DESPOJO EN LA BIBLIOTECA
Algo muy extraño sucedía en la Biblioteca Central de Guadalajara. Hacía ya un mes que la Dirección había recibido el primer reporte: cinco páginas de las Obras completas de Rodolfo Usigli estaban en blanco. Para ser mas exactos, habían desaparecido completamente los textos en cinco cuartillas de El Gesticulador.
A lo largo de esos funestos treinta días se habían recibido ocho extrañamientos más de otros tantos lectores quejándose de la ausencia de impresión en algunas de las páginas de los libros que habían seleccionado para leer. Alarmado, el Director ordenó a sus subordinados una lista completa de las obras despojadas. Resultando que, cinco eran textos de teatro y cuatro novelas famosas. De los primeros habían desaparecido completamente: Un Enemigo del Pueblo y Casa de Muñecas de Ibsen; Hamlet, Macbeth y El Rey Lear de Shakespeare; de Moliere ya no estaban Tartufo y El Enfermo Imaginario; el mencionado Gesticulador de Usigli y la interesante pieza San Juan de Dios del contemporáneo jalisciense Hugo Salcedo. De las novelas faltaban: setentaitres páginas de la primera parte del Quijote; todo el texto de Los Miserables de Víctor Hugo; la última parte de Los Bandidos de Río Frío de Payno y casi todo el Pedro Páramo.
Lo más extraordinario del caso, es que de los libros -¿Se podrá decir despintados?- no habían sido tocados: el prólogo, los estudios introductorios y el índice, incluyendo el pié de imprenta. Solo la impresión principal ya no estaba y esas páginas lucían nuevas, como si nunca hubieran entrado a la máquina de imprimir. Muchos otros volúmenes de diversos temas fueron revisados: tratados científicos, tecnológicos, enciclopedias, diccionarios, etc., pero no se encontró falta en ninguno de ellos. Solo los de Teatro y Novelas habían sido dañados.
Ante tal situación, con el temor de perder completamente ese acervo temático bibliográfico, el Director convocó de nuevo a su equipo humano para redoblar esfuerzos y evitar el saqueo. Cada lector que ingresaba era sometido a un estricto cuestionario, a mas de un escrutinio a fondo, tanto a su ingreso como a su salida.
Tales cuidados rindieron su fruto. Una fría y lluviosa tarde octubriana, uno de los guardias, disfrazado de lector, se acercó por la espalda a un tipo de largos cabellos y barba, sorprendiéndolo en el momento en que -¡Materialmente engullía por los desorbitados ojos, el texto de la obra Malditos del autor Wilberto Cantón!- ¡Dejando la hoja de papel tan limpia como la pared de enfrente!-
Sometido a juicio, confesó llamarse Francisco Xavier Portilla, actor talentoso y magnífico, que podía representar cualquier personaje en cualquier foro, sólo con un breve repaso al guión. Confesó asimismo haber tratado de ingresar a compañías teatrales locales, privadas y de gobierno, de donde fue rechazado muchas veces, a pesar de haberles demostrado su gran capacidad actoral y su ansia infinita de ser profeta en su tierra. Herido en lo mas profundo de su autoestima decidió vengarse, utilizando su excepcional habilidad para borrar, a voluntad, la palabra escrita con los ojos, privando a muchos dramaturgos tapatíos de tomar ideas prestadas de los textos desaparecidos, y dañando, de pasada, la tacañería de algunos directores teatrales, que pudiéndose comprar los libros les dolía abrir el bolsillo y acudían a copiarlos a la biblioteca.
Fue condenado a la terrible pena de comerse con los ojos y grabarse en la memoria, los documentos impresos con los planes y proyectos culturales de los tres niveles oficiales. Incluyendo ocho horas diarias frente a la televisión abierta mexicana.
Después de un año de castigo fue examinado concienzudamente, regresándole su libertad. Completamente curado, ya es como todos nosotros. Está en camino de hacer -¡Ahora sí!- una brillante carrera en el teatro local. -¡Ha sido reintegrado a esta despreocupada y desvalorizada sociedad nuestra del siglo XXI¡.-
Víctor M. Ramos W. Octubre de 2004
Los Cabarets de Guadalajara
Víctor Manuel Ramos Willchis
A la generosa amistad de Luis Medina
In Memorian Arturo Li- Ho
Gran bailarín e inolvidable amigo
PRESENTACIÓN
Cabaré (del fr. Cabaret, taberna) m, lugar de esparcimiento, donde se bebe y se baila y en el que se ofrecen espectáculos de variedades, habitualmente de noche. Esta es la definición que de esa palabra nos da la Enciclopedia Universal Salvat, en su edición del año 2000. Definición que se acomoda perfectamente al tema que nos ocupa, los cabarets de Guadalajara.
Eran, en efecto, centros, generalmente nocturnos, de esparcimiento popular, pensados especialmente para la diversión masculina, ya que por una módica suma monetaria, cualquier hombre podía beber su cerveza o vino favoritos, alegrarse ojos y oídos con los espectáculos presentados por algunos establecimientos; bailar, conversar, y hasta obtener el amor mercenario de cualesquiera dama entretenedora que laboraba en tales sitios. De este tipo de negocios es de los que vamos a tratar.
Hay que tomar en cuenta, que existieron también centros de diversión para la "gente decente" tapatía, situados en el centro de aquella no crecida Perla de Occidente, que aún no sabía de "smog", congestionamientos vehiculares o inseguridad pública. Lugares que, a diferencia de los populares, estaban mejor equipados, las bebidas eran de marca; los espectáculos un tanto asépticos comparados con los populares, y que eran considerablemente de precios más elevados.
Se habla de aquella Guadalajara del siglo XX, entre las décadas de 1930 y 1940, sencilla y conservadora, en la que algunos sectores sociales de bajos ingresos, generalmente arribados de otras entidades, pugnaban por conseguirse espacios de diversión, tales como la proliferación de teatros-carpa a lo largo de Calzada Independencia, sobre todo en San Juan de Dios, donde funcionaba "la catedral del teatro popular", el Obrero, que presentaba a su estrella, la picante y pícara bailarina Lulú, que hacía subir la temperatura a los tapatíos jóvenes y a los ya no tanto, gente de toda escala social. En cuanto al cine, se abrieron varias salas como: María Teresa, Zelayarán y Montes, por mencionar algunas. Hicieron también su aparición los salones de baile popular, que por imitación de lo gringo, llamaban Dancings, uno de los cuales era el Paraíso Terrenal en una vieja finca del portal contra esquina del Palacio de Gobierno; funcionando otro en el edificio Mosler, hoy oficinas de la Lotería Nacional, pero sin duda el mas popular fue el Puñal, por la calle Vicente Guerrero frente al jardín del Hospicio. Cantinas había de todas categorías, desde las pomadosas del centro, hasta las muy modestas, al Oriente de Calzada Independencia, algunas de las cuales organizaban bailes de fin de semana, como antecedentes de los cabarets.
Para tratar de entender algunos de esos procesos sociales populares, es necesario recordar que, a causa de los movimientos armados habidos en nuestro país desde principios del pasado siglo, todo el orden social se trastocó, dejando de beneficiar a muchos sectores de la población en lo educativo y lo económico, dando por resultado que muchas personas anduviesen desocupadas, o se dedicaran a actividades marginales. Esto explica, en parte, el aumento de quehaceres mal vistos socialmente, como la prostitución ejercida para ganarse la vida. Guadalajara como polo de desarrollo económico en la región occidente, atrajo a muchos marginados que se dedicaron a ese trabajo y a otros no muy recomendables que digamos.
Con el correr del tiempo, Guadalajara creció mucho, y con ello los problemas, haciéndose cada vez mas difíciles de manejar, sobre todo, en cuestión de diversión popular ya que el gobierno municipal se contentó sólo con expedir reglamentos de tolerancia a la prostitución conjuntamente con Salubridad del Estado, para tratar de lograr un pretendido control de las enfermedades venéreas y del aumento de aquella actividad en la ciudad, tanto en burdeles como en las cantinas donde se organizaban bailes.
ESCENARIO HISTÓRICO
Al arribo del siglo 20, Guadalajara, al igual que otras capitales de estado en el país, había tenido un desarrollo económico y social más bien lento, ya que el modelo de desarrollo porfirista era de marchar despacio y de "no me alboroten la caballada", basándose en la explotación de las grandes masas analfabetas de la población dedicadas al trabajo agrícola y en la mínima producción de una industria en pañales. Proyecto diametralmente opuesto al preconizado por la Revolución, en las ideas que la animaron y en su posterior puesta en marcha por la Revolución "hecha gobierno".
Pasan así los primeros treinta años de ese siglo, y recientes aún los sobresaltos y miserias que la Revolución y la Cristiada dejaron como secuelas amargas en el país, se hizo el primer intento de organización del caos político y económico existente en la nación entera. Plutarco Elías Calles, ex presidente de la República y "Jefe máximo de la Revolución", había creado desde 1925 el Banco de México para ordenar la economía, y en 1926 fue declarado como única institución emisora oficial de moneda.
Para 1929, y también a iniciativa callista, fue fundado el Partido Nacional Revolucionario, organismo corporativo que incluía a todos los sectores sociales -¡al fin habría pastel político para todos!-, para evitar conflictos por el poder, ya que en forma pacífica, cualquier ciudadano -teóricamente- podría ocupar cargos públicos por medio del voto universal y secreto. Esto creó las bases del moderno Estado Mexicano, inaugurando un período de paz y desarrollo de cuatro décadas.
En esa tercera década, se crearon por iniciativa oficial y privada, algunos bancos en Guadalajara, para refaccionar la maltrecha economía de Jalisco; como actividades paralelas, muchos terratenientes, espantados con la repartición de las haciendas, trajeron sus capitales a la ciudad, invirtiéndolos en bienes raíces y en otros negocios seguros. A la vez, pequeñas industrias familiares crecieron en número e importancia. Todas las actividades comerciales e industriales fueron oficialmente fomentadas. La vía férrea a Nogales, Sonora, se aprovechaba intensamente para transportar mercancías y materias primas, de ida y vuelta. Por ese tiempo se construyó la carretera a México, vía Morelia, que disparó el comercio con la metrópoli.
Guadalajara se convirtió en polo de desarrollo económico en esta parte occidental, opción de vida mejor para muchos migrantes del empobrecido campo de Jalisco y entidades circunvecinas, que llegaron a establecerse buscando oportunidades de empleo. Algunos lo lograron, otros sufrieron mil penalidades para sobrevivir, teniendo que dedicarse a actividades descalificadas socialmente como el lenocinio o la prostitución. La dinámica económica y migratoria insertó a nuestra ciudad en una etapa de desarrollo sostenido que duró hasta el decenio de 1970, engrandeciéndose cada vez mas en área, en gente y en diversidad cultural; modificándose en parte, tradiciones, y modos de vida propios y precedentes. Esos procesos socioeconómicos hicieron surgir una nueva clase media con un amplio abanico de ingresos monetarios, yendo desde el pequeño comerciante callejero hasta el gerente de una empresa o el funcionario público de cierto nivel; gente que, según su estatus, manejaba su presupuesto y disponía de ciertos recursos para divertirse. Una parte masculina de ese sector, formaba la mayoría clientelar de cantinas, cabarets y casas de cita establecidos en Guadalajara.