La dimensión de la interacción en la
comunicología. Reflexión teórica, balance y prospectiva.
Dra. Marta
Rizo García
Academia de Comunicación y
Cultura
Universidad de la Ciudad de
México
http://www.geocities.com/mrizog
La génesis de la comunicación
como disciplina está marcada por la asociación de este campo del saber al
estudio de los medios de difusión masiva. En este sentido, puede decirse que la
mayor parte de la producción académica realizada desde la comunicología se
ubica en una dimensión mediológica, y deja a un lado otros aspectos relevantes
de la comunicación. Esta primera afirmación se sitúa en el debate teórico
acerca del espacio conceptual que conforma a la comunicología. Jesús Galindo
(2003) propone clasificar este espacio en cuatro dimensiones: la difusión, la
estructuración, la interacción y la expresión[1].
La primera tiene en su centro a los medios de difusión masiva. La dimensión de
la interacción se refiere a la comunicación interpersonal, a la construcción de
vínculos intersubjetivos; esta segunda dimensión se ha nutrido teóricamente de
las aportaciones de la psicología social, la sociología fenomenológica y la
cibernética. En la expresión cabrían todas aquellas reflexiones y estudios que
se enfocan al ámbito de la forma, a las características expresivas de los
textos y discursos comunicativos. Por último, la estructuración se presenta
como el paraguas conceptual que integra a las tres dimensiones anteriores, en
el sentido que en ella caben aquellos trabajos que de una u otra forma se
centran en la dimensión macro de la comunicación, esto es, en temas como las
políticas de comunicación, el campo académico, la legislación y las reflexiones
sobre la información y la comunicación en un sentido amplio.
Siendo
la interacción una de las dimensiones más importantes de la comunicación,
entendida ésta como base de la existencia de lo social, pudiera parecer
paradójica la casi nula presencia de investigaciones y trabajos que, desde el
campo académico, ponen el acento en ella. Las discusiones en torno al estatuto
campal de la comunicología deben pasar, necesariamente, por las reflexiones en
torno a estas cuatro dimensiones. Y una buena forma de comenzar la reflexión es
a partir de la sistematización de la producción académica sobre los temas. Los
libros se erigen, así entonces, como objetivadores de la presencia campal de
determinados temas, y por ende, de las lagunas que pueda haber de tantos otros
objetos de estudio.
En
un primer momento proponemos una reflexión en torno a los principios
constructivos básicos de la interacción como dimensión comunicológica. Situamos
el debate a partir de las aportaciones de escuelas, corrientes y autores que
han tenido como centro a la Interacción en sus múltiples caras. Sólo a partir
de esta conceptualización teórica se podrán plantear, posteriormente, las causas de la poca presencia de esta
dimensión en el debate intelectual generado desde el campo académico de la
comunicación. Tanto la reflexión teórica como el planteamiento de posibles
causas o hipótesis se enmarca en la exposición de un breve diagnóstico de la
presencia de la interacción en el proyecto “Hacia una comunicología posible”.
La última parte del texto apunta algunas líneas de acción posibles, algunas
propuestas concretas que pueden ayudar a un mejor y mayor desarrollo de la
dimensión de la interacción en la producción científica sobre comunicación.
Las primeras definiciones de
comunicación apuntan a su vertiente interpersonal, relacional. Sin embargo, en
la actualidad parece que estas aproximaciones quedaron atrás y no son casi
tomadas en cuenta en la reflexión comunicológica. El predominio de los medios
de difusión como centro de la reflexión oscurece las aportaciones relacionadas
con todo lo que concierne al diálogo, al vínculo entre los seres humanos, a su
capacidad de comunicarse consigo mismos, con los otros y con el entorno físico
y simbólico en el que se desenvuelven. Por todo ello nos parece pertinente
iniciar este primer momento con una reflexión extensa acerca de las relaciones
teórico-conceptuales entre la interacción y la comunicación, como términos
interdependientes.
La comunicación puede concebirse como la interacción mediante
la que gran parte de los seres vivos acoplan sus conductas frente al entorno,
se adaptan a él. También ha sido conceptuada como el propio sistema de
transmisión de mensajes o informaciones, entre personas físicas o sociales, o
de una de éstas a una población, a través de medios personalizados o de masas,
mediante un código de signos también convenido o fijado de forma arbitraria.
Desde otro enfoque, el concepto
de comunicación también comprende al sector económico que
aglutina las industrias de la información, de la publicidad, y de servicios de
comunicación no publicitaria para empresas e instituciones. Estas tres
acepciones ponen en evidencia que nos encontramos ante un término polisémico.
Si bien la polisemia es rica, porque amplia el espacio conceptual del campo de
conocimiento de la comunicación, puede ser también un riesgo, en tanto genera
confusión no sólo en torno al concepto mismo de comunicación, sino también en
torno a la disciplina o disciplinas que deben hacerse cargo de su estudio.
Situando
su centro en la dimensión de interacción, debiéramos concebir a la comunicación como proceso básico para la
construcción de la vida en sociedad, como mecanismo activador del diálogo y la
convivencia entre sujetos sociales. Hablar de comunicación, así entonces, supone acercarse al
mundo de las relaciones humanas, de los vínculos establecidos y por establecer,
de los diálogos hechos conflicto y de los monólogos que algún día devendrán
diálogo. La comunicación es la base de toda interacción social, y como tal, es
el principio básico -la esencia-, de la sociedad. Sin comunicación, diría
Niklas Luhmann (1993), no puede hablarse de sistema social: “Todo lo que es
comunicación es sociedad (...) La comunicación se instaura como un sistema
emergente, en el proceso de civilización. Los seres humanos se hacen dependientes
de este sistema emergente de orden superior, con cuyas condiciones pueden
elegir los contactos con otros seres humanos. Este sistema de orden superior es
el sistema de comunicación llamado sociedad” (Luhmann, 1993: 15).
Tomando estas ideas en consideración, podemos decir que partimos de una
perspectiva que está a caballo entre los modelos psicosociales y sistémicos de
la comunicación[2].
Nuestra aproximación, de corte interaccionista, se puede
sintetizar afirmando que la sociedad y la cultura deben su existencia a la
comunicación. Es en la interacción comunicativa entre las personas donde,
preferentemente, se manifiesta la cultura como principio organizador de la
experiencia humana. Así pues, la vida social puede ser comprendida como una
“organización de las relaciones comunicativas establecidas en el seno de los
colectivos humanos y entre éstos y su entorno” (Moreno, 1988: 14).
En términos muy generales,
la interacción puede ser entendida como la acción recíproca entre dos o más
agentes. Sin embargo, situándonos en un marco de reflexión un tanto más
complejo, interesa remarcar que, al margen de quién o qué inicie el proceso de
interacción, el resultado de una interacción es siempre la modificación de los
estados de los participantes.
Desde
el nacimiento de las ciencias sociales y humanas, la interacción social se
erigió como uno de sus conceptos básicos. Además, este término ha permitido un avance muy destacado en campos
del conocimiento como la psicología social y la sociología fenomenológica,
entre otros. Desde este punto de vista, por tanto, el concepto de interacción
hace referencia a la emergencia de una nueva perspectiva epistemológica, ya que
los procesos de comunicación entre seres humanos pasan a ocupar un lugar
central para la comprensión de los fenómenos sociales. Todo esto se relaciona
con la comprensión de la persona como un ser social, un ser que sólo puede
desarrollarse como tal a través de la comunicación con sus semejantes.
Los conceptos de acción e interacción se hallan
inevitablemente ligados al de comunicación. No se pueden comprender unos sin
otros. Desde la perspectiva positiva de Émile Durkheim (1973), la acción social
puede ser entendida como el conjunto de maneras de obrar, pensar y sentir,
externas al individuo y dotadas de un poder coercitivo, en cuya virtud se
imponen a él[3]. Desde la perspectiva subjetivista
de Max Weber (1977), en cambio, el
concepto de acción está más ligado a los significados subjetivos que los
sujetos vinculan o imprimen en sus acciones y en las de los otros. Desde una
posición intermedia se podría afirmar que la acción social comprende, de forma
conjunta, a las prácticas de los individuos, por un lado, y a la subjetividad
vertida en ellas, por el otro.
Los seres humanos establecen
relaciones con los demás por medio de interacciones que pueden calificarse como
procesos sociales. Según la tesis interaccionista, la construcción cognoscitiva del sujeto se produce por la
interacción con el medio ambiente, a través de una relación de interdependencia
o de bidireccionalidad entre el sujeto cognoscente y el objeto cognoscible. Así, la comunicación es fundamental en toda
relación social, es el mecanismo que regula y que, al fin y al cabo, hace posible la interacción entre las personas.
Por
ello, si toda interacción social se fundamenta en la comunicación, es
pertinente hablar de interacción comunicativa. Ésta debe comprenderse como un
proceso de organización discursiva entre sujetos que, mediante el lenguaje, actúan
en un proceso de constante afectación recíproca. La interacción comunicativa
es, así entonces, la trama discursiva que permite la socialización del sujeto
por medio de sus actos dinámicos, su adaptación al entorno, la comprensión de
las acciones propias y ajenas.
La preocupación por la interacción no es nueva en la
agenda de las ciencias sociales. Ya desde los años sesenta, la Escuela de Palo
Alto dio cuenta de las situaciones globales de interacción de las que participa
el ser humano. Los investigadores de Palo Alto, procedentes de disciplinas como
la antropología, la matemática y la psiquiatría, entre otras, partieron de tres
consideraciones básicas. La primera se refiere a que la esencia de la
comunicación reside en procesos de relación e interacción; la segunda apunta a
que todo comportamiento humano tiene un valor comunicativo, de ahí que sea
imposible no comunicar; y la tercera y última, ubicada en el terreno de los
estudios psicológicos, afirma que los trastornos psíquicos reflejan perturbaciones
de la comunicación. La principal aportación de esta escuela es que “el concepto
de comunicación incluye todos los procesos a través de los cuales la gente se
influye mutuamente” (Bateson y Ruesch, 1984).
La comunicación fue estudiada, así pues, como un proceso permanente y
holístico, incomprensible sin su contexto. Tiene ya años, por tanto, la ruptura
de la visión unidireccional de la comunicación, y no son pocas las aportaciones
que, desde disciplinas afines a la comunicología, han abierto las posibilidades
para comprender el fenómeno de la
comunicación desde una óptica circular, desde una visión que aleja su atención
a la comunicación mediada técnicamente a través de los medios de difusión
masiva.
Para abordar de forma teórica el concepto de interacción,
y su vinculación con la comunicación, es también necesario hacer referencia a
las aportaciones de las Escuelas del Interaccionismo Simbólico[4]. Sus postulados fundamentales convergen en el énfasis dado a la naturaleza
simbólica de la vida social. Los trabajos y reflexiones realizados desde esta
corriente parten de tres consideraciones básicas: en primer lugar, los humanos
actúan respecto de las cosas sobre la base de las significaciones que éstas
tienen para ellos; en segundo lugar, la significación de estas cosas deriva, o
surge, de la interacción social que un individuo tiene con los demás actores; y
por último, estas significaciones se utilizan como un proceso de interpretación
por parte de la persona en su relación con las cosas que encuentra, y se modifican
a través de dicho proceso. El Interaccionismo Simbólico, así pues, se diferencia de otras corrientes
de pensamiento sociológicas por la enorme importancia asignada a la capacidad
del actor para interpretar el mundo social y para actuar en él.
Los conceptos de mayor
importancia, a nuestro entender, dentro de la corriente del Interaccionismo
Simbólico son el self, propuesto por G. H. Mead, y la acción
dramatúrgica, procedente de la teoría microsociológica de E. Goffman. En
términos generales, el self (“sí
mismo”) se refiere a la capacidad de considerarse a uno mismo como objeto, y
presupone un proceso social: la comunicación entre los seres humanos. Por su
parte, el enfoque dramático de la vida cotidiana permite comprender tanto el nivel macro (institucional) como el nivel
micro (percepciones, impresiones y actuaciones de los individuos) y, por lo
tanto, el de las interacciones generadoras de la vida social. Uno de los
elementos más decisivos de la obra de Goffman (1979) fue la conceptualización
del “ritual”. Su enfoque nos acerca a una forma de comprender el ritual que lo
aleja de lo extraordinario y lo ubica como parte constitutiva de la vida diaria
del ser humano. Según el autor, las personas actúan tras una “máscara
expresiva”, una “cara social” (Goffman, 1979) que le ha sido prestada y
atribuida por la sociedad, y que le será retirada si no se comporta del modo
esperado[5].
En este sentido, los individuos actúan en la escena cambiante de la vida
cotidiana tratando de presentar en todo momento una imagen convincente y
positiva de sí mismos según la naturaleza de la escena presentada y las
expectativas de los interlocutores.
Desde la psicología social, la interacción se ha
abordado sobre todo con base a reflexiones sobre la comunicación interpersonal.
Este tipo de comunicación siempre es de doble dirección; su principal
configuración es el “cara a cara”, la proximidad entre emisores y receptores, o
entre sujetos participantes en el proceso de interacción. Pese a ser ésta la
dimensión básica de la comunicación interpersonal, autores como Joan Costa
(2000) añaden dos dimensiones más. Por una parte, estaría la comunicación
interpersonal caracterizada por la distancia física entre los sujetos: “Es una
intercomunicación lejana en la cual no hay cara a cara y el contacto personal
requiere mediadores técnicos y sistemas interpuestos como el teléfono,
el correo postal o electrónico” (Costa, 2000). En este sentido, el autor
asimila este tipo de comunicación interpersonal a lo que en otros momentos se
ha venido llamando únicamente comunicación mediada. Por otra parte, estaría lo
que el autor denomina comunicación relacional, “que se extiende de modo
continuado -aunque necesariamente intermitente- en el tiempo, y que por esto
mismo es diferente de las comunicaciones corrientes o generales, que son más
numerosas y puntuales, pero menos implicantes porque no establecen nexos
duraderos entre personas” (Costa, 2000)[6].
Todo
lo dicho hasta el momento confirma que la interacción es la base de la
comunicación, y ésta, a la vez, es el principio fundamental de existencia de lo social. Siguiendo a Jesús Galindo
(2001), “la comunicación no sólo es una necesidad emergente, sino un estilo de
vida, una cosmovisión, el corazón de la sociabilidad (...) La comunicación es
efecto de un contexto ecológico de
posibilidad, donde las diferencias se
encuentran, pueden ponerse en contacto
y establecer una estrategia para vincularse cooperando, coordinando, corepresentando”.
III.
La
presencia de la interacción en el campo de la comunicología. Apuntes para un
diagnóstico
El proyecto “Hacia una
comunicología posible” pretende dar coherencia al campo de conocimiento que
conforman los estudios sobre comunicación. Tiene el afán de organizar un campo
que, pese a ser de los de mayor presencia en México, padece aún de una débil
definición conceptual, de una incierta delimitación de fronteras con respecto a
otras disciplinas de las ciencias sociales y humanas. Si bien es irrefutable
que, desde su fundación, la ciencia de la comunicación se ha nutrido de las
aportaciones de otras disciplinas como la sociología, la psicología social y la
lingüística, entre otras, este proyecto parte de la necesidad de dotar de
consistencia campal a la comunicología, de fijar o delimitar lo que hace
específica a la mirada comunicológica. La constatación de las fuentes
históricas y la delimitación de los objetos de estudio propios de la
comunicología son dos caminos fundamentales para lograr dicho objetivo. En este
punto, sin embargo, se parte de la necesidad primera de revisar, sistematizar y
describir la producción bibliográfica que se ha generado en el campo de la
comunicología, específicamente en lo que concierne a la dimensión de la
interacción.
La
tabla siguiente recoge las obras que dentro del proyecto editorial 100 Libros de comunicología del grupo de
estudio “Hacia una comunicología posible”
han sido ubicadas en la dimensión de la Interacción[7].
Como se puede observar, además de los datos bibliográficos, se presentan otros
descriptores más enfocados al contenido: el primero define el género al que
pertenece la obra; el segundo hace referencia a si la obra se produjo dentro o
fuera del campo de la comunicología; el último se refiere al criterio
histórico, es decir, a la fuente teórica principal de la obra.
El
sistema de información no contiene todos los libros existentes, de ahí que
tomemos la precaución de señalar que el diagnóstico que se ofrecerá en las
páginas siguientes es parcial y limitado, pero no por ello menos representativo
de lo que sucede en el conjunto de producción académica sobre
comunicación.
|
AUTOR |
AÑO |
TÍTULO |
EDITORIAL |
CIUDAD
DE EDICIÓN |
PAÍS DE
CREACIÓN |
GÉNERO |
CLASIFICACIÓN
CAMPAL |
FUENTE
HISTÓRICA |
|
Austin,
J. L. |
1981 |
Cómo hacer
cosas con palabras |
Paidós |
Barcelona |
Estados
Unidos |
Teoría |
Fuera
Dentro |
Semio-lingüística |
|
Badura,
Bernhard |
1979 |
Sociología
de la comunicación |
Ariel |
Barcelona |
Alemania |
Teoría |
Fuera
Dentro |
Cibernética |
|
Castilla
del Pino, Carlos |
1973 |
La
incomunicación |
Ediciones
de Bolsillo |
Barcelona |
España |
Ensayo |
Fuera
Dentro |
Psicología
social |
|
Dabas,
Elina y Najmanovich, Denise (comp.) |
1995 |
Redes.
El lenguaje de los vínculos |
Paidós |
Buenos
Aires |
Argentina |
Colectivo |
Fuera
Dentro |
Cibernética |
|
Eco,
Humberto |
1978 |
Tratado
de Semiótica general |
Nueva
Imagen-Lumen |
México |
Italia |
Teoría |
Dentro
Fuera |
Semio-lingüística |
|
Ellis, Richard y
McClintock, Ann |
1993 |
Teoría
y práctica de la comunicación humana |
Paidós |
Barcelona |
Estados
Unidos |
Teoría |
Dentro
Fuera |
Psicología
social |
|
Freire,
Paulo |
1976 |
¿Extensión
o comunicación? |
Siglo
XXI |
México |
Brasil |
Ensayo |
Fuera
Dentro |
Sociología
Fenomenológica |
|
Goffman,
Erving |
1971 |
La
presentación de la persona en la vida cotidiana |
Amorrortu |
Buenos
Aires |
Estados
Unidos |
Teoría
|
Fuera
Dentro |
Psicología
social |
|
Marc, Edmond y Picard,
Dominique |
1992 |
La interacción
social. Cultura, instituciones y comunicación |
Paidós |
Barcelona |
Francia |
Teoría |
Fuera
Dentro |
Psicología social |
|
Mead, George Herbert |
1968 |
Espíritu, persona y
sociedad |
Paidós |
Buenos Aires |
Estados Unidos |
Teoría |
Fuera Dentro |
Psicología social |
|
Mucchielli, Alex |
1998 |
Psicología de la
comunicación |
Paidós |
Barcelona |
Italia |
Teoría |
Dentro Fuera |
Psicología social |
|
Nethol, Ana María y
Piccini, Mabel |
1984 |
Introducción a la
pedagogía de la comunicación |
Terra Nova- UAM |
México |
Argentina |
Ensayo |
Dentro Fuera |
Psicología social |
|
Prieto, Francisco |
2001 |
Comunicación interpersonal |
Coyoacán |
México |
México |
Pedagogía |
Dentro Dentro |
Psicología social |
|
Searle, John |
1980 |
Actos de habla |
Cátedra |
Barcelona |
Estados Unidos |
Teoría |
Fuera Dentro |
Semio-lingüística |
|
Sebeok, Thomas A. |
1996 |
Signos: una introducción a
la semiótica |
Paidós |
Barcelona |
Estados Unidos |
Teoría |
Fuera Dentro |
Semio-lingüística |
|
Watzlawick, Paul (et. al.) |
1971 |
Teoría de la comunicación
humana |
Tiempo Contemporáneo |
Buenos Aires |
Estados Unidos |
Teoría |
Dentro Dentro |
Psicología social |
Fuente: Sistema de Información “100 libros de
comunicología”, elaborado por el grupo de estudio “Hacia una comunicología
posible”, integrado por el Dr. Jesús Galindo Cáceres, el Dr. Tanius Karam y la
autora del artículo.
La
revisión y el análisis del cuadro anterior nos permiten apuntar algunos de los
elementos que caracterizan a la dimensión de la Interacción dentro del espacio
conceptual de la comunicología. Comenzaremos por los criterios de corte más
teórico para concluir con una breve referencia a la distribución geográfica de
las obras.
En
cuanto al género de los libros, destaca una mayor presencia de los libros
teóricos, con 11 obras, y de ensayos, con 3. Se advierte la inexistencia de
estudios de caso, por lo que se puede decir que la interacción sigue siendo
objeto de reflexión teórica, más que objeto de investigaciones empíricas
resultantes de trabajo de campo. Dicho de otra forma, la interacción se erige
como objeto de estudio teórico y no como objeto de observación en la práctica. Por
otra parte, y tomando como referencia el criterio o descriptor campal, es
relevante destacar que la mayoría de obras fueron escritas desde campos de
conocimientos distintos a la comunicología –10 de las 16-, por lo que se
advierte que la interacción es un objeto de estudio privilegiado para
disciplinas como la Psicología Social, y en menor medida, para la comunicación.
Siguiendo en el mismo criterio de clasificación campal, nuestra discusión
concluyó con que sólo 3 de los 16 libros ubicados dentro de la dimensión de la
interacción pueden ser considerados obras clásicas para el campo de la
comunicología: La presentación de la
persona en la vida cotidiana, de Erving Goffman (1971), Espíritu,
persona y sociedad, de George Herbert Mead (1968), y Teoría de la comunicación humana, de Paul Watzlawick (et.al.)
(1971). Esta última afirmación confirma lo dicho en las líneas anteriores, ya
que las tres obras clásicas tienen como fuente histórica a la disciplina de la
Psicología Social, y concretamente se inscriben en las corrientes del
Interaccionismo Simbólico, las dos primeras, y la Escuela de Palo Alto, la
última. Todo ello nos lleva al terreno histórico de la construcción teórica
sobre la dimensión comunicológica de la interacción. Con respecto a este
descriptor, la tabla anterior despeja datos interesantes: más de la mitad de
las obras señaladas, concretamente 9, proceden de la Psicología Social; a
éstas, le siguen la semio-lingüística –con 4 obras-, la cibernética –con 2
obras-, y la sociología fenomenológica –con una única obra-. Como se puede
apreciar, la mediología, única fuente histórica directamente vinculada con la
comunicación en sentido estricto, no tiene presencia como base teórica de las
obras sobre interacción.
De
la revisión del sistema de información surgen otros datos que, pese a ser de
corte más contextual, también apuntan aspectos relevantes para la comprensión
de la cuestión. En este sentido, destacamos la relativa igualdad en cuanto a
las cifras de obras producidas en América del Norte –7-, Europa –5- y América
Latina –4-. Dentro de la producción latinoamericana, sólo uno de los libros
seleccionados es de un autor mexicano: Comunicación interpersonal, de
Francisco Prieto (2001). Por último, con respecto a la época de producción,
también se destaca una semejante presencia de obras de los noventa –5-, y de
los ochenta –3-; en este caso, lo destacable es el predominio de obras de los
años setenta, con 7 de los libros seleccionados.
A
continuación, se sintetizan en una tabla los datos apuntados en los párrafos
anteriores:
|
Género |
Criterios campales |
Fuente histórica
|
Época |
Dimensión geográfica
|
|||||
|
Teoría |
11 |
Dentro
del campo |
6 |
Psicología social |
9 |
1960 |
1 |
Europa
|
5 |
|
Ensayo |
3 |
Semio-lingüística |
4 |
||||||
|
Readers |
1 |
Cibernética |
2 |
1970 |
6 |
América del Norte |
7 |
||
|
Pedagógicos
|
1 |
Sociología Fenomenológica |
1 |
||||||
|
Metodológicos |
- |
Fuera del campo |
10 |
Sociología cultural |
- |
1980 |
3 |
||
|
Estudios
de caso |
- |
Mediología |
- |
1990 |
5 |
América Latina |
4 |
||
|
Histórico |
- |
Economía política |
- |
2000 |
1 |
||||
A modo de síntesis, la dimensión de la interacción
tiene poca presencia en el campo de la comunicología; las aportaciones
principales a esta dimensión constituyen obras de contenido teórico y destaca
la nula presencia de estudios de caso empíricos. La Psicología Social se erige
como la fuente histórica básica de la comunicología que mayor espacio
conceptual ha aportado a la construcción de la Interacción como dimensión
comunicológica. Y por este motivo, la gran mayoría de obras referenciadas se
caracterizan por haber estado escritas desde fuera del campo de la
comunicología.
III.
Algunas propuestas
Las
cuatro dimensiones de la comunicología se encuentran en condiciones muy desiguales
en cuanto a presencia campal. Ya se ha afirmado que es la difusión la dimensión
que mayor debate y producción académica ha generado a lo largo de los
aproximadamente 60 años de existencia del campo académico de la comunicación.
Los medios son, por tanto, el núcleo temático básico del debate comunicológico,
el objeto de estudio primordial y privilegiado de la disciplina. Pero no
debieran ser los únicos.
La psicología social y la sociología fenomenológica son
las disciplinas que más han aportado a la comunicología, específicamente en su
dimensión de interacción. La semio-lingüística sería la fuente histórica
fundamental de la dimensión de la expresión, mientras que la estructuración
tiene como pilares básicos a los enfoques de la sociología cultural y la
economía política. Este marco de análisis que toma como punto de partida a las
fuentes históricas de la comunicología como disciplina, deja entrever
nuevamente la necesidad de recuperar dichas fuentes y de, yendo más allá,
utilizarlas o aprovecharlas para dotar de estatuto disciplinario a las
denominadas ciencias de la comunicación.
En este punto, la Educación Superior juega un papel
fundamental. Las licenciaturas en comunicación son cada vez más numerosas; miles
de estudiantes egresan anualmente de centros de estudios sobre comunicación. Y
en este panorama, todavía no está claro el perfil de egreso, algo que sin duda
tiene que ver con la dificultad de delimitar disciplinariamente a la
comunicología. La dicotomía básica tiene como ejes al comunicador y al
comunicólogo: el primero como hacedor, como profesional de la comunicación en
sentido práctico, como actor de los medios masivos y las instituciones que
producen y difunden productos comunicativos; el segundo, como
docente-investigador, como actor del campo académico dedicado a la producción y
reproducción de saberes sobre comunicación. El debate está abierto, y la
claridad es todavía muy escasa en los planes de estudio de comunicación del
país.
¿Qué podemos hacer ante este panorama? ¿Cómo podemos
pensar y repensar a la ciencia de la comunicación? ¿Cómo debemos formar a los
profesionales de este campo del conocimiento? No nos parece aventurado afirmar
que la construcción de la comunicología como ciencia es la única vía para dar
respuesta a estas interrogantes. En la actualidad parece ser, al menos, el
vehículo más consistente, puesto que genera debates a nivel teórico pero con
efectos en la práctica. Dicho de otra forma, la construcción de una
comunicología posible permite, por un lado, discutir y dar a conocer la génesis
y los fundamentos conceptuales de la disciplina, y por el otro, puede –o así
debiera ser- afectar a la construcción académica y profesional de un campo que
parece todavía inmiscuido en un mar de dudas y lagunas conceptuales y
metodológicas.
En las próximas líneas se establecen algunas rutas de
acción posibles para contribuir al debate acerca de estos temas. Siendo la
interacción la dimensión que nos ocupa, en este documento se hará hincapié, únicamente,
en algunas estrategias que pueden ayudar a la recuperación de esta dimensión
comunicológica como básica dentro de la producción de saberes y las prácticas
que conforman el campo de la comunicación.
Todas las rutas que se indican, a modo de orientación
o propuesta, parten de la necesidad de repensar los planes de estudio sobre
comunicación, específicamente a nivel de licenciatura pero también en lo que
concierne a estudios de postgrado.
III.1.
Propuestas a nivel de licenciatura
Algo
que llama la atención cuando se revisan los planes de estudio de comunicación
es la falta de claridad con respecto al objeto mismo de la comunicación como
disciplina. Esta falta de claridad se percibe, sobre todo, en la delimitación
de los perfiles de egresados de las carreras de comunicación. No está claro si
lo que se busca es formar a comunicadores, a profesionales de los medios de
difusión masiva, o si por el contrario es la figura del comunicólogo la que se
busca crear en las escuelas de comunicación. El debate parece no conducir a
ninguna parte, por lo que consideramos urgente retomar, desde el espacio
académico, la reflexión acerca de la delimitación campal de los estudios de
comunicación.
Siendo la difusión la dimensión comunicológica que
goza de mayor presencia en el campo académico de la comunicación, la
interacción debe ser recuperada, hecha visible, en las materias que tienen
cabida en los planes de estudio de comunicación. Así entonces, como primera
ruta posible se destaca la necesidad de tomar en cuenta las aportaciones de la
psicología social y la fenomenología en las materias de introducción a la
comunicación. De esta forma se conseguiría abordar el concepto de interacción,
como fundamento de la comunicación humana, para hacer hincapié en que los estudios
de comunicación no sólo abordan a la comunicación mediada.
Algunas líneas de trabajo más específicas podrían ser
las siguientes:
-
Orientar al estudiante en lecturas sobre psicología social y sociología
fenomenológica.
-
Incluir las perspectivas del enfoque sistémico y de la cibernética en
los ejes o áreas de teorías de la comunicación.
-
Generar discusiones sobre comunicación que vayan más allá de los medios
de difusión masiva.
-
Ilustrar la dimensión de la interacción con base a ejemplos de
investigaciones empíricas que hayan abordado el tema.
Todo ello puede contribuir a fomentar la
investigación de cuestiones relativas a la comunicación interpersonal y no
privilegiar únicamente los estudios sobre medios. En este sentido, teoría e
investigación deben ir estrechamente relacionadas, de manera que los conceptos
abordados desde una perspectiva más conceptual tengan efecto en las materias de
metodología de investigación[8].
III.2.
Propuestas a nivel de postgrado
Los postgrados en
comunicación necesitan de la consolidación campal de la comunicología para
desarrollarse con consistencia tanto teórica como metodológica. En este tenor,
y tomando en cuenta las propuestas señaladas en el apartado anterior, algunas
de las premisas básicas a considerar pueden ser las siguientes:
-
Huir de los enfoques
puramente mediológicos o de difusión.
-
Ampliar el espacio
conceptual comunicológico haciendo énfasis en aspectos diferentes a los medios,
esto es, a la interacción, la expresión y la estructuración.
-
Promover la reflexión
teórica y la producción de saber sobre todo lo que concierne a la comunicación
interpersonal, a las relaciones intersubjetivas de los seres humanos en sus
diferentes campos de acción.
-
Estudiar de forma
conjunta la interacción y las estrategias metodológicas que más claramente
pueden acercarse a ella: etnografías, entrevistas a profundidad, historias de
vida, etc.
Lo apuntado hasta el momento
deja entrever claramente dos niveles de discusión fundamentales para la
recuperación de la interacción como dimensión básica en los estudios de
comunicología. El primero es el nivel teórico-conceptual, que se relaciona con
las materias teóricas que se proponen en los planes de estudio. El segundo
nivel se corresponde a las materias de corte más práctico, metodológico o
técnico, donde se tendría que recuperar a la
interacción como objeto de estudio más que como concepto sobre el cual
reflexionar.
IV.
Para cerrar…
Sin ánimos de considerar vacío e innecesario el debate en torno a la dimensión
de la difusión, en este artículo se ha pretendido explorar la presencia de la
interacción en la comunicología. Habiéndose detectado una débil presencia, se
han ofrecido algunas rutas posibles para recuperar esta dimensión en los planes
de estudio de comunicación.
El debate inicial, de corte
más teórico, ha tenido la pretensión de ubicar conceptualmente a la
interacción, comprendiéndola como fundamento de las relaciones sociales y, por
tanto, como materia prima de los procesos de comunicación. El marco general de
la reflexión se ha situado en los debates generados en el grupo de estudio
“Hacia una Comunicología posible”, que han dado lugar a la sistematización
bibliográfica de la que se ha extraído la tabla de obras sobre interacción
consideradas como fundamentales para el campo de la comunicología. El último
apunte del artículo ha tenido como fin exponer algunas propuestas que pueden
contribuir a que se tome más en cuenta a la dimensión de la comunicación, en
este caso en los espacios privilegiados de construcción campal: las
instituciones de educación superior que se dedican a la formación de
profesionales de la comunicación.
Por todo ello, este artículo
se considera un primer apunte de lo que debería generar la discusión en torno a
la comunicología como ciencia con estatuto disciplinar delimitado. Tomando como
punto de partida la división de la comunicología en cuatro dimensiones, sería
conveniente trabajar a profundidad las tres dimensiones restantes, así como
continuar el debate teórico en torno a las fuentes históricas que han
contribuido a la emergencia de un campo de estudios como la comunicología,
caracterizado por una génesis interdisciplinaria, por su presencia cada vez más
fuerte en el campo de la educación superior en México y por, quizás
paradójicamente, ser aún un ámbito de conocimiento sin consolidación conceptual
y metodológica propia.
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Cultura Económica, México.
[1] Esta clasificación tiene su origen en las
propuestas del Dr. Jesús Galindo Cáceres. Para mayor información, sus textos
pueden ser consultados en la página http://www.geocities.com/arewara/arewara
[2] Alex Mucchielli (1998) habla de cuatro
paradigmas fundamentales para el estudio de la dimensión más psicológica de la comunicación.
Uno de ellos es el paradigma de relación-sistémico, que estudia las relaciones
entre individuos partiendo fundamentalmente de la primacía otorgada a la
interacción. La importancia dada a la interacción constituye una de las
principales aportaciones de los trabajos de la Escuela de Palo Alto.
[3] Para Durkheim (1973), por encima de las
representaciones privadas de los sujetos existe un mundo de “nociones-tipo” que
regula las ideas y que supera al propio individuo. Así entonces, el individuo
interactúa con estos códigos para transformarlos y estructurarlos según su
interpretación personal.
[4] Fue Herbert Blumer quien, en 1938, otorgó el
nombre de Interaccionismo Simbólico a esta corriente. Las escuelas que la
integran se marcaron como finalidad el estudio de los procesos de interacción
social en el entendido que éstos tienen
por sustancia el intercambio comunicacional. En lo fundamental, el
Interaccionismo Simbólico postula que las definiciones de las relaciones
sociales son establecidas de forma interactiva por sus participantes.
[5] La acción dramatúrgica es la interacción entre un
agente social que hace presentación de sí mismo, y un grupo social que se
constituye como público. El actor suscita en su público una determinada imagen
o impresión de sí, revelando su subjetividad de forma más o menos calculada con
miras a esa imagen que quiere dar.
[6] En este segundo punto se
remarca la diferencia entre las situaciones cotidianas de comunicación
interpersonal, que no se caracterizan necesariamente por el valor de proximidad
entre las personas, y la comunicación interpersonal que, sin ser diaria y
cotidiana, se fundamenta en el fuerte vínculo establecido entre los
participantes.
[7] Pese al título, la selección abarca un total de
140 libros: 75 extranjeros, 25 mexicanos, 20 obras colectivas (o readers), 15 de metodología y 5 diccionarios. Las 16 obras que integran la tabla forman parte de
un sistema de información más completo aún, que contiene un total de 334 libros
de comunicología, 43 de los cuales se sitúan en la dimensión de la interacción.
En este sentido, lo primero que destaca es la poca presencia cuantitativa de
obras referidas a la dimensión comunicológica de la Interacción.
[8] A corte de ejemplo, y
partiendo de la propia práctica docente de la autora, exponemos un caso
concreto, el de la Licenciatura en Comunicación y Cultura de la Universidad de
la Ciudad de México. El plan de estudios de esta licenciatura está conformado
por varios ejes. El eje teórico sobre Comunicación consta de una materia específicamente
dedicada a los Enfoques Sistémicos. Por su parte, el eje de Metodología, un
semestre más tarde, contempla una asignatura dedicada a los Métodos para el
análisis de procesos de comunicación interpersonal. En este sentido, teoría y
práctica se hallan complementadas, y ofrecen al estudiante la posibilidad de
conocer los fundamentos teóricos de la comunicación, en su vertiente
interpersonal, así como las metodologías y técnicas de investigación más
propicias para su estudio.