La Comunicología posible y las humanidades.

Hipótesis sobre algunas fuentes históricas del pensamiento y discurso de lo comunicacional en México y América Latina.

 

Jesús Galindo Cáceres

http://www.geocities.com/arewara/arewara.htm

 

 

 

Conceptos clave.- Comunicología, Humanidades, Literatura, Historia, Filosofía.

 

Resumen.-  El proyecto Hacia una Comunicología posible se ha venido desarrollando en dos perspectivas, una a posterior, con la revisión y análisis de las fuentes históricas del pensamiento comunicacional, y otra a priori, con la propuesta de construcción sistémica de una ciencia de la comunicación. Las fuentes históricas son de dos tipos, las científicas y las humanísticas. En este texto se desarrollará un apunte reflexivo sobre las fuentes humanísticas.

       La comunicación académica ha sido afectada desde su aparición en el siglo veinte por una configuración humanística proveniente del siglo XIX. Esta forma cultural tiene su expresión en un discurso político que debe mucho a la religión católica y a la ideología de izquierda. Esta peculiar mezcla ha construido el discurso académico de la comunicación a lo largo de cincuenta años, sobre todo en América Latina, y en forma particular en México. Y sobre este caso  latinoamericano y mexicano es el énfasis del apunte que en el texto se presenta.

 

 

 

I.                    La ciencia, la técnica y las humanidades ante la comunicación.

 

        La comunicación es una palabra que forma parte de nuestro lenguaje ordinario. Su primera connotación siempre es la relación humana cara a cara. Al pensar la comunicación nos imaginamos charlas, conversaciones con amigos, con familiares, con desconocidos. Y de inmediato aparecen otras connotaciones, la resolución de conflictos, el acuerdo, la claridad sobre la confusión, la precisión sobre los malos entendidos. La pregunta hasta este punto es sobre el origen de estas imágenes y sentidos. ¿De dónde vienen estos lugares comunes sobre lo que entendemos por comunicación?

 

       En otro escenario, paralelo y muy cercano al primero, la comunicación se asocia a medios de difusión masiva, a la televisión, a los diarios impresos, a internet. Sin que desaparezca la primera configuración de sentido esta segunda está acomodada dentro de nuestra percepción sobre lo que entendemos cuando aparece la palabra comunicación. Y la pregunta vuelve a presentarse, ¿de dónde aparecen estos relativamente nuevos focos de interpretación? Los propios medios se han encargado de difundir su propia imagen, su propia importancia, su espacio conceptual, su lugar en el lenguaje y en la agenda de conversación cotidiana. Puede ser que tengamos dos agendas por lo tanto, una que viene de antes de la importancia de los medios, y otra que apareció a partir de ellos.

 

       En nuestro sentido común estas son las dos dimensiones básicas de nuestro espacio conceptual sobre la comunicación. Conversar y ver televisión. El punto que las liga es algo muy sutil y lleno de implicaciones, alguien le dice algo a alguien. Y por lo tanto siempre que hay alguien hablando o expresando algún mensaje frente a alguien, entendemos que se está dando una situación de comunicación. El que se de bien o mal, en forma correcta o incorrecta, en ciertas condiciones o en otras, todos estos elementos complementarios a la imagen central, dependen de la formación y la historia particular de la persona que esté asociando mundo y comunicación.

 

          La vida cotidiana está atravesada por imágenes connotadas por la comunicación. Aquí casi se invierten las dos dimensiones. Lo primero que aparece es la imagen de millones de personas mirando televisión a las nueve de la noche en todo el planeta, o escuchando la radio por la mañana, o leyendo el periódico al iniciar su jornada diaria. La difusión de información es un poderoso ordenador de la vida social, que cubre mucha extensión de nuestro tiempo vital en la época contemporánea. Y, de nuevo en forma paralela, aparecen las imágenes de conversaciones que ensayan algún objetivo por parte de los interlocutores, la búsqueda de alguna intención, convencer, agradar, ofender, negociar, explicar. Nuestra vida está toda llena de situaciones de comunicación, o de trayectos que nos mueven dentro de ella. Nadie está solo, todos estamos acompañados y necesitados de competencias comunicativas. El éxito, la felicidad, el amor, están asociados al desarrollo de esas competencias. Y este es el sentido general de que la comunicación sea importante, sea un objeto que requiere una mirada más atenta, más reflexiva, más técnica. Y así aparecen las miradas especializadas sobre ella, y entre todas, las miradas de las ciencias y de las humanidades.

 

       En la construcción del campo académico de la comunicación es muy importante la reconstrucción de las diversas miradas que la han nombrado y comprendido, la sistematización de la información que permite construir mapas que representen las configuraciones y las trayectorias del pensamiento comunicacional en el tiempo y el espacio. Esta tarea se ha realizado sólo en forma parcial. En el caso mexicano sólo hasta que aparecen los estudios de doctorado es que se presenta como inaplazable la tarea de revisar la historia de la comunicación desde los conceptos que la han significado, y no sólo desde los acontecimientos percibidos desde un solo punto de vista. ¿Cuánta comunicación tenemos en nuestro mundo contemporáneo? No la que alcanzamos a percibir desde nuestra historia social común y corriente, como lo que hicimos en los primeros párrafos de este texto, sino toda aquella que se puede percibir desde diversos ángulos y puntos de vista. Construir ese álbum de conceptos es un trabajo básico para desarrollar proyectos prospectivos.

 

        Una primera forma de ordenar el trabajo sería definiendo los ámbitos desde donde se sistematizará la información, y en donde se ha puesto en escena la vida nocional de la comunicación. Partiendo de la organización actual del conocimiento, tomando a la universidad como el lugar donde se le ordena y sintetiza en forma organizada y coherente, tres serían las áreas donde puede aparecer el desarrollo nocional de la comunicación. Estas áreas son las humanidades, por ser  el área madre del conocimiento universal, la ciencia y la tecnología, por ser las áreas contemporáneas en las que se ordena el saber para representar y comprender al cosmos y para intervenirlo. Un programa de trabajo que implique a las tres áreas no es sencillo ni rápido, cubre siglos de pensamiento humano, y a una gran diversidad de puntos de vista que habrá que identificar y relacional al mismo tiempo. El objetivo es una gran matriz del pensamiento humano nombrando a la comunicación, y con ello la comprensión de lo que hemos hecho como grupo y especie con el don básico para la vida social e individual, para el diseño de los futuros posibles.

 

II.                  Las fuentes humanísticas de la noción de comunicación.

 

       El primer programa de conocimiento existente fue el religioso. De ahí surgen las nociones teológicas y metafísicas de la comunicación. La relación con lo divino, y el efecto de lo divino en las relaciones humanas, es el primer esquema que aparece en la historia humana. Este patrón inicial ha evolucionado, tenemos miles de años con el. Todo estaba integrado en lo religioso, todo conocimiento, toda representación sobre el mundo, toda acción en el mundo. Cuando aparecen las ciencias en nuestra trayectoria occidental el conocimiento empieza a dividirse y a desarrollarse, siempre acompañado de un toque de cosmología religiosa. Cómo sucede esto para la comunicación es un asunto por investigar en detalle, que arrojaría mucha luz sobre nuestras maneras actuales de entender y actuar nuestra vida social contemporánea.

 

       Según la historia oficial sobre el pensamiento humano, es la filosofía la primera en separarse de la religión, poco a poco y en saltos impresionantes, como el de la cultura griega. Lo que se miraba con dogma se empieza a entender con lógica y método. La filosofía es la madre del pensamiento no religioso y una pariente cercana de aquel. Todo parte de la filosofía, el horizonte de las ciencias naturales y el horizonte de las visiones sobre lo humano. El ser, el mundo lo humano. En la tradición occidental parecen ser los campos de construcción del conocimiento en el programa griego. La metafísica se queda en la filosofía, que es la existencia, la pregunta ontológica. Pero después viene la física, qué es el mundo que vivimos, que vemos, que nos rodea. Y por último lo humano, quiénes somos nosotros, que es lo humano, lo que mira a todo esto tan maravilloso y tan atemorizante. De ahí que el siguiente paso sería lo antropológico en un sentido más social y psicológico. Pero eso no sucedió hasta varios siglos después.

 

        Todo este panorama de la historia del conocimiento tiene un vector de relación con la comunicación. La pregunta es cómo aparecía la comunicación en esos tiempos a partir de esos esquemas de percepción y comprensión. Nuestra preocupación fundamental en este texto se concentra en el momento en que las colonias americanas se independizan, y se inicia nuestra historia como países con cierto margen de autodeterminación.

 

         En un programa general sobre la comunicación en nuestro medio la historia de Europa sería el centro del estudio hasta llegar a la colonización de América y el momento de los movimientos de independencia en el siglo diecinueve. La guía sería lo que se denomina historia de las mentalidades en relación a una historia social y a una historia de la ciencia y el pensamiento. En este contexto dos matrices de pensamiento y sentido de la vida se traman en el siglo diecinueve, convirtiéndose en nuestro destino. Por una parte la revolución francesa y el pensamiento liberal, con sus excesos jacobinos y sus tolerancias democráticas. Y por otra, la religión cristiana católica, con tres siglos de maduración en la vida colonial. Casi dos siglos después esta matriz doble sigue ahí, en el fondo de nuestra mente colectiva. Entender su composición y organización es tan importante y urgente como entender su difusión y expansión.

 

        Durante el siglo veinte estas dos configuraciones matriciales se han ido entrelazando en diversas formas. En algunos puntos con una gran identidad, en otros con tensiones contradictorias casi explosivas. Y en buena medida esto sucede así porque las instituciones que las promueven gozan de buena salud, la santa madre iglesia y el gobierno liberal republicano. La comunicación vive en estas dos trayectorias con sus respectivos sentidos y conjunto complejo de relaciones en desarrollo y evolución. A estas dos columnas se agrega otra muy especial en el caso de la comunicación y del discurso y la acción política en Latinoamérica, la ideología de izquierda y el discurso de la revolución.

 

        Difícil imaginar lo que sería nuestra comprensión de la comunicación social sin la relación entre estas tres matrices, la católica, la liberal y la revolucionaria marxista. El programa consiste en analizar sus discursos y sintetizar sus gramáticas de argumentos. La hipótesis es que el discurso académico de la comunicación en el siglo veinte es una formación de la relación entre estas tres matrices. Es decir, el discurso de la comunicación es religioso o político, no científico ni técnico. Esto no quiere decir que no aparezcan rasgos de ciencia y de racionalidad tecnológica en el discurso académico de la comunicación, lo que quiere decir es que en lo básico la forma y el contenido del discurso académico de la comunicación ha sido religioso y político.  Y esto ha sucedido así porque esos han sido los escenarios en los que se ha movido, y desde ellos han conformado al discurso académico y sus escenarios. Y en esto consiste la segunda dimensión de un programa posible de investigación. Se trataría de averiguar cómo es que el mundo académico se fue tocando y involucrando en los escenarios religiosos y políticos. Esta es la historia de la segunda parte del siglo veinte, la historia del desarrollo del campo académico de la comunicación en América Latina y en México en particular. La ciencia tuvo poco que hacer frente a la impronta político-religiosa, la comunicación sólo fue científica por breves momentos.

 

III.                La Comunicología posible y las humanidades.

 

        El proyecto Hacia una Comunicología posible consiste en la fundamentación de una ciencia de la comunicación con espacio conceptual y metodológico propios. Para ello propone dos caminos complementarios, por una parte la reconstrucción de las fuentes teóricas y metodológicas del pensamiento comunicacional desde una perspectiva científica en un sentido amplio, y por otra parte la configuración de una teoría de la comunicación construida con una epistemología sistémica. Una aproximación a posterior y una aproximación a priori. Ambas se refuerzan en el camino, se alimentan, por el contraste, por la riqueza de visiones y propuestas.

 

        La presencia de la teoría y la metodología de investigación científica en el campo académico de la comunicación no ha sido su característica principal. El campo académico es práctico, es técnico, pero en un movimiento ciego, sin conceptos claros ni profundidad analítica. La ausencia de reflexividad teórica lo ha caracterizado. Esto se ha constatado con la desconexión existente entre los desarrollos teóricos y metodológicos históricos y los planes de estudio y la formación de los profesionales en comunicación. Aunque la investigación continúa, esta parece ser la tendencia. De todo lo que ha sucedido y sucede en ámbito de lo teórico científico en general el campo académico de la comunicación en América Latina y en México en particular, se ha nutrido poco. Sólo hay una excepción, la veta de la política y su  entrelazamiento en la segunda parte del sigo veinte con la ideología de izquierda, y en cierto sentido con la sociología marxista, el llamada pensamiento crítico.

 

         De las siete fuentes históricas del pensamiento comunicacional científico (la Sociología funcionalista, la Sociología crítica y cultural, la Sociología fenomenológica, la Psicología Social, la Economía Política, la Lingüística-Semiología, y la Cibernética), sólo la Sociología crítica y cultural, con toques de Economía Política ha tenido cierta vigencia en nuestro medio latinoamericano y mexicano. Todo ha sido política, la ciencia quedó de lado, la lectura ideológica de la ciencia la redujo a un grupo de consignas y a un cierto sentimiento popular y populista de simpatía y compromiso con los pobres, los explorados, los dominados. Y aquí está el sentido del trasfondo humanista del discurso del campo académico politizado de la comunicación.

 

          El siglo XIX nos heredó un humanismo romántico que se montó sobre las ideas liberales del tránsito del XVIII al XIX. La hipótesis es que ese humanismo romántico pretende una utopía de mundo mejor a partir del ejercicio voluntarista  y esforzado del movimiento hacia una sociedad más justa, más igualitaria, más buena. Esas ideas se montaban a su vez en la utopía cristiana de la comunidad de hermanos que conviven en santa  y próspera paz. Los dos fenómenos ideológicos, el del cristianismo, y el del humanismo romántico y liberal, se encuentran con la ideología revolucionaria de izquierda durante los años cincuenta y sesenta, y el resultado es un discurso progresista, utópico y revolucionario, que promueve el cambio de una sociedad injusta y de explotación, a una sociedad justa e igualitaria. Esto sucedió en todo el  ámbito de ideas sociales, y en ese contexto en el pensamiento comunicacional.

 

         El punto es que más generar conocimiento se reforzó un cuerpo doctrinario pequeño y cerrado de comprensión de la comunicación. Y con esto regresamos a los primeros párrafos. Las ideas de la comunicación académica no están en nada lejos del sentido común, por una parte la interacción cara a cara, por otra parte los medios de difusión. La diferencia es que en el mundo académico estos dos ámbitos se pasan por la ideología de izquierda, y entonces en el caso de la comunicación cara a cara se construye la comunicación participativa y alternativa, para luchar contra la comunicación dominante. Y en el caso de la llamada comunicación masiva se propone que los dueños de los medios son aliados del capital y de la explotación, socios en última instancia de los Estados Unidos y el imperialismo económico mundial. Y se acabaron las ideas, eso es todo. La comunicación se mira igual que en el sentido común sólo que con un matiz de marxismo de folletín.

 

        La hipótesis consiste en la lectura de esta situación como una apuesta humanística romántica pobre de la comunicación, no hace falta la información ni el conocimiento, sólo basta la voluntad y la fe en que vendrán tiempos mejores y la convicción de que hay que luchar contra la maldad, que en este caso la personifica el capitalismo y los dueños de los medios de difusión masiva. El programa no es científico en ningún sentido, es político. Con esto se reconoce que ha permitido aglutinar y desarrollar a la vida académica, pero con los costos que implican la ignorancia y la incompetencia. Y la noticia complementaria es que la opción ha sido sólo técnica, y que ha ido ganando terreno poco a poco hasta cubrir en su totalidad el espacio campal. Ahora nadie sabe que es la comunicación en forma conceptual, y lo único que se reconoce son las habilidades que se requieren para usar máquinas de escribir, cámaras fotográficas o cámaras de video. En el curso humanístico pobre también se perdió la literatura, la filosofía, la historia, el derecho. La politiquería borró todo, la comunicación académica quedó reducida a una colección de consignas, y a un paquete de competencias técnicas para producir textos a través de ciertos usos tecnológicos.

 

          La ciencia aún no ha entrado a la comunicación académica, sólo la mercadotecnia ha avanzado en el curso de la Sociología funcionalista y la Psicología Social. Pero el gran cuerpo del campo académico de la comunicación se ahoga en ignorancia. Sólo le queda seguir por los viejos caminos de las consignas de izquierda en los actuales pasos de los estudios culturales y sus nuevas consignas anarquistas científicas y sus leves vínculos con el marxismo, o emprender un camino alterno hacia el conocimiento y la sistematización de experiencias, con todas las herramientas de la ciencia, para incluso prosperar en sus deseos de intervención social libertaria. En pocas palabras hace falta fundar la ciencia de la comunicación. En esa opción se mueve el proyecto Hacia una Comunicología posible.

 

 

                            Jesús Galindo Cáceres

                         11 de septiembre de 2004 

                          Vallejo, México

 

 

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                                  Jesús Galindo Cáceres

                                  12 de setiembre de 2004 

                                   Vallejo, México

 

 

 

 

 

 

 

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