Eulalio Ferrer y sus aportaciones al campo de la comunicología mexicana.
Dra.
Marta Rizo
http://www.geocities.com/mrizog
Dr.
Tanius Karam
Academia
de Comunicación y Cultura
Universidad
de la ciudad de México
|
Abstract En el presente artículo se
mencionan las características de la obra de Eulalio Ferrer, en especial sus aportes a la comunicología. Después de
exponer algunos datos biográficos y hemerográficos que se relacionan con el
pensamiento del autor, se describen las contribuciones de Ferrer a la
comunicología y se repasan algunas de las tesis más importantes de un sector
de su obra. Palabras claves Comunicología, Ferrer,
ciencia, publicidad, comunicación. |
El campo de la comunicología
en México ha otorgado poco espacio a la persona de Eulalio Ferrer. Su principal
contribución al campo del conocimiento es el haber introducido el término
“comunicología” en el Diccionario de la
Real Academia Española en su edición de 1992. Pese a que comunicología es,
aún hoy, un término poco utilizado en el campo académico mexicano —y por qué no
decirlo, internacional— es importante hacer referencia al sentido científico
–disciplinar- que otorga este término a las denominadas ciencias de la
comunicación.
La figura de Eulalio Ferrer
ha destacado, más que en el ámbito académico, en el mundo de la empresa y los
negocios. Y más exactamente, en el vasto mundo de la publicidad. Quizás por
este motivo su persona no haya sido considerada importante en el campo
académico de la comunicación. En este punto se observa la separación radical
entre conocimiento y mercado, o entre ciencia y negocio. Pese a dedicarse al ámbito
práctico de la publicidad —de hecho, una de las empresas publicitarias de más
alto renombre en México lleva su nombre y fue fundada por él— consideramos que
la extensa obra de Ferrer presenta aportaciones importantes al campo de la
comunicología mexicana. Lejos de ser el teórico que destaca en el campo
académico, Ferrer se ha erigido como un empresario que, además, ha contribuido
a la divulgación de muchos y muy diversos conceptos comunicológicos que deben
retomarse o al menos releerse para ser puestos en discusión.
El objetivo del presente
artículo es la revisión de los aportes teóricos y prácticos de Eulalio Ferrer
al campo de la comunicología mexicana. Estas líneas pretenden recuperar la vida
y obra de Ferrer para la reflexión de la comunicación. Asimismo, a partir del
reconocimiento de la figura de Ferrer, pretendemos abrir la discusión en torno
a las contribuciones académicas realizadas desde fuera del ámbito meramente
académico, en este caso empresarial, con el fin de poner en cuestión la validez
o eficacia de la frontera establecida entre el mundo académico y el mundo empresarial
de la comunicación, a menudo invisibles el uno para el otro.
Así
entonces, luego de hacer un breve apunte biográfico del autor, nos adentramos
en el análisis de algunas de sus obras más importantes para el campo
comunicológico. Lejos de tratarse de un artículo de síntesis o resumen de la
obra de un autor, pretendemos recuperar —y en cierto sentido reivindicar— la
figura de Ferrer, que desafortunadamente no ha sido tomada en cuenta para la
conformación del campo académico de la comunicación en México.
Eulalio Ferrer nació en
Santander (España), el 26 de febrero de 1921. Llegó a México como asilado
político al término de la Guerra Civil Española y adoptó la nacionalidad
mexicana en 1949. En 1960 fundó “Publicidad Ferrer”, y en 1975, Comunicología
Aplicada de México. Ferrer es una de esas extrañas personas que combina con
inteligencia la profunda devoción cultural hispanista y la visión estratégica
empresarial para los negocios, lo que lo convierte en una de las más singulares
figuras para reflexionar las dimensiones teóricas y culturales, prácticas y
empresariales de la comunicación en México.
Aunque no ha sido nunca su
principal actividad, Ferrer ha ejercido la docencia en el Tecnológico de Monterrey
y en las universidades Iberoamericana, Autónoma de Guadalajara y Anáhuac. Es
fundador y director de Anuncios Modernos (1947-60), fundador y presidente de
Publicidad Ferrer (1960) y de Comunicología Aplicada de México (1975). En 1973
creó el concurso “La Letra Impresa” y coordinó el programa de televisión Encuentro.
Un año después, en 1974, co-organizó
con Miguel Sabido y la empresa Televisa el “Primer Encuentro Mundial de
la Comunicación”. Y en 1980 presidió el “Primer Seminario Internacional de
Comunicología”.
Su trayectoria en el campo
de los negocios y la publicidad debate en altura e importancia con su formación
y su obra, algo que él mismo nombra en sus memorias. Entre otros premios o
reconocimientos, Ferrer ha sido Honoris
Causa de la Universidad Complutense de Madrid y de la Universidad de
Cantabria; también ha sido “Premio Internacional de las Relaciones Humanas”
(París, 1974), “Oscar de Oro de la Comunicación” (Madrid, 1977) y “Premio
Internacional de la Publicidad” (Ginebra, 1980).
Por otra parte, Eulalio
Ferrer es miembro de varias asociaciones vinculadas al desarrollo y estudio del
lenguaje y la cultura, como la Academia Mexicana de la Lengua, la Academia
Norteamericana de la Lengua Española, la Sociedad Mexicana de Estadística, la
Fundación de la Universidad Nacional Autónoma de México, el Patronato de la
Biblioteca México y el Patronato del Instituto Cervantes de España.
Por varios lustros fue
presidente del consejo editorial de “Cuadernos de Comunicación”, una
publicación mensual del Centro Avanzado de Comunicología Aplicada (CADEC),
institución donde convergían una pléyade de autores destacados, como son Luis
Prieto, López-Aranguren, González Casanova, Abraham Moles, Agustín Yánez
(presidente de la Real Academia de la Lengua en México al momento de participar
en el Consejo) y el Padre Jesús María Cortina. Este ensamble tan particular que
acaso ninguna otra revista de comunicación haya poseído alguna vez, genera una
diversidad referencial caracterizada por la alta producción en comunicación,
tanto en su dimensión lingüístico-literaria como en varias vertientes de la
teoría de la comunicación.
La obra de Eulalio Ferrer
abarca una estela de más de treinta libros. Algunas de sus obras
representativas más recientes son De la
Lucha de Clases a la Lucha de Frases (1995), Información y Comunicación (1997) y El Lenguaje de la Inmortalidad (2003). Además de ser autor de libros, Ferrer ha escrito y publicado más
de 100 trabajos y artículos de investigación, tanto en México como en otros
países[1].
El tópico fundamental de sus obras ha sido la comunicación en sus diversas
vertientes, aunque es evidente la presencia mayor de trabajos relacionados con
la publicidad, campo de trabajo del autor.
De la misma manera, ha tenido una preocupación constante por mostrar las
formas que asume el lenguaje en determinados contextos. Un ejemplo de ello es
su última obra, El lenguaje de la
inmortalidad (2003), donde el autor hace una reflexión sobre el lenguaje
mortuorio.
La obra de Eulalio Ferrer no se encuentra desprendida
de su propia trayectoria de vida y profesional. Sin llegar a ser
autobiográfica, en ella se dejan entrever tanto rasgos de personalidad como
elementos destacados de la particular experiencia de vida del autor. Tan es así
que en la mayoría de los prólogos de la obra de Ferrer predomina un tono
expositivo que se acerca al de un diario de memorias.
Más allá de lo anecdótico o
estrictamente curricular, hay que subrayar esta dimensión de empresario exitoso
en el campo de la comunicación aplicada. Sin embargo, en la obra de Ferrer no
pasa desapercibida la reflexión teórica sobre las distintas dimensiones de la
comunicología, un aspecto relevante, sobre todo si no dejamos de considerar la
trayectoria empresarial del autor. Este
lugar de enunciación confiere una posición especial a su teoría, toda vez que
en pocas ocasiones (quizá la única) este locus hace emerger también una
reflexión teórica original caracterizada por el afán humanista e histórico del
autor. Una de las manifestaciones más evidentemente humanistas de Ferrer es su
“cervantofilia”, o mejor dicho su “quijote-filia”, que se refleja en algunos de
los premios que ha recibido. Ahora bien, estos rasgos revelan algo más que una
simple manía: ilustran la honda filiación que ha llevado a Ferrer a producir
artículos de enorme interés; entre ellos, no pocos que exploran la dimensión
comunicativa de la noble figura de Don Quijote de la Mancha[2].
Uno de los índices más
evidentes de esta hispanofilia lo vemos en su devoción por el filósofo español
José Ortega y Gasset. Al cumplir los cincuenta años de La Rebelión de las masas, la revista que dirigía Eulalio Ferrer le
hizo un homenaje (Cuadernos de
Comunicación 11-12, Mayo-junio 1976). El mismo autor tildó a esta obra de
Ortega y Gasset como un clásico de la comunicación, con una visión lúcida y
planetaria para el estudio de las comunicaciones. En su artículo, Ferrer
trasluce la admiración y pasión hacia Ortega y Gasset, al que define como un
visionario de la comunicación. Nos parece que las propias atribuciones que hace
Ferrer para el autor de La Rebelión de
las masas son válidas para todos aquellos que aspiran el estudio científico
de la comunicación: el espíritu alerta y panorámico, la voluntad de alcanzar
visiones integrales, la acuciosidad dialéctica y el entendimiento, entre otros
aspectos. “Para Ortega el lenguaje lo es todo en su más cabal dimensión: el
gesto expresivo y la palabra son las géminis en el zodiaco de los problemas
humanos. Lo que le lleva a buscar en la analogía de los significados del lenguaje
de la los significados de la conducta humana […]” (Ferrer, 1976: 37).
El segundo componente que
destaca en la obra de Eulalio Ferrer es su visión de hombre práctico. El autor
ha insistido en la dimensión aplicada de la comunicología, en su vertiente de
aplicación práctica. Así, el lugar de reflexión de su obra es el de la
prominencia y el éxito empresarial, un elemento absolutamente lejano a la
producción académica o la institucionalidad que investiga. Llama la atención el
difícil diálogo que ha tenido la figura y obra de Ferrer con el campo académico
de la comunicación en México, la poca atención de la que ha sido objeto. Quizás
esta poca atención se deba, precisamente, a la frontera establecida entre lo
académico y lo empresarial, en varios terrenos de las ciencias sociales pero
específicamente en la comunicación, una disciplina que sin duda se presta a tal
distinción.
El tercer componente
importante de la obra de Eulalio Ferrer se vincula con la mirada autoreflexiva
de un enunciador que se identifica principalmente con dos dimensiones del hacer
y el querer: su dimensión de español inmigrante (1975b, 1988b) y su dimensión
subjetiva de publicitario. Esto lo lleva a registrar un yo-enunciador a quien
le interesa no únicamente teorizar sobre su actividad, sino sobre el propio
sujeto. En ello parece seguir a Miguel de Cervantes, fundador de la novela
moderna, y desarrollar para sí la tendencia reflexiva del ego-cogito que rige en Occidente. Este yo-enunciador es ciertamente
el hombre que conoce, que se posiciona en el mundo y lo transforma (1963b,
1972, 1975b), en un recorrido que va del inmigrante al empresario. Al autor le
interesa una constante reflexión sobre su propio hacerse y se encuentra en un
mundo básicamente controlado por el poder y la exterioridad. La interioridad
que busca construir en su obra sólo puede realizarse desde un enfoque teórico y
reflexivo. De ahí que hablemos de una obra que no está desprendida de su autor,
pese a no ser autobiográfica en el sentido más estricto.
El que Ferrer se haya
centrado al ejercicio de la publicidad como práctica de la comunicación es tal
vez una de las causas por las que el campo académico de la comunicación no lo
ha tomado en cuenta. Sin embargo, al leer su obra uno puede ver que hay muchos
estereotipos que se rompen, sobre todo porque su lugar de arranque no es la
sociología crítica, sino la filosofía y la historia de la comunicación. Y eso
no es poco decir, ya que de alguna forma este desdibujamiento de las ciencias
sociales y los encuentros que las ciencias de la comunicación han tenido con
las ciencias del lenguaje —en los años sesenta— y con las ciencias de la
cultura —en los ochenta—, implica una definición mucho más integral que
recupera como diálogo central a la filosofía y las humanidades, desde las
cuales Ferrer desciende para justamente describir, pensar, narrar y dialogar
consigo mismo en el campo de la comunicación aplicada.
En este sentido, la obra de
Eulalio Ferrer toma un matiz particular, casi inexistente en el campo
profesional o empresarial de la comunicación.
Si bien desde la óptica académica han sido varias las aportaciones
teóricas que hacen dialogar a la comunicación con otras disciplinas afines,
sobre todo de las ciencias sociales y, en menor grado, de las humanidades, son
ciertamente mínimas las contribuciones desde el terreno práctico –empresarial-
de la comunicación, que se ha afianzado más bien como un campo de aplicación
pragmática de técnicas comunicativas en el que han estado casi ausentes las
reflexiones de calibre teórico-reflexivo. Eulalio Ferrer, sin duda, es la
excepción que confirma esta regla. Y en este punto radica, a nuestro entender,
la importancia de reivindicar su figura dentro del campo de la comunicología
mexicana.
II. Ferrer y la
comunicología
Eulalio Ferrer introdujo en
1992 el término de “Comunicología” en el Diccionario de la Real Academia
Española de la Lengua (RAE). El concepto se define como “ciencia
interdisciplinaria que estudia la comunicación en sus diferentes medios,
técnicas y sistemas”. Este hecho de importancia caudal en el campo académico ha
sido, paradójicamente, poco mencionado en el mundo de la comunicación. Y sin
duda es el más evidente de los aportes de Ferrer.
El término “Comunicología”
no en balde tiene una connotación “latinoamericanista” en el mundo académico
español. La inscripción del concepto, su oficialización, es una preocupación
sobre todo de quien ha tenido por centro fundamental de su reflexión la
comunicación y sus manifestaciones aplicadas, lo cual lo ha hecho objeto de no
pocas antipatías.
Muy recientemente, el Dr.
Jesús Galindo ha impulsado el proyecto “Hacia una comunicología posible” en el
marco del Programa de Doctorado en Comunicación de la Universidad
Veracruzana. El autor concluye que una
ciencia integral de la comunicación es posible, y destaca la necesidad de
sistematizar la producción existente con el fin de dotar de forma, de crear
fronteras que permitan delimitar con mayor claridad el objeto de la
comunicología como ciencia. En el argot del campo académico de la comunicación
se usa con más frecuencia “ciencias de la comunicación”, pero éste es un
término impreciso porque incluye prácticas, métodos y orientaciones. En cambio,
el concepto “comunicología” remite al cuerpo central de un objeto de estudio y
una disciplina. De alguna forma, contribuye a legitimar el carácter científico
de un campo de conocimiento que, demasiado frecuentemente, se ha visto
perjudicado por la falta de definición objetual que lo ha llevado a ser
considerado como una disciplina blanda donde “todo cabe”. El término comunicología, así pues, revela
la imaginación de un objeto de estudio, el carácter de una ciencia
independiente. En el proyecto “Hacia una Comunicología Posible”, Jesús Galindo
delimita cuatro grandes objetos que han sido el centro de atención de la
comunicología (‘difusión’, ‘interacción’, ‘expresión’ y ‘estructuración’). De
estas dimensiones comunicológicas, los medios (‘difusión’) fueron los
aglutinadores semánticos en torno a los cuales se acuñó y desarrolló la
comunicología, al grado de considerarse una y otra vez que estudiar comunicación es sólo estudiar los medios de difusión.
Eulalio Ferrer va más lejos en su obra, porque en ningún momento reduce la
comunicación a los medios. La entiende más bien como una experiencia social
mucho más amplia que supera la sociedad industrial capitalista. Sin negar la
importancia de los medios, Eulalio Ferrer los recontextualiza y, en este
sentido, los resignifica. De alguna forma, Ferrer coloca a los medios de
difusión en su justa proporción dentro de la historia de las tecnologías y la
información.
Al margen de la aspiración
renacentista de querer hallar el hilo conductor a todas las ciencias, uno de
los méritos de Eulalio Ferrer, y que queda demostrado con la introducción del
concepto de “comunicología” en el Diccionario de la RAE, es el haber sido de
los primeros profesionales en insistir en esta posibilidad de otorgar a la
comunicación la entidad de ciencia. Ferrer vio la comunicación muy por encima
de las modas sociológicas y políticas, para encontrar en ella un fenómeno
integral de la organización social y un continuo dentro de la historia de las
instituciones y las ideas. Y todo ello, con la particularidad de ver y analizar
los fenómenos comunicativos desde fuera del campo académico.
En su escritura se mezcla la
visión inmediata de ciertas prácticas de la comunicación y la vocación
humanista por vincular la comunicología con el resto de las ciencias humanas y
de la cultura. Esta perspectiva permite encontrar en su prosa expresiones y ejemplos
que difícilmente se encuentran en la escritura convencional académica[3].
Eulalio Ferrer no se acerca a la comunicación desde los cánones académicos, que
ubican el inicio formal de la reflexión científico-social de la comunicación en
el siglo de la expansión de las industrias mediáticas. El autor sitúa su
reflexión mucho más atrás, y concibe la comunicación no como técnica o
instrumento, sino como una operación derivada de las culturas y los pueblos
para relacionarse con el entorno y entre ellos. Así, la historia, y no tanto
las ciencias sociales, se erige como la clave para entender la comunicación.
El autor ubica la primera
“teoría de comunicación” hace 2500 años, en el contexto de la práctica de
Córax, mucho tiempo antes de que Aristóteles comenzara a hablar de retórica. En
este sentido, el paradigma de Lasswell –quizás un lejano reflejo del verso
latino Quis? Quid? Quipus auxiliis?, etc.- no es retomado como punto de partida de la teoría de la
comunicación, lo cual se aleja de los planteamientos comunicológicos más
difundidos en el ámbito académico. Ferrer es consciente de que se ha querido
equiparar la comunicación al concepto de “comunicaciones”, y para revertir este
equívoco realiza una revisión histórica y analiza las formas que los pueblos y las culturas han usado
para intercambiar signos, códigos y mensajes. El origen de esta confusión no
proviene de las escuelas de comunicación surgidas en el siglo XX; ya en el
siglo XVIII, la Enciclopedia Ilustrada de Diderot se refería a la comunicación cuando
en realidad estaba hablando de las “comunicaciones”.
III. Una breve inmersión a
sus obras
En Información y Comunicación
(1997) Ferrer presenta una original síntesis de algunos aspectos fundamentales,
desde lo que podemos llamar perspectiva mediológica[4].
No es un texto teórico, aunque no prescinde de constantes referencias
conceptuales; su objetivo es más bien la divulgación, ya que revisa los grandes
temas para el estudio de la comunicación y los medios en nuestro tiempo. Si
bien no presenta ideas originales y no podemos hablar de una teoría única, las
cualidades de esta obra son varias. Destacamos el valor de síntesis y de
discursividad ensayística de un autor muy bien informado que nos ofrece
referencias, citas y aproximaciones que provienen de las más diversas
disciplinas. Así entonces, esta obra puede ser considerada, más que un ensayo o
un texto teórico con contenido original del propio autor, un libro de
divulgación, esto es, con voluntad de abarcar al máximo lo que se ha dicho
sobre la comunicación en sus diversas vertientes, por un lado, y con voluntad
de hacer una exposición teórico-conceptual clara y concisa, acompañada de
ejemplos que ilustran la información, por el otro.
Entre los recursos de Información y Comunicación (1997), cabe
destacar el apéndice que incorpora un listado de citas, donde de alguna manera
se amarra la propuesta metodológica de una obra que más que una mera
compilación es un recorrido ricamente intertextual por los temas fundamentales
de la comunicología y, concretamente, de la mediología. Al enfrentarse con una
serie de citas fundamentales, datos históricos básicos para cualquier historia
de la comunicación, la perspectiva se enriquece y podemos sacar conclusiones a
partir de muchos datos que no suelen encontrarse en el mismo trabajo. Este
listado deviene en un sugerente recuento de científicos sociales, filósofos,
escritores y artistas que de una u otra forma se han referido a la
comunicación, los medios y la cultura. Las citas funcionan como estrategia
didáctica para probar este especie de omnipresencia social, histórica y
cultural del fenómeno de la comunicación. El apéndice como tal da la obra otra
configuración, un procedimiento didáctico de búsqueda, listado de conceptos y
referencias, nuevo recuento no ya de especialistas sino de cómo los temas de
comunicación aparecen referidos desde las más diversas preocupaciones y
contextos.
En todo momento, Ferrer da
valor a la historia como disciplina que ayuda a la formulación del juicio, y
con Spengler y Adorno piensa que “nadie da valor alguno a las terribles cosas
de la historia”, por eso se empeña en colocar a muchas disciplinas juntas en
una perspectiva que es en ocasiones aterradora y promisoria al mismo tiempo.
El autor apunta por un
estilo ensayístico que se objetiva en extensos párrafos (nunca más de cuatro en
una página) y en una escasa citación académica. Sin embargo, el texto gana en
agilidad y destreza. La edición en el Fondo de Cultura Económica, sin duda, ha
contribuido a la amenidad de la obra señalando en los márgenes de la página los
tópicos que se van abordando.
En la segunda parte de Información y Comunicación (1997)
encontramos un listado de artículos que destacan por su heterogeneidad y en los
que prevalece la indagación, en este caso del orador, porque una buena parte de
éstos provienen de discursos dictados por Ferrer en muy diversos lugares y
situaciones: comunicación en la medicina, en la justicia, en la educación,
entre otros ámbitos del conocimiento. Así, el libro propone un doble estilo que
va desde el exterior -la historia, la cultura y las artes en su conjunto más
amplio- al interior de ciertas prácticas sociales de la comunicación; e
inversamente, de esta dimensión mucho más concreta —de la que parecen interesar
a Ferrer en especial las formas y usos del lenguaje en distintos contextos—
hacia el conglomerado de las artes y las ciencias. La contribución que puede
desprenderse de este libro es la definición y divulgación de la perspectiva histórica y mediológica de la
comunicología.
III.1. La publicidad y la comunicología
En otra parte de la obra de
Eulalio Ferrer hay un esfuerzo por mostrar los efectos y configuraciones del
uso del lenguaje en contextos específicos de la comunicación. El autor encontró
en la publicidad ese lugar intermedio de la creatividad y poiesis, junto con la dimensión fabril y empresarial de la
comunicación, en una dimensión aplicada y que se encuentra destinada a
satisfacer necesidades concretas de información y comunicación en los grupos
humanos. Dentro de su extensa saga de textos, la publicidad aparece desde un
inicio –Enfoques sobre la publicidad (1963) y De la publicidad al
publicista (1963b)- en dos textos que desgranan la actividad en sí y el
actor de la comunicación publicitaria. Tres años después, Ferrer inicia la
exploración de los usos del lenguaje en la publicidad, en obras como Perlas
publicitarias (1966) y El lenguaje de la publicidad de México
(1966b), entre otras.
Su último texto sobre el
tema, Publicidad y Comunicación (2002), es una síntesis in crescendo. Hay repeticiones y datos
que el autor va precisando o hace dialogar con otra información. Su método de
principio parece ser el histórico, ya que parte de la desmitificación de la
tendencia que existe en no pocos espacios de la mediología mexicana a hablar
únicamente en términos del siglo XX o, cuando más, de la sociedad industrial.
Sin embargo, Ferrer reconoce que la sola historia no resuelve los dilemas de la
descripción de una actividad, por ello en el lenguaje de la publicidad ve una
de las formas para conocer su actualización, sus ritos y mecanismos. En su
estrategia, el autor gusta de analizar ejemplos y de establecer múltiples
conexiones históricas. Nada ha pasado por primera vez, parece decirnos.
IV. Miscelánea de
contribuciones
En su último texto
publicado, El lenguaje de la inmortalidad (2003), Ferrer realiza una ágil
descripción y análisis del “lenguaje de la muerte”: esquelas, epitafios,
poemas, cantos y dichos religiosos conforman un corpus heterogéneo donde se
confirma la obsesión del autor por el estudio del lenguaje. Esta obra, lejos de
poder ser considerada de “estudios culturales”, constituye una acuciosa
descripción sobre las formas y modas de adopción y adaptación de la muerte en
el lenguaje de grupos, sectores sociales y culturales; el autor reflexiona
acerca de cómo los grupos social dan sentido a una experiencia a través del
lenguaje en formas y rituales, contextos y discursos. Ferrer hace un repaso por
expresiones derivadas de las nociones de alivio, duelo, transustanciación o
eterno religioso; se sumerge en el criterio universal que individuos de todos
los tiempos han empleado para descifrar o asimilar el fallecimiento; navega en
extraños juegos laberínticos donde lo primordial es encontrar los mejores
términos, los más dignos para desvirtuar la muerte y evadirla, atraerla y
eclipsarla.
Indagar sobre los modos del
lenguaje en un contexto determinado es algo muy recurrente en la obra de
Eulalio Ferrer. El lenguaje de la
publicidad (1994) y Los lenguajes del color (1999) son sólo
una pequeña muestra de esa recurrencia. En El
lenguaje de la inmortalidad (2003), el autor no se limita al estudio del
luto o la glorificación, sino que analiza “mensajes publicitarios” y
comerciales de los medios de comunicación para señalar la creatividad de los
comunicadores en torno a la solemnidad, el duelo y la visión mágica de la
muerte.
En otra de sus obras, De la lucha de clases a la lucha de frases (1995),
Ferrer realiza una exhaustiva revisión histórica acerca de la propaganda y la
publicidad, específicamente en el mundo occidental. La tesis básica del libro
es que la propaganda precedió a la publicidad, y que esta última está en auge
por el inmediatismo y pragmatismo característicos del mundo actual. Lejos de
ser sólo persuasivo, el título de la obra nos acerca a otra de las tesis
fundamentales, íntimamente relacionada con la primera: la lucha de frases –esto
es, la lucha por el control de los discursos verbales- ha eclipsado a la lucha
de clases. Diría Ferrer que quien controla el discurso tiene el poder, algo que
sin embargo no puede considerarse como una tesis totalmente novedosa. Sin ir
más lejos, recordemos las aportaciones del sociólogo Pierre Bourdieu cuando
habla del “poder simbólico” y del “significado de hablar”.
De la lucha de clases a la lucha de frases (1995) se enmarca en un terreno de reflexión
concreto: la política. El personaje principal del libro es la ‘frase’[5],
y no en vano el poder-decir se considera de mayor importancia que el
poder-hacer. La exposición de Eulalio Ferrer se orienta a clarificar con mayor
precisión las diferencias entre propaganda y publicidad, dos vocablos que a
menudo se han presentado, erróneamente, como sinónimos. El que el libro aborde
la publicidad nos remite, nuevamente, a la trayectoria personal y profesional
del propio Ferrer. De hecho, en la misma introducción del libro, el autor se
refiere a la actividad publicitaria como una necesidad, más que como una
vocación, algo que debe entenderse en el marco del momento de llegada de Ferrer
a México: la Guerra Civil Española. El proyecto de vida del autor se rompe con
este conflicto bélico, y es por ello que habla de México como su “tierra de
Renacimiento”. Ferrer asume que primero se mostró más atraído por la
propaganda, y que fue hasta años más tarde —en los cincuentas— cuando
empezó a considerar la publicidad como tópico de interés. En este sentido, el
título del libro puede leerse como una paráfrasis de la evolución de la
experiencia personal del autor.
Luego de exponer de forma
clara y amena el origen de la propaganda, así como la indebida sinonimia de
ésta con la publicidad, Ferrer hace una revisión histórica de varias épocas
importantes para el nacimiento y posterior desarrollo de lo que hoy entendemos
por publicidad: el mundo egipcio, Grecia y el Imperio Romano. En los tres
momentos, según el autor, encontramos el desarrollo de la iconografía, mientras
que es en Roma cuando se da una mayor evolución de la oratoria y la
glorificación política por medio de la palabra. Del pasado al presente, Ferrer
repasa los hitos más representativos en el mundo de la propaganda y la
publicidad, haciendo referencia a Estados Unidos, Francia, la Unión Soviética,
la Alemania Nazi y el contexto de México.
V. A modo de cierre
Todo lo dicho anteriormente
hace que remarquemos dos aportaciones significativas de la obra de Eulalio
Ferrer. La primera tiene que ver con la concepción de un objeto de estudio que
supera los marcos en los que fue configurado el campo académico de la
comunicación en México. El tratamiento didáctico incesante genera una rica
intertextualidad y permite ofrecer nuevas perspectivas de algunas prácticas
sociales de la comunicación. Ferrer insiste en la dimensión práctica –aplicada-
de la comunicación; no en balde, el mismo autor puede ser considerado como un
modelo de ejercicio de la comunicación-comunicología y de logro exitoso en
algunos espacios públicos, como la publicidad y la consultoría en comunicación.
La segunda aportación se
puede situar en el ámbito de lo académico. En este contexto, podemos ubicar la
influencia de Eulalio Ferrer en los cuadernos y simposiums, así como en la
formación de un centro de estudios que supo atraer a las principales figuras
mundiales de la comunicología, como Abraham Moles, quien dio algunas de sus
últimas clases en el Centro Avanzado de
Comunicación (CADEC). A finales de los ochenta,
esta institución fue de las primeras en lanzar una maestría en publicidad y
comunicación organizacional; y desde un principio se caracterizó por la
excelencia académica.
Lo que seguirá llamando la
atención es que una figura con más de 20 libros en su haber, una decidida
vocación comunicológica y de divulgación científica en comunicación, sea al
mismo tiempo un modelo de éxito en el mundo de la empresa. Esos eternos debates que en no pocas ocasiones se han
citado al reflexionar sobre el campo académico de la comunicación quedan
superados en un ejemplo que no muestra oposición alguna entre la más elaborada
de las reflexiones teóricas, la síntesis humanista y el ejercicio más práctico
y dinámico. Eulalio Ferrer, a sus 83 años, es un clásico entre nosotros. Sin
duda alguna, nos parece que el campo académico de la comunicación en México
puede enriquecerse con el estudio sistemático —y no por ello carente de crítica—
de su obra y considerando a textos como Información
y Comunicación (1997) como libros de gran valor para introducir a
estudiantes e interesados en el tema. Para aproximarlos no sólo al estudio de
los medios de difusión masiva, sino a las formas comunicativas en la historia
de la humanidad.
Fuente Documental
Ferrer, Eulalio (1976) “El
libro de Ortega, como herencia de comunicación en un hombre que hizo del
lenguaje el medio de los medios”, en Cuadernos
de Comunicación 11-12, mayo-junio. México.
Galindo, Jesús (2003) “Notas
para una comunicología posible. Elementos para una matriz y un programa de
configuración conceptual-teórica”, artículo en línea, disponible en http://www.geocities.com/arewara/arewara
(Fecha de consulta: febrero de 2004).
_______ (2003) “Apuntes de
historia de una comunicología posible. Hipótesis de configuración y
trayectoria”, artículo en línea, disponible en http://www.geocities.com/arewara/arewara
(Fecha de consulta: febrero de 2004).
_______ (2003) “Sobre
comunicología y comunicometodología. Primera guía de apuntes sobre horizontes
de lo posible”, disponible en http://www.geocities.com/arewara/arewara
(Fecha de consulta: febrero de 2004).
Bibliografía completa de
Eulalio Ferrer[6]
(1963)
Enfoques sobre la publicidad
(1963b)
De la publicidad al publicista
(1966)
Perlas publicitarias
(1966)
El lenguaje de la publicidad de México
(1968)
Diálogo publicitario
(1969)
Pero... ¿qué es la publicidad?
(1970)
El idioma español y la publicidad, Madrid. Instituto Nacional de la
Publicidad.
(1971)
Comunicación y opinión publica
(1972)
La Publicidad, profesión intelectual (Premio Libro del Año 1972)
(1974) Comunicación y Opinión Pública, México. B. Costa-Amic Editor
(1976)
Por el ancho mundo de la propaganda política, Barcelona, Danae.
(1977)
Perlería: entre la publicidad y la propaganda
(1979)
Por el ancho mundo de la publicidad, México, Ediciones Eufesa
(1980)
El hombre en el centro vital de la Comunicología. Primer Seminario
Internacional de Comunicología, México, Cocoyoc.
(1980)
La publicidad: textos y conceptos, México, Trillas
(1982)
Comunicación y comunicología, México, EUFESA [2ª ed. 1988]
(1985)
El lenguaje de la publicidad en Latinoamérica
(1987) Historia de los anuncios por palabras,
México, APP-Ediciones de Comunicación.
(1988b) Entre alambradas
(1990) Trilogías. La influencia del tres en la vida mexicana, México,
Trillas
(1993) Diario de un publicista, México, Diana
(1994) El lenguaje de la publicidad, México, FCE [2 ª, 1995]
(1995) De la lucha de clases a la lucha de frases, México, Taurus
(1997)
Información y comunicación. México:
FCE 1998
(1999) Los lenguajes del color, México, FCE.
(2000)
Enciclopedia mundial de lemas
publicitarios 2. T. México, Porrúa
(2002)
Publicidad y Comunicación, México,
FCE.
(2003)
El lenguaje de la inmortalidad,
México, FCE.
(s.f.) Páginas del exilio, México, Aguilar.
[1] Incluimos después del artículo una referencia
completa al título de sus obras.
[2] Esta “quijo-filia” se ve reflejada en la creación,
en Guanajuato, de un museo que alberga la colección más grande sobre figuras
cervantinas y quijotescas, misma que fue donada por el autor a la ciudad.
[3] Por ejemplo, al ubicar que las relaciones entre las
matemáticas y los signos de comunicación fueron presentadas por Descartes tanto
en la obra del célebre sociólogo Marshall Mc Luhan como en nuestro Alfonso
Reyes (Ferrer, 1997: 22).
[4] Esta clasificación es producto de las reflexiones del
Dr. Jesús Galindo, quien sintetiza las fuentes principales de los estudios en
comunicación en tres dimensiones: la mediológica o de difusión, centrada en el
papel de los medios de difusión masiva; la perspectiva de los estudios
culturales y la perspectiva de las terapias. En otro momento, el mismo autor ha
distinguido dimensiones comunicológicas más específicas: Difusión,
Estructuración, Interacción y Expresión. Para mayor información, revisar los
textos contenidos en la página personal del autor, disponible en http://www.geocities.com/arewara/arewara
[5] Algo que queda más que justificado si tomamos en
cuenta que el libro recoge más de 900 frases, entre las que destacan lemas,
consignas, anuncios, eslóganes, etc.
[6] Varias obras las hemos colocado solamente con la fecha y el título, toda vez que no hemos dispuesto en los bancos de datos consultados las referencias al lugar de la edición. Hemos sacrificado este detalle por obtener en cambio el listado completo de la obra de este autor.