COMENTARIO EDITORIAL

Volumen 8 Número 1 - Marzo de 1985

    EL SECTARISMO: ENFERMEDAD POLÍTICA DEL GREMIALISMO

        Dr. Roberto Avellanal

La reiniciación de la vida gremial ha traído nuevamente al plano de la atención el problema de la politización de los gremios. Politización y aún peor, sectarización, degradación de lo político. Hay verdades obvias que sin embargo merecen recordarse. Recordar por ejemplo que deben deslindarse campos, el político para la política y el gremial para lo gremial. En aquel caben divisas, partidos políticos y sectores de los mismos, en éste en cambio pueden caber corrientes de opinión político-gremial pero no cabe sin duda que se lleve a él la lucha de partidos y sectores del campo político. Si no fuese así, si no fuesen dos campos distintos con distintas realidades y diferentes metodologías, no serían necesarios los gremios, habría solo partidos políticos.

Vemos entonces con profunda alarma el traslado progresivo del campo político al gremial. Traslado que pretende incluso que los caudales electorales en noviembre de 1984, dan derechos adquiridos en la vida gremial.

En la vida gremial los derechos se adquieren con presencia, con militancia seria, con contracción al trabajo y responsabilidad.

El predominio de los criterios político-sectoriales progresivamente sustituye el análisis de los problemas, la ponderación de las conductas, la profundización en los grandes temas del acontecer gremial, por el prejuicio, por la orden compartida, la disciplina política, la maniobra y el cálculo.

Entonces tampoco importa el gremialista como tal, cuanto y como ha trabajado, con que conducta, cuanto sabe. Lo que se valora es a que grupo pertenece o a que sector de cual partido político. Dejemos claro aquí que creemos que ningún ser humano, en ninguna circunstancia, puede despojarse de su ideología, como tampoco puede dejar de lado su escala de valores, su concepción de la vida. Las lleva consigo como su hígado o sus pulmones e impregna con ellas todo su quehacer. En un gremio coinciden entonces todas las ideologías, convergen las más diversas posturas filosóficas y políticas. Concepciones políticas y filosóficas, ideológicas, que tiñen permanentemente el análisis de los problemas generales y el estudio de los propios y específicos problemas gremiales. Así debe ser, esto es enriquecedor, quien gana con esto es el gremio todo. Se debe comprender asimismo que en los gremios existan grandes corrientes de pensamiento político-gremial y que esas corrientes se expresen en las elecciones y en la vida gremial misma. Lo que no se comprende es la sectarización política, el afán de predominio de una banderita sobre la otra, la sustitución del análisis y el consenso por el afán del predominio.

Queda por el camino el razonado cambio de ideas, la mira puesta en metas comunes y sobre todo la imprescindible unidad para enfrentar enemigos comunes.

Quedan también por el camino magníficos gremialistas, gente de probada honestidad, inteligencia y contracción al trabajo gremial. En las bases del gremio entre tanto los militantes se unen fácilmente. En el lugar de trabajo, en el quehacer cotidiano, donde todos se conocen, la escala de valores es otra. No importa tanto el color político sino la conducta personal, la preocupación cotidiana por el beneficio colectivo.

Es cuando empieza la lucha por el ‘poder’, por la parcela de poder que da estar sentado en una Comisión Directiva, del nivel que sea, cuando empieza a jugar el pro y el anti, el sectarismo al fin.

Los partidos políticos desde sus propias bases y particularmente quienes tienen la responsabilidad de la conducción, deberán prestar su atención a este problema que creemos grave. Grave porque no hace a mejorar la vida gremial, sino a perjudicarla, creando luchas y enfrentamientos allí donde deben estarse buscando el consenso y la unidad por las mejores soluciones, por los objetivos comunes.

Estas reflexiones pretenden ser un alerta, un llamado al análisis del problema. De pronto tan sólo un lamento de quien por tratar de mantener conductas que son tradición en la vida gremial del país y particularmente de nuestro Sindicato Médico, está quedando en la orilla del devenir histórico.

El futuro dirá.  


COMENTARIO EDITORIAL

Volumen 8 Número 2 - Mayo de 1985

LA FACULTAD DE MEDICINA Y LA UNIVERSIDAD EN LA HORA ACTUAL. RESPONSABILIDADES Y DESAFIOS.

Prof. Dr. Carlos A. Gómez Haedo

El 4 de marzo fueron investidos los representantes de los distintos órdenes que una Ley de Emergencia aprobó en tiempo récord (una sesión en Diputados y una sesión en cámara de Senadores).

Con ello se evitaba una intervención del nuevo gobierno y se reconocía de entrada por todos los partidos políticos, la autonomía universitaria y el co-gobierno de los órdenes, como un hecho histórico irreversible.

Fue una solución "a la uruguaya" fruto de la concertación de Partidos Políticos, Sectores Gremiales y Fuerzas Sociales. Pero fundamentalmente fruto también y primordialmente de la lucha tradicional de los sectores gremiales universitarios.

Allí se estipulaban nuevas elecciones con los padrones electorales regulares y los gremios y órdenes funcionando normalmente.

No vamos nosotros a analizar por qué se aplicó un provisoriato al gobierno central, el Parlamento. Pensamos que existieron razones de índole política, pero no de alta política, para explicar esta decisión

Cuando se instaló la Universidad habían sido designados ya y fueron confirmados el Rector Lichtensztejn, el decano de la Facultad de Medicina Pablo Carlevaro, y otros prestigiosos decanos como Pérez en Derecho, Reverdito en Arquitectura, Arbiza en Agronomía. Ellos habían estado ausentes durante la investidura por haber sido injustamente perseguidos y requeridos por la dictadura.

Poco tiempo después estudiantes, docentes y egresados dábamos un apretado abrazo a nuestro decano, entrañable amigo, que representaba el espíritu indoblegable de la Universidad exiliada y escarnecida.

Muchos, como Carlevaro dice, habíamos tenido la ‘misma escuela’, pero lo emocionante fue ver convocados por sus Gremios a estudiantes e incluso trabajadores universitarios, de AFUR o docentes jóvenes de ADUR que no conocían a su viejo-nuevo decano. Era la primera vez que lo veían, y lo saludaban como símbolo de la resistencia.

Esas autoridades desde el Consejo Central y las Facultades comenzaron una febril actividad. Numerosas comisiones trabajaron e informaron. Mientras se analizaban los ‘escombros’ de la destrucción, con Institutos y Servicios devastados, se debió enfrentar a una asfixiante situación económica y a un desorden administrativo generalizado, con una burocracia crecida enormemente en los cargos superiores; con una masiva transformación en cargos de confianza, etc. Se votó entonces una ordenanza o estatuto para el personal docente y otra para el personal no docente.

Se reincorporaron progresivamente los destituídos que podían y querían volver; pero, se vio pronto que éramos minoría.

Así en Medicina de 1050 docentes solo se restituyen 150 a 180. Una nueva Facultad había nacido y funcionado durante el período de la dictadura. Con una formación distorsionada sí, con profundas carencias sí, pero con un deseo inmenso de recuperación en la mayoría de sus integrantes.

Porque auténticas vocaciones y esfuerzos también se realizaron durante este período, pese a la situación y a la propia acción de las autoridades del régimen. Si bien existieron traiciones, defecciones y debilidades, pronto  vimos, muchos de los que nos vimos obligados al difícil trabajo de la reconstrucción que una visión puramente clasificatoria de buenos y males, o maniquea habría de originar más problemas que los que ya existían.

Y lo que a veces puede parecer debilidad creemos que es más bien fortaleza, porque es impostergable el trabajo de la reconstrucción moral, el esfuerzo de material, y funcional de nuestra Facultad y Nuestra Universidad, con el esfuerzo de la mayoría y con los órdenes constitutivos funcionando responsablemente.

En setiembre la Universidad volvió a realizar por mandato de la ley, nuevas elecciones y con matices los órdenes eligieron por amplia mayoría un 70% del total a las listas gremiales.

La elección Universitaria fue estimulada por los sectores políticos y en especial por aquellos que criticaban específicamente ‘la intromisión política’ y todos los sectores terminaron haciéndolo. Era un fenómeno desconocido para el Uruguay que parcialmente ya fue analizado y criticado por Roberto Avellanal en otro Editorial.

Personalmente habíamos impugnado en alguna charla con estudiantes de ASCEEP, antes de ingresar al trabajo de reconstrucción y justamente invocando una auténtica posición política, y desde ella, que no debíamos ‘argentinizar’ al movimiento estudiantil uruguayo. Que esto significaba revisar todo un pasado de importantes conquistas y sustituirlo por un partidismo cada vez más fragmentado trasladando a otras esferas de decisión lo que es irrenunciable de los órdenes.

No se trata de ‘desideologizar’ la Universidad, sino de ‘despartidizar’ y ‘desectarizar’ los gremios y sus representaciones.

Mientras debemos reconocer a fuer de sinceros que los órdenes y sus gremios han sentido en diversas formas el peso de la dictadura.

El gremio estudiantil había efectuado formándose sobre todo para la lucha (en la clandestinidad o semiclandestinidad de la misma), fruto de una implacable represión que con valentía enfrentaron.

La masificación numérica y el aislamiento que las circunstancias impusieron se tradujo en una desactuación de los mismos. El ingreso por partidos y sectores políticos a los gremios, los desarticuló aún más. La falta de órganos de prensa estudiantiles amplios y de locales, así como el cambio de forma de vida, les significó mayor problemática a favor de las fuerzas centrífugas en lo gremial. Tenemos, sin embargo la seguridad de que resolverán todas sus dificultades en un proceso dinámico. Para el cogobierno esto es imprescindible.

A nivel docente la inseguridad creada por nuevas leyes que cuestionaron la legitimidad del acceso a los cargos, en este lapso, originó un comprensible temor y la reacción consiguiente a la defensiva. La forma en que se cuestiona el período de la intervención no podía significar la ignorancia de la resistencia interna, sin embargo siguieron gestándose vocaciones y desarollándose capacidades, con auténticos valores. La Universidad y la Facultad no debe excluir a los mismos; no lo hace ni lo hará.

Pero, las defecciones por el colaboracionismo oportunista retribuído con la prebenda de cargos y ascensos debe tener su sanción.

Afortunadamente fueron una real minoría que no cuenta en el numeroso plantel de docentes de nuestra Facultad.

Otros, sin colaborar, demostraron que los intereses universitarios no eran los primordiales frente al cultivo de sus intereses personales y materiales. Estos no pueden ser líderes docentes. Han realizado ya antes la elección de su verdadera vocación.

En cuanto al órden de egresado ha sufrido también un corte generacional, una falta real de sus tribunas y prensa auténticas, un enorme déficit de formación que explica por lo tanto, sus dificultades en organizarse y actuar gremialmente.

El enorme desempleo médico que condiciona un círculo vicioso, de dificultad de afiliación, déficit de acción, descreimiento y abstención; sumado a la desinformación de muchos, explicaría un triunfo parcial de listas no gremiales, armadas por los políticos de sectores conservadores tradicionales justamente en nombre de cerrar el paso a los que hacen política desde los gremios.

Seguramente no va a ser este sector el paladín de la defensa del empleo médico o de nuevas fuentes de trabajo. Algunos son ahora neogremialistas en viejos odres.

Este es el panorama real, de nuestros hombres, nuestros gremios, y nuestros órdenes que ha repercutido en el funcionamiento de la Facultad y la Universidad. Cuando en el Consejo Central Universitario se discutió cómo enfrentar la elección universitaria, fuimos optimistas, como también lo somos ahora de una desarrollo rápido de raíces, que nos posibilitan un nuevo crecimiento por el único camino que podemos elegir y en el que creemos: el de las mayorías.

Aquí estamos ahora nuevamente erguidos con inmensas responsabilidades como universitarios y ciudadanos de este país, tan desvastado por la dictadura.

Debemos hacer funcionar con agilidad, eficacia y con espíritu creador toda la organización universitaria para recuperar rápidamente nuestra capacidad de investigación, docencia y extensión.

Debemos evitar que la ‘horma’ de un Presupuesto que nos puede asfixiar consagre el mantenimiento de un bajísimo nivel de rendimiento técnico-científico y desprofesionalice y mediatice aún más nuestro sacrificado cuerpo docente.

Es imprescindible aproximarnos al 25% del Presupuesto general en Educación.

Pero también debemos tener el valor de desmontar arcaicos Institutos y modelos que no se adecuan al desarrollo nacional, cambiándolos cuando sea necesario hacerlo y cuantas veces la época y las necesidades lo demanden.

Debemos crear nuevos caminos en el campo de la Salud, la Atención Primaria, de la Informática en la adecuación del pre y post-grado a un Plan de Salud Nacional Imprescindible; con utilización de capacidades instaladas fuera del ámbito de Salud Pública y del H. de Clínicas; así como con la descentralización de la docencia hacia el interior del país, para elegir solamente algunos ejemplos.

Esto es sólo una breve reseña de los impostergables desafíos a los que nos enfrentamos hoy.


COMENTARIO EDITORIAL

Volumen  8 Número  3 - Julio de 1985

POLÍTICA DE SALUD

Dr. Hugo Dibarboure

Transcurrido ya casi este año 1985 puede decirse con completa objetividad que el Poder Ejecutivo (PE) no tiene interés en introducir cambios sustanciales en el sector salud. Su política ha sido de la omisión, es decir el que todo siga como está, con el agravante de que el vis a tergo conduce a comprometer progresivamente los servicios que se prestan.

Los 12 años de dictadura nos han enseñado entre otras cosas que aún los actos de apariencia más absurda e irracional son racionales y tienen un objetivo. Por eso entendemos que esta omisión es deliberada. El PE resolvió de entrada no modificar el sector. Por eso el documento final de la CONAPRO contó con la aprobación de los tecnócratas ubicados en la primera línea de negociación pero no con la de la cúpula política del partido de gobierno.

Se podría pensar a priori que el sector salud ofrece al PE un campo donde tiene mucho que ganar y poco o nada que perder. Mucho que ganar porque se trata de un sector especialmente propicio para dar rédito político atenuando en él el costo social que determina la política económica seguida por el propio PE. Mejorar servicios y reducir la conflictividad laboral del sector parecen objetivos modestos y posibles. Nada que perder porque es muy difícil pensar en un desastre mayor que el que se observa y perpetúa.

Si el primer signo de la opción porque todo siga como está fue la abstención de firmar el documento final de la CONAPRO, el segundo fue la designación del Sr. Ministro. El Dr. Ugarte como es notorio no tiene experiencia en el manejo de la red pública ni otra actividad médica que la cirugía vascular; tiene vinculación importante con algunas IAMC y procede del Partido Nacional aunque no pueda considerársele un hombre de partido. Estos datos pueden interpretarse al cabo de este año como por otro índice del interés de que todo siga como está, sin necesidad además de cargar con una culpa adicional.

El tercer signo reiteradamente advertido es la falta de relación entre objetivos enunciados desde el Ministro y los hechos concretos. La primera dificultad para que se haga lo que se dice radica en el propio Ministerio. El conjunto de jerarcas actuantes no parece ser homogéneo. A veces se enuncian posturas progresistas respecto de un eventual sistema nacional de salud pero a la vez se producen propuestas concretas de formas de atención médica producto de concepciones claramente mercantilistas. Otras veces sin embargo, salvada la instancia ministerial, parece surgir otra si no presidencial por lo menos supraministerial que es donde al fin se ejerce la capacidad de decisión. Como si el cirujano vascular fuera by-passeado.

Son notorias las vinculaciones directas de importantes hombres del partido de gobierno con algunas IAMC y con las transnacionales del medicamento. A ellas corresponde atribuir la instancia supraministerial de que hablamos. Una especie de ‘cortina metálica’ que va a cada pelota en cualquier lugar de la cancha y mantiene libre de preocupaciones sanitarias el área presidencial.

El Sr. Ministro como si mirara el partido desde la tribuna.

La biopsia que certifica el diagnóstico previamente enunciado es lo ocurrido con las IAMC críticamente desfinanciadas. El Ministro elaboró un proyecto para las mutualistas acogidas en un plan común por la condición de críticamente desfinanciadas con que ellas mismas se habían calificado.

La Dirección General de Salud del MSP llegó a la conclusión de que la única opción viable que además podía ser instructiva y de interés para el futuro era la fusión de todas ellas en un solo organismo de atención médica que permitiera efectivamente coordinar y racionalizar servicios, aprovechar mejor la infraestructura existente, determinar las bases de relación con entidades oficiales a efectos de elaborar una política nacional del medicamento, democratizar las instituciones, sanearlas de vicios, echar a andar hacia el sistema nacional comprometiendo la política de salud del estado en ese sentido, con la participación directa del MSP y del Ministerio de Economía en la gestión del proyecto.

Pareció que por primera vez no se escuchaba un discurso más; que al fin se ofrecía un cauce, un trillo por donde comenzar a transitar hacia formas superiores de la coordinación de servicios de salud en el país. Un trabajo ambicioso, plagado de dificultades, de resultado incierto, pero un cauce al fin donde actuar y dejarnos de repetir los eternos discursos con que nos castigamos mutuamente cuando nos reunimos a hablar sobre temas de la salud. Un desafío, un compromiso mayores.

Fuimos ingenuos. Se trataba de otro discurso más. De aquel proyecto ambicioso cuya importancia y viabilidad pueden medirse por el grado de la reacción que despertaron, se pasó en sucesivos descensos degradantes a la decisión final que consagra que todo siga como está; la inoperancia completa. El MSP sabe que las mutualistas críticamente desfinanciadas caminan hacia la liquidación, que ello supone fuentes de trabajo seriamente comprometidas, que supone también la probable absorción de usuarios pero no de trabajadores por las grandes instituciones del sector; en fin que todo ello supone por lo tanto alta conflictividad laboral potencial. El MSP sabe perfectamente todo esto pero procede como si esos hechos le fueran ajenos.

Si en vez del problema de las críticamente desfinanciadas nos ocupáramos del presupuesto o de lo que el MSP entiende por Atención Primaria de Salud, a la que adjudica prioridad, a propósito de la que monta escenografías comparables en su magnitud a la pobreza exhibida en la representación; si comparamos en cada caso lo que se dice con lo que se hace, llegaríamos a la misma conclusión.

Así pues, las previsiones en el sector salud son de que el PE pretende que todo siga como está.

El SMU no ha establecido en forma explícita una estrategia definida para actuar en el sector salud. Su actuación es de respuesta a las solicitaciones del medio. En el MSP participa donde no se decida nada para que se diga que participa. Ha integrado e integra comisiones diversas: las de Residencias Médicas, Mutualismo, Salud Mental, Atención Primaria, Trabajo Médico y alguna otra que se me queda en el tintero.

Generalmente, como si la institución no tuviera memoria, se ha reiterado la metodología en la consideración de los temas tratados. Ella consiste en montar reuniones amplias, multidisciplinarias, donde los que saben vierten los mismos conceptos que escuchamos desde hace años, adaptados a cada caso.

Tienen otros dos caracteres comunes: no inciden en las decisiones y no crean herramientas de trabajo en cuanto que sus formulaciones no pasan de ser la expresión de buenos deseos.

El SMU se desgasta donde no produce. Proporcionalmente presta mucho menos atención al CASMU dicho sea con el mayor respeto por su Junta Directiva, sometida a un gran esfuerzo. Allí es, sin embargo, donde tiene su propio e irrenunciable desafío, donde también la omisión es política.

Dicen por ahí enfermitos de la ‘enfermedad infantil’ que el CASMU es una empresa. No consultan ni al diccionario. Empresa significa acometer, intentar, meterse en; es una acción donde hay trabajo y dificultades. El CASMU es, sin duda, la gran empresa del SMU; el sitio donde debe tratar de dar corporeidad a sus ideas conforme cuando lo creó.

El calificativo de grande alude al volumen de la institución y a la magnitud del trabajo y de las dificultades. Ellas radican en la propia institución, pero también, condicionándola en un grado que no podemos medir sino simplemente diciendo que es muy importante, en un medio competitivo con una concepción mercantilista de la salud que le es hostil por definición.

La importancia económica del CASMU no es ajena a la actual campaña periodística contra el SMU. Los enemigos de la institución lo son no por las declaraciones que podamos hacer, que esas no hieren, sino por la existencia del CASMU en el mercado de salud. La deuda con las transnacionales del medicamento es tal vez la mejor arma para amenazarnos, amedrentarnos, mantenernos a la defensiva, enfermarnos financieramente.

Conforme el SMU pensó una vez el CASMU tendría hoy que repensarlo. La posesión gremial es decir colectiva se interpreta con excesiva frecuencia como grupuscular, para no decir individual. Cada decisión es recurrida como si fuera posible que decisiones generales no afectaran a individuos.

Se mantienen estructuras que fueron válidas hace 50 años pero que no parecen serlo ya. Estructuras de gobierno de carácter normativo que de alguna manera deben profesionalizarse. Estructuras de gobierno ejecutivas cuya capacidad de mando no sea cambiar una carpeta de lugar sino dotar a la institución de una operatividad indispensable que sustituya la importante inercia que padece. En el CASMU también puede ocurrir que todo siga como está.

Estructuras de atención médica que se modernicen, que consideren de otra manera al usuario. La modificación estructural de la atención zonal parece prioritaria. En relación con ella cabe pensar en la eventual promoción de otras formas de prestación de servicios respecto de los que existe amplia experiencia en el sector público (atención materno infantil por ejemplo) pero que no se aplican en el privado. Y la exigencia de cierto rigor en el trabajo médico. ‘No se atiende a la gente. En recompensa, como revancha, como remedio de servicio para el usuario se procede siguiendo dos vías: medicando mucho (cuanto más caro mayor el efecto placebo) o internando’ (Noticias, mayo 1985).

Y en fin, el CASMU puede ser el terreno natural donde el SMU elabore una política de interrelaciones gremiales basada en hechos concretos, sin voluntarismos por un lado ni desinterés por la institución y molicie en el trabajo por otro.

En suma, consideramos que la respuesta del SMU a la política deliberada del PE de dejar todo como está en el sector salud, debe ser prestar mucha atención a su gran empresa. Sin necesidad de atribuirse prerrogativas propias de la Junta Directiva, el SMU tendría que tener otra participación allí donde sus delegados integran comisiones del CASMU. Tendría que tener asimismo una visión global de la política de salud para aplicarla en su propio caso concreto, porque las grandes decisiones serán políticas, es decir en este caso, gremiales.


COMENTARIO EDITORIAL

Volumen 8 Número 4-5 - Diciembre de 1985

‘YAPOR’

Dr. Hugo Dibarboure

Hace muchos años oí contar a Constancio Castells la historia de "YAPOR".

‘YAPOR’ era un hombre gigantón, bondadoso, que se ganaba la vida como luchador de lucha libre y como donante profesional de sangre, según se estilaba en la época.

Se hacía las extracciones después de cada combate porque así no lo afectaban. Esa era la pretensión. Paulatinamente, sin embargo, Yapor entró en insuficiencia cardíaca y se hizo habitué de una guardia del Maciel; la de Constancio Castells.

Probablemente desde entonces las extracciones fueron sangrías sin la retribución correspondiente pero en cambio la guardia extendió su área operacional hasta la esquina del luchador en el ring. Allí evaluaban entre round y round la arritmia completa, la frecuencia ventricular y los estertores basales. Tal vez junto a las ligaduras para los cuatro miembros y la Ouabaína Amaud aconsejaban en función de los hallazgos clínicos: ‘liquidalo antes del 5to. porque en el 6to. vas a estar muy jodido’.

Fidelidad en cada combate hasta que Yapor perdió el último y murió en el Maciel.

En estos días finales del verano, mientras caminaba diariamente al trabajo atravesando el esplendor verde del Parque de los Aliados, comencé a recordar la historia de Yapor. Me imaginaba la guardia en algún local de peleas, en la Ciudad Vieja, bronco y humeante, su comunicación con Yapor; las miradas, los gestos, la relación silenciosa dentro de aquel boliche.

Me esforcé en recordar los detalles de la situación en que oí a Castells referir la historia. Finalmente, logrado lo anterior en varios días sucesivos, llegué a abordar la psicogénesis del recuerdo.

 

¿Por qué este viejo recuerdo que tenía sepultado desde añares en la memoria sin extraerlo a la luz, sin recorrerlo morosamente como ahora, afloró en ese momento?

 

No daba con la respuesta. El cuarto día que caminaba por el recuerdo y el parque me sorprendió la frenada de un auto, me interrumpió las cavilaciones para terminar con ellas porque súbitamente, vuelto a la realidad, en el momento en que saltaba a la vereda tuve la revelación de que Yapor era como el CASMU y que observar a éste desde dentro y el nombre institucionalmente epónimo de Castells fueron los hechos que me indujeron la asociación; me tiraron del ovillo.

En el ring digamos que el sistema. Sistema es un conjunto ordenado de normas y procedimientos con que funciona o se hace funcionar una cosa; en este caso el país.

El sector salud integra este sistema y por lo tanto sufre las consecuencias del funcionamiento que aquel determina. Sufre fundamentalmente la política económica que el país se ha dado y la voluntad de que nada cambie en el sector. ‘El Poder Ejecutivo no tiene intenciones en introducir cambios sustanciales en el sector salud.

Su política ha sido la de la omisión, es decir, "el que todo siga como está", como decía con fundamentos el anterior editorial de Compendio.

Los epifenómenos del sistema, se expresan diversamente en el sector salud.

- Las Instituciones oficiales desfinancian. Lo hacen con la pertinacia propia de una política expresa.

-          La seguridad social paga menos de lo que corresponde promediando costos de Instituciones que prestan muy diferente calidad de servicio; tampoco paga el 100% de ese promedio.

-          Finalmente difiere pagos sin reparar financieramente del daño que ocasiona.

 

- Dinacoprin financia solo aumentos salariales pero no los insumos. Como si el recibo mutual entrara en la canasta familiar pero el costo de los medicamentos no, por ejemplo. Estos no tienen dificultad en conseguir mayores precios, como si no afectaran la cuota del abonado ni tuvieran ya utilidades ¿de cuánto?, ¿del 100%?

Estamos endeudados con las transnacionales del medicamento. En el CASMU consumimos en este rubro algo menos del 30% del presupuesto mensual, alrededor de UN MILLÓN DE DÓLARES AL MES, y podemos pagar solo una parte de esa cifra monstruosa que en su mayor parte se va del país.

Las transnacionales del medicamento alternan con nosotros la rienda larga y la rienda corta sin que hayamos podido quitarnos el freno, entre otras cosas porque el sistema determina que vayamos enfrenados. Rienda larga para aumentar consumos aunque ello genere deuda. De vez en cuando, como en este momento, rienda corta exigiendo el pago. Saben perfectamente que aumentar consumos y pagar al día es una pretensión contradictoria e imposible. Pero saben también que con ese juego aseguran nuestra dependencia, y lo practican a conciencia. La deuda con las transnacionales del medicamento debe concebirse como el fenómeno local que expresa en el CASMU el problema nacional de la deuda externa.

Fuera del ring el gigantón bondadoso lo ha sido históricamente con todos, en una generalidad que desvirtúa la bondad.

Las bases ideológicas y económicas sobre las que se creó el CASMU hace 50 años  no pueden ser las de hoy. Tal vez lo correcto sea decir que deben interpretarse en función de la evolución del mundo, del país, de la propia institución en este medio siglo, y de acuerdo a ello reformularse.

Con frecuencia los problemas que plantean técnicos vinculados al CASMU responden a una óptica individual o grupuscular. A veces se han resuelto con esa óptica no con la del CASMU.

Parece llegado el momento de modificar esta actitud en la medida en que está cuestionada la viabilidad de la Institución.

Esta visión individualista o corporativa tal vez alimentada en la génesis de la Institución, se ha expresado sobre todo en la defensa de intereses económicos pero también en la modalidad del ejercicio profesional. El hecho de centralizar cargos y crear estructuras cuyas denominaciones suponen una labor colectiva coordinada no ha modificado aquella situación sino solamente en la medida que cristalizó dotaciones de personal ya sobredimensionadas en el origen. Llamamos departamentos a estructuras que funcionalmente no lo son y equipos al trabajo individual realizado junto a otros. Ello determina la ausencia de una responsabilidad común ante problemas colectivos del grupo; el trabajo realizado según la responsabilidad individual de cada uno.

En la misma medida impide la creación de pautas de conductas comunes, la evaluación de las actuaciones, la investigación científica; es decir, se proyecta negativamente sobre la propia atención médica en cuanto que ésta se enriquecería con las carencias señaladas.

El CASMU no puede ser la solución laboral de todos los médicos.

Pensar en contrario es simplemente mantener una posición utópica. Una institución cuyos afiliados son el 10% de la población del país no puede albergar laboralmente al 100% de los médicos.

El problema laboral de éstos depende del sistema, sus soluciones deben ser nacionales.

En función de lo que antecede cabe reformular el principio según el cual el CASMU debe ser una institución abierta y decir en cambio: todos los médicos afiliados al SMU tienen derecho a acceder al trabajo en el CASMU mediante métodos de selección que den garantías a todos los aspirantes y permitan escoger a los más aptos para las funciones a desarrollar.

Esta reformulación cabe extenderla a las relaciones con empresas médicas y decir en este caso: todos los médicos constituídos en empresa que usan tecnología médica a efectos diagnósticos o terapéuticos podrán trabajar en el CASMU en función de la calidad de sus servicios, de sus costos (sin que ello signifique sacrificar calidad por precio) y de las necesidades de la institución.

Los trabajadores no médicos del CASMU parecen no querer ayudarlo. Conciben la institución como podría concebirse a la Cámara de Industrias por ejemplo; es decir, como si estuviera dirigida por una patronal que usufructúa el sistema no que lo padece.

 

Sin embargo, consideramos correcto pensar que el carácter sindical de su gobierno, las peculiares características del Sindicato Médico del Uruguay, única entidad de profesionales universitarios intervenida por la dictadura, la ausencia de fines lucrativos, determinan que a pesar de las contradicciones que albergue, el CASMU puede ser realmente la vanguardia de la lucha por modificaciones trascendentes en el sector salud.

Los funcionarios no ubican ni interpretan al CASMU dentro del sistema que lo condiciona, en el que debe actuar. Simplemente lo identifican con él, en una simplificación política de graves consecuencias.

Ellas se expresan en su propia plataforma reivindicativa que recoge exclusivamente aspiraciones de tipo económico inmediato y carácter marcadamente oportunista.

El CASMU ha sido generalmente sensible a las reivindicaciones de sus funcionarios.

Determinó por motu propio un aumento salarial poco tiempo después de que reasumieran sus autoridades naturales. Fue la primera institución en el país que restituyó a trabajadores destituídos por la dictadura. En fin las remuneraciones que paga respetan y superan lo que se estipula para el sector.


Estos hechos sustantivos no parecen ser evaluados a la hora de plantearse la reinvindicación de alguna ventaja adicional. Se está generando ¿o ya estaba generado? el linaje de una clásica trade union.

EN SUMA, la actual situación financiera del CASMU con un déficit mensual acumulado del 20% de su presupuesto determina que o logramos revertir la situación o ésta se hará progresivamente más grave comprometiendo la viabilidad de la institución.

Habida cuenta del inmovilismo determinado por el Poder Ejecutivo para el sector salud, el CASMU constituye por su potencialidad económica, su gran magnitud institucional, su propia naturaleza, el sitio en el que fuerzas sociales progresivas puedan ejercer su capacidad de decisión para crear modelos estructurales operativos orientados a un futuro servicio nacional de salud.

Para ello, el primer paso es sanearlo económicamente.

Se trata de una gran tarea colectiva que supone distinguir ‘las voces de los ecos’, aglutinar fuerzas afines, identificar los adversarios.

En otras palabras, contar con un luchador sano y fuerte en el ring y un buen equipo en el rincón

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