Acteal
II. El
camino de los muertos
(Segunda
de tres partes)
1
El de mil novecientos noventa y siete fue un verano
mortífero. Pol Pot hizo ejecutar a su ministro de defensa Son Sen y a once miembros de la familia de
este, en Cambodia. El concejal del partido Popular Miguel Angel Blanco fue
secuestrado en Ermua y asesinado por un comando de Eta. El asesino serial Andrew Philip Cunanan mató a tiros al diseñador Gianni Versace, en
Miami. El último día de agosto murió la
princesa Diana de un choque
automovilístico en París; seis días después murió
Argelia registró las sucesivas masacres intraislámicas
de Darait Labguer: cincuenta muertos; Si Zerrouk: cincuenta; Oued El-Had :cuarenta;
Souhane: sesenta; Bení Ali: entre sesenta y cien; Rais: noventa y ocho; Guelb
El-Kebir: cincuenta y tres; y Benhala,
una aldea satélite de Argel, donde el
veintiuno de septiembre , luego de diez días de aullidos nocturnos de chacales,
animal que no existe en la región, comandos del
Grupo Islámico Armado tomaron el pueblo casa por casa y mataron a cuatrocientos lugareños, sin perdonar ancianos, mujeres y niños. (Wikipedia. The Free Encycplopaedia. Año 1997)
Al otro lado del mundo, en Los Altos de Chiapas, los
bandos rivales de San Pedro Chenalhó
preparaban el camino hacia su propia
masacre. La división de los pueblos había tomado el camino de la vendetta: el
camino de los muertos. En la entrega
anterior de Nexos hice la historia de esa fractura hasta fines del mes de
septiembre en que los comandos armados del EZLN y sus adversarios habían convertido la comarca de San Pedro Chenalhó en
un infierno de emboscadas recíprocas y
batallas incipientes. Durante el verano, la violencia hormiga de los pueblos se
había vuelto hormiguero. El otoño iba a ser violento y mortífero también.
El veintitrés de septiembre, día vaticano de San Andrés
Fournet, en el paraje de Narajantik alto,
un grupo de zapatistas detuvo a Manuel Vázquez Pérez, lo amarró a un árbol dos
horas y estuvo golpéandolo para obligarlo a entregarles unas armas que supuestamente
había escondido. Según
con privarlos de la vida si no ingresaban a las filas
del EZLN. ( …) Con esta amenaza los pobladores se vieron obligados a proporcionarles
alimentos y realizar guardias de vigilancia, por espacio de dos meses, hasta
que decidieron escapar del poblado y desplazarse a la cabecera municipal de Chenalhó (Procuraduría General de
El veinticinco de septiembre, de San Carlos de Sesse,
unos trescientos encapuchados zapatistas
llegaron a la comunidad de
Yabteclum a bordo de varios vehículos y
se reunieron en la cancha de basquetbol por espacio de hora y media. Advirtiendo
que José Pérez Gómez los observaba desde el techo de la escuela, pues los había oído venir por la carretera y
se asomó a ver qué pasaba, fueron a detenerlo para preguntarle “cuántas armas
había en su comunidad” y quién era ahí
“el cabecilla de los priístas”. “El agraviado logró zafarse de sus agresores
intentando huir”, dice
Al día siguiente, de San Cosme y San Damián, en la comunidad de Xucumumal fue asesinado el “simpatizante priísta” Lucio
Pérez Ruiz por
tres simpatizantes del EZLN con armas de fuego de
distintos calibres. La necropsia arrojó datos de que la víctima tenía lesiones
producidas por objetos cortocontundentes (machetes). El homicidio se perpetuó
en presencia de dos hijos menores de edad de Pérez Ruiz, quienes refirieron que
ese veintiséis de septiembre caminaban
de su lugar de trabajo rumbo a su domicilio y que tres personas les salieron al
paso. (Ibid)
Los pueblos armados aprovecharon la visita del
presidente Ernesto Zedillo a San Cristóbal de las Casas el primero de
octubre, día de Santa Teresita del
Niño Jesús , para formularle la insólita pero transparente petición de que emitiera un decreto para autorizar que
los pueblos hicieran lo que ya hacían:
“tener armas de fuego en sus casas para ‘su legítima defensa’” .
Casi a la misma hora que las autoridades de Chenalhó
pedían esto a Zedillo, el presidente
priísta del vecino municipio de Mitontic, Sebastián Rodríguez,
era secuestrado para exigirle el pago de veinticinco mil pesos como indemnización
por la muerte de tres simpatizantes zapatistas, asesinados dos meses atrás. El
alcalde pagó la suma y fue liberado. En la madrugada del día siguiente, dos de octubre, día de los Santos Ángeles de
El tres de de octubre, día de San Francisco Borja, fue amenazada de muerte en Chenalhó Irene Santiz Pérez, testigo
ocular del homicidio de seis jóvenes zapatistas, arrojados desde
siete individuos se
presentaron en el restaurante donde Irene labora y uno de ellos le dijo:
"Ay, Irene, siempre te mueres; como mataron a tus amigos, así vas a ser
tú. Si estás dispuesta a sacar a los que están en la cárcel no te mato". (CDHFBC)Camino
a la masacre. “Antecedentes” Los hechos constan en una carta enviada por la amenazada al propio CDHFBC)
Durante octubre y noviembre, dice
Gustavo Hirales, los habitantes de Los
Chorros y las comunidades cercanas siguieron armándose, al tiempo que aumentaba
su agresividad:
Lo que empezó como una labor de autodefensa
pronto se convirtió, por la propia dinámica de los enfrentamientos, en
actividades de ataque. Armados y con el pretexto de defenderse y de limitar a
los zapatistas, e incluso de recuperar
lo que les había sido despojado, empezaron a cometer ilícitos que poco a poco
se fueron haciendo más sistemáticos y diversificados.
La simpatía y el apoyo de las autoridades del municipio a este oficio de tinieblas
fueron claras:
Hubo una relación de
solidaridad y apoyo de parte de las autoridades municipales de San Pedro
Chenalhó hacia los grupos comunales de autodefensa. . . Existen testimonios de
personas que afirman haber visto al presidente municipal de Chenalhó, Jacinto
Arias, comprando armas en las colonias
Llamar a esto una
estrategia paramilitar suena exagerado, pero no hacía falta mucho más
para estimular mortíferamente la autodefensa de los pueblos. La peligrosidad de la situación era clara para
todos, incluido el gobierno estatal, en cuya actitud frente a la
escalada, sin embargo, parecía imponerse una vieja costumbre de omisión en materia de
pugna entre los pueblos indígenas, como diciendo: “las cosas de los pueblos se
arreglan entre los pueblos, las cosas de indios se arreglan entre indios. No
hay peor idea que meterse en ese
berenjenal”.
Manuel Anzaldo, ex guerrillero en los setentas, en
los noventas líder del partido cardenista en la región de Los Altos, refiere su
reunión con el entonces gobernador,
Julio César Ruiz Ferro, a finales de septiembre o principios de octubre
de aquel año:
Le dijimos a Ruiz Ferro: “Mira, gobernador: estos
cabrones (los priistas, los cardenistas) ya tienen armas. Es nuestra obligación
como partido decírtelo, y es nuestra obligación adelantarte de que está muy
grueso”. Dice Ruiz Ferro: “No, pues es que, ¿sabes? Mejor vete a ver al general
Castillo (comandante militar de la zona), y ahí ven qué onda. Yo no me puedo
comprometer a nada”. … Fuimos a ver a Renán (Castillo) y lo único que nos dijo
fue: “Miren: no te oí y no te vuelvo a oír, pero si me los topo ( a los armados), me los
chingo”. La realidad fue diferente porque sí se los topó (a los priístas y
cardenistas armados) y les quitó las armas, pero luego se las regresaron .
Inclusive por ahí hay unos oficios, muy
inocentes, donde los comisionados ( de los pueblos) firman solicitando que les devuelvan las
armas, porque son su única defensa. Así, con esa argumentación. Y los soldados
sabían que así era, que era la única posibilidad que tenían de salvar su vida”.
(Alejandro Posadas: Acteal: la
otra injusticia capítulo ‘La opción de la violencia’.
Manuscrito en preparación,. p. 40)
2
En el día vaticano de Francisco de Asís, cuatro de octubre de
mil novecientos noventa y siete, fue muerto un indígena priísta y otro herido
durante dos enfrentamientos con
zapatistas en los municipios de Tila y
Chenalhó. Al día siguiente, a las ocho de la mañana, fue herido “en las
inmediaciones de su ‘trabajadero’ de la comunidad de
fue atacada por un grupo de personas
provenientes de Los Chorros con un saldo de varias casas quemadas y el desplazamiento de cincuenta y dos
familias. (CDHFBC, p.23)
El asalto a la comunidad de
El 10 de octubre, día de Santo Tomás de Villanueva
Arzobispo, el municipio autónomo de
Polhó emitiò un comunicado diciendo:
nosotros, los zapatistas, no queremos mancharnos las
manos con sangre indígena, pues son nuestros hermanos, son nuestra misma gente,
nuestra misma sangre.
Se
declaraban listos para dialogar, con la
única condición de que la fuerza de seguridad pública fuese retirada.
El día quince
de octubre , de Santa Teresa de Jesús, una columna priísta se hizo presente en
la comunidad de Tzanembolom amenazando y disparando. Casi quinientas personas
del pueblo huyeron de él, mientras los agresores saqueaban sus propiedades y
mataban sus animales. Terminado el
saqueo, ausentes ya los agresores del pueblo,
cerca de cincuenta zapatistas
armados con pistolas y machetes entraron a Tzanembolom, rodearon el
domicilio y dieron muerte al ex zapatista
Gabriel Gómez Guillén y a su
sobrino, el menor Romeo Arias Gómez, dejando heridos también a José Eulogio Gómez Guillén, Lucio
López y Amílcar Arévalo. La familia
Gómez Guillén, según Hirales, “había militado en el zapatismo y desertado
posteriormente”. (Posadas y Flores: Acteal:
la otra injusticia, p. 8 ; CDH FBC Camino a la masacre. . . COMPLETAR)
p. 24; Hirales, Camino a Acteal,. p. 59)
El veintitrés
de octubre, de San Juan de Capistrano, un grupo de priístas/cardenistas,
acompañados de unos policías de la seguridad pública y a bordo de un camión de
tres toneladas propiedad del municipio
de San Pedro Chenalhó, agredieron con
arma de fuego al señor Manuel Santiz
Gómez en la comunidad de Las Láminas, de
la que salieron huyendo a las montañas, por estos hechos, veintiocho familias (ciento treinta
personas). (CDHFBC, Ibid. p. 25 e Hirales, Ibid.
p. 60)
El veinticinco de octubre, día de los
santos Macabeos, un grupo de treinta priìstas/cardenistas que volvían a Los
Chorros fueron emboscados a la altura
del paraje Majomut por un grupo de
encapuchados zapatistas, con saldo de trece heridos, entre ellos Antonio Etzin
López, Sebastián Gómez Arias, Abelardo Girón Luna, Juan Luna Etzin, Agustín Gómez
Negocios y Andrés Sánchez Jiménez, negándose las víctimas a
rendir hacer denuncias legales “sea por
evitarse los gastos y la rutina burocrática que ello implica, sea porque
confían más en sus propias formas de
hacerse justicia”. (Hirales : Camino a Acteal, p. 61. PGR “Informe
preliminar sobre la investigación de los hechos delictuosos ocurridos en el
municipio de Chenalhó, estado de Chiapas”.
Boletín 023/98, del 23 de enero de 1998, y “Cronología de eventos previos a la
masacre de Acteal”)
Tres escaramuzas fatales llenaron el día
veintisiete de octubre.
En el poblado de Canolal , en una secuencia de hechos difícil de
establecer, fueron agredidas por personas armadas los priístas Agustín
Ruiz Pérez y Elías Pérez Pérez, y un grupo de
priístas quemó viviendas y expulsó del poblado a los simpatizantes del
municipio autónomo de Polhó.
Ese mismo día, cuatro indígenas totziles fueron emboscados en la
comunidad de Joventic por un grupo de encapuchados zapatistas. Otros dos fueron
heridos, por agresores no identificados en Bajoventic, mientras iban camino a
su parcela a trabajar. Por la mañana, un
grupo armado proveniente de Los Chorros entró a la comunidad de Chimix
disparando al aire para amedrentar a la población, y destrozó y saqueó la tienda del señor Manuel
Pérez Luna, simpatizante zapatista ,
como la mayoría de los habitantes del poblado. Acaso como consecuencia de la maniobra violenta, acaso como su origen,
el mismo día fueron agredidos con armas de fuego en las inmediaciones de
Chimix los priistas Juan Pérez Pérez, Lorenzo
Ruiz Vázquez, Elías Pérez y Agustín Pérez Gómez . Sobre todo, ese día
desapareció, cuando iba a su casa “a
meter sus animalitos” el priista Benito Moreno Hernández, cuyo cuerpo apareció
, mutilado de los brazos, la espalda y el pecho, muchos días después, el trece
de noviembre. CDHFBC, (Camino a
lamasacre (COMPLETAR) 27 Hirales
61,63-4; PGR:
“Informe…” y “Cronología…”. )
La incursión antizapatista de Chimix se repitió al día
siguiente en lo que se ha calificado
como el segundo enfrentamiento armado de priístas y zapatistas. Según la versión del Sistema de Información Campesina,
esta segunda incursión parece haber sido “un ataque planeado al
campamento zapatista situado en la fracción Chimix, al lado de la ermita
católica del poblado, en el que se decía que había cerca de trescientas a
cuatrocientas gentes armadas”. Según
esta versión, la comunidad había invitado a los pojwanej a vengar la muerte de Lucio Vázquez Ruiz y la desaparición de Benito Moreno Hernández.
La
narración de los hechos sabe a
versión interesada, aunque de primera
mano:
Cuando llegaron, los zapatistas estaban jugando en el
campo de basquetbol. Rápidamente les avisaron que llegaban los pojwanej y corrieron por sus armas.
Alrededor de la ermita católica se dio el enfrentamiento. Alrededor de
treinta o cuarenta zapatistas
armados con AKs, M1, rifles 22 y escopetas. Los pojwanej eran seis de Los Chorros, dos de Chimix y dos de Canolal.
Ya para entonces tenían tres cuernos, una Uzzi uno, y los demás 22 y escopetas.
El enfrentamiento empezó a las 3 de la tarde y terminó cerca de las
5:30.Realmente no se conoció el resultado. Los pojwanej no sufrieron bajas pero varios zapatistas cayeron. Dicen que murieron diez o quince zapatistas
aunque los pojwanej dicen haber visto
caer a cuatro o cinco contrincantes. Como los zapatistas tenían trincheras para protegerse, los
priístas no pudieron entrar al campamento. De ahí salieron (los priístas) a
apoyar a los de Aurora Chica, a los que estaban atacando los de Xcumumal y
había muertos y heridos. Los de Aurora
Chica se habían organizado con los de Canolal y antes de que llegaran los pojwanej
de Los Chorros, se habían enfrentado con los zapatistas de Aurora y los
habían desalojado . Cuatro muertos aparecieron después de eso, dos milicianas y
dos insurgentes. (La crónica mencionada, puede leerse en “La historia reciente de Chenalhó y la
masacre de Acteal”, una reconstrucción de los hechos hecha por Manuel
Anzaldo, líder del partido cardenista en la zona. “La historia. . .” y otros materiales pudieron consultarse un
tiempo en el sitio electrónico, hoy
fuera del aire, del llamado Sistema de
Información Campesino (SIC). Una copia de los materiales del SIC
obra en mi poder y puede consultarse en el sitio electrónico de Nexos, en contigüidad con este
artículo.)
Ninguna de las bajas
zapatistas consta en los registros de seguridad pública, que sólo consignó como
heridos en el enfrentamiento, según el CDHFBC, a los señores Elías Pérez Pérez (24 años ), Agustin
Pérez Gomez (25), Lorenzo Ruiz Vázquez (26) y Juan Pérez Hernández (24). Se registran también en ese día dos emboscadas
con arma de fuego en el paraje de Chimix en las que perdió la vida César
Santiz Pérez, simpatizante priísta. Los
enfrentamientos de Chimix del veintiocho de octubre causaron el desplazamiento de ochocientas
familias de sus poblados a distintos
lugares de refugio, según
3
El enfrentamiento de Chimix y las
repetidas incursiones de grupos armados priístas y cardenistas para amedrentar y saquear aldeas zapatistas, eran
ya expresión de un modus operandi de los
comandos de autodefensa creados desde
aquellas reuniones de septiembre en Los Chorros. Se
iban volviendo también, como se ha dicho, unidades de ataque y despojo. Hirales resumió bien ese proceso. En un principio,
escribe,
los defensores se limitaban a la defensa de
los poblados en los linderos de su periferia; después se llevaron a cabo
expulsiones y desalojos de las familias afines al zapatismo dentro del radio de
sus propios poblados. Luego se pasó al terreno
de la agresión, robo de bienes e incendio de viviendas. De ahí en adelante al
parecer se planeaba el saqueo de casas y parcelas de los pobladores contrarios
más indefensos. El incendio de casas de
realizaba, por uno y otro bando, para que sus antiguos moradores no regresasen
a las comunidades y para eliminar cualquier vestigio o rastro de los saqueos .
Los agresores se dividían en cuando menos dos grupos. Uno, el que portaba las
armas, sorprendía a las víctimas al irrumpir a tiros en las comunidades. La mayoría de las veces disparaban al aire y
hacían huir a los pobladores, mientras que el segundo grupo iba desarmado,
entraba a saquear las casas y a cosechar el café. (Hirales, Camino a Acteal, P. 49))
Sebastián Pérez,
un testigo directo de los hechos,
contó al suplemento Masiosare, de La
jornada:
Los hombres armados salían a otros parajes, iban a
quemar las casas de los civiles. Al
principio lo quemaban todo, pero luego los policías les dijeron que no, que
sacaran primero las cosas. Entonces sacaban los costales de maíz y frijol , los
radios, machetes, picos, azadones, todo lo sacaban. Ya vacía la casa le echaban
gasolina para quemarla.
Luego del saqueo, vendían lo saqueado:
Avisaban a la gente que llegara a comprar. Todo lo
daban más barato. Había gente que tenía hasta su televisión y la vendieron.
Cuando acababan de vender se iban a comprar más armas. Así lo hicieron en otros
parajes. (Citado en Hirales, ibid.
, p. 50)
Los comandos antizapatistas propagaron sus acciones de hostigamiento y saqueo en las
primeras semanas de noviembre. El día dos dispararon sus armas para hacer huir de
sus cafetales a simpatizantes zapatistas de Naranjatik Alto, Poconochim y Yashmejel .
El cinco dispararon desde un camión de tres toneladas, presumiblemente de la
alcaldía de Chenalhó, sobre un templo presbiteriano en Aurora Chica. El diez
entraron a la comunidad de Yibeljoj y cobraron un impuesto forzoso de 335
pesos, con la amenaza de desalojar de la población a quien no pagara. Disparos
destinados a inducir el miedo en la población se escucharon el día once de noviembre en las cercanías de
Pechiquil,
El ambiente era tenso y parecía favorable para los
pueblos antizapatistas. El trece de noviembre, el municipio autónomo de Polhó
convocó a una reunión para iniciar un diálogo. Asistieron ciento veinte
personas, representantes de distintas organizaciones y poblados, pero no los
principales convocados: los sanpedranos brillaron por su ausencia. La reunión se
convocó de nuevo para el día veintiuno de
noviembre en la sede de
El viernes catorce de noviembre, día de Santa Gertrudis, en la carretera que
une San Cristóbal con Chenalhó, a la altura del entronque a San Andrés
Larraínzar, fue asesinado el profesor Mariano Arias Pérez, militante priísta,
originario de la comunidad de Yibeljoj. Venía de San Cristóbal de cobrar su
quincena, en una combi de pasajeros que se
topó de pronto con un coche
atravesado en el paso de la carretera. Cuando la combi se detuvo, tres
individuos se acercaron a ella, bajaron a los pasajeros, identificaron al
maestro y le dispararon a quemarropa suficientes veces para cerciorarse de su
muerte. El coche sin placas apareció
abandonado en la comunidad de Chamula horas más tarde. Según la diócesis
de San Cristóbal , el maestro priísta solía expresar su desacuerdo con las acciones de sus correligionarios. Una manera
de sugerir que lo habían ejecutado sus propios compañeros. Familiares y allegados a la víctima
sostuvieron, por el contrario, que los asesinos del profesor habían sido
“chamulas zapatistas” de la comunidad de Vashakmen.
Al día
siguiente, un grupo de gente armada de Los Chorros entró a Yibeljoj para acompañar
el cortejo fúnebre de Mariano Arias Pérez. La familia del profesor pidió al
sacerdote Michel Chanteau, párroco de la
parroquia sanpedrana, que oficiara el
responso por el muerto. Por la tarde,
ya en San Pedro, el alcalde de Chenalhó Jacinto Arias Cruz, amenazó de
muerte a Chanteau, en la casa de su conocida mutua, Ema Villafuerte.
“Sabemos que usted coordina todo lo que sucede en Chenalhó,” dijo el alcalde al
sacerdote. “y si usted no controla a su gente un día lo vamos a matar. Se lo
digo cara a cara, padre. Vamos a quemar su cuerpo para que no se enfermen los
gusanos, y si no, vamos a quemar la casa parroquial.” (John Womack
Jr.: “Acteal”, Nexos , no.258, junio 1999.)
Chanteau era un viejo conocido y un viejo rival de los principales de Chenalhó
, un antiguo párroco, pastor religioso y
organizador político de los indígenas de la zona desde los años del
mítico congreso indigenista del año 1975, semilla espiritual de tantos frutos en la huerta de
los agravios y las reivindicaciones indigenistas de Chiapas. Nacido y educado en Normandía, refiere
Womack, Michel Chanteau “tenía treinta y cuatro años cuando se mudó a San Pedro
en
un veterano del barrio comunista Ivry-sur Seine,
acababa de tomar un curso rápido con Iván Illich, era fiel al obispo Samuel
Ruiz y al Vaticano II. En espacio de unos años, su respeto y trabajo por los
pobres de la parroquia le hicieron tener una gran influencia sobre ellos. Al
igual que los misioneros de Las Cañadas, aprendió la lengua de los pobres, aprendió el nuevo catecismo y
continuamente reclutó catequistas. Entre 1973 y 1975, el ‘padre Miguel’ fue uno
de los dos ‘promotores’ de la zona totzil en el Congreso Indígena, en donde los
delegados de Chenalhó hablaron de la lucha de los pueblos de Los Chorros y de
Puebla por proteger sus ejidos contra un terrateniente invasor; exigieron la
ampliación de Los Chorros, relataron la exitosa lucha de Puebla por liberar a
uno de sus habitantes injustamente encarcelado, se quejaron de la incompetencia
y la corrupción de las agencias federales, de la extorsión en el mercado de San
Pedro Chenalhó, de la mano de obra forzada en las carreteras, de la explotación
en las fincas, de la venta ilegal de bebidas alcohólicas, de los médicos
inútiles, de las escuelas inservibles y acusaron a un maestro por su nombre, el
hermano del antiguo presidente municipal, de haber abusado sexualmente de las
niñas mayores de su escuela”. (Ibid..)
El grupo armado de Los Chorros permaneció en Yibeljoj
y sus cercanías todo el sábado de duelo. Los vecinos oyeron disparos intermitentes durante la madrugada del
domingo, intimidando a la población. Un helicóptero con autoridades del estado llegó al entierro,
pasado el cual, y retiradas las autoridades, los hombres armados de Los Chorros
detuvieron y golpearon al agente
municipal, reclamándole su pasividad ante los autores del crimen, es decir, ante los zapatistas y Las Abejas,
en cuya neutralidad los priístas y los cardenistas de la zona no creían, y cada
vez rehusaban con mayor encono . Los armados, identificados como Pedro Méndez López, Antonio Santíz López,
Antonio Méndez Jiménez, Diego Hernández Gutiérrez y Roberto Méndez exigieron a varios miembros de la comunidad
la cooperación de trescientos treinta
pesos, destruyeron y saquearon la casa
del también profesor Juan Gómez Pérez, dispararon sobre algunas casas y robaron el café de otras, que encontraron
abandonadas. Había bastantes chozas desiertas pues , a resultas de aquella
jornada, setenta y cinco familias huyeron de Yilbejoj , buscando refugio en el monte y otras aldeas. (Hirales: Camino a Acteal, pp. 64-7; PGR, “Informe preliminar…” y “Cronología…”. CDHFBC:
Camino
a la masacre. (COMPLETAR) pp.
26-29)
Al asesinato del profesor Mariano Pérez Arias y el asedio
sobre Yibeljoj, siguió la semana más sangrienta y agresiva de un año agresivo y
sangriento. Por lo que hace a los homicidios, el dieciocho
de noviembre fueron asesinados en la comunidad de Aurora Chica cuatro
simpatizantes zapatistas, dos mujeres y dos hombres: Rosa Pérez López, Elena Hernández Pérez, Mario Hernndez Pérez y
Mariano Santiz Gómez.
El día diecinueve de de noviembre, de San Odón, quince personas armadas se
introdujeron a la ermita de Tzajalhucum para exigir a un centenar de fieles que se hicieran priístas, y los
obligaron después a robar doce casas de
adversarios . Ese mismo día fueron emboscadas en Pechiquil las simpatizantes
zapatistas Rosa Santiz y Antonia Luna Pérez, que salió herida del trance. El veinte
de noviembre, en Acteal , fueron muertos José Gómez Guzmán y Pablo Jiménez
Pérez, de filiación desconocida a
ninguno de los bandos. (El Centro de
Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas dijo haber recibido del Consejo
autónomo de Polhó la noticia del asesinato de otros dos zapatistas, pero fueron
desmentidos por el gobierno de Chiapas
sin que el Centro insistiera en su
versión, admitiendo que no había hecho sino difundir una información que había
recibido, sin que le constaran los hechos. P.
29, 31 (PGR: “Informe preliminar…” y
“Cronología…”; Hirales: Camino a Acteal, p.66-68; Posadas y
Flores: Acteal: la otra injusticia, ms. ,p. 12 y CDHFBC: Camino a la masacre… 29)
La violencia de esos días provocó un éxodo de lugareños
amedrentados que la diócesis de San Cristóbal cifró en cuatro mil quinientos y
el gobierno del estado en cuatrocientos, divergencia típica de las versiones
salidas de un bando y otro a todo lo largo del conflicto chiapaneco
donde no hay una sola fuente neutral, plenamente confiable. Toda la información
que surge del corazón del conflicto tiene su propio sesgo político, moral o
ideológico. La primera víctima desconsiderada del conflicto chiapaneco, como de
todas las guerras, fue la información
veraz y esto incluye, con muy pocas excepciones, a todos los actores, testigos y cronistas del jeroglífico.
Lo cierto es que los desplazados
fueron una de las más opresivas consecuencias de la violencia entre los
pueblos de Chenalhó. Las cifras
acumuladas del año de mil novecientos
noventa y siete permiten suponer que para fines de noviembre habían sido desplazadas unas seis mil
personas, la quinta parte de la población total del municipio, un verdadero
cataclismo social cuyo impacto humano puede imaginarse si se imagina la
posibilidad de que la violencia endémica
hubiera ocasionado en el país llamado
México un éxodo forzado de veinte millones de personas, prófugos de sus casas,
pueblos y ciudades, por temor a perder la vida.
El día
veinticuatro de noviembre, de San Clemente Papa, el Consejo Autónomo de Polhó invitó a
En efecto, las incursiones priístas se multiplicaban sobre siembras y aldeas. Despojaban a los zapatistas de su café y sus
bienes, como antes los zapatistas los habían despojado de su mina de
arena. La búsqueda cruda de botín
y ventajas económicas entre las comunidades, no había sido nunca, ni era ahora , un motivo
menor de la pugna entre los pueblos
pobres de Chenalhó, al fin de cuentas “tan sólo otro triste municipio de Los Altos
de Chiapas”. (Así lo lodefinió el
historiador John Womack jr., luego de recorrer su magro paisaje económico y
social. Ver Womack: “Acteal”, Nexos
num. 258, junio 1999, p. 63.)
El día primero de diciembre, de San Eloy, la
llamada Misión Civil e Internacional de
Observación para
4
A pesar de la violencia desatada, o precisamente por
ella, el cinco de de diciembre se llevó a cabo la primera de cinco reuniones
conciliatorias entre los alcaldes de
Chenalhó, Jacinto Arias Cruz, y de Polhó, Domingo Pérez Paciencia. También
fueron convocados quince delegados y cinco representantes de cada ayuntamiento,
el delegado de
gobierno de Chiapas en los Altos, el delegado de
Se pactó ahí una tregua, mientras se elaboraba una agenda
que se presentaría el día once de diciembre. Ese mismo día de San Sabás, cinco
de diciembre, se supo que el priísta Benedicto Gómez Gutiérrez había sido muerto y su hijo Fidelino Gómez Pérez lesionado
durante una emboscada en Chimix. Dos días después se denunciaron disparos, amagos y robos de café en Yibeljoj. El diez de diciembre, de
La segunda
reunión conciliatoria del once de diciembre
empezó con los reproches de los de Polhó por el hecho extravagante de
que el alcalde de Chenalhó hubiera traído a la reunión a sesenta y dos representantes en lugar de los
quince acordados. No bien se abordaba el primer punto de la agenda, cuando el
alcalde de San Pedro, Jacinto Arias, informándole que había un enfrentamiento
en Chimix y se quemaban casas de
priístas. Los convocados nombraron una comisión de verificación de estos
hechos, la cual acudió al lugar y desmintió las versiones. Los reunidos en Las
Limas llegaron a varios acuerdos ese
día. El principal de ellos: suspender las agresiones. El en importancia: formar
una comisión de verificación para las denuncias de violencia recíproca. El tercero: reunirse otra vez, en el mismo
lugar, el dieciséis de diciembre. (Hirales: Camino a Acteal, p. 79-80; PGR:
“Informe preliminar…”)
El quince de de diciembre, de Santa María de
Según lo convenido, el día dieciséis de diciembre, de Santa Adelaida Viuda, volvieron a reunirse
los representantes de los dos municipios
en Las Limas y se formó
Al día
siguiente, diecisiete de diciembre, como por ironía del calendario día de San
Lázaro, fue muerto en una emboscada en
el paraje de Quextic Agustín Vázquez Secum, vecino de la aldea del mismo
nombre, cuya secuela fúnebre conduce por un hilo de ira a la siniestra pila de
muertos de Acteal.
Como todos los hechos cardinales del camino de sangre de Acteal, el asesinato de Vázquez
Secum es objeto de dos versiones.
Una, la de sus acompañantes, José Vázquez Ruiz, Lorenzo
Gómez Vázquez y Fernando Vázquez Luna, dos de los cuales fueron heridos en la
refriega. Según esta versión, el muerto y los sobrevivientes fueron emboscados en el paraje llamado Quextic por
dos hombres armados que pudieron identificar porque al cortar cartucho para
dispararles se les cayó el pañuelo que traían sobre la nariz, mal atado a la nuca . Reconocieron sin
titubear en ese peripecia a Bartolo López Luna y Javier Luna Pérez, zapatistas
del poblado muy cercanos al grupo de Las Abejas de Quextic.
La segunda versión señala
que Agustín Vázquez Secum “bajó a
su cafetal . . . armadísimo”, “dispuesto
a matar a la persona que se le atravesara”. El consejo autónomo de Polhó agregó, en u n comunicado, que de la muerte
de este priísta
le echan la culpa a las bases de apoyo del EZLN pero,
en esa comunidad (Quextic) no hay ninguna
base de apoyo del EZLN, además esta siempre rodeada de seguridad publica,
paramilitares y soldados federales. El priísta que murió es una persona que
tiene algo de dinero y no muy le gusta meterse en problemas. Meses antes, los
priístas de Chimix habían despojado de tres armas al priísta que murió. (Citado en Andres Aubry y Angelica Inda: “¿Venganza o
truco paramilitar?”
El ex sacerdote
radicado en la zona, André Aubry y su compañera, la periodista Angélica
Inda, completaron la versión citando a
otro testigo de Las Abejas según el cual
el difunto Agustín sí era del PRI, pero no estaba de
acuerdo con el trabajo de los paramilitares, de tal forma que se negaba a las
cooperaciones que exigían. Para evitar que su ejemplo indisciplinara al
partido, otros priistas mas radicales del paraje vecino de
El primer testimonio citado por Aubry e Inda fue dado por
Juan Capote al Centro
de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas, y presentado por este
en una conferencia de prensa, pero no incorporado en su recuento de los hechos Camino a la masacre,
ampliamente citado en este relato.
Aubry e Inda no identifican al segundo testigo, pero
explican:
En contexto paramilitar, no es admisible que un
campesino, como don Agustín, tenga armas y no se una a las pandillas de
matones, o que goce de ingresos y no coopere con la guerra, que tenga
envidiable cafetal y no contribuya con su producto al botín exigido para
reponer el parque. Su afiliación al PRI no es ninguna garantía. Al contrario,
en un contexto de guerra sucia, se convierte (post mortem o en vida después de
la quema de su casa como escarmiento) en argumento susceptible de achacar
responsabilidades al EZLN. Si
sobreviven, esos priístas también engrosan las filas de los desplazados.
Es decir, en resumidas cuentas, que a Vázquez Secum lo
habían matado sus propios compañeros priístas para evitar su disidencia.
En la guerra de
información de Chenalhó, es frecuente el cargo de que los bandos matan a sus desertores: priístas a
priístas desafectos y zapatistas a zapatistas arrepentidos. Una forma de acercarse a la verdad es privilegiar la
versión de los familiares y amigos de la víctima. En el caso del asesinato de
Vázquez Secum, es una forma también de acercarse a la narración precisa de lo que siguió, porque
la reacción de amigos y familiares de Vázquez Secum conduce directamente a la matanza de Acteal. Es el homicidio que terminó de derramar el vaso de la violencia
en la zona. (CDHFBC: Camino a la masacre)
El
homicidio de Vázquez Secum no existe
por su nombre en el informe Camino a la masacre del centro Fray Bartolomé de las Casas, que hemos
citado reiteradamente en esta historia, pues es una fuente central. De todas
las omisiones y exageraciones que cubren como un espeso moho los hechos de
Acteal, opacos todavía en cuestiones centrales,
ésta es sin duda la mayor. Sin echar luz sobre ese crimen es
imposible explicar la masacre que
siguió. En la versión del Camino a la masacre del centro las Casas falta el puente final del camino. El centro pasa como sobre ascuas por este crimen
clave diciendo en su comunicado de
prensa del dieciocho de diciembre:
Un nuevo hecho de violencia con saldo de un muerto,
además de otros sucesos el día de ayer 17 de diciembre, han impedido que la
acordada Comisión de Verificación, --integrada por representantes del
Ayuntamiento de San Pedro Chenalhó y del Consejo Autónomo de Polhó,
Organización Civil las Abejas, el CDHFBC,
Efectivamente, “el nuevo hecho de volencia” impidió seguir adelante con la conciliación. La
reacción de los deudos del muerto fue
amenazante y violenta. Y algo más.
5
Agustín Vázquez Secum quedó muerto en el
campo, camino al cafetal a que se dirigía, en las proximidades del pueblo de Quextic, donde su medio hermano Manuel
Vázquez Ruiz, era el comisionado de vigilancia, es decir, el jefe del grupo de
autodefensa creado ahí en los últimos meses, como en las otras comunidades de
priístas y cardenistas del lugar: Los Chorros,
Por la noche, durante el velorio, los deudos
repitieron sus amenazas contra Las Abejas, diciendo que les aplicarían la
ley del Talión “matando a una persona de Acteal”. Los grupos de Las Abejas
radicados en Quextic, empezaron a huir
esa noche del poblado y a refugiarse en
Acteal Centro. El cuerpo de Vázquez Secum
fue llevado a San Cristóbal y devuelto, embalsamado, como a las once de
la noche. Al día siguiente, después del entierro, volvieron a escucharse las
voces de venganza de los deudos. Refieren estos hechos dos testigos
presenciales del velorio, Juan y Javier Capote, miembros de Las Abejas de Quextic,
que se vieron obligados a acudir al velorio a Vázquez Secum por
consideración a sus hermanos, de filiación priísta, casados nada menos que con las hijas del
muerto. (Hirales: Camino a Acteal, p. 100)
El enervamiento de la zona fue visible de inmediato. Unos cincuenta priístas
instalaron un retén en Chimix para
revisar vehículos y detener zapatistas. El dieciocho de diciembre, un miembro Las Abejas, José Méndez Paciencia,
acompañado de otro miembro de la agrupación. Javier Capote, uno de los hermanos
presentes en el velorio de Agustín Vázquez Secum, salió Quextic rumbo a al municipio vecino de
Pantelhó a vender café .Los Acompañaban también
Isaías y José Ruiz Pérez. Fueron detenidos en el camino a la altura de
Los presos fueron liberados de la cárcel y
remitidos en su calidad de nuevos priistas conversos a la casa de Manuel Vázquez Ruiz en Quextic,
donde , como se verá, tenían planes para ellos.
Fue ese día del señor de la discordia, dieciocho de diciembre de
mil novecientos noventa y siete cuando
el Centro Las Casas y
Según lo acordado tres días antes, el día diecinueve de diciembre, del santísimo papa San Urbano, el presidente de San
Pedro Chenalhó , Jacinto Arias, acudió a la reunión de conciliación prevista en Las Limas
para denunciar el homicidio de Vázquez
Secum y exigir su indagación y castigo. Pero ese día los representantes de Polhó no asistieron ya a
la reunión, argumentando falta de
garantías por la violencia desatada. Dos
días después, el veinte de diciembre, de Santo Domingo Abad (San Domingo de Silos), Antonio Vázquez
Secum, padre del muerto y del jefe del grupo de autodefensa de Quextic, Manuel
Vázquez Ruiz, dio por terminado el duelo y dirigió su mirada a quienes habían matado
a su hijo. El homicidio de su hijo, recordó más tarde Antonio Vázquez Secum,
había producido en él “enorme tristeza e ira”, y la determinación de “vengar su
muerte”. (PGR: Boletín de
prensa 016/98, del 16 de enero 98. “ El homicidio de su hijo”, dice el boletín, “ produjo en
Antonio Vázquez Secum enorme tristeza e ira, lo que le determinó querer vengar
su muerte”.)
Aquel sábado
veinte de diciembre, Antonio Vázquez
Secum envió a Felipe y a Juan Luna Pérez
a Los Chorros, para que hablaran con el hombre fuerte del ejido, su tocayo Antonio López Santiz. Quería el apoyo
de ocho gentes armadas para vengar la muerte de su hijo. Antonio López Santiz
oyó con atención la encomienda de los Luna Pérez, ya que los familiares
de su tocayo y su hijo muerto “habían aportado para la compra de armas y
cartuchos” en los inicios de los pojwanej.
Decidió convocar de inmediato
una asamblea para dirimir el pedido. Ese mismo día, ya entrada la noche, la asamblea de Los Chorros acordó dar al
amigo de Quextic el apoyo que pedía. (Hirales: Camino a Acteal p. 98 y Testimonio
de Sebastián Pérez “Queremos de las armas que
matan mucha gente”, Masiosare, La jornada, 4 de enero de 1998.)
La petición de Vázquez Secum y el apoyo de Los Chorros encendió la comarca
antizapatista, le dio una dirección a su agravio. Priístas
de todas las aldeas se reunieron
en
En la madrugada
del siguiente día, domingo veintiuno de
diciembre, día de San Pedro Canisio, los
peticionarios de Antonio Vázquez Secum
regresaron a Quextic acompañados de un
grupo bien armado de powjanej (defensores) de Los Chorros. Esa misma mañana,
dice
Los priístas
de Quextic saquearon las casas de las familias de Abejas que habían huido del
pueblo en los últimos tres días. Usaron para ello a simpatizantes zapatistas y
a miembros de Las Abejas, a quienes obligaron a hacer la tarea pesada de cargar con el botín del saqueo y con la acusación
de ser ellos los saqueadores. Fueron
cargadores obligados esa vez Juan y Javier Capote, Ramiro Vázquez Pérez
y José Méndez Paciencia, los mismos que
habían detenido en el camino a Pantelhó y conservaban retenidos. De aquel saqueo, Juan Capote recordaría lo
siguiente:
Sacaban los
quintales de café y nos obligaban a cargarlos. Nosotros les decíamos que no
podíamos cargar tanto, pero nos encañonaban y con chicotes de caballos nos
obligaban a cargarlos. Había café verde, café cereza, café que se estaba
fermentando, bien pesado. No podíamos siquiera levantarlos, y nos obligaban…
Desde el sábado en la tarde (veinte de diciembre) ya estaban planeando que el domingo todos ellos nos iban a llevar
a robar esas casas, apoyados por las
gentes de Los Chorros y
A las cinco de la tarde del domingo veintiuno de
diciembre, en casa de Manuel Vázquez Ruiz, medio hermano del muerto, tuvo lugar la reunión decisiva. Su propósito,
dijo más tarde su fundamental
instigador, Antonio Vázquez Secum,
presente en ella, fue acordar el
ataque a los refugiados de Las Abejas en Acteal, “para vengar la
muerte de mi hijo”. (PGR Boletín 16 de
enero 1998).
La correría, acordaron también, como era uso y
costumbre de los últimos meses, habría de terminar en saqueo. Quienes tuvieran armas atacarían,
los desarmados irían atrás para saquear las casas , los animales, los huertos y los
cafetos de los agredidos. Al efecto,
había sido traída a la reunión más gente que los vengadores armados. Entre ellos,
algunos de miembros
de Las Abejas, detenidos el día anterior y obligados a declararse priístas, como José Méndez
Paciencia.
Aduciendo que saldrían muy temprano al día siguiente,
se prohibió a todo mundo ir a su casa o retirarse del lugar al concluir la
reunión. Se pidió, sin embargo, a los de
Quextic, que fueran a sus casas y trajeran tortillas para dar de comer a los invitados de Los Chorros, a razón de diez
tortillas cada uno. Méndez Paciencia era de Quextic, así que a la medianoche
recibió permiso para ir a su casa por las tortillas implicadas. Pero Méndez Paciencia, sigue
Según la
reconstrucción de los hechos de
El mismo día veintiuno de diciembre, de San Pedro Canisio, había tenido lugar también una junta en Los Chorros, de la cual Sebastián Pérez, un testigo
presencial del grupo Las Abejas, recordaría lo siguiente:
Ahí vimos que los guardias fueron a pedir su uniforme con los policías
de seguridad pública. Ellos prestaron los uniformes. Se vistieron todos, se
pusieron un pañuelo en la cara, subieron al camión y se fueron. No sabíamos que
iban a matar. Allí iba también mi hijo y mi yerno.
Testimonio de Sebastián Pérez “Queremos
de las armas que matan mucha gente”, (“Masiosare”, La
jornada, 4 de enero de 1998))
No hay constancia de cómo consiguieron sus uniformes respectivos
los cuatro vengadores que durmieron en la casa de Juan Luna Pérez en Acteal
Alto, pero según los testigos y
También se incorporó ese día, según la investigación
de
De modo que alrededor de las nueve de la mañana del lunes veintidós de
diciembre, día de Santa Clotilde, reina
y viuda, confluyeron en su caminata
armada por distintas veredas los
vengadores de Agustín Vázques
Secum, con el fin declarado de atacar y
saquear el campamento Los Naranjos,
crecido en el costado de Acteal Centro
por los refugiados de Las abejas que
huían de las mismas comunidades de donde provenían también los
vengadores: Quextic, Los Chorros, Pechiquil, Canolal,
Resume Hirales, que sigue en esto la
versión de
“había ya mucho café almacenado y aparatos eléctricos y todo lo que pudieran
encontrar. Nosotros (los cargadores) teníamos que salir a recibir todo lo
robado ese día en la carretera donde hay
dos postes y donde está la casa de los Luna”. (Testimonio de Juan Capote, en
Hirales, Camino a Acteal, p. 102).)
A vengar la muerte de Agustín Vázquez y a saquear las
viviendas de zapatistas y abejas en Acteal,
salieron los grupos aquella mañana, avanzando por las veredas, familiares para ellos, de la engañosa selva de Los Altos, de ricas copas y suelos pobres,
precaria y pródiga, infértil y feraz. Todos juntos, armados y concertados en su
misión homicida, cayeron ese día sobre una aldea indefensa llamada Acteal y mataron durante horas, con la
complicidad de la fuerza pública de la
región, a cuarenta y cinco personas: seis ancianos, veintiún mujeres, cuatro niños, catorce niñas.
Confesiones
recientes de los autores de la matanza y análisis rigurosos de las evidencias
del caso, cuentan otra historia, acaso más terrible, pero radicalmente distinta
de la que hemos leído hasta hoy sobre lo que sucedió el veintidós de diciembre
en Acteal. Una historia que nadie ha escuchado y acaso nadie escuchará, la
historia alternativa de ese día señalado.