Serían las 7.30 de aquella fría mañana de otoño. Se levantó, se bañó, escucho parte de las noticias:-"Siguen las investigaciones para encontrar a los responsables del linchamiento de la semana pasada"- decía el comentarista.

-"Si como no, "se aplicara todo el peso de la ley, caiga quien caiga, no descansaremos hasta encontrar a los responsables" siempre es lo mismo, tengo mas de treinta años escuchando ese estribillo, ya ni la burla perdonan"- comento en voz alta, haciendo muecas y tratando de imitar el tono de voz y la pose de formalidad que se imaginó había puesto el funcionario en turno al hacer dicho comentario. Terminó de anudarse la corbata y salió de su casa no sin cierta preocupación reflejada en el rostro

Las calles de la ciudad aún se encontraban semi-desiertas, normal, ese miércoles correspondía al segundo del mes de diciembre, la navidad etaba por llegar.

-"Me lleva la chingada, tengo muchas cosas que hacer y no tengo ni un centavo"- pensó Roberto Curiel

Dirigió sus paso hacia la oficina, a pesar de la prisa decidió hacerlo a pie.-"No tiene caso sacar el coche, pierdo mas tiempo."

- Iniciaba el trayecto de aproximadamente un kilómetro, cuando, pensándolo bien regreso sobre sus pasos al recordar que hablaría por teléfono al varias partes.-"Mejor me llevo el auto, que tal si tengo que salir de la oficina, luego tengo que venir por el, que "hueva".

Realmente no tenía previsto cuales serían sus actividades. Esta situación de no tener dinero no le permitía organizarse.-"Hay que atender lo urgente"- murmuró para sí.

Ya tenía varios días  en que la situación se tornaba en un circulo vicioso del que parecía no tener fin:-"No tengo dinero porque no tengo trabajo, y no tengo trabajo por que no lo busco, y no lo busco porque tengo que andar consiguiendo dinero para la comida y los gastos mas indispensables , ni siquiera todos los indispensables. No recuerdo cuando fue  la ultima vez que comí carne o mas aún, cuando hice  una comida formal en casa. ¡ No puedo concentrarme en ninguna maldita la cosa"-

Los últimos meses sobrevivió de milagro, gracias a los amigos y familiares, pero la situación se tronaba insostenible, algún trabajo rápido por aquí, otro por allá , pero nada estable, sin embargo en su interior estaba la certeza de que estaba cerca de algo que realmente valdría la pena .

-"Las oportunidades están a la espera de quien persevera en su visión y en sus capacidades."- se animó

Siempre se caracterizó por ser "firme de convicciones",según él

-"Eres un necio", le decían sus amistades.  En un ejercicio de autocrítica sabía que no estaban lejos de la realidad.-" Ser necio no es malo, si eso te impulsa a conseguir lo que te propones"- les respondía, iniciándose inevitablemente una polémica en la que salía a relucir la importancia del carácter, el determinar si era primero el dinero que los ideales, etc. -"Como es de imaginar, cuando los logros, en nuestra sociedad se miden en bienes materiales, tu eres el gran perdedor"- sentenciaban, los propietarios de un coche ultimo modelo.  

Pero no, Roberto, sabía, sentía, estaba convencido de que tarde o temprano lograría sus propósitos: hacer lo que le gustaba y mantenerse independiente,

-"El único problema es el pinché dinero"-

Llegó a la oficina, saludo jovial con cara  de "aquí no esta pasando nada". Al menos eso conservaba: su optimismo y buen humor aunque por dentro se lo estuviera "llevando el tren".

-"Al mal tiempo bueno cara, hijo"-  decía su madre, con resignación en aquellos tiempos en que no tenían que comer cuando él tenía unos 10 o 12 años, recordó al quitarse el saco, antes de sentarse en su escritorio.

Revisó su agenda, buscando a quien llamar, a ver si tenían algún trabajo o bien le hicieran un anticipo  a cuenta, anticipos que no eran otra cosa que prestamos que le hacían de buena fe sus conocidos.

En esas estaba , cuando entro Maribel,  le dio varios recados recibidos en el transcurso de la tarde del día anterior, en la que Roberto no había regresado a la oficina.

Se puso de pie, al recibir los recados y observo los verdes ojos de Maribel Escudero, la guapa  secretaria, le agradaba esa mirada que no podría definir si era tímida o coqueta de la bien formada chica, que frisaba según sus cálculos entre los 27 y 30 años de edad. 

A sus cuarenta años, Roberto conservaba una buena figura, gracias entre otras cosas al poco ejercicio que realizaba  los fines de semana y a las rigurosas dietas que se le imponía la situación ya sea por falta de tiempo o simplemente porque no se le antojaba comer.-"Quien quiere comer con estas preocupaciones"-

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