La reiniciación de la vida gremial
ha traído nuevamente al plano de la atención el problema de la politización
de los gremios. Politización y aún peor, sectarización, degradación de lo
político. Hay verdades obvias que sin embargo merecen recordarse. Recordar por
ejemplo que deben deslindarse campos, el político para la política y el
gremial para lo gremial. En aquel caben divisas, partidos políticos y sectores
de los mismos, en éste en cambio pueden caber corrientes de opinión político-gremial
pero no cabe sin duda que se lleve a él la lucha de partidos y sectores del
campo político. Si no fuese así, si no fuesen dos campos distintos con
distintas realidades y diferentes metodologías, no serían necesarios los
gremios, habría solo partidos políticos.
Vemos entonces con profunda alarma
el traslado progresivo del campo político al gremial. Traslado que pretende
incluso que los caudales electorales en noviembre de 1984, dan derechos
adquiridos en la vida gremial.
En la vida gremial los derechos se
adquieren con presencia, con militancia seria, con contracción al trabajo y
responsabilidad.
El predominio de los criterios político-sectoriales
progresivamente sustituye el análisis de los problemas, la ponderación de las
conductas, la profundización en los grandes temas del acontecer gremial, por el
prejuicio, por la orden compartida, la disciplina política, la maniobra y el cálculo.
Entonces tampoco importa el
gremialista como tal, cuanto y como ha trabajado, con que conducta, cuanto sabe.
Lo que se valora es a que grupo pertenece o a que sector de cual partido político.
Dejemos claro aquí que creemos que ningún ser humano, en ninguna
circunstancia, puede despojarse de su ideología, como tampoco puede dejar de
lado su escala de valores, su concepción de la vida. Las lleva consigo como su
hígado o sus pulmones e impregna con ellas todo su quehacer. En un gremio
coinciden entonces todas las ideologías, convergen las más diversas posturas
filosóficas y políticas. Concepciones políticas y filosóficas, ideológicas,
que tiñen permanentemente el análisis de los problemas generales y el estudio
de los propios y específicos problemas gremiales. Así debe ser, esto es
enriquecedor, quien gana con esto es el gremio todo. Se debe comprender asimismo
que en los gremios existan grandes corrientes de pensamiento político-gremial y
que esas corrientes se expresen en las elecciones y en la vida gremial misma. Lo
que no se comprende es la sectarización política, el afán de predominio de
una banderita sobre la otra, la sustitución del análisis y el consenso por el
afán del predominio.
Queda por el camino el razonado
cambio de ideas, la mira puesta en metas comunes y sobre todo la imprescindible
unidad para enfrentar enemigos comunes.
Quedan también por el camino magníficos
gremialistas, gente de probada honestidad, inteligencia y contracción al
trabajo gremial. En las bases del gremio entre tanto los militantes se unen fácilmente.
En el lugar de trabajo, en el quehacer cotidiano, donde todos se conocen, la
escala de valores es otra. No importa tanto el color político sino la conducta
personal, la preocupación cotidiana por el beneficio colectivo.
Es cuando empieza la lucha por el
‘poder’, por la parcela de poder que da estar sentado en una Comisión
Directiva, del nivel que sea, cuando empieza a jugar el pro y el anti, el
sectarismo al fin.
Los partidos políticos desde sus
propias bases y particularmente quienes tienen la responsabilidad de la conducción,
deberán prestar su atención a este problema que creemos grave. Grave porque no
hace a mejorar la vida gremial, sino a perjudicarla, creando luchas y
enfrentamientos allí donde deben estarse buscando el consenso y la unidad por
las mejores soluciones, por los objetivos comunes.
Estas reflexiones pretenden ser un
alerta, un llamado al análisis del problema. De pronto tan sólo un lamento de
quien por tratar de mantener conductas que son tradición en la vida gremial del
país y particularmente de nuestro Sindicato Médico, está quedando en la
orilla del devenir histórico.
El futuro dirá.
El 4 de marzo fueron investidos los
representantes de los distintos órdenes que una Ley de Emergencia aprobó en
tiempo récord (una sesión en Diputados y una sesión en cámara de Senadores).
Con ello se evitaba una intervención
del nuevo gobierno y se reconocía de entrada por todos los partidos políticos,
la autonomía universitaria y el co-gobierno de los órdenes, como un hecho histórico
irreversible.
Fue una solución "a la
uruguaya" fruto de la concertación de Partidos Políticos, Sectores
Gremiales y Fuerzas Sociales. Pero fundamentalmente fruto también y
primordialmente de la lucha tradicional de los sectores gremiales
universitarios.
Allí se estipulaban nuevas
elecciones con los padrones electorales regulares y los gremios y órdenes
funcionando normalmente.
No vamos nosotros a analizar por qué se aplicó un provisoriato al gobierno central, el Parlamento. Pensamos que existieron razones de índole política, pero no de alta política, para explicar esta decisión
Cuando se instaló la Universidad
habían sido designados ya y fueron confirmados el Rector Lichtensztejn, el
decano de la Facultad de Medicina Pablo Carlevaro, y otros prestigiosos decanos
como Pérez en Derecho, Reverdito en Arquitectura, Arbiza en Agronomía. Ellos
habían estado ausentes durante la investidura por haber sido injustamente
perseguidos y requeridos por la dictadura.
Poco tiempo después estudiantes,
docentes y egresados dábamos un apretado abrazo a nuestro decano, entrañable
amigo, que representaba el espíritu indoblegable de la Universidad exiliada y
escarnecida.
Muchos, como Carlevaro dice, habíamos
tenido la ‘misma escuela’, pero lo emocionante fue ver convocados por sus
Gremios a estudiantes e incluso trabajadores universitarios, de AFUR o docentes
jóvenes de ADUR que no conocían a su viejo-nuevo decano. Era la primera vez
que lo veían, y lo saludaban como símbolo de la resistencia.
Esas autoridades desde el Consejo
Central y las Facultades comenzaron una febril actividad. Numerosas comisiones
trabajaron e informaron. Mientras se analizaban los ‘escombros’ de la
destrucción, con Institutos y Servicios devastados, se debió enfrentar a una
asfixiante situación económica y a un desorden administrativo generalizado,
con una burocracia crecida enormemente en los cargos superiores; con una masiva
transformación en cargos de confianza, etc. Se votó entonces una ordenanza o
estatuto para el personal docente y otra para el personal no docente.
Se reincorporaron progresivamente
los destituídos que podían y querían volver; pero, se vio pronto que éramos
minoría.
Así en Medicina de 1050 docentes
solo se restituyen 150 a 180. Una nueva Facultad había nacido y funcionado
durante el período de la dictadura. Con una formación distorsionada sí, con
profundas carencias sí, pero con un deseo inmenso de recuperación en la mayoría
de sus integrantes.
Porque auténticas vocaciones y
esfuerzos también se realizaron durante este período, pese a la situación y a
la propia acción de las autoridades del régimen. Si bien existieron
traiciones, defecciones y debilidades, pronto
vimos, muchos de los que nos vimos obligados al difícil trabajo de la
reconstrucción que una visión puramente clasificatoria de buenos y males, o
maniquea habría de originar más problemas que los que ya existían.
Y lo que a veces puede parecer
debilidad creemos que es más bien fortaleza, porque es impostergable el trabajo
de la reconstrucción moral, el esfuerzo de material, y funcional de nuestra
Facultad y Nuestra Universidad, con el esfuerzo de la mayoría y con los órdenes
constitutivos funcionando responsablemente.
En setiembre la Universidad volvió
a realizar por mandato de la ley, nuevas elecciones y con matices los órdenes
eligieron por amplia mayoría un 70% del total a las listas gremiales.
La elección Universitaria fue
estimulada por los sectores políticos y en especial por aquellos que criticaban
específicamente ‘la intromisión política’ y todos los sectores terminaron
haciéndolo. Era un fenómeno desconocido para el Uruguay que parcialmente ya
fue analizado y criticado por Roberto Avellanal en otro Editorial.
Personalmente habíamos impugnado
en alguna charla con estudiantes de ASCEEP, antes de ingresar al trabajo de
reconstrucción y justamente invocando una auténtica posición política, y
desde ella, que no debíamos ‘argentinizar’ al movimiento estudiantil
uruguayo. Que esto significaba revisar todo un pasado de importantes conquistas
y sustituirlo por un partidismo cada vez más fragmentado trasladando a otras
esferas de decisión lo que es irrenunciable de los órdenes.
No se trata de ‘desideologizar’
la Universidad, sino de ‘despartidizar’ y ‘desectarizar’ los gremios y
sus representaciones.
Mientras debemos reconocer a fuer
de sinceros que los órdenes y sus gremios han sentido en diversas formas el
peso de la dictadura.
El gremio estudiantil había
efectuado formándose sobre todo para la lucha (en la clandestinidad o
semiclandestinidad de la misma), fruto de una implacable represión que con
valentía enfrentaron.
La masificación numérica y el
aislamiento que las circunstancias impusieron se tradujo en una desactuación de
los mismos. El ingreso por partidos y sectores políticos a los gremios, los
desarticuló aún más. La falta de órganos de prensa estudiantiles amplios y
de locales, así como el cambio de forma de vida, les significó mayor problemática
a favor de las fuerzas centrífugas en lo gremial. Tenemos, sin embargo la
seguridad de que resolverán todas sus dificultades en un proceso dinámico.
Para el cogobierno esto es imprescindible.
A nivel docente la inseguridad
creada por nuevas leyes que cuestionaron la legitimidad del acceso a los cargos,
en este lapso, originó un comprensible temor y la reacción consiguiente a la
defensiva. La forma en que se cuestiona el período de la intervención no podía
significar la ignorancia de la resistencia interna, sin embargo siguieron gestándose
vocaciones y desarollándose capacidades, con auténticos valores. La
Universidad y la Facultad no debe excluir a los mismos; no lo hace ni lo hará.
Pero, las defecciones por el
colaboracionismo oportunista retribuído con la prebenda de cargos y ascensos
debe tener su sanción.
Afortunadamente fueron una real
minoría que no cuenta en el numeroso plantel de docentes de nuestra Facultad.
Otros, sin colaborar, demostraron
que los intereses universitarios no eran los primordiales frente al cultivo de
sus intereses personales y materiales. Estos no pueden ser líderes docentes.
Han realizado ya antes la elección de su verdadera vocación.
En cuanto al órden de egresado ha
sufrido también un corte generacional, una falta real de sus tribunas y prensa
auténticas, un enorme déficit de formación que explica por lo tanto, sus
dificultades en organizarse y actuar gremialmente.
El enorme desempleo médico que
condiciona un círculo vicioso, de dificultad de afiliación, déficit de acción,
descreimiento y abstención; sumado a la desinformación de muchos, explicaría
un triunfo parcial de listas no gremiales, armadas por los políticos de
sectores conservadores tradicionales justamente en nombre de cerrar el paso a
los que hacen política desde los gremios.
Seguramente no va a ser este sector
el paladín de la defensa del empleo médico o de nuevas fuentes de trabajo.
Algunos son ahora neogremialistas en viejos odres.
Este es el panorama real, de
nuestros hombres, nuestros gremios, y nuestros órdenes que ha repercutido en el
funcionamiento de la Facultad y la Universidad. Cuando en el Consejo Central
Universitario se discutió cómo enfrentar la elección universitaria, fuimos
optimistas, como también lo somos ahora de una desarrollo rápido de raíces,
que nos posibilitan un nuevo crecimiento por el único camino que podemos elegir
y en el que creemos: el de las mayorías.
Aquí estamos ahora nuevamente
erguidos con inmensas responsabilidades como universitarios y ciudadanos de este
país, tan desvastado por la dictadura.
Debemos hacer funcionar con
agilidad, eficacia y con espíritu creador toda la organización universitaria
para recuperar rápidamente nuestra capacidad de investigación, docencia y
extensión.
Debemos evitar que la ‘horma’
de un Presupuesto que nos puede asfixiar consagre el mantenimiento de un bajísimo
nivel de rendimiento técnico-científico y desprofesionalice y mediatice aún más
nuestro sacrificado cuerpo docente.
Es imprescindible aproximarnos al
25% del Presupuesto general en Educación.
Pero también debemos tener el
valor de desmontar arcaicos Institutos y modelos que no se adecuan al desarrollo
nacional, cambiándolos cuando sea necesario hacerlo y cuantas veces la época y
las necesidades lo demanden.
Debemos crear nuevos caminos en el
campo de la Salud, la Atención Primaria, de la Informática en la adecuación
del pre y post-grado a un Plan de Salud Nacional Imprescindible; con utilización
de capacidades instaladas fuera del ámbito de Salud Pública y del H. de Clínicas;
así como con la descentralización de la docencia hacia el interior del país,
para elegir solamente algunos ejemplos.
Esto es sólo una breve reseña de los impostergables desafíos a los que nos enfrentamos hoy.
Transcurrido ya casi este año 1985
puede decirse con completa objetividad que el Poder Ejecutivo (PE) no tiene
interés en introducir cambios sustanciales en el sector salud. Su política ha
sido de la omisión, es decir el que todo siga como está, con el agravante de
que el vis a tergo conduce a comprometer progresivamente los servicios que se
prestan.
Los 12 años de dictadura nos han
enseñado entre otras cosas que aún los actos de apariencia más absurda e
irracional son racionales y tienen un objetivo. Por eso entendemos que esta
omisión es deliberada. El PE resolvió de entrada no modificar el sector. Por
eso el documento final de la CONAPRO contó con la aprobación de los tecnócratas
ubicados en la primera línea de negociación pero no con la de la cúpula política
del partido de gobierno.
Se podría pensar a priori que el
sector salud ofrece al PE un campo donde tiene mucho que ganar y poco o nada que
perder. Mucho que ganar porque se trata de un sector especialmente propicio para
dar rédito político atenuando en él el costo social que determina la política
económica seguida por el propio PE. Mejorar servicios y reducir la
conflictividad laboral del sector parecen objetivos modestos y posibles. Nada
que perder porque es muy difícil pensar en un desastre mayor que el que se
observa y perpetúa.
Si el primer signo de la opción
porque todo siga como está fue la abstención de firmar el documento final de
la CONAPRO, el segundo fue la designación del Sr. Ministro. El Dr. Ugarte como
es notorio no tiene experiencia en el manejo de la red pública ni otra
actividad médica que la cirugía vascular; tiene vinculación importante con
algunas IAMC y procede del Partido Nacional aunque no pueda considerársele un
hombre de partido. Estos datos pueden interpretarse al cabo de este año como
por otro índice del interés de que todo siga como está, sin necesidad además
de cargar con una culpa adicional.
El tercer signo reiteradamente
advertido es la falta de relación entre objetivos enunciados desde el Ministro
y los hechos concretos. La primera dificultad para que se haga lo que se dice
radica en el propio Ministerio. El conjunto de jerarcas actuantes no parece ser
homogéneo. A veces se enuncian posturas progresistas respecto de un eventual
sistema nacional de salud pero a la vez se producen propuestas concretas de
formas de atención médica producto de concepciones claramente mercantilistas.
Otras veces sin embargo, salvada la instancia ministerial, parece surgir otra si
no presidencial por lo menos supraministerial que es donde al fin se ejerce la
capacidad de decisión. Como si el cirujano vascular fuera by-passeado.
Son notorias las vinculaciones
directas de importantes hombres del partido de gobierno con algunas IAMC y con
las transnacionales del medicamento. A ellas corresponde atribuir la instancia
supraministerial de que hablamos. Una especie de ‘cortina metálica’ que va
a cada pelota en cualquier lugar de la cancha y mantiene libre de preocupaciones
sanitarias el área presidencial.
El Sr. Ministro como si mirara el
partido desde la tribuna.
La biopsia que certifica el diagnóstico
previamente enunciado es lo ocurrido con las IAMC críticamente desfinanciadas.
El Ministro elaboró un proyecto para las mutualistas acogidas en un plan común
por la condición de críticamente desfinanciadas con que ellas mismas se habían
calificado.
La Dirección General de Salud del
MSP llegó a la conclusión de que la única opción viable que además podía
ser instructiva y de interés para el futuro era la fusión de todas ellas en un
solo organismo de atención médica que permitiera efectivamente coordinar y
racionalizar servicios, aprovechar mejor la infraestructura existente,
determinar las bases de relación con entidades oficiales a efectos de elaborar
una política nacional del medicamento, democratizar las instituciones,
sanearlas de vicios, echar a andar hacia el sistema nacional comprometiendo la
política de salud del estado en ese sentido, con la participación directa del
MSP y del Ministerio de Economía en la gestión del proyecto.
Pareció que por primera vez no se
escuchaba un discurso más; que al fin se ofrecía un cauce, un trillo por donde
comenzar a transitar hacia formas superiores de la coordinación de servicios de
salud en el país. Un trabajo ambicioso, plagado de dificultades, de resultado
incierto, pero un cauce al fin donde actuar y dejarnos de repetir los eternos
discursos con que nos castigamos mutuamente cuando nos reunimos a hablar sobre
temas de la salud. Un desafío, un compromiso mayores.
Fuimos ingenuos. Se trataba de otro
discurso más. De aquel proyecto ambicioso cuya importancia y viabilidad pueden
medirse por el grado de la reacción que despertaron, se pasó en sucesivos
descensos degradantes a la decisión final que consagra que todo siga como está;
la inoperancia completa. El MSP sabe que las mutualistas críticamente
desfinanciadas caminan hacia la liquidación, que ello supone fuentes de trabajo
seriamente comprometidas, que supone también la probable absorción de usuarios
pero no de trabajadores por las grandes instituciones del sector; en fin que
todo ello supone por lo tanto alta conflictividad laboral potencial. El MSP sabe
perfectamente todo esto pero procede como si esos hechos le fueran ajenos.
Si en vez del problema de las críticamente
desfinanciadas nos ocupáramos del presupuesto o de lo que el MSP entiende por
Atención Primaria de Salud, a la que adjudica prioridad, a propósito de la que
monta escenografías comparables en su magnitud a la pobreza exhibida en la
representación; si comparamos en cada caso lo que se dice con lo que se hace,
llegaríamos a la misma conclusión.
Así pues, las previsiones en el
sector salud son de que el PE pretende que todo siga como está.
El SMU no ha establecido en forma
explícita una estrategia definida para actuar en el sector salud. Su actuación
es de respuesta a las solicitaciones del medio. En el MSP participa donde no se
decida nada para que se diga que participa. Ha integrado e integra comisiones
diversas: las de Residencias Médicas, Mutualismo, Salud Mental, Atención
Primaria, Trabajo Médico y alguna otra que se me queda en el tintero.
Generalmente, como si la institución
no tuviera memoria, se ha reiterado la metodología en la consideración de los
temas tratados. Ella consiste en montar reuniones amplias, multidisciplinarias,
donde los que saben vierten los mismos conceptos que escuchamos desde hace años,
adaptados a cada caso.
Tienen otros dos caracteres
comunes: no inciden en las decisiones y no crean herramientas de trabajo en
cuanto que sus formulaciones no pasan de ser la expresión de buenos deseos.
El SMU se desgasta donde no
produce. Proporcionalmente presta mucho menos atención al CASMU dicho sea con
el mayor respeto por su Junta Directiva, sometida a un gran esfuerzo. Allí es,
sin embargo, donde tiene su propio e irrenunciable desafío, donde también la
omisión es política.
Dicen por ahí enfermitos de la
‘enfermedad infantil’ que el CASMU es una empresa. No consultan ni al
diccionario. Empresa significa acometer, intentar, meterse en; es una acción
donde hay trabajo y dificultades. El CASMU es, sin duda, la gran empresa del
SMU; el sitio donde debe tratar de dar corporeidad a sus ideas conforme cuando
lo creó.
El calificativo de grande alude al
volumen de la institución y a la magnitud del trabajo y de las dificultades.
Ellas radican en la propia institución, pero también, condicionándola en un
grado que no podemos medir sino simplemente diciendo que es muy importante, en
un medio competitivo con una concepción mercantilista de la salud que le es
hostil por definición.
La importancia económica del CASMU
no es ajena a la actual campaña periodística contra el SMU. Los enemigos de la
institución lo son no por las declaraciones que podamos hacer, que esas no
hieren, sino por la existencia del CASMU en el mercado de salud. La deuda con
las transnacionales del medicamento es tal vez la mejor arma para amenazarnos,
amedrentarnos, mantenernos a la defensiva, enfermarnos financieramente.
Conforme el SMU pensó una vez el
CASMU tendría hoy que repensarlo. La posesión gremial es decir colectiva se
interpreta con excesiva frecuencia como grupuscular, para no decir individual.
Cada decisión es recurrida como si fuera posible que decisiones generales no
afectaran a individuos.
Se mantienen estructuras que fueron
válidas hace 50 años pero que no parecen serlo ya. Estructuras de gobierno de
carácter normativo que de alguna manera deben profesionalizarse. Estructuras de
gobierno ejecutivas cuya capacidad de mando no sea cambiar una carpeta de lugar
sino dotar a la institución de una operatividad indispensable que sustituya la
importante inercia que padece. En el CASMU también puede ocurrir que todo siga
como está.
Estructuras de atención médica
que se modernicen, que consideren de otra manera al usuario. La modificación
estructural de la atención zonal parece prioritaria. En relación con ella cabe
pensar en la eventual promoción de otras formas de prestación de servicios
respecto de los que existe amplia experiencia en el sector público (atención
materno infantil por ejemplo) pero que no se aplican en el privado. Y la
exigencia de cierto rigor en el trabajo médico. ‘No se atiende a la gente. En
recompensa, como revancha, como remedio de servicio para el usuario se procede
siguiendo dos vías: medicando mucho (cuanto más caro mayor el efecto placebo)
o internando’ (Noticias, mayo 1985).
Y en fin, el CASMU puede ser el
terreno natural donde el SMU elabore una política de interrelaciones gremiales
basada en hechos concretos, sin voluntarismos por un lado ni desinterés por la
institución y molicie en el trabajo por otro.
En suma, consideramos que la
respuesta del SMU a la política deliberada del PE de dejar todo como está en
el sector salud, debe ser prestar mucha atención a su gran empresa. Sin
necesidad de atribuirse prerrogativas propias de la Junta Directiva, el SMU
tendría que tener otra participación allí donde sus delegados integran
comisiones del CASMU. Tendría que tener asimismo una visión global de la política
de salud para aplicarla en su propio caso concreto, porque las grandes
decisiones serán políticas, es decir en este caso, gremiales.
Hace muchos años oí contar a
Constancio Castells la historia de "YAPOR".
‘YAPOR’ era un hombre gigantón,
bondadoso, que se ganaba la vida como luchador de lucha libre y como donante
profesional de sangre, según se estilaba en la época.
Se hacía las extracciones después
de cada combate porque así no lo afectaban. Esa era la pretensión.
Paulatinamente, sin embargo, Yapor entró en insuficiencia cardíaca y se hizo
habitué de una guardia del Maciel; la de Constancio Castells.
Probablemente desde entonces las
extracciones fueron sangrías sin la retribución correspondiente pero en cambio
la guardia extendió su área operacional hasta la esquina del luchador en el
ring. Allí evaluaban entre round y round la arritmia completa, la frecuencia
ventricular y los estertores basales. Tal vez junto a las ligaduras para los
cuatro miembros y la Ouabaína Amaud aconsejaban en función de los hallazgos clínicos:
‘liquidalo antes del 5to. porque en el 6to. vas a estar muy jodido’.
Fidelidad en cada combate hasta que
Yapor perdió el último y murió en el Maciel.
En estos días finales del verano,
mientras caminaba diariamente al trabajo atravesando el esplendor verde del
Parque de los Aliados, comencé a recordar la historia de Yapor. Me imaginaba la
guardia en algún local de peleas, en la Ciudad Vieja, bronco y humeante, su
comunicación con Yapor; las miradas, los gestos, la relación silenciosa dentro
de aquel boliche.
Me esforcé en recordar los
detalles de la situación en que oí a Castells referir la historia. Finalmente,
logrado lo anterior en varios días sucesivos, llegué a abordar la psicogénesis
del recuerdo.
¿Por qué este viejo recuerdo que
tenía sepultado desde añares en la memoria sin extraerlo a la luz, sin
recorrerlo morosamente como ahora, afloró en ese momento?
No daba con la respuesta. El cuarto
día que caminaba por el recuerdo y el parque me sorprendió la frenada de un
auto, me interrumpió las cavilaciones para terminar con ellas porque súbitamente,
vuelto a la realidad, en el momento en que saltaba a la vereda tuve la revelación
de que Yapor era como el CASMU y que observar a éste desde dentro y el nombre
institucionalmente epónimo de Castells fueron los hechos que me indujeron la
asociación; me tiraron del ovillo.
En el ring digamos que el sistema.
Sistema es un conjunto ordenado de normas y procedimientos con que funciona o se
hace funcionar una cosa; en este caso el país.
El sector salud integra este
sistema y por lo tanto sufre las consecuencias del funcionamiento que aquel
determina. Sufre fundamentalmente la política económica que el país se ha
dado y la voluntad de que nada cambie en el sector. ‘El Poder Ejecutivo no
tiene intenciones en introducir cambios sustanciales en el sector salud.
Su política ha sido la de la omisión,
es decir, "el que todo siga como está", como decía con fundamentos
el anterior editorial de Compendio.
Los epifenómenos del sistema, se
expresan diversamente en el sector salud.
- Las Instituciones oficiales
desfinancian. Lo hacen con la pertinacia propia de una política expresa.
-
La seguridad social paga menos de lo que corresponde
promediando costos de Instituciones que prestan muy diferente calidad de
servicio; tampoco paga el 100% de ese promedio.
-
Finalmente difiere pagos sin reparar financieramente del daño
que ocasiona.
- Dinacoprin financia solo aumentos
salariales pero no los insumos. Como si el recibo mutual entrara en la canasta
familiar pero el costo de los medicamentos no, por ejemplo. Estos no tienen
dificultad en conseguir mayores precios, como si no afectaran la cuota del
abonado ni tuvieran ya utilidades ¿de cuánto?, ¿del 100%?
Estamos endeudados con las
transnacionales del medicamento. En el CASMU consumimos en este rubro algo menos
del 30% del presupuesto mensual, alrededor de UN MILLÓN DE DÓLARES AL MES, y
podemos pagar solo una parte de esa cifra monstruosa que en su mayor parte se va
del país.
Las transnacionales del medicamento
alternan con nosotros la rienda larga y la rienda corta sin que hayamos podido
quitarnos el freno, entre otras cosas porque el sistema determina que vayamos
enfrenados. Rienda larga para aumentar consumos aunque ello genere deuda. De vez
en cuando, como en este momento, rienda corta exigiendo el pago. Saben
perfectamente que aumentar consumos y pagar al día es una pretensión
contradictoria e imposible. Pero saben también que con ese juego aseguran
nuestra dependencia, y lo practican a conciencia. La deuda con las
transnacionales del medicamento debe concebirse como el fenómeno local que
expresa en el CASMU el problema nacional de la deuda externa.
Fuera del ring el gigantón
bondadoso lo ha sido históricamente con todos, en una generalidad que desvirtúa
la bondad.
Las bases ideológicas y económicas
sobre las que se creó el CASMU hace 50 años
no pueden ser las de hoy. Tal vez lo correcto sea decir que deben
interpretarse en función de la evolución del mundo, del país, de la propia
institución en este medio siglo, y de acuerdo a ello reformularse.
Con frecuencia los problemas que
plantean técnicos vinculados al CASMU responden a una óptica individual o
grupuscular. A veces se han resuelto con esa óptica no con la del CASMU.
Parece llegado el momento de
modificar esta actitud en la medida en que está cuestionada la viabilidad de la
Institución.
Esta visión individualista o
corporativa tal vez alimentada en la génesis de la Institución, se ha
expresado sobre todo en la defensa de intereses económicos pero también en la
modalidad del ejercicio profesional. El hecho de centralizar cargos y crear
estructuras cuyas denominaciones suponen una labor colectiva coordinada no ha
modificado aquella situación sino solamente en la medida que cristalizó
dotaciones de personal ya sobredimensionadas en el origen. Llamamos
departamentos a estructuras que funcionalmente no lo son y equipos al trabajo
individual realizado junto a otros. Ello determina la ausencia de una
responsabilidad común ante problemas colectivos del grupo; el trabajo realizado
según la responsabilidad individual de cada uno.
En la misma medida impide la creación
de pautas de conductas comunes, la evaluación de las actuaciones, la
investigación científica; es decir, se proyecta negativamente sobre la propia
atención médica en cuanto que ésta se enriquecería con las carencias señaladas.
El CASMU no puede ser la solución
laboral de todos los médicos.
Pensar en contrario es simplemente
mantener una posición utópica. Una institución cuyos afiliados son el 10% de
la población del país no puede albergar laboralmente al 100% de los médicos.
El problema laboral de éstos
depende del sistema, sus soluciones deben ser nacionales.
En función de lo que antecede cabe
reformular el principio según el cual el CASMU debe ser una institución
abierta y decir en cambio: todos los médicos afiliados al SMU tienen derecho a
acceder al trabajo en el CASMU mediante métodos de selección que den garantías
a todos los aspirantes y permitan escoger a los más aptos para las funciones a
desarrollar.
Esta reformulación cabe extenderla
a las relaciones con empresas médicas y decir en este caso: todos los médicos
constituídos en empresa que usan tecnología médica a efectos diagnósticos o
terapéuticos podrán trabajar en el CASMU en función de la calidad de sus
servicios, de sus costos (sin que ello signifique sacrificar calidad por precio)
y de las necesidades de la institución.
Los trabajadores no médicos del
CASMU parecen no querer ayudarlo. Conciben la institución como podría
concebirse a la Cámara de Industrias por ejemplo; es decir, como si estuviera
dirigida por una patronal que usufructúa el sistema no que lo padece.
Sin embargo, consideramos correcto
pensar que el carácter sindical de su gobierno, las peculiares características
del Sindicato Médico del Uruguay, única entidad de profesionales
universitarios intervenida por la dictadura, la ausencia de fines lucrativos,
determinan que a pesar de las contradicciones que albergue, el CASMU puede ser
realmente la vanguardia de la lucha por modificaciones trascendentes en el
sector salud.
Los funcionarios no ubican ni
interpretan al CASMU dentro del sistema que lo condiciona, en el que debe
actuar. Simplemente lo identifican con él, en una simplificación política de
graves consecuencias.
Ellas se expresan en su propia
plataforma reivindicativa que recoge exclusivamente aspiraciones de tipo económico
inmediato y carácter marcadamente oportunista.
El CASMU ha sido generalmente
sensible a las reivindicaciones de sus funcionarios.
Determinó por motu propio un
aumento salarial poco tiempo después de que reasumieran sus autoridades
naturales. Fue la primera institución en el país que restituyó a trabajadores
destituídos por la dictadura. En fin las remuneraciones que paga respetan y
superan lo que se estipula para el sector.
Estos hechos sustantivos no parecen ser evaluados a la hora de plantearse la
reinvindicación de alguna ventaja adicional. Se está generando ¿o ya estaba
generado? el linaje de una clásica trade union.
EN SUMA, la actual situación
financiera del CASMU con un déficit mensual acumulado del 20% de su presupuesto
determina que o logramos revertir la situación o ésta se hará progresivamente
más grave comprometiendo la viabilidad de la institución.
Habida cuenta del inmovilismo
determinado por el Poder Ejecutivo para el sector salud, el CASMU constituye por
su potencialidad económica, su gran magnitud institucional, su propia
naturaleza, el sitio en el que fuerzas sociales progresivas puedan ejercer su
capacidad de decisión para crear modelos estructurales operativos orientados a
un futuro servicio nacional de salud.
Para ello, el primer paso es
sanearlo económicamente.
Se trata de una gran tarea
colectiva que supone distinguir ‘las voces de los ecos’, aglutinar fuerzas
afines, identificar los adversarios.
En otras palabras, contar con un luchador sano y fuerte en el ring y un buen equipo en el rincón