Shannon y Weaver diseñaron uno de los más usados modelos contemporáneos de la comunicación electrónica, que explica, por ejemplo, un circuito radiofónico o telefónico: fuente de información-mensaje-transmisor-señal emitida-señal recibida-receptor-mensaje-destino.

            En 1960, David K. Berlo hace una modificación a estos modelos ubicando independientemente al codificador y al descifrador. El codificador que traduce a una clave[29] los propósitos de la fuente y el descifrador que traduce la clave en términos que puedan ser comprendidos por el perceptor: la fuente de la comunicación-el codificador-el mensaje-el canal-el descifrador-el perceptor de la comunicación.

            Wilbur Schramm y algunos otros más desarrollarán modelos propios pero bajo los mismos principios: la linealidad y la noción de emisor-receptor; aunque esta linealidad tenia una episteme detrás, los modelos mecanismos del positivismo, la concepción causal de la comunicación; la linealidad más que una diagrama es un a prior sobre la comunicación y sus condiciones para realizarla. Nosotros, apuntamos desde el comienzo a un modelo comunicativo que permita tener un acercamiento más real con la dinámica misma de la comunicación en un espacio social determinado, por esa razón se ha utilizado la semiótica como herramienta. Y, como menciona Oscar Quezada Macchiavello, “cuando se trata específicamente del caso de la comunicación humana, el modelo emisivo/perceptivo es insuficiente y debe ser complementado y, por ende, profundizado por un modelo persuasivo/interpretativo regido por la comunicación de una creencia” (Quezada 1996:168).

            Esta idea de nuevo orden binario persuasivo/interpretativo es lo que nosotros hemos introducido desde el análisis del proceso de significación. Ahora bien, al principio hablamos de sistemas de significación/sistema de reglas, esos sistemas de reglas o de orden interpretativo son códigos que guían al proceso mismo. Involucramos brevemente la descripción de los modelos o esquemas comunicativos que explican la dinámica de la comunicación para hacer resaltar los problemas que encontramos en su explicación. i) Son esquemas lineales que ponen al emisor y al receptor como polos opuestos del proceso, visión que imposibilita que ambos sean considerados uno al mismo tiempo, aún con la posibilidad de la ciclicidad del sistema, es decir, aún con la eventual retroalimentación, en donde un receptor se convierte en emisor y viceversa. ii) Los modelos no exigen al destinatario un acto interpretativo, sino que un elemento ajeno al receptor hace las veces de la traducción del código (clave) y la “supuesta” interpretación de la información. Estamos más ante un modelo de transferencia de información que de comunicación. iii) Finalmente, estos modelos no hablan de significación/significado, interpretación, mira, pertinencia o cualquier función que suscite un acto de pensamiento, un acto donde los signos se creen y actualicen, donde sean usados, es decir, que no encontramos el nivel pragmático de la semiótica, de la significación y, por ende, de la comunicación.

            Aunque en una forma no muy clara, los modelos precedentes ya apuntaban  a una interrelación de los elementos: “los componentes de un proceso interaccionan, es decir, cada uno de ellos influye sobre los demás” (Berlo 2000:21). Nosotros avizoramos algo diferente, más allá de su análisis fragmentario que por razones metodológicas tiene que sucederse de esta forma, entendemos a todos los elementos como una misma unidad, un todo que se resuelve en el proceso de la comunicación mismo. De igual forma como Iuri M. Lotman entiende la semiosfera: “Las partes no entran en el todo como detalles mecánicos, sino como órganos en un organismo. Una particularidad esencial de la construcción estructural de los mecanismos nucleares de la semiosfera es que cada parte de ésta representa, ella misma, un todo cerrado en su independencia estructural” (Lotman 1996:31).

            Entendemos la importancia de la constitución e identificación de los elementos del proceso de comunicación, pero habremos de decir que éstos representan sólo una parte. Es aquí, donde intentaremos contribuir desde la implementación del binomio persuasivo/interpretativo, y la dinámica del código dentro del proceso mismo. Siguiendo a Lotman, estudiamos el desarrollo independiente de los elementos del proceso como estructuras únicas y complejas, como órganos dentro del organismo. Esta visión sincrónica de la comunicación es necesaria para después entender su acción. La comunicación sólo existe en tanto acción. Así, el comportamiento de las estructuras es más tarde puesto en relación, primero de forma aislada (órgano) como un todo constituido y después de forma conjunta que, de igual manera, representan una unidad (organismo).

La idea de modificar ciertas nociones básicas sobre el fenómeno de la comunicación parte de la base del acto comunicativo mismo; así como el signo se entiende a través de su acción, en la comunicación es igualmente imprescindible la dimensión pragmática, en donde cada uno de los elementos que ya hemos descrito entran en interrelación temporal, discursiva y de significación.

Con esto, inferimos que los modelos que hemos presentado responden a nuestro primer tipo de comunicación, aquel cuyo objetivo es la transmisión constante de información, en donde las irregularidades del código o la imposibilidad de su traducción sin pérdida de sentido y/o modificación del significado es considerado como una interferencia. Este tipo de esquemas basados en la descripción lineal del proceso resultan incompletos para explicar situaciones en las que se ven involucrados seres humanos y, si han funcionado hasta ahora, no es porque estén mal planteados, sino porque explican una parte del proceso,  la transmisión de información.

            La significación se da porque un determinado grado de información es interpretado, así, se da el proceso de comunicación. No decimos con esto que la transmisión de información es ajena al proceso de comunicación, sino que la comunicación es entendida a través de la interpretación de la información, lo que no puede ser entendido de manera inversa.

Al incluir la relación persuasivo/interpretativo que plantea Quezada, evidentemente estamos hablando del segundo tipo de comunicación cuyo objetivo es la producción de información nueva. Esta dinámica se da gracias a la intervención del código, cuya verdadera importancia dentro del proceso comunicativo es la de ayudar a determinar otro sistema de oposiciones: comunicación - no comunicación.

 

2.2.2. La noción de pluricódigo en la comunicación humana

 

Existen condiciones mínimas para los procesos comunicativos. La noción de pluricódigo es una de ellas, es decir, que no sólo interviene un código con la complejidad que ya antes hemos descrito en 2.1.4, sino que es necesario que más de dos estén involucrados. Además, es necesario contar con por lo menos dos códigos que sean intraducibles entre sí, dado que el segundo código debe cumplir con la relación sintagmática dejando de lado las relaciones semánticas (o a la inversa) a fin de generar tensiones en los intercambios y traducciones del código, lo que generará a su vez nuevos sentidos y significados dejando de lado la pura transmisión y recepción de un determinado volumen de información[30]. Esta forma de interacción  entre un texto determinado (con su propio código) y la intromisión de uno diferente genera una situación semiótica en dos niveles: al nivel del sistema y al nivel del texto o código que será insertado en dicho sistema, lo cual a su vez provocará que inevitablemente ese paquete de información deba ser interpretado. El proceso de semiosis ha comenzado y la comunicación también, se comienzan a crear nuevos textos[31] y nuevos mensajes[32].

Los sujetos involucrados en el proceso, deben tener la característica de poseer códigos disímiles[33] entre sí, además de poseer las herramientas necesarias para traducir el mensaje del código extraño a sí. Aquí, una paradoja: cada elemento/sujeto/objeto involucrado en el proceso de comunicación debe poseer por sí mismo un código que le permita entender los textos provenientes de determinados sistemas de significación o semióticos, al tiempo de poseer algún otro intraducible en determinados sistemas, el cual funcionará como traductor en el proceso comunicativo. Este tipo de intromisiones textuales hacen imposibles los procesos comunicativos en los que interviene únicamente un código o en el que el mensaje/texto ha sido recibido sin transformación alguna de sentido o alteraciones cuantitativas, cualitativas o cognitivas.

El provecho colectivo de los participantes  en el acto de comunicación consiste en desarrollar la no identidad de los modelos en forma de los cuales se representa el mundo exterior en su conciencia. Esto se logra en el caso de una no coincidencia de los códigos que forman su conciencia. Para ser mutuamente útiles, los participantes de la comunicación deben conversar en lenguajes diferentes (Lotman 1998:40).

 

Por ejemplo, en la comunicación que se da en un mismo sujeto pero en tiempos diferentes, en las interacciones pluricódigo es necesario tener en cuenta que el primero de los códigos (el que es compatible con el sistema semiótico al que se pertenece y que es inmanente al sujeto/intérprete) es insertado en el sistema semiótico como estructura puramente semántica. El segundo, por su parte, representa una estructura sintáctica altamente desarrollada. En el enfrentamiento entre ambos códigos el segundo de estos toma supremacía sobre el primero convirtiéndolo (o suponiendo/dando la apariencia) de crear un texto a-semántico, pero este nivel de orientación es directamente proporcional a la posibilidad de generar asociaciones de significación en diversos niveles, desde los más generales, hasta los extremadamente personales.

En este punto, el código como noción y concepto es más un elemento que actúa y dirige el proceso de la comunicación al regular y establecer el resto de relaciones que los demás elementos involucrados tendrán, así, lo importante no es el código, sino la acción misma de codificar y decodificar pero no constantemente, sino durante momentos del proceso. Puede entenderse entonces que el código supone funcionar como estructura superior que escapa al mismo proceso, encerrando dentro de sí a las micro/macro semióticas y micro/macro procesos comunicativos.

Los sistemas que podemos entender como base o los que determinan la lógica de la codificación están proponiendo un cierto orden/sistema. El más simple es de relaciones binarias o de oposición que ya hemos mencionado: carácter organizado/carácter no organizado[34], semiótico/alosemiótico, relevancias/opacidades[35], etcétera. Este tipo de orden sistémico implica la pertenencia o no de determinados elementos que estarán involucrados en los procesos de significación los cuales determinarán a su vez el número, cualidad y características de los códigos involucrados. Si no existiera este sistema de oposición estaríamos frente a un sistema de transmisión de información, el cual tendría la cualidad de conservar de manera íntegra el sentido de los mensajes.

Es importante señalar que basta con que se distinga  un nivel cualquiera de la apropiación semiótica del mundo, para que en los marcos del mismo se esboce de inmediato una oposición […] sin ello el mecanismo semiótico dado se ve privado de dinámica interna y sólo es capaz de transmitir información, pero no de crearla (Lotman 1998:31).

 

Esta serie de oposiciones es la forma más práctica de entender un código, es decir, que al igual que el resto de nuestros elementos, esta forma metodológica que adoptamos funciona únicamente a nivel analítico, una vez que esta forma de entender el código intenta ser puesta a funcionar en un acto comunicativo como tal, el grado de complejidad se incrementa enormemente, debido a que todos los procesos que aquí separamos, en la praxis comunicativa suceden de forma simultánea.

Este segundo código que se inserta y se pone en relación con algún otro en el que la información difícilmente es interpretada conservando el sentido, permite no sólo la creación de nuevos mensajes, sino que implica la construcción y deconstrucción de textos, implica un proceso de significación, un acto de actualización sígnica y un acto de pensamiento. El sujeto inmerso en este proceso se encuentra dentro de un acto de codificación-decodificación, es decir, en un estado latente del código que se ordena a sí mismo, un metacódigo que presenta su propio sistema de oposición, codificado-no codificado. Este sistema se puede verificar con el arte y sus diferentes lenguajes, de la traducción de la literatura a la música, la arquitectura o la pintura, por ejemplo. De  esta forma, el código se autorregula haciendo posible, inclusive, la comunicación de alguien consigo mismo, lo que Lotman denominó la comunicación “yo-yo”.

En el sistema “YO-YO” el portador de la información  sigue siendo el mismo, pero en el proceso de la comunicación el mensaje es reformulado y adquiere un nuevo sentido. Esto ocurre a consecuencia de que se introduce un código adicional –el segundo- y el mensaje inicial es recodificado en unidades de la estructura de éste, recibiendo los rasgos de un nuevo mensaje (Lotman, 1998:44).

 

            En los procesos comunicativos pueden existir ciertas paradojas o elementos de complejidad. En ocasiones los textos de un determinado sistema semiótico comienzan a comportarse como códigos y viceversa, y aunque esto pasa generalmente con los textos verbales, el fenómeno se desarrollará generalmente en el sujeto que en ese momento funciona como receptor o en sí mismo[36]. La interpretación oscilará entre dos polos distintos (mensaje/código) o de uno y de otro al mismo tiempo. En algunos sistemas semióticos más complejos como los del arte sucede lo mismo, pero al código y al texto se suma algún elemento perteneciente al sistema de significación. En estos sistemas semióticos ciertos elementos cobraran mayor importancia sobre el resto y se constituyen como reglas interpretativas o generadoras de orden, en una suerte de códigos[37]. Así, la idea de las reglas interpretativas o del código no pueden ser únicas y estáticas, sino que dependen y se construyen de acuerdo al momento de la codificación en un determinado proceso comunicativo, ese momento determinará a su vez los elementos, la dinámica de sus traducciones, el tipo de comunicación o, en su caso, si estamos ante un proceso comunicativo o no.

 

2.2.3. La dinámica del proceso de comunicación humana

 

La comunicación, una vez desarticulada su linealidad, se transforma en un fenómeno complejo al incluir en su práctica la noción de movimiento-proceso, de una  dinámica que acompaña al acto comunicativo, “el diccionario define el proceso como cualquier fenómeno que presenta una continua modificación a través del tiempo, o también como cualquier operación o tratamiento continuos” (Berlo 2000:21).

La comunicación, al igual que la gran mayoría de las manifestaciones del ser humano, presenta una complicación intrínseca en su forma directa de praxis:

La sociedad es producida por las interacciones entre individuos, pero la sociedad, una vez producida, retroactúa sobre los individuos y los produce. Si no existiera la sociedad y su cultura, un lenguaje, un saber adquirido, no seríamos individuos humanos. Dicho de otro modo, los individuos producen la sociedad que produce a los individuos (Morin 2003:107).

 

Así, epistemológicamente hablando, los individuos serían los primeros en producir a la sociedad que los produce a ellos en un segundo momento. Esto es de vital importancia, sobre todo al tratar de definir los elementos que intervendrán en el proceso, sus relaciones y sus posibles estados concretos.

En el esquema tradicional de la comunicación encontramos los tres principales elementos (emisor-mensaje-receptor) que intervienen en el proceso comunicativo y, aunque aparece como modelo extremadamente simplificado, sobresalen las capacidades de re-significación y re-semantización de dos de los elementos (emisor/receptor y receptor/emisor), los cuales tienen la posibilidad de establecer una relación de bidireccionalidad con el mensaje emitido/recibido.

Imaginemos un caso hipotético para establecer una posible guía de nuestro análisis. Un sujeto “X” va caminando por la calle y al intentar atravesar una esquina encuentra en la banqueta opuesta un cartel blanco con un círculo negro en el centro. Sobre este ejemplo podemos desprender que: i) independientemente de lo que el sujeto “X” crea o interprete que signifique aquel cartel, ha habido un proceso de semiosis (significación) y que; ii) en el proceso de semiosis ha intervenido un factor social que funciona como banco de datos previos al encuentro mismo con el cartel y como fuente primaria en el proceso de significación.

Ahora bien, si al mismo ejemplo le agregamos que el sujeto “X” se encuentra acompañado por un sujeto “Y” quien asume que el cartel en realidad “no quiere decir nada”, entonces el proceso comunicativo se ha complicado. Ahora no sólo intervienen los elementos que hemos mencionado, sino que se ha sumado un sujeto más (Y) quien se ve afectado por los mismos elementos que el sujeto “X”. Los factores que intervienen se han duplicado y es necesario entender que esto se sucederá de forma exponencial de acuerdo al número de sujetos que pudieran llegar a intervenir. Para entender esto, es necesario dejar a un lado la estructura cognitiva individual, y las formas de idiolecto.

Hasta este momento sólo hemos hablado de la intervención de los sujetos, no hemos hablado nada del cartel ni de sus cualidades significantes, pero una vez que los sujetos se han puesto a discernir lo que pudiese significar (primero de forma individual antes de socializar el discurso), el cartel sufre una constante re-semantización de su significado. A esto hay que agregar que dicho proceso se verá afectado directamente por un espacio social (contexto), es decir, aquél donde queramos situar a nuestros actores. En este primer acercamiento de un proceso de significación y comunicación, encontramos varios elementos importantes: los sujetos, el detonador del proceso y el proceso mismo, todos actuando de forma simultánea. En lo que concierne a la posibilidad que existe de tener “n” cantidad de significados, debe de entenderse como  posibilidad ilimitada pero finita.

En este proceso primario de comunicación se ponen en relación diferentes dimensiones, elementos y sistemas de significación. Cada una de estas formas posee su propia dinámica interna con sus elementos constitutivos, después, cada una es puesta en relación con las demás generando un sistema. Veámoslo más de cerca. El proceso de significación que hemos descrito en 2.1 establece su propia dinámica y sus elementos (el código, los sujetos, las transformaciones y tensiones entre códigos, etcétera), pero cada una de las formas estructurales a las que hacemos referencia son en sí sistemas de significación con sus dinámicas y estructuras propias (a nivel personal, el cartel y sus reglas de interpretación, las reglas de la cultura, etcétera). Es decir, que encontramos más de un sistema de significación con más de un sistema de reglas. Por lo tanto cada uno de los sistemas de significación tendrá sus propios elementos y sus propias dinámicas de interpretación. Son dos elementos los detonadores del proceso; el sujeto/objeto, cada uno con sus propias reglas de interpretación. Además, cada proceso se modifica de acuerdo a la situación específica, por lo que cada uno de los elementos y sus sistemas de reglas están en constante modificación. Finalmente, cada uno de los micro procesos interpretativos/de movimiento/de significación se suceden de forma simultánea con el acto comunicativo pero en dimensiones[38] diferentes.

Haciendo una abstracción del proceso podríamos decir que los sujetos “X” y “Y” entran en relación con un sistema de significación A (el cartel) que posee sus propios elementos (círculo, color, disposición, orden, formas, tamaños, etcétera) y sus propias reglas de interpretación (señalética). Los sujetos que intervienen en la interpretación de A cuentan cada uno de ellos con sus reglas personales de interpretación B y C, además de compartir aquellas reglas que pertenecen al espacio social (cultura) D. Tenemos así cuatro sistemas de significación diferentes pero que se encuentran en relación por la acción de dos intérpretes que han considerado algo como signo, o en este caso, como texto semiótico. Una vez analizado los micro procesos semióticos de los sistemas de significación todos ellos tienen que ser puestos en relación para formar uno general E. Este sistema general puede ser considerado como un todo semiótico o como la semiosfera de Lotman, al poseer los órganos del organismo, los elementos del sistema. Una vez que se ha constituido este espacio semiótico complejo E, se puede entender así mismo como un nuevo sistema de significación que, a su vez, puede ser nuevamente puesto en relación con cualquier otro sistema de significación. Este proceso se extiende de igual forma que el interpretante de Peirce.

Los  sub sistemas de significación A, B, C y D poseen cada uno sus propias reglas, elementos y define cada uno la dinámica de las traducciones de los códigos que las conforman. Se podría decir que cada una es un micro proceso comunicativo por sí mismo, pero no es sino hasta su puesta en relación de sistema que se genera el verdadero proceso. Cada uno de esos sistemas de significación (A, B, C y D) definen su estructura de acuerdo al momento y al intérprete, que es el que finalmente determinará la mira y la pertinencia a la que ya hemos hecho referencia con anterioridad. Evidentemente la información que se transmita dentro de los sistemas y fuera de ellos no podrá mantener el mismo sentido ni se podrá conservar un mismo mensaje durante todo el proceso. Estas complejas relaciones que le dan forma a un sistema de significación único E es a lo que podemos llamar “proceso de comunicación”.

Es decir, que partimos desde la construcción sígnica, de los textos semióticos, las reglas o códigos de interpretación a la constitución de los sistemas de significación y la intervención de un intérprete que actualice la información que se transmite. El acto de actualización involucra todo lo que hemos dicho, además de hacer práctica una situación comunicativa. Nuevamente, la comunicación no existe sin la praxis, sin la dimensión pragmática.

Los modelos lineales explican las transferencias de información en el proceso que hemos descrito, pero permanecen fuera de las posibilidades de entender la codificación, sus traducciones, las tensiones que genera o la constitución de un texto semiótico. En un principio decíamos que la información es una acción y un efecto, que es en sí misma una comunicación o adquisición de conocimientos, pero esa acción o adquisición es un proceso que no involucra necesariamente la generación/producción de sentido, de hecho lo que transfiere o acciona es un cierto grado de información, sin embargo es parte imprescindible de los procesos de comunicación humana. En la definición que la Real Academia hace sobre la información define a ésta como “comunicación” sin embargo, nosotros apuntamo a que es parte importante  del proceso comunicativo, pero es necesario que se contemplen los elementos que hemos ido describiendo, siendo uno de los más importantes la condición de pluricódigo.

El proceso de comunicación que hemos descrito lo podríamos considerar en un nivel primario de complejidad, sin embargo, la gran mayoría  de lo textos de la cultura se encuentran en los niveles más elevados por las relaciones que establecen y por la cantidad de elementos que intervienen. Las tradiciones, las creencias, los intercambios devenidos de los  llamados “puentes culturales” entre países, son ejemplos de sistemas macro de comunicación que elevan enormemente la complejidad de sus propios sistemas. Algunos teórico como Néstor García Canclini (García 1989, 1999, 2001) Armand Mattelart (Mattelart 1981, 1986, 1998) o Jesús Martín-Barbero (Martin-Barbero, 1987) explican este tipo de procesos desde lo visible, lo cuantificable, lo sígnicamente o textualmente construido, nosotros lo hacemos desde las estructuras inversas, desde lo que Juan Luis Pintos denominó las opacidades.

Las nociones básicas de emisor y receptor son suplidas por las de intérprete dado que permite hablar de dos prácticas diferentes en un mismo momento y puede ser entendido entonces, como una unidad. Si bien la forma lineal de explicación y los elementos que se usaron para la comprensión de su dinámica funcionaron, es imprescindible la incorporación de nuevas formas y acercamientos a un proceso que es por naturaleza complejo.

 

 

2.3. Comunicación y complejidad

 

En 2.1 hemos hecho un breve análisis del proceso de significación y lo hemos puesto en relación con el proceso de comunicación en 2.2. En esta relación encontramos que en la frontera entre cada uno de los procesos se generan fenómenos que escapan a la posibilidad de ser explicados por medio del paradigma de la linealidad, o los modelos devenidos del principio de linealidad. Dichas relaciones han sido consideradas complejas, no obstante, es necesario definir y especificar qué es lo que se está entendiendo por complejidad y la forma en que ésta se relaciona con la comunicación. Basaremos este apartado en dos teóricos que abordan la complejidad de dos formas diferentes: Edgar Morin desde su planteamiento teórico por su inclusión a la reflexión del paradigma de la complejidad, y I. M. Lotman por desarrollar y aplicar de forma práctica el paradigma de la complejidad al estudio de la cultura[39].

 

2.3.1. Algunas nociones de complejidad

 

            Devenido de la reflexión teórica de los modelos lineales en general, se buscaba poner orden a los fenómenos más allá de los puramente comunicativos, así, esa búsqueda de orden dio como resultado el paradigma de la simplicidad. En dicho paradigma es menester terminar con el desorden (igual que el ruido en el caso de la comunicación) y establecer fronteras claras de pertenencia-no pertenencia a un determinado sistema, el cual determinará de igual manera la forma en que se han de entender los elementos.

Así es que el paradigma de simplicidad es un paradigma que pone orden en el universo, y persigue al desorden. El orden se reduce a una ley, a un principio. La simplicidad ve a lo uno y ve a lo múltiple, pero no puede ver que lo Uno puede, al mismo tiempo, ser Múltiple. El principio de simplicidad o bien separa lo que está ligado (disyunción), o bien unifica lo que es diverso (reducción) (Morin, 2003:89).

 

            Esta posibilidad que se genera de ver a lo uno y a lo múltiple al mismo tiempo es lo que más tarde va a generar posibilidades de análisis mucho más próximas a la situación concreta de los fenómenos en el seno de su estructura y en el espacio concreto de su manifestación. Aún así, no se puede olvidar que Uno no existe sin el Otro; más aún,  que uno es, al mismo tiempo, el otro, si bien son tratados con términos y conceptos diferentes. Este uno y otro del que hablamos puede ser comprendido como cualquiera de los elementos que intervienen en los procesos que conforman la comunicación, pero ya no vistos o analizados desde la linealidad y la imposibilidad de la simultaneidad, sino con la necesidad de entenderlos como imprescindibles en un tiempo/espacio concretos. Esto es, que un determinado elemento en un proceso determinado es uno u otro, o bien, uno y otro. Aquí una paradoja de la complejidad: el elemento es uno u otro al tiempo que es uno y otro, pero siempre se manifestará de alguna de estas formas, sin  embargo, posee la posibilidad de ser esas formas al mismo tiempo.

            Esta forma de convivencia generada a partir de lo uno y lo múltiple simultáneo, abría al mismo tiempo otra paradoja conceptual que no sólo aceptaba la existencia simultánea del orden y el desorden, sino que, además, de alguna manera ambos cooperaban para organizar no sólo un sistema determinado, sino cualquier relación sistémica.

Al comienzo del siglo XX la reflexión sobre el universo chocaba contra una paradoja. Por una parte, el segundo principio de la Termodinámica indicaba que el universo tendía a la entropía general, es decir, al desorden máximo, y, por otra parte, parecía que en ese mismo universo las cosas se organizaban, se complejizaban y se desarrollaban […] Por lo tanto, la dicotomía no era posible. Hicieron falta estos últimos decenios para que nos diéramos cuenta que el desorden y el orden, siendo enemigos uno de otro, cooperaban, de alguna manera, para organizar el universo (Morin, 2003:91-92).

 

            Las condiciones anteriores nos dan dos posibilidades: i) que dentro de una misma organización un determinado elemento (órgano/objeto/sujeto/etcétera) puede ser considerado como uno u otro al mismo tiempo. Esta misma consideración se hace extensiva a las relaciones que se establecen entre cada elemento de la organización. Además, ii) es posible que dentro de dicha organización convivan el orden y el desorden para estabilizar el nivel de entropía generado por los elementos, sus interrelaciones y sus mutuas implicaciones, logrando la neguentropía y organizando al organismo. Esto representa una organización compleja en donde el orden y el desorden se incrementan mutuamente. Este tipo de consideración podría parecer contradictoria y poco lógica, sin embargo, la aceptación de la complejidad es la aceptación de una contradicción que funciona, contradictoriamente, como fórmula organizadora. En este caso, lo uno y lo otro, el orden y el desorden funcionan como pares dialécticos de oposición y mutua correspondencia, que no sólo establecen reglas de organización, sino que estabilizan los altos niveles de entropía al interior de la organización.

            Al haber introducido el binomio interpretativo/persuasivo a la dinámica del proceso comunicativo, deconstruimos los modos lineales y posibilitamos las contradicciones, es decir, que incluimos nociones de complejidad. Cuando decíamos que un fenómeno determinado de comunicación establecería tácitamente su dinámica interna, sus elementos, sus interrelaciones, etcétera, en realidad nos estábamos refiriendo al fenómeno comunicativo como una organización que tiene la posibilidad de auto organizarse, de establecer su propio orden y desorden, sus propias jerarquías, pero finalmente su propia estabilidad. He aquí un principio más de la complejidad, la autonomía[40]. Y, al igual que hemos definido en 2.2.3, cada sistema o micro sistema  comunicativo será independiente y autónomo, estableciendo relaciones complejas entre cada uno de los sistemas con los que sea puesto en relación/interacción.

La complejidad es muchas veces entendida como la complicación de un determinado sistema o un organismo. Sin embargo, la complicación es un elemento constituyente de la complejidad, entendido éste como el “entrelazamiento extremo de las inter-retroacciones” (Morin, 2003:101), por lo tanto, si decimos que la comunicación es de entrada un proceso complejo, se entiende entonces que también es un proceso complicado. Pero no siempre la complicación es un claro indicador de que se pueda considerar o no a un sistema como complejo, para esto intervienen otra serie de elementos y algunos principios que veremos más tarde.

            Desde un principio hemos apuntado a una concepción compleja de la comunicación al establecer una herramienta semiótica en nuestro estudio y al considerar todo acto comunicativo en interdependencia a los actos de significación o actos semióticos. Esta concepción de la comunicación afronta, además de lo dicho, la necesidad de macro conceptos[41] que nos ayuden a definir la comunicación de la no-comunicación, o lo que es lo mismo, lo perteneciente al espacio semiótico, espacio que se encuentra delimitado (pero no cerrado) por una suerte de frontera que lo define como perteneciente a un determinado espacio semiótico:

Así como en la matemática se llama frontera a un conjunto de puntos pertenecientes simultáneamente al espacio interior y al espacio exterior, la frontera semiótica es la suma de los traductores “filtros” bilingües pasando a través de los cuales un texto se traduce a otro lenguaje (o lenguajes) que se halla fuera de la semiosfera dada. El “carácter cerrado” de la semiosfera se manifiesta en que esta no puede estar en contacto con los textos alosemióticos o con los no-textos. Para que éstos adquieran realidad para ella, le es indispensable traducirlos a uno de los lenguajes de su espacio interno o semiotizar los hechos no-semiótico (Lotman, 1996:24).

 

Así, el sistema semiótico no sólo acepta dentro de sí a lo uno y lo otro simultáneo, al orden y al desorden temporalmente correspondientes, sino que está puesto en relación con lo que se encuentra fuera de sí, es decir, con otro sistema, un sistema alosemiótico del cual puede importar o exportarle elementos, textos o diferentes códigos (reglas) que lo modifiquen y actualicen. Ya no hablamos aquí de un proceso de significación o uno de comunicación, sino que nos referimos a la comunicación misma como un todo cerrado y dinámico. En el ejemplo que apuntamos en 2.2.3, al proceso interpersonal-objetual y a su conjunto de relaciones lo podemos llamar comunicación, pero más de uno de estos procesos están puestos en relación con un determinado espacio/tiempo que es la cultura. Cada uno de los procesos va a establecerse como sistema “no-cerrado” permitiendo el intercambio con otros sistemas no-cerrados en sus diferentes fronteras. Debido a la gran cantidad de intercambios que se dan, las fronteras son siempre borrosas y se encuentran superpuestas, su delimitación únicamente opera, una vez más, a nivel analítico. Este fenómeno lleva a la necesidad de establecer parámetros de identificación de cada proceso, que es lo que Morin define como macro conceptos. Para nuestro caso, esos macro conceptos definen el tipo de comunicación que se está analizando o llevando a cabo.

Como ya habíamos apuntado antes, los modelos lineales insertos en el paradigma de la simplicidad no pueden ser eliminados ni resultan inservibles, al contrario, son complementarios a los persuasivos/interpretativos que se constituyen a sí mismos como modelos complejos. Finalmente, “la complejidad es la unión  de la simplicidad y la complejidad; es la unión de los procesos de simplificación que implican la selección, jerarquización, separación, reducción, con los otros contra-procesos que implican la comunicación, la articulación de aquello que esta disociado y distinguido; y es el escapar a la alternativa entre el pensamiento reductor que no ve más que los elementos y el pensamiento globalista que no ve más que el todo” (Morin, 2003:143-144).

Por esto, no apuntamos a la desaparición de los modelos lineales o simplistas, sino a la integración de un sistema más que involucre al paradigma de la complejidad como elemento constitutivo de su estructura. Apuntamos así, a un acercamiento más real con el fenómeno de la comunicación que, visto de esta manera, cobra una nueva importancia y se inserta en un nivel diferente de la transmisión de información y, dado que la complejidad contempla la imperfección porque incluye la incertidumbre y el reconocimiento de lo irreductible, la comunicación habrá que entenderla bajo estos parámetros.

[…] la complejidad, no es solamente la unión de la complejidad con la no-complejidad (la simplificación); la complejidad se halla en el corazón de la relación entre lo simple y lo complejo porque una relación tal es, a la vez, antagonista y complementaria (Morin, 2003:44).

 

La necesidad de la visión compleja en el fenómeno comunicativo es imprescindible para entender las relaciones que se generan a partir de los elementos que hemos ido analizando y sus múltiples relaciones. Es aquí en donde los modelos devenidos del principio de linealidad establecen un límite conceptual y de representación, pero al mismo tiempo presentan límites conceptuales. La complejidad nos permite abrir el espacio de reflexión teórica en torno al fenómeno de los procesos comunicativos al tiempo que nos da herramientas de análisis y pautas metodológicas en el discernimiento entre la comunicación y la no comunicación.  

 

2.3.2. Breves nociones de epistemología de la complejidad a partir de Edgar Morin

 

Al igual que la mayoría de los paradigmas, el de la complejidad no escapa a la lógica de sus principios rectores, tres de los cuales mencionamos a continuación y los cuales pertenecen a la propuesta hecha por Edgar Morin en 1990 (Morin, 2003) en la Introduction à la pensèe complexe.

            El primero es el principio llamado dialógico. A este principio corresponde la lógica o el supuesto que dentro de un sistema (organismo) dos principios funcionan de forma conjunta, ambos considerados como antagonistas pero complementarios, es decir, de acuerdo con lo que habíamos supuesto de lo uno y lo otro al mismo tiempo, es aquí complementario y antagonista. Los códigos y sus traducciones son un claro ejemplo, no sólo son complementarios para hacer coherente e inteligible un discurso/texto/signo semiótico dentro del proceso comunicativo, sino que son, al tiempo, necesarias las intraducciones entre al menos dos de ellos. Se entiende entonces que dos códigos deben ser antagonistas al tiempo que se complementan dinámicamente para generar las interpretaciones y traducciones de ellos mismos. Esto mismo sucede con cada uno de los elementos del proceso, dentro y fuera de los sistemas de organización. El principio dialógico se establece de igual forma como principio epistemológico de la complejidad y como elemento analítico al corresponderle una lógica sintagmática dentro de la complejidad. “El principio dialógico nos permite mantener la dualidad en el seno de la unidad. Asocia dos términos a la vez complementarios y antagonistas” (Morin, 2003:106).

            En el seno de cada sistema de significación se establecen este tipo de relaciones, las cuales se extienden a las fronteras de los mismos sistemas para incorporarse a esa importación/exportación de elementos entre sistemas. Cada sistema semiótico puede entenderse, entonces, como sistema abierto y, si acaso, los elementos o signos/textos semióticos como sistemas cerrados. No obstante, esto es a nivel analítico y bajo la mirada sincrónica de un caso específico de comunicación, fuera de este espacio/tiempo delimitado la dinámica de los códigos y procesos (significativo/comunicativo) convierten a la comunicación en un fenómeno en constante movimiento, en acción. Por lo tanto, la complejidad fija un principio imprescindible para comprender la praxis comunicativa.

            El segundo principio es el de recursividad organizacional. “Un proceso de recursividad es aquél en el cual los productos y los efectos son, al mismo tiempo, causas y productores de aquello que los produce” (Morin, 2003:106). Un ejemplo somos los individuos que producimos a la sociedad a la vez que esta nos produce a nosotros, parte de esto es lo que analizamos y citamos en 2.2.3. Para nuestro caso concreto, en la comunicación es imprescindible la incorporación y la acción de un individuo, elevando este principio a la categoría pragmática de la semiótica, a la acción y relación de esos elementos, sistemas de significación y sus respectivas relaciones, con el sujeto inmerso en el acto comunicativo, en la acción de la comunicación.  Es aquí, que el intérprete no sólo es espectador del acto comunicativo, sino que participa de el, lo hace en común, lo pone en común o lo deconstruye en común. Lo mismo que plantea Morin para la sociedad sucede con la comunicación y los individuos son, a la vez, elementos, intérpretes, codificadores y decodificadores de sistemas de significación, son los que finalmente construyen un acto comunicativo como tal.

            Ahora bien, si consideramos cada proceso comunicativo[42] como un elemento particular, podríamos decir que cada uno es como los individuos y que la sociedad sería la suerte de “la comunicación”. Esta analogía, aunque fuera de lugar, establece los parámetros para una ciencia de la comunicación, una ciencia dedicada a entender y delimitar su objeto de estudio, metodología y dinámica misma.

            El tercer y último  principio que plantea Morin es el principio hologramático, el cual consiste en considerar que no solamente la parte está en el todo, sino que el todo está en la parte. A esto ya hemos hecho referencia explícita en 2.2.1., siguiendo la idea puesta por I. M. Lotman. Sin embargo, para la comunicación es útil por su consideración, de significación, que a su vez esta estrechamente relacionada con el todo del proceso, el cual posee, por sí mismo, su propia parte significativa y, la cual, nuevamente se relaciona con el elemento mismo. Esta cadena circular de significación determina un proceso que puede terminar en lo que apuntábamos en 2.1.1.

            Los tres principios que acabamos de seguir pueden ser considerados como pautas epistemológicas de la complejidad y nosotros las hemos puesto en relación con las tres dimensiones propuestas por Charles Morris (Morris, 1994) para la semiótica. Esto nos sitúa ante un panorama más claro del por qué de la inclusión del paradigma de la complejidad a nuestro estudio, además, establece categorías y conceptos clave que nosotros utilizaremos más tarde para nuestra propuesta alternativa de modelo comunicativo. Así, la finalidad de citar los principios de la complejidad y las dimensiones de la semiótica es para poner en relación a la comunicación y la complejidad en miras a un desarrollo teórico acorde con las exigencias de un fenómeno de semejantes dimensiones.

Los diferentes procesos de comunicación que se pueden desarrollar en un entorno cultural determinado, ya sean procesos interpresonales o mass mediáticos, además de contar interna y externamente con los procesos, elementos e interrelaciones que ya hemos descrito, se relacionan con un sujeto especialmente, es decir, el investigador del proceso de comunicación. Nosotros al estar realizando el análisis de un proceso comunicativo como en 2.2.3., somos investigadores a la vez que participamos del mismo espacio-tiempo donde se esta realizando el acto comunicativo. Pero, el proceso de investigación se complica cuando es el mismo investigador el que es parte del proceso de comunicación, porque no sólo es elemento imprescindible del intercambio comunicativo, sino porque que es la posición desde la cual se verifica y analiza el flujo comunicativo. Es a esta relación a la que se le ha llamado la “doble hermenéutica” que consiste en la “intersección de dos marcos de sentido [frames of meaning] como parte lógicamente necesaria de la ciencia social: el mundo social significativo constituido por los actores comunes y los metalenguajes inventados por los científicos sociales”[43]. Es decir, que la doble hermenéutica interpreta sobre la base de una interpretación previa, y así, construye el metalenguaje científico, escapando de las relaciones de comunicación y estableciéndose como investigador de su propio proceso.

            La doble hermenéutica transfiere a metalenguajes[44] lo que habrá más tarde de pertenecer a lo extrasistémico del acto comunicativo que estemos analizando, así, la necesidad de poner en relación a la comunicación con la complejidad se convierte en imprescindible para la comprensión de los sistemas en donde un determinado flujo y cantidad de información es transferido entre dos objetos/sujetos, los cuales perciben, en primera instancia, e interpretan, en un segundo momento, la información que ha sido transferida. Este sistema simple de comunicación implica la consideración de la doble hermenéutica para la construcción de su propia explicación, de la explicación de sí misma, esto es, que el acto comunicativo además de definir sus elementos, estructura, etcétera, tiene la posibilidad de generar su propia explicación, en donde los elementos y los procesos cobran un lugar propio en el fenómeno. Es hasta este momento que entendemos el verdadero lugar que cada elemento ocupa dentro del proceso, la función que cumple y las relaciones que genera. Esto imposibilita el análisis previo a toda comunicación, pero si bien se puede planear la mejor de las vías y el mejor de los medios para entablar un proceso comunicativo, los resultados de la comunicación únicamente pueden ser analizados una vez sucedido el acto comunicativo. El análisis no puede ser, por tanto, simultáneo.

            Además de la doble hermenéutica existe una posibilidad más dentro de la complejidad y esta es la de considerar a lo uno y a lo múltiple de forma simultánea. El investigador es elemento del proceso comunicativo en tanto unidad, pero es al mismo tiempo investigador de su propio proceso en el que también es un elemento único. Este sujeto funciona en dos procesos como uno pero esta en los dos al mismo tiempo, es decir, que es múltiple en tanto dos unidades diferentes actuando al mismo tiempo. Pero esto mismo sucede con otros elementos de la comunicación como los objetos, los textos semióticos, los códigos, etcétera, lo cuales tienen, potencialmente, la posibilidad de ser uno y múltiple al mismo tiempo. Para poder realizar un estudio que nos permita acceder a este tipo de concepciones necesitamos de la posibilidad de una doble interpretación, es de decir de una doble hermenéutica. Por esto, hemos de considerar a la relación de lo uno y lo múltiple y la doble hermenéutica como nuestro cuarto principio, al cual llamaremos, por efectos de practicidad, como cuarto principio.

            Este cuarto principio se dispone a nivel analítico pero corresponde de forma directa con la práctica de la comunicación. En los procesos comunicativos la gran mayoría de los elementos establecen relaciones con otros elementos de forma simultánea y se convierten en partes integrales de más de un micro proceso, en el que son uno, pero al formar parte de más procesos son múltiples. En realidad la idea de integrar el cuatro principio responde a la necesidad de establecer un marco práctico de la comunicación, es decir, una forma en donde se actualizan los conceptos, las relaciones y todos los procesos involucrados. Esto es lo que corresponde a la acción de la comunicación como sucede en los diferentes espacios sociales, es la pragmática de la comunicación entendida como una dimensión de análisis. Este es nuestro cuarto principio.

 

2.3.3. La relación de los macro conceptos

 

            Al haber incluido el paradigma de la complejidad al análisis de la comunicación, se ha generado una especie de fractura entre tres conceptos fundamentales que aquí trataremos de reunir, la comunicación, la complejidad y el espacio semiótico que une ambas para darles forma, analizarlas y hacer coherente su discurso. Para esto seguiremos los planteamientos de I. M. Lotman en su ensayo Acerca de la Semiosfera (Lotman, 1996), debido a que el modelo que propone explica los elementos y sus relaciones, los no-elementos y sus relaciones, estableciendo implícitamente un espacio de pertinencia y una dinámica constructiva. De igual forma parece comportarse la comunicación, pero habrá que entender que ésta esta forzosamente contenida dentro de la otra, es decir, de ese gran espacio semiótico donde se llevan a cabo los procesos semiósicos.

En un principio el análisis de los fenómenos respondía a un postulado: ascender de lo simple a lo complejo, de las partes al todo. Esta consideración funcionó hasta cierto tiempo en donde los límites de este enfoque (o método) llegó a establecer límites dentro de los fenómenos mismos, es decir, que un postulado teórico contradecía la “naturaleza” de un determinado acontecimiento/fenómeno/objeto/texto cuyo comportamiento parecía seguir sus propias reglas. Una paradoja epistemológica.

Este primer postulado encerró dentro de sí un peligro: “la convivencia heurística empieza a ser percibida como una propiedad ontológica del objeto, al que le atribuye una estructura que asciende de los elementos con carácter de átomo, simples y claramente perfilados, a la gradual complicación de los mismos. El objeto complejo se reduce a una suma de objetos simples” (Lotman, 1996:22). Como ahora podemos suponer, ninguna de estas formas, estructuras o sistemas trabaja realmente en forma aislada, la separación es únicamente por una necesidad heurística. Sólo funcionan estando sumergidos en un continuum semiótico, completamente ocupado por formaciones semióticas de diversos tipos y que se hallan en diversos niveles de organización. A este continuum es a lo que Lotman llama la semiosfera (Lotman, 1996).

Resulta entonces que la semiosfera, considerada como un organismo único, es el espacio semiótico fuera del cual es imposible la existencia misma de la semiosis, de los procesos de significación y, por ende, de los procesos de comunicación. Y, de acuerdo con nuestros macro conceptos establecemos grados de pertenencia y estratificación; la comunicación depende de un proceso de significación pero éste último requiere estar situado en un espacio semiótico, requiere de la construcción y consolidación del espacio semiósico, la semiosfera. Estos cuatro macro conceptos[45]  funcionan de acuerdo al primer principio, de lo simple a lo complejo analíticamente. Los tres procesos son simultáneos a la práctica de cualquiera de ellos y si únicamente analizamos uno de ellos y obtenemos resultados coherentes del análisis es porque tácitamente los otros tres (cualquiera que sean) también han estado funcionando. Si obtuvimos resultados del análisis del proceso de significación fue porque este estaba contenido o siendo parte de un proceso de comunicación el cual se dio en un espacio semiótico concreto. Y los resultados que obtuvimos de las relaciones entre sus elementos fueron de naturaleza compleja, e decir, que implícitamente estaban funcionando el resto de los sistemas para hacer legible y coherente un determinado discurso, en este caso, el de la significación. Esto mismo ha sucedido con el resto de los procesos que hemos venido analizando, todo envuelto en relaciones complejas.

Regresando a la discusión sobre la frontera, como ya establecimos en 2.3.1., hay una de éstas entre cada macro concepto, dicha frontera dependerá del modo de codificar del intérprete, por lo que dentro de un mismo fenómeno la frontera será tan diferente como sujetos intervengan en el acto. Pero esta frontera al pertenecer a la semiosfera, la cual contiene tanto al proceso de significación como al proceso de comunicación, establece en su periferia una frontera general que cubre a la totalidad del sistema semiótico y que la separa de otros sistemas semióticos o de sistemas alosemióticos. En esta frontera es en donde se generan tensiones y traducciones de textos en ambos sentidos y es aquí en donde se genera una forma de dinámica de los sistemas semióticos, transfiriendo textos (grados de información) del núcleo a la periferia[46] o viceversa. En este constante intercambio con el exterior (fuera de la frontera) se generan nuevos textos, se modifica y actualiza un mismo texto o se desaparece alguno más. Los textos semióticos, por tanto, sufren el mismo proceso de la atribución de significado y de re-semantización de sus unidades elementales o elementos constitutivos, una vez más, provocado por su acción dentro de un espacio cultural determinado y por la interacción con un intérprete.

Aquí ya no hablamos de estructuras simples o de partes de un todo complejo, sino que optamos, después de un recorrido por las particularidades y los micro procesos al interior de nuestros macro conceptos, por cambiar de mira hacia una visión general de nuestros objetos que convergen en un solo punto. Ese punto de convergencia entre la significación, la comunicación y el continnum semiótico es la producción de sentido. Ya no es el binomio persuasivo/interpretativo, la linealidad de un proceso, la atribución de significado, etcétera, lo que guía nuestro análisis, sino finalmente, la transformación de un determinado flujo informativo a través de la interacción de tres sistemas (comunicación/significación/semiosfera) puestos en relación compleja para producir, generar o crear en un intérprete un sentido determinado sobre “algo”, lo que sea. La introducción de los macro conceptos, la complejidad y la semiótica se ajustan a la necesidad de una función metodológica capaz de explicar la generación de sentido en el intérprete. Los tres principios de la complejidad propuestos por Morin y el cuarto propuesto por nosotros, actúan de forma conjunta con las dinámicas del proceso de significación y con el proceso de comunicación, todo inserto en un espacio semiótico determinado (donde además se articulan las tres dimensiones de la semiótica), y generando en sus respectivas interacciones, relaciones de complejidad.

En este momento aparece una contradicción epistemológica fuerte y que está estrechamente ligada a la metodología de la investigación. Partimos de lo particular de los micro procesos de construcción de significado para construir macro conceptos que nos permitan llegar finalmente a la construcción de sentido, sin embargo, este método contradice los postulados de complejidad y tiene más relación con la lógica “de lo simple a lo complejo”. Para esto, cabe aclarar que la investigación se deconstruye a sí misma en macro conceptos, que a se vez son los que funcionan al interior de la investigación. La comunicación, la significación, la complejidad y la semiosfera se establecieron como temas separados y cada uno se construyó de lo simple a lo complejo, pero al mismo tiempo cada uno visto como macro concepto es un elemento de “la comunicación”, tema central de nuestra tesis. No el proceso de comunicación, sino el proceso complejo de la comunicación.

Hecha esta aclaración, y establecida la forma en que se ha construido cada uno de los macro conceptos, que desde ahora consideraremos simplemente como conceptos, podemos recién partir hacia la propuesta de modelo, para el que se tendrán que tener en cuenta todas y cada una de las construcciones sistémicas que se dan al interior de cada concepto.

 

 

 

 

CAPÍTULO III

DE LA TEORÍA AL MODELO

 

3.1. La “refundición” epistemológica

 

            En el intento por construir y/o proponer un modelo teórico de la comunicación, ciertas nociones básicas y conceptos fundamentales se convierten en un problema y algunos otros siguen teniendo una vigencia importante. Esos principios rectores al convertirse en conceptos centrales para hacer consideraciones al interior de la “ciencia de la comunicación” se entienden como fundamentos epistemológicos los cuales, de acuerdo con Germán Vargas Guillen, se convierten, a su vez, en temas epistemológicos: objeto, método y lenguaje (Vargas, 2003). El objeto de la reflexión y estudio teórico de la comunicación puede ser guiado a diferentes fenómenos envueltos en el ámbito de la comunicación, ya sea desde el estudio del campo como tal, es decir, los círculos académicos, los productos de la reflexión teórica (publicaciones) o la estructuración de los planes de estudio (Fuentes, 1998). O bien, desde otros enfoques pero dentro del campo académico de la comunicación (Galindo y Luna, 1995). Debido al camino que hemos seguido hasta ahora y que pretendemos seguir, nuestro objeto se ubica en la reflexión en torno a la comunicación y los modelos de la comunicación en un nivel teórico, así, la búsqueda epistemológica en los modelos lineales de la comunicación será sustituida por un enfoque diferente que más adelante explicaremos.

Entendemos que la reflexión epistemológica busca que el conocimiento esté básicamente exento de supuestos, pero que reconociendo la imposibilidad de alcanzar tal ideal, sume la tematización de los puntos de partida que se quedan como comprensiones presuntas en el comienzo de la práctica de investigación (en cualquier orden del conocimiento, bien sea de la realidad social, natural, formal o tecnológica) (Vargas, 2003:44).

 

            No es casualidad ni algo fortuito el hecho de que la comunicación se haya tendido a explicar por medio de la linealidad y los elementos que ya hemos mencionado en 2.2.1, sobre todo si tenemos en cuenta que la epistemología pretende psicoanalizar nuestra época a través del discurso más perfecto y seguro de su razón y de su derecho que esta época haya elaborado: el conocimiento científico (Serrano, 1988). El paradigma de la linealidad-simplicidad rector durante los años cincuenta y sesenta combinado con las disciplinas científicas de donde provenían estos primeros modelos explicativos del fenómeno de la comunicación (el desarrollo tecnológico, las matemáticas, la sociología, etcétera), funcionaron temporalmente como principios epistemológicos del fenómeno comunicativo y, si lo hicieron, es porque, como ya hemos dicho, responden a la transmisión de información, a un elemento del proceso. Esto requiere de una epistemología que sea más que descriptiva, es decir, crítica y normativa con respecto a las ciencias haciendo necesaria la consideración del problema de las relaciones entre ciencia y sociedad.

Para ser más claros, son dos los requisitos que esto exige de la epistemología: a) que no verse sobre la ciencia en tanto que fenómeno autosuficiente, sino en tanto actividad diferenciada pero imbricada en el todo social; b) que por tratar de lo general de las ciencias  (aunque esto no sea lo general de la sociedad) no pueda ella misma ser “ciencia de la ciencia”, sino discurso integrador y, por ende, filosofía (Serrano, 1988:20).

           

La epistemología que perseguimos, por tanto, es aquella que responda a la dinámica de la comunicación en un espacio semiótico concreto, que puestos en interrelación produzcan un sentido determinado para un sujeto inmerso en la acción de la comunicación. Una de las vías que se pueden vislumbrar para esta tarea requeriría de la identificación de aquellos conceptos/elementos devenidos de los modelos comunicativos precedentes que aún sean útiles, con la finalidad de ponerlos en relación con aquellos nuevos o diferentes conceptos/elementos que sean propuestos como indispensables, los cuales son, a su vez, el objetivo central de la presente investigación. Hacer epistemología es, precisamente, hacer un recorrido fenomenológico a través de los modos oficiales de hacer ciencia, inventariando desde el pasado hasta hoy, fines, procedimientos (métodos) y objeto (Serrano, 1998). Pero esta gran tarea se constituye a sí misma como otro proyecto de investigación que escapa no sólo a nuestras herramientas conceptuales, sino al objetivo que nos hemos  planteado y a los tiempo que nos hemos propuesto cumplir.

Por lo anterior, decidimos partir desde dos posturas diferentes, pero complementarias, que se constituyen a sí mismas como fundamentos de la semiótica. La primera fundamentación es la propuesta en 1978 por Julia Kristeva (Kristeva, 1978) y, la segunda es la propuesta por John Deely (Deely, 1996). La inclusión de una fundamentación semiótica a la que recurrimos como una epistemología emergente de la comunicación, responde a dos vínculos que hemos encontrado entre ambas. El primero de ellos está en estrecha relación con lo que ya hemos mencionado en el capítulo II, es decir, que al considerar como imprescindible para la comunicación los procesos de significación (semiosis) y siendo la semiótica la disciplina encargada de estudiarlos, al hacer un estudio de los fundamentos de la semiótica hacemos, a la vez, epistemología de la semiótica y, por ende, de la comunicación. El segundo vínculo implica consideraciones prácticas: la semiótica al estudiar procesos de significación, estudia, a su vez, la construcción de signos, las relaciones entre ellos y su acción durante la interacción con los sujetos, todo esto en un espacio semiótico determinado. Esta forma de fundamentar la semiótica fundamenta de forma tácita lo que habremos de entender como la epistemología de la comunicación, además de concebir una vía plausible de análisis.

Entendemos que la epistemología es filosofía en tanto es la reflexión filosófica que se desata sobre una actividad social “diferenciada” y multifacética que se nos presenta y hace observable, analizable, comprensible desde las más diferentes manifestaciones: Desde “el discurso más perfecto y más seguro de su razón” de nuestro tiempo, desde los modos de organización de los procesos de producción, desde los modos de organización de la gestión del Estado, desde los modos de destrucción, desde los modos de repercusión sobre el arte y la religión, desde los modos de repercusión sobre la corporeidad humana y sobre la naturaleza, desde los modos de repercusión sobre la ciencia del hombre y, desde los modos de representación del futuro (paz-guerra-esperanza) (Serrano, 1988). Pero tal vez a estas miras epistemológicas propuestas por Augusto Serrano, nosotros tengamos que agregar aquella que corresponde a un espacio de significación desde la generación/producción de sentido, es decir, una epistemología que abarque las traducciones de información durante cierto proceso, traducciones que requieren que la información sea algo más que señales o estímulos, sino que produzcan un determinado significado que más tarde va a generar, a su vez, un sentido determinado. Con esto hacemos clara referencia a la necesidad de incluir una manifestación más, aquella que se concibe y construye desde la comunicación.

 

 

 

 

3.1.1. La semiótica como epistemología 

 

            El recorrido que Julia Kristeva siguió en torno a los fundamentos de la semiótica, es especialmente interesante y particular porque retomando la epistemología de los estoicos y Platón, la axiomática de Peirce y la teorías de Saussure, y confrontándolas con la realidad de los textos –de la novela primitiva francesa a Phillippe Sollers pasando por Mallarmé, Roussel– y los descubrimientos filosóficos y matemáticos, inmersa en un discurso preponderante (Marx y Lenin), establece su concepción sobre lo que debiese ser los fundamentos de la semiótica, entendida ésta como nueva ciencia. Pero a nosotros nos interesa especialmente el resultado de su investigación que tiene que ver directamente con la consideración de la semiótica como modelo.

            Así, el camino que seguimos al incluir las nociones semióticas de Julia Kristeva implica una discusión que comienza con el problema de definir una nueva investigación propuesta por Ferdinand de Saussure en 1916 y que entendía como “semiología”, la cual debería designar una vasta ciencia de los signos de la cual, la lingüística sería únicamente una parte. Sin embargo, más tarde se advirtió que cualquiera que fuera su objeto-signo, no es accesible su conocimiento más que a través de la lengua. Sin pretender hacer un recorrido histórico en torno a la construcción de un espacio o nueva investigación, y en torno a la discusión entre semiología y semiótica, introducimos a Kristeva a la discusión por su consideración metodológica, al considerar a la semiótica como un modelo[47], como una formalización. De esta manera, al hablar de semiótica se pensará en la elaboración de modelos, es decir, de sistemas formales cuya estructura es isomorfa o análoga a la estructura de otro sistema (del sistema estudiado)[48].

Dicho de otro modo, la semiótica, en un tercer momento, se elaboraría como una axiomatización de los sistemas significativos, sin dejarse trabar por sus relaciones de dependencia epistemológica con la lingüística, y tomando de las ciencias formales (la matemática, la lógica, que, con ello, son devueltas al estatuto de ramas de la vasta “ciencia” de los modelos del lenguaje) sus modelos, que la lingüística, a cambio, podría adoptar para renovarse (Kristeva, 1978:37-38).

 

Si la semiótica se encarga de producir modelos, esto por sí sólo no la justifica como necesaria o independiente, siendo el producto del resto de las “ciencias”[49] la creación de sus propios modelos. Los modelos de las ciencias exactas son representaciones y se realizan en coordenadas espacio-temporales concretas al igual que los de la semiótica, pero he aquí la diferencia, la semiótica escapa a las puras representaciones al ser también la teoría del modelo, cierto es que la misma teoría ocurre en las otras ciencias, pero “la semiótica manifiesta esta teoría o mejor, no existe sin esa teoría que la constituye a la vez (y cada vez) su objeto (y por lo tanto el nivel semiótico de la práctica estudiada) y su instrumento (el tipo de modelo que correspondería a determinada estructura semiótica designada por la teoría)” (Kristeva, 1978:38). Por lo tanto, la semiótica constantemente piensa sobre su objeto y su teoría, se autoconstruye constantemente, es la reflexión sobre sí misma, la teoría de la ciencia que es, criticando constantemente aquellos modelos y/o teorías que toma de otras ciencias y aquellos modelos y/o teorías que ella misma produce.

Pero ese giro sobre sí misma no es un círculo. La investigación semiótica sigue siendo una investigación que no halla nada al final de la investigación más que su propio gesto ideológico, para dar fe de él, negarlo y volver a comenzar. Habiendo partido con, como finalidad, un conocimiento, acaba por hallar como resultado de su trayecto una teoría que, siendo un sistema significativo, remite la investigación semiótica a su punto de partida: al modelo de la propia semiótica, para criticarlo o echarlo abajo. O sea, que la semiótica no pude hacerse más que como una crítica de la semiótica (Kristeva, 1978:40).

           

Entender esta forma cíclica de autogestión y manifestación de la semiótica y encerrarla en una idea que justifique su existencia en razón de su existencia misma, estabiliza y congela un proceso de reflexión teórica y sugiere, por tanto, una constante importación teórica de modelos ajenos a sí[50]. La construcción y reflexión teórica que Kristeva encontrará más tarde en su investigación, sobre todo en lo que concierne a las implicaciones y problemas del signo, es un claro indicador de una producción teórica propia que rompe con la ciclicidad  o carácter cíclico de un sistema. Esto puede ser visto de dos formas. La primera implica entender los ciclos como formas que rompen la circularidad cuando un vector temporal los atraviesa, deconstruyendo un círculo y convirtiéndolo en un proceso progresivo, con un antes y un después teórico. Esta forma de entender la deconstrucción no implica la construcción de un proceso lineal, simplemente establece una progresión que imposibilita volver al mismo punto. Es importante resaltar dos vectores que han salido a la reflexión, el espacio y el tiempo, elementos que más tarde convertiremos en macro conceptos de nuestro análisis. El hecho de que un modelo progresivo no sea entendido como únicamente lineal es porque se involucran elementos simultáneos (véase 2.2.1 en este trabajo) que en todo caso establecen un sistema de correlaciones entre lo lineal y lo complejo.

La segunda forma determina que la semiótica se convierte en la historia del saber en el lugar en el que se rompe la tradición, en donde “la ciencia se presenta como un círculo cerrado sobre sí mismo, la mediatización, que devuelve el final al comienzo, que constituye la base simple del proceso; pero ese círculo es, además, un círculo de círculos; pues cada miembro, en tanto que animado por el método, es una reflexión sobre sí mismo, que por el hecho de volver al principio, es comienzo de un nuevo miembro […]”[51]. El hecho de entender un sistema de estas características como reflexión de sí mismo, nos hace entender por qué la semiótica tiende a ser entendida aquí como un método y como un proyecto de investigación pertinente y constituido como tal, pero también hay que recordar que esto fue escrito en los años en que cobraban fuerza los estudios y la reflexión semiótica y que Julia Kristeva justificaba gran parte de su sistema semiótico en relación con las reflexiones teóricas de Marx en Alemania.

Al considerar la semiótica como un modelo, nos encontramos con formas estructurales cíclicas y con la necesidad, ya antes emergente, de una epistemología propia que nos permita establecer no sólo su pertinencia teórica, sino los productos de esa misma reflexión, es decir el mismo modelo. Es así, que la semiótica se encierra como reflexión de sí misma imposibilitándola para funcionar como fundamento epistemológico de cualquier reflexión teórica. Sin embargo, la posibilidad de modelizar a través de la semiótica abre a su vez nuevas posibilidades que nosotros intentamos recobrar. Esto es así: no podemos utilizar en esta investigación la consideración de la semiótica en tanto que modelo porque imposibilita su uso como fundamento epistemológico al encerrarse sobre sí misma, pero podemos utilizar la posibilidad de que pueda ser un modelo, un punto de vista capaz, entonces sí, de ser utilizado o cumplir la función de fundamento epistemológico.

 

3.1.2. La semiótica como punto de vista[52]

 

Existen varios recorridos sobre la  historia de la semiótica o introducciones para su estudio en tanto reflexión teórica (Pérez, 2000; Zecchetto, 2003; Beuchot, 2004) que versan sobre diferentes formas tanto históricas como temáticas de ordenarla. Algunos otros plantean principios básicos o reflexiones teóricas concretas en la construcción del pensamiento semiótico (Eco, 1992, 1999a, 1999b y 2000); sin embargo, John Deely se da a la tarea de estudiar a la semiótica desde sus fundamentos y publica en 1990 su libro titulado Basics of semiotics en Indiana University press, pero no es sino hasta 1996 que aparece su traducción hecha por José Luis Caivano y publicada por la Universidad Iberoamericana. En sus fundamentos Deely considera que

…por primera vez, en quizá trescientos años, la semiótica hace posible el establecimiento de nuevos fundamentos para las ciencia humanas, fundamentos que a su vez posibilitan una nueva superestructura para las humanidades y para las así llamadas ciencias duras o naturales a la par. Tal marco teórico ha sido muchas veces soñado, pero la semiótica lo coloca por primera vez a nuestro alcance, con la única condición de que poseamos un entendimiento del signo y de sus funciones esenciales lo suficientemente rico como para prevenir el encierro de la investigación semiótica dentro de la esfera de los signos construidos (Deely, 1996:41).

 

            Estas funciones esenciales del signo y su comprensión requieren de su acción para producir un fenómeno determinado, la semiosis, que vista desde las concepciones de Peirce –alejadas de Saussure- hacen de ésta un proceso mucho más amplio y fundamental  que involucra el universo físico en la semiosis humana y hace de la semiosis en nuestra especie una parte de la semiosis en la naturaleza. Por lo tanto la semiótica forma un todo del cual la semiosis es sólo una parte. Vista desde esta perspectiva, la semiótica pareciera convertirse en un método cuyo objetivo estaría delimitado por el signo y sus relaciones, lo que implicaría decir entonces, que la semiosis misma debería de ser entendida como la fuente epistemológica donde subyacen los elementos, las reglas y los principios rectores del campo disciplinar. Sin embargo, la semiótica tiende a alejarse de su consideración metodológica para convertirse y ser concebida como un Punto de Vista, después de todo, un método implementa algún aspecto o aspectos de un punto de vista, y la implementación sistemática de algo sugerida por un punto de vista es prácticamente en lo que consiste un método. Cuanto más rico es un punto de vista más diversos son los métodos que se necesitan para explotar las posibilidades de entender que están latentes en él (Deely, 1996). Vemos entonces a la semiótica más como un punto de vista que como un método, y sus implicaciones en tanto metodología de análisis y actualización de conocimiento en su relación con la construcción sígnica y sus interrelaciones, como devenidas de su propio proceso semiósico. Desde este punto de vista  resulta claro que las ideas no son autorrepresentaciones sino signos de lo que es objetivamente de y superior a la idea en su existencia como representación privada.

            Por lo tanto, los signos no sólo son requeridos por la filosofía, la semiótica o cualquier método dado en las ciencias naturales, sino como condición que posibilita a ese mismo método o a una investigación de cualquier clase. Pero podemos decir que aquel método o proceso de investigación que considere los signos como meros objetos, deja de ser un método semiótico y queda fuera de las consideraciones de nuestra investigación (ya se ha hecho referencia explícita a la construcción del signo y sus características en 2.1.1). En realidad la idea del “punto de vista” de Deely responde directamente a una preocupación y a un objetivo que a nosotros nos involucra de lleno: “el punto de vista semiótico se expande naturalmente para incluir al completo fenómeno de la comunicación humana –no solamente el lenguaje[53]- y, luego como consecuencia de ello, a los fenómenos culturales como incorporadores de, así como en su diferencia con, los fenómenos de la naturaleza” (Deely, 1996:69). Esta relación entre semiótica y comunicación es más que fortuita y responde a consideraciones más allá de las puramente metodológicas al convertirse en campos cuasi concomitantes, de hecho, esta forma de fundamentación bajo la idea del punto de vista parece responder de igual forma a la pertinencia de los estudios (investigación) en comunicación y sobre comunicación, respondiendo no sólo a la dinámica del mismo, sino a la naturaleza de su construcción y a la comunicación como fenómeno natural.

            En este punto la mira de la comunicación deconstruye sus propias fronteras y escapa a su propio campo para establecerse como el lugar desde donde se puede hablar de cualquier fenómeno, ciencia o disciplina que involucre la consideración de “algo” como signo, es decir, que expande su grado de pertinencia. Aclaremos esto: si bien el fenómeno comunicativo se circunscribe a un espacio concreto de interrelaciones y producciones de sentido, se puede hablar desde “la comunicación” de cualquier fenómeno natural o humano en el que los signos, sus relaciones, su constitución y su acción sean involucrados, o bien, se puede hablar desde la comunicación de cualquier objeto que pertenezca a su propio proceso y sea considerado como tal.

            Si entendemos la relación entre el punto de vista y la idea de que entre más rico sea éste más diversos son los métodos que se necesitan para explorar las posibilidades de entender que están latentes en él, entonces podemos comprender la dependencia epistemológica y metodológica de la comunicación sobre todo de la sociología[54]. Pero al mismo tiempo podemos construir una base epistemológica de la comunicación partiendo de los fundamentos de la semiótica, porque si nos preguntamos sobre qué es lo que la semiótica investiga, la respuesta es la acción de los signos, elementos indispensables de la comunicación y de los procesos de significación, es decir, la semiosis como el objeto de conocimiento de la investigación semiótica. Con esto podríamos decir que se pueden hacer estudios semióticos sobre fenómenos, elementos o relaciones comunicativas o que se puede hablar desde la comunicación sobre sus propios elementos, fenómenos o relaciones con un enfoque o punto de vista semiótico. Esta posibilidad habla de una relación extremadamente estrecha entre comunicación y semiótica y nos posibilita entonces para hablar de una semiótica de la comunicación, una semiosis comunicativa o bien,  de la comunicación desde una perspectiva semiótica, sustentada en los fundamentos epistemológicos de ambas.

            Uno de los principales investigadores y que incluso, al darle nombre propio al campo reflexivo de los signos, lo separó del resto, fue Charles Sanders Peirce (a quien ya hemos hecho referencia en el capítulo anterior), nombrándola semiosis.

El investigador que separó  este campo al darle un nombre propio fue Charles Sanders Peirce, y el nombre que le asigno fue semiosis. En este punto la doctrina de los signos dio un giro en su desarrollo: Peirce vislumbró que el completo desarrollo de la semiótica como un cuerpo particular de conocimiento requería una visión dinámica de la significación en cuanto proceso. La semiótica no sería meramente una respuesta a la pregunta de la existencia propia de los signos ontológicamente considerados. También debe darse respuesta a la pregunta adicional acerca de la transformación por la que este peculiar tipo de existencia se habilita y sustenta a sí mismo. Los símbolos no solamente existen; también crecen (Deely, 1996:80).

 

Por su parte, Mauricio Beuchot en su introducción a los Elementos de Semiótica define a ésta como el “estudio general de los signos, desde un nivel abstracto superior, en sus relaciones de coherencia, de significación y uso. Aunque no de manera exclusiva, se aboca de manera principal al signo lingüístico o, por lo menos, considera los fenómenos significativos como formando lenguajes. Un lenguaje es un sistema de signos mediante el cual se pretende la comunicación de contenidos referentes al mundo real (o imaginario)” (Beuchot, 2001:13). Hasta aquí, coincidimos con la condición y mira de la semiótica  pero llegamos a un punto de discrepancia, la comunicación. Más adelante Beuchot la considera como aquello que se realiza básicamente entre un emisor y un receptor, conceptos que nosotros hemos omitido de manera consciente y voluntaria en la totalidad de la investigación. Ya sea que se hable de la visión dinámica de la significación en cuanto proceso o del estudio de los signos y sus relaciones, nos damos cuenta de que todos estos procesos micro/macro que se generan a partir de este tipo de enfoque, se articulan bajo el concepto propuesto por Peirce, al tiempo que genera el problema que aún se discute sobre su aceptación, lo histórico de su proceso y su estado actual. Esto puede ser constatado en los enfoques que los diversos tratados de semiótica han decidido abordar, ya sea desde su relato histórico, su fundamentación epistemológica, los espacios territoriales o los investigadores en cuestión (Eco, 2000; Zecchetto, 2003; Pérez, 2000; Guiraud, 2000; Beuchot, 2001, 2004; Deely, 1996). 

De esto desprendemos que la actividad semiótica o la situación semiótica (todo fenómeno en que aparece el signo) escapa a la pura interacción del ser humano y el ambiente físico producto de la consideración de algo como signo (explicado en 2.1.1) poniendo en relación al ser humano no sólo con sus coespecíficos y con otros animales, sino también con el dominio general de los entornos físicos en el más amplio sentido, incluso con el universo mismo. A esto es a lo que se le ha llamado antroposemiosis. Y, siguiendo con los postulados de Deely encontramos una primera categorización o niveles de la semiosis que consideramos pertinentes rescatar.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Fuente: Deely, 1996:98

 

Son tres conceptos los que definen nuestra investigación como antroposemiótica; cultura, lenguaje e historia. Establecemos un espacio semiótico concreto (la cultura) con sus sistemas explícitos de significación y sus reglas de codificación-decodificación (lenguajes), con un orden enstructural y jerárquico específico (historia). No obstante, no podemos reducir la semiótica a un ámbito específico de estas interrelaciones elementales sin articularlas bajo tres dimensiones concretas que una vez más hemos utilizado sin indicar el lugar de su procedencia. Estas dimensiones se construyen y entienden a partir de las relaciones que surgen entre el contenido del signo (significado), el medio en el que se comunica el significado (vehículo de signo, vehículo de significado, significante o simplemente signo), y los usuarios del signo. La primera de ellas es la relación entre los mismos signos instituyéndose como objeto de análisis de la sintaxis. Hay otra relación entre los signos y los contenidos que se significan; estas relaciones de los significantes con sus significados, pertenecen como objeto de estudio a la semántica. Y, finalmente la relación entre los vehículos de signos y los usuarios pertenecen, como objeto de estudio, a la pragmática. 

            Conjuntamente al desarrollo de nuestro proyecto de investigación hemos ido siguiendo estas tres dimensiones al tiempo que aclaramos desde cuál estamos hablando en un momento determinado. Así, encontramos una estrecha relación entre las consideraciones fundamentales –epistemológicas- de la semiótica y la comunicación, es momento de clarificar la relación desde la comunicación a fin de establecer nuestro discurso desde la mira que nos interesa y consolidar así nuestros elementos que posibiliten aquel modelo alternativo al que ya hemos hecho referencia y que expondremos en un último capítulo.

 

3.1.3 Desde el punto de vista comunicativo

 

            El recorrido por los fundamentos de la semiótica ha ido construyendo un espacio epistemológico implícito, es decir, un lugar desde el que se puede dirigir y sustentar un discurso determinado, sin embargo, hemos construido un postulado contradictorio que es necesario aclarar. Hemos hablado anteriormente de la posibilidad de una semiótica de la comunicación, es decir, de la reflexión en torno a cualquier elemento u objeto (físico o conceptual) que sea considerado como perteneciente al proceso comunicativo, lo cual es un claro punto de vista sobre la comunicación. Nosotros buscamos establecer un punto de vista comunicativo que pueda utilizar a la semiótica como metalenguaje de sí. Esto requiere un grado de inclusión de uno y otro que hemos situado a nivel epistemológico, a fin de que nos permita construir una base teórica de la comunicación en la que estemos considerando a cada uno de los elementos que intervengan en el proceso comunicativo como signos, es decir, que hablamos desde un punto de vista comunicativo pero con una perspectiva semiótica. Sin olvidar que lo que la comunicación produce y circula es precisamente el objeto central de la semiótica: la significación. La semiótica se convierte entonces en ese sustento epistemológico que le hacia falta a la comunicación para establecer su propio objeto y su propia construcción teórica.

La dicotomía que presentamos en cuanto a la consideración de la semiótica como modelo o como punto de vista, nos acercó a nociones epistemológicas que nos permiten establecer una línea de relación clara entre la semiótica y la comunicación, de esta forma, establecemos de entrada a la comunicación como el lugar desde donde se hablará de las relaciones entre elementos y sistemas, desde donde, producto de sus propios procesos, se generan determinados sentidos para alguien. Ambas consideraciones permiten teorizar sobre la comunicación desde la comunicación, eliminando de entrada aquellos conceptos o modelos que no pertenezcan a nuestra perspectiva semiótica, es decir, que pertenezcan al binómio emisivo/receptivo (lineal) o cualquier relación que se genere entre los elementos involucrados durante el proceso lineal de la transferencia de información.  

            Partimos de la deconstrucción epistemológica de los modelos lineales y de su sustento teórico en tanto justificacion de transferencia de información para establecer una mira comunicativa que implique el binomio persuasivo/interpretativo, la complejidad y una visión sistémica de la comunicación. Esta vía resuelve en que la comunicación propone su propio modelo interpretativo en tanto proceso comunicativo, en tanto que fue y no en tanto que será o es[55]. La mira comunicativa implica entonces la propuesta de un modelo desde el cual se puedan establecer los elementos y sus relaciones durante el proceso de generación de sentido, esto, a través de macro conceptos que nos permitan entender la lógica sistémica que se genera en los procesos micro/macro comunicativos y sus mutuas relaciones. Pero la comunicación, como una infinidad de proceos sociales, se sucede en un espacio determinado y durante un tiempo determinado, siempre en relación con el tipo de comunicación que se esté estudiando o en la que se esté inmerso. Este espacio nosotros podemos llamarlo función semiótica y la inclusión del factor temporal nos ha permitido hablar de la simultaneidad de la acción de los elementos-signos.

            La función semiótica se referirá entonces a todo un ambito semiótico, más allá del signo como unidad mínima de la semiótica. El espacio donde se significa y en donde se está atribuyendo de significado –y por ende de sentido- a una determinada cantidad de información, es para la comunicación un espacio semiótico que cumple un papel en un determinado sistema de significación. El espacio semiótico o semiosfera para Lotman, es aquel en donde es posible la semiosis, pero este gran espacio no puede ser utilizado como macro concepto en situaciones significativas micro como los procesos interpersonales de comunicación, porque la elevación del nivel de complejidad no se justifica y dificulta entender la producción de sentido. Así, cuando un determinado proceso comunicativo se lleva a cabo, sólo una parte de ese todo semiótico es utilizado, cumpliendo así con una determinada función dentro del proceso, es decir, cumpliendo una función semiótica para el proceso de comunicación. La simultaneidad, por su parte, permite establecer un antes y un después analítico y una consideración simultánea de la acción de los signos en relación a un intérprete y a un grado determinado de información, consideración que implica de lleno a la complejidad en la estructuración teórica de los modelos de comunicación, o si se quiere, de la epistemología de los modelos comunicativos y de la comunicación misma.

            Esto nos permite ir esbozando no una definición de la comunicación, sino un punto de vista comunicativo desde una perspectiva semiótica, el cual es difícilmente definible. Hablamos de un proceso mediante el cual un grado determinado de información es tranferido entre dos o más elementos que al requerir una acción interpretativa, activan una gran de cantidad de micro procesos al interior de cada elemento involucrado, atribuyéndole un determinado significado a la información y un cierto sentido. Esta descripción tan simple es de la que partimos para construir nuestra propuesta (Capítulo IV) en donde se detallaran los proceso que hemos descrito durante toda la investigación. Resulta entonces evidente que la comunicación no puede ser reducida a la relación entre un emisor un mensaje y un receptor, que este modelo y sus múltiples versiones no sólo simplifican un proceso complejo, sino que lo reducen tanto, que los hacen dependiente teórica y epistemológicamente de muchas otras ciencias.

            Establecemos el punto de vista comunicativo como el gran marco semiótico desde donde reflexionamos teóricamente sobre la comunicación, como la reflexión de la semiótica como sí misma, como el discurso de su propio discurso, el dicurso de la ciencia (epistemología), puesto que si es ciencia de la comunicación, entonces podemos convertir parte de su discurso en metalenguaje de sí misma, convirtiendo a esos elementos en extrasistémicos (véase 2.1.4.) pero desde un punto de vista comunicativo. Esta posiblidad de hablar de sí misma nos abre las puertas para generar una teoría de sí misma y por ende, modelos de sus propios procesos.          

 

 

3.2 La comunicación como sistema

 

            Cuando hablamos de la dinámica del proceso de comunicación en 2.2.3, hacíamos referencia a sistemas de significación que nombramos con las letras A, B, C y D. Decíamos entonces que dichos sistemas poseen sus propias reglas, elementos, y define cada uno la dinámica de las traducciones de los códigos que las conforman, decíamos también que cada uno podía funcionar como micro proceso comunicativo por sí mismo, pero no era sino hasta su puesta en relación como sistema que se generaba y entendía el verdadero proceso. Esta concepción de sistema es de la que nos ocuparemos ahora, sobre todo con la visión de Ludwig Von Bertalanffy en su Teoría general de los sistemas (Bertalanffy, 2003) y los aportes de Edgar Morin en su Introducción al pensamiento complejo (Morin, 2003). El concepto al que ahora le dedicamos un apartado especial ha venido siendo utilizado en diferentes descripciones, por lo que resulta imprescindible incluirlo como elemento/macro concepto en nuestra investigación. Pero antes de incluir o definir la comunicación como sistema o con relaciones sistémicas, es necesario que definamos lo que estamos entendiendo por sistema.

 

 

3.2.1. La Teoría General de los Sistemas

 

            Durante el recorrido que hemos realizado hasta ahora hemos establecido macro conceptos que por sí mismos funcionan de manera compleja. Cada uno de los elementos que hemos mencionado requiere de una forma de articulación que les permita existir de forma autónoma al tiempo que integran o son parte de un proceso con elementos igualmente autónomos pero interdependientes, esa forma en que co-participan se genera a través de las relaciones que entre éstos se producen y se ponen en relación o funcionan como sistema, es decir, que dichas relaciones pueden ser entendidas como sistémicas al articularse bajo una misma unidad o sistema. Es necesario entonces comprender la naturaleza del sistema –o los sistemas- para establecer la forma que éste adquirirá cuando se habla de procesos comunicativos.

            En 1968 se publica uno de los principales libros y precursores de la Teoría general de sistemas bajo el nombre General system theory; foundations, development, applications, donde Ludwig Von Bertalanffy define el tema de la teoría como “la formulación de principios válidos para sistemas en general, sea cual fuere la naturaleza de sus elementos componentes y las relaciones o fuerzas reinantes entre ellos” (Bertalanffy, 2003:37). Aunque la teoría nace como una reflexión sobre la Ciencia de la Biología, este principio teórico se expandirá hacia diversas ciencias y disciplinas científicas, tanto sociales como de las ciencias exactas, convirtiéndose rápidamente en una visión necesaria para entender desde la constitución organística del ser humano, hasta relaciones sociales en extremo complejas. En este punto se encuentra un eje de intersección entre la teoría general de sistemas y la complejidad, al ser ambas correlacionales y concomitantes en su praxis, si bien se puede hacer nuevamente un estudio cuya fundamentación o mira epistemológica gire en torno a una u otra, en el mundo real se dan de manera simultánea, es decir, de manera compleja pero articuladas y funcionando como un sistema.

            Se considera entonces, que la verdadera virtud sistémica es: a) haber puesto en el centro de la teoría, con la noción de sistema, no una unidad elemental discreta, sino una unidad compleja, un “todo” que no se reduce a la “suma” de sus partes constitutivas; b) haber concebido la noción de sistema, no como una noción “real”, ni como una noción puramente formal, sino como una noción ambigua o fantasma y, c) situarse en un nivel transdisciplinario que permite concebir, al mismo tiempo, tanto la  unidad como la diferenciación de las ciencias, no solamente según la naturaleza material de su objeto, sino también según los tipos y las complejidades de los fenómenos de asociación/organización. En este último sentido, el campo de la teoría de Sistemas es, no solamente más amplio que el de la Cibernética, sino de una amplitud que se extiende a todo lo cognoscible (Morin, 2003:42).

            Podemos hacer una analogía con la comunicación e ir estableciendo ciertos parámetros discursivos. Un “todo” que no se reduce a la suma de sus partes son todos aquellos elementos que ya hemos mencionado y convertido en macro conceptos, pero sólo aquéllos en los que sucede una suerte de acción interna o acción independiente: el código, la significación, el intérprete, la construcción sígnica o textual, la semiosis, etcétera, es decir, aquellos que generan su propia dinámica. Una vez hecha esta aclaración podemos considerar a cada elemento/concepto como micro sistema o simplemente como un “todo”. Pero cada uno de estos micro sistemas necesita de la acción de otros micro sistemas para formar un sistema general, esto se logra a través de sus relaciones, formando un todo general que nosotros habremos de considerar como un proceso comunicativo. Sin la visión sistémica es imposible hablar de relaciones que se escapen a las descripciones lineales de intercambio de información, llegando a la simplificación de fenómenos complejos como la misma comunicación.

El no considerar la noción de sistema como “real” o puramente “formal” abre las posibilidades de integraciones o reflexiones teóricas en construcción en concordancia a un conjunto de relaciones establecido. Es decir, que podemos construir un sistema a través de las relaciones entre determinados elementos y un espacio/ámbito que consideramos real, o bien, podemos convertir teóricamente un sistema que sólo existe como noción ambigua de sí mismo. Habrá que entender entonces que la sistémica tiene estrecha relación con elementos complejos que construyen sistemas por sí mismos paradigmáticos bajo macro conceptos como el de organismo, sistema abierto/cerrado, organización y sistemas auto-eco-organizadores. Con esto es necesaria –y posible– la visión transdisciplinar que nos permita ver los tipos diferentes de objetos y sus complejidades en tanto fenómenos de asociación/organización. Así, este tipo de teoría nos permite estudiar el proceso de la comunicación desde una perspectiva semiótica, concibiendo a ésta como un fenómeno complejo que genera relaciones determinadas durante su acción, las cuales pueden ser entendidas como sistémicas o como pertenecientes a un mismo sistema. Habrá entonces que especificar las consideraciones de algo como sistema y los tipos que podemos encontrar, sobre todo para poner en relación a esta visión  con lo que nosotros habremos de construir como modelo sistémico de la comunicación. 

Para esto es necesario especificar claves conceptuales de la teoría de sistemas, una de ellas es la de sistema abierto.

La de sistema abierto es, originalmente, una noción termodinámica, cuyo carácter primario era el de permitir circunscribir, de manera negativa, el campo de aplicación del segundo principio, que requiere la noción de sistema cerrado, es decir, que no dispone de una fuente energética-material exterior a sí mismo. Tal definición no hubiera ofrecido interés alguno si no fuera que se podía, a partir de allí, considerar a un cierto número de sistemas físicos y, sobre todo, a los sistemas vivientes, como sistemas cuya existencia  y estructura dependen de una alimentación  exterior y, en el caso de los sistemas vivientes, no solamente material-energética, sino también organizacional-informacional (Morin, 2003:43).

 

Con esto se tuvo una visión diferente de lo que la física había tenido de las nociones de equilibrio/desequilibrio y que esta idea está más allá de una y otra noción conteniéndolas a ambas en un mismo sentido, es decir, que el sistema debe cerrarse al mundo exterior a fin de mantener sus estructuras y su medio interno que si no se desintegrarían, pero es su apertura lo que permite su clausura.  

Análogamente, la comunicación tiende a cerrarse en tanto se establece o constituye un determinado proceso[56] al definir sus elementos, las relaciones y la estructura de cada uno de ellos. Por ejemplo, la función semiótica a la que hacíamos referencia en 3.1.3, se mantiene abierta al todo semiótico o al espacio semiótico en su totalidad, una vez puesto en marcha el proceso, la función semiótica delimita un espacio de pertenencia cerrando a un número ilimitado pero finito las posibilidades interpretativas. Una vez que se ha significado algo y se ha producido un determinado sentido, la función semiótica se reduce a un único significado posible, aquel que se ha producido (sistema cerrado), pero en tanto se vuelve a producir el fenómeno de significación, recobra la totalidad de posibilidades semióticas al abrirse nuevamente al espacio semiótico en su totalidad (sistema abierto). Por esto, el análisis de un determinado proceso se genera a partir del proceso concluido, en tanto sistema cerrado. Esta misma fórmula se repite con los elementos que ya hemos descrito, el código, los sistemas de significación, el intérprete en su consideración de algo como signo o texto semiótico, etcétera[57].

Siguiendo la idea del sistema abierto, se desprenden dos consecuencias capitales. La primera es que las leyes de la organización de lo viviente no son de equilibrio, sino de desequilibrio, retomando o compensando, de dinamismo estabilizado. La segunda consecuencia es que la inteligibilidad del sistema debe de encontrarse no solamente en el sistema mismo, sino también en su relación con el ambiente, y esa relación no es una simple dependencia, sino que es constitutiva del sistema (Morin, 2003). Entonces tenemos un sistema de oposiciones que se constituyen a sí mismas como un orden  de mutua dependencia y necesaria cooperación, en donde ningún sistema puede ser considerado como tal fuera de un espacio de pertenencia  y sin éste último es imposible la construcción de un sistema determinado. En realidad lo que se persigue con esto es la idea de organización.

La organización, noción decisiva, apenas entrevista, no es aún, si se me permite decirlo un concepto organizado. Esta noción puede elaborarse a partir de una complejización y de una concretización del sistemismo, y aparecer todavía como un desarrollo, aún no logrado, de la Teoría de Sistemas; puede también decantarse a partir del “organicismo”, a condición de que haya una limpieza y una modelización que hagan aparecer a la organización en el organicismo (Morin, 2003:51).

 

Tenemos entonces un sistema que puede ser abierto o cerrado y que presupone o tiene la posibilidad de tener una cierta organización. Devenido de esto, la organización supone un organismo cerrado en sí mismo con sus cualidades específicas, siendo el más complejo y desarrollado el ser viviente.

En 1940 apareció una teoría que ayudó mucho a la teoría de sistemas y que se expandió rápidamente por sus innovaciones que presentaba, nos referimos a la Teoría de la Información desarrollada por Shannon y Weaver y cuyo primer campo de aplicación fue su campo de emergencia: la telecomunicación. Pero rápidamente esta teoría se expandió al dominio biológico con la posibilidad de entender  que la autorreproducción de la célula (o del organismo) podía ser concebida a partir de una duplicación del material genético o ADN, es decir, se podía entender como la copia de un mensaje, una emisión-recepción, incorporado a la entonces Teoría de la Comunicación. Sin embargo, la teoría de la información se concretó en explicar nociones básicas de su cuantificación, de su transmisión-recepción, de su naturaleza y programación, pero ya desde entonces se observó que el concepto de información es un concepto problemático, no un concepto solución, es un concepto indispensable, pero no es aún concepto elucidado y elucidante. “Porque, recordémoslo, los aspectos surgidos de la teoría de la información, el aspecto comunicacional y el aspecto estadístico, son como la pequeña superficie de un inmenso iceberg. El aspecto comunicacional no da cuenta para nada del carácter poliscópico de la información, que se presenta a la observación ya sea como memoria, ya sea como saber, ya sea como mensaje, ya sea como programa, ya sea como matriz organizacional” (Morin, 2003:49-50). Por ejemplo, el aspecto estadístico ignora por completo el sentido de la información, concepto que para nosotros es de vital importancia.

Con esto queda más claro por qué esta teoría fue transferida de inmediato al ámbito de la comunicación y, pese a sus carencias, desarrolló un papel muy importante en la fundación de los primeros modelos de la comunicación, todos ellos basados en la lógica de la teoría de la información.

La teoría de la información, en el sentido de Shannon y Weaver (1949), se basa en el concepto de información, definido por una expresión isomorfa con la entropía negativa de la termodinámica. De ahí que la esperanza de que la información sirva de medida de la organización […] En tanto que la teoría de la información ganó importancia en ingeniería de comunicaciones, sus aplicaciones a la ciencia no han llegado a ser muy convincentes […] La relación entre información y organización, teoría de la información y termodinámica, sigue siendo un problema decisivo […] (Bertalanffy, 2003:21).

 

En esta relación problemática entre información y organización nació un concepto contrario al segundo principio de la termodinámica y es el de homeostasia, que insistía únicamente en la tendencia al equilibrio, el cual se transfirió rápidamente al modelo psicoanalítico fundamental en el que sólo hay una tendencia básica hacia la satisfacción de necesidades o a la reducción de tensiones. En este punto se establece la crítica que Bertalanffy hace a dicho modelo y que a nosotros nos incluye totalmente debido a que define su punto de vista “más allá del principio homeostático: “Se diría que el modelo E-R y psicoanalítico es una imagen muy irreal de la naturaleza humana y, en sus consecuencias, bastante peligrosa. Precisamente lo que tenemos por logros específicamente humanos es difícil de subsimir bajo el esquema utilitario de homeostasia y estímulo respuesta” (Bertalanffy, 2003:112). Este peligro que se vislumbra entre el proceso estímulo respuesta es a lo que comúnmente se redujo el proceso de comunicación al incluir a un emisor y un receptor en relación a un mensaje. Este modelo altamente reducido se convierte en un estímulo-respuesta y en un modelo de causalidad. Nosotros consideramos, por tanto, que la teoría de la información cumplió el papel de posibilitar relaciones antes ignoradas, pero que cerró a sí misma las posibilidades de expansión solicitando la intervención de elementos externos de complejidad y una visión sistémica de las interrelaciones de las que forma parte en cada estudio, para nuestro caso de sus relaciones en el proceso de comunicación.

 

3.2.2. La comunicación entendida como un sistema

 

            Con la visión de sistemas que hemos incluido, queda completada la fundamentación epistemológica que nos va a permitir establecer la propuesta alternativa de un modelo de comunicación en un último capítulo, pero también nos permite establecer de entrada una formulación teórica específica para un campo específico. Cada uno de los procesos que hemos descrito a lo largo de la investigación tenderán a integrarse en un proceso general que aquí hemos denominado como proceso de comunicación. Es importante recalcar que el modelo que se persigue parte necesariamente de una base común a cualquier tipo de comunicación cuyas posibilidades se expandirán a la generalidad de los procesos comunicativos, no sólo aquéllos en lo que interviene el lenguaje articulado, sino en todos aquellos discursos cuya condición mínima es que un grado determinado de información sea interpretado. La visión sistémica de la comunicación nos va a permitir crear esta base común a todo fenómeno comunicativo y las relaciones entre cada proceso específico o particular, es así, que el modelo que se propone es un modelo multimodal, acorde a la realidad misma[58] de cómo se dan los diferentes procesos comunicativos micro y macro dentro de un espacio semiótico concreto.

            Los procesos comunicativos a los que hemos hecho alusión desde el comienzo de la investigación se circunscriben en un nivel micro de complejidad por el número de elementos y procesos que se suceden en su interior, nos referimos al proceso intrapersonal, interpersonal, grupal y colectivo. Los procesos donde intervienen los medios masivos de información o los intercambios comunicativos entre espacios geográficos concretos (América Latina, Europa, etcétera) o entre países, aquí son considerados como procesos macro comunicativos, puesto que tanto los elementos como los procesos que se generan y sus mutuas relaciones son de un orden de complejidad mayor. Entonces, lo que plantea es una guía metodológica de discernimiento entre lo que es y lo que no es comunicación, la dinámica de las relaciones micro comunicativas y la manera en que cada micro proceso se entrelaza con muchos más para crear una red comunicativa o macro proceso comunicativo. Esa red que se teje entre cada micro proceso no es más que la construcción de un sistema, el cual corresponde al orden de la comunicación, es el sistema de la comunicación humana al cual accedemos desde la misma teoría de la comunicación con una perspectiva semiótica.

      Existe por tanto una doble implicación sistémica que hemos desarrollado como fundamentación epistemológica, la cual corresponde al orden de los conceptos y al orden de las relaciones entre ellos. En el orden de los elementos/conceptos, el recorrido por el proceso de significación estableció los modos de significar, las vías de análisis que se han seguido, el lugar de pertinencia del significado como unidad cultural y, el código. A cada uno de estos procesos le asignamos una letra arbitraria a fin de establecer más adelante únicamente sus relaciones: A, B, C y D respectivamente. Ahora bien, en el análisis del proceso de comunicación establecimos el problema del emisor, receptor y la linealidad; la dinámica del código y; la dinámica del proceso de comunicación, a los cuales, les asignamos de igual forma una letra arbitraria: E, F y G respectivamente. Esto es únicamente lo que corresponde a nuestro objeto de análisis. Tenemos entonces siete macro conceptos cuya característica principal es que poseen y generan su propio proceso de construcción al interior de sí mismos, proceso que ha sido descrito detenidamente en el capítulo II. La comunicación es explicada entonces por:  A) los modos de significar, B) las vías de análisis del modo de significar, C) el significado como unidad cultural, D) el código, E) el problema del emisor, el receptor y la linealidad, F) la dinámica del código y, G) la dinámica del proceso de comunicación. Por fines analíticos, cada una de las letras –procesos- será considerada como un micro sistema.

Ahora bien, los modos de significar (A) y las vías que se han seguido (B) corresponden a un tiempo y a un espacio concretos, que en la comunicación se remonta al desarrollo de la teoría de la información, pero al nosotros haber incluido el binomio persuasivo/interpretativo y, sobre todo, el código (D) y su dinámica (F) dentro del proceso de significación, nos dimos cuenta de que las concepciones teóricas bajo las que estaban cimentados los modelos explicativos de lo que nosotros consideramos como el proceso de comunicación, requerían de una fuerte reestructuración. Es así, que determinamos que los procesos comunicativos nunca pueden ser estáticos, sino que están inmersos en una dinámica (G) constante que les permite actualizarse e intercambiar información con el espacio semiótico en su totalidad. Las relaciones se reducen entonces a cuatro nociones básicas: “El proceso de comunicación requiere que necesariamente más de dos códigos estén presentes, cuya condición permita efectuar un proceso de significación determinado, que sin importar cual sea su resultado, produzca un cierto sentido para alguien”.  En este primer acercamiento a una posible definición, ponemos en relación sistémica cada uno de los macro conceptos que hemos mencionado, pero partiendo de los procesos particulares de cada uno de ellos. Hasta aquí, corresponde a la primera relación sistémica que planteamos entre elementos.

La segunda implicación es del orden de las relaciones entre los elementos que ya hemos mencionado, para ello definimos como herramienta principal a la semiótica, la complejidad, y la teoría de sistemas. Pero sin aventurarnos sobre la propuesta concreta que será desarrollada en el siguiente capítulo, podemos decir, que muchos de los elementos al interior de cada micro sistema se dan de forma simultánea con otros elementos de otros micro sistemas, pero la única forma de acceder a ellos para un posible análisis es por medio de la complejidad, y la única manera de entenderlos en su praxis comunicativa es por medio de la teoría de sistemas. Con esto, podemos definir al proceso de comunicación como un sistema compuesto de muchos subsistemas que funcionan de manera simultánea, evidentemente todo aquello que sea utilizado como explicación del mismo, tendrá que ser entendido como metasistémico. Por lo que el mismo proceso como forma conceptual de descripción, será un subsistema del fenómeno de la comunicación, y aquí habremos descrito tan sólo la célula misma del fenómeno. De esta manera, habrá que identificar cómo este pequeño fenómeno que hemos descrito se pone en relación con los demás subsistemas isomórficos y no isomórficos. Una vez hecho esto, será necesario establecer las relaciones entre sistemas, lo cual nos llevaría a la posible creación de modelos multidimencionales y territoriales de intercambio entre sistemas comunicativos (por ejemplo en América Latina). Por lo tanto, no se puede estudiar la comunicación en ningún momento o estado como un fenómeno en equilibrio, si acaso, se podrá entender como un fenómeno uniforme y dinámico, al ser considerado éste como sistema u organización, es decir, en estrecha relación a nociones como totalidad, diferenciación, orden jerárquico, dominancia, control, competencia, etcétera (Bertalanffy, 2003).

Partimos entonces, desde la fundamentación epistemológica que hemos presentado, a la propuesta concreta del modelo alternativo de comunicación, en el cual se articularán cada uno de los principios, elementos, conceptos y relaciones que hemos expuesto hasta este punto a lo largo de la investigación.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPÍTULO IV

HACIA UN MODELO COMPLEJO DEL PROCESO DE COMUNICACIÓN HUMANA

 

 

            Durante el desarrollo de la presente investigación, establecimos macro conceptos que van desde el proceso de significación y el proceso de comunicación con sus elementos respectivos, los que a su vez hemos puesto en relación sistémica bajo el paradigma de la complejidad. Así, hemos llegado a nuestro cuarto y último capítulo donde sugerimos un modelo alternativo de la comunicación desde los fundamentos epistemológicos y visión semiótica que ya hemos expuesto anteriormente, sin embargo, es necesario hacer un breve recorrido de recordatorio sobre los macro conceptos que hemos propuesto, en vías de su articulación en un esquema final que nos ayude a explicar lo que entendemos por comunicación. El recordatorio tiene la finalidad de extraer lo conceptos y elementos que ya hemos explicado pero que utilizaremos en el modelo final.

Sin embargo, es conveniente que aclaremos que nuestra idea de Modelo esta ligada con la de Denis Mcquial y Sven Windhal en cuanto a que un modelo es una descripción conscientemente simplificada en forma gráfica de un fragmento de la realidad, el cual busca mostrar los principales elementos y las relaciones que se establecen entre estos (Mcquail, 1993). Deutsch[59] nota las siguientes ventajas de los modelos en las ciencias sociales: i) los modelos tienen una función organizativa ordenando y relacionando sistemas entre sí y proveyéndonos de imágenes completas que nosotros de otra manera no percibiríamos. Un modelo da un panorama general de un rango de diferentes circunstancias particulares ii) ayuda en la explicación proveyendo en una forma simplificada información que de otra forma sería complicada o ambigua. Esto le da al modelo una función heurística al poder guiar al estudiante o al investigador a puntos claves de un proceso o de un sistema y; iii) el modelo puede hacer posible predecir el resultado o el curso de un determinado evento.  Pude ser al  menos una base de probabilidades a varias alternativas de resultado y por lo tanto, sirve para formular hipótesis en la investigación.

Por lo anterior, consideramos necesaria la esquematización de un estudio teórico-analítico que hemos realizado hasta este momento, haciendo nuevamente un recorrido retrospectivo a fin de ir estableciendo, como ya dijimos, macro conceptos que finalmente serán entendidos como procesos o elementos dentro del esquema general que se plantea más adelante.

 

 

4.1.  Los primeros esquemas o los micro procesos comunicativos

 

Hemos dicho que un proceso imprescindible a la comunicación es la interpretación de un grado determinado de información a fin de producir un significado. Al partir de la perspectiva semiótica, iniciamos el proceso de significación a través de la teoría del signo. Por fines metodológicos, regresaremos al ejemplo que ya hemos planteado en 2.2.3 que nos permitirá ir creando lo primeros esquemas: un sujeto “X” va caminando por la calle y al intentar atravesar una esquina encuentra en la banqueta opuesta un cartel blanco con un círculo negro en el centro. Sobre este ejemplo podemos desprender que: i) independientemente de lo que el sujeto “X” crea o interprete que se signifique aquel cartel, ha habido un proceso de semiosis (significación) y que; ii) en el proceso de semiosis ha intervenido un factor social que funciona como banco de datos previos al encuentro mismo con el cartel y como fuente primaria en el proceso de significación.

            En esta primera consideración, encontramos que un intérprete ha considerado algo como signo, lo que a su vez se puede considerar como un determinado grado de información que requiere ser interpretada, es decir, que no sólo está funcionando como estímulo (en este caso visual) sino que está generando un determinado sentido. Esta primer consideración puede ser entendida de la siguiente forma.

 

En este caso, las líneas representan relaciones y las flechas procesos (vease 2.1.1)

 

 

     El significado por lo tanto es devenido y tiene una mira  y una pertinencia, además de articularse bajo un código específico que generalmente versa sobre sistemas de oposiciones, pero del cual podemos decir que es consensuado, dinámico y funciona como una secuencia de reglas que regula y da cierto orden a los sistemas de significación. Así, siguiendo con el ejemplo que ya hemos mencionado, le agregamos que el sujeto “X” se encuentra acompañado por un sujeto “Y” quien asume que el cartel en realidad “no quiere decir nada”, entonces el proceso comunicativo se ha complicado. Ahora no sólo intervienen los elementos que hemos mencionado, sino que se ha sumado un sujeto más (Y) quien se ve afectado por los mismos elementos que el sujeto “X”. Para entender esto, es necesario dejar a un lado la estructura cognitiva individual, y las formas de idiolecto. Hasta este momento sólo hemos hablado de la intervención de los sujetos, no hemos hablado nada del cartel ni de sus cualidades significantes, pero una vez que los sujetos se han puesto a discernir lo que pudiese significar (primero de forma individual antes de socializar el discurso), el cartel sufre una constante re-semantización de su significado. A esto hay que agregar que dicho proceso se verá afectado directamente por un espacio social (contexto), es decir, aquél donde queramos situar a nuestros actores.

Cuadro de texto: “n” posibles
Significados

 

            Hemos dicho durante la investigación que los procesos comunicativos requieren necesariamente más de dos códigos y que por lo menos uno de ellos sea intraducible en el sistema semiótico opuesto ya que eso implicaría una transmisión de información y no una interpretación de información[60]. La dinámica del código a la que ya hemos hecho referencia en 2.2.2, actualiza el acto comunicativo en sí y pone en relación semiótica a los individuos que se encuentren en un determinado espacio semiótico, traduciendo y poniendo en relación sus códigos personales y los de su consideración de algo como signo. Para el ejemplo que hemos venido señalando, se establece un código rector al interior de un sistema semiótico específico del que se ha devenido una construcción sígnica (el cartel), la cual ha sido puesta en relación con otros dos sistemas de significación con sus propios códigos rectores. Si no existiera la posibilidad de la intraducibilidad de los códigos, ambos intérpretes (X y Y) construirían exactamente igual el signo o texto semiótico (cartel), lo cual indicaría que su proceso interpretativo y de atribución de significado produciría el mismo sentido para ambos. Esto en realidad, convertiría nuevamente al proceso en una transferencia de información más que en un proceso de comunicación. Con la intraducibilidad y existencia de sistemas pluricódigo, se asegura una interpretación diferente desde cualquier sistema de significación o desde cualquier intérprete. Se tiene entonces un proceso de múltiples significaciones y consensos en torno al código, con lo que reiteramos su importancia en tanto acto. Es decir, el código es importante no como regulador u ordenador, sino en tanto proceso de codificación. Para el ejemplo que hemos venido señalando, partimos, por fines metodológicos, del sistema de significación del cartel, para después explicar cómo es que se da el proceso de intercambio/traducción de los códigos y cómo es que se puede llegar a un significado convenido o consensuado.

 

 

Es evidente que hablamos de un micro proceso, pero esto nos permite establecer éste, y cualquier proceso similar, como un sistema. Todos los micro procesos comunicativos como éste, que se pueden extender incluso a la comunicación entre grupos, se colocan en un grado de complejidad menor a los macro procesos que iremos estableciendo, con esto, ponemos en estrecha relación la visión sistémica con los fundamentos epistemológicos de la comunicación que hemos ubicado a un nivel semiótico.

Tenemos entonces que cualquier micro proceso comunicativo[61] como el que hemos presentado se pone en relación con muchos otros micros procesos para generar una red de procesos que es lo que aquí consideramos comunicación humana. Todo esto dentro de un espacio semiótico dado. Cada micro proceso genera un grado potencial de sentido, pero no es sino hasta su relación de significación con otros sistemas de significación que se activan cada uno de los procesos que ya hemos descrito al interior de cada sistema, produciendo un determinado sentido. Pero este proceso se puede repetir –y de hecho lo hace- a cada momento y con cada nuevo grado de información, es decir, que este proceso se está generando de forma simultánea con el resto de procesos con los que tenga relación y con lo que no la tenga. Entonces, cada sistema de significación puede ser estudiado como un sistema cerrado en tanto micro sistema, pero una vez que éste se abre al espacio semiótico completo y a las relaciones con otros sistemas, tendrá que ser entendido como sistema abierto. La comunicación siempre es acción, al igual que los signos y la semiótica.

 

 

La apertura de cada micro sistema le permite la actualización de su información y de sus elementos a través de la relación con otros micro o macro sistemas de significación. La comunicación por tanto no es uno de los procesos que hemos descrito, sino que es el resultado de todos ellos, no la suma, sino todos al mismo tiempo, es por eso que su nivel de complejidad dependerá del proceso comunicativo que se esté estudiando. Esta suerte de simultaneidad es la que permite a la comunicación inscribirse en todos los ámbitos de la vida del ser humano y lo que imposibilita explicarla por medio de modelos lineales. Haciendo un breve resumen de lo que hemos descrito hasta este momento y en relación con el ejemplo citado encontramos que:

1. Las condiciones de significación tienen que ver directamente con lo que denominamos espacio social (cultura), es decir el espacio donde “dos sujetos (X y Y) se encuentran interactuando con un objeto/mensaje que le provee cierta información (cartel). Cada uno de estos tres elementos es un s-código (subsistema) que más tarde será socializado y regido por uno código (sistema) general. No hablamos de un emisor ni un receptor, sino de ambos (“X” y “Y” ) de forma simultánea que significan un mensaje (el cartel), todo esto en un tiempo determinado.

2. Es necesario que existan más de dos códigos en juego para que podamos estar hablando de un proceso de comunicación. En nuestro caso, están en relación el código social de la lengua, el icónico, el señalético, normas y valores, etc., que influirán directamente en el proceso de semiosis de cada sujeto. Esta condición implica que no existe una jerarquía definida de los códigos, sino que éstos pueden ser intercambiados de posición jerárquica  de acuerdo al caso específico que se estudie. De igual manera, las reglas y los elementos que los conforman pueden sufrir un reacomodo semántico y sintáctico. El círculo (elemento icónico) puede ser importante para el código icónico, pero al ser transferido dicho elemento al código verbal, puede no ser de relevancia, transfiriendo su nivel de relevancia (posición jerárquica) a la forma, tamaño, color, etcétera.

3. El tiempo implica la equifinalidad y la ambivalencia del proceso. Aún con la idea de la simultaneidad, es necesario que el proceso, por su dinámica-movimiento, requiera de la noción de un “antes” y un “después”, es decir, de un transcurso temporal, pero dicho tiempo tiene que ser simultáneamente concomitante (en interdependencia). Además, este tiempo tiene que transcurrir en un espacio determinado, que ya antes hemos denominado como la cultura (ese gran “todo” semiótico del que hablábamos antes).

4. En el proceso que hemos descrito, se hacen plausibles las relaciones objeto-objeto, sujeto-objeto, etcétera, además de todas aquellas que involucren medios electrónicos de comunicación y formas de comunicación interpersonales (de masas).

5. El proceso de comunicación al que hemos hecho referencia, se inscribe en un nivel primario de complejidad, no porque los niveles[62] hagan referencia a una cantidad de complejidad, sino a modos o cualidades de complejidad. Así, aunque las relaciones que se establecen entre los elementos de este primer sistema son de simultaneidad, habrá que tomar en cuenta que este sistema estará en relación con muchos otros sistemas isomórficos y no isomórficos.

 

“n” sistemas posibles pero finitos

 

Sistema B

 

 

Así, dirigimos la discusión de los modelos de comunicación hacia la recuperación de su cualidad dinámica y compleja, no porque se intente construir un modelo totalizador de los diferentes fenómenos comunicativos, sino porque es importante estudiar la comunicación como lo que es, un fenómeno complejo.

 

 

4.2. La esquematización de la propuesta

 

            Una vez hecho el recorrido por los micro procesos podemos establecer su relación con los macro procesos, pero es necesario recordar que en este último punto vamos a utilizar todos y cada uno de los elementos, conceptos y relaciones que ya hemos descrito de manera particular a lo largo de la presente investigación.

            Tenemos entonces que cada micro proceso se relaciona con muchos más, los cuales van a generar una mira y un grado de pertinencia de cada sistema de significación. Durante la relación entre los sistemas se activan los diferentes procesos de codificación, decodificación y traducciones del código, al interior de cada sistema y entre éstos, todo esto sucediendo, primero dentro de cada espacio semiótico concreto y después en el todo semiótico (semiosfera). Una vez que esa relación se ha dado, se establece un sistema en el que es posible identificar el proceso y la constitución de sus elementos, en tanto un proceso ya constituido como tal. Esto es, que el análisis o metodología que planteamos es sobre procesos comunicativos concluidos, cerrados o en constitución, no en tanto potencialidad de ser, porque si no han sido no es posible determinar sus elementos, las relaciones entre éstos, sus procesos al interior y sus intercambios en el exterior. Hay que recordar que esta constitución de los elementos y los procesos se da de forma simultánea. Pero una vez que se ha activado la dinámica del código, es posible interpretar determinado grado de información, lo que a su vez producirá un determinado SENTIDO[63]. Esto es a lo que llamamos un proceso de comunicación, una vez producido este sentido se podría considerar como sistema cerrado hasta que nos sea puesto, una vez más, en relación con otros sistemas de significación.

            Este proceso se repite constantemente porque constantemente se ponen en relación los sistemas de significación, es a este espacio semiótico al que nosotros hemos llamado como el espacio de la cultura, la semiosfera fuera de la cual es imposible la semiosis. Todos los procesos culturales no son otra cosa que la constante interacción entre sistemas de significación que generan diversos sentidos y lo hacen a través de la comunicación y su acción. Se podría decir entonces que esta es la gran dimensión pragmática de la comunicación en tanto interacción de los intérpretes con los sistemas semióticos y su mutua relación.

4.3. Los macro conceptos y sus relaciones

 

               En realidad, el esquema del modelo general presenta la articulación de cada uno de los macro conceptos que hemos definido y establecido durante el desarrollo de la presente investigación, y se constituye a sí mismo como una posible guía metodológica en investigaciones que involucren fenómenos comunicativos de cualquier índole. Por último, es necesario poner en relación a cada elemento y macro concepto que establecimos en un último esquema. En dicho esquema, cada flecha indica un proceso y cada línea una relación, los conceptos resaltados con letras más oscuras son los que establecimos como macro conceptos y cada bloque A, B y C deben ser entendidos como sistemas (de significación).

              


 

 

 

 

 

 

 

 


Sistema de significación A

 
                                                                                             

 

 

 

Espacio semiótico/semiosfera/cultura

 

 



               El esquema anterior muestra la distinción analítica de las dimensiones de la semiótica que ya hemos mencionado en 3.1.2 y que corresponden al nivel semántico, sintáctico y pragmático.

               En lo que corresponde a la parte izquierda del esquema englobado en lo que hemos denominado como “información”, corresponden los órdenes estructurales y de relaciones semánticas de los flujos informativos, así mismo, corresponde a esta primer etapa la construcción sígnica y el establecimiento de un marco de referencia o punto de partida en la construcción del sentido. Es en este momento del proceso en donde se genera la primer forma de significación que más tarde dará pie a la construcción de dicho sentido, al tiempo que se establecen los primeros elementos y micro procesos del proceso general de la comunicación. Para nuestro ejemplo, es en este momento en donde se establecen al cartel y a los sujetos como elementos del proceso, al tiempo que se establecen las relaciones entre éstos y se establecen los procesos y los sistemas de significación. Se establece el campo de la señalética, el campo social/cultural de cada uno de los sujetos y se articulan sus relaciones en función de un significado preliminar o individual como lo hemos llamado antes.

               La segunda etapa corresponde a la dimensión pragmática de la semiótica, es decir, la acción misma de la comunicación. Cada uno de los elementos y procesos que hemos descritos existe de forma potencial o previa a su constitución como tal, pero no es sino hasta su puesta en acción que se pueden entender como tal. Parece entonces que en este punto gracias a la pragmática se pueden entender la semántica y la sintáctica, o bien, que ambas se encuentran contenidas en ésta de forma tácita. Esta segunda etapa del proceso comunicativo[64] es la más importante porque es aquí en donde se genera el sentido a partir de la acción de todos los procesos y elemento que intervienen en el proceso. Es gracias a la pragmática que se entienden las transformaciones de los flujos informativos en determinados significados que posibilitarán más tarde la generación o producción de sentido.

            En un principio nos preguntábamos ¿Es este sentido devenido producto del proceso de comunicación? Ahora nos podemos contestar que sí, pero sin perder de vista la multiplicidad de micro procesos que intervienen en eso que hemos denominado como “proceso de comunicación” y una vez más, habrá que entenderlo como producto de, como resultado de la interacción entre determinados elementos y determinadas relaciones que se establecen entre éstos. De igual forma, esta segunda etapa, que corresponde al lado derecho del esquema, se entiende únicamente bajo la acción de la comunicación.

Haciendo una analogía con la teoría de Saussure (Saussure, 1998), nuestras dos etapas corresponderían a la dicotomía lengua/habla, siendo la primer etapa la lengua y la segunda el habla, la utilización de los elementos y de los sistemas de significación que se encuentran en relación producto del intercambio de información. Se podría decir que la segunda etapa corresponde al acto de enunciación. Con esto queremos decir que esta segunda etapa es de suma importancia porque es en donde se articulan todos los elementos y micro procesos pero cumpliendo su función en tanto acción, movimiento, actualización, transformación, traducción y procesos. Es la praxis de la comunicación en un entorno determinado y producto de un flujo informativo. Es a lo que nosotros llamamos “comunicación humana”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CONCLUSIONES

 

Al plantear la presente investigación buscábamos un objetivo específico que era la elaboración de un modelo teórico de los procesos comunicativos que se acoplara a la realidad latinoamericana y en específico a la de México, además de que pudiese contribuir a la consolidación de la comunicación como un campo de estudio particular. Pero la metodología que nos planteamos desde un inicio nos fue guiando de lo concreto hacia lo general, lo que supuso un cambio radical en el objetivo específico, ya no sería un modelo exclusivo, sino que se convertiría paulatinamente en una descripción general de procesos generales de comunicación. Este primer cambio, producto de los años de investigación, estableció un primer marco de referencia para hablar de la comunicación al establecer conceptos generales para una gran cantidad de procesos comunicativos y se consolidó así en uno de los principales aportes, entendido éste como posible metodología para posteriores análisis de procesos comunicativos.

Esta misma vía que se siguió encontró dos conceptos paradójicos, el de significación y el de sentido. El estudio derivado de una lógica de modelos teóricos de corte informacionista consolidaban la idea de la significación como macro concepto o concepto imprescindible para cualquier proceso de comunicación humana, pero la entrada de la semiótica pragmática o la corriente pragmatista pugnaba más por la consideración de la generación y/o producción de sentido. Este punto fue de vital importancia porque involucraba de lleno la visión semiótica que desde un principio decidimos seguir, así, entendiendo a la semiótica como ciencia unificada y de acuerdo con las tres dimensiones que se proponen (semántica, sintáctica y pragmática) se abrieron nuevos caminos que la investigación no tenía previstos en un principio, y resultado de esto es la inclusión de la producción de sentido en la comunicación.

Entendemos que la comunicación, como dimensión, esta propuesta para la semiótica como ciencia unificada, pero no esta descrita, y es aquí en donde centramos nuestro principal aporte al campo teórico de la comunicación, en la propuesta de una metodología de análisis de la comunicación desde la comunicación desde una perspectiva semiótica, describiendo los micro y macro procesos que se generan al interior de la generalidad de los procesos de comunicación humana. Con esto le asignamos un valor y un lugar a la comunicación en las grandes teorías de la significación.

Pero al tiempo que la investigación fue creando nuevos caminos y vías de análisis, fue generando nuevas interrogantes, muchas de las cuales se quedan como cuentas pendientes para futuras investigaciones, tal es el caso de la interacción, la enunciación, la profundización en la semiótica pragmática, etcétera. No obstante, los logros de la investigación superaron los objetivos iniciales y convirtieron al modelo en una explicación de la generalidad de los procesos comunicativos, lo que nos ayudará a definir desde un comienzo si estamos o no ante un proceso comunicativo, y si es así, cuáles son sus elementos, sus procesos y cómo se articulan estos, todo desde un espacio social concreto.

De la linealidad a la complejidad en comunicación desde una perspectiva semiótica fue el tema central de la investigación, lo que presentó un reto que consistía en integrar la visión de la teoría de sistemas, la complejidad, la semiótica y las teorías de la comunicación, en concreto los modelos de comunicación. Consideramos que los resultados producto de la investigación abren nuevos caminos que tendrán que ser explorados y que aquí se presentaron los fundamentos epistemológicos que más tarden van a posibilitar esas futuras investigaciones, una de las cuales (a nivel personal) se ha convertido en el tema central de estudios de posgrado.

Sin duda alguna la discusión sobre la consolidación de un campo específico o un campo académico propio de la comunicación, una ciencia de la comunicación, esta lejos de ser resuelta, de igual forma la discusión en tanto “teorías de la comunicación”; pero nosotros consideramos que una propuesta que nace desde la comunicación y cuyo objeto de análisis es la comunicación, puede representar un aporte para inclinar la balanza hacia el reconocimiento o la construcción de un campo con estas características. Es evidente que una tarea de semejantes dimensiones no puede ser responsabilidad de unos cuantos, sino de la gran mayoría de investigadores o estudiosos de la comunicación, así, al concluir una etapa que corresponde a la formación a nivel licenciatura, pretendemos integrarnos de lleno en la discusión con una propuesta concreta.

Para nosotros recién se abren las puertas de la discusión de un campo disciplinar, de las construcciones teóricas de un campo o ciencia, de los modelos que la explican o de las agendas nacionales e internacionales en torno a la reflexión e investigación de la comunicación, sin embargo, intentamos ingresar a ese campo desde la propuesta teórica de un modelo de comunicación, modelo que seguramente sufrirá muchos cambios o adecuaciones de acuerdo al tiempo y los espacios.

Finalmente abría que agregar que uno de los principales frutos producto de la investigación fue la posibilidad de formar parte de la Red de Estudios en Teorías de la Comunicación (REDECOM) y dirigir la mirada hacia la “comunicología posible”, hacia la ciencia de la comunicación, que definida en palabras de Jesús Galindo y en una perspectiva sistémica, hablaríamos de la comunicología como un “estudio de la organización y composición de la complejidad social en particular y la complejidad cosmológica  en general,  desde la perspectiva constructiva-analítica de los sistemas de información y comunicación que las configuran”. Es decir, que los retos implican relacionar la presente investigación con el proyecto general de “hacia una comunicología posible”, principalmente porque consideramos, como producto de la investigación, que esta es de las mejores vías que existen en para la consolidación de un campo de estudio específico. No sólo por el programa de trabajo, sino por la importancia que tiene su construcción teórica en el plano nacional e internacional.

El primer pasó fue crear esta fuente epistemológica primaria que permitiera cimentar el camino hacia un programa mayor, ahora los retos son otros y el programa de trabajo ha cambiado, sin embargo, parte fundamental de este nuevo camino es la presente investigación y sus alcances momentáneos. Por ahora cerramos un trabajo que corresponde a la articulación de principios constructores en los que tendremos que profundizar aún más en un proyecto posterior.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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CARLOS EMILIANO VIDALES GONZÁLES

 

Morelia, Michoacán                      julio    2005

 

 

 



1 Estos nuevos enfoques o nuevas formas de entender y estudiar a la comunicación están en estrecha relación con los tiempos históricos, los paradigmas rectores y el lugar de procedencia de las reflexiones. Por ejemplo, “en 1948, el norteamericano Claude Elwood Shannon publica una monografía titulada The Mathematical Theory of Communications en el marco de las publicaciones de investigaciones de los laboratorios Bell System, filial de la empresa de telecomunicaciones American Telegraph / Telephone (ATT). Al año siguiente la Univesidad de Illinois publica la monografía, comentada por Warren Weaver, coordinador, durante la Segunda Guerra Mundial, de la investigación sobre las grandes computadoras. Matemático e ingeniero electrónico, Shannon se unió en 1941 a los laboratorios Bell, en los que, durante la guerra, trabajó sobre todo en criptografía. Con ocasión de este trabajo sobre los códigos secretos expone hipótesis que reaparecen en su teoría matemática de la comunicación” (Mattelart, 1997).

2 Aunque no descartamos la importancia del principio de linealidad, el cual se justifica dentro de la historia de las ciencias sociales y del pensamiento en comunicación por ser de los ser los primeros intentos en graficar procesos. Sin embargo, consideramos que al explicar la transferencia de información sólo explican una parte del proceso comunicativo, el cual, desde nuestro punto de vista, requiere de la inclusión de elementos y conceptos diferentes que iremos describiendo a lo largo de la presente investigación.

[3] Presentación de Jesús Galindo durante el seminario “Hacia una Comunicología Posible”. Primera sesión 25 de junio de 2005, Universidad Autónoma de la Ciudad de México. Apunte Personal.

4 Entendemos a la refundición epistemológica como la articulación de fundamentos epistemológicos ya existentes/precedentes con aquellos que se propongan como nuevos/diferentes para la fundamentación de un estudio o como sustento teórico para la propuesta del modelo.

5 La inclusión del paradigma de la complejidad responde a dos principios que consideramos imprescindibles para la propuesta del modelo, y estas son la posibilidad de entender a lo “uno” y lo “múltiple” al mismo tiempo y la posibilidad de la simultaneidad de procesos (véase 2.3.). Para esto hemos seguido principalmente los postulados de Edgar Morin (Morin, 2003).

6 Además de que estuvieron y están seriamente avocados a los fenómenos vinculados a los medios de información y tecnologías de información.

7 Es importante recalcar que en esta investigación sólo estamos tomando en cuenta aquellos modelos que parten del principio de linealidad y estamos dejando a un lado aquellos que parten de lógicas o principios diferentes como es el caso, por ejemplo, de “la espiral del silencio” de Elizabeth Noelle-Neuman (Noelle-Neuman, 1995).

8 Pero aquí una contradicción entre el campo académico y la oferta educativa en el sentido de un incremento nacional en la matrícula de las carreras de comunicación, las cuales ofrecen como alternativa educativa un campo académico en reestructuración. Tal vez esto corresponda, como dice Luiz C. Martino, en afirmar que la entrada de la comunicación a la escena intelectual no se deba a la consistencia de su fundamentación teórica sino a una fuerte demanda social. (Véase Fuentes, 1998 y  Luiz C. Martino en Vassallo y Fuentes, 2001).

9 Lo anterior nos lleva a otros niveles de análisis que tienen que ver con la comunicación como ciencia, disciplina, como institución y como campo profesional, el problema es que cada uno de estos caminos nos conduce a lugares reflexivos distintos aunque todos ellos se encuentren relacionados entre sí. Nosotros no intentamos entrar en los niveles del campo profesional ni en la discusión de la comunicación como institución, sino que nos insertamos en la reflexión de la comunicación en tanto ciencia o disciplina, en el nivel teórico de ésta, el cual nos llevó al problema de su constitución como tal.

10 Más tarde se hablará más al respecto y se entenderá a la semiótica como un punto de vista desde donde se pude hablar de la comunicación (Véase punto 3.1.2).

11 Por la importancia de cada término que hemos establecido como todo un proceso, cada uno de ellos será estudiado de manera separada en los siguientes capítulos.

12 Véase punto 3.1.2.

13 Aunque a la complejidad le dedicamos un apartado específico es necesario recalcar que además de los dos principios que seguimos (de los que ya hemos hecho mención) la entendemos como el paradigma que nos va a permitir incluir el binomio persuasivo/interpretativo que propone Oscar Quezada Machiavvelo (Quezada, 1996) y que nos aleja del principio de linealidad. Esto, además de permitir la articulación de todos lo procesos que iremos describiendo, nos va a permitir la creación de macro conceptos que son imprescindibles para nuestra propuesta final (véase punto 2.3). 

14 Nos referimos con deconstrucción a la posibilidad de utilizar ciertos elementos o procesos que se describen en los modelos lineales, es decir que no pensamos en su desaparición sino en su re-adaptación a un modelo diferente, complejo.

15 Estos sistemas isomórficos pueden ser entendido como los procesos comunicativos en sí, por ejemplo la comunicación interpersonal puede ser entendida como un sistema que es isomórfico a otro proceso interpersonal con el que puede compartir ciertos elementos y procesos. Pero estos mismos sistemas son no isomórficos con la comunicación de masas. 

16 Este punto será tratado con detenimiento más adelante (véase punto 2.2.2).

17 Véase Umberto Eco (Eco, 1992).

18 Por ejemplo el racionalismo, el empirismo, el intelectualismo o el apriorismo. Véase Johannes Hessen (Hessen, 2003).

19 La mitología de la prolepsis se refiere a la búsqueda de la significación retrospectiva de una obra, lo que presupone la presencia de un cierto telos significativo implícito en ella y que sólo en un futuro se revela. (Palti, 1998:30).

20 Véase Iuri M. Lotman (Lotman, 1998:97).

21 Tomás de Erfurt hacia el año 1350 produjo, entre otros trabajos, la Gramática especulativa donde dedica una parte -desde la lingüística- al estudio de la significación. Para este proceso establece seis parámetros que se deben tener en cuenta: i) cómo se divide y describe el modo de significar, ii) de dónde se origina radicalmente el modo de significar, iii) de dónde se toma inmediatamente el modo de significar, iv) cómo el modo de significar se distingue del modo de entender y del modo de ser, v) en dónde se encuentra el modo de significar y, vi) qué orden guardan mutuamente los términos signo, dicción, parte de la oración y término (Pérez, 2000).

[22] ...[M]is tres grados de Interpretantes fueron obtenidos razonando, a partir de la definición de Signo, qué tipo de cosa debería ser relevante y, luego, buscándola. Mi Interpretante Inmediato está implícito en el hecho de que cada Signo debe tener su Interpretabilidad peculiar antes de obtener un Intérprete. Mi Interpretante Dinámico es aquel que es experimentado en cada acto de interpretación, y en cada uno de éstos es diferente de cualquier otro; y el Interpretante Final es el único resultado Interpretativo al que cada Intérprete está destinado a llegar si el Signo es suficientemente considerado. El Interpretante Inmediato es una abstracción: consiste en una Posibilidad. El Interpretante Dinámico es un evento singular y real. El Interpretante Final es aquel hacia el cual tiende lo real [Peirce citado en Rivas (Rivas, 2001)].

23 Peirce citado por C. Sini en Jesús O. Elizondo Martínez (Elizondo, 2003:50).

[24] Estas primeras reflexiones nos llevan a lo que más tarde entenderemos como la dimensión pragmática de la semiótica y que será de mucha importancia para el desarrollo posterior del modelo, al incluir lo que hasta este momento hemos llamado acción, es decir, la acción de los signos en relación con un sujeto, ya sea de enunciación, de audición, de contemplación, de reflexión, etcétera. Lo importante es entender la dimensión de la acción y la interacción que hasta este momento hemos recién descrito de forma breve (véase punto 3.1).

25 El hecho de que los signos sean “significados” debe de entenderse en el sentido del proceso de significación, de atribución de significado no en el sentido del signo de Saussure, es decir, significante/significado.

26 En este sentido, hay que entender a la univocidad como un texto que se puede “pensar bien” de varias maneras (Lotman 1997: 73).

27 “Cuando se ven independientemente de otros sistemas con los que se los puede poner en relación, los s-códigos pueden considerarse como ESTRUCTURAS, es decir, sistemas (i) en que los valores particulares se establecen mediante posiciones y diferencias y que (ii) se revelan sólo cuando se comparan entre sí fenómenos diferentes mediante la referencia al mismo sistema de relaciones” (Eco,  2000:67).

28 Un ejemplo muy claro es el sistema musical, en el cual el código se convirtió en una dificultad al tratar de establecer el significado del proceso de semiosis.

29 Es importante señalar que esta clave presupone la traducción de información, a diferencia de nuestra noción de código que establece la interpretación de información. Se debe entender también que la información puede ser desde el lenguaje articulado hasta cualquier estímulo sensorial. Esta distinción es muy importante porque es lo que más tarde analizaremos como parte medular del proceso comunicativo.

30 Esto es lo que pasa generalmente con sistemas de significación muy complejos como en la música, donde, por ejemplo, un código sintáctico se sobrepone a uno semántico dando la apariencia de un sistema a-semántico. Secuencias de significantes sin significado.

31 Los textos son entendidos como conjuntos significantes (de signos) que son devenidos a la mente del sujeto involucrado en  forma de unidad. Una pintura, una pieza musical, la ropa o el festejo de una tradición son considerados textos semióticos. Aquí se deja de lado la idea de un signo aislado, puesto que éste deja de tener importancia si no es puesto en relación con algún otro. El signo aislado, desde este momento, deja de funcionar en tanto unidad, para transferir su importancia a sus relaciones con los demás signos en el seno de lo social. Esta forma de entender a los conjuntos de signos es a lo que llamaremos “textos” semióticos.

32 “Llamaremos mensajes nuevos  a los que no surgen como resultado de transformaciones  unívocas, y, por consiguiente, no pueden ser inferidos automáticamente  de cierto texto inicial mediante la aplicación al mismo de reglas  de transformación  dadas de antemano” (Lotman 1998:26).

33 La idea de los códigos disímiles corresponde a la necesidad de códigos diferentes, que no puedan ser íntegramente traducibles en el sistema semióticos opuesto. Si los códigos fueran traducibles completamente, entonces estaríamos ante un sistema de transferencia de información capaz de generar el mismo significado o general el mismo sentido en los procesos de intercambio de información.

34 Véase I. M. Lotman, (Lotman, 1998).

35 De acuerdo con la teoría propuesta por Juan Luis Pintos de la Universidad de Santiago de Compostela, España y expuesta en el Seminario Superior de Semiótica en la Universidad Latina de América en Morelia, Michoacán, México en el mes de abril de 2004.

36 Por ejemplo el color, el tamaño, la figura, etcétera de un determinado cartel en el código de la señalética de tránsito, puede cobrar mayor importancia y convertirse en un código, por ejemplo el color rojo de “no estacionarse” o la forma de la flecha que contenga un cartel de cualquier color se pueden entender como elementos que pasaron a ser reglas interpretativas.

37 Esto sucede, por ejemplo, en la música en lo que se refiere a la tonalidad o las figuras métricas, en la pintura con un color o con una determinada forma, en la arquitectura con el periodo o el material, etcétera.

38 La idea de las dimensiones funciona únicamente a nivel analítico, al igual que los elementos, y los sistemas de significación que proponemos. En la práctica todo sucede de forma simultánea. Las dimensiones pueden ser entendidas como las capas del proceso de comunicación, desde el proceso de interpretación personal, social o interpersonal, hasta las traducciones del código en cada uno de los sistemas de significación.

[39] Es importante señalar que nosotros somos los que estamos asumiendo como complejo el pensamiento de Lotman puesto que él no se asume como tal. Esta idea de complejidad en Lotman la entendemos más como una modalidad de complejidad, es decir, nociones de complejidad aplicadas directamente a un estudio, para este caso, el de la cultura.

40 “Si concebimos un universo que no sea más un determinismo estricto, sino un universo en el cual lo que se crea, se crea no solamente en el azar y el desorden, sino mediante procesos autoorganizadores, es decir, donde cada sistema crea sus propios determinantes y sus propias finalidades, podemos comprender entonces, como mínimo, la autonomía […]” (Morin, 2003:96).

41 “Las fronteras son siempre borrosas, son siempre superpuestas. Hay que tratar, entonces, de definir el corazón, y esa definición requiere, a menudo, de macro-conceptos” (Morin, 2003:105).

42 Los procesos comunicativos aquí son entendidos desde la comunicación interpersonal y con objetos (como el arte), hasta las relaciones que involucran espacios territoriales diferentes e intercambios comunicativos entre estos (comunicación mass mediática).

43 Anthony Giddens, citado en Raúl Fuentes Navarro (Fuentes,1998:58)

44 “Puesto que la descripción, como hemos señalado, trae consigo un aumento en la medida de organización, la autodescripción de tal o cual sistema semiótico, la creación de una gramática de sí mismo, es un poderoso medio de autoorganización del sistema” (Lotman, 1998:68).

45 Los cuatro macro conceptos por los que optamos para el análisis son el proceso de comunicación (la comunicación), el proceso de significación (la significación), el espacio semiótico en el cual se llevan a cabo ambos procesos (la semiosfera) y las relaciones que se van a generar entre cada sistema (la complejidad).

46 “En los trabajos de I. N. Tyniánov se muestra el mecanismo del intercambio de lugares entre el núcleo estructural y la periferia. El mecanismo más flexible de esta última resulta cómodo para la acumulación de formas estructurales, que en la siguiente etapa histórica resultarán dominantes y se trasladarán al centro del sistema. El intercambio constante entre el núcleo y la periferia forma uno de los mecanismos de la dinámica estructural”. Véase I. M. Lotman (1998:76-77), La Semiosfera II. Semiótica de la cultura, del texto, de la conducta y del espacio, Frónesis, Cátedra. Universitat de Valnència, Madrid.

[47] Aunque decir modelo, en sentido más duro es decir más: flexibilidad, criterios de pertinencia, de apertura, relación sistema-subsistemas, relación con su entorno. Nociones importantes para la teoría de sistemas que veremos más adelante (véase punto 3.2).

48 La idea de los sistemas isomórifocos responde a la necesidad de establecer un primer orden estructural de nuestro trabajo, el cual corresponderá a la noción binaria de oposiciones. Es decir, que el sistema que se estudie funcionará como primer elemento de oposición, siendo el segundo cualquier otro sistema.

49 La investigación clásica distingue entre ciencias naturales y ciencias humanas  y considera como ciencias puras a aquéllas más que a éstas (Kristeva, 1978:38).

50 Esta puede ser una de las principales razones de la dependencia epistemológica de la teoría de la comunicación, en concreto, los modelos de comunicación, que al ser estáticos y cerrados en sí mismos, requieren de la importación de nuevas metodologías ajenas a sí para explicar fenómenos de significación, y por ende, de comunicación. La suerte de ciclicidad aquí se reduce a la retroalimentación de los modelos lineales de la comunicación a los que ya hemos hecho referencia en 2.2.1.

51 Hegel, citado por Julia Kristeva (Kristeva, 1978: 40).

52 Título tomado de John Deely (Deely, 1996)

53 “Será necesario ver cómo el lenguaje es una forma, pero sólo una forma, de semiosis, y de semiosis solamente en su modalidad antroposemiótica”: Véase John Deely ( Deely, 1996).

54 “Berger define las relaciones interdisciplinarias simplemente como la yuxtaposición de disciplinas que se suponen más o menos relacionadas, aunque en sus términos, las relaciones apuntadas entre sociología y comunicación podrían considerarse más bien un caso de erección de la sociología como un marco transdisciplinario para los estudios sobre la comunicación, lo que supondría el establecimiento de una axiomática común para un conjunto de disciplinas, reforzando la idea de dependencia epistemológica o metodológica original aunque sin implicar la formación de una comunidad científica dependiente” (Fuentes, 1998:249-250).

55 Aunque no se rechaza la posibilidad de la planeación o la intencionalidad en guiar ciertos discursos o textos semióticos hacia determinadas interpretaciones, pero aún así, el resultado indicará el método que se ha seguido y los elementos que finalmente intervinieron. Nosotros accedemos a ellos a través de los procesos que entre éstos finalmente se generó. Ese llamado resultado, es finalmente el significado atribuido a determinado proceso y el sentido que finalmente se creó a partir del proceso de significación.

56 Hay que recordar que los procesos a los que hacemos referencia son todos devenidos del número de elementos que intervienen en él, así, los procesos van desde los intra-personal, interpersonal, hasta los de carácter masivo.

57 Estas relaciones entre cada uno de los conceptos/elementos que hemos descrito durante toda la investigación, pero sobre todo aquellos que hemos establecido como macro conceptos, serán puestos en relación en el capítulo IV cuando se articulen todos bajo la propuesta alternativa del modelo comunicativo que es el objetivo central del presente trabajo.

58 Entendemos que la realidad puede ser multimodal pero que ningún modelo puede agotar la complejidad de ésta, sin embargo, lo apuntamos con un modelo multimodal es a la posibilidad de esquematizar y analizar diferentes procesos comunicativos bajo un mismo marco de referencia. Es decir, que el marco de referencia general es el modelo que se propone, el cual tendrá la posibilidad de aceptar nuevos o diferentes elementos, relaciones y conceptos dependiendo del proceso que se estudie.

59 Citado por Denis Mcquial y Sven Windhal (Mcquial, 1993:2-3).

60 Tiene que entenderse que este planteamiento sigue la lógica de un orden binario de oposiciones, así, el primer código es aquél que funciona directamente en el fenómeno que estudiamos y el segundo será aquél que corresponda a un segundo sistema de significación con el que se ponga en relación al primero. Esto es en realidad en términos epistemológicos.

61 Estos procesos pueden ser los intrapersonales,  interpersonales, todos aquellos en que se pone en relación a un determinado grupo de personas con un signo o texto semiótico o todo aquel proceso en que un determinado grado de información, que puede provenir de cualquiera de los cinco sentidos, es interpretada y genera un cierto significado, y por ende un cierto sentido para un intérprete o para todo un grupo.

[62] Los niveles de complejidad se relacionan con los procesos comunicativos como tal, los elementos y el espacio de referencia. Así, un proceso comunicativo entre grupos vecinales será de menor complejidad que un estudio sobre el impacto de la industria cultural en un espacio territorial mayor (Centroamérica, el Caribe, etcétera) pero no sólo por el espacio que describe el estudio, sino por la complejidad de establecer los macro conceptos y elementos que anlizaremos, así como sus relaciones. Esta es la misma lógica que se sigue para establecer y diferenciar un proceso comunicativo primario (como el ejemplo que hemos venido señalando) de uno secundario o terciario. Entre mayor es el espacio territorial y mayores son los elementos involucrado nos transferimos de niveles de complejidad y niveles de análisis, es decir, que cada investigación decide cuál va considerar como procesos primarios de comunicación. Si queremos estudiar el intercambio de productos culturales a través de los medios masivos de información entre los países miembros del TLAN cada país puede entenderse como un todo cerrado (como procesos primaros) y sus relaciones comunicativas como el macro proceso. Pero de igual forma si el objeto de estudio es al interior de alguno de estos países (México, Canadá y EUA) el territorio completo, el espacio semiótico en su totalidad sería considerado entonces como el macro concepto. Con esto queremos decir que tanto los niveles de complejidad como los procesos comunicativos están en estrecha relación con los objetos de estudios, siempre y cuando éstos estén dentro del campo de la comunicación.

63 Hay que entender que los códigos no prevén líneas de sentido, pero son los detonadores del proceso de significación, y por tanto, son imprescindibles para la generación posterior de sentido. 

64 Recuérdese que si se habla de etapas en el proceso de la comunicación es únicamente con fines analíticos, porque, como ya hemos explicado, todos los proceso se dan de forma simultánea, al mismo tiempo.

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