APUNTES DE HISTORIA DE UNA COMUNICOLOGÍA POSIBLE. La Antropología y José Lameiras.

Jesús Galindo Cáceres

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I.                   Comunicología y Antropología.

 

        En el proyecto Hacia una Comunicología posible la Antropología no aparece como una de las fuentes científicas de su construcción, de su historia y configuración actual en el escenario de las llamadas ciencias de la comunicación, las ciencias sociales más sociológicas se llevan el lugar principal y la mayor parte del  espacio de referencias. Al revisar los textos sobre historia del pensamiento comunicacional no aparecen referencias directas al pensamiento antropológico como un referente directo sustantivo, sólo autores como Bateson o como Hall tienen algún lugar en ciertos relatos históricos. Todo es según el cristal con el que se mira. Francisco Osorio en su tesis de doctorado del 2001, hace una revisión sobre la Antropología y los medios de difusión en un corpus de revistas especializadas antropológicas y afines. Lo interesante de su aportación es que es inédita, no hay antecedentes sobre estudios y revisiones semejantes ni en el mundo Antropológico ni en el de las ciencias de la comunicación. Este es un tema por desarrollar, la revisión histórica, y también un programa por venir, el de la vinculación más cercana entre la Antropología y la Comunicología posible. Antes y después de Osorio hay poco, casi nada.

 

          Así, sólo un auténtico accidente puede llevar a un etnohistoriador como José Lamerias a mirar a las ciencias de la comunicación como un espacio académico sugerente. Esa será una historia que presentaremos en la tercera parte de este texto. Y este accidente puede ser calificado como tal ante la enorme separación de los dos campos académicos, que parecen moverse sin noticia uno del otro, sin necesidad de mutuo conocimiento, sin operadores de asociación institucional. Esta historia será escrita alguna vez con todo detalle, cuando a uno u otro campo le sea indispensable hacerlo, por lo pronto aquí presentaremos un esbozo de apuntes hacia es proyecto futuro, la relación entre la Comunicología y la Antropología.

 

          Para empezar un comentario antecedente del proyecto Hacia una Comunicología posible relacionado con el tema. En el año de 2003 en la Universidad Veracruzana fueron revisados 600 libros que aparecen como bibliografía en español en México sobre la comunicación científica. El resultado del análisis fue que hay siete grandes fuentes del pensamiento comunicacional, la Sociología Funcionalista, la Sociología crítica y cultural, la Sociología fenomenológica, la Psicología social, la Economía política, la Lingüística-Semiología, y la Cibernética. No aparece la Antropología como una fuente científica. Pero puede aparecer como parte de las fuentes humanísticas, como la Filosofía, la Historia, la Geografía, el Derecho. Este asunto de ciencia y humanidades no es el tema central de este apunte, pero debe quedar claro que es un asunto importante para la organización del programa Hacia una Comunicología posible. El punto es que la Antropología no aparece como una fuente clara del pensamiento comunicacional.

 

          El  elemento histórico que más se repite entre algunos historiadores y comentaristas del pensamiento comunicacional sobre su vínculo con la Antropología, es la propuesta de Levi-Strauss sobre una posible ciencia de la comunicación que unirá a todas las ciencias sociales en un futuro. Esta cita se repite, pero no existe en la Antropología ni en la Comunicología posible ningún desarrollo evidente y público de esa propuesta. No ha sido interés de los investigadores de la comunicación retomar esta propuesta, ni de los antropólogos. Así que ha quedado como una anécdota curiosa.

 

       Umberto Eco en el principio de su Tratado de Semiótica General, retoma la cita de Levi-Strauss y le da un matiz semiótico, los intercambios de mujeres, de bienes y de palabras son la base de los estudios científicos sobre lo social. Eco marca una línea respecto a lo propiamente antropológico de las estructuras de parentesco, a lo económico de los intercambios mercantiles, y proyecta su interés en los asuntos simbólicos. En el mundo académico de la comunicación esta situación fue tomada como tal y a la Semiótica de Eco se la retomó como algo asociado a signos y significados y asunto resuelto. La Antropología tuvo una reacción semejante, la Semiótica no le ha quitado el sueño. La propuesta de Levi-Strauss ha quedado como cita en la memoria de algunos y eso es todo.

 

       La comunicación es una palabra que forma parte de las categorías de la Antropología, pero no es un concepto sustantivo, otros, como la identidad, el parentesco, el mito, el símbolo, la organización, son prioridades. No hay en Antropología un autor como Luhmann para la Sociología, que no sólo incluye a la comunicación como un concepto central, sino que lo pone en primera línea de la reflexión teórica científica sociológica. Los antropólogos entienden a la comunicación como parte de las relaciones humanas, pero no la tienen como la configuración que define lo humano. Sólo este aspecto permitiría una indagación muy rica. La Antropología ha sido muy enfática en estos asuntos bajo la figura de otras categorías, como la de rito o ritual, por ejemplo. Baste mencionar el impuso al pensamiento sobre redes que viene del pensamiento antropológico.

 

         La tesis de Osorio mencionada, privilegia a los medios como el asunto pertinente en el estudio de la comunicación. Con ello responde a la costumbre sobre lo mismo por parte del campo académico de la comunicación. Y en este aspecto la Antropología tiene cuentas pendiente muy marcadas. Los medios de difusión colectiva no han sido tema de la Antropología, que tiene su propio espacio de costumbre, donde lo indígena, lo pre-moderno, son los asuntos que le son propios, y los temas de la sociedad de la información, las nuevas tecnologías de información y comunicación, no están en los lugares privilegiados de su agenda. Hay excepciones, y agitaciones. Marc Augé es una de ellas. Pero de cualquier manera la Antropología tradicional se dedica a lo no moderno, y la Comunicología tradicional se dedica a lo moderno. Están en ese sentido en lugares distintos, observando desde puntos de vista diferentes.

Este es uno de los grandes temas de esta relación. La Antropología parece estar en una agenda distinta a la Comunicología posible. Y esta situación sería la base de su distanciamiento, y el punto de referencia para buscar una relación más orgánica en el futuro. El lugar donde se encontraron no es reconocido como válido por la Antropología, los Estudios Culturales. Y por su parte las ciencias de la comunicación no han necesitado de profundizar en el pensamiento antropológico para asimilar a los Estudios culturales.

 

         La categoría de la cultura está al centro de la Antropología, y también lo está al centro de una de las corrientes más entusiastas del pensamiento comunicacional, la que se identifica con los Estudios Culturales. Pero los Estudios Culturales no son antropológicos, vienen de otras humanidades, como la literatura y del arte, y se relacionan más con algo que puede nombrarse como Sociología de la cultura, que con la Antropología. Así que está categoría ha traído algo de confusión al tema que aquí nos ocupa. Los Estudios Culturales son anglos, pero la Antropología británica y norteamericana no ha tenido interés en ellos, ni ellos en ellas. Las ciencias de la comunicación se han mantenido al margen de esta situación, sólo les ha interesado que los medios, el consumo cultural, la cultura de masas, las industrias culturales, temas de su agenda, son también temas de la agenda de los Estudios Culturales. Otros asuntos relacionados, como la cibercultura, tampoco han sido tema de la Antropología tradicional, y empiezan a ser asuntos que interesan a las ciencias de la comunicación, pero no a los Estudios culturales. Todo esto muestra que la cultura no es propiedad exclusiva de la Antropología, ni un puente para comunicarse con ella. Tanto los Estudios culturales como las ciencias de la comunicación han trabajado la cultura sin Antropología. Y el mundo emergente de la cibercultura que le interesa a las ciencias de la comunicación por su relación con las tecnologías de información y comunicación, está en un limbo disciplinario.

 

         El asunto se complica más cuando observamos por separado los diversos campos de la Antropología, así como sus corrientes y lugares institucionales por escuelas y nacionalidades. Todo un programa de estudios emerge de esta posible revisión. La hipótesis general sigue siendo que la relación entre el pensamiento comunicacional y el antropológico ha sido escasa, sus matrices  históricas de organización parecen muy distantes.

 

 

II.                Comunicología y Antropología en México.

 

        La historia en México en nuestro tema de interés tiene una doble vertiente. Por una parte el contexto latinoamericano y por otra las propias peculiaridades del campo nacional. La Comunicología posible mexicana ha carecido de un campo académico programático, ha dependido de ciertos liderazgos, de modas, de bibliografía específica coyuntural, y en lo general se ha caracterizado más por ser un espacio para la docencia y el desarrollo de planes de estudio con un énfasis profesional práctico en medios de difusión. En este sentido ha estado lejos del pensamiento antropológico al igual que de cualquier otro tipo de pensamiento científico. Dependiente como es de lo que sucede en campos académicos europeos o de los Estados Unidos, sus genealogías están aún por ser reconstruidas, y su historia oficial lo pone en la fila de la llamada escuela crítica latinoamericana, caracterizada por su inclinación ideológica a la izquierda política, y su alejamiento sistemático de la metodología, de la construcción teórica, y de la investigación empírica. La historia del asunto podría terminar aquí, pero hay un poco más.

 

         El tiempo de las ciencias de la comunicación en México inicia en los años ochenta, su impulso lo recibe de los pocos postgrados y de los aún más escasos programas de investigación desarrollados entre finales de los setenta y la mitad de los ochenta. Desde su entrada en la escena de la investigación y los altos estudios su perfil ha sido bajo, en esa misma década inicia en el país el Sistema Nacional de Investigadores, el registro de participantes por parte del campo académico de la comunicación en esta institución oficial es ínfimo. Y así se podrían proponer otros indicadores, como reuniones académicas, publicaciones, participación y crecimiento de organizaciones académicas gremiales. En este contexto lo que aparece como espacio conceptual posible que pone en contacto a los pocos es lo que en el proyecto Hacia una Comunicología posible se llama la corriente de la Sociología crítica-cultural.

 

         Las ciencias sociales en México en los setenta fueron de izquierda, sobre esta situación hay algunas explicaciones posibles, como la participación mayoritaria de ese sector en las universidades públicas después del llamado movimiento político del sesenta y ocho. Esto construye una ecología académica que parece determinar al espacio endeble y sin personalidad conceptual de la comunicación en las universidades. La comunicación académica es de izquierda, y la guía conceptual de sus operaciones reflexivas es el marxismo en un sentido amplio, y de la llamada escuela crítica en un sentido que podría ser el más específico. La Economía política es la matriz de sus conceptos, y su discurso es más político que científico. Para los ochenta la situación de la izquierda va cambiando, y con ella la situación marxista de la comunicación. En esos años se posiciona como lugar teórico a la Sociología marxista, pero al mismo tiempo se presenta un debate dentro de la izquierda entre los más duros, con sus posturas desde la Política y la Economía, y los alternativos, con sus posturas desde la Política hacia la cultura. En este movimiento empiezan a tener presencia los Estudios culturales en el campo académico de la comunicación.

 

         La Antropología vivía también sus propias tensiones y debates. La fundación de esta disciplina en el país había sido con influencia anglo, con una inclinación muy grande a los datos y la metodología empírica. Para los setenta los aires marxistas también la ponen en crisis y en movimiento. El debate se mueve entre diversas posturas ante los campesinos y los grupos étnicos, y en el enfrentamiento entre todos los anteriores y los que promueven a lo urbano como un nuevo objeto antropológico. El marxismo une a ciertas posturas sobre campesinos y sobre obreros, el conflicto se desplaza a la categoría de lo popular y su entendimiento. La cultura popular es la nueva categoría que emerge en los setenta y ochenta. En todo ese debate la comunicación no aparece como tema. Y son los Estudios culturales los que traen a los medios de difusión y al concepto de consumo cultural a la escena. La Antropología se conmueve en parte, pero no es afectada de fondo por estas nuevas propuestas. El debate se mantiene en el frente de los marxismos contra lo no marxista.

 

          Los Estudios culturales ponen en contacto a la nueva Antropología mexicana con las ciencias de la comunicación en los años noventa, pero no las pone en interacción. La Antropología emergente tiene sus propios problemas y no mira más allá. Las ciencias de la comunicación se acomodan bien con los Estudios culturales, tienen algo de izquierda, hablan de los medios, y tocan a la cultura como lugar para la comunicación. Este último punto es clave. Desde los setenta uno de los nodos de la discusión marxista en el país había sido el enfrentamiento entre los estructuralistas y sus posturas culturales, y los marxistas ortodoxos y sus posturas desde la Economía política. Ese debate en el ámbito de las ciencias sociales, la Sociología en particular, tenía al campo de la comunicación como subordinado y actor de segunda, casi sólo espectador, cuando llegan los Estudios culturales, el partido se toma por la cultura, el énfasis sigue en la izquierda, y el campo académico de la comunicación se divide entre los herederos de la Economía política y los herederos de los Estudios culturales.

 

         En México se desarrolla uno de los intelectuales latinoamericanos más importantes de los Estudios culturales en español, el argentino Nestor García Canclini. Este personaje trae a la corriente al mundo antropológico, pero su público lo adquiere en el mundo de las ciencias de la comunicación. Aunque hasta la fecha trabaja en un espacio académico oficial de la Antropología, su presencia más importante en número y reconocimiento es en el campo académico de la comunicación. Y esto sucede a nivel latinoamericano. Lo acompaña en su promoción de los Estudios culturales latinoamericanos la figura de un autor desarrollado en Colombia llamado Jesús Martín Barbero, y ambos tienen otros compañeros de ruta en el argentino Anibal Ford y en el mexicano Jorge González Sánchez, entre otros. Hay otros personajes que aparecen a lo largo de los noventa, lo que refuerza a la corriente de los Estudios culturales como una presencia académica evidente en nuestro medio, sobre todo en el campo de las ciencias de la comunicación.

 

          Los Estudios Culturales son el punto de contacto entre la comunicación y la cultura, y en ese sentido entre la Comunicología posible y la Antropología. Pero la historia de esa relación no clara ni explícita, los Estudios culturales tienen un desarrollo independiente de la Antropología en México, aún con la peculiar filiación de algunos de sus defensores al campo académico antropológico. Los Estudios culturales nunca son aceptados en forma oficial por el mundo de los antropólogos. Es el campo académico de la comunicación el que los asimila, hasta llevarlos en algunos momentos y a través de algunos estudiosos al centro mismo de la vida académica de la comunicación.  Un caso peculiar es el del Programa cultura de la Universidad de Colima, que nace como un programa de investigación mexicano en culturas contemporáneas, con algunas líneas de trabajo cercanas a los Estudios culturales, y otras no tanto, y que es reconocido por el campo académico de la comunicación como un programa propio, cuando en realidad no era un programa de investigación en comunicación, y por otra parte no llega a tener reconocimiento de parte del mundo oficial de la Antropología que lo considera comunicológico. Y es este programa el que trae al mundo de la Comunicología posible a la vida de José Lameiras, un etnohistoriador fundador de un centro de estudios antropológicos en el Colegio de Michoacán de la ciudad de Zamora.

 

III.             La Antropología, la Comunicología posible y José Lameiras.

 

        El programa cultura se funda en el año 1985 en la Universidad de Colima. Su perfil es multidisciplinario, en principio se configura con el objetivo general de investigar a las culturas contemporáneas en México y en el mundo desde cualquier perspectiva que ayude a entenderlas. El concepto de cultura con el que trabaja lo construye a partir de algo que podría denominarse como ciencias de la cultura, en plural, pero teniendo como base a la Antropología, la Sociología y a la Semiótica. Sus líneas de investigación se organizaron en un principio tomando como objetos a la cultura urbana, a las industrias culturales, y a los frentes culturales. No era un programa de investigación en medios de difusión, ni en cultura tradicional étnica. El programa cultura nacía de la necesidad diagnosticada de comprender al mundo contemporáneo desde la complejidad social y simbólica que lo compone, poniendo énfasis en las dinámicas constructivas de su vida cotidiana colectiva. De inicio su diálogo fue abierto hacia todas las ciencias sociales, las humanidades, e incluso las ciencias básicas y el arte. Por la identificación que el campo académico de la comunicación hizo de su trabajo sobre telenovelas con los Estudios culturales y los estudios sobre medios de difusión, lo incorporaron a su ecología, y los otros campos académicos aceptaron esa afiliación, uno de ellos el de la Antropología. La Historia del Programa Cultura está por escribirse, aquí sólo aparece esta pequeña nota sobre su trayectoria.

 

          Fue en esa misma década de los ochenta que José Lameiras entró en contacto con el Programa cultura, y a través de el con el mundo de la Comunicología posible. Lameiras había fundado junto con otros investigadores provenientes de fuera del estado de Michoacán al Colegio de Michoacán en la ciudad de Zamora. A mediados de los ochenta participa en el proyecto de fundar un Colegio de Colima en la ciudad de Colima, es entonces que conoce a Jorge González, primero, y a Jesús Galindo, después, miembros fundadores del Programa Cultura en la Universidad de Colima. Junto con la amistad y las gestiones de José Miguel Romero de Solis, el proyecto tuvo una historia que no llegó a un final feliz, pero consolidó una relación muy cercana entre todos estos personajes. Lameiras visitó en muchas ocasiones al Programa Cultura, y los investigadores de Colima respondieron a esas visitas con viajes constantes a la ciudad de Zamora y el Colegio de Michoacán. La amistad pronto se vio unida al diálogo académico y profesional.

 

               José Lameiras era una persona muy curiosa y de temperamento apasionado, la Antropología mexicana, la política, la vida social en México, la música, la arquitectura, y otros muchos asuntos, eran parte cotidiana de su ocupación y placer. Gustaba de largas charlas en su biblioteca o en la mesa de su comedor conversando con los amigos y compañeros, imaginando y proponiendo proyectos de diverso tipo. Su formación primera había sido mixta, por una parte la Arquitectura, que nunca lo abandonó en su sentido y percepción de la vida, y por otro lado la Etnohistoria y la Antropología, que constituían su día a día laboral y espiritual. Fue gracias a esa formación mixta que su actitud ante las novedades siempre se mantuvo abierta, al tiempo que manifestó siempre una postura crítica y reflexiva ante cualquier juicio o apreciación. Así escuchó a sus amigos de Colima y fue creciendo en el la curiosidad sobre los asuntos que en el mundo de la comunicación académica se trataban, al mismo tiempo que los recibía a través de una no muy ortodoxa fuente de información, el programa cultura. Esa situación iniciada en charlas domésticas llegó a convertirse en un proyecto académico de diálogo y reflexión profundos.  

 

          Iniciando la década de los noventa José Lameiras conversaba en forma casi cotidiana con Jesús Galindo, un visitante asiduo al Colegio de Michoacán y al Centro de Estudios Antropológicos. En esas charlas la comunicación aparecía como uno de los temas que vinculaban a diversos campos académicos como un configurador universal de vida social. Lameiras, junto Andrew Roth, armaron una mesa de trabajo con el título general de “Formas culturales de control social”. La mesa se dividió en tres partes, y a cada una le correspondió un pequeño coloquio. El centro de la mesa fue en cierto sentido la comunicación. Este es un acontecimiento que a la distancia parece perderse en la lista de coloquios y reuniones con diversos temas y enfoques, uno más. Pero no es así, es un acontecimiento histórico importante para la trayectoria de la Comunicología posible en México, y podría serlo para la vida futura de la Antropología y las ciencias sociales en ese país.

 

          La evaluación del evento para la Antropología y las ciencias sociales mexicanas queda pendiente a su propio criterio y sentido, pero en este texto si corresponde hacer un reconocimiento especial al hecho desde la perspectiva de la historia de una Comunicología posible. En ese momento, 1990-1991, el campo académico de la comunicación no tenía casi reconocimiento formal alguno más allá de la existencia de sus facultades y escuelas. La investigación científica proveniente de sus profesionales era desconocida fuera y dentro del campo  académico de la comunicación. José Lameiras tiene un gesto que no se ha vuelto a repetir en México. Desde un campo académico ajeno, invita a los investigadores de la comunicación a presentar sus estudios, sus preguntas, rutas de trabajo, resultado, propuestas teóricas. Propone hacer visible esta producción académica a personas ajenas a su ámbito de publicación y difusión. Y algo más, propone un primer diálogo entre los más representativos investigadores de la comunicación con estudiosos de la cultura del Colegio de Michoacán, una de las instituciones cumbre de la Antropología en México. Los resultados están a la vista, no pasó nada importante como consecuencia. Pero el hecho si tiene importancia, y debe ser motivo de reflexión y evaluación por parte del campo académico de la comunicación actual.

 

           Hubo una sesión en la cual el coloquio se fue más allá de la hora de su clausura. Era de noche, el grupo era casi compacto, unas doce personas. De pronto aparece el gran tema, los medios, y la gran pregunta, qué pueden decir de los medios los comunicólogos. Pocas veces se ha estado tan cerca y tan lejos de una respuesta a esa pregunta. Las ciencias de la comunicación mostraron sus deficiencias, su ignorancia, su inmadurez. Pero también sus avances, sus preguntas, sus esfuerzos, y algunos de sus hallazgos. Y eso sucedía frente a científicos sociales de gran nivel, de dura formación técnica y teórica. Esta situación no se ha repetido nunca más en el caso de la relación entre la  Antropología y la Comunicología posible. Y el gestor fue José Lameiras.

 

          En el año de 1994 apareció un libro editado por el Colegio de Michoacán y el ITESO de Guadalajara, su título “Medios y Mediaciones”. El libro es en parte la memoria de aquel coloquio, aparecen textos de competentes académicos de la comunicación, Enrique Sánchez Ruiz, Guillermo Orozco, Margarita Zires, Angélica Bautista, Karla Covarrubias, Ana Uribe, Rossana Reguillo, Jorge González, Raúl Fuentes, y de un antropólogo socioligüísta invitado, Andrew Roth, así como un prólogo que es también histórico, con un diálogo entre Jesús Galindo Cáceres y José Lameiras, presentando una visión de las posibles relaciones entre la Antropología y la Comunicología posible. Estos dos últimos autores son los editores del libro, que queda como un símbolo del diálogo académico entre dos mundos distantes en apariencia que por un momento entraron en contacto íntimo.

 

          El punto aquí es recordar el suceso y preguntarse a casi quince años de distancia qué fue lo que lo hizo posible, y porqué no se ha repetido. El asunto es simple y terrible. La clave es José Lameiras. El mismo en sus notas presentes en el prólogo del libro citado nos muestra su versión de la situación.

          “….la antropología concibe a la comunicación y a la cultura como equivalentes. Vista la cultura como la estructuración de un microsistema de elementos interactuantes dinámicamente y organizados funcionalmente de acuerdo a fines –conscientes o no-  se supone que la interacción, el intercambio, la relación de los elementos del sistema, al mismo tiempo limitados y relacionados (sistema social-cultural, sistema económico-político, sistema tecnológico-comunicativo, etc.) indica una red de comunicaciones que implican códigos conducentes a la acción y a su interpretación mediante indicadores, señales, signos y símbolos.”

          José Lameiras entendió que existía una relación cercana entre los estudios sobre comunicación de la Comunicología posible, y los estudios sobre la cultura de la Antropología. El abrió el espacio de diálogo a los estudiosos de la comunicación y a los antropólogos. Pero nadie siguió su ejemplo. Ni unos ni otros lo continuaron. Y el espacio se cerró casi de inmediato. Hoy en día es casi una tarea arqueológica reconstruir lo que sucedió entonces, esto muestra la tendencia principal, la distancia entre Antropología y Comunicología. Pero hubo una vez en que no fue así, y recordarlo puede ser el principio de algo, puede ser la diferencia que reordene lo que sucede hoy.

 

                                            Jesús Galindo Cáceres

                                      Vallejo, 27 de agosto de 2005

 

        

 

       

 

 

 

 

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                                      Jesús Galindo Cáceres

                                   Vallejo, 27 de agosto de 2005

 

 

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