Gente joven, mundos mediáticos y ambientes culturales. Consumos culturales juveniles en México. Primer acercamiento hemerográfico.
Puede adelantarse que ya no basta tampoco el análisis de la institucionalización social y cognitiva del campo, como no es suficiente el análisis de su legitimación intelectual, pero si puede ser conveniente revisar, antes de pasar a otro plano, los fundamentos institucionales de la disciplinarización del campo y, en consecuencia, las estructuras transinstitucionales en que se sostiene e impulsa, sobre todo las publicaciones y las asociaciones académicas.
Raúl Fuentes Navarro (2004: 36).
Preliminares.
El presente trabajo forma parte de una investigación en curso que se desarrolla bajo los auspicios de la Universidad Iberoamericana León, en México, y cuyo título es, “Gente joven, mundos mediáticos y ambientes culturales”. Con esta investigación se pretende estudiar las transformaciones culturales en el país por medio de los cambios que se han dado en sus ambientes culturales, y colocando la mirada en las experiencias, prácticas y dinámicas de la gente joven, tanto en la ciudad como en los mundos mediáticos, con lo cual se pretende acceder a través de dos dimensiones o áreas de trabajo:
A partir de eso y ante la invitación a participar en el grupo de trabajo del Consumo Cultural del CLACSO, de recién conformación, propusimos hacer una exploración de lo que se ha investigado sobre el Consumo Cultural y los jóvenes en México, a partir de un primer acercamiento por medio de una sistematización de lo publicado en algunas revistas[1].
Hemos de decir, en primer lugar, que el tema del Consumo Cultural y el de los jóvenes ha sido abordado desde diferentes perspectivas y grupos de estudio de lo social, y el énfasis en el cual nos movemos ha sido colocado dentro de los estudios de la comunicación en México. Esto es importante porque corresponde en mucho con los procedimientos de sistematización, los documentos incluidos, la estructura del presente trabajo. También hay que decir que en la manera como hemos ubicado y explorado el Consumo Cultural y los jóvenes, hemos incluido algunos referentes y contextos que corresponden a dimensiones más amplias, específicamente a América Latina, porque mucho de lo que ahí aconteció permite entender lo que sucedió en México, además de algunas tendencias particulares de este país.
Igualmente hemos de decir que lo sistematizado no cubre todo lo escrito sobre el C. C. y los jóvenes, pues se requiere otro momento para ello,lo que aquí expondremos es un primer acercamiento que ha de corroborarse en otra fase posterior, y por lo tanto las afirmaciones que hagamos no han de tomarse de manera definitiva.
La estructura de nuestras exposiciones se conforma de cuatro partes: en la primera, intentamos introducir a la importancia de una revisión del Consumo Cultural, y su relación con los jóvenes, dentro del campo académico de la Comunicación en México en los momentos actuales; en la segunda generamos un contexto donde aparecen y se desarrollan los estudios del Consumo Cultural en América Latina para comprender por qué aparecen, cómo se desarrollan y poder ubicar las áreas de estudio que se han establecido para la reflexión e investigación del C. C., y, además poder tener un panorama de cuándo y cómo se desarrolla la relación con los jóvenes; en la tercera parte presentamos algunos de los resultados de la sistematización y, finalmente, presentamos unas breves conclusiones.
I. La cultura en la era de la comunicación.
Trazos y junturas.
Fue a mediados de la década de los ochentas cuando se realizó una propuesta audaz dentro de los estudios de la comunicación en América Latina: pasar de los medios a las mediaciones, con lo cual se quería expresar que la comunicación se había tornado en una cuestión cultural. Esto representó un reto de enormes proporciones pues la nueva episteme comunicacional que emergía ante dicha propuesta involucraba una intensa revisión y construcción conceptual, teórica, metodológica y tecnológica, de manera colectiva ante los escenarios políticos, económicos, sociales y culturales que se vivían en esas épocas. Ante momentos de crisis varias, la respuesta fue la de crear nuevos modos de pensar lo social, lo cultural y lo comunicacional.
Dos décadas después, el escenario es distinto, en el cual se tiende a reconocer la importancia de la dimensión cultural dentro de las sociedades actuales, pero también se tiende a ganar conciencia de que la cultura se ha tornado en una cuestión comunicacional, y ello, implica que se replantean nuevos retos tanto para el estudio de la cultura, como de la comunicación, pues con los inicios de una nueva etapa de la sociedad a la que se la ha ido denominando como globalización y las alteraciones que se han ido propiciando, la presencia de las Nuevas Tecnologías de Comunicación e Información (NTCI), se hace evidente que se está en una etapa donde la comunicación adquiere una dimensión y centralidad clave y fundamental. La cultura y la comunicación se han convertido en dos agendas importantes por atender para comprender las tendencias y características de la sociedad actual.
Entre esas dos décadas varias cosas emergieron. Una de ellas fue la importancia del estudio del Consumo Cultural (C. C.). Otra fue estudiar a las Culturas Juveniles (C. J.). Si bien ambas poseen un contexto, una razón, un marco teórico, conceptual y metodológico para su estudio, en los tiempos recientes son dos temas que se tocan de una o de otra manera, y nos remiten, igualmente de una o de otra manera, a la cultura y a la comunicación. Y si tanto la cultura como la comunicación son dos agendas claves por atender, nos preguntamos por la importancia del C. C. y de las C. J., es decir por aquello que podríamos llamar Consumo Cultural Juvenil (C. C. J.).
La mayoría de los estudios de la cultura y la comunicación señalan a los jóvenes como uno de los lugares donde se puede observar los cambios sociales que estamos viviendo (Ortiz, 1996), y los estudios de las C.J. tienden a ver al consumo cultural como una de las principales dinámicas y características de la mayoría de los jóvenes actuales, y al consumo de medios de comunicación como una de las principales herramientas para la conformación de las identidades juveniles (Reguillo, 2000). Pareciera que los extremos se tocan, sin embargo es necesario un acercamiento hacia las formas como se han confonfigurado las distintas miradas sobre el C. C., las C. J. y el C. C. J., sus fuerzas constructivas para tener una idea de la manera como han entrado a escena de las discusiones, observar su peso y presencia actual, así como sus posibilidades y límites en el futuro.
Varias son las posibilidades para realizar lo anterior, pero de acuerdo al camino elegido, hay dos contextos importantes que son necesarios considerar, pues no sólo están relacionados con la manera como el C. C. emergió dentro de los estudios de la cultura y la comunicación, sino con su fuerza y tendencias constructivas de conocimiento.
A mediados de la década de los ochentas, Armand y Michele Mattelart (1989) mencionaban que eran innumerables las veces en que la comunidad de estudio de la comunicación hacía referencia a rupturas en sus paradigmas, y mencionaban igualmente la nueva orientación que se estaba dando como parte de un proceso de renovación de paradigmas. La renovación no era exclusiva de los estudios de la comunicación, sino que incluía a las ciencias sociales en general, y podríamos señalar que de la ciencia en sí misma. El cuestionamiento de las premisas del trabajo académico y científico se venía realizando desde tiempo atrás, pero a partir de la década de los ochentas el esfuerzo no sólo fue mayor, sino que entró en proceso general de re organización ante los cambios que se estaban dando en lo económico, lo político y lo cultural de las sociedades contemporáneas. Las reacciones fueron diversas pero la mayoría coincidía en la necesidad de un nuevo cuestionamiento y revisión de las premisas básicas del trabajo intelectual, ante un entorno con nuevos y mayúsculos retos que implicaba no sólo la revisión y el cuestionamiento, sino un esfuerzo creativo (Ortiz, 1999).
El desarrollo del mundo en general fue haciendo evidente que no sólo había ganado en complejidad, sino en un nuevo orden de complejidad, y esto era el indicio que requería de un sujeto igualmente complejo. En los estudios de la cultura y de la comunicación esto ha implicado una importante ruptura con los supuestos teóricos, conceptuales, metodológicos, epistemológicos e ideológicos con los que se trabajaba previamente. En el campo académico de la comunicación, Raúl Fuentes Navarro (2004) ha ido haciendo visible este proceso y ha expuesto la manera cómo los estudios de la comunicación han realizado una revisión crítica a las bases con las cuales se buscó su institucionalización como un campo de estudio, y ha indicado que los esfuerzos por su legitimación no han sido consumados tanto por los procesos de fragmentación que se han dado en su interior, como por las carencias que han prevalecido, y por un conocimiento que se ha construido y desarrollado bajo serias deficiencias y una tendencia a entronizar una doxa que se comparte y poco se cuestiona, que lo construido, ante los cambios, las tendencias y fuerzas actuales, corre el riesgo de una degradación si no se abordan las cuestiones básicas. Expresa Fuentes Navarro (2004: 36), que las nuevas tendencias “nos exigen recomponer de nueva cuenta los esquemas reflexivos desde una postura muy propia”.
Es decir, con la continua renovación de paradigmas para estudiar, en este caso a la comunicación, algo se ha ganado, y en la actualidad, que intentan adentrarse a las tendencias de lo que hoy acontece, se puede ganar una nueva perspectiva de abordaje que no existía anteriormente, pero igualmente corre el riesgo no sólo de la degradación del mismo campo de estudios de la comunicación en su base institucional, sino de la base de la construcción de un nuevo conocimiento si no se revisan sus fundamentos de operación.
Por otro lado está el contexto mismo desde el cual se ha venido trabajando los estudios de la comunicación, por lo menos desde mediados de los ochentas, donde se ha dado una relación íntima, pero no ajena a muchas paradojas y ambigüedades entre la comunicación y la cultura. No sólo hay que tener en cuenta que cada una tiene tanto una historia y una genealogía de sentidos muy diferentes, que en algunos puntos se han tocado y en otros se han distanciado, sino que emergieron en épocas distintas para pensar realidades y tiempos diferentes (González, 2003), y si bien se ha ido dando un acercamiento dentro de los estudios de la antropología, la sociología y la comunicación, las bases con las cuales se elaboraron sus cimientos acarrea una serie de tendencias paralelas, pero en ocasiones divergentes y con ambigüedades que no se logran superar del todo (González, 1999). Así, mientras los estudios de la cultura aparecen en un momento previo de la emergencia de los medios de la comunicación para dar cuenta de procesos culturales más amplios, de más larga duración y con diverso grado de densidad, los estudios de la comunicación lo hacen para dar cuenta, predominantemente, del quehacer de los medios de comunicación, simplificando en mucho una creciente realidad social y cultural, cada vez más compleja, que en un momento determinado pretendió abarcar mediante un proceso de culturización, haciendo dialogar a la cultura con la comunicación y con ello se paso de los medios a las mediaciones, de las mediaciones a las hibridaciones, al consumo cultural, pero lo hizo sin resolver algunas de sus improntas configuradoras, es decir, con un débil trabajo teórico y conceptual, con deficiencias metodológicas, y con una esquizofrenia epistemológica a la cual le seduce la doxa académica, la sucesión de modas y recorridos teóricos sin fin.
Ante un panorama tal no es gratuito que algunos investigadores comiencen a señalar la importancia de intentar re organizar lo realizado para ver lo que se ha construido, ganar en mirada sobre el presente e instalar pautas de lo que es posible crear en adelante. A nosotros una revisión tal nos puede ayudar tanto a encontrar el sentido de lo que nos preguntábamos sobre el estatus de los estudios del C. C. J. en México.
En primer lugar podríamos mencionar el trabajo de Armand y Michele Mattelart (1997) sobre la historia de las teorías de la comunicación quienes ante un campo de estudio de múltiples sentidos y tendencias, que ha trabajado mediante continuos fraccionamientos teóricos y conceptuales y que con la proliferación de tecnologías de información, y su profesionalización con nuevas prácticas, no sólo agregan nuevas “voces”, sino que terminan acosando la legitimidad científica de los estudios de la comunicación. Es por ello que intentan realizar un esfuerzo para planificar un mínimo de orden lo que fue su aparición y desarrollo, el cual está lejos de ser un proceso lineal, pues se ha caracterizado por un movimiento de “flujos y reflujos”.
En segundo lugar podemos mencionar el trabajo de Jesús Galindo (2005) sobre la comunicología que en un primer momento metodológico propone hacer una revisión de los temas de discusión que se ha realizado dentro de los estudios de la comunicación, y para ello propone hacer “un recuento de lo acontecido, una programación de lo por acontecer” y para ello se requiere poner en orden lo “acontecido” mediante una sistematización de lo que en forma colectiva se ha sintetizado sobre la comunicación, tanto en sus dimensiones conceptuales como colectivas.
La propuesta que hacen ambas, entonces, no es hacia un trabajo heterorreferencial, sino autorreferencial, es decir, al interior mismo de los estudios de la comunicación, en este caso. Si bien en ambos casos se procede de manera distinta, se busca poner un orden de lo que se ha trabajado, mediante la organización o la sistematización de lo realizado hasta el momento. Esto implica que el trabajo se enfoca sobre la construcción colectiva, con lo cual se enfatiza que la labor científica y académica es conformada por un sistema comunicativo y discursivo en la construcción de conocimientos (Luhmann, 1998), y el trabajo de sistematización implica un esfuerzo de doble reflexividad, es decir, por un lado, organizar el material publicado, pero igualmente comenzar a dar cuenta no sólo de lo que se observaba, sino de la manera como se configuró la mirada para observar y realizar procesos de diferenciación sobre lo cultural y lo comunicacional, es decir, observar no lo que observaban, sino sus miradas al observar (Mendiola, 2000).
Consumo Cultural y jóvenes, Estudios Juveniles y consumo cultural.
La revisión de lo que se ha realizado hasta el momento en los estudios del C. C. J. en México implica reconocer varias cosas que son importantes tener en cuenta para el momento de su sistematización y organización. En primer lugar, su estrecho vínculo con los estudios de la comunicación y la cultura. De hecho, su aparición dentro del escenario académico en América Latina no puede comprenderse sin las discusiones que se dieron a finales de la década de los setentas y a mediados de los ochentas, y de una u otra manera los encuentros y desencuentros de ambos, son parte de lo que se conocerá como C. C. En segundo lugar, y como consecuencia de lo anterior, que el periodo en el que ha estado presente en el mundo académico es relativamente corto, por lo menos para tener un panorama de la densidad e impacto profundo dentro de los estudios de la comunicación y la cultura, aunque si es factible comenzar a ver en qué áreas y dimensiones de estudio se ha ido colocando y moviendo. En tercer lugar, está la necesaria consideración de cuándo aparecen los estudios del C. C. como una forma para entender a la sociedad contemporánea, sus transformaciones y la conformación de una sociedad global, y, en paralelo, cuándo aparecen los estudios de la juventud como una exploración, tanto de la dimensión cultural de las sociedades, y una manera para ingresar a sus transformaciones. Esto agrega más elementos que hacen que no sea una tarea fácil, pues lo primero implica situar la aparición de los estudios del C. C. en América Latina y dentro de su corto desarrollo el tema de los jóvenes y el consumo de la cultura, y lo segundo implica situar cuándo los estudios sobre las C. J. se encuentran con el C. C., pues abren dos posibles rutas de sistematización: ¿Qué miradas ha generado el C. C. sobre las culturas juveniles?, en el primer caso, y ¿Qué miradas han generado los estudios de la C. J. sobre el C. C.?
Entonces, para proceder metodológicamente fue importante considerar el contexto de discusión sobre la cultura y la comunicación cuando apareció el tema del C. C. en América Latina para intentar comprender cómo y por qué aparece, que líneas de fuerza, qué formas conceptuales y metodológicas se configuran, cómo se desarrollan y su vínculo con el estudio de los jóvenes, y/o de las culturas juveniles.
Para proceder metodológicamente decidimos trabajar revisando la obra de los dos investigadores latinoamericanos que insertaron en la agenda de estudios de la cultura y de la comunicación en América Latina del tema del C. C., es decir, Jesús Martín Barbero y Néstor García Canclini, e intentar recuperar sus miradas analíticas y conceptuales, la articulación con otros conceptos en lo expresado a través de sus propios escritos, para poder observar después los mapas que se crearon para su estudio e indagación a través de algunos programas de discusión e investigación[2]. Asumimos en la selección de ambos autores que no son los únicos que han trabajado el tema en América Latina, pero que su obra ha tenido una mayor socialización e impacto en la mayoría de los estudios de la comunicación y las ciencias sociales de la región, además que parte de su obra fue generada en México.
La revisión de las obras de sendos investigadores nos fue dando un cuadro en el cual se fue cocinando el tema del C. C., hasta que emerge y se desarrolla. El cuadro comenzó a realizarse ubicando entonces el periodo cuando comenzaba a vislumbrarse los antecedentes de lo que después sería enunciado como consumo y posteriormente consumo cultural, y que fue en la segunda mitad de la década de los setentas. Posteriormente procedimos a dividir su desarrollo cada cinco años para poder observar las tendencias que comenzaban a aparecer, sus características, hasta llegar al año 2000.
La revisión nos hacía ver que en el periodo en el cual ubicamos que se preparaba el terreno desde el cual aparecería el tema del C. C. era importante por dos razones: en primer lugar porque, como ya lo expresamos, hubo un movimiento latinoamericano de revisar críticamente la manera como se habían realizado investigaciones y estudios sobre la comunicación, y comenzó un trabajo de construcción teórica y conceptual desde los contextos históricos y sociales de América Latina, lo cual implico ser sensibles a la misma realidad latinoamericana y desde ahí generar conocimiento, un distanciamiento para ganar un aliento propio. En segundo lugar, porque en mucho, ese esfuerzo implico para América Latina las bases para hacer visible una comunidad de conocimiento que lentamente buscaba adquirir una legitimidad académica, y facilitaba la conformación de un campo académico de la comunicación.
De un lado, entonces, tenemos dos contextos importantes donde se encuadraban los esfuerzos por pensar a la comunicación y la cultura a finales de la década de los setentas, pues son los marcos e improntas donde aparece el tema del C. C.: el contexto socio histórico latinoamericano, el contexto prevaleciente sobre los estudios de la comunicación y la cultura.
II. Consumo Cultural en América Latina. Encuadres, trayectorias, mapas,
relaciones.
Antecedentes. Encuadres.
A mediados de los ochentas, Armand y Michele Mattelart (1989) señalaban que ante los cambios que se producían por la introducción de las reformas neoliberales y la presencia de nuevas familias de tecnologías de información, en las ciencias sociales y en los estudios de la comunicación se estaba dando un paso a lo que se denominaba el paradigma de lo sólido al de lo fluido, con lo cual se quería expresar que aquellas teorías y escuelas de pensamiento clásicas que se habían consolidado como las hegemónicas y centrales que intentaban dar cuenta del todo social desde una perspectiva amplia y de acuerdo a los cánones epistemológicos de la ciencia clásica se habían tornado sumamente rígidas para poder dar cuenta de los cambios, que más bien parecían fluir continuamente y escaparse por las rendijas que habían sido desconocidas o ignoradas por el pensamiento social tradicional.
El paradigma de lo fluido intentaba aligerar el peso y colocar la mirada por donde parecía observarse el movimiento y el flujo de los cambios sociales. Dentro de esa nueva visión, se consideraban una serie de factores que parecían colocarse no sólo como una agenda de estudio, sino de construcción de una nueva teoría que pudiera dar cuenta de la sociedad de la información, y en ella aparecían elementos como el poder, el sujeto, el consumo. Diez años después, en su libro Historia de las teorías de la comunicación, mencionaban algo similar cuando hablaban del “regreso de lo cotidiano” donde se recuperan escuelas de pensamiento de lo social que habían sido ignoradas en otros momentos pero que al colocar la mirada en otras áreas de estudio como la persona, el grupo social, las relaciones intersubjetivas dentro de la vida cotidiana, se renovaba su brillo y su utilidad tanto conceptual como metodológica, y donde se renovaban áreas de estudio como los Estudios Culturales, los Usos y Gratificaciones, los Estudios de la Recepción Literaria, y señalaban que dentro del interés del estudio de lo cotidiano, el consumidor y el usuario eran una apuesta estratégica. Un punto importante que señalan los Mattelart se refiere a las causas del cambio de giro de paradigmas: una reacción a la teoría estructural-funcionalista.
En la misma época en que los Mattelart hablaban del cambio de paradigmas, en América Latina, Jesús Martín Barbero y Néstor García Canclini señalaban algo similar: la importancia de pensar lo cultural y lo comunicacional en América Latina desde la experiencia de las clases populares en lo urbano, propia de una expansión más de la modernidad y la ideología neoliberal. Y desde ahí comenzaron a señalar la importancia de pensar lo popular a partir de ejes como el consumo, lo cotidiano. Con estos planteamientos no sólo se hacía evidente que la sensación era generalizada, sino que se participaba dentro de ella, y en el caso de Martín Barbero y García Canclini, que sintetizaban a una comunidad mayor de pensadores, implicaba un doble esfuerzo: un distanciamiento con las escuelas tradicionales, y un acto creativo dentro de un escenario histórico, social y cultural particular como lo ha sido América Latina. Fue el momento en que los estudios de comunicación se tornaron en cultura, y la línea de pensamiento desde la cual se hacía la propuesta era la de los Estudios Culturales que con el tiempo se le llegaría a conocer como los Estudios Socioculturales o Culturales Latinoamericanos (Ecosteguy, 2001).
Pero también, ubicar al C. C. desde la perspectiva de los Estudios Culturales representó un cambio de giro para pensar a la cultura a diferencia de como lo había realizado la Teoría Crítica en los cuarentas y cincuentas y la Economía Política en los sesentas y setentas, y con ello se buscaba pasar de mirar a la sociedad como una de las manifestaciones más acabadas de la modernidad, por medio de la cultura de masas, a la de una sociedad en tránsito a la postmodernidad, de una cultura cada vez más mediática.
Es en los antecedentes de la Teoría Crítica y la Economía Política donde se encuentran los trazos desde los cuales se pensaba en gran parte la relación de la cultura y la comunicación a través de conceptos como sociedad de masas, cultura de masas, cultura popular, industria cultural, y donde aparece el consumo como un mecanismo para diferentes cosas: degradación de la cultura, ejercicio del poder y de la hegemonía, estratificación social, etcétera. A mediados de los setentas, Alan Swingewood (1979) daba un mapa sobre el estudio de la cultura de masas donde incluía tres fuentes de reflexión y estudio que influirían en la comprensión y conceptualización de la cultura y los medios de comunicación: el marxismo dogmático, la teoría literario-cultural, el pluralismo cultural, y si bien había diferencias significativas en las maneras de entender y colocar la mirada sobre la cultura, lo que las unía era una postura conservadora en lo concerniente a lo social y a lo político.
Swingewood (1979: 23) sintetiza la manera como la vertiente sociológica marxista hacía una crítica cultural al capitalismo industrial dando una visión de la sociedad de masas:
La sociedad de masas se caracteriza así como una sociedad relativamente confortable, en parte benéfica y guarnecedora, en la que la sociedad crece pasiva, indiferente y atomizada; en la que las lealtades tradicionales, los vínculos y las asociaciones se tornan laxas o se disuelven totalmente; en la que los públicos coherentes, de opiniones e intereses definidos, gradualmente se resquebrajan y en la que el hombre se convierte en un consumidor, producido en masa como productos, las diversiones y los valores que absorbe (…) La sociedad de masas, por tanto, se define sociológicamente como carente de grupos e instituciones fuertes e independientes, una sociedad dominada desde arriba. Ante un mundo que parece estar más allá del control humano, el hombre es conformista y pasivo, una presa y víctima de movimientos políticos “irracionales” como el nazismo y el fascismo. La opinión manufacturada por los medios de comunicación masivos centralizados afirma y refuerza estas tendencias.
La definición sociológica que realizan de la sociedad de masas tenía una fuerza constructiva porque emana de una epistemología y de una metodología meta discursiva como sería el marxismo, donde la crítica se realiza no sólo en función de un tipo de sociedad, sino de un tipo de actor cultural que no era el proletariado, el cual había sido desplazado en la conformación de una nueva cultura popular que tenía como destinatario a la clase media, la cual se integró a través de la cultura de masas a “la cultura burguesa comercializada” (1979: 104), y con lo cual se señalaba que la cultura de masas era una renovación de la cultura popular. Swingewood sintetiza lo que estas posturas entendían por cultura popular:
Como hemos visto, el concepto incluye a la religión, la literatura, la danza popular, la ciencia ficción, el cine de horror, las canciones Folk. Y las líricas rústicas del siglo diecinueve, etc. La diferencia fundamental entre la llamada “cultura folk” y la cultura popular es que la última se basa en un concepto de masas y un modo de producción de comodidad construido alrededor de una división del trabajo y la reproducción mecánica de objetos culturales. En general, el aproche metodológico de la teoría de la cultura de masas es enfatizar el consumo más que la reproducción y así, confundir la relación entre cultura democrática burguesa y la cultura popular.
El énfasis que se colocaba en el consumo, era el mecanismo mediante el cual la clase media se incorporaba a las nuevas dinámicas del capitalismo industrial, pero igualmente significaba la subordinación a la hegemonía que provenía de la cultura de masas, de las industrias culturales, las cuales creaban una “cultura popular homogenizada, donde se perdían las distinciones de lo que se llamó “alta” y “baja” cultura, pues los hábitos de consumo las difuminaban: “el gusto por los vampiros, el romance y la violencia era tan característico del público lector del siglo diecinueve en general como lo son los gustos equivalentes en el entretenimiento de la televisión y el cine hoy en día” (1979: 106).
Por su parte la Economía Política surgió como una visión de la conformación de una sociedad de masas a una sociedad cada vez más global, pues se veía cómo, a la par de que se crea una economía capitalista hegemónica que propicia economías dependientes, en la dimensión cultural ocurría algo similar, con lo cual se trabajo la teoría del imperialismo cultural, donde América Latina tendría un papel protagónico. Una de sus áreas de atención fue la manera como el capital produce valor económico a partir del arte y de la cultura, por ello se le dio un gran énfasis en el estudio de las industrias culturales, y desde ahí se creaba un vínculo con el consumo porque era el mecanismo mediante el cual las industrias culturales actuaban y propiciaban una “cultura popular internacional”.
En la década de los sesentas apareció una vertiente de estudios de la cultura a la que se conocería como Estudios Culturales. En gran parte en sus inicios comparten algunas de las tendencias de las posturas críticas anteriores a ellas, principalmente en lo que se refiere al efecto de la cultura de masas sobre la cultura tradicional, pero el reconocimiento de una dimensión antropológica de la cultura como un todo social, conformada por formas, prácticas e instituciones sociales a las que hay que observar para entender el cambio social, y donde el arte y la literatura son formas comunicativas que tienen una historicidad que es necesario recuperar para comprender la manera como ha cambiado las relaciones sociales a través de distintas formas de circulación de lo simbólico para encontrar los valores socioculturales con los cuales se ha conformado y actuado lo ideológico. Punto importante es que metodológicamente harán un giro al enfocarse en el análisis textual, en la investigación de sentido tanto de productos, objetos y prácticas sociales para intentar comprender las lecturas ideológicas que se realizan, y con ello propicia un acercamiento con la psicología, la semiótica, y el concepto de hegemonía de Gramsci, quien es recuperado para comprender los procesos de lectura desde donde se realizan los procesos de dominación desde las mismas clases populares, y que en las generaciones siguientes de la escuela inglesa de los Estudios Culturales los acercaron a tratar de desentrañar el proceso de recepción que realiza la gente, principalmente a través de la televisión.
Con los Estudios Culturales se abre una nueva posibilidad de encarar a una serie de factores que preocupaban a las tradiciones anteriores, como sería el caso de la forma de encarar a las culturas populares, que le irán dando un peso más activo dentro de los procesos de incorporación a la cultura de masas y donde es necesario re pensar los procesos de dominación que estos realizan. Es por ello que la lectura ideológica fue la arena de estudio y los acercamientos con la semiología y la psicología fueron importantes, que los llevaron a tratar de desentrañar el proceso de recepción como un proceso de negociación. La hegemonía de vertiente gramsciana pondrá el énfasis en la fuerza del individuo como un producto socio cultural, donde se pondrá en juego los sentidos propios de su cultura o las subculturas en las cuales se inserta y participa, y que son los indicios de comprender la historia misma de la dominación, la tensión continua por la lucha de los sentidos de la vida social, los procesos históricos tanto de la conformación de las culturas y subculturas, de los modos comunicativos de la sociedad y de las lecturas ideológicas.
La historia de cada una de las escuelas de pensamiento anteriores no es fácil ni simple, como no lo fue la manera como llegaron y se insertaron en América Latina, y en México, pues habría que agregar otras influencias en el pensamiento latinoamericano como sería el caso de los estudios de la cultura popular que provenían de Italia, inspirados en mucho por una tradición de indagación sobre lo folklore y lo popular, y las renovaciones que hubo en algunos investigadores por la obra de Gramsci (González, 1994) y la sociología de la cultura que provenía de Francia, particularmente la influencia de la obra de Pierre Bourdieu (Safa, 2002). Igualmente no lo fue la manera como comenzó el estudio de la cultura y su desarrollo posterior pues implicó un proceso de revisión de lo asimilado, de diálogo con nuevas tendencias de estudio de la cultura que estaban llegando, de revisión crítica para propiciar un acto de creación conceptual y metodológico (García Canclini, 1990).
Una perspectiva de ello lo da Gilberto Giménez (2003: 58-60), cuando se refiere a los estudios de la cultura en México, y expresa:
Notemos, ante todo, que el interés por el estudio de la cultura como objeto de una disciplina específica y con una perspectiva teórico-metodológica también específica es muy reciente en México y no se remonta a más de 20 años. Podemos afirmar que dicho interés nace muy vinculado con el descubrimiento de las obras de Antonio Gramsci en los años setenta, obras que se tradujeron y se difundieron rápidamente en nuestro país al calor de la atmósfera marxista que impregnaba entonces el campo de las ciencias sociales. Pero la figura de Gramsci nos llega filtrada, en gran parte, por medio de la demología italiana, cuyo jefe de fila, Alberto M. Cirese, fue indiscutiblemente el impulsor y catalizador inicial de los estudios culturales en nuestro país. Su primer seminario sobre las culturas populares en el Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS), en julio de 1979, bajo el patrocinio de su entonces director Guillermo Bonfil, y el seminario subsiguiente que impartió sobre el mismo tema en la UAM-Xochimilco, en agosto de 1981, pueden considerarse como hitos importantes en el desarrollo de los estudios culturales en México. Pero debe añadirse de inmediato que el estímulo gramsciano así mediado no operó en un completo vacío. Por una parte, ya existían antecedentes importantes en cuanto a investigaciones culturales como lo demuestran los trabajos de George M. Foster sobre "cultura de conquista" y culturas tradicionales en México, y los de Vicente T. Mendoza sobre el cancionero popular mexicano (1954 y 1982). Por otra parte, ya existía un terreno abonado por la tradición antropológica indigenista y campesinista mexicana que desde tiempo atrás había logrado sensibilizar no sólo a la academia, sino también a los sectores dirigentes del país respecto a la problemática cultural de las clases subalternas. Incluso podríamos señalar cierto número de estudios antropológicos que de hecho abordaron múltiples aspectos de la cultura y contribuyeron acumulativamente a construir o reforzar algunas dimensiones de la cultura nacional -como la del nacionalismo, por ejemplo-, aunque no hayan tematizado explícitamente la cultura como objeto de indagación ni hayan exhibido preocupaciones teórico-metodológicas específicas a este respecto. La simbiosis entre Guillermo Bonfil y Alberto Cirese me parece emblemática e ilustrativa de esta especie de intersección entre la tradición antropológica mexicana y la demología italiana. No debe extrañarnos entonces que el terreno inicialmente más cultivado y frecuentado por la investigación cultural en nuestro país haya sido el de las culturas populares.
El panorama no era fácil, pues en el caso de México, había otras tendencias de estudio de la cultura que provenían de la antropología (Krotz, 2003) y que tenían su particular versión tanto de la cultura como de lo popular, que se agregaba la de los sociólogos y a los estudios mismos de la comunicación (García Canclini, 1987). Quizá un ejemplo del proceso de investigadores mexicanos de la cultura a finales de la década de los setentas y principios de los ochentas lo podemos encontrar en Jorge González quien habla de su propio proceso:
Cómplice y participante en varias maneras del panorama trazado, un breve repaso sobre mi propia experiencia nos puede dar quizás alguna luz sobre el tema. Desde 1976 en la Universidad Iberoamericana comencé a estudiar la sociedad mexicana haciéndole preguntas desde la cultura, primero en comunidades campesinas y su relación cultural con la sociedad mayor... y luego en el estudio de la formación y caracterización de su cultura de la sierra como habitus. En medio de estos dos primeros estudios en la Universidad Metropolitana-Xochimilco y dentro de la carrera de comunicación, junto con un grupo de colegas, abrimos en 1980 un espacio especialmente dedicado a este tipo de análisis: el área de investigación en “Comunicación, hegemonía y culturas subalternas” que subsistió en plena actividad durante más de diez años…No fueron los intercambios científicos, es decir la propia dinámica del campo, sino una perturbación externa, —la represión militar en América del Sur— que mediante redes de amigos y conocidos nos puso en contacto directo con colegas de sólida formación que vinieron a refrescar el ya de por sí viciado ambiente del campo científico mexicano de mediados de los setentas, pleno de certezas de corte positivista o bien de corte que se llamaba “crítico”. Con ellos llegaron a México otras bibliografías, autores, perspectivas y problemáticas que influyeron definitivamente en la reorientación de los temas de investigación y, a su vez, fueron influidos por las diversas tradiciones y corrientes que se desarrollaban en México…Fue precisamente en 1982 cuando al revisar críticamente los análisis anteriores, me di cuenta de que las categorías que había utilizado desde 1976, especialmente en la perspectiva de Gramsci, de Cirese, de Bourdieu y de Fossaert (hegemonía, subalternidad, desniveles internos de cultura, habitus de clase, lógicas de producción) si bien habían colocado mucho más precisamente la cuestión del análisis cultural al tratar de pensar las especificidades de la sociedad mexicana, mostraban varias lagunas, sobre todo de orden metodológico. De aquí proviene la propuesta de trabajo de los Frentes Culturales en la que desde 1982 me planteé para trabajar de modo inicial con algunos procesos de religiosidad en santuarios, las ferias urbanas y la vasta experiencia cultural mexicana con el melodrama en los medios de difusión. Todos estos fenómenos tienen una el carácter marcadamente transclasista (Montoya Vélez, 1992: 135).
Lo
sucedido con la experiencia de Jorge González, que en cierto modo era un sentir
de algunos en su época, fueron los cimientos para la revisión de lo popular y
las culturas populares, debido a un desencanto por la forma como los estudios
de la comunicación, la sociología y la antropología pensaban a la sociedad; en
particular la hegemonía, es decir, la postura y la actitud de estas disciplinas
no sólo dejaban muchas cosas vacías, sino que en ocasiones adoptaban posturas
arrogantes, que cuando intentaban aplicarla surgían una serie de preguntas que
no había forma de responderlas. Expresa González:
Estas preguntas particularmente eran: ¿Cómo
se conectan? ¿Por cuáles vías? ¿Por cuáles tipos de arterias? ¿Cuáles son las
fronteras, donde se tocan estas culturas campesinas (las que yo estudiaba) y
las culturas dominantes?
González
(Montoya Vélez, 1992: 136) expresa que lo que sucedía era que estudiaba a las
culturas campesinas desde la diferencia, desde la distinción, como si fuera un
antropólogo foráneo que mira a la cultura campesina como “los otros”:
Pero resulta que esos campesinos han estado
ligados desde la Colonia, desde su formación como campesinos, a una cultura
mayor, a una cultura urbana, metropolitana, dominante, a una cultura observante
que es desde donde han sido aculturizados…Lo que sucedía era que me enfocaba
exclusivamente en las formas de distinción, en estudiar la diferencia (ya se
que son diferentes, ya se inclusive que pueden ser subalternas o populares), y
no me preguntaba: ¿Cómo se hicieron populares? ¿Cómo se construyeron
subalternas? ¿Por dónde empieza una cultura a perder la batalla?... Hacerse
estas preguntas suponía que lo popular no es un síndrome, ni la subalternidad
es como un encono que la gente tiene, sino que es una relación; entonces,
estudiar una relación significa analizarla relacionalmente y esto expresa
tratar de entenderla desde otro punto de vista, no sólo en su otredad, sino
precisamente en los puntos en que su alteridad se ve en crisis, donde su
otredad se ve pegada con la otredad de otro.
Es decir, para América Latina las nuevas vetas de estudio de la cultura que ya no provenían de la Teoría Crítica ni de la Economía Política, sino de los Estudios Culturales, la Sociología de la Cultura, eran una forma alternativa que renovaba la visión e indagación de las nuevas dimensiones de lo popular, más cercanas a una cultura popular urbana, entre mezclada con la acción de la industria de la cultura, de los medios de comunicación, ligada a los procesos históricos y sociales de una región particular que se encontraba en la tensión de un impulso de renovación de su modernidad guiada por una economía internacional que actuaba a través de la movilidad social que propiciaba nuevos patrones y hábitos de consumo, y con la presencia creciente de nuevos medios de comunicación y tecnologías de información y los mundos imaginarios que estos portaban. Desde ahí se comenzó a pensar a las culturas populares en América Latina, y de ahí emergió el concepto de consumo cultural.
Pero, si bien ello significó un importante cambio conceptual y metodológico, donde se visualizaban logros y ganancias, estaban las sombras de posibles riesgos, como sería, entre otras, la borrosidad del mismo concepto del consumo, que pese a algunas delimitaciones que se realizaron en su momento y que para muchos era suficiente, pareció funcionar en ocasiones más como un “artefacto de inteligibilidad” (Gergen, 1996) que como un concepto articulado coherentemente con un conjunto de conceptos, en relación a una postura ontológica, epistemológica y metodológica con la fuerza tal para configurar un programa en sí mismo de análisis y de generación de conocimiento de lo social contemporáneo, y es ahí donde entra la dimensión de la cultura como el nicho desde el cual parece cubrir aquellas ranuras que no logra cubrir en sí mismo el C. C. y esto trae una diversidad de riesgos al momento de generar conocimiento, pues al ganar presencia la visión de los Estudios Culturales, lo que aconteció fue que se perdió de vista su compleja trayectoria, sus líneas y tendencias constructivas que tienden abarcarlo todo hasta borrar sus delimitaciones y alcances, y donde pareciera que se permite casi todo, lo cual propició una borrosidad al emplear la obra autores de diferentes escuelas y tradiciones sin un procedimiento de delimitación conceptual y metodológico, así como movimientos teóricos y metodológicos que se estaban desarrollando y que tomaban igualmente en cuenta a la dimensión cultural como una perspectiva de estudio, como sería el caso de los estudios de la recepción, por nombrar alguno.
Las realidades comunicativas y culturales se ampliaron y parecía que todo entraba dentro de las vertientes de los Estudios Culturales (Ortiz, 2004), sin embargo no necesariamente ha sido así. Por ejemplo, las posturas sobre el consumo no han abandonado las improntas epistemológicas, teóricas y metodológicas desde las cuales se insertó para intentar dar cuenta de la sociedad de masas, que al relacionarlo con lo cultural mediante el término C. C. pareciera extenderse a esas mismas improntas, y si no se hace un cuidadoso empleo del término, las confusiones pueden ser graves y su capacidad explicativa y programática de conocimiento, palidece.
Además, para algunos académicos, los Estudios Culturales han ido mostrando ciertas tendencias por donde algunos perciben inconsistencias y riesgos ante lo que podría decirse como una euforia académica generalizada (Follari, 2002), algo similar a lo que ocurre con ciertas tendencias de los estudios de la recepción que han sido criticados por tender a ver el lado activo de los sujetos[3].
Es por ello que es importante tener en consideración que al hablar de consumo, varias posturas o investigadores la siguen asimilando o contemplando desde la Teoría Crítica o a la Economía Política, donde para otros, la han empleado de manera vaga, general, parcial e imprecisa. Un ejemplo puede ser el Diccionario crítico de política cultural, de Teixera Cohelo (2000) donde si uno quiere acceder a Consumo, ha de recurrir a la entrada de Sistema de Producción Cultural; para acceder a Consumo del Bien Cultural, a la de Producto Cultural; para el caso de Consumidor, al de Público; para el de Consumismo, al de Culturas Posmodernas. Si uno revisa el caso de los términos relacionados, la ramificación se extiende y las líneas divisorias entre los enfoques sobre la cultura se hacen borrosas, aunque predomina el énfasis por la mirada Crítica y Política de la cultura, como lo indica el mismo título del libro.
Las nuevas caras de las culturas populares y el consumo cultural. Trayectorias.
Si abordamos la manera como Jesús Martín Barbero y Néstor García Canclini fueron trabajando desde mediados de la década de los setentas parte de su obra reflexiva, podemos encontrar la manera que apareció la propuesta de estudio del C. C., y si lo extendemos hacia finales de los noventas podemos encontrar la manera como modificaron no sólo sus propuestas reflexivas, sino el estatus del C. C. y su encuentro con las C. J. Para ello, hemos dividido el recorrido en cinco etapas: de 1975 a 1979, de 1980 a 1984, de 1985 a 1989, de 1990 a 1994 y de 1995 al 2000.
En ese recorrido hemos incluido algunos elementos que ellos mismos consideraban como los contextos a los cuales ellos reaccionaban con sus propuestas, así como la síntesis de algunas de sus propuestas que nos orientaran hacia el tema del C. C., dejando para otro espacio un examen más detallado de las mismas y dentro de una constelación mayor de su propia obra[4].
En la primera etapa (1975-1979) podemos encontrar un periodo de reflexión, revisión y distanciamiento con respecto a lo realizado hasta ese momento por los estudios de la comunicación, de acuerdo con las expresiones que ha señalado Jesús Martín Barbero (1999; 1989; 1987), ante un primer acercamiento con lo popular. De hecho, el contexto prioritario en el cual centra su obra es el de reaccionar a lo oficial y a las tendencias dominantes, y en la obra de este momento podemos encontrar la pregunta por lo popular, el desplazamiento del espesor de lo masivo urbano, y es por ello que se aboca a preguntarse por los usos sociales de lo masivo, y es cuando comienza a plantear el paso de entender a la comunicación como proceso de dominación a la dominación como proceso de comunicación.
En el segundo periodo (1980-1984) encontramos una etapa donde las reflexiones sobre lo popular en lo masivo comienzan a tener una orientación. De acuerdo al mismo Martín Barbero (1999; 1989), los contextos de su obra son: el encuentro con la cultura por vía de lo popular masivo, la expansión de las NTCI, los debates sobre la modernidad y la aparición de nuevos paradigmas en las ciencias sociales y en la comunicación. Su obra se centra en varios puntos: desentrañar los vínculos de lo urbano y lo popular, los medios de comunicación en la experiencia comunicativa de lo cotidiano, la lectura desde lo popular. En estos momentos plantea la ruptura teórica de repensar la participación de los dominados y señala que es estratégico investigar la participación social, lo alternativo y lo popular.
En este segundo periodo García Canclini (1982) publica su libro Las culturas populares en el capitalismo, cuya investigación se realizó de 1977 a 1980, es decir, su elaboración corresponde al primer periodo, pero su introducción a un ámbito académico más amplio fue a partir del segundo. En este libro busca entender las diversas manifestaciones de la cultura popular para poder entender sus cambios a partir del capitalismo, y se centra en los productos culturales para ver lo que hay en ellos de lo económico y de lo simbólico, y propone una estrategia de estudio que abarque la producción, circulación y consumo de la cultura popular. Canclini hace una revisión de diversas posturas que han estudiado o abordado lo popular, así como las que han hablado sobre las desigualdades culturales para poder llegar a plantear que “son resultado de una apropiación desigual del capital cultural, una elaboración propia de sus condiciones de vida y una interacción conflictiva con los sectores hegemónicos” (1982: 63). La perspectiva de la tensión de sentidos que se encuentran dentro de los productos culturales lo van acercando a ciertas posturas de autores como Bourdieu y otros más quienes hablan de la reproducción cultural y lo acerca a nociones como el habitus como un medio de reproducción de lo cultural, intentando evitar una postura mecanicista, y de lo cotidiano como un lugar donde se organiza la dominación (1982: 54), y el consumo será un mecanismo del capitalismo para la producción social de la diferencia, y revitalizar a la economía a través de la demanda, ante su expansión monopólica y transnacional.
El tercer periodo (1985-1989) será el momento cuando aparecen los mapas y modelos para pensar lo popular, y es ahí donde aparecen propuestas para pensar el consumo. Tanto Martín Barbero como García Canclini señalan los contextos del momento: el interés por lo popular por la expansión del mercado y la incorporación de lo popular por el consumo, el interés por la presencia y acción de la sociedad civil, y lo popular visto como resistencia; la revaloración que se le da a la dimensión cultural mientras que se da una disolución de las fronteras disciplinares en el campo de la comunicación. Es importante señalar que en gran parte de sus reflexiones y propuestas aparecen en estos momentos las obras de autores como Paul Ricour, Paulo Freire, Gramsci, Pierre Bourideu y Michel De Certau.
García Canclini (1987ª; 1988) se aboca a una revisión profunda de lo popular concentrándose en dos puntos centrales, por un lado la relación entre la dominación con la resistencia, y por el otro lado la de la hegemonía y el consumo, y propone que los ejes para pensar las nuevas dimensiones de lo popular puede centrarse en tres ejes: el estudio del consumo, de la vida cotidiana y del habitus. Señala que las preguntas pendientes por responder eran: lo popular, la apropiación diferenciada por el consumo, el capital cultural de cada sociedad, el carácter integral de las transformaciones sociales y los mismos sujetos sociales.
Por su parte Martín Barbero (1987ª; 1987b; 1989) mantendrá la propuesta de proseguir con el interés por lo popular, proponiendo estudiar la historia de los modos de comunicar para encontrar las pistas de lo masivo en lo popular. Sus reflexiones lo llevan a una obra que se convertirá en una nueva agenda de estudio para la comunicación en América Latina, De los medios a las mediaciones, donde hace la revisión histórica de lo popular en lo masivo, la revisión del poder como proceso de comunicación, las lecturas desde lo popular y propone un “mapa nocturno” donde coloca tres ejes de estudio e indagación: lo cotidiano, el consumo y el lector. En este periodo trabaja sobre los usos sociales de la comunicación desde la cultura para intentar abordar tanto al consumo como las nuevas concepciones de la lectura a través del estudio de las telenovelas latinoamericanas (Martín Barbero, 1987c). Igualmente señalaba que las tendencias de investigación dominantes eran: el vínculo entre políticas, tecnología y democracia; las industrias culturales, la trasnacionalización y la cultura popular; los medios de comunicación, los públicos y el consumo, principalmente de la televisión, donde señalaba la importancia de los estudios de la recepción que se estaban dando en paralelo en esos momentos.
En el cuarto periodo (1990-1994) encontramos dos tendencias importantes: por un lado, la de intentar armar un modelo y una vía para pensar al consumo cultural, y por el otro, el paso de ubicarla dentro de los procesos de la globalización, con lo cual se da un estatus nuevo al consumo: de ser una agenda, a ser tanto una vía de generar conocimiento social como para intervenir en políticas culturales. Igualmente es el momento donde se hace más claramente su relación con otros conceptos como sería el de la recepción. Los contextos señalados son: la expansión urbana, la modernización de la cultura, la expansión de las industrias culturales.
Jesús Martín Barbero (1999; 1999ª; 1990ª) se abocará a realizar reflexiones sobre el interés por la recepción y el consumo ante el vínculo creciente de los medios de comunicación con los procesos de la globalización y la ampliación de los mercados y la fragmentación de los consumos, los cambios y formas de socialidad que esto produce, donde los consumidores actúan más como “nómadas”, aludiendo a las reflexiones de Elizabeth Lozano (1991), y señalando continuamente los riesgos de perder de vista con la autonomía dada al receptor y consumidor, del poder de las industrias de la cultura y los medios de comunicación.
Por su parte, Néstor García Canclini (1994; 1994ª; 1994b; 1993; 1991; 1991ª) publicará dos obras colectivas importantes para el consumo cultural, con lo cual no sólo hacía evidente las delimitaciones conceptuales, teóricas y metodológicas para estudiar al C. C., sino en forma de un programa de investigación, que ha sido de los pocos en México[5]. En la primera obra, Públicos de arte y política cultural, señalaba una de las tendencias de orientación del estudio del C. C.: las políticas de culturales ante el desarrollo sociocultural de la ciudad de México. Asimismo, en este estudio hacía claro una de las áreas que se abrirían para el C. C., los públicos del arte, y su vínculo con otros conceptos con los cuales se le estaba vinculando: el estudio por su recepción. En el segundo libro, Consumo cultural en México, García Canclini hace una revisión de lo que se había investigado en México sobre públicos, recepción y consumo de bienes culturales, hace una revisión de las investigaciones del consumo cultural, y finalmente genera un mapa de los modelos con los que se le ha estudiado y propone un modelo sociocultural que será importante porque para muchos será la definición conceptual, y el programa metodológico, para abordar al C. C. en América Latina y México. Igualmente es importante este libro porque, como lo veremos más adelante, da los trazos desde los cuales se tiende a ubicar a los estudios del C. C. que actuarán como los programas de investigación y áreas de conocimiento, y dentro de los trabajos que se presentan, aparecen dos que se relacionan con los jóvenes.
Finalmente en el quinto periodo (1995-2000) se pasa a otro nivel de reflexión y de ubicación del C. C. El contexto señalado por ambos investigadores incluye elementos que rozan por las dimensiones de la globalización y sus manifestaciones culturales, y es aquí donde se hacen explícitas su vínculo con los jóvenes o las culturas juveniles: la formación de las sociedades modernas y el ensamblado multinacional; la identidad nacional que se configura por lo global, y el reencuentro con lo regional y lo local; la reconfiguración de las culturas tradicionales, los movimientos sociales y la reivindicación de su memoria histórica; las diferencias entre lo internacional y lo global; los nuevos modos de estar juntos en la ciudad, lo multicultural; las culturas desterritorializadas y los jóvenes.
Martín Barbero (2001; 1999; 1998; 1998ª; 1997) comienza una etapa de reflexividad que implica los procesos de reconstitución de lo local y la reconfiguración lo nacional ante el desarrollo de la tecnología y de la globalización, y, ante ello, las dinámicas de localización y dislocación que propicia la televisión y los modos de relación social, así como la indagación sobre el sensorium de los jóvenes. Y dentro de estas reflexiones, Martín Barbero señala que se ha dado un desplazamiento del estudio de la recepción hacia el del consumo cultural.
Por su parte, García Canclini (1999; 1998; 1998ª; 1997; 1995; 1995ª) publicará varios libros, tanto en lo individual como en colectivo. En lo primero, nos interesa destacar su libro De ciudadanos a consumidores, donde en algunos artículos continúa reflexionando sobre el C. C. como un elemento no sólo para comprender a las sociedades contemporáneas, sino la manera como se están construyendo las identidades modernas y postmodernas por medio del consumo, con lo cual las reflexiones sobre el C. C. lo coloca en una dimensión diferente a como se había realizado en periodos anteriores, y se vincula con otros temas que aborda en el libro: los circuitos culturales que tanto re organizan la vida urbana como el circuito de la transnacionalización, las políticas urbanas y las narrativas que hablan de la multiculturalidad, que es importante porque señalará que ante los diversos circuitos culturales, principalmente mediáticos y narrativas que reclaman espectadores multilingües, se está en un panorama de un ecosistema comunicativo global y creciente y los receptores y/o consumidores son espectadores multimedios.
Dentro de los libros colectivos, destacan los dos volúmenes del libro, Cultura y comunicación en la ciudad de México, que con ambos libros señalan rutas para explorar la multiculturalidad y las formas de vivir en la ciudad, y, también, la manera como los medios de comunicación convocan a la ciudadanía, la nombran, la movilizan. Estos dos libros son importantes porque dan una visión de las áreas de estudio que se venían perfilando desde tiempo atrás con el libro del Consumo Cultural, y porque perfilan la ruta siguiente de sus estudios, es decir, la manera como se hace postpolítica (García Canclini, 1995ª), la conformación de una ciudadanía por la apropiación de espacios públicos o simbólicos, por el consumo y recepción de medios de comunicación.
El Consumo Cultural. Mapas y relaciones.
El breve recuento de las obras de Jesús Martín Barbero y Néstor García Canclini, nos han dado elementos para ubicar el entorno, tanto social, histórico y cultural como académico, de acuerdo a sus propias miradas de lo que observaban, en el cual emerge la propuesta del consumo, que se desarrollará bajo la denominación de C. C., y la manera como se fue ajustando y modificando ante los nuevos tiempos. Pareciera que mientras ambos autores poco a poco dejan en un lugar específico de sus reflexiones al C. C. para encarar otros nuevos temas y agendas, el impacto en la comunidad académico en América Latina y México creció, y en algunos casos se realizó al tomarlos como una agenda de investigación de lo que es necesario o pertinente, o retomando algunas de sus propuestas, principalmente la de considerar a la cultura como una perspectiva de análisis.
También, su obra propició un diálogo con investigaciones que se realizaban con perspectivas paralelas y con algunos puntos de contacto a través de temas y/o conceptos afines, cercanos, y que de una u otra manera se podían incluir dentro de las áreas de estudio que se establecieron para ingresar al estudio del C. C., que en parte han actuado actuarán mapas, áreas, agendas, o, incluso, como posibles programas de investigación donde se podrían inscribir investigaciones particulares.
Todo indica que desde esta perspectiva, el vínculo del C. C. con los jóvenes se realizó en el cuarto periodo como un apartado dentro de sus áreas de estudio, pero fue hasta el último periodo cerca ya del fin de la década de los noventas, que se le da un peso importante y significativo, pues la presencia de los jóvenes será vista como una de las áreas estratégicas para entender las transformaciones profundas que se están propiciando a partir de la globalización.
Es por ello que es importante revisar cuáles fueron las áreas o agendas de estudio del C. C., y para ello procedimos a revisar como de manera colectiva se han presentado trabajos como resultado de reflexiones o investigaciones en América Latina. Para hacer esto, nuevamente recurrimos a la manera como en algunos libros, principalmente colectivos, se agrupaban los distintos trabajos que se realizaron, como producto de reflexión y/o indagación, y la manera como los organizaron dentro de la estructura del libro, y que nos permite ver las áreas que se establecieron para dar una visión general del C. C.
El primer libro revisado fue el coordinado por Néstor García Canclini (1993), El consumo cultural en México, el cual presentaba la siguiente estructura y contenido:
TABLA 1
ESTRUCTURA LIBRO CONSUMO CULTURAL EN MEXICO
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Teoría: |
Consumo cultural y espacio urbano: |
Consumo cultural y medios de
comunicación: |
Consumo cultural y sujetos sociales: |
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Propuesta teórica |
Cd. de México, símbolos colectivos y uso espacio |
Televisión: comunidades de referencia en el proceso de recepción |
Interacción consumo cultural de los jóvenes |
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E. U. sectores social y consumo en Coyoacán |
Telenovela, memoria y familia |
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Movimientos sociales |
Hábitos de radio de los jóvenes Cd. De México |
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Museo culturas populares |
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Museo Templo Mayor |
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Como se verá, además del apartado teórico, se encuentran tres agendas para estudiar al C. C.: el espacio urbano, los medios de comunicación, y los sujetos sociales. Al abordar el espacio urbano podemos ver que principalmente se realiza en la Ciudad de México, lugar donde trabaja García Canclini y el grupo de investigación. Punto importante será el C. C. de medios de comunicación con textos de investigadores invitados que trabajan la recepción y los públicos de la televisión, con lo cual es posible comenzar a abordar algunas de las relaciones que irá adquiriendo el estudio del C. C. con los estudios de la recepción y los públicos de los medios. También es interesante ver que hay dos trabajos donde entran los jóvenes: los hábitos con la radio, que igualmente será, junto con el de exposición, otros conceptos relacionales, y el área de estudio dentro de los sujetos sociales.
Este libro es importante porque por primera vez no sólo se menciona la importancia del estudio del C. C. y se explicita conceptual y metodológicamente, sino que se hace de manera colectiva, bajo un programa de investigación, y se le aborda desde distintas perspectivas, abriendo el panorama de lo que es básico y posible investigar para pensar el C. C.
Si ahora revisamos el libro coordinado por Guillermo Sunkel (1999) sobre el C. C. en América Latina, encontramos la siguiente estructura y contenido del libro:
TABLA 2
ESTRUCTURA DEL LIBRO EL CONSUMO CULTURAL EN AMERICA LATINA
|
Aproximaciones teóricas y metodológicas: |
Usos y prácticas del consumo cultural: |
Apropiación arte y patrimonio: |
Consumo de medios: |
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Recepción-consumo |
Cotidianeidad, medios, educación |
Público de arte |
Televisión |
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Audiencias |
Entretenimiento, tiempo libre |
Espectadores |
Prensa |
|
Mediaciones (audiencia) |
Prácticas, medios |
Museos |
Radio |
Nuevamente aparece el apartado teórico, incluyendo lo metodológico, y tres áreas de reflexión y estudio: usos y prácticas, apropiación del arte y del patrimonio, y el consumo de medios. Pareciera que lo que tienen en común es el consumo de medios, y la diferencia anterior es el uso y prácticas del consumo cultural, así como la apropiación del arte.
Lo interesante es la manera como se aborda el C. C., donde tanto en lo teórico y lo metodológico se vincula con la recepción y las audiencias, con los usos y la apropiación. Los ejes de estudio sobre los usos y las prácticas también son importantes, pues se tiende a relacionar con los medios de comunicación, con lo cotidiano y con el entretenimiento, lo cual nos lleva nuevamente a los hábitos, usos, exposición de medios. Por su parte, la apropiación del arte se hará a través de dos elementos que igualmente estarán presentes dentro de la constelación que los estudios del C. C. van atrayendo dentro de su órbita: los públicos, los espectadores.
Este libro es importante porque refleja, a unos cuantos años del libro colectivo de García Canclini, lo que se estaba pensando e indagando en América Latina, y porque tanto tiene puntos de coincidencia importantes con el libro coordinado por García Canclini, como porque abre otras áreas del C. C., que igualmente crecerá y serán parte de las agendas para algunas instituciones encargadas del fomento de políticas y gestión cultural.
Además, nos permite ver lo que se estaba trabajando dentro de los estudios de la comunicación en América Latina, y cómo entra en ese panorama los estudios del C. C., pues si uno afina la mirada en las tablas anteriores, verá que dentro del C. C. están, de una u otra manera, lo que se conoce como las principales corrientes de estudio de la comunicación Latinoamericana, que se conformaron a partir de la década de los ochentas, en forma paralela, como lo sintetiza Nilda Jacks (Jacks, 1996; Jacks y Ecosteguy, 2005) y que podemos observar en el siguiente cuadro:
TABLA 3
PRINCIPALES CORRIENTES LATINOAMERICANAS DE ESTUDIO DE LA COMUNICACIÓN, NILDA JACKS
|
Consumo cultural: |
Frentes culturales: |
Recepción activa: |
Uso social de los medios: |
Modelo de las multimediaciones: |
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García Canclini |
Jorge González |
CENECA. Fuenzalida |
Jesús Martín Barbero |
Guillermo Orozco |
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Teoría sociocultural del consumo integrando teorías económicas, psicoanalíticas, antropológicas, sociológicas y comunicacionales |
Disputa por la validación simbólica, en la que cada grupo sociocultural participa para hacer valer su identidad cultural |
Estudio de la influencia cultural de la TV a través de la exploración de las relaciones concretas de producción de significado entre diferentes segmentos sociales y el mensaje televisivo. |
Articulaciones que se establecen entre las prácticas de comunicación y los movimientos sociales, considerando las mediaciones del contexto cultural de los receptores. |
Averiguar cómo se realiza la interacción entre la audiencia y la TV, tomando en cuenta el conjunto de mediaciones que se enlazan en lo cotidiano y en las prácticas sociales. |
La síntesis que realiza Nilda Jacks sobre las principales corrientes de estudio de la comunicación en América Latina nos da cuenta del dialogo colectivo que se estaba dando en las décadas de los ochentas y los noventas, y la manera como diferentes perspectivas se enriquecían mutuamente, pues es posible ver que las mencionadas tuvieron un desarrollo particular, conformando igualmente comunidades de estudio, que permitieron extender sus mismas propuestas y abrir nuevas líneas de investigación (Orozco, 2002), o que tanto se nutrían como se diferenciaban entre sí para continuar con sus propios programas de estudio, donde un caso representativo han sido los estudios de la recepción (Orozco, 2002ª).
Y también, la síntesis de Jacks nos habla de la interrelación de las agendas, tanto conceptual como metodológicamente, que se estaban dando y que algunos de ellos se incorporaron dentro del estudio del C. C., y cómo podían en algunos casos ser parte de una agenda de investigación diferente, con lo cual las formas de entrar a ellos se abría a través de un abanico de conceptos que se consideraban cercanos. Si hacemos una atenta revisión a las sistematizaciones de la investigación de la comunicación en México realizadas por Raúl Fuentes Navarro (2003), principalmente la que comprenden los años que van de 1995 al 2001, veremos que al trabajar con la entrada de Consumo, hay una continua referencia a otras entradas, entre ellas:
TABLA 4
RELACIONES DE ENTRADAS A PARTIR DEL CONSUMO DEL LIBRO DE RAUL FUENTES NAVARRO (1995-2001)
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CONSUMO: |
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EXPOSICION MEDIOS (TV) |
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TIEMPO LIBRE |
|
PREFERENCIAS |
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AUDIENCIAS |
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RECEPCION |
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CONSUMO CULTURAL |
Las entradas que localizamos en la sistematización de Fuentes Navarro nos ratifican las tendencias señaladas y de esta manera, podemos sintetizar que las áreas de estudio del C. C. que se han privilegiado son:
E igualmente podemos señalar que al C. C. se le vincula con los siguientes conceptos, con lo cual puede entrar la confusión de que si se hacen estudios de ellos se está haciendo estudios del C. C.:
Y, finalmente, que al hablar de consumidores, se le vincula con:
El recorrido que hemos realizado nos ha ido permitiendo encontrar cuándo entra el tema de los jóvenes dentro del C. C., y nos ha dado indicios a cuál de sus áreas de estudio. La pregunta ahora es cómo han entrado los jóvenes, cosa que sucederá más adelante, pero que nuevos indicios los encontramos con el trabajo ya mencionado de Raúl Fuentes Navarro (2003), donde a la entrada de jóvenes o adolescentes, se le relaciona con otras, como lo podemos ver en la siguiente tabla:
TABLA 5
RELACIONES DE ENTRADAS A PARTIR DE JOVENES Y ADOLESCENTES DEL LIBRO DE RAUL FUENTES NAVARRO (1995-2001)
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JOVENES, ADOLESCENTES: |
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JUEGOS, APRENDIZAJE |
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TIEMPO LIBRE |
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INFLUENCIA MEDIOS Y TECNOLOGÍA (TV) |
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IMAGEN, IMAGINARIO, ED. SENTIMENTAL |
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DINÁMICA, ENTORNOS FAMILIARES Y MEDIOS |
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MUJERES JOVENES: AGRUPAMIENTOS, ACCESO NTI |
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RECEPCIÓN Y EDUCACION |
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CONVERGENCIA TECNOLÓGICA |
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CULTURA JUVENIL, IDENTIDAD, PRACTICAS |
Si relacionamos lo que emanó en la tabla 5 con lo propio de la tabla 4, veremos que la posible relación del consumo con los jóvenes se da principalmente a través de la exposición, recepción y consumo de medios de comunicación y de las tecnologías de información, en espacios como la familia y la escuela, y en circunstancias que apuntan principalmente en el empleo del tiempo libre. En esta tabla se observa igualmente la preocupación por la influencia de los medios y las tecnologías en los jóvenes, e igualmente está el interés por aspectos como la cultura juvenil, las identidades, sus prácticas, los imaginarios y la vida sentimental.
Si relacionamos lo que resultó de la revisión del trabajo de Fuentes Navarro, con las áreas de estudio del C. C., podemos pensar que aquello que podría ser parte de los estudios del C. J., sería en lo que se relaciona con tres áreas: consumo de medios, consumo y espacio público, usos y prácticas del consumo cultural.
Ahora, es importante revisar qué es lo que tiende a suceder pero desde el lado de los estudios de las C. J., y desde ahí, ver como se relaciona con el C. C.
Estudios Culturales Juveniles. ¿Y el
Consumo Cultural?
Reconocemos de antemano que tocaría hacer un recuento de la trayectoria histórica de los estudios C. J. en México para poder enmarcar mejor nuestra búsqueda de ver cómo en su interior ha entrado el tema del C. C., algo que en estos momentos nos rebasa. Es por ello que como en el caso anterior hemos procedido a trabajar mediante la revisión de la estructura de dos libros recientes que abordan a las C. J. en México, para observar las áreas que proponen para su estudio y desde ahí obtener indicios de la manera como aparece el C. C.
El primer libro fue coordinado por Alfredo Nateras (2002) con el título, Jóvenes, culturas e identidades urbanas, y presenta la siguiente estructura y contenido:
TABLA 6
ESTRUCTURA DEL LIBRO JOVENES, CULTURAS E IDENTIDADES URBANAS
|
Teoría/metodología: |
Espacios y tiempos juveniles: |
Actores: |
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Presencia y acción de los jóvenes |
Educación |
Políticas juveniles |
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Identidad juvenil y praxis |
Perforaciones y tatuajes |
Trabajo |
|
Lenguajes juveniles |
Música:
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Adicciones |
|
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|
Identidad de género |
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Sexualidad, adolescencia, matrimonio |
De partida se puede pensar que la estructura del libro responde a aquellas áreas que son básicas para entender a las culturas e identidades urbanas de los jóvenes, y que en parte serían algunas de las tendencias de quienes estudian estos temas. También, y de acuerdo con la estructura del libro, podemos ver que no hay una relación directa con el C. C., aunque si un vínculo a través del apartado sobre espacios y tiempos juveniles, donde igualmente se puede encontrar algún tipo de relación a través del área del espacio público, y el de usos y prácticas del consumo cultural. Sin embargo, la forma como entra el tema del C. C. no tiende a ser central, sino formando parte o en relación con un objeto, tema o concepto distinto. Lo que si es más evidente es la conexión con algunos de los temas que aparecen en la sistematización de Raúl Fuentes, como sería el caso de las identidades, la educación sentimental, la educación.
Otro libro revisado fue el de, Nuevas miradas sobre los jóvenes. México-Québec, que publicó el Instituto Mexicano de la Juventud y que coordino José Antonio Pérez Islas y Mónica Valdez (2003) para el caso de México, y Madeleine Gauthier y Pierre-Luc Gravel para el de Canadá[6]. La estructura y contenido del libro se puede ver en la siguiente tabla:
TABLA 7
ESTRUCTURA DEL LIBRO NUEVAS MIRADAS SOBRE LOS JOVENES
|
Instituciones aglutinadoras: |
Espacios y relaciones: |
Identidad: |
Cuerpo: |
Represen- taciones: |
Agrupa- mientos: |
|
Escuela |
Familias |
Agrupamientos |
Adicciones |
Valores |
Cholos |
|
Trabajo |
Afectividades |
Símbolos |
Sexualidad |
Creencias |
Pachuchos |
|
|
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Territorios |
|
|
Maras |
|
|
|
|
|
|
Nortecos |
La estructura de este libro es un tanto diferente respecto al anterior, por las razones de que son igualmente diferentes sus objetivos y alcances, pero que, también, suponemos que quienes estudian a la juventud proponen para dar una visión general. Es posible ver que si bien hay temas similares, los ubican dentro de diferentes áreas o le dan otro sentido. Así podemos encontrar un paralelismo en los temas por los espacios, por el cuerpo, los sujetos y/o agrupamientos, pero hay la diferencia en que en el primer libro no toca frontalmente a las instituciones aglutinadoras. En relación a las áreas del C. C., puede haber un vínculo con el de espacio público, prácticas y usos, y el de sujetos sociales. Como en el libro anterior, se ve que hay relación con las entradas de la sistematización de Fuentes Navarro con temas como la escuela, la familia, las afectividades, los agrupamientos.
Finalmente, otra forma de acercamiento es a través de la revista del Instituto Mexicano de la Juventud, Joven es, y observar las temáticas que se han publicado en la mayoría de los números de su segunda y actual época[7]. Esta la podemos observar en la siguiente tabla:
TABLA 8
SISTEMATIZACION DE LA REVISTA JOVEN ES
|
Teoría/metodología: |
Espacio y vida social: |
Cultura juvenil: |
Practicas y estéticas: |
|
Sociología juventud |
Territorialidad |
Identidades |
Estética corporal (tatuajes, etc.) |
|
Historia jóvenes |
Lo local y regional |
Afiliaciones identitarias (darketos, cholos, etcétera) |
Graffiti |
|
Postmodernidad |
Lo cotidiano |
Bandas |
Música |
|
Género |
La frontera |
Organizaciones juveniles |
Antros |
|
Empleo |
Lo real, simbólico e imaginario |
|
|
|
Política |
|
|
|
|
Culturas juveniles |
|
|
|
|
Adolescencia y sexualidad |
|
|
|
|
Violencia y sexualidad |
|
|
|
|
Subjetividades y representaciones |
|
|
|
|
Adicciones |
|
|
|
|
Discursos sociales |
|
|
|
Los temas tienden a crear un circuito en el que pareciera que se mueven los estudios de las C. J., pues si bien se pueden abrir áreas de estudio para el caso de la revista, los trabajos publicados tienden a rondar, aunque con otras perspectivas y una mayor amplitud, temas que se interrelacionan. Punto importante son los temas de las reflexiones teóricas y metodológicas que cubren un amplio abanico de tópicos, por donde se cuelan algunas de las áreas de estudio de los libros consultados. También es factible ver la conexión con las culturas juveniles, donde va emergiendo una imagen: los jóvenes vistos como agrupaciones grupales, identitarias, por donde se puede ver un nexo de la manera como los estudios del C. C. Igualmente está el caso del espacio y vida social, donde los estudios de las C. J. trabajan con temas como lo territorial, lo cotidiano, y que también hay una posible relación con el área de espacio público del C. C., además de que en ambos casos se puede notar un interés por desentrañar las formas de socialización a partir de lo global, como es el caso de los temas sobre lo local y lo regional. Finalmente, en el apartado de prácticas y estéticas igualmente se puede encontrar un vínculo con el área de uso y prácticas del consumo, pero pareciera que la relación gira más alrededor del espacio público, aunque también hay una marcada diferencia por intereses más particulares de los estudios de las C. J., como es el caso de la estética corporal, el graffiti.
Desde los estudios del C. C., el tema de los jóvenes aparece y se va tornando muy importante, como una guía para abordar algunas de sus áreas de estudio, como los sujetos y/o objetos del estudio. Desde los estudios de las C. J., no se contempla el vínculo a primera vista, y más bien habría que pensar que entra como parte de otro objeto de estudio, o como algo que puede ser equivalente.
Algo que no aparece directamente dentro de los estudios de las C. J. es el consumo de medios o de tecnología. Tampoco aparecen denominaciones como consumidores, públicos, audiencias, pero si agrupamientos, afiliaciones identitarias, identidades. No aparecen hábitos, recepción ni exposición, tiempo libre, pero si aparece lo cotidiano. Aparecen espacios, instituciones, prácticas, mundos subjetivos, afectividades, sexualidad, estéticas, representaciones y subjetividades, y de ahí se tocan en ocasiones elementos del consumo, la recepción, la apropiación.
III. Consumo cultural y jóvenes en México. Primer acercamiento
hemerográfico.
Comunidad y producción de sentido.
Hemos revisado el contexto desde el cual aparece el C. C. en América Latina. Ahora toca abordar lo que se ha publicado en México, principalmente en lo que se refiere al C. C. y los jóvenes[8].
La manera como hemos procedido a dar cuenta sobre lo que se ha publicado fue a través de acceder a algunas de las principales revistas sobre comunicación que se han publicado en México desde mediados de la década de los ochentas, en concreto, las siguientes revistas: Estudios Sobre las Culturas Contemporáneas (ESCC), de la Universidad de Colima; Comunicación y Sociedad (CyS), de la Universidad de Guadalajara; Anuario de Investigación de la Comunicación (AIC), del Consejo Nacional para la Enseñanza e Investigación de las Ciencias de la Comunicación (CONEICC); Espacios de Comunicación (EC), de la Universidad Iberoamericana; Razón y Palabra (RyP), del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey Campus Estado de México[9].
En México podemos encontrar una serie de trabajos que han sistematizado lo que algunas revistas han publicado y contribuido a la generación y difusión del conocimiento sobre la comunicación (Fuentes Navarro, 2004ª, 1996; Ramírez y Ramírez, 2004; Aceves, 1993; Gómez Vargas, 2003). Varios supuestos están alrededor de los trabajos de sistematización de lo publicado en las revistas. Un primer supuesto se refiere a que por medio de las revistas se puede vislumbrar una comunidad académica de la comunicación que han estado trabajando para la conformación de un campo académico (Fuentes Navarro, 1998), y las revistas no sólo han sido una instancia para su emergencia y búsqueda de legitimación y consolidación, sino que en ellas puede observarse en gran parte las tendencias que ha ido teniendo lo que se conoce como el campo académico de la comunicación en México, el cual ha tendido a la fragmentación y a la postdisciplinariedad (Fuentes Navarro, 1997), con lo cual se tiene un panorama sumamente complejo y difícil de asir. Un segundo supuesto va en el sentido de que las revistas han sido un elemento importante para la búsqueda de la institucionalización del campo académico de la comunicación, junto con las escuelas donde se imparten las licenciaturas, pero más cercanas a los postgrados, y a los centros de investigación, así como a mecanismos como congresos, simposiums, encuentros, que ha permitido la circulación del conocimiento, el diálogo (Fuentes Navarro, 1994). Un tercer supuesto sería que los dos anteriores han actuado dentro de ciertos contextos estructurales para la generación del conocimiento en el país, que se ha caracterizado por un apoyo ínfimo que propicia una diversidad de carencias, a la par que se da una marginación a los estudios de la comunicación que raya casi en la ignorancia o nulo reconocimiento, lo cual ha propiciado, entre otras cosas, que la base de la institucionalización recaiga principalmente en la docencia a nivel licenciatura (Sánchez Ruiz, 1997, 1994). Un cuarto supuesto va en el sentido que a través de las revistas es posible observar también los marcos epistemológicos, teóricos, metodológicos que han caracterizado a los estudios de la comunicación en México, así como algunos de los desplazamientos, rupturas y renovaciones que se han tendido a dar en las últimas décadas, que en mucho hablan de la comunidad académica, de los procesos de institucionalización del campo académico y de las movilidades temáticas que se han dado, de las agendas de estudio generadas y de la búsquedas de paradigmas posibles de hacia dónde enfilar a los estudios de la comunicación en el futuro.
Asumimos que en las revistas académicas de la comunicación en México es posible dar cuenta de lo anterior, así como el hecho de que en gran parte señalan algunas de las tendencias que se han dado en la atención al C. C., y la manera como se le ha abordado en el país. Es decir, pensamos que en las revistas es posible encontrar el peso que ha tenido el C. C., la manera como se ha vinculado con el campo académico de la comunicación, y la relación que ha tenido con las C. J., desde la óptica de los estudios de la comunicación.
Comenzamos a trabajar de acuerdo a un procedimiento que nos permitiera a la vez generar una sistematización de los documentos, como crear una base de datos de la misma, no sólo por el registro de información, sino por la conformación de descriptores que nos pudieran permitir un mejor manejo de la información, así como un mapa, una matriz de las tendencias de lo que se ha producido, teórica, conceptual, metodológica y tecnológicamente (Galindo, 2003).
El primer paso realizado fue consultar la bibliografía y hemerografía disponible. El segundo paso fue generar una serie de descriptores que nos permitiera registrar y dar un primer orden a la información, lo cuales fueron:
El tercer paso, fue agregar una serie de elementos que nos permitieran clasificar la información y un segundo momento de la organización de la información. Para ello, se propuso una clasificación en tres niveles:
I. Tratamiento. Es decir, la evaluación de los
documentos a partir de una serie de rasgos que le dan una relevancia,
ponderación y tratamiento al tema del consumo cultural, los jóvenes y el consumo
cultural y los jóvenes en México. La clasificación puede ser:
·
Si
el consumo cultural y los jóvenes es el mismo objeto de estudio o reflexión del
documento (IO).
·
Si
es sólo un tema o el tema abordado (IT), el cual puede tener tres variantes:
o
Central
(ITC).
o
Relevante
(ITR)
o
Secundario,
periférico, anecdótico (ITS)
·
Si
el documento es eminentemente reflexivo (teórico, ensayo, etcétera) (IR).
·
Si
el documento incluye un apartado teórico o reflexivo e información empírica
recabada por un método y técnica de indagación (IE).
II. Campo de estudio dentro del Consumo
Cultural. Es decir, ubicar y clasificar el documento dentro de los apartados
comúnmente asumidos dentro de los estudios del Consumo Cultural, los cuales
tienden a ser:
·
Teoría
y Metodología del Consumo Cultural (IITM).
·
Prácticas,
usos y espacio público (IIPUEP).
·
Consumo
de Medios (IICM).
·
Consumo
Cultural y sujetos sociales (IICS)
III. Enfoque de los estudios. Enfoques
temáticos de los documentos, los cuales pueden ser:
·
Consumo
(III1):
o
Exposición
de medios (III1EM)
o
Recepción
(III1R)
o
Audiencias
(III1A)
o
Públicos
(III1P)
o
Preferencias
(III1PR)
o
Consumo
Cultural (III1CC)
·
Jóvenes
(III2):
o
Juegos
aprendizaje (III2JA)
o
Tiempo
libre (III2TL)
o
Influencia
medios y tecnología (III2IMT)
o
Imagen,
imaginarios, educación sentimental (III2II)
o
Familia
y medios (III2FM)
o
Mujeres
jóvenes: agrupamientos, acceso información (III2MJ)
o
Recepción
y educación (III2RE)
o
Convergencia
tecnológica (III2CT)
o
Cultura
juvenil: identidad, prácticas, discursos (III2CJ)
o
Entretenimiento,
diversión (III2ED)
·
Medios
(III3):
o
Televisión
(III3T)
o
Radio
(III3R)
o
Cine
(III3C)
o
Prensa
(III3P)
o
Revistas
(III3R)
o
Video
(III3V)
o
Videojuegos
(III3VJ)
o
Internet
(III3IN)
o
Otros
(III3O)
Con lo hecho hasta aquí, se seleccionó los documentos con los que se trabajaría para el primer acercamiento al C. C. y los jóvenes en México. La decisión fue trabajar con las revistas ya indicadas, y dejar para otro momento otro tipo de documentos como los libros, tesis, etcétera.
Productos, productores.
Primero es importante dar cuenta de algunos elementos que nos permitan ponderar la presencia de textos sobre el C. C. en las revistas consultadas, y algunos datos los podemos encontrar en la tabla número 9:
TABLA 9
REVISTAS CONSULTADAS: INSTITUCION, EJEMPLARES AÑOS DE PUBLICACION
|
Revista |
Institución que la
publica |
Total de números
consultados |
Años comprendidos |
|
Anuario de Investigación de la Comunicación |
CONEIC |
11 |
1994 – 2004 |
|
Comunicación y Sociedad |
Univ. de Guadalajara |
11 |
1992 – 2000 |
|
Espacios de Comunicación |
Univ. Iberoamericana Santa Fe |
4 |
1996 – 2000 |
|
Estudios sobre las culturas contemporáneas |
Univ. de Colima |
27 |
1987 – 2001 |
|
Razón y palabra |
ITESM Estado de México |
46* |
1996 – 2005 |
*Se incluye un ejemplar clasificado como edición especial
De entrada, tenemos un panorama que comprende desde 1987 al 2005, en unos casos, lo cual nos permite tener una visión general del periodo en el cual se estaba comenzando a hablar del C. C. hasta el presente. De las cinco revistas, dos son publicadas en el interior del país (Guadalajara, Colima), una en el Estado de México, otra en la Ciudad de México y la otra de manera itinerante por decisiones y estatutos del CONEICC. De las cinco, sólo la de Espacios de Comunicación ha dejado de publicarse, pues tuvo un periodo de vida corto (1996-2000). La presencia de las revistas del interior del país indica una serie de elementos de la conformación del campo académico de la comunicación, entre ellos, la presencia que ha tenido las ciudades de Colima y Guadalajara, y algunos de sus investigadores, para la conformación del campo (Gómez Vargas, 2003ª), y cuyas revistas han sido reconocidas a nivel nacional e internacional, y que en el caso de la revista ESCC ha sido parte de un centro de investigación de lo que Gilberto Giménez (2003: 64) denomina como “cultura moderna en México”.
De las cinco revistas consultadas, tres de ellas se revisaron el total de números editados, y sólo en dos (C y S, ESCC) se revisaron algunos números por cuestiones de tiempo. Destaca la diferencia que hay entre las revistas impresas y la electrónica en lo referente a la cantidad de números editados, lo que hace evidente la dificultad que implica imprimir y la facilidad de subir en línea documentos.
En relación a los textos que han publicado las cinco revistas, lo podemos observar en la tabla número diez:
TABLA 10
TEXTOS PUBLICADOS, TEXTOS VINCULADOS CON EL C. C.
|
Revista |
Textos publicados
en los números consultados |
Textos Vinculados
con CC |
Tipo de documentos
que abordan CC |
|
|
Reflexivo |
Empírico |
|||
|
Anuario de Investigación de la Comunicación |
149 |
18 |
8 |
10 |
|
Comunicación y Sociedad |
109 |
9 |
4 |
5 |
|
Espacios de Comunicación |
93 |
8 |
5 |
3 |
|
Estudios sobre las culturas contemporáneas |
236 |
13 |
11 |
2 |
|
Razón y palabra |
831 |
11 |
9 |
2 |
|
Total |
1,418 |
59 |
37 |
22 |
Si consideramos como un conjunto el periodo de años que comprenden a las cinco revistas, dieciocho años, vemos que han contribuido con una no despreciable cantidad de documentos, es decir, con 1, 418, y se puede observar que la cantidad de artículos puede ir de acuerdo a la tendencia de la cantidad de números editados por cada una de ellas, aunque llama la atención que el AIC ha crecido sensiblemente con 11 números, y que RyP ha publicado como un 60% de los artículos, con un promedio de 18 por cada edición.
Ahora bien, si la cantidad de artículos es considerable, cuando revisamos aquellos que están vinculados con el C. C., vemos que sólo son 59 textos, lo cual representan un aproximado del 4% de la producción total, donde el AIC, ESCC y RyP son los que más han publicado al respecto. Pero si de esos 59 documentos revisamos cuáles son de carácter eminentemente reflexivo, teórico, y cuáles aportan material empírico, vemos que 37 corresponden a lo primero y 22 a lo segundo, con lo cual comenzamos a ver que el tema del C. C. ha tendido a ser más un espacio de reflexión que de indagación. De la parte reflexiva, destacan las revistas de ESCC y RyP, mientras que en el empírico destaca la presencia del AIC.
Respecto a los productores de textos sobre C. C. que han publicado en las cinco revistas, podemos ver algunos de sus rasgos en la tabla 11:
TABLA 11
NACIONALIDAD DE AUTORES DE TEXTOS SOBRE C. C. EN LAS REVISTAS CONSULTADAS
|
|
Nacionalidad |
|||
|
Revista |
Mexicanos |
Sudamericano |
Norteamericano |
Europeo |
|
Anuario de Investigación de la Comunicación |
18 |
0 |
0 |
0 |
|
Comunicación y Sociedad |
6 |
2 |
1 |
0 |
|
Espacios de Comunicación |
8 |
0 |
0 |
0 |
|
Estudios sobre las culturas contemporáneas |
7 |
5 |
1 |
0 |
|
Razón y palabra |
6 |
0 |
1 |
4 |
|
Total |
45 |
7 |
3 |
4 |
En la tabla se puede ver que en el AIC y EC todos los autores que han tratado el tema del C. C. son mexicanos, mientras que en el resto de las revistas el promedio es de 6 mexicanos, pues hay artículos publicados por sudamericanos Colombia, Argentina, Perú, Brasil), y en algunos casos por norteamericanos (ESCC, RyP), y por Europeos (RyP).
El total de mexicanos que han publicado sobre el C. C. en las revistas consultadas son 45, mientras que 14 son extranjeros, a lo cual hay que ir considerando que el peso de la producción mexicana es menor a lo que se reportaba en la tabla 10. Por su parte, la adscripción institucional se puede observar en la tabla 12:
TABLA 12
ASCRIPCION INSTITUCIONAL DE AUTORES DE TEXTOS SOBRE C. C.
|
|
Inscripción Institucional |
|||||||
|
Revista |
UAM |
UIA / ITESO |
U de G |
U de C |
ITESM |
UNAM |
UAEM |
Extranjeras |
|
Anuario de Investigación de la Comunicación |
3 |
6 |
1 |
0 |
8 |
0 |
0 |
0 |
|
Comunicación y Sociedad |
0 |
1 |
3 |
0 |
1 |
1 |
0 |
3 |
|
Espacios de Comunicación |
0 |
7 |
0 |
0 |
0 |
0 |
1 |
0 |
|
Estudios sobre las culturas contemporáneas |
1 |
1 |
0 |
4 |
1 |
0 |
0 |
6 |
|
Razón y palabra |
3 |
1 |
0 |
0 |
1 |
1 |
0 |
5 |
|
Total |
7 |
16 |
4 |
4 |
11 |
2 |
1 |
14 |
Los investigadores que han publicado sobre el C. C. tienden a ser de instituciones donde más se ha concentrado el trabajo de la conformación del campo académico de la comunicación en el país, es decir, la Ciudad de México, Guadalajara, Colima y Monterrey, y esto puede verse en la afiliación institucional, destacando el caso de las universidades que conforman el sistema educativo Ibero-ITESO (Ciudad de México, Guadalajara, León y Tijuana), con 16 textos, principalmente en revistas como AIC y EC. En segundo lugar destaca el caso del sistema educativo del ITESM (Monterrey, Cuernavaca), que han publicado 11 textos, principalmente en el AIC. Después estaría el caso de la Universidad Autónoma Metropolitana con 7 textos, publicados principalmente en el AIC.
Estos datos nos pueden dar una pista sobre los espacios donde se está produciendo conocimiento o reflexión sobre el C. C. en el país, cosa que se puede corroborar en la tabla 13, donde se indica la ubicación geográfica donde los textos señalaban dónde habían realizado sus trabajos:
TABLA 13
UBICACIÓN GEOGRÁFICA REFERIDA EN LOS TEXTOS SOBRE C. C.
|
|
Ubicación geográfica |
|||
|
Revista |
Mundo |
Nacional |
Regional |
Sin especificar |
|
Anuario de Investigación de la Comunicación |
1 |
5 |
12 |
0 |
|
Comunicación y Sociedad |
1 |
3 |
4 |
1 |
|
Espacios de Comunicación |
0 |
1 |
5* |
2 |
|
Estudios sobre las culturas contemporáneas |
1 |
7 |
5 |
0 |
|
Razón y palabra |
1 |
2 |
2 |
6 |
|
Total |
4 |
18 |
28 |
9 |
*Se incluye en este dato una investigación realizada en la ciudad de Phoenix con familias hispanas.
Hay una importante cantidad de documentos sin especificar ubicación geográfica (9), pero destaca la presencia de los enfoques desde las regiones de México con 28 textos, sobre la nacional, con 18, y sobre el mundo en general, con 4, siendo en el primer caso, referencias a ciudades como la Ciudad de México, Guadalajara, León, Tijuana, y como caso especial un impulso en la producción de Monterrey por el ITESM, Campus Monterrey.
Temáticas, enfoques, metodología.
Si enfocamos a otros elementos de los textos publicados en las cinco revistas que abordan al C. C. hemos de tener en cuenta algo que ya se había señalado en la segunda parte del presente artículo, en el sentido de que el C. C. tiende a expandirse, vincularse o incluirse por medio de otros conceptos, como hábitos, exposición, recepción, etcétera. Es por ello que toca abordar los temas que han abordado, los enfoques y las metodologías.
Respecto a los temas, esto puede verse más claramente en la tabla 14:
TABLA 14
TEMATICAS DE LOS TEXTOS PUBLICADOS SOBRE C. C.
|
|
Revistas |
||||
|
Temáticas |
Anuario de
Investigación de la Comunicación |
Comunicación y
Sociedad |
Espacios de
Comunicación |
Estudios sobre las
culturas contemporáneas |
Razón y palabra |
|
Acceso a tecnología |
|
1 |
|
|
|
|
Audiencias |
1 |
1 |
|
1 |
|
|
Consumo |
1 |
|
3 |
1 |
|
|
Cultura del consumo |
|
|
|
|
2 |
|
Cultura Juvenil |
1 |
|
2 |
|
1 |
|
Efectos |
|
|
|
|
3 |
|
Espacios |
|
|
|
1 |
|
|
Experiencias mediadas |
|
|
|
|
1 |
|
Exposición |
5 |
1 |
|
|
1 |
|
Globalización y políticas culturales |
2 |
|
|
|
|
|
Ind Culturales |
|
2 |
|
|
|
|
Inv sobre recepción |
1 |
|
|
|
|
|
Oferta y consumo |
|
|
|
1 |
|
|
Ofertas culturales |
|
|
|
1 |
|
|
Prácticas |
2 |
1 |
1 |
3 |
2 |
|
Preferencias |
1 |
|
|
|
|
|
Procesos simbólicos |
|
|
|
2 |
|
|
Públicos |
2 |
|
|
|
|
|
Recepción |
2 |
2 |
2 |
2 |
1 |
|
Representación del cuerpo |
|
1 |
|
1 |
|
|
Total |
18 |
9 |
8 |
13 |
11 |
Un primer punto a destacar es que con la revisión de los documentos, se registraron 20 temáticas que puede dar un panorama complicado y disperso, y que requeriría una revisión y re organización. Sin embargo nos da pistas importantes.
En primer lugar observamos la tendencia de asimilar la recepción con el C. C., pues es la que más prevalece en las cinco revistas, con un total de 9 textos, seguida de la temática de las prácticas (8), la exposición a los medios (7), el consumo (5) y finalmente la cultura juvenil (4). Temáticas como audiencias, efectos de los medios, cultura del consumo, industrias culturales, procesos simbólicos, públicos y representación del cuerpo, tienen una presencia menor, con 3 o 2 textos.
Por su parte, si ahora vemos el enfoque desde dónde se abordan las temáticas, tendríamos el siguiente:
TABLA 15
ENFOQUE DE LOS TEXTOS SOBRE C. C.
|
Revista |
Industrias
culturales |
Estudios Culturales |
Estudios de
recepción |
Usos y gratif. |
Sociológico |
Antropológico |
|
Anuario de Investigación de la Comunicación |
1 |
5 |
5 |
1 |
1 |
0 |
|
Comunicación y Sociedad |
1 |
4 |
0 |
1 |
3 |
0 |
|
Espacios de Comunicación |
0 |
3 |
2 |
0 |
0 |
1 |
|
Estudios sobre las culturas contemporáneas |
0 |
4 |
3 |
0 |
4 |
1 |
|
Razón y palabra |
0 |
1 |
1 |
0 |
2 |
1 |
|
Total |
2 |
17 |
11 |
2 |
10 |
3 |
Lo que aparece en esta tabla es algo que igualmente se prefiguró: la presencia de los Estudios Culturales como la principal óptica que ha permitido abordar al C. C., y su vínculo estrecho con los Estudios de la recepción, pues entre ambos, hay 28 documentos con esos enfoques, seguidos por el sociológico (10), que igualmente habla de una tendencia generalizada de los estudios de la comunicación en México, y es menor la presencia de los enfoques antropológicos, o desde las Industrias Culturales y los Usos y Gratificaciones.
Esto se ve ratificado por los autores que más son empleados para conformar el marco teórico de los textos publicados. Estos autores los podríamos agrupar en dos bloques. En el primer bloque hay cinco autores que predominan en los marcos teóricos: Néstor García Canclini, Jesús Martín Barbero, Pierre Bordieu, Guillermo Orozco y David Morley. El libro más citado es De los medios a las mediaciones y el texto El consumo sirve para pensar publicado en la revista Diálogos de la comunicación, editada por FELAFACS. Igualmente, de ambos autores está presente la mayoría de su producción. En un segundo bloque también podemos mencionar otros autores que dependiendo de lo que se pretenda argumentar son citados. Adorno y Horkheimer, John B.Thompson, José Carlos Lozano, Jorge González, Mauro Wolf y Enrique Sánchez Ruiz.
Al vinculo con la recepción, hay que añadir la tendencia de los enfoques de los Estudios Culturales, lo cual tendrá un impacto en las metodologías empleadas para su abordaje, donde un punto que es importante considerar es que tiende a haber una ausencia explícita de empleo de metodología, como se puede apreciar en la tabla 16:
TABLA 16
REFERENCIA A LA METODOLOGIA EMPLEADA EN LOS TEXTOS SOBRE C. C.
|
Revista |
Cualitativa |
Cuantitativa |
Ambas |
Documental |
Ninguna |
|
Anuario de Investigación de la Comunicación |
4 |
6 |
2 |
3 |
3 |
|
Comunicación y Sociedad |
3 |
2 |
0 |
1 |
3 |
|
Espacios de Comunicación |
4 |
0 |
0 |
1 |
3 |
|
Estudios sobre las culturas contemporáneas |
4 |
0 |
1 |
1 |
7 |
|
Razón y palabra |
3 |
0 |
0 |
0 |
8 |
|
Total |
18 |
8 |
3 |
6 |
24 |
La no mención, ni explicitación de metodologías empleadas se debe, entre otras cosas, a que muchos de los textos son reflexivos, mientras que donde se emplea alguna metodología, la mayor tendencia es hacia la metodología cualitativa con 18 documentos, seguida de la cuantitativa con 8. A destacar también es el empleo de fuentes documentales (6), que se han tomado como medio para un trabajo hermenéutico[10].
Esto nos habla de los alcances mismos que puede tener los trabajos sobre el C. C., el tipo de miradas que se concentran sobre aspectos que tienden a oscilar entre pretensiones de aspectos particulares, a miradas generales, más amplias de una ciudad, región o el país, como puede ser observado en la tabla 17 donde se puede observar los sujetos que fueron tomados para estudio o reflexión:
TABLA 17
SUJETOS DE ESTUDIO EN LOS TEXTOS SOBRE C. C.
|
Revista |
Jóvenes y niños |
Mujeres |
Mayores de 18 |
Familia |
Soc en general |
Sin especificar |
|
Anuario de Investigación de la Comunicación |
6 |
2 |
1 |
2 |
6 |
1 |
|
Comunicación y Sociedad |
4 |
0 |
0 |
1 |
3 |
1 |
|
Espacios de Comunicación |
3 |
1 |
0 |
1 |
3 |
0 |
|
Estudios sobre las culturas contemporáneas |
2 |
0 |
0 |
1 |
10 |
0 |
|
Razón y palabra |
4 |
1 |
0 |
0 |
6 |
0 |
|
Total |
19 |
4 |
1 |
5 |
28 |
2 |
Lo que ahora vemos es que los textos tienden a hablar del C. C., recepción, prácticas, exposición a los medios, de una manera general, intentando dar visiones más o menos amplias de una ubicación geográfica, ante la presencia de 28 textos. La segunda tendencia es hacia los jóvenes y a los niños con 19 documentos, y con una presencia mucho menor es a ver lo que sucede en las familias (5) y las mujeres (4).
Pareciera que la atención del C. C., a través de distintas entradas temáticas, es para describir o explorar lo que sucede en algún lugar o zona, pero por otro lado, son los jóvenes y los niños los que más llaman la atención.
Tratamientos.
Para ponderar más lo que se ha publicado sobre el C. C. en las cinco revistas consultadas, hemos trabajado con el tratamiento que le han dado al mismo C. C., en que área del C. C. tienden a incluirse y el enfoque prevaleciente.
Respecto al tratamiento, como se recordará, se buscaba si el C. C. era central dentro de los textos, o si simplemente era relevante dentro de otro objeto de estudio más central, o simplemente secundario, casi como una referencia, un comentario, una evidencia. A partir de ello, tenemos el siguiente panorama:
TABLA 18
TRATAMIENTO DADO AL C. C. EN LOS TEXTOS PUBLICADOS
|
|
Central |
Relevante |
Secundario |
|||
|
Revista |
Reflexivo |
Empírico |
Reflexivo |
Empírico |
Reflexivo |
Empírico |
|
Anuario de Investigación de la Comunicación |
1 |
4 |
2 |
5 |
5 |
1 |
|
Comunicación y Sociedad |
2 |
1 |
0 |
2 |
2 |
2 |
|
Espacios de Comunicación |
1 |
2 |
2 |
1 |
2 |
0 |
|
Estudios sobre las culturas contemporáneas |
3 |
3 |
3 |
0 |
3 |
1 |
|
Razón y palabra |
2 |
2 |
3 |
2 |
2 |
0 |
|
Total |
9 |
12 |
10 |
10 |
14 |
4 |
Tomando en consideración lo ya expresado en la tabla 14, en el sentido de amplitud de temas que se pueden incluir en el C. C., se puede ver que la tendencia ha sido importante en cuanto que se le aborda de manera central, pues 22 documentos lo señalan, y de los cuales 12 son con trabajo empírico, y 9 de manera reflexiva. Sin embargo, también es importante ver que en 20 textos ha aparecido de manera relevante, con una cantidad igual en tanto reflexivos como empíricos, sólo en 18 sucede de manera secundaria.
Desde esa perspectiva se puede pensar que el C. C. ha sido tomado en cuenta y que ha sido importante, pero si vemos la tabla 19, donde se aborda las áreas de estudio del C. C., se sigue reforzando que la tendencia ha sido más hacia lo reflexivo, con pretensiones teóricas y/o metodológicas:
TABLA 19
AREAS DE ESTUDIO DEL C. C. Y TEXTOS PUBLICADOS
|
Revista |
Teórico
/Metodológico |
Espacio
público/Prácticas y usos |
Consumo de Medios |
Consumo Cultural y
sujetos sociales |
|
Anuario de Investigación de la Comunicación |
3 |
2 |
8 |
5 |
|
Comunicación y Sociedad |
4 |
2 |
1 |
2 |
|
Espacios de Comunicación |
5 |
0 |
1 |
2 |
|
Estudios sobre las culturas contemporáneas |
8 |
2 |
1 |
2 |
|
Razón y palabra |
4 |
2 |
4 |
1 |
|
Total |
24 |
8 |
15 |
12 |
Se vuelven a confirmar que el principal acento ha sido sobre teorizar o reflexionar sobre el C. C., al ver 24 textos en el área de la teoría y la metodología, así como otro acento tiende a colocarse igualmente en el consumo de medios, con 15 documentos. Si a esto agregamos el enfoque dado en los diversos textos, encontramos que las áreas señaladas en la tabla 19 se ratifican de manera significativa, como lo podremos observar ahora en la tabla 20:
TABLA 20
ENFOQUE DE LOS TEXTOS SOBRE EL C. C.
|
Revista |
Consumo |
Consumo + Medios |
Jóvenes |
|
Anuario de Investigación de la Comunicación |
9 |
8 |
1 |
|
Comunicación y Sociedad |
5 |
4 |
0 |
|
Espacios de Comunicación |
1 |
4 |
3 |
|
Estudios sobre las culturas contemporáneas |
6 |
5 |
2 |
|
Razón y palabra |
6 |
3 |
2 |
|
Total |
27 |
24 |
8 |
Los acercamientos hacia los jóvenes tienden a decrecer sensiblemente, aunque es posible encontrar un vínculo con algunos que han abordado el área del consumo de medios de comunicación, principalmente con la televisión, con lo cual, los jóvenes tienden a ser vistos como receptores, audiencia, públicos de los medios y usuarios de nuevas tecnologías de información.
Las ruinas circulares.
Como se expresó anteriormente, las revistas sistematizadas comprenden un lapso de 18 años. Los inicios de su publicación en algunas de ellas corresponden al tercer periodo del desarrollo del consumo cultural en América Latina[11] (CyS, ESCC), una en el cuarto periodo (AIC), y dos en el quinto periodo (EC, RyP).
Es por ello que es posible observar una evolución de los textos publicados sobre el C. C. y que se refleja en varios de los documentos que lo abordan con un tratamiento central a partir del cuarto periodo en adelante, al igual que las investigaciones empíricas en México, es decir, cuando ya ha emergido la propuesta del C. C. y algunas de sus tendencias y áreas de estudio.
Además es posible ver que varios de los textos que aparecen a partir del cuarto periodo están bajo la línea de algún programa de investigación, en particular dos grupos de estudio del C. C. en la Universidad Autónoma Metropolitana, coordinado por Néstor García Canclini, y otro en la Universidad de Colima coordinado por Jorge González. La investigación realizada desde el grupo del Programa Cultura de la Universidad Colima, se ve reflejada por investigadores de otros Estados del país, además de los propios, sin embargo, no se trabaja específicamente el consumo, sino que aparece como un tema vinculado a una de las formas de manifestarse la cultura en la dimensión local. En ambos programas se ve una tendencia de estudiar a la cultura desde una perspectiva de varias disciplinas sociales como la sociología, la antropología y la comunicación, que se verá tanto en sus proyectos de investigación, sus postulados teóricos y metodológicos, que se puede observar en los diversos textos publicados por ambos grupo.
A la par, en esos momentos estaba un programa de estudios de la recepción en la Universidad Iberoamericana, en la ciudad de México, coordinado por Guillermo Orozco, que fue importante tanto para la generación de proyectos, como de las redes textuales que comenzarán a circular sobre el C. C., pues su influencia se verá reflejada tanto en quienes abordan algún tema de la recepción, como del consumo de medios, principalmente de la televisión, y su relación con niños, adolescentes y jóvenes. Los trabajos de este programa de estudios será dentro de la discusión de los estudios de la comunicación, que si bien hay un acercamiento con algunas propuestas del análisis de la cultura, se desentienden de una perspectiva global de la cultura para abocarse al estudio de la comunicación que en el caso de Guillermo Orozco se podrá ver con su propuesta de la “televidencia”, con un diálogo constante con investigadores internacionales que andan en búsquedas paralelas, dentro de la comunicación.
En el quinto periodo, otros grupos entran a escena. Una observación importante será la aparición y presencia del grupo de la Maestría de Comunicación del ITESM Campus Monterrey, coordinado por José Carlos Lozano que se hará visible en el quinto periodo, que, a partir del trabajo con una metodología predominantemente cuantitativa estudia la oferta televisiva en México para, posteriormente, determinar su consumo, a partir de establecer preferencias y número de horas frente a los medios, todo ello dentro del impulso por haber obtenido la Cátedra Televisa. Los trabajos realizados por este grupo son amplios, pues intentan abordar desde diferentes perspectivas el amplio espectro de la recepción de lo televisivo.
Otro grupo de trabajos que aparecen, con una menor presencia, son los de la Red Familia y Medios (FAMCOM), coordinada por Luis Adolfo Guadarrama de la Universidad Autónoma del Estado de México, donde se estudia la relación de la televisión con la familia, con una perspectiva de estudio de la recepción, la etnografía de la recepción y con diálogo con la teoría de los sistemas.
También en el quinto periodo se puede observar que se realizaron otros estudios empíricos, diseminados en diversas ciudades del país, pero que parecen no tener una continuidad porque no están dentro de un programa de investigación o estudio, ya que no son estudios de largo plazo sino que responden a una inquietud o interés del investigador, o por motivos de la realización de una tesis de grado.
Varias cosas se pueden decir de lo anterior. La presencia de grupos de estudio e investigación han sido importantes para los trabajos del C. C., pues conforme se fue desarrollando, el espectro de áreas de estudio que se fue abriendo represa en sí mismo un esfuerzo colectivo, y fue mayor al vincularse con la recepción de medios, y la aparición del entorno de lo global. Los esfuerzos individuales son importantes, pero si no tienen una continuidad o se integran dentro de una búsqueda sistemática y colegiada parecen quedarse a un nivel de aportación.
También, con la presencia de los diferentes grupos de investigación se puede observar pasos importantes en el desarrollo del C. C. Uno de ellos es el paso de la atención de una visión eminentemente antropológica y sociológica, a otro que se va centrando en el consumo de medios a través de la recepción. Y esto a su vez son indicios de otras cosas más, una de ellas sería la búsqueda de la experiencia de las culturas populares dentro de entonos urbanos, en gran parte por la presencia de las industrias culturales, de una cultura de masas, a las transformaciones que se están dando ante la globalización y que la mirada se ha centrado en la presencia de los jóvenes y su relación con los nuevos medios de comunicación, donde la oferta se multiplica y diversifica, y los consumos se fragmentan ante una cultura crecientemente mediática, por lo que los entornos educativos y familiares son más estudiados, cosa que tiende a hacerse evidente con los trabajos del grupo de Monterrey y de la Red FAMCOM.
Con el paso de la atención hacia el consumo de medios, en tiempos de la globalización y transformaciones de las experiencias sociales, los jóvenes cubren una atención especial, cosa que harán el grupo Monterrey y la Red FAMCOM. En el primero, se explora la relación de los medios con diversidad de grupos sociales, con un énfasis particular en los adolescentes y jóvenes, que los abordan desde diferentes perspectivas y entornos, con lo cual, los estudian de manera central tanto el consumo, o la recepción, desde los mismos jóvenes. En el caso de la Red FAMCOM, el estudio se centra en la familia, donde los jóvenes aparecen como miembros de un sistema familiar, y dentro de una diversidad de actividades cotidianas, entre ellas la recepción, el consumo.
Por otra parte, en la mayoría de los textos revisados no se define explícitamente el consumo, a excepción de dos o tres que si lo hacen. El trabajo con el concepto se da por entendido y más bien se manifiesta la postura a partir del autor desde el cual se trabaja. Generalmente se utiliza la forma discursiva “y” para tratar de hacer evidente lo que se pretende y acotar el consumo. Por ejemplo, oferta y consumo, recepción y consumo, uso y consumo, uso y preferencias, patrón de exposición y preferencias. En otros textos se usa de manera indistinta el término consumo y el de exposición o el de acceso. De tal forma que, consumo implica presencia física, en cantidad, ante el medio. El tiempo libre, o de ocio, es tiempo de consumo diferenciado por nivel socioeconómico, género y edad.
En varios documentos se aborda el tema de recepción televisiva pero son estudios aislados que aportan explicaciones parciales de una región y en general todos retoman las investigaciones nacionales realizadas por Guillermo Orozco. El estudio del consumo se trabaja de manera muy cercana con la recepción, las audiencias y los públicos. En el nivel micro se habla de las prácticas, hábitos o preferencias de los sujetos. Las experiencias de consumo están referidas a la televisión y las nuevas tecnologías con sujetos confinados al interior de un hogar, es decir, a una concentración de los consumos.
No es gratuita la red de textos que se tejen alrededor de la mayoría de los documentos, donde hay un grupo particular de autores, y documentos, que son los que de manera recurrente se citan y sostienen la perspectiva de estudio del C. C., pero también habría que observar la movilidad de autores que se fue dando. La mayoría de los trabajos que abordan al C. C. tienden a mencionar los libros y artículos de García Canclini y de Martín Barbero, de este último particularmente De los medios a las mediaciones, mientras que los que trabajan consumos de medios o recepción de medios tienden a citar a Guillermo Orozco. Lo peculiar es que en las obras primeras que abordan el tema de la cultura popular, el consumo, en Martín Barbero y García hay un grupo de autores, y libros, que son importantes para su pensamiento, como es el caso de Pierre Bourdieu, Michel De Certau, entre otros. Posteriormente, estos entran en una constelación diferente, y con una intencionalidad igualmente diferente, al ampliar y modificar su visión, y entrar en contacto con otros autores. En el caso de las personas que trabajan el C. C. a partir de las obras de los dos autores latinoamericanos, la obra de Bourdieu y de De Certau, tienden a disolverse o a ser un punto de referencia teórico, sin llegar a adquirir una centralidad como antes parecía serlo. Por ejemplo, de las múltiples referencias a libros como La distinción, El sentido práctico, Cuestiones de sociología, las referencias a Bourdieu tienden a dirigirse a Las reglas del arte.
En cuanto a los que trabajan a la recepción de medios, el autor con mayor referencias es Guillermo Orozco, principalmente su obra que publicó durante su estancia en la Universidad Iberoamericana con los Cuadernos de Comunicación y Prácticas Sociales, y en diversas revistas especializadas.
En un grupo importante de textos parece presente la repercusión que tienen los consumos en la conformación de una identidad y la televisión como promotora y perpetuadora de los diferentes consumos. En nivel macro, el consumo es una consecuencia de la globalización y la modernidad en lo urbano. Es una forma de organizarse y de un estilo de vida.
Jóvenes, medios y cultura.
Al comenzar a exponer algunos de los resultados de la sistematización de las revistas consultadas, expresábamos que los documentos que se vinculan con el C. C. era una fracción pequeña. Ahora tocaría decir que dentro de estos documentos los que abordan el tema del C. C. y los jóvenes igualmente es sumamente reducida, con aproximadamente 17 textos.
Si nos basamos en la propuesta de clasificación de documentos que expusimos más arriba, veremos que los textos tienen las siguientes tendencias. De esos documentos seis abordan el tema del C. C. y los jóvenes de manera central, seis de manera relevante y cinco de manera secundaria. El punto a destacar es que catorce documentos son productos de una experiencia empírica de investigación, mientras que sólo tres son reflexiones teóricas que aparecen más a la manera de un ensayo.
Dentro del campo de estudio abordado, el que más ha sido atendido es el del consumo de medios y el del consumo y sujetos sociales, ambos con seis documentos cada uno, mientras que el teórico solo tiene tres y el de prácticas y usos solo parece tener dos documentos.
Ahora bien, en cuanto al enfoque de estudio, al trabajar al C. C. se hace principalmente desde la óptica de las preferencias (4), seguido por el de la exposición de medios (3) y finalmente el del consumo y el de la recepción (2). Al enfocar a los jóvenes predomina el de la cultura juvenil con cuatro documentos y al estudiar los medios de comunicación, la presencia de la televisión es contundente, pues es el único medio que aparece en ocho textos, y sólo hay una mención a los videojuegos.
Si ahora buscamos las áreas de estudio donde se pueden agrupar estos trabajos, hay dos: la que se refiere a las C. J. a través de las Prácticas Sociales y Simbólicas, y las que se refiere a los medios de comunicación, es decir, en el Consumo de Medios.
En el de las Prácticas Sociales y
Simbólicas, tenemos documentos que abordan la conformación de la cultura
juvenil y de las identidades, las prácticas culturales, el uso y preferencia de
medios de comunicación. Es aquí donde están los trabajos reflexivos, cuyo autor
es
Por su parte, en el Consumo de Medios, aparentemente se abre un nuevo espectro de sub áreas, y decimos aparentemente porque las formas de abordarlo tienden a implicarse mutuamente. Primero está la sub área del consumo, donde se aborda desde las preferencias, con trabajos como los de Luis Adolfo Guadarrama sobre la cultura audiovisual de los jóvenes. En segundo lugar está la de la exposición a medios, que se estudia desde el acceso, preferencias, la influencia y patrones de consumo, con trabajos que estudian la recepción y usos de los medios, la oferta televisiva y la percepción de los jóvenes, la relación de la televisión y la educación, trabajos que en mucho provienen del grupo de Monterrey, donde destacan los de José Carlos Lozano, y también está la presencia de Guillermo Orozco, o autores como Ramiro Caballero y Rosa María Pineda. En tercer lugar está el de la recepción, que se estudia desde el acceso, preferencias y consumo de medios, donde se busca explorar el imaginario internacional de los jóvenes, así como las creencias de los jóvenes en su relación con la televisión, de Gabriela de la Peña y Eréndira Cruzvillegas, respectivamente. Finalmente está el apartado del acceso a la tecnología, con una investigación de Delia Crovi, donde lo que se explora es la convergencia tecnológica.
Ambos áreas de estudio pueden indicar dos enfoques de estudio: el que proviene principalmente de los estudios de las C. J., con una tendencia del diálogo que se da entre la antropología y la comunicación, y la que proviene principalmente de los estudios de la comunicación tienden a tener una perspectiva de algunas de las corrientes de estudio latinoamericano de la comunicación, o de diálogo con autores sajones de los Estudios Culturales.
Esto se refleja en dos puntos, principalmente. El primero se puede ver en la red de textos desde los cuales se arma la óptica teórica, conceptual y metodológica. En el primer caso, el de los estudios de las Prácticas Sociales y Simbólicas, tienden a remitirse continuamente a autores como Carles Feixa, Rossana Reguillo, José Manuel Valenzuela, Maritza Urteaga. En el segundo caso, el del Consumo de Medios, los autores que tienden a emplearse se pueden agrupar en dos, los más generalizados, y los que tienen una presencia significativa. De los primeros encontramos a: Néstor García Canclini, Jesús Martín Barbero, José Carlos Lozano, Guillermo Orozco. De los segundos encontramos a: Enrique Sánchez Ruiz, Jorge González, David Morley, Roger Silverstone.
El segundo punto importante se puede inferir del primero: la tendencia por abordar a la cultura, los jóvenes y a los medios de comunicación, y por tanto la óptica sobre el consumo. Los estudios sobre las C. J. han ido elaborando una serie de principios teóricos y metodológicos para su reflexión e investigación. Un punto importante en ello es la diferenciación entre adolescencia y juventud, donde la primera es entendida como una categoría biológica-psicológica, mientras que la segunda será socio-cultural, es decir, “una construcción histórica situada en el tiempo y en el espacio social” (Nateras, 2002ª: 10), por lo cual es una categoría que manifiesta una enorme complejidad porque remite a lo diverso, lo múltiple, cambiante. Asimismo hay una diferenciación entre juventud y jóvenes, donde, de acuerdo a Alfredo Nateras (2004: 101-102), la juventud “es una categoría de análisis de lo social, y los jóvenes son las formas distintas y particulares de apropiarse de esa categoría en la condición juvenil. De ahí que los jóvenes son un agrupamiento con características de lo político, con prácticas sociales y expresiones culturales heterogéneas; en otras palabras, hay diferentes maneras de ser joven”.
Los trabajos de los estudios de las C. J. ha implicado un trabajo donde se intenta que los jóvenes pasen de ser una temática o un dato social a una categoría sociológica o principio cultural para convertirse en una construcción social y cultural que hay que elaborar tanto, para la comprensión de su misma condición social dentro de contextos más amplios, como para indagar los contornos de las configuraciones sociales y sus transformaciones (Sarlo, 2000), y para ello se han elaborado una serie de mapas conceptuales y metodológicos para su abordaje tanto como agrupamiento o el tipo de relaciones que se dan, como los de grupo, colectivo, movimiento juvenil, identidades juveniles, como para organizar la mirada de estudio, como el de agregación juvenil, adscripciones identitarias, culturas juveniles (Reguillo, 2000: 54-55), así como la necesidad de incorporar una serie de elementos que intervienen en la conformación de las culturas y subculturas juveniles (Feixa, 1998), como el género, la étnica, las generaciones, etcétera. Un punto importante será que la cultura es un elemento clave para enmarcar el estudio de lo juvenil, tendiendo a concebirla como “la producción, circulación y consumo de signos y significados comunicados a través de los procesos simbólicos en la interacción social” (Nateras, 2004: 102), y dentro de ello es importante la consideración de las “prácticas sociales de la mayoría de los jóvenes así como sus manifestaciones culturales” que se pueden observar en la acción a partir de “trazos relacionales y la articulación entre contextos y textos que se producen” (2004: 103-104).
Otro punto que tienden a considerar se refiere al contexto global que viven los jóvenes a partir de la década de los noventas, que ante la globalización parece emerger la “internacionalización de las culturas o mundialización de las ciudades, al estilo de ciudadanos del mundo en el interjuego entre lo local y lo global” (Nateras, 2002ª: 11), que va en paralelo a la crisis, el desencanto, la pérdida del sentido del futuro, mediante los cual se intenta estudiar la manera como se conforman las nuevas identidades juveniles, y la manera como sus agrupaciones se relacionan y auto organizan.
Desde esas perspectivas, a los estudios de las C. J. les interesan otros mundos que van en otra dirección a los del Consumo de Medios, donde los medios de comunicación y el consumo en general entran con lógicas y sentidos diferentes, pues los medios de comunicación y las industrias culturales son parte de los surtidores de las representaciones, los imaginarios, las imágenes culturales que tanto dan cuenta de lo juvenil, como herramientas para conformar sus identidades. Los medios de comunicación no necesariamente son “conceptos eje” de lo juvenil, pero si una instancia y un contexto desde el cual se ubican y se constituyen como tal. Pese a ello, por momentos se tocan o complementan, o caminan en paralelo con las perspectivas y estudios del Consumo de Medios, pero trabajan con otra intensidad y metabolismo. Las cercanías no son gratuitas entre ambas áreas de estudio, pues si bien hay trayectorias en paralelo a los estudios de la comunicación, en periodos similares[12], hay autores que se mueven en ambos grupos, como igualmente sucedía y sucede con Jesús Martín Barbero y Néstor García Canclini.
La perspectiva de los estudios del Consumo de Medios es otra. Si bien se tiende a tomar a la cultura como una perspectiva de análisis, los jóvenes no serán una categoría o un principio cultural, sino que el énfasis de la construcción empírica y reflexiva será la relación y la acción de los medios de comunicación con algunos sujetos sociales, en este caso los jóvenes, dentro de contextos, dinámicas particulares. Los jóvenes serán los sujetos mediante los cuales se observa una diversidad de mediaciones con la televisión, donde las edades, el género, los entornos familiares, el nivel socioeconómico, la ubicación geográfica, serán algunas de las variables a considerar.
La tendencia es a señalar más el efecto de la televisión dentro de los procesos de la modernización en México, la lenta atención a las dimensiones internacionales y globales, a considerar que los jóvenes son los principales usurarios de la televisión, donde se obran los efectos, las influencias, los mecanismos de apropiación, así como los sujetos que más intensamente viven los procesos globales, al estar atentos a los imaginarios y productos culturales que provienen de la televisión y que obran en ellos las transformaciones de la vida social e intersubjetiva, pero parece haber poco trabajo sobre la conceptualización de la misma juventud y de revisar sus diversos entornos dentro de los cuales viven cotidianamente. Como tiende a suceder con los estudios del C. C., lo mismo sucede con el caso de los jóvenes, donde se citan autores que provienen de la psicología o de los estudios de las C. J., como es el caso de los trabajos de Feixa, Valenzuela o Reguillo[13], y a partir de ello se trabaja y elabora una exploración empírica.
IV. Conclusiones. Nunca digas nunca jamás.
Hemos de recordar que dado el perfil y el alcance del presente trabajo, lo que hemos dicho son algunas aproximaciones sobre el C. C. que se han de tomar como hipótesis de trabajo, más que como conclusiones definitivas y globales. Desde esa perspectiva, podemos agregar a manera de conclusiones algunas cosas que igualmente deben ser tomadas como meras hipótesis.
Al principio del presente trabajo nos preguntábamos sobre la importancia que han tenido y tienen los estudios sobre el C. C. y apuntábamos que ante la centralidad que van teniendo los medios de comunicación y la dimensión cultural, nos parecía que ha sido importante como un recurso para conocer las transformaciones sociales y culturales en América Latina, algo que hemos visto a través del desarrollo mismo de su ubicación, concepción y evolución. Sin embargo, la cantidad de trabajos encontrados en las revistas nos hace pensar que su estudio y abordaje ha sido más modesta que otras áreas, agendas y temáticas de estudio dentro de los estudios de la comunicación. Los pocos programas de investigación que se han dado en México nos pueden dar un indicador de ello, así como la presencia que tienen dentro de los temas de estudio de algunas asociaciones internacionales de la comunicación donde no aparece el C. C. de manera directa (Karam, 2005). Por ejemplo, en la Asociación Latinoamericana de Investigadores de la Comunicación (ALAIC) no hay un grupo de trabajo sobre el C. C., aunque si hay sobre Economía Política de las comunicaciones; estudios de la recepción; medios de comunicación y ciudadanía; internet y sociedad de la información; comunicación y estudios socioculturales; medios de comunicación, niños y adolescentes. En la Asociación Internacional de Investigadores de la Comunicación (AIERI), hay grupos sobre audiencias y estudios de la recepción; red de jóvenes; economía política; tecnología y políticas de comunicación; análisis de productos mediáticos; cultura popular. En la Internacional Communication Association (ICA), no hay un grupo donde sea visible a primera vista que se aborde al C. C.
Es por ello que, como se ha visto a lo largo del presente trabajo, dentro de los estudios de la comunicación, el consumo, y el C. C. se ha centrado en el consumo de medios con un fuerte acento en la televisión, a través de la tendencia del estudio de la recepción o de las audiencias, donde las experiencias mediadas son las que dominan los espacios de tiempo libre, esparcimiento o diversión de los sujetos el ámbito urbano moderno, y poco se han abordado el estudio de otro tipo de consumo: arte, música, patrimonio, actividades en espacios externos o de grupos, a diferencia de lo que ha hecho desde los estudios de la cultura que provienen más bien de la antropología, los estudios literarios, la sociología, la estética.
Por otro lado, la reflexión teórica coincide plenamente con lo encontrado en la producción académica en las revistas. Refleja la complejidad del fenómeno del consumo cultural y los cruces o empalmes que se han realizado, y esto puede un indicio de que se refleja algo más profundo, es decir, la manera como se ha trabajado a la comunicación y a la cultura en México, entre ellos destacamos de manera sintética lo siguiente: los problemas que tienen los estudios de la cultura dentro de un programa científico para conformar modelos que en dentro de de su programa cognitivo tienden a crear objetos de estudio a un nivel eminentemente descriptivo (Giménez, 1994), lo cual se ve reflejado en el C. C. en el sentido de que no se ha consolidado una constelación de redes conceptuales que permitan la conformación de un “árbol de búsqueda” donde se construya un sentido y la regencia de un objeto de estudio, pues las regencias continuas a diversos conceptos como se ha hecho no lo ha permitido, y ha propiciado una compleja relación de ires y venires entre escuelas de pensamiento de lo social y la comunicación que va de la escuela sociológica funcionalista a la sociología crítica y cultural; por lo mismo, se puede decir que se han localizado una serie de fenómenos de la realidad que atraen la atención, pero no se ha logrado conformar una teoría sustantiva del C. C. que vayan permitiendo configurar un modelo formal para su estudio (Rosengren, 1995).
Si bien no ha logrado consolidar lo anterior, si podemos decir que los estudios del C. C. han abierto áreas importantes que han posibilitado su estudio, han generado información y reflexión importante y significativa, que empieza a tener formas específicas, a particularizarse, donde hace falta afinar más la mirada, trabajar más a profundidad, de manera sistemática y colectiva.
Igualmente nos preguntábamos sobre cuál era la situación de los estudios del consumo de jóvenes, y desde la sistematización realizada, parece que hay mucha inquietud, pero poca atención ante una tendencia de estudio más generalizada. Por lo menos en los tiempos más recientes se ha ido ganando conciencia de la importancia de la presencia de los jóvenes en momentos de la expansión de lo internacional, de lo global, de las mutaciones en las ciudades, de las formas y relaciones sociales, de la presencia de imaginarios colectivos con ambiciones internacionales, donde tiende a considerarse que ellos son principalmente quienes viven esas transformaciones y son los principales usuarios de los medios de comunicación.
Reconociendo que nos hace falta completar y afinar más la sistematización, tanto de las revistas consultadas como de otros materiales que habría que incluir, para poder dar paso a decir qué es lo que sabemos sobre el C. C. y los jóvenes, en estos momentos nos parece que hace falta más trabajo conceptual y analítico sobre los mismos jóvenes, de abrir el espectro a otros medios de comunicación y de las nuevas tecnologías de información, de vincularlo con otro tipo de consumo de medios y de ofertas de consumo juveniles que se van multiplicando aceleradamente (Bonfadelli, 1993), de observar tanto la nueva ecología de medios y de nuevas tecnologías de información, la manera como altera los procesos de producción, difusión, fijación de materiales simbólicos, y consumo, dentro de entornos y dinámicas varias, donde los jóvenes no sólo son espectadores “multimedios” como señaló en su momento García Canclini, sino diversidad de actores sociales y usuarios de medios, donde las fronteras conceptuales que se han empleado se trastocan e intercambian continuamente (receptor, usurario, audiencia, espectador, consumidor) y que colocan nuevos retos no sólo al estudio del C. C., sino a los de la recepción y las audiencias (Livingstone, 2002), pues todo ello nos lleva a otro elemento más que el desarrollo de las nuevas tecnologías de información está posibilitando, es decir, no sólo las nuevas comunidades virtuales, sino que por momento, los jóvenes son creadores de formas y productos mediáticos (Jenkins, 2004; Lull, 2003).
Lo que se ha revisado sobre el C. C. de los jóvenes también es significativo, y toca afinar la mirada para tener mayor claridad en lo que se ha logrado, y para poder definir con más seguridad lo que tocaría hacer a continuación. Eso es parte de lo que debería venir a continuación dentro de la sistematización que estamos realizando.
Héctor Gómez Vargas
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[1] Para el trabajo de sistematización se contó con la colaboración de Nora Delgado y Aída Ledezma, ambas académicas de la Universidad Iberoamericana León, a quienes agradezco y reconozco su intenso trabajo de sistematización y reflexión.
[2] La recuperación de la obra de Martín Barbero y García Canclini no se realizó de manera exhaustiva pues esto respondería a otro trabajo más profundo y con otra intensión.
[3] José Carlos Lozano (2003) señala que en América Latina hay algunos investigadores latinoamericanos que desde la Economía Política se deslindan de los postulados de los Estudios Culturales y “reivindican la existencia de efectos o consecuencias negativas de los medios debido a sus patrones de concentración, liberación y privatización”, que tienden a perder visibilidad por el reducido número de investigadores en comparación de los que se inclinan por la vertiente cultural, pero que en el ambiente norteamericano y europeo es diferente el panorama ante el número de académicos que trabajan desde la Economía Política y que cuestionan las posturas y postulados de los Estudios Culturales, acusándolos de “abandonar sus raíces críticas y de legitimar los fenómenos de concentración de la propiedad de los medios, así como de ignorar su capacidad de generar discursos y mensajes que legitiman las desigualdades sociales”.
[4] El mismo Jesús Martín Barbero ha
realizado una serie de reflexiones sobre su propia obra, y en particular sobre
su pensamiento sobre la recepción de medios de comunicación y el consumo. Ver
Martín Barbero, 1999.
[5] También se podría mencionar el caso del Programa Cultura de la Universidad de Colima que realizó una serie de programas de investigación con diferentes de investigación, entre las que destacamos la de “Formación de ofertas culturales y sus públicos en México”, conocida como FOCyP.
[6] En el año 2004 el Instituto Mexicano
de la Juventud publicó junto con la Secretaría General de la Juventud de
Cataluña el libro Tiempo de híbridos.
Entre siglos. Jóvenes. México-Cataluña.
[7] La sistematización de la revista la
realizó Aída Ledezma, de la Universidad Iberoamericana León, y que participa en
la presente investigación.
[8] Para el trabajo de sistematización se contó con la colaboración de Nora Delgado, de la Universidad Iberoamericana León, quien es la autora de las tablas que se presentarán a continuación, así como de algunas reflexiones que expondremos.
[9] Esta es la única revista en formato
electrónico, y que se puede visitar en: http://www.cem.itesm.mx/dacs/publicaciones/logos/
[10] Un elemento importante a considerar ante la ausencia de explicitación metodológica que esto puede ser causa del tipo de documentos que publican las revistas especializadas en comunicación en México donde no hay espacio para estos apartados, o para incluir trabajos eminentemente metodológicos.
[11] En el caso de CyS se comenzó a
publicar a mediados de la década de los ochentas, más en forma monográfica, a
la manera de pequeños libros, y más adelante se transformó en el formato
actual, más como revista, y es importante reconocer que el grupo de ejemplares
revisados corresponde más bien al cuarto periodo del desarrollo del C. C.
[12] Recomendamos revisar el panorama que
dan Rossana Reguillo y Carles Feixa (2004) sobre el desarrollo de estudios de
la juventud y sus tendencias actuales.
[13] Habría que destacar que Rossana
Reguillo proviene de los estudios de la comunicación, lo cual hace que sea un
caso especial, pues es un punto de reflexión y relación importante a partir de
los noventas de los estudios de la cultura con la comunicación, y con los
estudios de las culturas juveniles.