Jesús
Galindo Cáceres
http://www.geocities.com/arewara/arewara.htm
I.
Los primeros pasos de un oficio, hacer una historia de la ciencia
comunicológica.
Hace un
siglo no había Comunicología, en sentido estricto no había teoría de la
comunicación. No había campo académico con esos nombres. No había escuelas
universitarias ni grupos de estudio. No había centros de investigación con ese
objeto. No había redes de investigadores. No había presupuestos oficiales para
su exploración y desarrollo. No había debates en su nombre, no había espacios de divulgación
pública. No había revistas, ni boletines, ni congresos, ni reuniones, ni
postgrados, ni campo profesional. Sólo había algunas ideas, algunos apuntes,
curiosidades, visiones. Y cien años después todo ha cambiado, este es un campo
académico-profesional en auge, en emergencia explosiva, ocupando la primera
línea de todas las agendas políticas y económicas, en el corazón de los debates
culturales. Algo pasó, algo que ha modificado al planeta, algo que nos ha
transformado en el centro y aún no
despertamos de la sorpresa.
La
pretensión de una historia de una Comunicología posible tiene dos rostros, uno
es de ambición excesiva e improbable, otro de necesidad justa y oportuna. Por
una parte es tanto lo que ha pasado en poco más de sesenta años, que intentar
organizar la información existente bajo alguna óptica es un camino cuesta
arriba arriesgado y por lo menos complicado, difícil, inmenso. Pero por otra
parte es un momento, apenas un instante de la historia humana, con una vigencia
actual impresionante, que supondría un esfuerzo con expectativas de logro en un
corto plazo. Son pocos años, pero es mucho el material producido en tan corto
tiempo. Y a eso hay que agregar la diversidad y la heterogeneidad de voces y
matices. En un sentido amplio se ha escrito y hablado mucho sobre comunicación.
La primera tarea es tratar de ordenar en grandes apartados los que en lo
particular tiene un gusto extremo por el detalle. Y al mismo tiempo iniciar una
labor de cribar lo que es sustantivo de lo que no lo es tanto, y ahí perder el
hilo fino por la textura gruesa y evidente. En otro momento habría necesidad de
recuperar lo perdido para enriquecer lo ordenado.
El punto
es que ante tal universo posible, el trabajo ha sido avanzado en diversos
puntos del camino, y ese trabajo ha sido útil para mirar atrás, para entender
el presente, y para promover algún futuro. Y como suele suceder en el pequeño
gran mundo de los historiadores, muchos de esos recuentos se han convertido en
lugares comunes que permiten consenso en las miradas, al tiempo que inhiben
posibles observaciones alternativas. El
trabajo de un historiador de la comunicología será en este sentido doble, por
una parte cumplir con la tarea de relevo respecto a los oficios y vicios de
otros, los antecedentes, y por otra parte ensayar el mirar un poco más allá de
lo previsto. No hay mucho para donde moverse, nuestras propias expectativas son
producto de los que nos han educado.
En
nuestro medio sólo hay un texto que puede llevar el nombre de historia de las
teorías de la comunicación con toda legitimidad, el libro de Armand Matteralt y Michêle Mattelart. El
resto son apuntes y ensayos dispersos en obras con otros objetivos, algunos más
cercanos y otros más lejanos de la imagen de un oficio de historia de la ciencia.
El ordenar estos textos es en si misma una labor que supone una concentración
de energía y esfuerzo especiales. Estamos lejos aún de la aplicación del oficio
de hacer historia de la ciencia comunicológica en forma sistemática y gremial.
Por un lado la aún novedad del asunto para la observación historiadora, poco
más de sesenta recientes años, por otro el desinterés casi comprensible por
algo que aún no tiene forma estable. Como sea, el asunto es que aquí la
propuesta es apuntar en esa dirección, y de lo perdido lo que aparezca.
Hacer una
historia de la ciencia supone mirar en varios niveles y varias dimensiones. En
principio esta el propio fruto del trabajo académico, lo que se ha producido,
pero eso implica contextos sociales generales y contextos propios del mundo
científico, además del ámbito específico a partir del cual se desarrolla el
tema, la comunicación. Son cuatro aspectos por lo menos, y el primero es de
orden descriptivo historiográfico, dar cuenta de lo que se ha hecho, ubicarlo
en algún momento y lugar, relacionarlo en cadenas de antecedentes y
consecuentes, y en vinculación con sus contemporáneos. Y para ello se requiere
de algún criterio de identificación, un instrumento con el cual decidir esto si
es, esto no es. Y ese criterio puede surgir del propio mundo comunicológico o
de algún criterio externo de autoridad. En nuestro caso las dos son buenas
opciones, la propia comunidad académica ha ido acotando lo que le es propio y
proponiendo ciertas fronteras, y también es posible mirar lo relatado y
acontecido con una visión exterior constructiva a priori.
Lleva el
nombre de comunicación dentro del campo de estudios con ese nombre en primer
lugar todo lo relativo a los llamados medios de difusión masiva de información.
Todo inicia con el fenómeno mundial de la radio y la televisión. Y no en
sentido del fenómeno, sino de la mirada que lo nombra. La comunicología inicia
con el estudio de los efectos de los medios de difusión electrónicos emergentes
en el siglo veinte, primero, en los veinte, la radio, y después, a partir de
los cincuenta, la televisión. De ahí que la historia comunicológica se ubique
en sus inicios a partir de los veinte y treinta. Desde entonces se puede
utilizar un criterio por décadas o por lapsos de veinte años. Así tendríamos a
la fecha ocho o cuatro fases, según el criterio.
El otro
punto de partida que detona el asunto es el lugar, y en este caso son los
Estados Unidos de Norteamérica los que inician los estudios en comunicación
masiva, formalizándolos en forma académica entre los años treinta y los
cuarenta. Así que propiamente todo comienza en los treinta en los Estados
Unidos de América. Antes de esto sólo cuentan ciertos antecedentes relacionados
con el periodismo y la psicología de masas. Pero eso no es todo. La
comunicación como fenómeno de interacción, como forma de la vida social, como
parte del mundo de las relaciones humanas, también tiene otros vectores de
organización académica y conceptual. En ese sentido tenemos dos vetas de
organización separadas y en interrelación, por una parte la historia de la
mirada teórica a los medios de difusión, y por otra la historia de la mirada
teórica a la comunicación humana y social en un sentido que cubre desde lo
interpersonal hasta lo colectivo. La comunicología en un sentido amplio incluye
a estos dos colosos, y aún faltaría lo que conceptualmente también implica al
mundo de las ciencias básicas.
El presente ejercicio se realizó a partir de una
matriz general de descripción de textos, autores, contextos institucionales,
que han sido registrados por la memoria escrita de un cuerpo de ensayos sobre
la historia de la comunicología posible. Esa matriz se completa con una serie
de datos que permiten una mirada de mayor precisión y claridad sobre hechos y actores. La guía básica
enfatiza los autores y obras ejemplares, los centros de investigación
protagonistas de la construcción del
campo académico, las revistas académicas
que han sido lugares fundamentales de difusión de ideas y programas. En
forma complementaria se han descrito estos elementos con descriptores de
contenido como preguntas y problemas que han propiciado las obras, las
metodologías utilizadas, las guías temáticas, y los programas de investigación
base de los que forman parte. Esta
información se presenta en forma
sintética en el siguiente apartado.
II.
Hipótesis de configuración y trayectoria.
La
hipótesis de configuración incluye siete grandes programas de investigación,
cada uno con su propia trayectoria, y con vínculos cercanos con algún otro en
ciertos momentos. Los momentos son cinco, antecedentes previos a 1920, de 1920
a 1940, de 1940 a 1960, de 1960 a 1980 y de 1980 al 2000. Los siete grandes
programas son: Mediología, Cibernética, Sociología cultural, Economía política,
Sociología fenomenológica, Semio-lingüística, y Psicología social. En las
siguientes páginas será desplegado en forma breve el contenido de la hipótesis
que ubica a estos siete programas en los cinco momentos.
1º. Mediología.
Antes de
1920. Casi no hay
antecedentes sobre este punto, lo
que existen son especulaciones sobre la prensa liberal y pretensiones sobre lo
que la prensa puede hacer como medio de propaganda. No hay ninguna
investigación sobre medios en sentido estricto. La Mediología aún no existe.
De 1920 a
1940. Aquí se inicia la historia mediológica, la
aparición de la radio es un fuerte impacto para la sociedad del siglo
diecinueve. En cierto sentido este es el gran fenómeno que inicia el siglo
veinte. Durante los años treinta empieza la investigación, su punto de partida
son los Estados Unidos de Norteamérica. Harold Laswell es el personaje central.
Se publica en 1937 el Public Opinión Quartely. La Universidad de Columbia crea
un centro de investigación.
De 1940 a
1960. Esta es la etapa clave del despegue de la
Mediología en EE.UU. La Figura central es la de Paul Lazarsfeld, las
universidades del Este americano son
centrales, la investigación sobre los medios se acelera por el fenómeno de la
propaganda bélica y los aprendizajes de la segunda guerra mundial. La encuesta y la sociología funcionalista son
la base del programa. Los europeos
aparecen desde la crítica al fascismo.
De 1960 a
1980. El análisis de las audiencias sigue su camino
hacia el fenómeno de la recepción. Elihu Katz propone a los usos y
gratificaciones. Aparece en los setenta Régis Debray con el concepto de
Mediología, y a partir de ese momento el programa se ordena y recupera al libro
y a la palabra. Europa dialoga con los EE.UU.
y el campo se enriquece.
De 1980 a
2000. La Mediología está en
desarrollo. El mundo comunicológico se ordena en asociaciones de orden mundial
y regional. Hay miles de profesionales académicos, y el corazón son los medios
de difusión. Todo cambia con la llegada de internet y las llamadas tecnologías
de información y comunicación. Pierre Levy sigue la estafeta de Debray. Todos
opinan y los diversos programas se encuentran.
2º. Cibernética.
Antes de
1920. Sólo antecedentes en un
sentido amplio. Como Charles Babbage y los pensadores del mundo formal y
automatizado.
De 1920 a
1940. Al igual que la Mediología es
en este momento que la Cibernética surge. También es un fenómeno de los años
treinta. Norbert Wiener es su iniciador, pero hay otros pensadores asociados
como Arturo Rosenblueth . Diálogo entre la biología, la medicina y la ingeniería.
De 1940 a
1960. Como en el caso de la
Mediología es en esta época de guerra y post-guerra en que la Cibernética toma
rumbo. La teoría matemática de la información y la teoría de sistemas forman un
frente con ella. Las primeras aplicaciones en ciencias sociales se dan en el
mundo de la política. Pero su rango de aplicación es amplio, a todas las
ciencias y las ingenierías. Esta es la otra fundación de la Comunicología.
De 1960 a
1980. La Cibernética se refunda en
la Cibernética de segundo orden con Kart Heinz Von Föerster, y en el frente de las ciencias cognitivas.
Las Neuro ciencias y las tecno ciencias se mueven al centro del mundo académico
universal mientras las ciencias del siglo diecinueve viven la crisis de la
postmodernidad.
De 1980 a 2000. El programa
cibernético es universal, articula todos los saberes y oficios. La escuela de
Palo Alto pone a la comunicación al centro desde esta perspectiva, y la vincula
a toda acción humana y social. La otra comunicología está en pleno desarrollo.
El mundo de las ciencias sociales se impacta con la figura de Niklas Luhmann.
3º. Sociología Cultural
Antes de
1920. Los antecedentes de este programa son
abundantes en el siglo diecinueve. Estamos hablando de la vertiente crítica de
lo sociocultural, todo aquello que viene del llamado pensamiento de izquierda.
Aquí los socialismos y los marxismos son fuentes básicas de lo que sucede en el
siglo veinte. Aquí también el mundo
anglo es central, pero con una inspiración en el continente Europeo.
De 1920 a
1940. En Inglaterra, cuna oficial de los Estudios Culturales
se da en esta época un debate sobre la cultura y las clases sociales. Pero es en Estados Unidos alrededor de la
llamada Escuela de Chicago donde la crítica social adquiere mayor peso. En Europa
está en crisis el movimiento de izquierda frente a la creación de la Unión
Soviética imperial, en EE.UU. toma un
matiz constructivo promoviendo la
democracia. Al iniciar la segunda guerra la lucha contra el fascismo crea un
frente del pensamiento de izquierda.
De 1940 a
1960. En esta etapa Europa se mueve hacia el
estructuralismo, en EE.UU. el funcionalismo toma un segundo aire con el
estructural-funcionalismo. Una época en que la mirada a la cultura está
cubierta por completo por la reconstrucción de la post-guerra y el triunfalismo
de los anglos. Es la llamada escuela de Frankfurt en el exilio la que une a los
continentes dentro del pensamiento
crítico cultural. Aparece la crítica a la industria cultural.
De 1960 a
1980. Este es el momento de despegue
de los llamados Estudios Culturales. Con un inicio marxista, poco a poco se
convierten en una crítica de la vida cotidiana y una etnografía de lo
particular cultural. La escuela de
Birmingham es el centro oficial del despegue. El mundo postmoderno llega a las
ciencias sociales. Todo es cultura, el método es relativo, todo es
significación. Lo cualitativo es la ley, la hermenéutica su guía.
De 1980 a
2000. La llamada escuela
latinoamericana hace su aparición en una de sus dos vertientes, la culturalista.
Martín Barbero, García Canclini, Ortiz, son algunos de los nombres que forman
la versión latina de los estudios culturales anglos. También tienen su origen
en el marxismo y el pensamiento de izquierda, pero al igual que en el mundo
anglo poco a poco se van moviendo hacia la retórica del detalle cultural, y la
fascinación por la cultura popular
postmoderna asociada a los medios. En el mundo anglo el movimiento iniciado en
la etapa anterior continúa y se diversifica en los estudios de lo particular,
el feminismo, el indigenismo, el regionalismo, los jóvenes.
4º. Economía Política.
Antes de
1920. Aquí al igual que en la Sociología
crítica los antecedentes vienen del siglo diecinueve y el pensamiento de
izquierda europeo. Ahora el matiz es económico. Las discusiones sobre la
emergencia y desarrollo del capitalismo son la base de estos antecedentes, con
Adam Smith y Marx a la cabeza.
De 1920 a
1940. En
esta etapa la discusión continúa, y se puede hablar de un segundo
periodo de antecedentes para la versión comunicológica. Es momento de la
emergencia de la Unión Soviética, y también del fascismo.
De 1940 a 1960. En forma peculiar el proceso de migración de Europa a los Estados
Unidos también afecta a este programa. Este es un tercer periodo de antecedentes.
La guerra fría es el gran telón de fondo, en América aparece el fenómeno del
castrismo y de la Cuba libre.
De 1960 a
1980. Aquí aparece el programa para
la Comunicología posible. Y surge en los Estados Unidos en el ambiente de la
izquierda académica anglosajona, que en
los dos continentes toma fuerza gracias al poder del mundo académico en inglés.
Herbert Schiller y George Gerbner son parte del movimiento de crítica al mundo
capitalista y al imperialismo cultural por vía de los medios masivos de difusión.
Esta es una propuesta más marxista ortodoxa que la culturalista de la Sociología
crítica. Y también tiene su versión latinoamericana en lo que se ha llamado el
discurso de la denuncia imperialista, con autores como Beltrán, Pascuali y
buena parte de la primera generación comunicológica latinoamericana.
De 1980 a
2000. El proceso continúa. El
programa toma forma tanto en Estados Unidos, como en Europa, como en América
Latina.
5º. Sociología Fenomenológica
Antes de
1920. Este es un programa que se ha
desarrollado dentro del campo académico sociológico. Su interés aquí es su
enfoque a las relaciones sociales como relaciones de interacción. Los
antecedentes vuelven a ser europeos y decimonónicos. Por un lado la perspectiva
de la acción que viene de Weber, por otro la fenomenología que deriva de Hegel
y Husserl. Simmel es el gran autor
sociológico.
De 1920 a
1940. La sociología de la interacción continúa,
afecta a la Escuela de Chicago y tiene en Alfred Schütz, discípulo de Simmel a
su gran autor. También Mead está
incluido en este movimiento. La filosofía analítica también está asociada
con los juegos del lenguaje de
Wittgenstein y los actos verbales de Austin.
De 1940 a
1960. El movimiento se vuelve
norteamericano, una generación discreta vincula el momento anterior al que
sigue. Aquí no hay grandes autores, en apariencia. Los maestros están formando
a los nuevos protagonistas.
De 1960 a
1980. El programa vuelve a tomar
fuerza. Por una parte la universidad invisible que vincula a Palo Alto con
Goffman y su maestro Birdwhistell. Y por otra los herederos de Simmel y Schütz,
Berger y Luckmann. El movimiento tiene un rostro de introspección
epistemológica y de exterioridad fenoménica. Aparece la Etnometodología.
De 1980 a
2000. Existe un gran frente fenomenológico
interesado en la interacción y la comunicación. En los últimos tiempos toda
esta intencionalidad adquiere un nuevo matiz, el de las redes. La interacción
se desarrolla en redes sociales. Europeos y americanos fenomenológicos están hoy en este proceso
constructivo en diálogo con el programa cibernético y cognitivo. Moreno,
Latour, Callon, Najmanovich son personalidades emergentes.
6º. La semio-lingüística
Antes de
1920. Este programa también tiene
sus antecedentes en Europa, y a diferencia de los otros con semejante
característica ha continuado siendo europeo en lo fundamenta. El gran
antecedente es el padre del estructuralismo, el lingüista Ferdinand de
Saussure. Y por otra parte uno de los fundadores del pragmatismo norteamericano,
Charles Sanders Peirce. Semiología y Semiótica frente a frente.
De 1920 a
1940. El programa sigue siendo
estructuralista y lingüístico. Aquí se desarrolla el Círculo de Praga, con
migrantes rusos. La escuela rusa llega a Europa y de ahí a Estados Unidos y al
mundo. Jakobson es una de las figuras centrales. En Estados Unidos el proyecto
de la Enciclopedia de la Ciencia Unificada se construye a partir de la relación
entre un lógico, Carnap, y un semiótico,
Morris.
De 1940 a
1960. En esta etapa se continúa lo sucedido en la
anterior. La segunda guerra mundial mueve a investigadores y se gesta el
estructuralismo como una forma universal de organización del conocimiento a
imagen y semejanza del lenguaje mismo. La semiótica pierde fuerza al caer
académicamente la iniciativa de Chicago.
De 1960 a
1980. En Europa el estructuralismo
toma fuerza con el programa semiológico de Roland Barthes y de Greimas. En
Estados Unidos Morris, heredero de Peirce y Sebeok continúan el proyecto
semiótico. La semiótica pragmática se asocia con la sociología fenomenológica.
En Francia se crea el Centro de estudios de las comunicaciones de masas.
De 1980 a
2000. El estructuralismo se reforma
y pasa a otra fase, el post-estructuralismo se vuelve constructivista, se
asocia a las ciencias cognitivas, se torna ecléctico. El pragmatismo semiótico
también se reconfigura postmoderno. El lenguaje y la comunicación son un campo
de confluencia interdisciplinaria, dentro de este programa revolucionado.
7º. Psicología Social
Antes de
1920. La Psicología es una de las disciplinas que
fundan a una Comunicología posible. Sus antecedentes están el siglo diecinueve
en las raíces históricas mismas del pensamiento psicológico. Aquí vuelve a ser
la interacción la que marca la pauta, y la dimensión de relación entre el
individuo y los demás, la Psicología social.
De 1920 a
1940. La historia de la Psicología y
de la Psicología social en particular tiene en su origen al conductismo como la
matriz de este pensamiento. A esta visión exterior se enfrenta una visión
interior, la del psicoanálisis. Y entre estas dos se organiza el movimiento.
Los medios aparecen en su mira muy temprano, pero también la clínica y las
relaciones interpersonales. Kurt Lewin es el gran generador de una perspectiva
psicológico social. La Gestalt dialoga con la fenomenología.
De 1940 a
1960. En este tiempo aparece la
tercera fuerza, la psicología del desarrollo personal, Carl Rogers y Maslow a
la cabeza. Toda la propuesta es de tipo interactivo, marca la vida en forma
ecológica. Pero el mundo de las terapias está en emergencia, y hablar de
terapia es hablar de interacción y comunicación.
De 1960 a
1980. El mundo psicológico se
diversifica, el enfoque cibernético está presente, también el fenomenológico, y
el cognitivo. Tanto en Estados Unidos como en Europa el debate pasa por la
interacción y la comunicación. De 1980 a 2000. Los constructivistas
toman la palabra, incluso Varela y Maturana dialogan con psicólogos de la
post-tercera fuerza. Todo es comunicación e información. La teoría de sistemas
toma la palabra. Tomás Ibáñez es una muestra de esta emergencia.
III.
Hacia la construcción de un proyecto comunicológico.
El
sentido de reconstruir el movimiento de una Comunicología posible a lo largo de
un siglo es ordenar una matriz que permita entender lo
que está sucediendo hoy, y ubicar entonces
las posiciones que pueden desarrollar futuros posibles. Este es un
proceso de configuración y trayectoria que hace evidente lo opaco y al proponer
claridad implica comprensión. Empecemos por mostrar los elementos que en
principio han tejido al movimiento, y después observemos las texturas que
sobresalen.
El
proyecto comunicológico ha tenido su asentamiento en primer lugar en las
ciencias sociales y las humanidades. Por una parte han ido tomando forma
ciertos objetos, y por otra parte ciertas perspectivas teóricas se han ido
ocupando de ellos. Así, parece ser que en lo que a ciencias sociales se
refiere, han sido la Sociología y la Psicología las que han aportado mayor
número de momentos de interés a los asuntos comunicológicos. La Antropología ha
estado más lejana, los temas de comunicación son urbanos y muy modernos, aunque
habría que revisar lo que ha sucedido en la mirada a contextos sociales más
rurales o étnicos y pre-modernos. En
este sentido la Historia también ha estado relativamente lejana, el tema de la
comunicación ha sido algo del presente, casi de la segunda guerra mundial hacia
el día de hoy. La Humanidades cumplen con su aportación con la fuerza de la
Lingüística y de la Filosofía, ambas perspectivas muy presentes al mundo
comunicológico. El elemento externo ha sido la Economía política, muy asociada
a la Sociología y a la Geografía económica y humana, esto debido en gran medida
al pensamiento de izquierda de origen marxista.
Nuevas
perspectivas están muy activas en aportes constructivos al proyecto
comunicológico. La Cibernética en primer lugar, pero también la Memética, la
Sistémica, la Informática, la Telemática, son novedades contemporáneas al
pensamiento comunicológico.
Y los
objetos que han atraído las visiones conceptuales de tan distintos enfoques
constructivos han sido muchos, pero en síntesis los medios masivos de difusión,
las nuevas tecnologías de información y comunicación, los lenguajes, las
relaciones interpersonales, y los contextos económico-políticos de la vida
socio-cultural, han sido los centrales.
La
Mediología, la propuesta constructiva de Debray es lo más cercano a una
consolidación del proyecto comunicológico que tenemos hasta la fecha. Eleva la
palabra medios a constructo teórico, y al objeto medios a dimensión comprensiva
de la vida humana en todo tiempo y espacio posible. Así que al centro de la
Comunicología está la Mediología. Y ante la distancia existente entre el objeto
medios y los otros objetos, es posible que lo que convenga que suceda primero
es que confirmemos la noción de Ciencias de la Comunicación antes de la
propuesta de Comunicología. Y de esta manera lo que tendríamos sería un espacio
conceptual que incluye a los cuatro objetos en una configuración de cuatro
dimensiones. Cada dimensión haciéndose cargo del macro objeto, y proponiendo la
posible articulación de los cuatro en una sola perspectiva posible, la
Comunicológica. Quedaría así:
Primera dimensión.- La Difusión. Donde
bien podría ocupar el sitio central la propuesta de la Mediología. Aquí estarían todos los fenómenos asociados a
la reproducción y expansión de los sistemas de información social-culturales a
través de los diversos medios.
Segunda
dimensión.- La Expresión. Aquí el lugar central sería ocupado por una
perspectiva que combine elementos de composición estética, con elementos de
configuración formal semiótico-lingüística. Aquí estarían todos los fenómenos
de producción, de creación discursiva y semiótica, incluidos los mediáticos.
Tercera dimensión.- La Interacción. El
centro estaría ocupado por una perspectiva que combine elementos de Psicología
social de las relaciones interpersonales, grupales y colectivas, con elementos
de Sociología de los vínculos, contactos, asociaciones, redes. Aquí estarían
todos los fenómenos de acción simultánea de afectación humana intencional o no,
lo que se ha llamado comunicación interpersonal.
Cuarta dimensión.- La Estructuración. El
centro lo ocuparía una combinación entre elementos de Economía Política y
Sociología de los sistemas socio-culturales. Aquí se incluirían todos los
elementos de configuración de estructuras social-económicas desde una
perspectiva de comunicación-información.
Las
cuatro dimensiones formarían una figura de tres caras en tres dimensiones
formada por triángulos. Cada uno de los vértices es una de las cuatro
dimensiones conceptuales apuntadas. Esta
figura geométrica sugiere varios asuntos y posibles relaciones entre las cuatro
dimensiones. La figura es una representación de una complejidad simplificada.
Los vértices señalan los objetos que cierran las visiones, pero las caras del
tetraedro son los espacios conceptuales de las distintas perspectivas que
construyen las miradas a los cuatro objetos. Tres espacios conceptuales en
superficie, pero que en profundidad se entrelazan bajo la configuración general
de eso que aquí se llama el proyecto de una comunicología posible.
Jesús Galindo
Cáceres
Vallejo, 16 de mayo
de 2003
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Jesús Galindo Cáceres
Vallejo, 16
de mayo de 2003