Exploración desde las humanidades de un objeto de la Comunicología.
Jesús
Galindo Cáceres
http://www.geocities.com/arewara/arewara.htm
Presentación.-
El proyecto Hacia una Comunicología
posible ha ido construyendo las fuentes científicas del discurso sobre la
comunicación, pero son las humanidades el gran telón de fondo de la palabra y
su noción. En las páginas siguientes se explora el espacio conceptual de la comunicación
desde la filosofía, desde el discurso que dialoga con la historia, la
literatura y el arte, al tiempo que piensa y propone visiones sobre la vida
social y la política. El tema que lo permite en esta ocasión es uno de los
centros de la pregunta por la comunicación, la oralidad. Toda visión de la
comunicación inicia con la palabra, con la situación de interacción, con la
imagen de personas hablando, afectando su percepción y su acción por algo que
las conmueve desde la expresión y la emoción del sentido de la forma
lingüística y el gesto estético. Todo lo que podamos decir, pensar, esbozar,
sobre este lugar maravilloso y privilegiado es una aportación a su interior
misterioso y a su exterior sorprendente, la oralidad nos construye, somos sus
creaturas, sus portadores y sus transmisores, sus víctimas y sus próceres. Este
es un ensayo sobre la vida social vista desde la oralidad, que a su vez es
explorada por una visión filosófica e histórica. De la oralidad nacemos, su
comprensión nos mejora, su ejercicio nos confirma.
I.
La
comunicación y la historia como dos perspectivas de configuración del tiempo
divergentes. Cosmovisión y práctica.
El lenguaje sigue siendo un misterio para
la mirada contemporánea, así lo fue en el pasado y aún con el conocimiento de
superficie que de él tenemos no conocemos todavía su secreto más íntimo, el origen de su
emergencia, el núcleo que lo configura en su aparición revolucionaria. Su forma
práctica e inmediata ha sido registrada en múltiples materiales, y es hoy, con
el mundo puesto a girar a una velocidad nunca antes concebida, que algunos de
sus componentes internos aparecen con mayor claridad, y entonces parecería que
estamos más cerca del centro de su incógnita fundamental, porqué existe el
lenguaje, porqué va unido tan básicamente a lo que entendemos como forma
humana.
Sabemos que todo empezó en algún momento
en que la figura de lo humano tuvo una transformación, el lenguaje aparece al
tiempo que la conciencia, que la religión, que todo aquello que entendemos como
humanidad. Y desde un principio tuvo la
expresión como vehículo primigenio. El cuerpo y los objetos a su alcance fueron
portadores de sentido, pero el signo maduró y alcanzó a la voz, a la palabra
articulada, y entonces emergió al mundo virtual de la representación en toda su
plenitud. Todo fue nombrado, inventado, hecho presente en su ausencia, creado,
construido por la genealogía de la palabra, y lo humano empató su evolución a
su competencia oral, a la magia del lenguaje vivo de la voz y sus órdenes de lo
posible.
Siendo una forma humana la oralidad
también tiene diversas formas. Aquí vamos a privilegiar dos, la que se
configura en el mundo moderno y premoderno, y la que se configura en el mundo
contemporáneo, llamado posmoderno. La guía para comparar a las tres puede ser
la modulación del tiempo social, en cada una se concibe y se construye el
tiempo en distinto modo.
La forma premoderna privilegia un mundo
cerrado que se caracteriza por su gran estabilidad. Los seres humanos premodernos
se enfrentan a lo obscuro del cosmos y resuelve esta ansiedad con respuestas
universales al movimiento y al cambio, ordenando al mundo social en formas
fijas y estables. De esta manera hacen frente a lo inefable y al peligro. La
religión tiene su apogeo como el texto que incluye todas las respuestas a lo
incuestionable. La vida social se reduce a ciertas fórmulas de comportamiento y
percepción que deben garantizar un orden casi estático frente a un universo
amenazante y cambiante. Todo cambio se explica por lo que no cambia, una suerte
de garante divino del orden en la aparente multiplicidad caótica de la
naturaleza y sus mundos contextuales.
La oralidad de la premodernidad es una
configuración de la repetición, una forma que se reitera ritualmente para
reproducir una textualidad construida por los conformadores del mundo, con la
religión como aval, con el control férreo de lo controlable ante lo desconocido
en movimiento. De ahí provienen formas de la oración, de la canción, del
proverbio, del libro sagrado, del conjuro. De lo que se trata es de mantener en
cierto orden al cosmos mediante una oralidad ritualizada y bajo el control de
ciertos textos y sus administradores y promotores.
El mundo premoderno es un mundo sin
historia en movimiento, contiene algún texto del origen, y después promueve la
inmovilidad bajo la promesa de alguna forma de salvación. El mundo moderno
introduce al cambio en la vida social y en la oralidad, inventa a la historia
como una figura del proceso, y controla al tiempo a la vez que lo gestiona. El
mundo moderno inaugura a la oralidad como lectura del mundo, como
interpretación, como posibilidad de variantes construidas a partir de ciertas
reglas. La modernidad expande la idea de gramática, ciertos principios finitos
que constribuyen a lo infinito. El tiempo se abre y a la vez esta bajo control.
La gramática es la forma de la
modernidad, el punto clave ahora no es el control a través de textos y de su
lectura única, sino de las reglas que construyen lo posible. Quien configura
las reglas y las administra, tiene el control, la capacidad de dominación.
Sobre todo si hace públicas ciertas reglas y otras las mantiene bajo
supervisión exclusiva de lo privado.
El mundo moderno se mueve e invita al
movimiento. Hay truco, algunos son los encargados de definir el orden del
movimiento y otros sólo serán capacitados para desarrollar ese movimiento así
sintetizado. Pero la vida social se transforma, y la oralidad con ella. La
charla, la tematización, aparecen como formas emergentes de la interacción. De hecho la interacción
emerge como forma de construcción de lo social, siempre bajo ciertas reglas y
bajo ciertos dominios vigilados y controlados. Pero el mundo se mueve.
El aroma de la democracia bajo la forma
del diálogo negociador y concertador, se difunde por todo el planeta a través
de la dominación europea del llamado sistema mundo. Los textos sagrados, las
formas fijas de la ritualización son sustituidas por nuevas formas rituales de
la discusión y la configuración de sentido por consenso dialógico, no por dogma
autoritario. La oralidad pone en marcha las formas de la comunicación bajo
normatividad prescrita y controlada. Pero la caja de pandora se había
destapado.
Unos pocos siglos después, en comparación
a los cientos o miles de años de la premodernidad, el esquema moderno tiene sus
primeras crisis, las que la llevarán a la situación de transformación que vive
en la actualidad. El que todo fuera posible a partir de unas reglas fijas no
aguanta la presión del ímpetu perverso que llega desde la revolución estética
en el arte. La noticia es que las reglas pueden cambiar, que la creación puede
mutar en formas casi infinitas, por tanto no es necesario ni deseable el
mantenerse bajo el rigor de normas fijas o más o menos estables. El arte
dispara la noticia hacia todo el cosmos, poco a poco la novedad llega a
diversos ámbitos de la vida cultural y política. El mundo del orden fijo y
eterno está estallado, pero también el orden del mundo normado y guiado por
unos cuantos. La posmodernidad aparece como un demonio que todo lo destruye a
su paso. Todo principio de orden es puesto a juicio, los criterios de verdad
son desmantelados, al igual que lo fueron los de belleza y sentido. El universo
parece que se colapsa, las formas emergentes hace unos cien o ciento cincuenta
años, que parecían la promesa de nueva vida, están en ruinas, bajo la corrosión
de la crítica y la creatividad sin límites.
La oralidad llega de esta manera a una
situación que no le es desconocida, pero para la cual no está del todo
capacitada, la comunicación. No hay reglas que todos conozcan del todo para
todo el tiempo de la creación y de la invención. Ahora hay que ponerse de
acuerdo sobre todo, todo el tiempo. El mundo se desplaza de la seguridad sobre
todo, todo el tiempo. El mundo se desplaza de la seguridad del texto y el
ritual fijos, a la incertidumbre vivida como
forma común incluso deseable. Al tiempo que una parte del mundo se mueve
en las normas y en los dogmas, otra parte del mundo se mueve en todas
direcciones y lo disfruta, la comunicación gana espacio al tiempo que el
silencio del poder se agita en gritos que lo aíslan.
II.
La
historia y el programa posible de la modernidad. La oralidad textual y sus
variantes gramaticales.
La primera imagen de la oralidad es la
vida cotidiana. Los seres humanos intercambian valores semióticos para ocupar
al mundo en distintos ámbitos, para preparar la acción, para evaluarla, para
recrearla, para disfrutarla. Hablar configura al mundo de la acción humana. Al
observar la vida social de hoy en
cualquier espacio urbano permite confirmar la importancia de la oralidad. La
forma oral construye a la vida social, le da fondo y temática, asunto, perspectiva,
horizonte, sentido. Pero hace falta ir más al detalle para observar lo que la
oralidad es un nuestros días, y para intentar un catálogo de todas las diversas
formas de su acción.
Los lugares sociales más constructivos
tienen enormes competencias orales, tematizar la vida y sus situaciones permite
representarlas e intervenirlas en forma virtual, como ensayo, antes del
experimento de la ejecución de lo posible. El potencial creador de la oralidad
en este sentido es enorme. Pero hay más. Los lugares sociales más cercanos a lo
que llamamos felicidad también están cargados de oralidad, en ellos se verifica
la afectividad y sus juegos de representación y de afirmación emotiva. Y
todavía más, la oralidad es el momento de la distensión de la presión cotidiana
en la risa, en el humor, en la visión desnuda en la seriedad hecha una comedia.
La oralidad nos acompaña todo el tiempo en nuestro contacto y nuestra
composición de lo humano día a día.
Pero también la oralidad es el momento de
la desesperación, de la agresión, del conflicto, de la mentira, de la ofensa,
del malentendido, de la desinformación. En la oralidad se escenifica lo mejor y
lo peor de nuestro deseo y nuestro miedo. Es un escenario total, punto de
partida y de llegada de la vida social.
Aquí el punto es rastrear por unos
párrafos lo que está presente en nuestro comportamiento oral diario del
proyecto del la modernidad. El propósito es visualizar hasta donde nuestra vida
automática está regida por un programa que se ha venido construyendo y
desarrollando por dos siglos por lo menos. No es tarea fácil, pero la meta vale
el intento. Y será un placer develar partes de lo sucedido en algunos vistazos
a nuestro mundo alrededor.
Por una parte supongamos por un instante
que el corazón del proyecto oral de la modernidad es el debate y la escritura.
El debate se configura en una actividad central en el tránsito de sociedades
dogmáticas autoritarias verticales, a sociedades democráticas tolerantes
horizontales. El cambio es radical, en la forma prehistórica sólo algunos
podrían reflexionar sobre la vida social para tener efecto público en ella, en
la vida moderna existe la convocatoria a que todos los ciudadanos participen en
la discusión sobre la agenda general de la vida social política, y ese libre
intercambio de ideas se supone será la base de la construcción colectiva del
mundo. La diferencia entre uno y otro modelo de oralidad es enorme.
Hoy día, en nuestro medio existen las dos
formas conviviendo en diversos escenarios y situaciones, incluyendo los lugares
oficiales de la gestión. En México, en particular, existen áreas de vida oral
con gran presencia de formas premodernas, sobre todo con el contexto de la
religión católica y sus oponentes. Pero no sólo en situaciones con esquemas de
interpretación o lectura evidente de lo religioso sucede así, también en
situaciones políticas laicas en apariencia lo dogmático y lo intolerante son la
costumbre y la práctica cotidiana. Esto incluye escenarios de la vida familiar
y amical tanto como los escenarios de lo eclesiástico y lo republicano. Las
formas modernas no son mayoría, pero están presentes.
La tematización es un comportamiento
verbal que tiene presencia en nuestro país, pero no con la extensión que sería
deseable. Y por otra parte aparece con distorsiones, la queja, la crítica
descalificadora, el chisme, el rumor. Parecería que la cultura moderna se ha
desarrollado en México con una configuración paradójica. La libertad de opinar
y de intercambiar ideas no ha llegado a los lugares de la gestión y de la
creación social, se queda en las orillas. Y los lugares de la acción se han
tornado de simulación, lo que rige es la dogma y lo vertical. Sucedía que lo
público no se impregnaba de la forma democrática porque no había
comportamientos democráticos en los escenarios de la gestión, y los escenarios
de la gestión no se democratizaban porque la vida social general no era
democrática. Esta imagen sigue vigente, pero ha aparecido la experiencia del
cambio, la confirmación de que actitudes y prácticas dialógicas si son más
efectivas y deseables que las tradicionales
dogmáticas. La cultura gramatical empieza a tener prestigio no sólo
retórico sino práctico.
El punto clave de estos fenómenos es la
percepción del tiempo social, y las condiciones de configuración de propuestas
de vida a partir de nuevas percepciones, propuestas que se convierten en guías
de acción y en hábitos. Pero la situación sigue siendo de cierta lejanía del
programa de la modernidad por parte de la cultura mexicana, sobre todo en ámbitos
populares, que son los mayoritarios.
El segundo elemento central en el
programa de la modernidad sobre la oralidad es la escritura. Nuestro medio está
aún inmerso en marcos poblacionales de alfabetismo de base o funcional. Y el
mundo de arriba, de las elites, de los lugares de la dominación, está poblado
de textos, lo cual reproduce las condiciones de la premodernidad, el dogma
textual. El texto tiene un peso muy grande, está cargado de una
sobre-mitificación, el que escribe y es leído adquiere rasgos de deidad, y las
leyes y los dogmas tienen prestigio porque están escritos. Pocos leen y menos
escriben, de ahí que el marco general siga siendo el premoderno. Y la distancia
entre los que escriben y los que no escriben es gigantesca.
Y este asunto de la escritura es clave a
la modernidad, en el escenario donde se prueba que no hay alguien superior a
alguien dado que cualquier alfabetizado puede escribir y mostrar su visión del
mundo a los demás como los textos sagrados. Pero la cultura moderna de la
escritura no progresa, sigue manteniendo la distancia entre las clases
dominantes y escritoras y las dominadas y orales, o cuando mucho lectoras.
Y aquí la dimensión de la oralidad
adquiere otro aspecto. La vida oral está por debajo de la vida literaria en el
mundo moderno. Y ahí si que somos modernos. Pero el punto interesante es que el
espacio de la reflexividad y la expresión del debate reflexivo, tiene su base
en la oralidad, y la escritura es un elemento para alimentar la oralidad, no un
status superior de configuración social. Pero en la práctica no sucede así, la
escritura está por delante de la oralidad y le determina su camino, como en el
pasado.
Una paradoja de esta situación es que el
pueblo no lee a sus escritores, pero las dirigentes si leen a algunos y sobre
todo a escritores extranjeros, con lo cual la dependencia del exterior en un
sentido premoderno se refuerza. El proyecto de la modernidad vuelve a estar
lejos de nuestros ámbitos cotidianos. Y las imágenes reiteran que tenemos
modernidades paradójicas o distorsionadas.
III.- La comunicación y el programa
posible de la posmodernidad.
La oralidad hipertextual y sus
emergencias enactivas.
El programa de la modernidad aún no es
episteme común, se ha venido desarrollando poco a poco durante cien años. En
nuestro medio convive con configuraciones previas aún muy potentes. Lo moderno
no es el centro del orden social general, tiene un lugar importante en ciertas
formas discursivas y ciertas instrucciones políticas, así como en ciertos
ámbitos sociales ilustrados, pero eso es todo, lo popular sigue siendo lo
premoderno lo mismo el movimiento general social. Pero la vida contemporánea no
es luz y sombra más bien es una gama amplia de claro-oscuro, algunos tonos
grises muy característicos. Eso sería objeto de una investigación sobre la
cultura mexicana actual.
El asunto es que
ante el escenario ya complejo de la vida contemporáneo, con espacios ocupados
por la temporalidad pre y moderna, se agrega una nueva red de construcción que
viene de Europa y Estados Unidos, y conmueve con fuerza a muchas zonas
socio-culturales, el oleaje de la posmodernidad. Sus antecedentes son
múltiples, sus focos de concentración energética pueden identificarse en el
arte y la ciencia. Pero es la misma ecología de la modernidad la que le ha
abierto el paso. Todo ha sido muy
rápido, los nodos de lo moderno han ensayado la nueva vida al tiempo que la
demografía, la economía, los movimientos sociales, y los medios de
comunicación, jugaban interacciones inéditas de formas emergentes
incomprensibles y muy agresivas. Su nicho está en las ciudades, en la paradoja
del libre mercado y el desempleo, del consumo y la violencia, del desarraigo y
las nuevas identidades. Lo moderno mutó, y todo fue distinto.
Así que la posmodernidad ya es parte de
nuestro paisaje cultural, pero carece de protagonistas claros,
institucionalidad, referentes comunes. Lo que se presenta es una gama de
expresiones que no son fáciles de identificar, de definir, de clasificar. Y una
de sus cualidades principales es la movilidad, cambian, no toman formas
estables, se transforman, son efímeras y gastan energía y migran. Parecería que
lo que va sucediendo es un contra flujo de la tradición, de la
institucionalidad, de la fijo, de lo reconocible, de lo prestigioso, de esta
manera podrían identificarse dos formas antagónicas, o por lo menos
divergentes, una cargada hacia lo sólido, otra inclinada hacia lo enérgico,
emergente, fluido. No es un panorama evidente, pero existe y tiende a
generalizarse.
Los jóvenes, los artistas, las mujeres,
los marginales, son actores sociales portadores del mensaje posmodernos, todos
ellos piden cambios, se oponen a las formas tradicionales, se resisten a ellas,
actúan para modificarlas o romperlas. Estamos ante una coincidencia que es
estallido, pero es acción contestataria, contracultural. No toma forma en un
frente, en una asociación, pero tiene un comportamiento y actitudes similares.
Y lo más llamativo, se vuelve ejemplar, tiene un vector moral, crece en
participantes en lugar de secarse en una secta o un grupo aislado. Y tiene la
participación voluntaria e involuntaria de los medios de difusión masiva, que
los hacen visibles, que los iluminan con sus atenciones oportunistas y noticiosas.
La nueva ola tiene dos puntas, una es la información, más abundante y accesible
que nunca antes, la otra es la comunicación emergente, necesaria, para poder
asimilar todo el complejo contexto y su mutabilidad. De esta situación surge
una nueva forma de la oralidad.
El programa de la posmodernidad no es
claro aún, quizás el de la modernidad tampoco, pero su fuerza puede describirse
en su afán de lo diverso, de lo complejo, de lo creativo. Las formas que
produce son inestables, pone énfasis en lo creador, todos pueden ser creadores,
se promueve que así sea. El efecto es de multiplicación de formas,
diversificación, auge de la novedad. La velocidad en la creación se acelera,
todo el metabolismo social aumenta, por tanto la energía necesaria para la producción
y la recepción simbólica también se incrementa. En apariencia al costo es alto
y el resultado casi efímero. De eso se trata, el conocimiento es el valor
central, la estética su guía, la creación su oficio, y la comunicación su
necesidad.
No hay progreso del posible programa
posmoderno sin comunicación. No sería posible que toda esa expansión de lo
disfrutable, de lo consumible, de lo conocible, continuara su movimiento sin
momentos de mutuo reconocimiento, de encuentro, de seducción, de enamoramiento,
de crecimiento común. Los protagonistas posmodernos son creativos, estallan al
lenguaje y sus formas, están montados en la variación por la variación, en el
desapego relativista, pero también tiene necesidad del otro, de su
consentimiento, de su compañía, de su aceptación, de su afecto, de su crítica.
Y si bien los lenguajes son explorados en todas sus posibilidades, por separado
y en montajes experimentales, la oralidad sigue siendo el vehículo de contacto
por excelencia. Pero ojo, no es la misma de la modernidad o la premodernidad. Y
este es el punto interesante por entender y ensayar, el nuevo lugar de la
oralidad en la nueva temporalidad de la posmodernidad. Y no hay que olvidar que
todas las formas previas son parte del camino, del juego, del viaje, del
ensueño posmoderno. Un mundo nuevo se abre ante nosotros y ya no somos los
mismos para entenderlos.
En la posmodernidad el texto se
transforma en hipertexto y el debate en exploración estética. La connotación
política de la interacción no desaparece, se implica en el disfrute de la
palabra y sus referentes, en el goce del otro y su percepción alterna. La
política se convierte en una actividad artística, y el debate en una charla por
la belleza, por la inteligencia, por el espíritu. El caso de la escritura
también queda transformado, la revolución tecnológica de la interacción y la
participación en la composición textual, estalla al autor solitario y mueve la
forma discursiva hacia la acción discursiva,
coincide el mundo de los referentes simbólicos con la acción que los explícita
y construye en una forma objetiva, la creación colectiva y el texto móvil de la
navegación en internet despegan la escritura del texto y la llevan a lo efímero
de una charla, el chat transfigura la posibilidad de creación simultánea y de
relación on line de diversos fragmentos montados por diversos autores, en una
textualidad que se borra a si misma en el continuo del hacer y reflexionar
discursivo, tal como en una charla el primer tema queda implícito y borrado por
lo que sucede tiempo después, originado por el, pero también evolucionado desde
el.
La oralidad de la posmodernidad une al
habla y a la escritura, condensa en la misma intención a la reflexividad y a la
creación, a la interacción y al contexto. Todos hablan, todos crean, todos
construyen, pero no hay autor individual, sólo impulsos creativos particulares
en la comunidad en movimiento de la comunicación. El peso de la historia
desaparece, el pasado es un elemento más por montar, por editar, un input de
información para crear, para construir. El mundo nunca fue más complejo ni más
bello, ni más extraño ni más huidizo. Será desde ahí de donde emerja el futuro,
ya no hay coartada. Pero ojo, los mundos previos aún existen.
Cierre.-
La Comunicología está en construcción. Su
espacio conceptual está en proceso de organización. Son muchos los antecedentes
que configuran sus conceptos, nociones y juicios que la componen. Por una parte
la búsqueda de la precisión y la claridad del método explícito y puesto en
común. Por otra parte el ejercicio expresivo de la búsqueda de sentido por
todos los medios a la mano, aún en la inconsciencia de sus principios
constructivos y sus operaciones estructurales. Cada momento tiene su tiempo,
necesitamos de ambos. Aquí se expresó el ejercicio de la libertad y de la
búsqueda de sentido, por ciertos medios, con ciertos recursos. Todo ayuda, todo
colabora al mismo fin, ampliar las posibilidades de percibir y de actuar, al
tiempo que nos conmovemos y nos sentimos, a veces bien, otras no tanto.
Jesús Galindo Cáceres
Grupo Hacia
una Comunicología posible
Bibliografía.-
Galindo Cáceres, Luis Jesús, Apuntes de historia de una comunicología posible. Comunicología. Número 1. UIA-Santa Fe. Primavera 2004
http://www.revistacomunicologia.com/publicaciones/verPublicacion.jsp?id_pub=9
Galindo Cáceres, Luis Jesús, De la sociedad de información a la comunidad
de comunicación. Dossier de la
Edición Número 8. de KAIROS - ISSN 1518-9331: Comisión "Innovación
tecnológica y Sociedad" XXIII Congreso de ALAS .KAIROS - Año 5 Número 8,
2do. Semestre 2001
http://www.fices.unsl.edu.ar/kairos/k8-d02.htm
Galindo Cáceres, Luis Jesús, La comunicación como campo profesional posible de los oficios por venir.
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http://www2.uerj.br/~fcs/contemporanea/n2/artigojes02.htm
Galindo Cáceres, Luis Jesús, La
Comunicología posible y las humanidades.
Portal de Comunicología
http://www.geocities.com/comunicologiaposible/tbgalindo8.htm
Galindo Cáceres, Luis Jesús, Notas para una comunicología posible.
Hipertextos. Número 7. Agosto-diciembre del 2003.
http://hiper-textos.mty.itesm.mx/articulo1_num7.htm
Galindo Cáceres, Luis Jesús, Sistémica y Comunicología. Razón y
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http://www.razonypalabra.org.mx/anteriores/n40/jgalindo.html
Galindo Cáceres, Luis Jesús, Sobre Comunicología y Comunicometodología.
Intexto. Número 8, UFRGS. 2003/01
http://www.intexto.ufrgs.br/n8/a-n8a1.html
Página
del portal Comunicología posible
http://www.geocities.com/comunicologiaposible/
Página personal de Jesús Galindo Cáceres
http://www.geocities.com/arewara/arewara.htm
Jesús Galindo Cáceres
Vallejo, 20 de
agosto de 2005