El cuarto modelo de la enseñanza en las ciencias de la comunicación
1. Presentación
Dentro del debate sobre el
campo académico de la comunicación uno de los aspectos más pertinentes es
reflexionar sobre los modelos de enseñanza que han prevalecido en este medio
siglo de historia del campo académico de la comunicación. Fuentes Navarro
durante su participación en la XV reunión de AMIC en 1996 (ver Fuentes Navarro,
1996: 139 y ss.) sugiere la formulación de tres modelos en la enseñanza de la
comunicación que equipara a especie de “fundaciones” de la carrera de
comunicación;, la cual cobija principalmente la investigación académica. Fuentes
Navarro (2001) hizo esta presentación en el encuentro de 1994 de la Asociación
Mexicana de Investigadores de la Comunicación en el que conmemoraba su XV aniversario. En el año que
inicia, la AMIC celebra su XXV Aniversario por tanto este texto quisiera ser un
acicate que aliente una discusión la cual siempre será provechosa si sabe ser
crítica e histórica. No se trata de responder las preguntas, sino formular
mejor nuestras interrogantes y conocer otros modos de concebir la relación
campo académico- profesional - laboral. Eso no hará que los estudiante
encuentren trabajo o que esa brecha se acorté, pero nos permitirá conocer con
más precisión qué pasa, por qué y de qué manera podemos, no colocar a nuestros
estudiantes y egresados en las industrias mediáticas, sino responder desde la
comunicación a los problemas acuciantes de nuestros sistemas sociales y
políticos.
Los tres modelos que sugiere
Fuentes Navarro funcionan como hipótesis y de diversas maneras de articular en
el currículo, los saberes recortados históricamente en función de diversos
perfiles y determinaciones socio-profesionales. Cada uno de estos modelos ha
configurado el núcleo operante de la comunicación como disciplina académica. Para
este autor los planes de estudio responden a una articulación confusa de estos
modelos; de la misma manera se queja que no haya surgido otro proyecto que
busque volver a fundar académicamente el estudio de la comunicación.
El primero de estos modelos
es de la formación de periodistas; en realidad podríamos llamarlo también
“mediológico” porque tiene como objetivo principal preparar profesionales para
insertarse al campo de las industrias culturales. Surgido en esa primera etapa
de fundación de las carreras de comunicación en la región (1940-1959) Para
cuando este modelo se edificó el estado de los medios masivos obedecía a un
ritmo de crecimiento económico y social, además se inscribía —en el caso de
México— en estado de las instituciones políticas que imposibilitaban o
limitaban en demasía el desarrollo de la actividad de la comunicación. La
perspectiva era en ese sentido, instrumental en el que pesaba la “visión
funcional”. No hay que olvidar la sincronía que explica no la aparición del
modelo en sí, sino sus supuestos de funcionamiento: aparición de las industrias
mediáticas, consolidación —en el caso de México— del estado del bienestar, proceso paulatino de urbanización del
país (la escuelas de comunicación es un fenómenos que se ha dado básicamente en
las ciudades) y de una cierta clase media…
El segundo modelo surge con
la primera etapa en la popularización de las carreras de comunicación, la cual
tiene su evangelio en la célebre carta del P. Sánchez Villaseñor realizada a
principios de los sesenta, donde frases tales como “someter la técnica al
espíritu” se canonizan. Esto genera la formación de comunicólogo o comunicador como un intelectual que tiene el “plus”
de una formación preocupada de conocer el estado de los medios, sus impacto y
evolución y la necesidad; es el comunicólogo-humanista que proviene de una
formación muy extensa; sus currículo se caracterizan por colocar un amplio
bagaje sobre todo de filosofía e historia desde el cual interpreta los medios,
la comunicación. Un ejemplo de este tipo de comunicólogo, además exitoso (a
propósito cito un caso no mexicano) es el venezolano Antonio Pasqualli
considerado incluso por Fuentes Navarro (1992: 14) como uno de los padres fundadores
de las ciencias de la comunicación en América Latina, cuya formación viene de
la filosofía pero se incorpora al debate de los medios, realiza un trabajo para
sugerir la formulación de políticas públicas en materia de la comunicación, es
consejero por su país en la UNESCO.
Para Fuentes Navarro la utopía del discernimiento filosófico y existencial es
la base de la práctica que tiene su horizonte en la teoría de la comunicación y
su diálogo con las ciencias humanas, la ética social. La idea del estudiante de
comunicación como alguien que “sabe de todo” proviene de este modelo, que al
mismo tiempo de su aspiración y anhelo genera el problema de la definición de
este sabelotodo que lleva un umbral de materias en su formación, acaso como
ninguna otra profesión hasta entonces que combina áreas, disciplinas o materias
de provienen lo mismo de las ciencias de la cultural o las humanidades que de
la administración.
Un tercer modelo aparece que
Fuentes Navarro ubica en los setenta, es el modelo
del comunicólogo como científico social el cual se deslinda claramente de
la formación instrumental (de hecho se coloca en franca oposición a ella), pone
énfasis en la construcción de totalidades desde una perspectiva crítica. Su
preocupación es mucho más estructural pero a diferencia del modelo anterior que
tiene como centro de la formación la filosofía y la historia, éste se centra en
la sociología y la política que funcionan como disciplinas vertebradotas, las
cuales orientan el ejercicio y sentido en la formación de este especialista
destinado a sumarse y aportar desde sus saberes específicos insumos para esas
luchas de liberación y emancipación política que se gestan en gran parte del
hemisferio. Este modelo tiene una preocupación en la denuncia de los efectos de
la transnacionalización de la información, la estructura de los grupos
propietarios de esas industrias culturales y sus cómplices. Este enfoque llegó
a extremos en algunas universidades y hoy los años nos dan una cierta distancia
para conocer excesos, pero nos parece no se puede desdeñar su contribución e
importancia; es necesaria la formulación de un balance crítico.
Hasta aquí los modelos
señalados por Fuentes Navarro. Hay un cuarto, que es más esbozo y que lejos de
un modelo, es una consecuencia de los desfasamiento en los anteriores, Fuentes
Navarro lo llama el modelo del burócrata
de la comunicación y se caracteriza por el afán desmedido del estudiante /
egresado por colocarse e insertarse de la forma más eficaz en la maquinaria
global de la comunicación. Lo que nos parece ver es sobre todo la crisis de los
modelos anteriores y sus consecuencias que se resumen en el divorcio de las prácticas,
imaginarios y concepciones del “mundo real” versus el “irreal” colocado en
nuestras universidades. Más que un modelo es su imposibilidad, su conta-imagen
y su dimensión oscura; es el temor que el proyecto de la investigación
académica de la comunicación se convierta en una mera utopía generacional; una
comunidad de académicos y profesionales que pasa inadvertida y desapercibidamente
de la vida y dinámica social porque carece y está desprovista de lo fundamental
para alcanzar sus propósitos. La formación de quienes hemos estudiado
comunicación (o nombre parecido) se ubica en uno de estos tres modelos, de su
mezcla y combinación, de sus
aspiraciones y temores.
Es probable que otra mirada
y forma reinterpretación esta evolución histórica halle otros modelos que se
hecho aparecen y se (mal)forman al hilo de los cambios tecnológicos y
socioculturales que vivimos. De cualquier forma, nos parece advertir la
existencia de un cuarto modelo que aun cuando tiene sus fundamentos mucho
tiempo atrás queremos al final del articulo presentar un ejemplo de una
licenciatura diseñada desde este cuarto modelo (y que si bien no niega de los
anteriores) su punto de partida es ligeramente distinto. Este modelo parte de
concebir al comunicólogo/comunicador como un mediador socio-cultural y por tal
motivo lo llamamos “modelo culturológico”,
tiene su origen más o menos claro en el encuentro y diálogo de las ciencias de
la comunicación y la cultural; el modelo considera como centro de la actividad
profesional del “comunicólogo / comunicador” no lo medios (o las empresas) sino
la cultural que se entiende como una práctica social en la que se verifican
procesos de comunicación (los cuales integran sus subsistemas de producción
expresión / difusión, interpretación); se trata de definir, interpretar y
estudiar esos procesos, la manera como los actores o grupos de la comunicación
interrelacionan, producen conjuntos signitos y los interpretan.
Hace 20 años Jesús Martín
Barbero señalaba que la tarea de los comunicadores sería pensar
“antropológicamente” sobre el sentido que los desplazamientos del capital e
innovaciones tecnológicas le imponen a la cultura cotidiana de las mayorías. La
tarea del comunicador, al menos en México y en América Latina, será entonces la
de diseñar estrategias de comunicación (en los distintos espacios de
interacción social: mediático, institucional, organizacional, comunitario y
personal) que vinculen éticamente mundos separados. En otras palabras, vincular paradojas o hacer “habitables” las
paradojas será la compleja tarea del profesional de la comunicación. Asimismo
tendrá la misión de armonizar lo urbano con lo rural y lo popular con lo
masivo; de vincular lenguajes opuestos, como el discurso de la publicidad, con
el de la religión, el lenguaje de la política, con el del amor. También tendría
el desafío de integrar la contradicciones entre vida pública y vida privada y
estudiar sus interrelaciones. Y, finalmente, debería articular la
desterritorialización de las demarcaciones sociales provocadas por las nuevas
tecnologías con la necesidad de conversar entre identidades locales.
Fuentes Navarro reconoce en
su ponencia de 1994 que ha hecho una muestra caricaturesca y no dudamos en caer
aquí nuevamente en un perfil sumamente desdibujado, pero es ciertamente un
modelo o un atisbo de él. La enseñanza de la comunicación y su imaginario de
forma de las articulaciones y las interconexiones entre estos modelos de
enseñanza que son formas de entender la comunicación misma en nuestras
universidades. No se trata de promover filiaciones o fobias, sino de
considerarlos como horizontes (en el sentido de Gadamer) como una visión que
abarca y encierra todo lo que es visible desde un punto de vista. Ahora bien,
la historia de la enseñanza en comunicación no es producto de un solo modelo,
éstos han respondido a necesidades y lejos de proclamar su superación, se trata
de construir visiones más integrales que sobre todo respondan a la realidad
(tanto a la idea que tenemos de ella, como a la interpretación científica de
algunas de sus manifestaciones). Regresamos a la ejemplificación de este “cuarto
modelo” tras una breve digresión que establece un criterio frontal y dicotómico
para el análisis de los modelos de enseñanza. Espero el lector me dispense pero
que ayudará a explicar los presupuestos que fundarían este modelo y en el cual
me distancio de la ciertamente didáctica explicación de Fuentes Navarro.
2. ¿Comunicador Digital o Comunicador Analógico?
Hace unos meses, en el III
Coloquio Internacional Comunicación e Información en el siglo XXI, uno de los
conferencistas hacía una apreciación que me pareció sugerente. Tomo una parte
de su argumentación: él hablada de la importancia de promover la formación del
“comunicador digital” que supere al “analógico” el cual funcionó por lustros y
que de alguna manera pueden resumirse en los modelos señalados arriba (sobre
todo en el segundo y el tercero). Claro, esta nueva visión “digital” tiene
ahora el plus de las nuevas tecnología de información y comunicación (NTI) sumamente
operativa y eficiente, centrada en la resolución de problemas, alta capacidad
de adaptación a los cambios del entorno, rentabilidad y profesionalismo, manejo
de las NTI y sus lógicas de producción y funcionamiento; en este nuevo profesional
digital de la comunicación parecería resolverse algo de la brecha que tanto hemos
considerado entre campo académico / profesional y mundo labora. El horizonte de
trabajo de este profesional no se ubica en los medios o los procesos macros de
producción, sino las nuevas industrias mediáticas y la dimensión micro del
proceso productivo y el marco operación ya no son (como funcionaban los medios) los principios de la sociedad
industrial, sino de la sociedad de la información; ello abarca las nuevas
profesiones o modalidades de las ya existente (periodista digital, productor
multimedia) y demás combinaciones que se antojan prometedoras, aun cuando no
queda muy claro como se realizará plenamente este “comunicador” en países tan
desiguales con economías endebles o democracias muy inmaduras.
Lo difícil, me parece, no es
la formación de comunicadores puramente digitales o analógicos; funcionales o
especulativos, prácticos o teóricos; no es siquiera la imagen poco clara del
comunicador teórico-práctico que ha sido una especie de ideal o mito buscado e
inalcanzado al mismo tiempo. Nos parece que si aspiramos a un “ideal” en esta
visión dicotómica ésta sería la de la síntesis o el “justo medio” o para usar acepción
del filósofo Mauricio Beuchot (1995, 1999) de un comunicador analógico-icónico. Esto me devuelve un
poco al “cuarto modelo” (que como Fuentes Navarro en el mejor de los casos he
esbozado, pero dista ser una imagen clara todavía) y a lo cultural como eje articulador
de la aspiración sintética. Para la mediación cultural es importante el punto
de los justos medios; un ejemplo teórico lo podemos encontrar en la interesante
obra de Boaventura de Santos y su hermenéutica diatópico. Los justos medios de
la comunicación provienen de la razón digital, sino de una intuición construida (que
es algo más que mera ‘prudencia’ y nos devuelve al campo analógico) y que por
otra parte no es sencillo encontrar ya que éstos no son los lugares inamovibles
de la pragmática habermasiano, en el consenso subsiste la tensión y el conflicto.
No nos parece que haya soluciones aun cuando Beuchot y Boaventura de Santos
hablan de la dia-filosofía a posterior
o el diálogo de los participantes a partir de sus topoi o “lugares comunes”. Un comunicador digital no puede dar una respuesta
a estas interrogantes. No abogó por su abolición, sino por su integración. Su
algo debe darnos el estudio de los modelos de enseñanza, su historia y
diferencia es la posibilidad de integrarlos en perfiles más complejos que al
menos le permitan al estudiante / egresado comprender algunos de los cambios
socio-culturales, las nuevas mediaciones tecnológicas y las dinámicas de acción
/producción / consumo de los actores sociales de la comunicación.
3. Un ejemplo del cuarto modelo: la licenciatura en
Comunicación y Cultura
Presentamos a manera de
cierre la formulación de lo que en este texto hemos llamado el “cuarto modelo”
o culturológico. El contexto inmediato es el trabajo que recientemente un equipo
de profesores realizó para elaborar el plan de estudios de la licenciatura en
comunicación y cultural dentro del proyecto
Universidad de la Ciudad de México (UCM).
Algunos datos mínimos sobre
la UCM: Esta Universidad surge en septiembre de 2001 bajo el liderazgo del Ing.
Manuel Pérez Rocha que impulsa una universidad pública para habitantes de la
ciudad de México y que entra en la política social del actual jefe de gobierno
de la ciudad. Pérez Rocha (y su equipo de asesores) conciben un proyecto de
universidad pública que se sustente en algunos principios básicos y que se
pueda traducir en una estructura institucional que los apoye. Algunos de estos
aspectos: (a) enfoque centro en el estudiante (promoción de modelos de autoaprendizaje),
(b) currícula flexible que implica no sólo apertura en la elección de cursos
(los planes de estudio tienen que contener los cursos indispensables y los
optativos sobre los que el alumno tiene un mayor grado de libertad) sino en las
modalidades de titulación como es la posibilidad de títulos combinados u
opciones que no necesariamente desembocan en la licenciatura (hay diplomados
con distintos ejes, técnicos…); (c) sistema de certificación, esto es
valoración principal de lo cualitativo, “calificaciones” (lo llama así la
universidad) realizada por un comité de tal forma que el profesor no es quien
califica a su estudiante sino el comité; y sobre todo el principio que el
estudiante no aprueba/ reprueba sino que certifica o no; esto le da la
posibilidad de presentar la materia cuantas veces sea necesaria; más aún,
mejorar el certificado cuantitativo. Menciono estos aspectos de forma muy
acelerado, es meramente indicativo de algunas peculiaridades de este modelo.
La Universidad actualmente
cuenta con cuatro campus: uno en el centro de la ciudad (Av. Fray Servando), en
Iztapalaba (antigua cárcel de mujeres en la salida hacia Puebla), en la colonia
del Valle y de manera muy reciente ha comenzado a operar otro inmueble en
Tlahuac. La primera versión del plan de estudio de la licenciatura data de
octubre de 2002, en el que se produjo un borrador que actualmente se encuentra
en fase de revisión. Algunos detalles más pueden obtenerse en una hoja web que
recoge ciertos aspectos, no muy completos todavía de la universidad [http://www.ucm.df.gob.mx]
Lo que resumimos en este
último apartado es el esfuerzo por sistematizar y recuperar la síntesis que
hemos señalado o bien abrir algunas vetas que por lo general no aparecen claras
en nuestros planes de estudio. Esta es una licenciatura que surge con la
impronta de un “enfoque culturológico” (no reducible a los célebre cultural studies británicos y múltiples
influencias derivadas). En principio el equipo de trabajo realizó un
diagnóstico del cual tenía claro que la formación técnica-instrumental o
“primer modelo” era insuficiente para las actuales demandas y necesidades
sociales. En los Antecedentes el documento señala:
La Academia [así nombrados los
departamentos] de Comunicación y Cultura de la UCM reconoce los avances que ha
habido en la formación de los profesionales de la comunicación, pero al
contemplar el ‘enfoque cultural’ como el eje articulador de la formación de los
estudiantes pretende promover profesionales que tengan el dominio de algunas
tecnologías de comunicación, pero principalmente que logren dar cuenta
(interpretar y actuar en consecuencia) de las realidades socioculturales de la
población mexicana.
El diagnóstico considera
algunos de los que serían los antecedentes de una historia de los estudios
culturales de la comunicación en nuestro país; se destacan los aportes de la
revista Comunicación y Cultura, el
programa de comunicación que privó sobre todo en la Universidad Autónoma
Metropolitana a finales de los setenta y principios ochenta, la obra de
Gilberto Jiménez y Alberto Cirese quien fue uno de los principales difusores de
Antonio Gramsci. Igualmente el trabajo que se ha realizado desde la Maestría en
Comunicación y Cultura del ITESO, el “Programa Cultura” de la Universidad de
Colima (y de su revista Estudios sobre
las culturas contemporáneas), por señalar algunos lugares importantes.
En la licenciatura se
plantea dar prioridad a aquellas líneas de investigación que tengan por objeto
la comunicación en su contexto sociocultural. De lo anterior se sustentan las líneas de trabajo académico que definen
las áreas de estudio y los ejes que orientarán los debates y seminarios de
formación al interior del cuerpo docente de la licenciatura y aportarán elementos
de discusión para el proceso de aprendizaje de los estudiantes, permitiendo así
dar un mayor sentido a la articulación de “cursos indispensables” y “cursos optativos”
que guardan en el Plan de Estudio casi una proporción de 50/50 (25
indispensable, 20 optativos dentro de una oferta de este tipo de cursos que
naturalmente es mucho más abundante sobre todo en los ejes que hemos denominado
“comunicación aplicada” y “talleres”).
Las líneas que aparecen
como prioritarias para desarrollar una formación de profesionales que den
cuenta de la dimensión cultural de la comunicación (de manera especial en la
Ciudad de México) son:
a) Comunicación,
valores y cultura: Los grandes
cambios que ha experimentado México pueden ser vistos como procesos de
construcción de identidades y modificaciones en la estructura de valores. Así
pueden ser estudiadas la Revolución Mexicana (1910-1920), el tránsito de un
país agrario a uno urbano (1940-1950), las luchas políticas por la apertura del
sistema político (1958, 1968, 1988). En esta misma dirección, lo que tenemos a
principios del siglo XXI es un mosaico sociocultural, un juego de fuerzas que
configuran campos de energía social que se mueven en distintas direcciones, con
diferentes resultados y comportamientos; por lo tanto, esta línea de trabajo
pretende identificar las relaciones entre los procesos de comunicación, la
estructura axiológica y la orientación de los grupos humanos en distintas fases
y/o momentos del proceso socio-histórico que atraviesa el país (cf. Galindo, 1994: 124).
b) Comunicación,
sociedad y democracia. Las
transformaciones sociopolíticas de la sociedad mexicana han propiciado la
emergencia de cambios en el discurso político, el replanteamiento de los otrora
inamovibles pilares del sistema político mexicano, que reconfiguran la relación
de fuerzas, la función social y política de los medios de información, la
estructura de las audiencias y la opinión pública.
c) Comunidades
simbólicas, identidades y representaciones sociales. Uno de los temas más recurrentes en la
investigación social es el estudio de las identidades sociales que entendemos
como procesos socioculturales en constante construcción, en los cuales los
sujetos de un grupo social interpelan el repertorio de signos de su universo de
pertenencia. En este horizonte interpretativo, la investigación social analiza
el sistema de representaciones sociales como un conjunto de signos, narrativas
y prácticas puestas en los contextos sociales y culturales en los que son
interpelados por los sujetos concretos para configurar un sentido de
pertenencia y otorgar determinadas significaciones a sus cursos de acción y
redes sociales (es decir, su relación con otros sujetos y grupos sociales en el
contexto más amplio de la ciudad, el país y el mundo).
d) Comunicación
y vida cotidiana. Berger y Luckman
(1968) afirman que la vida cotidiana es
la realidad por excelencia que se impone a la conciencia de una manera masiva,
inmediata e intensa. De ahí que el espacio de la vida cotidiana constituya un
vasto campo de estudio sobre los topos
de la retórica aristotélica, y la forma como los habitantes dan sentido a su
experiencia y a las cosas que les rodean, integrándolas a distintos ámbitos de
su existencia (vivienda, vestido, ocio y tiempo libre, trabajo, traslados,
rituales de comida, etc.), que se configuran como discursos sociales que son
observados por los estudios culturales de la comunicación. Y de este modo,
comprender la manera como se imbrican en un entramado continuo de significados,
los múltiples y complejos sentidos sobre la “realidad social”.
e) Impacto
sociocultural de las nuevas tecnologías. Uno de los retos de la investigación social es conocer la estructura e
implicaciones a nivel del ‘mundo de vida’ (Schutz 1995) de los avances
tecnológicos en los medios de comunicación (más las nuevas tecnologías de
información). La discusión sobre las implicaciones socioculturales de los
nuevos medios de comunicación es un tema eje que incluye el estudio de las
repercusiones laborales de su irrupción, las nuevas formas de organización
social en la producción del conocimiento y la configuración de nuevos
imaginarios sociales. Una reflexión sobre estas implicaciones supone estudiar
las distintas rutinas y estilos de trabajo que las nuevas tecnologías
superponen a los procesos de comunicación ya existentes. No se trata de sustituir
o dejar de mirar las prácticas existentes, sino de incorporar las modalidades
emergentes y establecer una nueva relación entre lo conocido y lo cognoscible (Cf. Benassini 2001: 33).
Se espera que este
egresado pueda estar formado y capacitado para aplicar conocimientos a distintos
niveles de abstracción en distintas áreas de la comunicación, a partir de un enfoque cultural, con el cual —ciertamente—
tendrá la potencialidad de actuar en un campo muy vasto de desarrollo
profesional. Entre otras áreas, se pueden identificar las siguientes:
a)
El campo de la comunicación
alternativa, entendida como la inserción en
prácticas y usos de la comunicación en comunidades y asociaciones que se
caracterizan por agruparse en torno a redes solidarias y por una activa participación
en procesos de educación (formal,
informal) y reivindicación de derechos
sociales.
b)
La planeación de la
comunicación en organizaciones civiles, sindicales, gremiales,
religiosas, empresariales y gubernamentales. El campo de las organizaciones
sociales, civiles en sus distintos rubros (mujeres, niños, campesinos, adultos
en plenitud, derechos humanos, vivienda, salud, otros) es un área rica y poco
explorada; se trata de alentar la participación de los licenciados en
Comunicación y Cultura, como mediadores y promotores de estrategias de
comunicación en estos espacios. Su inmersión no será meramente instrumental,
como de alguien que realiza tareas administrativas, sino sobre todo como
diseñador y gestor del proceso de comunicación para facilitar la consecución de
objetivos sociales y organizacionales e impulsar el conocimiento más
diferenciado y complejo de estos grupos.
c)
Docencia e Investigación. Se entiende la
docencia y la investigación como la articulación de las actividades de
producción y circulación del conocimiento científico sobre el campo de las
comunicaciones. Tradicionalmente los centros para su producción y distribución
son las universidades; sin embargo, el profesional en Comunicación y Cultura
podrá desempeñar estas funciones en otros ámbitos y, de este modo, impulsar la
proliferación profesional y consciente de los usos de la comunicación en las
esferas de su acción, todo ello con una perspectiva social y crítica.
d)
Áreas de Comunicación en
partidos políticos y/o dependencias gubernamentales. Una de las características
del México del nuevo siglo es la aparición de nuevos grupos políticos. La
importancia de lo electoral, como una vía para el cambio estructural de la
sociedad, ha hecho que los partidos —a pesar de ser centro de innumerables
críticas— sigan siendo instancias para la contienda electoral y el cambio
político. Por tanto, el especialista de Comunicación y Cultura tiene en ellos
un espacio privilegiado para promover el cambio social con un sentido humano y
un conocimiento de las realidades socioculturales de la población mexicana.
e)
La industria massmediática. Consideramos que
el licenciado en Comunicación y Cultura no puede ser ajeno a este campo
tradicional de trabajo, a los propios modelos que hemos señalamos. Los medios
requieren, más que instrumentadores, profesionales de la mediación con una
perspectiva y sensibilidad social que puedan incidir en el desempeño diario de
estos sistemas y en la configuración de políticas públicas de comunicación más
coherentes con las estructuras de las audiencias e imaginarios de nuestra
ciudad y/o país.
Es necesario vincular la
creación y trayectoria de las licenciaturas que ofrece el sistema de educación
superior a las condiciones y requerimientos particulares de la sociedad
mexicana; esto es, la formación de carreras profesionales debe responder a las
exigencias que impone el grado de desarrollo y el modelo de organización social
del país. De ahí que adquiera
relevancia lo establecido por la Federación Latinoamericana de Facultades de Comunicación Social (FELAFACS) (citada por Fuentes Navarro, 1991: 40)
en el sentido de que la formación de profesionales de la comunicación no se
traduce en ajustar el perfil del comunicador al sistema vigente del mercado
profesional, sino de responder urgente y seriamente a los retos que en materia
de comunicación y cultura tiene el país. En este contexto, la emergencia de una
licenciatura en comunicación se fundamenta con base en las necesidades de
diálogo y especificidades socioculturales de la sociedad mexicana. En ese
sentido, en este apartado presentamos una síntesis de los aspectos del contexto
sociocultural mexicano que imponen la formación de un profesional con las
características que proponemos.
No tenemos espacio para
detalles del documento. En el apartado de “Justificación” se incluyen aquellos
indicadores del contexto socio-cultural que se identifican como relevantes y
que eventualmente justifican el diseño de un profesional en comunicación y
cultura. De los rasgos contextuales que se señalan, destacamos algunos: (a) la
explosiva diferenciación de los grupos sociales que configura una creciente
diversificación de los universos simbólicos; (b) los ajustes más rápidos que
los grupos sociales que tienen que realizar para actualizar sus configuraciones
simbólicas en nuevos ambientes; (c) la creciente capacidad de los grupos
sociales d pensarse a sí mismos; la perdida de los otrora espacios
institucionales frente a los medios masivos; las narrativas institucionales han
cedido terreno frente a la configuración de complicidades en el espacio de la
experiencia inmediata.
De este apartado la pregunta
más provocadora que el documento se hace es ¿qué esperaría la sociedad de un profesional en comunicación y
cultural?, ¿qué le podría demandar una sociedad que ha verificado los cambios
que en México se han dado en el campo de la cultural y la sociedad, la política
y la tecnología, en los últimos diez años? La pregunta es provocadora y en algún irresoluble. De cualquier
forma el documento ensaya algunas respuestas. La sociedad mexicana pediría un
profesional de la comunicación y la cultura...
·
...que sepa moverse en
niveles de abstracción, así es necesario que el profesional pueda aplicar,
adaptar elementos cognitivos y analíticos para reconocer la emergencia de
universos simbólicos que están en permanente construcción y los haga
comunicables, explícitos, y que contenga elementos (didácticos) para
comunicarlos.
·
... que sepa moverse en
el cambio, que tenga una idea clara del ser humano (desde la perspectiva
humanista clásica, la fenomenología experiencial y el existencial humanismo) y
que considere que socialmente no hay nada dado, todo es un proceso de
construcción y él debe ser alguien que sepa explicar dichos procesos.
·
...que sepa poner en
comunicación mundos y universos aparentemente incompatibles en sociedades (como
la nuestra) todavía muy segmentadas (aun en la ciudad, que es el principal
escenario del ejercicio comunicativo).
·
... que sepa dar cuenta
de los procesos de interacción entre los grupos.
·
... que describa los
procesos de apropiación de los mensajes que envían los grupos mediáticos. Los massmedia han abandonado su lugar como
representación y metáfora de la realidad, pasando a constituir una prolongación
o metástasis de la misma.
·
...que pueda dar cuenta
de los tipos de relación que los sujetos concretos construyen en su relación
paradójica con el mensaje massmediático y su proceso de apropiación (Aguilar et al. 1995; Reguillo 1999).
·
... que pueda hacer
aportes en tanto la descripción, estudio y previsión de procesos de
encodificación-expresión-decodificación. Si como señala Melucci (2000) la
configuración del orden social ya no se negociará en términos del acceso a la
propiedad de los medios de producción (lucha de clases), sino que ahora el
campo en disputa será el control y dominio de los códigos de encodificación y
decodificación de las narrativas que circulan entre los grupos sociales.
·
...que sea consciente
que la formación es auto-formación. En la medida que pueda responsabilizarse
con este proceso, su labor será más efectiva.
·
...que maneje las
técnicas para la difusión de información para hacer un mejor uso de ellas.
·
...que pueda aplicar
los elementos axiológicos, cognoscitivos, analíticos, tecnológicos y prácticos
necesarios para conocer los códigos de interacción y de pertenencia
sociocultural de las diferentes comunidades simbólicas que conforman a la
sociedad mexicana, principalmente, en lo que respecta a la Ciudad de México.
·
...que sepa construir
un saber dialógico. Se necesita retomar la función del humanista que sepa
orientar los usos sociales y creativos de los medios por y para la
comunicación, con una actitud de constante indagación sobre la realidad social,
al mismo tiempo con honestidad y humildad para reconocer que no se tienen todas
las respuestas, sino de quien dispone de algunas estrategias para dialogar y
construir consensos.
Esta última parte nos parece
provocadora e interesante, porque como se puede ver no hay negación, sino
asunción de los modelos señalados arriba. En ese sentido nos ha parecido a
quienes hemos participado en la redacción de este plan de estudios que este
documento sintetiza algunas preocupaciones, reconoce drásticamente ciertas
limitaciones. En los debates previos a la redacción hemos tenido claro los
puestos de trabajo que se abren en el campo de la comunicación, las
estadísticas que colocan a la comunicación como una de las 10 carreras más
demandadas en el país, el aumento creciente de escuelas (mayoritariamente
privadas) que agrupan más de 50 mil estudiantes. Reconocemos que la realidad es
más compleja que nuestra abstracciones o estrategias, pero al mismo tiempo sin
éstas no es posible diseñar, sugerir y hacer.
El objetivo de estas líneas
ha sido mostrar un modo de funcionamiento de un modelo. Aun cuando me he referido
a un caso en concreto, la reflexión sobre el campo académico de la comunicación
y sus modelos de enseñanza debe elaborar explicaciones teóricas y modelos
metodológicos lógicamente consistentes y éticamente pertinentes. Como señala
Carlos Luna (citado por Fuentes Navarro, 2001: 156) la diversidad y la
complejidad de nuestro campo académico lejos de ser un obstáculo, constituye un
valor. El escenario más desolador para el campo académico sería la realización
de ese anti-modelo delineado por Fuentes Navarro, la burocratización como único
horizonte; pensamos que el mejor remedio para contravenirlo es la conciencia y
la autorreflexión.
Fuentes documentales
Aguilar, Miguel Ángel et al. (1995), “Televisión y vida
cotidiana. Una aproximación cualitativa”, en Visión 5. Vida urbana y comunicación, México, UAM-Xochimilco, pp.
123-155.
Benassini,
Claudia
(1996) ¿Desde dónde se
enseña la comunicación en México? Primer reporte de trabajo. Campos
profesionales y mercados laborales. Departamento de Comunicación, UIA, México.
(1998) “Campos profesionales
y mercados laborales” en Anuario de investigación de la comunicación V.
CONEICC, México.
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