La comprensión de la comunicación como actuar sobre el otro

en escenas y horizontes comunicativos a partir del análisis del discurso

Roberto Aguirre Fernández de Lara

Benemérita Universidad Autónoma de Puebla

Universidad Iberoamericana Puebla

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Introducción:

 

En este trabajo pretendo definir al fenómeno de la comunicación desde una perspectiva comprensiva, es decir, a partir de la descripción de las escenas y horizontes de interacción organizados hermeneúticamente por el involucramiento del yo de los participantes. Anterior a ello, expondré al análisis de discurso como un abordaje del fenómeno de la comunicación coherente con tal descripción del mismo y pertinente para la investigación de situaciones de comunicación. Con ello quiero arar en el terreno de la comunicación desde la comprensión significativa del mundo social, antes de entrar en el campo, más particular, del análisis del discurso desde las herramientas y perspectivas de la lingüística funcional y la cognitiva.

Esta última afirmación no busca ignorar los abordajes del discurso provenientes del estructuralismo, solamente los hace a un lado en razón de que la base epistemológica de estos últimos da relevancia a la averiguación de la forma respecto a la función de un sistema de signos. Al orientarse a esta preocupación formal respecto al lenguaje y fundarse en una comprensión bipolar del signo, no parecen diferenciar una averiguación que busca comprender al que comprende y sus intereses conceptuales no se abocan al estudio del procesamiento y el desarrollo de gramáticas de uso, como es el caso de las dos orientaciones lingüísticas aquí seleccionadas.

Aclarar más sobre tradiciones analíticas del  discurso.

 

 

 

Me parece conveniente hacer la reflexión propuesta en este primer momento para ponderar los alcances del análisis del discurso y sus posibilidades para la descripción de la interacción y la intersubjetividad. El trabajo de los especialistas de corte cognitivista y funcionalista se centra en un conjunto de registros(1) y en el planteamiento de la lengua desde su uso y su asociación con prácticas culturales y esquemas cognitivos. Sin embargo, parece valioso insistir en que los alcances del análisis del discurso sobre el significado se mantienen en una sección -por así decirlo- de la interpretación de los yoes. Visto desde la constitución de los yoes, parece relevante un cuestionamiento sistemático sobre el lugar de la temporalidad en tanto constitutiva de la corriente de conciencia interna de los yoes de los participantes en la interacción y la producción de registros y sobre la relevancia analítica que pueda haber en establecer si los registros de estudio son de predecesores, contemporáneos o congéneres del analista.

En términos comprensivos, la temporalidad es un ámbito organizador de las corrientes de conciencia de los yoes y por tanto en la constitución del proyecto en el actuar sobre otro; para su explicación me abocaré a la reflexión de la sociología de Schütz sobre la discursividad y el signo para entender en estos un ámbito de objetivación del proyecto de actuar sobre otro y de la organización de las corrientes de conciencia. Finalmente, expondré tres apartados -yo solitario y yo del otro, unidad de la acción y esquemas de la experiencia; esquemas interpretativos- en calidad de ámbitos de correlación con las funciones que desarrolla la temporalidad en los registros para describir la interacción. Estos tres ámbitos son los participantes y las regiones conceptuales; las escenas y horizontes de interacción y la intertextualidad en el supuesto de que en el discurso la temporalidad se maneja en estos tres aspectos. El último apartado, titulado discurso interactivo y actuar-sobre-otro, aparece porque los registros como formas discursivas tematizan la acción inscrita en la escena. Es decir, construyen un abanico en torno a actuar-sobre-otro como tópico de la interacción. Así, en este apartado busco redondear la reflexión del primero en torno a lo que denominaré relación compromisiva, expresa en un contrato comunicacional, es decir, en un patrón de coordinación de la acción organizado en una situación comunicativa específica.

El planteamiento de la sociología comprensiva es una mirada abarcadora para el análisis de la interacción y la intersubjetividad, mientras el análisis del discurso es a mi parecer una esfera específica o posible para dicho análisis por lo que es el lenguaje como sistema de signos y comportamiento. Es decir, hay aquí una definición del lenguaje que incluye en el sistema de signos a los interpretantes, sin presumir que el yo -tanto el solitario como el del otro- y la comprensión de una persona se agoten en lo que el lenguaje organiza, ni que el análisis del discurso tenga algo que decir en todos los aspectos. Sólo remito por el momento el carácter profundamente semiótico de esta apreciación.

El interés básico de la sociología comprensiva es la comprensión del que comprende como una posibilidad de interpretación y autointerpretación fundada en una corriente de conciencia como estructura  del yo compartida entre los sujetos. En tanto estructura compartida, es ella la posibilidad de la comunicación, la posibilidad de tematizar el actuar sobre otro.

 

Temporalidad y significación:

El autor alemán realiza su sociología comprensiva a partir de un análisis exhaustivo de la obra de Max Weber y de la incorporación de la obra de Edmund Husserl; en particular, toma la noción de tiempo de este último autor. Es decir, hace suyas las aporías de la fenomenología del tiempo. Sin embargo, toma la noción de  tiempo histórico y a ella se remite en su estudio. Entonces, el tiempo al que nos referimos es el tiempo histórico y sobre él parece conveniente tomar unas reflexiones de Paul Ricoeur en tanto en la obra de este último resuena de manera importante la fenomenología husserliana y una preocupación por el tiempo en su poética de la narración.

De algún modo, ya señale que la cuestión de la temporalidad puede resultar sumamente oscura al lector si no damos cuenta de la relación de la noción tiempo  histórico presente en la reflexión de Schütz con la conciencia íntima del tiempo. El tiempo histórico emerge ante las aporías de la fenomenología como un tercer tiempo que media entre el tiempo vivido y el tiempo cósmico. En nuestro interés por la significación, apuntamos a las condiciones de posibilidad o significación de distintos conectadores como la idea de sucesión de generaciones que refiguran el tiempo. Visto así, la sucesión de generaciones es uno de estos conectores. Aquí quiero sostener que al nivel de análisis del discurso los registros son también conectores en tanto hay en ellos prácticas culturales y comunicativas ubicables en dicha sucesión.

 

“..El problema del significado es un problema temporal: no un problema físico que es divisible y mensurable, sino un problema de tiempo histórico. Este último consiste siempre en un fluir del tiempo, lleno, sin duda, con hechos físicos, pero dotado de la naturaleza de una “conciencia temporal interna”, una conciencia de la propia duración.  Es dentro de esta duración donde el significado de las vivencias de una persona se constituye para ella a medida que las va vivenciando. Aquí, y sólo aquí, en el estrato más profundo de la vivencia que es accesible a la reflexión, debe buscarse la fuente última de los fenómenos de “significado” (Sinn) y comprensión “Verstehen” ..” (Schütz, 1993: 42)

 

A manera expositiva, haré una referencia a la noción de tiempo en Husserl en el entendido de que es tomada por Schütz. La conciencia del tiempo se entiende  en el sentido de conciencia íntima. Así se plantea una desconexión del tiempo objetivo -es decir, de la constitución de objetos- cuya función es producir esa conciencia íntima.

 

“..Si Husserl lleva la desconexión del tiempo objetivo hasta el corazón mismo de la psicología en cuanto conciencia de objetos psíquicos, es para poner al desnudo el tiempo y la duración..” (Ricoeur, 1996: 663)

 

Es decir, en esta noción de tiempo hay una comprensión en dos ámbitos; el curso de la conciencia, en el cual se desarrollará el espacio de la duración; y otro el curso objetivo del tiempo del mundo, es decir, de la constitución de objetos o la reflexión, en términos de Schütz. Así, se distingue un tiempo sentido de un tiempo objetivo. Por tanto, la fenomenología, de la que hace eco Schütz, plantea una aporía porque la reducción que realiza el fenomenólogo no se puede hacer sin recurrir a préstamos del tiempo objetivo del cual se supone desconectado.

Destaco tan sólo que la noción de tiempo histórico, abierta por la aporía fenomenológica, es como ya dije antes un tercer tiempo que media entre el tiempo sentido o vivido y el tiempo del mundo, cósmico o universal. Este tercer tiempo no me parece una solución a medias si vemos su base en el tiempo mítico.

 

 “..Este tercer tiempo es la sombra llevada al plano de la práctica histórica por una entidad mucho más considerable a la que no conviene el nombre de institución, y aún menos de invención: esta entidad no puede designarse más que de un modo global y aproximativo con el término de tiempo  mítico..”  (Ricoeur, 1999:784)

 

Así, el tiempo mítico es importante en esta reflexión en cuanto a su función especulativa o de reflexión que concierne al orden del mundo, y me parece que en ese sentido podemos entender a Schütz cuando señala el tiempo histórico. Es decir, el tiempo de nuestra existencia personal, anónima y de figuración de nuestras visiones del mundo y de nuestras vivencias, que es el único tiempo que tenemos. Y que, dada la simultaneidad de las corrientes de conciencia, es social.

 

“..Lo que en verdad vivenciamos en la duración no es un ser que sea discreto y bien definido, sino una transición constante ahora-así a un nuevo ahora-así. La corriente de la conciencia, por su naturaleza misma, no ha sido aún captada en la red de reflexión. La reflexión, al ser una función del intelecto, pertenece esencialmente al mundo espacio-temporal de la vida cotidiana. La estructura de nuestras vivencias variará  según que nos entreguemos al flujo de la duración o nos detengamos a reflexionar sobre él, tratando de clarificarlo dentro de conceptos espacio-temporales..” (Schütz, 1993: 75)

 

La exposición anterior tuvo el único propósito de relacionar algunas fuentes y reflexiones de autores posteriores sobre la noción de tiempo en el trabajo de Schütz. Los niveles de exposición anteriores no son los únicos y dan mucho que decir. En este texto mi interés es enfocarme a la sociología comprensiva y las conexiones posibles o supuestos que ella proyecta para la comprensión de la situación comunicativa a partir del análisis del discurso. Hay un interés por la intersubjetividad y el supuesto compartido de que la experiencia del mundo descansa en una comunidad de tiempo y espacio, si bien el segundo interés se remite al lenguaje y a una explicación del funcionamiento u operación del tiempo y el espacio como ejes de construcción de las regiones conceptuales de los participantes en la interacción, incluida esta última.

Para el análisis del discurso como para el concepto de signo de la sociología comprensiva esas regiones conceptuales son parte del signo. Esta conexión es por si una mirada que proyecta la noción de signo y al lenguaje a una descripción de su funcionamiento semiótico, su semiosis, siempre que entendamos que dicha operación es un proceso de instalación de una corriente de conciencia que organiza al yo como su primera objetivación y que tal objetivación es de un carácter intersubjetivo.

El tiempo es entonces la condición de posibilidad -por ello es significativo- de esa objetivación que es el yo solitario y el yo del otro. El análisis de la temporalidad desde la mirada del análisis del discurso me parece que es entonces una interpretación de los esquemas de experiencia que estructuran esa objetivación de las vivencias del yo solitario y el yo del otro, pues dichos esquemas funcionan como un potencial de significado que asoman a través de los registros -en tanto signos- y ante los cuales el analista pone su aquí y ahora, es decir, su temporalidad, como condición de posibilidad de su interpretación.

En suma, el potencial de significado encuentra en la temporalidad ventanas para asomarse a la interacción y su significación para los yoes de los participantes como del analista. Es decir, el análisis del discurso se interesa en el uso de signos que como objetivación estructuran las vivencias relevantes a la organización de la interacción y la intersubjetividad y no a una exploración más extendida de los yoes de los participantes.

El analista del discurso enfrenta entonces la distancia entre la experiencia directa del nosotros al anonimato del ellos como una temporalidad que entrecruza una fenomenología genética y una fenomenología de la intersubjetividad.

 

Discursividad y signo:

En el apartado anterior he expuesto una reflexión general sobre el tiempo y la significación y quisiera mantener presente la idea de que la corriente de conciencia y la objetivación, es decir, la constitución del mundo, encuentran en el tiempo la condición de posibilidad de su significado. El significado tiene que ver entonces con las vivencias de los participantes en la interacción. Como expuse en el apartado anterior, el análisis del discurso no se dirige a  la comprensión de otra persona.

 

“..El número de ambigüedades vinculado con la noción de “comprensión de otra persona” resulta aún mayor cuando agregamos al problema  la comprensión de los signos que esa persona utiliza. Por otro lado, lo comprendido es el signo mismo, luego también lo que la otra persona quiere significar al utilizarlo, y, finalmente, el significado del hecho de que ella utilice al signo aquí, ahora, y en este contexto particular..” (Schütz, 1993: 137)

 

Desde el interés por describir a la comunicación en razón de la organización de la interacción y la intersubjetividad, el análisis del discurso más bien se interesa por lo que la persona logra significar al utilizar el signo y por la significación del hecho de que una persona utilice un signo aquí, ahora y en este contexto particular, bajo el supuesto de que la comprensión de signos es una ventana desde la cual se proyecta o asoma la comprensión de otra persona, pero sin agotarla, y que en particular los signos lingüísticos son también la ventana que en la filogenética y la ontogenética de esta especie humana tienen un sitio central en el análisis  y complejidad, pues la constitución de objetos y la tensión  duración-reflexión es explicable también como una semiosis.

 

“.. Los signos son artefactos u objetos-acto que se interpretan no de acuerdo con los esquemas interpretativos que les son adecuados como objetos del mundo externo sino de acuerdo con esquemas que no son adecuados para ellos y pertenecen más bien a otros objetos. Además, debe decirse que la conexión entre el signo y su correspondiente esquema no-adecuado depende de la experiencia pasada del interprete. Como ya hemos dicho, la aplicabilidad al signo del esquema de lo que es significado es a su vez un esquema interpretativo basado en la experiencia. Llamemos sistema de signos a este último esquema. Un sistema de signos es un contexto significativo que constituye una configuración formada por esquemas interpretativos; quien utiliza o interpreta el signo lo ubica dentro de este contexto de significado..” (Schütz, 1993: 149)

 

Torciendo un poco el argumento de Schütz, quisiera explicar a la  duración-reflexión como una tensión temporal. La descripción de una escena de interacción al estilo del análisis del discurso puede verse a mi juicio a partir de cómo los signos lingüísticos funcionan como instrumentos para el autorreconocimiento de nuestras vivencias y este autorreconocimiento es una actividad selectiva o valoración de la aplicabilidad dentro de un sistema de signos y en distintos niveles del lenguaje (sintáctico, fonológico, léxico) y ámbitos (registros, prácticas culturales y comunicativas) en la tensión duración-reflexión. El requisito para que estos niveles y ámbitos mantengan su calidad de signo es su condición semiótica a la manera de una triada. (2)

Dado lo anterior, cabe preguntar cuál ámbito del leguaje como sistema de signos y comportamiento viene o se acomoda a la descripción de la interacción y la intersubjetividad. A mi parecer el discurso, en tanto que emerge gradualmente, es decir, en la duración de un tiempo histórico y en tanto que es en si mismo un contexto de significación, es decir, los registros se relacionan con una tipología que se conecta a prácticas culturales. Lo anterior, en términos de ese tiempo histórico y de la estructuración de las vivencias que hay en un esquema de experiencia dónde organiza y es organizado el discurso.

 

“..La unidad del discurso  de un determinado hablante es simplemente, desde su punto de vista, la unidad que pertenece esencialmente a todo acto. Ya hemos visto en qué consiste esa unidad. Surge del proyecto o plan de acción propio de quien utiliza el signo. De ello se sigue que el intérprete no puede captar esa unidad hasta que se ha completado el acto mismo (Schütz, 1993: 154)

 

Visto así, la perspectiva que en el ámbito de la lingüística permite una mejor descripción de la interacción es una gramática de base discursiva porque apunta a una diferencia en la categorización de un sistema de signos y una base mental que bien puede representar a los esquemas de experiencia. Así, el manejo del tiempo en la enunciación es un rasgo del lenguaje como sistema de signos y comportamiento pertinente a prácticas culturales y comunicativas. Dado que es una gramática discursiva y nos interesa la descripción de las escenas de interacción, en este estudio considero que los registros son un sistema de signos y tienen una estructura de la interacción, es decir, el discurso se encuentra también en la red de la experiencia cotidiana y da cuenta del sistema de signos estipulables con el que entran en relación los polos de los yoes de los participantes de la comunicación a través de un eje contractual  definido por el  aliento o alcance de los proyectos inscritos en la acción de los mismos participantes. Como se vera, el yo solitario y el yo del otro son susceptibles de entenderse aquí como yo semióticos.  (3)

Es decir, la  intersubjetividad aparece en el discurso  a través de rasgos concretos y apunta a dominios apreciativos de carácter intersubjetivo que me parecen puntas de esquemas interpretativos de los participantes en horizontes de interacción.

Ampliaré mi explicación sobre la tensión duración-reflexión presente en el yo como una semiosis con la consecuencia de que ésta última está en la temporalidad, la del tiempo histórico. En particular, en la inercia o atracción que representa la reflexión o el tiempo del mundo.

 

“.. En el corazón de la diferencia entre el Umwelt humano y el Umwelt de otros organismos cognitivos está la “idea” en este sentido semiótico específico: la relación misma que constituye la significación es aprehendida en su propia existencia al mismo tiempo imperceptible y distinguible tanto de un significado dado como de un vehículo sígnico dado -y por lo tanto en cuanto separable de cualquier vehículo dado y adosable a cualquier otro vehículo, así como dirigible a algún otro objeto o al mismo objeto solamente en su nuevo  adosamiento..” (Deely,  1996: 187)

 

Visto así, reforzamos la pertinencia de una gramática discursiva y cognitiva para describir la organización de la interacción y la intersubjetividad porque el adosamiento, es decir, el patrón de acuerdo -principalmente cognitivo- con el cual las cosas  y los objetos(4) se entretejen para construir el tejido de la experiencia, donde una parte está por otras partes, organiza un potencial de significado como escaparate para los varios aquí y ahoras en el que los yoes estructuran sus vivencias, según diferencias atencionales.

Finalmente, si como ya señalé, el lenguaje es un sistema de signos y un comportamiento que ofrece al analista una ventana para interpretar el significado del hecho de que un participante utilice un signo, diría un registro, aquí y ahora y en este contexto particular y realiza dicha interpretación desde la distancia genética e intersubjetiva -ambas temporales- de la sucesión de generaciones, entonces me resulta conveniente preguntar si el trabajo del analista de discurso atiende al significado subjetivo, al objetivo o a ambos.

La respuesta es a mi juicio la última, siempre y cuando no se entienda como una respuesta uniforme sino como un grado de interpretabilidad en la tensión duración-reflexión. Es decir, el grado de interpretabilidad pasará por interpretar el significado del producto, en tanto indicación, teniendo a la vista el contexto de significado dentro del cual está o estuvo el producto en la mente de su productor debido a la capacidad de recapitular los actos politéticos de los participantes en la simultaneidad de las corrientes de conciencia de estos y el analista, según las posibilidades del aquí y ahora de este último. Particularmente,  la medida en que este observador conozca a los participantes del registro. Sobre esta simultaneidad o casi simultaneidad sólo podremos dar una descripción sujeta a un margen de duda porque el proyecto de los participantes será siempre para el analista del discurso una cuestión de reconstrucción imaginativa.

El grado de interpretabilidad pasa también por lo que se pueda predicar del producto como tal, es decir, del contexto de significado ya constituido de la cosa producida, cuya producción real dejamos entretanto de tener en cuenta. Sin embargo, en tanto el tiempo sentido se establece con préstamos del tiempo objetivo, la interpretabilidad siempre tendrá presente el significado objetivo y subjetivo. Sólo para tenerlo presente, valdría la pena ver cómo la lectura como salvamiento de la distancia temporal colabora en la organización del aquí y ahora del analista y en la reconstrucción imaginativa antes citada.

 

Yo solitario y yo del otro:

Desde el punto de vista de la sociología comprensiva, los participantes en la interacción son un conjunto de yoes, es decir, el yo solitario y el yo del otro. Así,  el concepto de mundo en general debe basarse en el concepto de “cada uno” y por lo tanto también del “otro”.(Schütz, 1993: 127) 

Si entendemos al análisis del discurso orientado al estudio del mundo social, abandonaremos -como Schütz- el método fenomenológico. EEs decir, comenzaremos aceptando simplemente la existencia del mundo social  tal como se le acepta  en el punto de vista natural.

Desde el punto de vista del análisis del discurso, las corrientes de conciencia anónimas que constituyen los yoes son regiones conceptuales en las que la temporalidad colabora en grados diversos para su definición como entidades, estados, modaliza o establece tiempos de enunciación. Es decir, en razón del tiempo histórico y de la desconexión fenomenológica que comparte Schütz no podemos atribuir a los sistemas de signos y de comportamiento, entre ellos el lenguaje, una capacidad de atraer totalmente a los yoes al ámbito del tiempo objetivo. De esa manera, el lenguaje presentará siempre un residuo y por tanto el análisis de discurso hace eco de este residuo en sus categorías y consiste en presentar a los yoes como regiones conceptuales relacionadas con la autointerpretación.

Para el análisis de discurso me parece pertinente tomar en cuenta la distinción de Goffman (1971) sobre tipos de participantes, es decir, su distinción entre participantes directos, bystanders, testigos,etc., bajo la hipótesis de que la organización de las escenas de interacción a través de los registros se hace con y ante participantes que a veces no se reconocen. Me es pertinente preguntar ¿qué funciones y qué contrastes organizan o reconocen los hablantes y el analista al atribuir a los participantes como regiones conceptuales distintos grados de acercamiento al tiempo objetivo o a la objetivación?

También, la distinción de Goffman puede leerse en tal sentido,  como una manera de organizar las posiciones en la escena a través de distintos modos de significar la estructuración de las vivencias del autor del discurso en donde la organización de un participante, incluyéndose como región conceptual de un modo más o menos discreto, sea una estrategia de organización de la interacción. Si es así, esto variará entre los registros y los géneros y será relevante para las tipologías que de ellos hagamos.

En el ámbito del análisis del discurso se señala que más que aplicar una tipología en nuestro análisis o dejar que el texto hable, partimos de una intuición como hablantes o participantes en una comunidad lingüística. El asunto tiene a mi parecer más fondo. A saber, la simultaneidad que el analista comparte con los participantes de los registros como corrientes de conciencia distintas y anónimas.

 

“..Para nosotros el término “simultaneidad” es más bien una expresión  del supuesto básico y necesario del que parto, que es el de que tu corriente de conciencia tiene una estructura análoga a la mía. (…) La simultaneidad de nuestras dos corrientes de conciencia no significa que a cada uno de nosotros se le den las mismas experiencias. Mi vivencia de , así como el ambiente que te adscribo, llevan la marca de mi propio Aquí y Ahora subjetivo y no la marca del tuyo..” (Schütz, 1993: 133, 134)

 

Dado que la corriente de conciencia del analista y de los participantes del registro son simultáneos, la manera de atender a las vivencias varía. Así, lo que el analista considera que los  registros revelan sobre las decisiones de los participantes para organizar la interacción, en tanto conocimiento de la conciencia de éstos, está expuesto a la duda. En contraparte, su conocimiento de la propia conciencia, basado en actos inmanentes, le será siempre, en principio, indudable.

Hasta ahora he desarrollado con alguna confusión la noción de participantes sin distinguir muy claramente al productor de los registros y a los participantes de la escena de interacción que emergen en éste. ¿A cuál de ellos se dirige el analista del discurso? Primeramente, el análisis del discurso se dirige  al yo solitario del productor del registro y a interpretar la estructuración de sus vivencias en la objetivación que representa en su comportamiento discursivo; posteriormente se orienta a los participantes de la escena de interacción que emergen  en la misma, pero de manera por demás indirecta. Es decir, a interpretar según la simultaneidad con el productor del registro su simultaneidad con los otros participantes a partir de la objetivación que representa un registro. Si el interés del análisis del discurso es describir la organización de la interacción queda pendiente -y no entraré a ese detalle- una respuesta sobre los grados en que los participantes en la interacción emergen en los registros.

 

Unidad de acción:

El tercer punto al nivel de análisis del discurso es la escena o situación y lo que denominaré horizontes de interacción. Lo primero que me interesa aclarar aquí es una distinción de lo que es la escena para el participante y lo que es la escena para el analista. Sin duda, nos toca la segunda, pero esta segunda tendrá que ver con la primera y a eso me parece que ayuda la reflexión del apartado anterior sobre la simultaneidad.

 

“..El significado de cualquier acción es su correspondiente acto proyectado (..). El proyecto está dirigido hacia el acto como si éste estuviera cumplido en el futuro, pues sólo así se supone o postula de esta manera el cumplimiento del acto futuro (…) Podemos hacernos cargo del hecho de que se representa así como si fuera simultáneamente pasado y futuro, diciendo que se le piensa en el tiempo futuro perfecto..”  (Schütz,1993:  91)

 

Me parece posible hacer una consideración sobre la interacción viendo a las escenas conectadas unas con otras e incluso podremos describir como conjunto interaccional mayor a una instancia más amplia que la escena, viendo funciones en alguna medida reiteradas entre distintos registros que podamos considerar en tal relación a partir de su pertinencia a un proyecto, y a la que me parece prudente denominar horizontes de interacción. Ahora bien, podríamos analizarla desde el proyecto del autor, pero también desde los proyectos entrecruzados que interpretemos de los participantes.

La unidad de la acción que el analista atribuya a los registros es intersubjetiva y se constituye por el hecho de que el acto ya existe en proyecto para su autor, que será realizado paso a paso. La unidad del acto es una función de la envergadura o aliento del proyecto. Además, un proyecto puede estar constituido por distintos puntos intermedios.

Si el proyecto es subjetivo el analista habría de considerar para sí y ante nuevos registros susceptibles de interpretarse en el mismo horizonte o escena de interacción que la lectura como vivencia no es nada más ni menos que una autointerpretación de esa vivencia desde el punto de vista de una nueva vivencia.

 

Esquemas interpretativos y esquemas experienciales:

Siguiendo a Schütz, quiero plantear el acto de dotar de significado específico a un signo, a un registro, a una práctica cultural, una forma léxica o un género, como autoexplicación, es decir, el ordenamiento de la vivencia que ellos organizan dentro de la configuración total de la experiencia, para remitirme a la intertextualidad porque este fenómeno muestra a la unidad de acción como puntos en los que se cruzan y organizan distintos recorridos textuales.

El análisis del discurso entiende a la intertextualidad como la presencia en un registro de análisis de registros evocados e invocados. Los registros invocados corresponden al mismo horizonte de interacción, es decir, al mismo proyecto del yo solitario y los registros evocados son para este yo ajenos a  ese proyecto y también pueden ser imputables al yo del otro, es decir, a otro participante en la interacción que no corresponden a lo que el yo solitario interpreta como su proyecto o pueden corresponder a predecesores, congéneres o contemporáneos que no participan en la interacción.

Ya dijimos que en tanto el análisis de discurso comporta un residuo busca el significado a nivel del comportamiento que representa el lenguaje; la intertextualidad será el espacio de emergencia del tiempo histórico del yo solitario respecto a distintas experiencias con el sistema de signos, en este caso y desde una gramática discursiva, los registros. Esta experiencia no es una experiencia de los signos  como de la estructuración de las vivencias del yo solitario que ellos organizan.

Este ordenamiento de las vivencias en los registros se cumple ante cada uno de estos y aún sin ellos en una síntesis de reconocimiento.

 

La síntesis de reconocimiento toma la vivencia que hay que clasificar, la refiere a los esquemas disponibles, y fija su esencia específica. La vivencia se remonta así a una objetivación ya disponible dentro del repertorio de la experiencia e identificada en esta objetivación..” (Schütz,  1993: 112)

 

Entonces, los discursos evocados e invocados participan en una escena de interacción en razón del proyecto del yo solitario del autor. Lo anterior corresponde a una síntesis de reconocimiento mediante la cual ese mismo yo solitario decide que distintos signos y registros formen parte de sus esquemas de experiencia, decida que están disponibles y que son objetivaciones pertinentes. En cualquier caso, un signo o un registro son una objetivación de la vivencia.

         Así, los registros y los géneros son un contexto de significado y un potencial de significación que constituyen una configuración de nuestras experiencias pasadas que abarcan conceptualmente los objetos experienciales que se encuentran en estas últimas. En tanto se refieren a las vivencias para su interpretación a medida que ocurren, como el discurso, estos registros invocados y evocados son esquemas interpretativos.

Finalmente, si la intertextualidad se refiere a esquemas de interpretación de las vivencias que se organizan según un dentro o afuera del proyecto del yo solitario del organizador del registro, entonces diría unas últimas palabras sobre el proyecto. Sostengo brevemente que la diferencia entre motivo-para y motivo-porque pareciera un criterio para agrupar en distintas perspectivas los registros, o sus patrones léxico-gramaticales, en tanto que la diferencia de motivos es una distinción temporal sobre la objetivación o la interpretabilidad para el analista y sobre la autoexplicación para el productor del registro.

 

 “.. el motivo-para motiva el acto que se está constituyendo a su vez en esa ocasión, utilizando el proyecto como base. En la relación-para, el proyecto ya existente es el factor motivante, motiva la acción y es la razón por la cual se la cumple. Pero en la genuina relación-porque, el factor motivante es una vivencia temporalmente  anterior al proyecto; motiva el proyecto que se está constituyendo en ese momento..” (Schütz, 1993: 121)

 

Discurso interactivo y actuar sobre otro:

He expuesto una reflexión sobre el tiempo y el significado a un nivel general que distingue el tiempo sentido del tiempo objetivo y encuentra en el tiempo histórico que propone Schütz una tercera temporalidad que conecta a las dos anteriores, de modo que para  hablar de significado nos remitimos al tiempo histórico. Esta temporalidad conecta la tensión duración-reflexión. Seguido de ello, he expuesto a la discursividad y al lenguaje como sistema de signos y como comportamiento que junto con la sucesión de generaciones constituyen conectores u objetivaciones de las vivencias de los yoes. Posteriormente, he expuesto en tres apartados -yo solitario y yo del otro, unidad de laa acción y esquemas de la experiencia; esquemas interpretativos- la correlación señalada en la introducción con tres ámbitos de las funciones que desarrolla la temporalidad en los registros para describir la interacción.

Los tres ámbitos correspondientes a nivel del análisis del discurso son los participantes, las escenas de interacción y la intertextualidad como categorías relevantes al procedimiento analítico referido que por su generalidad permite conectar esta reflexión con la sociología comprensiva y definir en cada uno de estos aspectos las sugerencias, precauciones, limitaciones y consideraciones que presenté en su momento. De este modo, no presento aquí conclusiones como una posible enumeración sino sólo la sugerencia de que los tres ámbitos mencionados al inicio del párrafo son coherentes con la distinción entre significado interpersonal, ideacional y textual desarrollado por Halliday. (1986)

Quiero finalmente concentrarme en lo que denominaré discurso interactivo y su relación con el actuar-sobre-otro porque los registros de este perfil se inscriben a mi parecer en dicha categoría. No repetiré algunas cuestiones concluyentes que ya planté en cada apartado pues son acumulativas. Recordemos que en la obra de Schütz la reflexión sobre la interacción y el actuar-sobre-otro se realiza  después de tratar sobre la vivencia significativa en la corriente de conciencia de quien la constituye y de proponer un conjunto de fundamentos de una teoría de la comprensión intersubjetiva. Los apartados anteriores de este texto hacen eco de esas primeras reflexiones del autor alemán.

 

“..Cuando al actuar sobre otro trato de que éste sepa que lo estoy haciendo, tenemos la relación de interacción. Su actitud atencional hacia mí ha entrado ahora en el proyecto mismo de mi acto. Se transformó en mi motivo-para y llega a constituir el “a causa de lo cual” de mi acción sobre él, en el sentido de que es mi meta final o mi meta intermedia.  Por lo tanto, cada vez que establezco un significado estaré a la expectativa de la interpretación que le dé mi participe. Esta expectación mía entrará dentro del contexto final más amplio en el cual ocurre el establecimiento de significado. La interacción social es, por consiguiente, un contexto motivacional y, de hecho, un contexto motivacional intersubjetivo..” (Schütz, 1993:180)

 

Me refiero entonces a discurso interactivo como aquel en cuyos registros el analista interpreta huellas discursivo-gramaticales-cognitivas de un actuar-sobre-otro como parte del proyecto del productor del registo. Así, la organización de la interacción en escenas y horizontes delimita las posibilidades de interacción de los otros participantes en el ámbito de la construcción cognitiva y discursivo-gramatical que representan los registros de análisis, es decir, en ese sentido hay una construcción cognitiva y discursivo-gramatical de la exclusión o inclusión de la interacción de los otros participantes en la organización de un horizonte de interacción.

 

“..Los Actos intencionales dirigidos hacia otro, en la medida en que son actos proyectados, es decir, conducta espontánea de acuerdo con un proyecto antecedente, pueden tener como su motivo-para la producción de una cierta vivencia consciente en la otra persona. Llamaremos a una acción social de esta clase “actuar-sobre-otro” (Frandwirken)..” (Schütz, 1993: 177)

 

El actuar-sobre-otro se presenta en la objetivación que constituyen los registros como proyecto interaccional, es decir, que a su vez puede servir a otro proyecto que incluye al primero. El analista interpreta entonces a nivel del registro huellas de un intento de producir una vivencia consciente en los otros participantes a manera de un motivo-para. En nuestro caso, esta vivencia se remite temáticamente a la acción del yo del otro.

 

“..La persona que es el objeto o el destinatario de la comunicación, es con frecuencia quien hace esta interpretación: Luego de establecer cuál es el significado objetivo y el subjetivo del contenido de la comunicación hallando los correspondientes esquemas interpretativos o expresivos, procede a inquirir, en primer lugar, el motivo por el cual la otra persona dijo esto. En una palabra busca el plan que existe por detrás de la comunicación..” (Schütz, 1993: 159)

 

Si esto es así, es decir, si la persona que es el destinatario de la comunicación busca el plan que existe por detrás de la comunicación y el plan es actuar-sobre-él  buscando producir en él una vivencia consciente sobre sus Actos, entonces resuena el asunto de la veracidad como validación.(5) Esta se explica como la selección de un potencial de significado que mantiene la expectativa de la creencia de que construimos una realidad. Dependiendo del registro o variando en los registros se necesita mantener la creencia para evitar la tendencia a no creer. La organización de la creencia o no creencia varía con el tipo de registro porque varía en distintos tipos de relaciones intersubjetivas y actividades en curso.

Si la persona que es el destinatario de la comunicación busca el plan que existe por detrás de la comunicación y el plan es actuar-sobre-él, entonces las escenas y horizonte comunicativos se caracterizan, sí por la discursividad, pero fundamentalmente por la manera en la que a partir de la objetivación que en ella se realiza los participantes de la relación comunicativa revelan el tipo de actuación que sobre el otro pretenden. Llamaré a esta relación compromisiva, entendida como el plan de actuación sobre el otro que los participantes de una situación o escena comunicativa pretenden y organizan en la discursividad. En términos generales, la discursividad organiza dos orientaciones temporales básicas del plan o proyecto, representadas en las formas, elementos y combinaciones léxico-gramaticales con los que el lenguaje nos permite diferenciar  entre motivo-para y motivo-por que distingue Schütz. Esta distinción de orientaciones temporales en los recursos del lenguaje son índices de distintas orientaciones en la organización de la simultaneidad de las corrientes de conciencia en torno al plan o proyecto y explican el valor comunicativo de la distinción entre tiempos del mundo narrado y tiempos del mundo comentado, elaborada por Harald Weinrich (1975)

 

Bibliografía:

Aguirre, Fernández de Lara, Roberto (2003), La temporalidad como esquema organizador de la situación comunicativa. El caso de los textos “Crónicas de las andanzas de Durito” y “La reunión será en San Miguel”, X Anuario de Investigación de la Comunicación Coneicc. Editado por Bernardo Russi Alzaga, Universidad Intercontinental. Pp. 133-164.

 -(2003b). La semiosis tras la metáfora del canal: Perspectivas semióticas de la teoría de la comunicación de masas. Revista “Hipertextos”. Número 7. [En línea 8 de agosto de 2003]. Disponible en http://www.hipertextos.mty.mx

Deely, John, Fundamentos de semiótica, trad. José Luis Caivano, col. Sophia, Paidós: UIA, México, 1996.

Foucault, Michel, Tecnologías del yo, trad. Mercedes Allende Salazar, Paidós, España, 1990.

Goffman, Erving, La presentación de la persona en la vida cotidiana, Amorrurtu, Buenos Aires, 1971.

Halliday, M. K., El lenguaje como semiótica social, FCE, México, 1986.

Pimentel, Luz Aurora, Relato en perspectiva, UNAM y Siglo XXI, México, 1998.

Renkema, Jan, Introducción a los estudios sobre el discurso, trad. María Luz Melón, col. Lingüística/Análisis del discurso, Gedisa, España, 1999.

Ricoeur, Paul, Tiempo y narración, el tiempo narrado, trad. Agustín Neira, vol III, Siglo XXI, México, 1999.

Schütz, Alfred, La comprensión significativa del mundo social, trad. Eduardo J. Prieto, col. Paidós básica, Paidós, España, 1993.

Weinrich, Harald, Estructura y función de los tiempos en el lenguaje, Biblioteca Románica Hispánica, Gredos, Madrid, 1975.

 

 

 

NOTAS

1. En lingüística funcional, el trabajo de Halliday utiliza el término registro para designar las variaciones lingüísticas que resultan  de la adecuación del discurso a las situaciones concretas de comunicación y a las finalidades específicas del acto de habla. Son, pues, variaciones contextuales-funcionales, que se traducen en la utilización de niveles de lengua formalmente diferenciados.

2.   Me parece pertinente la capacidad explicativa  de la semiótica de Pierce y el desarrollo que a partir de ella ha realizado la semiótica del tipo de Deely, Sebeok y otros en tanto que  comparte con lo propuesto por Schütz acerca de la objetivación, la constitución de objetos -Umwelt-, una base fenomenológico y la diferencia básica está en una lectura como semiosis o como corriente de conciencia y tensión duración-reflexión.

3.   Esta posibilidad de leer a los yoes de Schütz como yo semióticos requiere ciertamente toda una traducción al sistema conceptual y teórico de la semiótica de Deely y otros autores, pero se basa en la coincidencia fenomenológica de la desconexión entre un tiempo sentido, de la duración, de las cosas y un tiempo del mundo, de la reflexión, de la constitución de objetos en tanto tensión compartida que se resuelve en el tiempo histórico.

4.   Esta diferenciación entre cosas y objetos  corresponde a la terminología semiótica de Deely y bien podría entenderse como la diferenciación entre el tiempo sentido y el tiempo objetivo de Schütz. Las cosas se pueden interpretar como estados físicos o elementos físicos mientras para  el yo solitario o el yo del otro están en la duración de las vivencias sin objetivarlas.

5.   Al menos como hipótesis, distintos manejos del tiempo narrado permiten elaborar distintas funciones para dicha validación de los dominios apreciativos de los participantes.

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