LA
CIBERCIUDAD. Una visión de lo social y lo urbano desde la Cibernética y la
Comunicología.
http://www.geocities.com/arewara/arewara.htm
I.
Presentación.
Desde que llegó internet a nuestra vida
las cosas han ido variando, cambiando, apareciendo y desapareciendo. Parece que
fue ayer, a menos de una generación de distancia. En ciertos momentos es
difícil recordar como era la vida antes de este fenómeno tecnológico y social.
Por una parte, un sector social ha modificado sus rutinas, sus percepciones,
sus visiones del tiempo y del espacio, en forma tal que aún no tenemos una idea
cabal de lo que está sucediendo. Y por otra, todo sigue igual, pero distinto,
grandes áreas del mundo social parecen todavía impermeables a la innovación y
sus efectos. La información no es escasa, pero tampoco es clara y completa.
Todo está pasando tan rápido que una visión momentánea con cierta precisión
desaparece debajo de nuevos acontecimientos.
La ciencia está detrás en muchos
aspectos. Si por una parte ella ha sido la que ha promovido la agitación, lo
que la vida comercial y cultural ha hecho rebasa la imaginación y lo previsto.
El conocimiento del mundo social se ha obscurecido, y se va haciendo costumbre
el que las acciones sociales sean en buena parte incomprensibles. Es una nueva
era para el conocimiento. La vida se mueve a una velocidad y con tal capacidad
de reconfiguración, que parece inútil y sobre todo anacrónico, ensayar una
visión total con la certidumbre a la que se podía aspirar en el pasado
reciente. Claro, no todo es así. Pero algo pasa que nos supera en posibilidades
de organización intelectual, y el reto es moverse al mismo ritmo para no perder
el paso. Internet y las llamadas nuevas tecnologías de información y
comunicación trajeron algo que se
parece a lo anterior, pero que envuelve elementos de configuración de algo
nuevo que requiere por lo menos el ser nombrado, percibido.
Como antecedente para nombrar algo de lo
que está sucediendo con la emergencia social en el ciberespacio es necesario
algo de exploración conceptual. Ante nuevos fenómenos nuevos elementos para
nombrarlos y entenderlos, y con ello ampliamos el espacio dentro del cual
nombramos y entendemos lo que sucede en la vida social. El centro de esta
exploración será el concepto de cibercultura.
La
cibercultura como noción aparece en nuestro medio con una connotación clara
asociada a las computadoras y otros aparatos que expresan en la vida cotidiana
a la vida digital. La palabra cultura con su sentido genérico de campo de
desarrollo de alguna actividad humana se asocia al prefijo ciber, de lo
cibernético, las computadoras en sentido común, y de ahí resulta el campo de
desarrollo de actividades relacionadas con el mundo de las computadoras. Bien.
Esto ha sido suficiente para posicionar la palabra. Y el efecto ha sido dual,
por una parte ha precisado y puntualizado algo nuevo en emergencia dándole
especificidad, y por otra parte ha cerrado la comprensión a lo complejo de las
implicaciones de las nuevas situaciones. La noticia general es que algo nuevo
está pasando, ya tiene nombre, y podemos continuar la vida con palabras nuevas
y la tranquilidad de que no hay algo extraño y misterioso, sólo nuevo, y es
cosa de acostumbrarse y punto.
Pero si
hay algo detrás, algo que sigue su evolución, su propio trayecto, y podemos
saber más sobre el o sólo recibir las consecuencias de su crecimiento. La
palabra cibercultura tiene una cualidad que podemos aprovechar para indagar y
comprender. Es una palabra que ya existe, que se abre paso entre los
neologismos del lenguaje ordinario. Es en cierto sentido un puente para
comunicar conocimiento. Si cargamos de información y sentido a la palabra y la
promovemos entre las redes sociales, ellas pueden empoderarse con ese plus. Ese
es el reto y la posibilidad. Así que cibercultura no sólo es computadoras,
también es una potencial visión enriquecida de la vida contemporánea y su
desarrollo. Y de eso se trata el programa donde se inscribe este texto.
Cibercultura es una palabra compuesta, el prefijo ciber nos conecta con
el espacio conceptual de la Cibernética, y el complemento cultura, con una noción
que nos vincula a una visión de lo humano y sus creaciones. Así que el primer
paso será reconstruir las raíces de sus componentes y proyectar desde ahí las
posibilidades del espacio conceptual desplegado. Si el juego conceptual es unir
al mundo de connotaciones que la propuesta cibernética propone, junto con todo
aquello que la palabra cultura construye, el resultado puede ser un concepto
muy potente tanto para percibir como para actuar.
El
mundo de la Cibernética nace de la observación sobre las similitudes entre el
comportamiento animal y el de una máquina, desde una perspectiva matemática que
permite construir esquemas de asociación entre dos situaciones a partir del
flujo de información entre ellas. El punto es que ese orden en la composición y
la organización de una entidad se enriquece cuando se mira a esa entidad como
parte de un juego de relaciones con otras entidades dentro de un sistema de
relaciones entre todas ellas. El programa cibernético es poderoso, y se ha
desarrollado en los últimos cincuenta años en diversos campos, incluido el de
las computadoras, además de diversas áreas de perspectiva sobre lo social, como
las terapias y la construcción de redes.
Después
de los cincuenta la Cibernética tuvo un segundo aire dos décadas después, a
partir de los setenta se ha manifestado un interés particular en el mundo de
estudios de la vida social. Y desarrollándose dentro un frente mayor donde se
incluye al constructivismo y a las ciencias cognitivas, se ha difundido con la
imagen de cibernética de segundo orden, cuando la perspectiva de lo reflexivo
se incluye en su programa. El enfoque sistémico se ha ido convirtiendo en un
nuevo paradigma de construcción de conocimiento, y en contacto con visiones
ecológicas y dialógicas se ha configurado como un eje de desarrollo de
pensamiento social. Los sistemas sociales pueden comprenderse, pero además
pueden autocomprenderse y automodificarse, gracias a la interacción con otros
sistemas sociales y no sociales, en esto consiste el segundo orden. El prefijo
ciber adquiere de esta manera una connotación asociada a las computadoras, pero
mucho más rica y poderosa. Se trata del punto de vista que permitió la
invención de las computadoras, y que puede promover la invención, la
construcción, de casi todo, a partir de mirar cualquier cosa que existe bajo su
punto de vista.
Si la
cibernética se conecta con la palabra cultura, las consecuencias son
inmediatas. La visión de la cultura como un cuerpo de prácticas y objetos que
trazan el perfil y contenido de un grupo social, se mueve hacia una dimensión
dinámica de los flujos de información que permiten y posibilitan esos cuerpos
de representaciones, además de configurar ese nuevo esquema como un sistema de
asociaciones en interacción con otros sistemas de asociaciones. Y si a eso le
agregamos la dimensión de segundo orden, lo que tenemos en una configuración de
prácticas y objetos percibidos como un sistema de información en conexión con
otros sistemas de información, dentro de una configuración de sistemas de
comunicación, que tienen la cualidad de la reflexividad, es decir, de la
modificación a partir de la representación de lo que sucede para decidir si su
movimiento continúa igual o es alterado en forma parcial o radical, lo que
modifica de inmediato a la red de relaciones involucradas. Entonces la cultura
es una configuración sistémica de segundo orden, una cibercultura, que
involucra al observador y a la actividad analítica y creativa. Y esta es una
visión distinta de otras visiones de la cultura.
Para
los programas antropológicos sobre la cultura esta visión permite ajustes,
cambios, desarrollos. También habrá antropologías que rechacen la visión, y
otras que se modifiquen casi por completo para adquirir esta visión sistémica y
cibernética. El punto aquí es sólo subrayar que la perspectiva ciber está en
juego y es poderosa, desde ahí se pueden ver y hacer muchas cosas.
La
cibercultura es entonces una configuración perceptiva desde y dentro de lo
social construida desde la Cibernética y la Sistémica. El contacto de estas dos
perspectivas se complementa con otras visiones emergentes, como la Memética,
las Ciencias Cognitivas, la complejidad y el caos, y la Comunicología. Desde la
Comunicología la cibercultura es una dimensión de la relación social con la
cual podemos observar y auto-observar el fenómeno de la puesta en común de
sistemas de información a partir de configuraciones del sistema de comunicación
que nos pone en contacto e interacción, con la posibilidad de segundo orden de intervenir
y modificar tanto los sistemas de información como el sistema de comunicación.
Esta configuración de la cibercultura en Comunicología parte de la dimensión
más compleja de la comunicación, la estructuración de relaciones entre sistemas
de información y comunicación.
Esta
estructuración puede darse en cinco niveles de composición de la relación
social desde el punto de vista de la comunicación.-
1º. El
contacto. Para que pueda existir una relación humana lo primero que se necesita
es la posibilidad de que la haya, es decir, el contacto entre los separados,
los diferentes, los distantes, los distintos.
2º. La
interacción. Para que la puesta en común sea posible, lo segundo que hace falta
es el intercambio de acciones de información, de mundos significantes y
significativos, el encuentro semiótico.
3º. La
conexión. Después de la interacción lo que sigue es un primer nivel de
asociación, los miembros de la interacción están relacionados no sólo por la
situación interactiva sino por un nexo que la situación interactiva y su
contexto promueven. No es lo mismo una conversación casual, que el
reconocimiento del otro como interlocutor al cual se desea como alteridad más
allá de un hecho aislado.
4º. El
vínculo. La conexión pasa a un segundo nivel cuando los miembros de la
interacción se comprometen a continuar la relación más allá de las
circunstancias que la propiciaron, se desea y se construye una conexión por
compromiso de las partes. La interlocución se desea y se construye a mediano y
largo plazo. La amistad vive en este nivel.
5º. Y la
comunicación. La cibercultura entra aquí en un su configuración más elaborada.
Los miembros del vínculo ya son un sistema, y como tal se auto-configuran como
equipo, como unidad más allá de las partes que lo formaron. Tienen el
compromiso y el deseo de mantener el vínculo a largo plazo, asumiendo que son
una unidad sistémica que como tal interactuará con las demás buscando
modificarlas y ser modificada por la interacción.
La cibercultura
tiene así cinco niveles de complejidad, que en la dimensión de estructuración
de la Comunicología, suponen la integración de sistemas de información y
sistemas de comunicación en unidades cada vez más complejas de asociación e
interacción. La perspectiva sistémica está presente, el sistema percibido es
cada vez más complejo y la participación en su defensa, desarrollo y evolución
es cada vez mayor. Lo que supone más energía y mayor capacidad de procesamiento
de información y de asociación constructiva en la interacción.
III.
La Cibersociedad. La matriz social vista desde el punto de
vista de la Cibercultura (Cibernética, Sistémica y Comunicología).
El
fenómeno que será explorado en este punto es el mundo social que supone la vida
social emergente en internet. Hay muchas preguntas sobre lo que está sucediendo
en nuestro mundo pre-ciberespacial con la aparición de internet y el cambio que
esto ha traído. Esto supone una imagen de lo que era la vida y el mundo antes
de la sociabilidad en bits, y su contraste con lo que hoy sucede. El juego es,
por una parte una imagen del mundo antes de internet, y por otra parte una
imagen del mundo con internet. Una se sobrepone sobre la otra y se observa lo
que coincide y lo que es distinto. Después vendrían los juicios de
interpretación. Pero el asunto no es tan sencillo.
Es
difícil sostener la propuesta anterior, los mundos comparados no son
contemporáneos, las variantes entre uno y otro se pueden referir a muchos
factores que aparecen entre un momento y otro. Lo que tenemos son dos etapas
que pueden nombrarse y acomodarse en ciertos parámetros de interpretación a
partir de cierta información. Pero no mucho más. Sucede además que lo que
cambia modifica en forma ecológica a su entorno, y después es difícil o casi
imposible identificar qué fue lo que causó primero el cambio, o dónde fue que
el cambio se dio por primera vez. Cualquier hipótesis en ese sentido será
arriesgada y parcial, pero también posible. Otro asunto es preguntar a los
actores sociales mismos cómo perciben las diferencias entre un antes y un
después, entre un aquí y un allá. De ahí pueden salir elementos de
configuración, que de cualquier manera son relativos a la trayectoria personal
ecológica de cada supuesto informante individual. Un lío el perfil del primer
movimiento metodológico.
Antes
de tomar la decisión sobre el diseño o la estrategia de investigación para
observar e interpretar lo que sucede, es necesaria una primera aproximación al
asunto desde la configuración de sentido a la mano, explorar en forma
conceptual, para después buscar información que enriquezca los puntos de vista
construidos. Miremos el asunto de la cibersociedad, desde la cibercultura.
Desde
la perspectiva de la cibercultura, hay dos tipos de ciberespacio, el que viene
del mundo de la internet y las nuevas tecnologías de información y
comunicación, y el que se puede apreciar desde la Cibernética, la Sistémica y
la Comunicología. Uno se configura a partir de la colonización del espacio
social emergente en las relaciones e interacciones mediadas por computadora, el
otro se percibe en la presencia de la reflexividad constructiva de un sistema
social capaz de auto-percepción y auto-organización. Juntos los dos tipos de
ciberespacio nos proporcionan una imagen de las redes sociales enriquecidas por
la matriz que aportan las relaciones sociales mediadas por computadora.
Vamos
por partes. Primero la imagen de la vida social mediada por computadoras. Los
dos componentes de la palabra cibersociedad, hacen alusión a computadoras y a
vida social. Así que la palabra nombra la vida social que configura la relación
social mediada por computadoras. La imagen
básica es la de un chat, cuando la relación social se da en línea como
una conversación interpersonal mediada por la pantalla y el tablero de las
terminales de una red de computadoras. Que en un segundo nivel de
interactividad incluiría al correo electrónico, cuando la conversación
interpersonal se da mediada por el tiempo, uno habla y pasado un tiempo el otro
responde. La imagen es la de una pantalla donde van apareciendo los dos turnos
del diálogo uno tras otro sin más mediación que la del turno mismo, y en el
otro caso la pantalla donde se tiene que esperar a que el otro responda para iniciar el turno correspondiente. Algo
así como la diferencia entre hablar por teléfono y escribir cartas. Ejemplo que
nos presiona a buscar no la metáfora sino lo específico de la diferencia dentro
del nuevo escenario, al mismo tiempo que nos viene bien reconocer la utilidad
de la asociación con situaciones previas o ajenas al nuevo escenario como
referente conocido y ya asumidas en
nuestra comprensión de las relaciones interpersonales, como el teléfono y las
cartas.
El
asunto se vuelve más y más complejo cuando entra el mundo del web y de los
grupos de discusión. La sensación de la diferencia entre lo que sucede en la
pantalla y la vida fuera y sin pantalla se hace más intensa. El tiempo y el
espacio tienen otra configuración. Puede consultarse una biblioteca en pantalla
que se encuentra localizada en un lugar muy lejano, y no sólo eso, pueden
consultarse en forma simultánea dos o más bibliotecas que se encuentran muy
distantes entre sí en el mundo fuera de la pantalla, pero en el mundo de la
pantalla están a sólo un clic de distancia. Y se puede participar en una
conversación grupal con los participantes ubicados en lugares fuera de la
pantalla muy lejanos entre sí. El ciberespacio reduce la distancia, configura
el tiempo con otro referente al espacio físico previo, al espacio electrónico,
al espacio de los bits.
La
pregunta es si lo que sucede en esta relación social mediada por computadora es
una relación social nueva, o sólo un tipo diferente de relación social. Y las
preguntas continúan. Lo que sucede en el ciberespacio tiene cierta autonomía,
es una relación social propia de ese escenario, o es una extensión de la
relación fuera de ese escenario. Lo que sucede en el ciberespacio afecta a la
vida social fuera del ciberespacio, pero no es vida social propiamente tal, o
es algo que propone una nueva dinámica constructiva de la vida social que
incluye a ambos escenarios. Todo esto supone definición de las situaciones
nuevas, y redefinición de las situaciones anteriores.
Las
Sociologías, las ciencias sociales previas al ciberespacio suponían algo que no
necesitaban explicitar, que las relaciones humanas se construían en forma
básica en interacción cara a cara, la oralidad. Cuando aparecen los medios
electrónicos masivos, y antes de ellos el teléfono y el telégrafo, la situación
de cara a cara es alterada en forma básica. Pero las ciencias sociales no
ajustan su estructura bajo el supuesto de que las relaciones siguen siendo cara
a cara con la presencia de nuevos medios de difusión de información. Pero ahí
estaba el elemento que hubiera permitido una reestructuración, el libro. El
actor social lector ya había tenido la experiencia de entrar en contacto con
otra persona sin el cara a cara, sino por la mediación de un texto. De hecho
eso es el centro de la revolución social-cultural de la modernidad. Pero el
libro queda en segundo lugar, hasta cierto punto. Al ir aconteciendo nuevos
fenómenos de mediación de información, parecidos al libro, hasta llegar a
internet, el asunto de la difusión de información aparece subsumido dentro de
otros elementos de la organización política o económica y sus puntos de vista
no mediáticos. Pero al llegar el chat y el grupo de discusión mediado por
computadora, el sistema de comunicación se ve alterado en forma sustantiva, la
oralidad se ha complejizado. La verticalidad del sistema se derrumba, la
horizontalidad masiva presenta a una sociedad que ya no cabe en los ajustes
perceptivos oficiales que se habían venido haciendo desde la antigüedad, sobre
todo desde la modernidad.
El
punto es si esto así afirmado tiene algún sentido. Una cosa es afirmar que el
mundo cambia y el pensamiento cambia, y otra afirmar que la mirada a lo social,
socio-lógica, se había venido construyendo dando importancia central a
instituciones políticas cuyas formas han venido moviéndose y transformando
desde la antigüedad, pero en cierto sentido, el de la complejización de los sistemas de información, el de la
verticalidad, y sobre todo desde el aparato de gobierno construido por la
mirada política de la dominación, y otra cosa es afirmar que los cambios que
han traído los sistemas de difusión de información han sido cada vez mayores, y
que cuando aparecen los nuevos sistemas de comunicación, los de la
horizontalidad múltiple y colectiva de la mediación por computadora, una nueva
mirada que reorganice todo lo mirado y dicho, es indispensable, urgente,
necesaria, evidente. Y ahí la apuesta Mediológica es central, y la aparición de
una nueva socio-logía es indiscutible.
El
asunto es, o la socio-logía previa sigue haciendo ajustes sobre un discurso del
siglo diecinueve, que a su vez hizo ajustes de un discurso de la ilustración,
que a su vez hizo ajustes de un discurso de la edad media. O reconocemos que la
Sociología fue una ruptura perceptiva con todo lo anterior, y más útil para
mirar lo social del siglo XIX, y que hoy otra ruptura se hace necesaria para
mirar lo social del siglo XX, y que la Sociología no es tan útil y se requiere
otra socio-logía, que incluya a la cibercultura y al ciberespacio, y que además
asuma las nuevas visiones de construcción de sentido, como la Cibernética, la
Sistémica y la Comunicología.
La
cibersociedad como espacio social extra a la sociedad propiamente dicha, según
la Sociología del siglo XIX, requiere de una mirada más compleja. La Sociología
está haciendo el esfuerzo, pero tiene dificultades para reconocer en el
ciberespacio algo más allá de fenómenos de segundo orden, o fenómenos
importantes en tanto impactan al mundo social no ciberespacial. De sus trabajo
mucho se puede rescatar. Pero la emergencia de un pensamiento y una mirada
acorde a los nuevos fenómenos es mucho más interesante, aún con sus balbuceos y
sus primeros esbozos. Estos dos espacios conceptuales serán contemporáneos por
un tiempo, eso hay que asumirlo, pero también hay que asumir que las epistemes
emergentes se irán enriqueciendo y empoderando. Y aún falta otro elemento más,
lo que entendemos hoy por conocimiento científico también cambiará mucho en el
futuro. Todo esto está sucediendo, y la cibersociedad es sólo uno entre otros
componentes de su nueva configuración. Aún no sabemos del todo qué tan
importante para el todo, pero hay indicios de que es algo muy importante, y que
puede cambiar todo de manera drástica en unas generaciones o antes.
IV.
La Ciberciudad. ¿Hay un nuevo escenario, o una nueva
perspectiva de percepción y organización del espacio social?
La
exploración posible del espacio conceptual de la cibercultura y la
cibersociedad toma forma concreta en la ciberciudad. El los últimos dos siglos
ha sido la ciudad el nicho ecológico de reproducción y desarrollo de la vida
social. Lo urbano es el telón de fondo de las grandes trasformaciones del mundo
contemporáneo. La calidad de vida tiene en sus indicadores la necesidad de enfrentarse
a la vida urbana como la forma en que las poblaciones del mundo han decidido
vivir, construir su futuro. Es ya es sólo un lugar común mencionar la migración
masiva del campo a la ciudad. Este sólo parámetro ha modificado lo humano
social en forma drástica en los últimos cien años. La ciudad es el referente
para el siglo veintiuno, eso se decía hace veinte años a nivel mundial. Pero
apareció el ciberespacio, y con el la imagen de la ciudad y de lo urbano
necesita cambiar, ha cambiado, cambiará en sentidos y direcciones que pueden
ser sorpresivos por completo si no hacemos una prospectiva y una asimilación
fuerte de lo que está pasando.
La
ciudad está aún en elaboración conceptual. La vivimos, la pensamos, la
sentimos, pero no la entendemos del todo, somos el pez en la pecera, no es
fácil tomar distancia de lo que es nuestro entorno, nuestra piel, nuestro aire
para respirar, y para muchos, el único medio que han conocido en toda su vida,
no hay más. Hoy imaginar vivir en una ecología distinta a la ciudad es muy
difícil, casi imposible. Existen tipos de ciudad, variaciones en las formas de
vida urbana, pero siempre vuelve a ser la ciudad el referente. Y por otra parte
está la globalización, que tiene en la ciudad a su nicho de desarrollo, nos
parecemos más cada vez, consumimos los mismos productos, reconocemos las mismas
marcas, deseamos y tememos los mismos objetos. Estos temas en sí mismos son
enormes y de vital importancia.
En los
últimos cincuenta años se ha venido desarrollando un escenario que es
asombroso. El gran fenómeno de la comunicación universal, entendiendo por ello
la gigantesca puesta en común de representaciones del mundo, por la mediación
de las industrias culturales, y por la industria en general. Ciertos personajes
de cine norteamericano son reconocidos en todo el mundo, ciertos productos
industriales de consumo son parte de la vida simbólica cotidiana en común de
poblaciones distantes y distintas en apariencia. Los medios de difusión
electrónicos y el celuloide han cambiado la faz cultural del planeta. En un
relevo aún no del todo entendido, los barcos y los aviones se continúan en la
pantalla de televisión y en el cine. La sociedad mundial existe. No sabemos
bien que significa ese fenómeno, que implicaciones tiene, pero es un hecho. Y
aún hay energía disponible, e intención y organización instituidas para
continuar con el proceso. Esta imagen ha impresionado, asustado, repugnado,
fascinado. Pero las visiones de futuro a partir de ella son aún más
conmovedoras.
La ciudad y los medios de difusión
electrónicos y el cine, han construido una unidad que ha roto los diques del
castillo medieval, de la ciudad separada del entorno para protegerse y resguardarse. Ninguna ciudad está ahora
cerrada, los medios las infiltran, las pantallas de televisión y de cine son
los modernos caballos de Troya que no permiten que ningún cierre urbano sea
posible. Sobre el territorio de la mirada antigua se ha construido un nuevo
territorio, sobre la matriz del espacio de la ecología de tierras altas y
bajas, de frío y calor, de humedad y desierto, se ha construido otra matriz
hecha de referencias electrónicas, de carreteras y cables, de satélites. La
nueva ecología urbana es un tejido de ciudades interconectadas más allá de la
tierra y el mar, de las fronteras con visas y pasaportes, una configuración de
lo urbano que se configura por las conexiones de las líneas aéreas, por los
canales de televisión vía satélite, por las ondas invisibles de los impulsos
eléctricos que cruzan el aire por todo el mundo conocido. Y aún faltaba más,
llegó internet.
Lo que
entendían nuestros ancestros como ciudad hace dos cientos años, configuraba un
sistema que ya es percibía como abierto. La información ha construido nuestra
vida desde entonces. La ciudad era el lugar donde todo se podía conocer, donde
todos los horizontes se abrían. Pero tenían una lógica estrictamente de
territorio físico, gobernaban un espacio, dominaban una región. Y competían
entre sí por dominios más amplios, más generales, y se subordinaban unas a
otras con gusto o con recelo. Y había grandes ciudades centrales, lugares de
concentración de todos los saberes, de todas las riquezas del conocimiento.
Desde la antigüedad esto fue así, y siguió siendo hasta el siglo veinte. La
información es poder, y también es lujo, valor extra. Las grandes ciudades
tenían la información que les permitía estratégicamente adelantarse a las
demás, influir, dominar. Y de ahí también que tuvieran esa otra información que
es un extra, el arte, la ciencia, la filosofía, las humanidades. Miradas las
ciudades como el lugar de la información, algunas han sido unos auténticos
paraísos, desde la biblioteca de Alejandría hasta las grandes bibliotecas y
museos en Londres, Paris o Nueva York. Ciudad e información han ido por el
mismo camino. Y el poder de una conllevaba la concentración de la otra. Y
dentro de las ciudades se localiza el dispositivo del poder, siempre asociado a
la información, y del placer, con la misma condición. Los sistemas ciudad son
grandes aparatos configurados en el control sistémico de la información
disponible, y de la energía que se puede controlar con ella. Sistema de
información y ciudad han sido sinónimos en la historia.
Pero
algo cambia cuando llega la internet. La ciudad, una matriz que había cambiado
la faz de la tierra, y que a su vez había sido modificada por los medios de
difusión, es reorganizada por una nueva figura matricial, la red social mediada
por computadoras, por interfases electrónicas, digitales. Y emerge el ciberespacio
con una cibersociedad con cualidades extrañas a la sociedad urbana no
ciberespacial. Una nueva comunidad que no se mueve por las mismas leyes, que
incluso parece moverse en contra de la ley, que llega a manifestar un gusto
perverso por la no ley. Sociedad, llamada virtual, que aparece y desaparece,
que se transforma en forma constante, que no tiene perfiles de identidad y de
adscripción del todo claros. Los ciudadanos reales llegan al mundo virtual y lo
colonizan demasiado rápido, y poco a poco descubren que pueden ser otros, que
pueden ser muchos, que pueden ser lo que quieran, lo que desean, lo que temen,
lo que inventan. Y el mundo real no se da cuenta del todo. Se empieza a generar
una distinción entre la vida social en el mundo real y la del mundo virtual.
Pero al mismo tiempo llegan las prácticas comunes del comercio y la cultura, de
la información y la comunicación económica y política comunes. Todo al mismo
tiempo. Y de pronto el mundo real descubre que ya existe una colonización del
nuevo espacio de cientos de millones de ciberhabitantes, y que lo que sucede
ahí es distinto, pero que está afectando lo que sucede acá. Y no se puede
controlar, y no sabemos cómo está funcionando, sucediendo. Y está creciendo, en
todos sentidos, ahí adentro y en su efecto acá afuera.
La
ciberciudad es una palabra que connota todo esto. Tiene dentro la contradicción
del orden y el caos, del control y la anarquía. Es por una parte una palabra
que asocia el mundo de las computadoras, lo ciber, con el de las ciudades tal y
como las conocemos. Y por otra parte asocia junto con la cibercultura y la
cibersociedad, una nueva configuración de vida social, de relaciones humanas,
de afectividad, de contacto, de vínculo, de comunicación. La ciberciudad no
tiene edificios, pero si tiene direcciones, no tiene calles, pero si tiene
nomenclatura, no tiene lugares por donde caminar, pero si por donde navegar. Su
territorio es otro, su espacio es distinto, sus normas de conducta se parecen a
las exteriores, pero son distintas. Sus ciudadanos son los mismos que los de
las ciudades de los directorios telefónicos, pero no son los mismos, su
comportamiento puede presentar grandes variaciones, su identidad es mutante, su
presencia es etérea. ¿Cómo aprehender con las mismas percepciones anteriores a
una configuración tan inasible? Ese es el gran reto. La gran aventura del mundo
contemporáneo, sobre todo porque quizás ya no se trate de controlar, de
dominar, de definir, y eso es el gran punto de ruptura.
V.
Cibernética y Comunicología frente al ciberespacio, la
cibersociedad, la cibercultura, la ciberciudad.
La otra
configuración de la ciberciudad viene de la perspectiva constructiva que
permite y promueve la Cibernética y la Comunicología. La ciudad ha sido en
forma tradicional un lugar jerarquizado y con una composición y organización
vertical. Imaginar una comunidad ciudadana ha sido un sueño que se ha ido
diluyendo en la masividad, el anonimato y la institucionalidad centralizada.
Pero aparece internet. Con ella el tejido social vuelve a tener cualidades
horizontales de formas comunitarias antiguas, pero con mediación de
computadoras y con la cultura urbana moderna en acción. Una retícula se ha ido
formando. Detrás de la trama social urbana convencional se ha ido tejiendo otra
que implica, que incluye a más personas que las formas tradicionales, lo hace
en figuras distintas, pero no tanto. Este es un fenómeno que va dando una
imagen distinta al mundo ciudadano urbano y no urbano.
Los
actores juegan a roles diversos en el ciberespacio, esto permite el desarrollo
de una reflexividad cada vez mayor. Mentir es explorar posibilidades. La
ciberciudad que emerge de este fenómeno es la de una configuración de grupos
sociales que se dan cuenta de muchas cosas y van experimentando soluciones en
forma virtual, el paso al mundo real es paulatino y constante. El aprendizaje
de la vida virtual impacta a la vida real. Las redes empiezan a reconfigurarse,
los actores con nuevos hábitos y visiones buscan nuevas formas de convivencia e
interacción. Los escenarios de evolución de estas situaciones pueden llevar a
formas de vida social imposibles hasta hoy, o por lo menos muy improbables
antes de la aparición del ciberespacio. Hay un horizonte de ciberciudades
emergentes desde las condiciones que la cibersociedad presenta, y que puede ser
enriquecido con mayor reflexividad, alteridad y constructividad, es decir, hay
ciudades emergentes y posibles, ciberciudades que están construidas sobre una
matriz espacial que no existe, que es virtual, pero incluyente, dinámica y
constructivo-creativa como nunca antes, y al mismo tiempo hay nuevas
perspectivas, nuevas formas de mirar e inventar que están siendo fortalecidas
por visiones también emergentes y poderosas, como la Cibernética, la Sistémica
y la Comunicología . De hecho esto
sucede en forma espontánea, pero puede ser reforzado. Los escenarios del futuro
de estas ciberciudades posibles son luz y sombra. Pueden ser intervenidos,
facilitados. Pueden ser padecidos, inesperados. Como sea ahí vienen, el punto
es entender y actuar, representar y dialogar. O dejar que el tiempo pase y que
el destino nos alcance.
Jesús Galindo Cáceres
Vallejo, 18 de junio de 2004
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