Una Universidad constituye una
propuesta cultural, la más alta, que un país se ofrece y ofrece a sus
habitantes, en el plano o nivel de la enseñanza superior. Constituye una
vertiente por donde corre una corriente a veces lenta, otras impetuosa que va
nutriendo con su limo y va a su vez incorporando material de sus orillas y sus
vertientes naturales en tal forma que país y Universidad se interpenetran y se
intercambian. Esas corrientes unas veces visibles y otras subterráneas –como
la de la enseñanza en general, pautan conductas, o maneras de pensar y de
actuar de una nación. Por ello en esta época designada por algunas de sus
características como “era científica” “post-industrial” “tecnotrónica”
“cibernética”, etc., las naciones preocupadas más por el impacto de las
ciencias en el desarrollo han concentrado esfuerzos y economías en las
Universidades como centros de irradiación cultural y de creación científica y
tecnológica.
Nos interesa a nosotros analizar
ahora el papel de la Universidad y la forma de realización o desarrollo del
mismo en nuestro ambiente.
Veamos cómo define la Universidad
su propia función a través del enunciado de su ley orgánica de 1958. Esta
nació de una larga experiencia universitaria, fue analizada libremente y con
toda amplitud en sus Claustros y en especial en el Claustro General y fue
discutida también, amplia y libremente en el Parlamento. Este a su vez incorporó
a través de un juego democrático natural aspectos que significaban –en ese
momento- el consenso general de la nación.
Dice la Ley Orgánica de 1958, en
su artículo 2º: Fines de la Universidad: ‘La Universidad tendrá a su
cargo la enseñanza pública superior en todos los planos de la cultura, la enseñanza
artística, la habilitación para el ejercicio de las profesiones científicas y
el ejercicio de las demás funciones que la ley le encomiende. Le incumbe
asimismo, a través de todos sus órganos, en sus respectivas competencias,
acrecentar, difundir y defender la cultura, impulsar y proteger la investigación
científica y las actividades artísticas, y contribuir al estudio de los
problemas de interés general y propender a su comprensión pública; defender
los valores morales y los principios de justicia, libertad, bienestar social,
los derechos de la persona humana y la forma democrático-republicana de
gobierno’.
De acuerdo a esta definición de la
Ley Orgánica de 1958, la Universidad desarrolla su labor educadora en todo el
ámbito de la cultura superior y no sólo a través de las profesiones científicas
que han constituido el objetivo tradicional, sino también en el campo de las
actividades artísticas dicotomizadas arbitrariamente de las actividades científicas,
por el pensamiento predominante. Se señalan así varios fines que reiteramos en
su enunciado porque recogen aspectos tradicionales de nuestra Universidad:
a) la defensa y acrecentamiento de
la cultura.
b) el impulso y la protección a la
investigación científica y actividades artísticas,
c) la contribución al estudio de
los problemas de interés general y propender a la comprensión pública.
d) la defensa de los valores
morales.
e) la defensa de los derechos
individuales.
f)la defensa de la forma democrático-republicana
de gobierno.
Significa ello no una Universidad
aislada, situada sólo dentro de los altos muros de su propia institucionalidad
o encerrada en sus laboratorios, sus departamentos o sus aulas. No plantea una
Universidad engolada y orgullosa en la densa atmósfera de las humanidades; las
ciencias y las tecnologías; sino una Universidad dinámica, recibiendo el
bullicio no siempre respetuoso de la juventud de adentro y viviendo los
problemas de su país.
Supone inevitablemente, diálogo y
discusión junto a la técnica y la ciencia.
No puede concebirse la Universidad
en esta concepción como una oficina administrativa de mera referencia o como
una gran Bedelía encargada de cursos múltiples y efectora de órdenes emanadas
de un Ministerio.
Pero veamos para completar esta
definición la confrontación con la que hace el profesor Bernardo Houssay1
de relevancia indiscutible, no sólo en el ámbito científico y universitario
rioplatense sino latinoamericano y mundial. Dice el profesor Bernardo Houssay
referente al papel de la Universidad:
‘La Universidad tiene por misión
la formación intelectual y técnica en un plano superior y es el principal
centro de creación, coordinación, conservación y propagación de los
conocimientos. Sus funciones principales son: 1ª) crear nuevos conocimientos y
perfeccionarlos incesantemente por medio de la investigación; 2ª) propagar los
conocimientos mediante la enseñanza; 3ª) asegurar la salvaguardia y la
continuidad del patrimonio cultural y su defensa contra las fuerzas irracionales
o dogmáticas; 4ª) preparar los profesionales necesarios para las necesidades
presentes y futuras de cada país; 5ª) desarrollar hasta el más alto grado la
capacidad individual de cada uno de sus miembros; 6ª) inculcarles la cultura
superior, los sentimientos de libertad y dignidad intelectual, el amor a sus
semejantes y la noción de servir a la sociedad; 7ª) procurar que los
gobernantes y el pueblo comprendan y respeten la ciencias y la cultura y que
ayuden a las investigaciones científicas. La Universidad es el principal centro
de descubrimiento de verdades nuevas bien demostradas, las cuales se obtienen
mediante la investigación. Cronológica y jerárquicamente la investigación es
su función primera, pues hay que hallar primero los conocimientos para luego
enseñarlos y divulgarlos. Una escuela que no practica la investigación
fundamental no es verdaderamente universitaria, aunque pueda ser una buena
escuela profesional. En cambio, una escuela técnica que practica la investigación
fundamental tiene categoría universitaria. La ciencia busca la verdad mediante
un examen continuo (search and research) de los conocimientos. Es contraria a
los dogmáticos principios de autoridad -el magister dixit-, pues está basada
en el libre examen y discusión y en la demostración objetiva e imparcial hecha
por cualquiera. Por tales razones, la ciencia sólo puede vivir y fructificar en
un ambiente de libertad. Es indispensable la libertad de investigación, de
discusión y de expresión. La enseñanza universitaria no es una simple
transmisión de conocimientos adquiridos, sino que debe preparar a los alumnos
para que instruyan toda la vida, tengan iniciativa, juicio correcto, amor a su
profesión y que sean capaces de encontrar problemas nuevos y resolverlos
acertadamente.
El adelanto de la Universidad y de
un país depende de la existencia de investigadores originales que sirvan de guías
y ejemplos a la juventud. Ellos se forman con largo
esfuerzo metódico y son el capital más preciado de un país.’
De esta completa definición que
comparte como se observa los puntos de vista enunciados en el Art. 2º de
nuestra propia Ley Orgánica Universitaria subrayamos la enunciación y
diferenciación que hace el Prof. Houssay de la creación de los nuevos
conocimientos a través de la investigación científica, de la transmisión de
los mismos y de la de defensa del patrimonio cultural. Queda implícita la crítica
al simple profesionalismo como meta universitaria y la defensa de la libertad de
Cátedra y aprendizaje. Supone también el desechar lo que se ha llamado
“postura desarrollista” como opuesta a la postura “autonomista” que ha
sido tradicional en el Río de la Plata.2
No debemos olvidar que la libertad
de cátedra y la libertad de investigación ‘de discusión y de expresión’
que postula Houssay, fructifican, especialmente en un ambiente de autonomía. La
autonomía universitaria resume las condiciones que obran como medio natural
para el desarrollo de los fines que tanto la Ley Orgánica Universitaria de 1958
como la conceptual enunciaron del Prof. Houssay postulan como papel de la
Universidad. Este último análisis también despeja la confusión que se ha
establecido, y la falsa oposición en que el propio Ortega y Gasset ha caído
entre investigación científica y enseñanza. Este último consideraba
necesario independizar institucionalmente a la investigación, para evitar la
absorción del esfuerzo, en detrimento de le enseñanza. El criterio tradicional
de nuestra Universidad estampado en la Ley Orgánica de 1958, coincide con el
enunciado por el Prof. Houssay considerando que existe un enriquecimiento mutuo
entre investigación y docencia. Por ello se observa que en aquellas
universidades en que se pierden los cauces de la investigación, la docencia se
va desnutriendo progresivamente y termina mediatizada, repetitiva, sin alma e
inocua para el propio ‘desarrollo’ que se postula como fundamental.
1. Houssay, B. Ciencia y Tecnología
(OEA). 1955;V(19)
2. Pérez Piera, A. La encrucijada
universitaria, CLAEH.
Hay lugares que apenas se cuentan,
que ocurren a un costado de la historia, por fuera de la línea, casi, que se
extiende al recortar el mundo. Pero que decididamente no pueden ocultarse ni
dejar de existir. Lugares cuyo centro es puntualmente, una larga, densamente
trabada distancia hacia las cosas, una fila de ausentes, la desmesura del
esfuerzo en cada logro, lo apenas mensurable de lo que se consigue. Donde la
evidencia de la inmediatez no se aleja demasiado de la realidad, penetrándose a
veces, como una sola experiencia. Lugares donde vivir consiste en construir.
Para que quede hecho. Donde vivir no es parecerse a, sino la referencia natural
de lo que es. Donde la soledad es sólo una tarea de la identidad; de uno, de
los otros. En los bordes, lo necesario no siempre es perceptible, en verdad,
raramente lo es. Y éstas son dificultades mayores, sin duda, para su encaje en
lo que suele ser, por reiterado error ‘curricular’, aspiración, deseo,
legitimidad. Dificultad de encaje en lo que comprendemos. Hay lugares que están
lejos. Que están bien donde están. En los hombres que los pueblan.
Esto lo sabe bien el Dr. Héctor
Manuel Tobares, Director del Puesto Sanitario ‘A’ de Colonia Aborigen Chaco. Pero hay quienes lo ignoran, y aún
hay otros que esperan de algún modo que exista. Pues si bien es cierto que
‘hay mensajes cuyo destino es la pérdida’,
bastante más es cierto que "los mensajes perdidos inventan siempre
a quien debe encontrarlos" (Roberto
Juarroz).
Colonia Aborigen Chaco, 29 Nov 1982
AL SEÑOR
DIRECTOR DE REVISTA
COMPENDIO
SU DESPACHO
El motivo de la presente nota tiene por finalidad ponerme en
contacto con Ud. para que se vea la posibilidad de otorgar la suscripción en
carácter GRATUITO de la Revista Compendio la que será destinada a la
biblioteca del Puesto sanitario ‘A’ de Colonia Aborigen Chaco.
Para su conocimiento
y mayor ilustración éste Servicio se encuentra alejado de Centro
Bibliográficos de referencia (Biblioteca Universitaria y Hospitalaria) Es decir
la Ciudad de Resistencia se encuentra a una distancia de 150 km., existiendo 20
km. más para la Universidad de Ciencias Medicas de Corrientes
Me encuentro ubicado en el interior
del Chaco entre el Departamento 25 de Mayo y Quitilipi a 20 km. y 16 km.
respectivamente. Teniendo un acceso de 6 km. de tierra, los mismos que sus
caminos internos. La población a la que se le brinda atención es de origen
TOBA, con una mínima proporción de mestizos y criollos.
Como Ud. podrá apreciar las
publicaciones realizadas servirán para tener un contacto directo con los
avances terapéuticos, enfoques clínicos, guía de discusión y datos estadísticos.
Todos los que irían en beneficio del paciente de este Servicio.
Descontando desde ya con vuestra
colaboración, lo saluda muy atentamente,
Dr. Héctor Manuel Tobary
Director Puesto Sanitario ‘A’
Colonia Aborigen Chaco