El tiempo

.

 

El tiempo es eterno; siempre está ahí, siempre es; inmutable; contemplando como las cosas pasan, la realidad, la existencia.

 

Todo lo que sucede y existe en el espacio, no es para siempre; en un momento es y luego ya no es.  Además mientras existe, se transforma, fluye y cambia.  Dentro de la realidad no hay nada que sea quieto o inmóvil; dentro o fuera de cada ser individual.  Todo tiene un consistir en esto o en lo otro, una componencia interna para poder ser;  sea ésto corpóreo o incorpóreo; y eso siempre está en movimiento.  Células, átomos, sentimientos, fuerza, debilidad, etc.  La vida, la existencia de cada cosa a eso se debe.

 

Todo cuanto existe pues es móvil;  estamos aquí y a la vez no estamos allá;  estamos allá y no estamos aquí.  Y al mismo tiempo nos estamos consumiendo internamente.  Entonces decimos que el tiempo pasa, pero lo que realmente pasa somos nosotros, las cosas, lo que hacemos, la naturaleza, etc. ya sea cuerpos físicos o no físicos;  como la finalidad y el sentido que cada cosa  o ser individual tiene.  Todo se da y sucede en el espacio, en un espacio, y gracias a éste, todo es móvil.  Por consiguiente todo es espacio, dentro y fuera de cada ser;  mas no tiempo, éste es inmóvil, y lo inmóvil está en todo lugar;  lo móvil no.

 

 

Dentro del razonamiento filosófico, enfocándonos al realismo Aristotélico, la materia es sustancia concreta e inconcreta.  Y ésta última cambia o se transforma.  Como los gustos, los sentimientos, la idea, el sufrimiento, la alegría, las sensaciones, el hambre, los hechos, etc.

 

Y el tiempo sigue allí, en la observación de la existencia, de los sucesos.  Pero también es algo que se desvanece en la nada.  Porque el tiempo pasado, el que fue testigo de lo que aconteció o existió, ese o eso ya no es.  Y lo que va a ser en lo que llamamos futuro, tampoco es todavía una realidad, no existe.  Y donde se juntan los dos, que es lo que llamamos presente, tampoco lo podemos fijar en algo real o tangible;  porque el devenir es algo constante, no fijo;  se diluye, se pierde en el instante entre el pasado y el futuro.  El presente es el movimiento, el que está siendo.

 

El tiempo pues, no lo podemos atrapar, fijar en algo exacto;  y no pasa, como ya se anotó.  El tiempo es una  percepción, que es una aprehensión de la realidad por medio de los datos recibidos por los sentidos. (Así la define el diccionario).  Y esto es por lo que fue ayer, es hoy o será mañana;  con la impresión de que todo lleva un recorrido y que siempre hay un futuro.  Y decimos equivocadamente: “el tiempo pasa o está pasando”.  Cuando es la existencia la que pasa, no el tiempo.  Lo que va estado en todo tiempo, cuando le tocó estar, es lo que hace posible entender que el tiempo es siempre.

 

Elevándonos a un concepto del tiempo, en reflexión metafísica o teológica;  me atrevo a afirmar que la eternidad del tiempo se asemeja a la existencia divina;  agregándole la característica de lo infinito porque abarca todo.  O sea: es siempre porque no nace ni muere;  es infinito porque contempla toda la existencia sin límites;  nada escapa a pasar en el tiempo.

 

¿Como se comprueba que lo divino está en todo lugar?,  porque en todo lugar existe, pasa, sucede a se da algo;  Y a la vez ésta realidad justifica la existencia divina.  La nada no existe, es un decir.

Ahora bien, lo que en todo lugar se da siempre, aunque no sea siempre lo mismo, es lo que hace posible que adquiramos el concepto o la percepción del tiempo, o la idea divina en su eternidad.

 

Los idealistas dicen:  Dios es eterno, infinito, inmóvil, inmutable y único.  Los materialistas dicen:  la materia es eterna, infinita, inmóvil y única.  El sentido del tiempo queda por ahí entretejido por igual entre estos dos puntos de vista.

Las dos teorías se están refiriendo a lo mismo, pero con sustantivo o nombre diferente.  Se unen (con el debido respeto de su gran diferencia)  En lo que en filosofía se nombra El Ser. (el todo). Y decimos: todo está dentro de Dios, todo está dentro de la acción del tiempo y todo está dentro de la materia.

 

El tiempo es lo opuesto a lo que pasa o sucede;  por eso nos vemos obligados a tener qué explicar o hablar de ésto último, para poder entender mejor lo que es el tiempo.  Por igual, para poder saber qué es Dios, tenemos qué explicar las características de todo lo que Dios no es, y que a la vez indirectamente si es; para un mejor conocimiento de El.  A Dios no se le debe de abordar en forma directa, sino caemos en lo incomprensible o en un extravío irreverente.

 

 

                                                                                 A t e n t a m e n t e

                                                                                 Octubre del dos mil cuatro

 

                                                                                  Prof., y Abogado

                                                                                  Raúl Medina Gómez

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CONTRASTES:

 

La religión es un sentimiento natural y una necesidad del alma humana.  Por naturaleza somos religiosos.  Por tanto ese efecto de conciencia que es el sentir religioso, se da por igual en todos los humanos; ya traemos esa emoción desde que nacemos. Podemos decir: que traemos a Dios desde que nuestra madre concibe.

A ese principio de existencia y de religión, siempre se han dado factores que lo subliman o que por otra parte han sido para distorsionarlos.  En un estado religioso desde siempre han influido elementos tales como la pobreza, el temor y la ignorancia; dada la condición humana, entre otras vicisitudes propias que nos convierten en seres humildes y desamparados, a la esperanza tan solo de la voluntad divina.

 

En lo que atañe a nosotros, nace el Cristianismo en esas condiciones humanas de humildad extrema de muchos en aquella época; en un estado espiritual expuesto y carcomido a merced de bajezas de poder terrenal; que en tales circunstancias anímicas y subjetivas, eran propias para esperar o creer en milagros; que se dan o son posibles en un estado psíquico de abandono, en la personificación del alma limpia.  En esas condiciones en tiempos de Cristo, el sentido religioso en esos lugares toma una fuerza tremenda mística y espiritual.

 

Existe una sola religión, por razón de              que todos pertenecemos a la misma especie;  mas no así a una sola Iglesia; existen varias que equivocadamente se les nombra como distintas religiones, pero no.  A nosotros nos tocó la Iglesia Católica, a otros la Islámica, a otros la Budista, etc.  La religión pues es una, las Iglesias no.  Cada una de éstas tiene un culto, adoctrinamiento y rito diferente.  Y ninguna debe de ufanarse o declararse como la verdadera, como también ya equivocadamente ha sucedido.  Son las instituciones encargadas de cultivar lo religioso que se da  en los hombres, que desafortunadamente ha sido más de carácter dogmatizante.  Puede parecer escandaloso y descabellado afirmar que la humanidad puede continuar su camino sin ninguna Iglesia, porque la religión la lleva consigo mismo;  pero ésto no es ilógico o desordenado, es natural;  por lo que no debemos de creer tampoco de que exista el ateísmo, éste ha sido otro error; porque  dicho calificativo se le aplica a aquellos que llevan o profesan enseñanzas o creencias de algún culto contrario, o no creen el Dios como otros quisieran que creyeran.

Entonces lo único diferente es la cultura religiosa en los diversos pueblos, según la iglesia que les tocó llevar.

 

Las Iglesias o los cultos diferentes han tenido otra equivocación histórica: que algunas de ellas incluyendo la Católica, han sido intolerantes, o sea: no han sido respetuosas de la forma de llevar su religión otras Iglesias, enclavadas en otros pueblos, creando conflictos religiosos muy graves.

 

Las diferentes Iglesias del mundo que controlan el aspecto social religioso, tienen una labor comunitaria tremenda y una responsabilidad en la conducción de sociedades, y junto con los Gobiernos han logrado una estabilidad de equilibrio y orden social propios para poder llevar una vida ordenada.  Pero también se han equivocado.

 

En todo tiempo, pero más ahora; lo que no corresponde a la auténtica humildad y virtud, tanto en instituciones como en personas, se convierte en hipocresía o en un mero costumbrismo.

 

En gente de todas las condiciones y en todos los tiempos, se sigue dando y practicando lo verdadero religioso, independientemente de los problemas que generan las Iglesias y los Estados.

 

En los pueblos subdesarrollados como México, -(convendría analizar cuales son las causas de ese subdesarrollo) - todavía en base a la ignorancia y a la pobreza de las masas, a éstas se les conduce, se les manipula religiosa y políticamente; o sea: se les explota.  Unos cultivando mitos y otros con demagogia, es materia prima manejable, y así les conviene que sigan guardando esa condición.

 

Allá en el tiempo antiguo, era propicio para la fantasía religiosa, para que los ángeles se aparecieran venidos de latitudes fuera de este mundo.  En la vida moderna eso es más difícil porque ya no se da ese estado anímico para esperar así las cosas;  y menos ya en las sociedades cientistas con otro tipo de mentalidad. Pero todavía existen sectores sociales que viven en esa alucinación o figuración.  Personas de atraso cultural en cuya mente persiste lo irreal imaginario más propios de aquellos tiempos o de la edad media.  El asunto de milagros y apariciones, más bien es un tema de superstición, dándose en alto grado el fanatismo, síntoma ésto de comunidades o poblaciones dogmatizadas religiosamente, en un estado subjetivo descompuesto, contrario al estado de la religión sencilla y pura.

 

Es necesario analizar , observar la realidad y ver cuales son los milagros o el misterio de la vida, como el nacimiento de un ser vivo, los resultados del trabajo y la fatiga, la vida en sí, la inteligencia y lo que crea, el amor, la germinación de la semilla, el orden del universo, etc.  Pudiendo aceptar lo que afirmaba un filósofo antiguo: todo eso es indicación de que existe una inteligencia superior, un ser divino, Dios.

 

En México y la América latina, antes de la conquista, aquí se vivía un culto religioso idólatra y arcaico, de acuerdo a la evolución humana que entonces se daba en estas tierras.  Con los Españoles, vino con ellos el Cristianismo, filosofía religiosa más avanzada, espiritual y muy hermosa.  P ero también junto a ella nos trajeron muchos mitos religiosos, muchos y nuevos temores, dogmas, etc.  parecidos al culto religioso indígena que teníamos.  Y todo eso ayudó a someternos.

El México de la conquista y el de la colonia, todavía no lo podemos dejar;  no nos lo podemos desprender.  Lo puramente espiritual nos fortalece, nos da alas.  En cambio lo otro nos aminora, nos encadena.  Dos actitudes muy diferentes entre sí, contrastantes.  Así también las personas que se identifican con ellas; unas evolucionan, otras no.

 

 

 

                                                                                   A t e n t a m e n t e

                                                                                    Noviembre del dos mil cuatro

 

 

                                                                                    Prof. y Abogado

                                                                                   Raúl Medina Gómez

 

 

 

Hosted by www.Geocities.ws

1