IMPRIMIR
EL PRINCIPE
NICOLAS MAQUIAVELO
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3
AL
MAGNIFICO LORENZO DE MEDICIS
Los que desean congraciarse con un pr�ncipe suelen
present�rsele
con aquello que reputan por m�s precioso entre lo que
poseen, o
con lo que juzgan m�s ha de agradarle; de ah� que se
vea que muchas
veces le son regalados caballos, armas, telas de oro,
piedras preciosas
y parecidos adornos dignos de su grandeza. Deseando,
pues,
presentarme ante Vuestra Magnificencia con alg�n
testimonio de mi
sometimiento, no he encontrado entre lo poco que poseo
nada que me
sea m�s caro o que tanto estime como el conocimiento
de las acciones
de los hombres, adquirido gracias a una larga
experiencia de las
cosas modernas y a un incesante estudio de las
antiguas1. Acciones
que, luego de examinar y meditar durante mucho tiempo
y con gran
seriedad, he encerrado en un corto volumen, que os
dirijo.
Y aunque juzgo esta obra indigna de Vuestra
Magnificencia, no
por eso conf�o menos en que sabr�is aceptarla,
considerando que no
puedo haceros mejor regalo que poneros en condici�n de
poder entender,
en brev�simo tiempo, todo cuanto he aprendido en
muchos
a�os y a costa de tantos sinsabores y peligros. No he
adornado ni
hinchado esta obra con cl�usulas interminables, ni con
palabras
ampulosas y magn�ficas, ni con cualesquier atractivos
o adornos
extr�nsecos, cual muchos suelen hacer con sus cosas,2 porque
he
querido, o que nada la honre, o que s�lo la variedad
de la materia y
la gravedad del tema la hagan grata. No quiero que se
mire como
presunci�n el que un hombre de humilde cuna se atreva
a examinar y
criticar el gobierno de los pr�ncipes. Porque as� como
aquellos que
dibujan un paisaje se colocan en el llano para
apreciar mejor los
montes y los lugares altos, y para apreciar mejor el
llano escalan los
1 Las dos escuelas
de los grandes hombres. (Cristina de Suecia)
2 Como T�cito y
Gibbon (G).
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4
mentes,3 as� para conocer bien la naturaleza de los pueblos hay
que
ser pr�ncipe, y para conocer la de los pr�ncipes hay
que pertenecer al
pueblo.
Acoja, pues, Vuestra Magnificencia este modesto
obsequio con
el mismo �nimo con que yo lo hago; si lo lee y medita
con atenci�n,
descubrir� en �l un viv�simo deseo m�o: el de que
Vuestra Magnificencia
llegue a la grandeza que el destino y sus virtudes le
auguran.
Y si Vuestra Magnificencia, desde la c�spide de su
altura, vuelve
alguna vez la vista hacia este llano, comprender� cu�n
inmerecidamente
soporto una grande y constante malignidad de la
suerte.
3 Con esto empec�
y con ello conviene empezar. Se conoce mucho mejor el
fondo de los valles cuando se est� en la cumbre de la
monta�a (RC).
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5
CAPITULO
I
DE
LAS DISTINTAS CLASES DE
PRINCIPADOS
Y DE LA FORMA EN QUE SE
ADQUIEREN
Todos los Estados, todas las dominaciones que han
ejercido y
ejercen soberan�a sobre los hombres, han sido y son
rep�blicas o principados.
Los principados son, o hereditarios, cuando una misma
familia
ha reinado en ellos largo tiempo, o nuevos. Los
nuevos, o lo son
del todo4, como lo fue Mil�n bajo Francisco Sforza, o son como
miembros agregados al Estado hereditario del pr�ncipe
que los adquiere,
como es el reino de N�poles para el rey de Espa�a. Los
dominios
as� adquiridos est�n acostumbrados a vivir bajo un
pr�ncipe o a ser
libres; y se adquieren por las armas propias o por las
ajenas, por la
suerte o por la virtud.
4 Tal ser� el m�o
si Dios me da vida (G).
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6
CAPITULO
II
DE
LOS PRINCIPADOS HEREDITARIOS
Dejar� a un lado el discurrir sobre las rep�blicas
porque ya en
otra ocasi�n lo he hecho extensamente. Me dedicar�
s�lo a los principados,
5 para ir
tejiendo la urdimbre de mis opiniones y establecer
como pueden gobernarse y conservarse tales
principados.
En primer lugar, me parece que es mas f�cil conservar
un Estado
hereditario, acostumbrado a una dinast�a, que uno
nuevo,6 ya que
basta con no alterar el orden establecido por los
pr�ncipes anteriores, y
contemporizar despu�s con los cambios que puedan
producirse.7 De
tal modo que, si el pr�ncipe es de mediana
inteligencia, se mantendr�
siempre en su Estado, a menos que una fuerza
arrolladora lo arroje de
�l; 8 y aunque as� sucediese, s�lo tendr�a que esperar, para
reconquistarlo,
a que el usurpador sufriera el primer tropiezo.9 10
5 S�lo hay esto de
bueno, pese a lo que digan, pero me es preciso cantar y
cantar en el mismo tono que ellos (los republicanos)
hasta nueva orden (G).
6 Procurar�
evitarlo haci�ndome el decano de los soberanos de Europa (G).
7 No es
suficiente. (Cristina de Suecia.)
8 Es dif�cil que
los pr�ncipes hereditarios sean despojados. (Cristina de Suecia.)
9 Tiene raz�n.
(Cristina de Suecia.)
10 Lo veremos. Lo
que me favorece es que no se lo he tornado a �l, sino a un
tercero que no era m�s una insufrible ci�naga de
republicanismo. La odiosidad
de la usurpaci�n no recae sobre m�; los forjadores de
frases a sueldo m�o
lo han persuadido ya: No ha destronado �l m�s que a la
anarqu�a. Mis derechos
al trono de Francia no est�n mal establecidos en la
novela de Lemont...
En cuanto al trono de Italia, tendr� una disertaci�n de
Montga... Esto les es
necesario a los italianos, que presumen de oradores.
Bastaba una novela para
los franceses. El pueblo bajo, que no lee, tendr� las
homil�as de los obispos y
curas que yo haya nombrado, y adem�s un catecismo
aprobado por el nuncio
apost�lico. No se resistir� a esta magia. No le falta
nada, supuesto que el
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7
Tenemos en Italia, por ejemplo, al duque de Ferrara,
que no resisti�
los asaltos de los venecianos en el 84 (1484) ni los
del papa julio
en el 10 (1510), por motivos distintos de la
antig�edad de su soberan�a
en el dominio.
Porque el pr�ncipe natural tiene menos razones y menor
necesidad de
ofender: de donde es l�gico que sea m�s amado; y a
menos que vicios
excesivos le atraigan el odio,11 es razonable
que le quieran con naturalidad
los suyos. Y en la antig�edad y continuidad de la
dinast�a se
borran los recuerdos y los motivos que la trajeron,
pues un cambio
deja siempre la piedra angular para la edificaci�n de
otro.12
papa ha ungido mi frente imperial, bajo cuyo aspecto
debo parecer todav�a
m�s inconmovible que todos los Borbones (RI).
11 No son
aborrecidos todo lo que debieran los vicios de los pr�ncipes reinantes.
(Cristina de Suecia.)
12 �Cu�ntas
piedras angulares se me dejan! La mayor�a est� todav�a all�, y
ser�a necesario que no quedase ni uno solo para que yo
perdiese toda esperanza.
Volver� a hallar all� mis �guilas, mis N, mis bustos,
mis estatuas y aun
quiz� la carroza imperial de mi coronaci�n. Todo esto
habla incesantemente a
los ojos del pueblo en mi favor y me trae a su memoria
(E).
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8
CAPITULO
III
DE
LOS PRINCIPADOS MIXTOS
Pero las dificultades existen en los principados
nuevos. Y si no
es nuevo del todo, sino corno miembro agregado a un
conjunto anterior,
que puede llamarse as� mixto,13 sus
incertidumbres nacen en
primer lugar de una natural dificultad que se
encuentra en todos los
principados nuevos. Dificultad que estriba en que los
hombres cambian
con gusto de se�or, creyendo mejorar;14 y esta
creencia los impulsa
a tomar las armas contra �l; en lo cual se enga�an,
pues luego la
experiencia les ense�a que han empeorado. Esto resulta
de otra necesidad
natural y com�n que hace que el pr�ncipe se vea
obligado a
ofender a sus nuevos s�bditos, con tropas o con mil
vejaciones que el
acto de la conquista lleva consigo.15 De modo que
tienes por enemigos
a todos los que has ofendido al ocupar el principado,
y no puedes conservar
como amigos a los que te han ayudado a conquistarlo,
porque
no puedes satisfacerlos como ellos esperaban, y puesto
que les est�s
obligado, tampoco puedes emplear medicinas fuertes
contra ellos;16
porque siempre, aunque se descanse en ej�rcitos
poderos�simos, se
tiene necesidad de la colaboraci�n de los �provincianos�
para entrar
en una provincia. Por estas razones, Luis XII, rey de
Francia, ocup�
r�pidamente a Mil�n, y r�pidamentc lo perdi�;17 y bastaron la
primera
13 Como lo ser� el
m�o sobre Piamonte, Toscana, Roma, etc. (RC.)
14 "Minore
discrimine sumi principem quaem quaeri" (Hay menores inconvenientes
en conservar el rey que se tiene que buscar otro). El
aserto es de
T�cito. Yo creo que tiene raz�n. (Cristina de Suecia.)
15 Poco me
importa: el �xito justifica (RC).
16 �Bribones! Me
dan a conocer cruelmente esta verdad. Si no lograra librarme
de su tiran�a, me sacrificar�an (RI).
17 No me lo
habr�an quitado los austro-rusos si yo hubiera permanecido all�
en 1798 (RC) .
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9
vez para arrebat�rsele las mismas fuerzas de Ludovico;
porque los
pueblos que le hab�an abierto las puertas, al verse
defraudados en las
esperanzas que sobre el bien futuro hab�an abrigado18 no pod�an
soportar
con resignaci�n las imposiciones del nuevo pr�ncipe.
Bien es cierto que los territorios rebelados se
pierden con m�s
dificultad cuando se conquistan por segunda vez,
porque el se�or,
aprovech�ndose de la rebeli�n, vacila menos en
asegurar su poder
castigando a los delincuentes, vigilando a los
sospechosos y reforzando
las partes m�s d�biles.19 De modo que, si para hacer
perder Mil�n a
Francia bast� la primera vez con duque Ludovico que
hiciese un poco
de ruido en las fronteras, para hac�rselo perder la
segunda se necesit�
que todo el mundo se concertase en su contra, y que
sus ej�rcitos fuesen
aniquilados y arrojados de Italia, lo cual se explica
por las razones
antedichas.20
Desde luego, Francia perdi� a Mil�n tanto la primera
como la
segunda vez. Las razones generales de la primera ya
han sido discurridas;
quedan ahora las de la segunda, y queda el ver los
medios de
que dispon�a o de que hubiese podido disponer alguien
que se encontrara
en el lugar de Luis XII para conservar la conquista
mejor que
�l.21
Estos Estados, que al adquirirse se agregan a uno m�s
antiguo, o
son de la misma provincia y de la misma lengua, o no
lo son. Cuando
lo son, es muy f�cil conservarlos, sobre todo cuando
no est�n acostumbrados
a vivir libres;22
y para afianzarse en el poder, basta con
18 Por lo menos,
yo no habla frustrado las esperanzas de quienes me hab�an
abierto sus puertas en 1796 (RC).
19 A lo que me
dediqu� al recuperar este pa�s en 1800. Preg�ntese al pr�ncipe
Carlos si me result� bien (RI).
20 No suceder�
esto ya (RC).
21 S� M�s que
Maquiavelo sobre este particular (RC). Estos medios no tienen
ellos ni siquiera visos de sospecharlos, y les
aconsejan otros contrarios. Mejor
que mejor (E).
22 Aun cuando lo
estuvieran, sabr�a yo reducirlos (G).
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10
haber borrado la l�nea del pr�ncipe que los gobernaba,23 porque, por lo
dem�s, y siempre que se respeten sus costumbres y las
ventajas de que
gozaban, los hombres permanecen sosegados, como se ha
visto en el
caso de Borgo�a, Breta�a, Gascu�a y Normand�a, que
est�n unidas a
Francia desde hace tanto tiempo;24 y aun cuando
hay alguna diferencia
de idioma, sus costumbres son parecidas y pueden
convivir en
buena armon�a. Y quien los adquiera, si desea
conservarlos, debe
tener dos cuidados: primero que la descendencia del
anterior pr�ncipe
desaparezca;25 despu�s, que ni sus leyes ni sus tributos sean
alterados.
26 Y se ver� que
en brev�simo tiempo el principado adquirido pasa
a constituir un solo y mismo cuerpo con el principado
conquistador.27
Pero cuando se adquieren Estados en una provincia con
idioma,
costumbres y organizaci�n diferentes, surgen entonces
las dificultades28
y se hace precisa mucha suerte y mucha habilidad para
conservarlos;
y uno de los mejores y m�s eficaces remedios ser�a que
la
persona que los adquiriera fuese a vivir en ellos.
Esto har�a m�s segura
y m�s duradera la posesi�n. Como ha hecho el Turco con
Grecia;
ya que, a despecho de todas las disposiciones tomadas
para conservar
aquel Estado, no habr�a conseguido retenerlo si no
hubiese ido a establecerse
all�.29 Porque, de esta manera, ven nacer los des�rdenes y se
los puede reprimir con prontitud; pero, residiendo en
otra parte, se
entera uno cuando ya son grandes y no tienen remedio.
Adem�s, los
23 No me olvidar�
de esto en cuantas partes establezca mi dominaci�n (G).
24 B�lgica, que
reci�n lo est�, suministra, gracias a m�, un bello ejemplo
(RC).
25 Le ayudar�n
(G).
26 Simpleza de
Maquiavelo. �Pod�a conocer �l tan bien como yo todo el dominio
de la fuerza? Le dar� bien pronto una lecci�n opuesta
en su mismo pa�s,
en Toscana, como tambi�n en Piamonte, Parma, Roma, ete.
(RI).
27 Conseguir� los
mismos resultados sin estas precauciones de la debilidad
(RI).
28 Otra simpleza.
�La fuerza! (RI).
29 Lo suplir� con
virreyes o reyes que no ser�n m�s que dependientes m�os.
No har�n nada sino por orden m�a, o de lo contrario:
"destituidos" (RI).
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11
representantes del pr�ncipe no pueden saquear la
provincia,30 y los
s�bditos est�n m�s satisfechos porque pueden recurrir
a �l f�cilmente
y tienen m�s oportunidades para amarlo,31 si quieren ser
buenos, y
para temerlo, si quieren proceder de otra manera. Los
extranjeros que
desearan apoderarse del Estado tendr�an m�s respeto;
de modo que,
habitando en �l, s�lo con much�sima dificultad podr�
perderlo.32
Otro buen remedio es mandar colonias a uno o dos
lugares que
sean como llaves de aquel Estado; porque es preciso
hacer esto o
mantener numerosa tropas.33 En las colonias
no se gasta mucho, y con
esos pocos gastos se las gobierna y conserva, y s�lo
se perjudica a
aquellos a quienes se arrebatan los campos y las casas
para darlos a
los nuevos habitantes, que forman una m�nima parte de
aquel Estado.
Y como los damnificados son pobres y andan dispersos,
jam�s pueden
significar peligro;34
35y en cuanto a los dem�s, como por una
parte no
tienen motivos para considerarse perjudicados, y por
la otra temen
incurrir en falta y exponerse a que les suceda lo que
a los despojados,
se quedan tranquilos.36 Concluyo que las colonias no
cuestan, que son
m�s fieles y entra�an menos peligro; y que los
damnificados no pueden
causar molestias, porque son pobres y est�n aislados,
como ya he
dicho.37
30 Conviene,
ciertamente que se enriquezcan si, por otra parte. me sirven a mi
antojo (RC).
31 T�manme, y me
basta (RI).
32 Imposible con
respecto a m�. El terror de mi nombre equivaldr� a mi presencia
(RC).
33 Ad abundantiam
juris. Se hace uno Y otro (RC).
34 Es menester
cuidarse de aquellos que, aunque no tienen nada que perder,
tienen coraz�n. (Cristina de Suecia.)
35 Es harto buena
la reflexi�n y me aprovechar� de ella (RC).
36 He aqu� como
los quiero (RC).
37 Ejecutar� todo
esto en el Piamonte, al reunirlo a Francia. All� tendr� para
mis colonias aquellos bienes confiscados con
anterioridad a mi llegada y que
se ha convenido en denominar "nacionales"
(G).
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12
Ha de notarse, pues, que a los hombres hay que
conquistarlos o
eliminarlos,38 porque si se vengan de las ofensas leves,39 de las graves
no pueden; as� que la ofensa que se haga al hombre
debe ser tal, que le
resulte imposible vengarse.40
Si en vez de las colonias se emplea la ocupaci�n militar,
el gasto
es mucho mayor, porque el mantenimiento de la guardia
absorbe las
rentas del Estado41
y la adquisici�n se convierte en p�rdida,
y, adem�s,
se perjudica e incomoda a todos con el frecuente
cambio del
alojamiento de las tropas. Incomodidad y perjuicio que
todos sufren, y
por los cuales todos se vuelven enemigos; y son
enemigos que deben
temerse, aun cuando permanezcan encerrados en sus
casas42.
La ocupaci�n
militar es, pues, desde cualquier punto de vista, tan
in�til como
�tiles son las colonias.
El pr�ncipe que anexe una provincia de costumbres,
lengua y organizaci�n
distintas a las de la suya, debe tambi�n convertirse
en
palad�n y defensor de los vecinos menos poderosos,
ingeniarse para
debilitar a los de mayor poder�o43 y cuidarse de
que, bajo ning�n pretexto,
entre en su Estado un extranjero tan poderoso como �l.
Porque
siempre sucede que el reci�n llegado se pone de parte
de aquellos que,
por ambici�n o por miedo, est�n descontentos de su
gobierno;44 como
ya se vio cuando los etolios llamaron a los romanos a
Grecia: los inva-
38 Todo esto ser�a
torpe si no fuese imp�o. (Cristina de Suecia.)
39 No veo hacerlas
m�s que ligeras a los m�os por esp�ritu de benignidad; no
se vengar�n menos de ellos en beneficio m�o. �Se sabe
el abec� del arte de
reinar cuando se ignora que desagradando un poco es
como si se desagradara
con mucho? (E)
40 No he observado
bastante bien esta regla; pero ellos arman a los que ofenden,
y estos ofendidos me pertenecen (E).
41 Las carga uno
muy bien a fin de que quede algo para s� (RC).
42 No los temo,
cuando los fuerzo a quedarse en ellas y de las que no saldr�n,
al menos para reunirse contra m� (RC).
43 Para ello no
hay mejor medio que desposeerlos y apoderarse de sus despojos.
M�dena, Plasencia, Parma, N�poles, Roma y Florencia
proporcionaron
otros nuevos (RC).
44 Sobre esto
espero a Austria, en Lombard�a (G).
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13
sores entraron en las dem�s provincias llamados por
sus propios habitantes.
45 Lo que ocurre
com�nmente es que, no bien un extranjero
poderoso entra en una provincia, se le adhieren todos
los que sienten
envidia del que es m�s fuerte entre ellos;46 de modo que el
extranjero
no necesita gran fatiga para ganarlos a su causa, ya
que enseguida y
de buena gana forman un bloque con el Estado invasor.47 S�lo tiene
que preocuparse de que despu�s sus aliados no
adquieran demasiada
fuerza y autoridad, cosa que puede hacer f�cilmente
con sus tropas,
que abatir�n a los poderosos y lo dejar�n �rbitro
�nico de la provincia.
48 El que, en lo
que a esta parte se refiere, no gobierne bien perder�
muy pronto lo que hubiere conquistado, y aun cuando lo
conserve,
tropezar� con infinitas dificultades y obst�culos.49
Los romanos, en las provincias de las cuales se
hicieron due�os,
observaron perfectamente estas reglas. Establecieron
colonias, respetaron
a los menos poderosos sin aumentar su poder,
avasallaron a los
poderosos y no permitieron adquirir influencia en el pa�s
a los extranjeros
poderosos.50 Y quiero que me baste lo sucedido en la provincia
de Grecia como ejemplo. Fueron respetados acayos y
etolios, fue sometido
el reino de los macedonios, fue expulsado Ant�oco,51 y nunca
los m�ritos que hicieron acayos o etolios los llevaron
a permitirles
expansi�n alguna52
ni las palabras de Filipo los indujeron a
tenerlo
corno amigo sin someterlo, ni el poder de Ant�oco pudo
hacer que
45 Los que pueden
llamarse en Lombard�a no son romanos (G).
46 �Qu� buen
socorro hallar�a Austria, contra m� en las flojas potencias actuales
de Italia! (G).
47 �Ganarlos! No
me tomar� este trabajo. Estar�n obligados con mi fuerza a
formar cuerpo conmigo, especialmente en mi plan de
Confederaci�n del Rin
(RI).
48 Bueno de
consultar para mis proyectos sobre Italia y Alemania (G).
49 Maquiavelo se
admirar�a del arte con que supe ahorr�rmelos (RI).
50 Se cuida de
desacreditarlos all� (RC).
51 �Por qu� no
todos los dem�s! (RC).
52 No era esto
bastante: los hijos de R�mulo ten�an todav�a necesidad de m�
escuela (RI).
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14
consintiesen en darle ning�n Estado en la provincia.53 Los romanos
hicieron en estos casos lo que todo pr�ncipe prudente
debe hacer, lo
cual no consiste simplemente en preocuparse de los
des�rdenes presentes,
sino tambi�n de los futuros, y de evitar los primeros
a cualquier
precio. Porque previni�ndolos a tiempo se pueden
remediar con
facilidad; pero si se espera que progresen, la
medicina llega a deshora,
pues la enfermedad se ha vuelto incurable. Sucede lo
que los m�dicos
dicen del t�sico: que al principio su mal es dif�cil
de conocer, pero
f�cil de curar,54
mientras que, con el transcurso del
tiempo, al no
haber sido conocido ni atajado, se vuelve f�cil de
conocer, pero dif�cil
de curar. As� pasa en las cosas del Estado: los males
que nacen en �l,
cuando se los descubre a tiempo, lo que s�lo es dado
al hombre sagaz,
se los cura pronto; pero ya no tienen remedio cuando,
por no haberlos
advertido, se los deja crecer hasta el punto de que
todo el mundo los
ve.
Pero como los romanos vieron con tiempo los
inconvenientes, los
remediaron siempre, y jam�s les dejaron seguir su
curso por evitar una
guerra, porque sab�an que una guerra no se evita, sino
que se difiere
para provecho ajeno.55 La declararon, pues, a Filipo y
a Ant�oco en
Grecia, para no verse obligados a sostenerla en
Italia; y aunque entonces
pod�an evitarla tanto en una como en otra parte, no lo
quisieron.
Nunca fueron partidarios de ese consejo, que est� en
boca de todos los
sabios de nuestra �poca:56 �hay que esperarlo todo del
tiempo�;57 prefirieron
confiar en su prudencia y en su valor, no ignorando
que el
53 Es lo mejor que
ellos hicieron (RC).
54 Maquiavelo
ten�a el �nimo enfermo al escribir esto, o hab�a visto a su
m�dico (RI).
55 Importante
m�xima, de que me es preciso formar una de las principales
reglas de mi marcial y pol�tica conducta (G).
56 He aqu� la
pol�tica de los reyes, la �nica s�lida. (Cristina de Suecia.)
57 Son unos
cobardes, y si se pusieran en mi presencia alguno consejeros de
este templo, los... (RC).
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15
tiempo puede traer cualquier cosa consigo, y que puede
engendrar
tanto el bien como el mal, y tanto el mal como el
bien.58
Pero volvamos a Francia y examinemos si se ha hecho
algo de lo
dicho. Hablar�, no de Carlos, sino de Luis, es decir,
de aquel que, por
haber dominado m�s tiempo en Italia, nos ha permitido
apreciar mejor
su conducta.
Y se ver� como ha hecho lo contrario de lo que debe
hacerse para
conservar un estado de distinta nacionalidad.59
El rey Luis fue llevado a Italia por la ambici�n de
los venecianos,
que quer�an, gracias a su intervenci�n, conquistar la
mitad de Lombard�a.
Yo no pretendo censurar la decisi�n por el rey, porque
si ten�a
el prop�sito de empezar a introducirse en Italia, y
carec�a de amigos, y
todas las puertas se le cerraban a causa de los
desmanes del rey Carlos,
no pod�a menos que aceptar las amistades que se le
ofrec�an.60 Y
habr�a triunfado en su designio si no hubiera cometido
error alguno en
sus medidas posteriores. Conquistada, pues, la
Lombard�a, el rey
pronto recobr� para Francia la reputaci�n que Carlos
le hab�a hecho
perder. G�nova cedi�; los florentinos le brindaron su
amistad; el marqu�s
de Mantua, el duque de Ferrara, los Bentivoglio, la
se�ora de
Forli, los se�ores de Faenza de P�saro, de R�mini, de
Camerino y de
Piombino, los luqueses, los pisanos y los sieneses,
todos trataron de
convertirse en sus amigos.61 Y entonces
pudieron comprender los
venecianos la temeridad de su ocurrencia: para
apoderarse de dos
58 Es menester
saber dominar sobre uno y otro (G).
59 Prescribir�
all� el uso de la lengua francesa, comenzando por Piamonte, que
es la provincia m�s pr�xima a Francia. Ninguna cosa m�s
eficaz para introducir
las costumbres de un pueblo en otro extranjero que
acreditar all� su lengua
(G).
60 Me era mucho
m�s f�cil comprar a los genoveses, que, por especulaci�n
fiscal, me dieron entrada en Italia (G).
61 He sabido
proporcionarme ya el mismo honor, y no cometer�, ciertamente,
las mismas faltas (G).
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16
ciudades de Lombard�a, hicieron el rey due�o de las
dos terceras partes
de Italia.62
Consid�rese ahora con qu� facilidad el rey pod�a
conservar su
influencia en Italia, con tal de haber observado las
reglas enunciadas y
defendido a sus amigos, que, por ser numerosos y
d�biles, y temer
unos a los venecianos y otros a la Iglesia, estaban
siempre necesitados
de su apoyo; y por medio de ellos contener sin
dificultad a los pocos
enemigos grandes que quedaban.63 Pero pronto
obr� al rev�s en Mil�n,
al ayudar al papa Alejandro para que ocupase la
Roma�a. No
advirti� de que con esta medida perd�a a sus amigos y
a los que se
hab�an puesto bajo su protecci�n, y al par que
debilitaba sus propias
fuerzas, engrandec�a a la Iglesia, 64 a�adiendo
tanto poder temporal al
espiritual, que ya bastante autoridad le daba.65 Y cometido un
primer
error, hubo que seguir por el mismo camino; y para
poner fin a la
ambici�n de Alejandro e impedir que se convirtiese en
se�or de Toscana,
se vio obligado a volver a Italia. No le bast� haber
engrandecido
a la Iglesia y perdido a sus amigos, sino que, para
gozar tranquilo del
reino de N�poles, lo comparti� con el rey de Espa�a;66 y donde �l era
antes �rbitro �nico, puso un compa�ero para que los
ambiciosos y
descontentos de la provincia tuviesen a quien
recurrir; y donde pod�a
haber dejado a un rey tributario67 llam� a
alguien que pod�a echarlo a
�l.68
62 Los lombardos,
a quienes aparent� dar la Valtelina, el Bergamasco, Mantuano,
Bresciano, etc., comunic�ndoles la man�a republicana,
me hicieron ya
el mismo servicio. Due�o una vez de su territorio,
tendr� bien pronto el resto
de Italia (G).
63 No tendr�
necesidad de ellos para conseguir esta ventaja (G).
64 Falta enorme
(G).
65 Es
indispensable que yo embote los dos filos de su cuchilla. Luis XII no era
m�s que un idiota (G).
66 Lo hare
tambi�n, pero la repartici�n que haga no me quitar� la supremac�a,
y mi buen Jos� no me la disputar� (RI)
67 Como lo ser� el
que yo ponga all�. (RI).
68 Vi�ndome
precisado a retirar de all� a mi Jos�, no estoy sin temores sobre
el sucesor que le doy (RI).
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17
El ansia de conquista es, sin duda, un sentimiento muy
natural y
com�n, y siempre que lo hagan los que pueden, antes
ser�n alabados
que censurados; pero cuando intentan hacerlo a toda
costa los que no
pueden, la censura es l�cita.69 Si Francia
pod�a, pues, con sus fuerzas
apoderarse de N�poles, deb�a hacerlo; y si no pod�a,
no deb�a dividirlo.
Si el reparto que hizo de Lombard�a con los venecianos
era excusable
porque le permiti� entrar en Italia, lo otro, que no70 estaba
justificado por ninguna necesidad, es reprobable. Luis
cometi�, pues,
cinco faltas: aniquil� a los d�biles,71 aument� el
poder de un poderoso
de Italia, introdujo en ella a un extranjero m�s
poderoso a�n, no se
estableci� en el territorio conquistado y no fund�
colonias. Y, sin
embargo, estas faltas, por lo menos en vida de �l,
pod�an no haber
tra�do consecuencias desastrosas si no hubiese
cometido la sexta, la de
despojar de su Estado a los venecianos.72 Porque, en vez
de hacer fuerte
a la Iglesia y de poner a Espa�a en Italia, era muy
razonable y hasta
necesario que los sometiese; pero cometido el error,
nunca debi� consentir
en la ruina de los venecianos, pues poderosos como
eran, habr�an
mantenido a los otros siempre distantes de toda acci�n
contra
Lombard�a, ya porque no lo hubiesen permitido sino
para ser ellos
mismos los due�os, ya porque los otros no hubiesen
querido arrebat�rsela
a Francia para d�rsela a los venecianos, y para atacar
a ambos a
la vez les hubiera faltado audacia.73 Y si alguien
dijese que el rey Luis
cedi� la Roma�a a Alejandro y el Reino a Espa�a para
evitar la guerra,
contestar�a con las razones arriba enunciadas: que
para evitar una
guerra nunca se debe dejar que sin desorden siga su
curso, porque no
se la evita, sino se la posterga en perjuicio propio74. Y si otros
alega-
69 No faltar� nada
a las m�as (G).
70 Se busca que no
lo sea (G).
71 No era una, si
no hubiera cometido las otras (G).
72 Su falta
consisti� en no haber tomado bien el tiempo de ello (G).
73 El raciocinio
es bastante bueno para aquel tiempo (RI).
74 Al primer
descontento, declarada la guerra: conocido una vez esta
prontitud de resoluci�n hace circunpectos a nuestros
enemigos.
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18
sen que el rey hab�a prometido al papa ejecutar la
empresa en su favor
para obtener la disoluci�n de su matrimonio y el
capelo de Ru�n,
responder�a con lo que m�s adelante se dir� acerca de
la fe de los
pr�ncipes y del modo de observarla.75
El rey Luis ha perdido, pues, la Lombard�a por no
haber seguido
ninguna de las normas que siguieron los que
conquistaron provincias
y quisieron conservarlas. No se trata de milagro
alguno, sino de un
hecho muy natural y l�gico. As� se lo dije en Nantes
al cardenal de
Ru�n llamado �el Valentino� como era llamado por el
pueblo C�sar
Borgia, hijo del papa Alejandro, ocupaba la Roma�a.
Como me dijera
el cardenal de Ru�n que los italianos no entend�an
nada de las cosas
de la guerra, yo tuve que contestarle que los
franceses entend�an menos
de las que se refieren al Estado, porque de lo
contrario no hubiesen
dejado que la Iglesia adquiriese tanta influencia.76 Y ya se ha
visto
c�mo, despu�s de haber contribu�do a crear la grandeza
de la Iglesia y
de Espa�a en Italia, Francia fue arruinada por ellas.77 De lo cual se
infiere una regla general que rara vez o nunca falla:
que el que ayuda
a otro a hacerse poderoso causa su propia ruina.78 Porque es
natural
que el que se ha vuelto poderoso recele de la misma
astucia o de la
misma fuerza gracias a las cuales se lo ha ayudado.79
75 Aqu� est� el
mayor arte de la pol�tica: y mi dictamen es que no podemos
poseerlo bastante lejos (G).
76 �Era menester
m�s para que Roma anatematizara a Maquiavelo? (G).
77 Ellos me lo
pagar�n caro (RI).
78 Lo que no har�
nunca (G).
79 Los enemigos no
aparentan recelarlo (G).
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19
CAPITULO
IV
POR
QUE EL REINO DE DARIO, OCUPADO POR
ALEJANDRO,
NO SE SUBLEVO CONTRA LOS
SUCESORES
DE ESTE, DESPUES DE SU
MUERTE:80
Consideradas las dificultades que encierra el
conservar un Estado
recientemente adquirido, alguien podr�a preguntarse
con asombro a
qu� se debe que, hecho Alejandro Magno due�o de Asia
en pocos
a�os81 y muerto apenas ocupada, sus sucesores, en
circunstancias en
que hubiese sido muy natural que el Estado se
rebelase, lo retuvieron
en sus manos82 sin otros obst�culos que los que por ambici�n
surgieron
entre ellos.83 Contesto que todos los principados de que se guarda
memoria han sido gobernados de dos modos distintos: o
por un pr�ncipe
que elige de entre sus siervos, que lo son todos, los
ministros que
lo ayudar�n a gobernar, o por un pr�ncipe asistido por
nobles que, no a
la gracia del se�or, sino a la antig�edad de su
linaje, deben la posici�n
que ocupan. Estos nobles tienen Estados y s�bditos
propios, que los
reconocen por se�ores y les tienen natural afecci�n.84 Mientras que,
en
los Estados gobernados por un pr�ncipe asistido por
siervos, el pr�ncipe
goza de mayor autoridad: porque en toda la provincia
no se reconoce
soberano sino a �l, y si se obedece a otro, a quien
adem�s no se
80 Atenci�n a
esto: no puedo casi prometerme m�s que treinta a�os de reinado
y quiero tener hijos id�neos para sucederme (RI).
81 Seis a�os.
(Cristina de Suecia.)
82 Le conten�a el
poder del solo nombre de Alejandro (RI)
83 Carlomagno se
mostr� m�s sabio de lo que hab�a sido aquel loco de Alejandro,
que quiso que sus herederos celebrasen sus exequias con
las armas en
la mano (RI).
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tiene particular amor, s�lo se lo hace por tratarse de
un ministro y
magistrado del pr�ncipe.85 Los ejemplos de estas dos
clases de gobierno
se hallan hoy en el Turco y en el rey de Francia.86 Toda Turqu�a
est� gobernada por un solo se�or, del cual los dem�s
habitantes son
siervos; un se�or que divide su reino en sanjacados,
nombra sus administradores
y los cambia y reemplaza a su antojo.87 En cambio, el
rey
de Francia est� rodeado por una multitud de antiguos
nobles que tienen
sus prerrogativas, que son reconocidos y amados por
sus s�bditos
y que son due�os de un Estado que el rey no puede
arrebatarles sin
exponerse.88 As�, si se examina uno y otro gobierno, se ver� que
hay,
en efecto, dificultad para conquistar el Estado del
Turco, pero que,
una vez conquistado, es muy f�cil conservarlo. Las
razones de la dificultad
para apoderarse del reino del Turco residen en que no
se puede
esperar ser llamado por los pr�ncipes del Estado, ni
confiar en que su
rebeli�n facilitar� la empresa.89 Porque, siendo
esclavos y deudores
del pr�ncipe, no es nada f�cil sobornarlos; y aunque
se lo consiguiese,
de poca utilidad ser�a, ya que, por las razones
enumeradas, los traidores
no podr�an arrastrar consigo al pueblo.90 De donde quien
piense en
atacar al Turco reflexione antes en que hallar� el
Estado unido, y
conf�e m�s en sus propias fuerzas que en las intrigas
ajenas.91 Pero
una vez vencido y derrotado en campo abierto de manera
que no pue-
84 Antigualla
feudal que temo ciertamente verme obligado a resucitar, al mis
generales persisten en hacerme ley de ello (RI).
85 �Famoso! Har�
todo para lograrlo (RI).
86 Ya no existe
diferencia entre Turqu�a y Francia. El gobierno de Francia es
el de Turqu�a, pero en miniatura. (Cristina de Suecia.)
(Cristina se refiere al
gobierno de Luis XIV. Conviene mencionar que tanto �ste
como Francia en
aquella �poca impresionaron desfavorablemente a la
reina sueca.)
87 Son respetables
siempre los antojos de los emperadores. Tienen ellos sus
motivos para concebirlos (RI).
88 No tengo a lo
menos este estorbo, aunque si otros equivalentes (RI).
89 Discurramos
medios extraordinarios, porque es de gran necesidad que el
Imperio de Oriente vuelva a reunirse con el de
Occidente (RI).
90 �Ojal� que en
Francia me hallara yo en una situaci�n parecida! (RC)
91 Mis fuerzas y
mi nombre (RI).
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da rehacer sus ej�rcitos, ya no hay que temer sino a
la familia del
pr�ncipe; y extinguida �sta,92 no queda nadie
que signifique peligro,
pues nadie goza de cr�dito en el pueblo; y como antes
de la victoria el
vencedor no pod�a esperar nada de los ministros del
pr�ncipe, nada
debe temer despu�s de ella.93
Lo contrario sucede en los reinos organizados como el
de Francia,
donde, si te traes a algunos de los nobles, que
siempre existen
descontentos y amigos de las mudanzas, f�cil te ser�
entrar.94 Estos,
por las razones ya dichas, pueden abrirte el camino y
facilitarte la
conquista; pero si quieres mantenerla, tropezar�s
despu�s con infinitas
dificultades y tendr�s que luchar contra los que te
han ayudado y contra
los que has oprimido.95 96No bastar� que extermines la
raza del
pr�ncipe: quedar�n los nobles, que se har�n cabecillas
de los nuevos
movimientos, y como no podr�s conformarlos ni matarlos
a todos97
perder�s el Estado en la primera oportunidad que se
les presente.98
Ahora, si se medita sobre la naturaleza del gobierno
de Dar�o, se
advertir� que se parec�a mucho al del Turco.99 Por eso fue
preciso que
Alejandro lo derrotar� completamente y le cortara la
campa�a. Despu�s
de la victoria, y muerto Dar�o, Alejandro qued� due�o
tranquilo
del Estado, por las razones discurridas. Y si los sucesores
hubiesen
permanecido unidos, habr�an podido gozar en paz de la
conquista,
porque no hubo en el reino otros tumultos que los que
ellos mismos
suscitaron. Pero es imposible conservar con tanta
seguridad un Estado
92 Dudo si el
imperio del mundo vale tal precio. (Cristina de Suecia.)
93 �Por qu� no
puedo hacer mudar juntamente de lugar a Turqu�a y a Francia?
(RI).
94 Cortarles los
brazos o levantarles la tapa de los sesos (RC).
95 Considero a
Francia f�cil de conquistar y no dif�cil de conservar. (Cristina
de Suecia.)
96 No lo echo de
ver m�s que mucho (RI).
97 Se habla
comenzado tan bien en 1793... (RI).
98 Esto no es sino
muy cierto (RI)
99 Pero Dar�o no
era el igual de Alejandro como... (RC).
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organizado como el de Francia.100 Por ejemplo,
los numerosos principados
que hab�a en Espa�a, Italia y Grecia explican las
recuentes
revueltas contra los romanos y mientras perdur� el
recuerdo de su
existencia, los romanos nunca estuvieron seguros de su
conquista;
pero una vez el recuerdo borrado, se convirtieron,
gracias a la duraci�n
y al poder del imperio, en sus seguros dominadores.101 Y as�
despu�s pudieron, pele�ndose entre s�, sacar la parte
que les fue posible
en aquellas provincias, de acuerdo con la autoridad
que ten�an en
ellas; porque, habi�ndose extinguido la familia de sus
antiguos se�ores,
no se reconoc�an otros due�os que los romanos.
Considerando,
pues, estas cosas, no se asombrar� nadie de la
facilidad con que Alejandro
conserv� el Estado de Asia, y de la dificultad con que
los otros
conservaron lo adquirido como Pirro y muchos otros. Lo
que no depende
de la poca o mucha virtud del conquistador, sino de la
naturaleza
de lo conquistado.
100 He provisto a
esto y proveer� m�s todav�a (RI).
101 Cuento con la
misma ventaja en lo que me concierne (RI).
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23
CAPITULO
V
DE
QUE MODO HAY QUE GOBERNAR LAS
CIUDADES
O PRINCIPADOS QUE, ANTES DE SER
OCUPADOS,
SE REGIAN POR SUS PROPIAS
LEYES
Hay tres modos de conservar un Estado que, antes de
ser adquirido,
estaba acostumbrado a regirse por sus propias leyes y
a vivir en
libertad: primero, destruirlo;102 despu�s,
radicarse en �l; por �ltimo,
dejarlo regir por sus leyes,103 obligarlo a
pagar un tributo y establecer
un gobierno compuesto por un corto n�mero de personas,
para que se
encargue de velar por la conquista. Como ese gobierno
sabe que nada
puede sin la amistad y poder del pr�ncipe, no ha de
reparar en medios
para conservarle el Estado. Porque nada hay mejor para
conservar -si
se la quiere conservar- una ciudad acostumbrada a
vivir libre que
hacerla gobernar por sus mismos ciudadanos.104
Ah� est�n los espartanos y romanos como ejemplo de
ello. Los
espartanos ocuparon a Atenas y Tebas, dejaron en ambas
ciudades un
gobierno olig�rquico, y, sin embargo, las perdieron.
Los romanos,
para conservar a Capua, Cartago y Numancia, las
arrasaron, y no las
perdieron. Quisieron conservar a Grecia como lo hab�an
hecho los
espartanos, dej�ndole sus leyes y su libertad, y no
tuvieron �xito: de
modo que se vieron obligados a destruir muchas
ciudades de aquella
provincia para no perderla. Porque, en verdad, el
�nico medio seguro
102 Esto no vale
nada en el siglo en que estamos (G).
103 Mala m�xima;
la continuaci�n es lo que hay de mejor (G).
104 En Mil�n, una
comisi�n ejecutiva de tres adietos, como mi triunvirato
directorial de G�nova (RC).
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de dominar una ciudad acostumbrada a vivir libre es
destruirla.105
Quien se haga due�o de una ciudad as� y no la aplaste,
espere a ser
aplastado por ella. Sus rebeliones siempre tendr�n por
baluarte el
nombre de libertad y sus antiguos estatutos, cuyo
h�bito nunca podr�
hacerle perder el tiempo ni los beneficios. Por mucho
que se haga y se
prevea, si los habitantes no se separan ni se
dispersan, nadie se olvida
de aquel nombre ni de aquellos estatutos, y a ellos
inmediatamente
recurren en cualquier contingencia, como hizo Pisa
luego de estar un
siglo bajo el yugo florentino.106 Pero cuando
las ciudades o provincias
est�n acostumbradas a vivir bajo un pr�ncipe, y por la
extinci�n de
�ste y su linaje queda vacante el gobierno, como por
un lado los habitantes
est�n habituados a obedecer y por otro no tienen a
qui�n, y no
se ponen de acuerdo para elegir a uno de entre ellos,
ni saben vivir en
libertad, y por �ltimo tampoco se deciden a tomar las
armas contra el
invasor, un pr�ncipe puede f�cilmente conquistarlas y
retenerlas.107 En
las rep�blicas, en cambio, hay m�s vida, m�s odio, m�s
ansias de venganza.
El recuerdo de su antigua libertad no les concede, no
puede
concederles un solo momento de reposo. Hasta tal punto
que el mejor
camino es destruirlas108 o radicarse en ellas.109
105 Pero puede
hacerce esto a la letra de muchas modos, sin destruirla, mudando,
sin embargo, su constituci�n (G).
106 G�nova podr�a
darme alguna inquietud, pero nada tengo que temer de los
venecianos (RC).
107 Especialmente
cuando se dice que se trae la libertad e igualdad al pueblo
(G).
108 Basta con
atemperar o revolucionar (G).
109 Esto no es
necesario cuando uno los ha revolucionado y, dici�ndoles que
son libres, los tiene firmemente bajo su mando (G).
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25
CAPITULO
VI
DE
LOS PRINCIPADOS NUEVOS QUE
SE
ADQUIEREN CON LAS ARMAS PROPIAS Y EL
TALENTO
PERSONAL
Nadie se asombre de que, al hablar de los principados
de nueva
creaci�n y de aquellos en los que s�lo es nuevo el
pr�ncipe, traiga yo a
colaci�n ejemplos ilustres. Los hombres siguen casi
siempre el camino
abierto por otros y se empe�an en imitar las acciones
de los dem�s.110
Y aunque no es posible seguir exactamente el mismo
camino ni alcanzar
la perfecci�n del modelo, todo hombre prudente debe
entrar en el
camino seguido por los grandes e imitar a los que han
sido excelsos,
para que, si no los iguala en virtud, por lo menos se
les acerque;111 y
hacer como los arqueros experimentados, que, cuando
tienen que dar
en blanco muy lejano, y dado que conocen el alcance de
su arma,
apuntan por sobre �l, no para llegar a tanta altura,
sino para acertar
donde se lo propon�an con la ayuda de mira tan
elevada.112
Los principados de nueva creaci�n, donde hay un
pr�ncipe nuevo,
son m�s o menos dif�ciles de conservar seg�n que sea
m�s o menos
h�bil el pr�ncipe que los adquiere. Y dado que el
hecho de que un
hombre se convierta de la nada en pr�ncipe presupone
necesariamente
talento o suerte,113
es de creer que una u otra de estas dos
cosas allana,
en parte, muchas dificultades. Sin embargo, el que
menos ha confiado
en el azar es siempre el que m�s tiempo se ha
conservado en su conquista.
Tambi�n facilita enormemente las cosas el que un
pr�ncipe, al
110 Podr�, por
cierto, a veces hacerte mentir (G).
111 Pas� por esto
(G).
112 Har� ver que,
aparentando asestar m�s abajo, se puede llegar all� f�cilmente
(G).
113 El valor es
m�s necesario que la fortuna: �l la hace nacer (G).
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no poseer otros Estados, se vea obligado a
establecerse en el que ha
adquirido. Pero quiero referirme a aquellos que no se
convirtieron en
pr�ncipes por el azar, sino por sus virtudes114. Y digo
entonces que
entre ellos, los m�s ilustres han sido Mois�s, Ciro,
R�mulo, Teseo y
otros no menos grandes. Y aunque Mois�s s�lo fue un
simple agente
de la voluntad de Dios, merece, sin embargo, nuestra
admiraci�n,
siquiera sea por la gracia que lo hac�a digno de
hablar con Dios.115
Pero tambi�n son admirables Ciro y todos los dem�s que
han adquirido
o fundado reinos;116
y si juzgamos sus hechos y su gobierno,
hallaremos
que no deslucen ante los de Mois�s, que tuvo tan gran
preceptor.II Y si nos detenemos a estudiar su vida y sus obras,
descubriremos
que no deben a la fortuna sino el haberles
proporcionado la
ocasi�n propicia, que fue el material al que ellos
dieron la forma conveniente.
117 Verdad es
que, sin esa ocasi�n, sus m�ritos de nada hubieran
valido; pero tambi�n es cierto que, sin sus m�ritos,
era in�til que
la ocasi�n se presentar�.118 Fue, pues,
necesario que Mois�s hallara al
pueblo de Israel esclavo y oprimido por los egipcios
para que ese pueblo,
ansioso de salir de su sojuzgamiento, se dispusiera a
seguirlo.119
Se hizo menester que R�mulo no pudiese vivir en Alba y
estuviera
expuesto desde su nacimiento, para que llegase a ser
rey de Roma y
fundador de su patria.120 Ciro tuvo que ver a los persas
descontentos
de la dominaci�n de los medas, y a los medas flojos e
indolentes como
consecuencia de una larga paz.121 No habr�a
podido Teseo poner de
manifiesto sus virtudes sino hubiese sido testigo de
la dispersi�n de los
114 Esto mira a
m� (G).
115 No aspiro a
tanta altura, sin la que me paso (G).
116 Aumentar� esta
lista (G).
117 No me es
necesario m�s. Ella vendr�; estemos dispuestos a cogerla (G).
118 El valor ante
todo (G).
119 Es la
condici�n y la situaci�n actual de los franceses (G)
120 Mi ben�fica
loba estuvo en Briene. �R�mulo, te eclipsar�n! (G).
121 �Quita all�!
(G).
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atenienses.122 Por lo tanto, estas ocasiones permitieron que estos
hombres
realizaran felizmente sus designios, y, por otro lado,
sus m�ritos
permitieron que las ocasiones rindieran provecho, con
lo cual llenaron
de gloria y de dicha a sus patrias.123
Los que, por caminos semejantes a los de aqu�llos, se
convierten
en pr�ncipes adquieren el principado con dificultades,
pero lo conservan
sin sobresaltos. Las dificultades nacen en parte de
las nuevas leyes
y costumbres que se ven obligados a implantar para fundar
el Estado y
proveer a su seguridad.124 Pues debe considerarse que no
hay nada
m�s dif�cil de emprender, ni m�s dudoso de hacer
triunfar, ni m�s
peligroso de manejar, que el introducir nuevas leyes.125 Se explica:
el
innovador se transforma en enemigo de todos los que se
beneficiaban
con las leyes antiguas,126 y no se granjea sino la
amistad tibia de los
que se beneficiar�n con las nuevas. O Tibieza en
�stos, cuyo origen es,
por un lado, el temor a los que tienen de su parte a
la legislaci�n antigua,
y por otro, la incredulidad de los hombres, que nunca
f�an en las
cosas nuevas hasta que ven sus frutos.127 De donde
resulta que, cada
vez que los que son enemigos tienen oportunidad para
atacar, lo hacen
en�rgicamente, y aquellos otros asumen la defensa con
tibieza, de
modo que se expone uno a caer con ellos.128 Por
consiguiente, si se
quiere analizar en esta parte, es preciso ver si esos
innovadores lo son
por s� mismos, o si dependen de otros; es decir, si
necesitan recurrir a
la s�plica para realizar su obra, o si pueden
imponerla por la fuerza.
En el primer caso, fracasan siempre, y nada queda de
sus intencio-
122 �Pobre h�roe!
(G).
123 Bastar�a su
punta de sabidur�a hoy en d�a! (G)
124 Se logra esto
con alguna astucia (RC).
125 No sabe tener
uno, pues, a sus �rdenes, algunos maniqu�es legislativos?
(G).
126 Sabr�
inutilizar su actividad (G).
127 El buen hombre
no sab�a como uno se proporciona entonces acalorados
defensores, que hacen desistir a los otros (RC).
128 Esto no sucede
m�s que a los pueblos algo sabios y que conservan todav�a
alguna libertad (RC).
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28
nes,129 pero cuando s�lo dependen de s� mismos y pueden actuar
con
la ayuda de la fuerza, entonces rara vez dejan de
conseguir sus prop�sitos.
De donde se explica que todos los profetas armados
hayan
triunfado,130 131y fracasado todos los que no ten�an armas. 132Hay que
agregar, adem�s, que los pueblos son tornadizos; y
que, si es f�cil
convencerlos de algo, es dif�cil mantenerlos fieles a
esa convicci�n,133
por lo cual conviene estar preparados de tal manera,
que, cuando ya
no crean, se les pueda hacer creer por la fuerza.134 Mois�s, Ciro,
Teseo
y R�mulo no habr�an podido hacer respetar sus
estatutos durante mucho
tiempo si hubiesen estado desarmados. Como sucedi� en
nuestros
tiempos a fray Jer�nimo Savonarola, que fracas� en sus
innovaciones
en cuanto la gente empez� a no creer en ellas, pues se
encontr� con
que carec�a de medios tanto para mantener fieles en su
creencia a los
que hab�an cre�do como para hacer creer a los
incr�dulos. Hay que
reconocer que estos revolucionarios tropiezan con
serias dificultades,
que todos los peligros surgen en su camino y que s�lo
con gran valor
pueden superarlos;135
pero vencidos los obst�culos, y una vez
que han
hecho desaparecer a los que ten�an envidia de sus
virtudes, viven
poderosos, seguros, honrados y felices!136
A tan excelsos ejemplos hay que agregar otro de menor
jerarqu�a,
pero que guarda cierta proporci�n con aqu�llos y que
servir�
para todos los de igual clase. Es el de Hier�n de
Siracusa,137 que de
129 Estoy a
cubierto de todo ello (RC).
130 La fuerza es
la clave de que todo salga bien (Cristina de Suecia.)
131 Los or�culos
son entonces infalibles (G).
132 Cosa ninguna
m�s natural (G).
133 Me tienen
ellos hoy en d�a, especialmente despu�s del testimonio del
papa, por un p�o restaurador de la religi�n y un
enviado del cielo (RC).
134 Tendr� siempre
medios para ello (RC).
135 Esto no me
crea obst�culos (G).
136 Este �ltimo
punto no est� todav�a bien en claro para m� y debo contentarme
con los otros tres (RI).
137 No ha salido
�l nunca de mi pensamiento, desde los estudios de mi ni�ez.
Era de un pa�s inmediato al m�o y soy quiz� de la misma
familia (G).
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simple ciudadano lleg� a ser pr�ncipe sin tener otra
deuda con el azar
que la ocasi�n; pues los siracusanos, oprimidos, lo
nombraron su
capit�n, y fue entonces cuando hizo m�ritos
suficientes para que lo
eligieran pr�ncipe.138
Y a pesar de no ser noble, dio pruebas de
tantas
virtudes, que quien ha escrito de �l ha dicho: �Quod,
nihil illi deerat
ad regnandum praeter regnum�.139 140 Licenci�
el antiguo ej�rcito y
cre� uno nuevo; dej� las amistades viejas y se hizo de
otras; y as�,
rodeado por soldados y amigos adictos, pudo construir
sobre tales
cimientos cuanto edificio quiso; y lo que tanto le
hab�a costado adquirir,
poco le cost� conservar.141
138 Con alguna
ayuda, sin duda. H�teme aqu� como �l (RC).
139 Justino:
"Que nada le faltaba para reinar sino el reino."
140 Mi madre dijo
a menudo lo mismo de m�, y la amo a causa de sus prop�sitos
(RI).
141 Es de buen
augurio (RI).
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CAPITULO
VII
DE
LOS PRINCIPADOS NUEVOS QUE SE
ADQUIEREN
CON ARMAS Y FORTUNA DE
OTROS
Los que s�lo por la suerte se convierten en pr�ncipes
poco esfuerzo
necesitan para llegar a serlo,142 pero no
mantienen sino con much�simo143.
Las dificultades no surgen en su camino, porque tales
hombres vuelan, pero se presenta una vez instalados144. Me refiero a
los que compran un Estado o a los que lo obtienen como
regalo, tal
cual sucedi� a muchos en Grecia, en las ciudades de
Jonia y del Helesponto,
donde fueron hechos part�cipes por Dar�o a fin de que
le
conservasen dichas ciudades para su seguridad y gloria145 y como
sucedi� a muchos emperadores que llegaban al trono
corrompiendo
los soldados. Estos pr�ncipes no se sostienen sino por
la voluntad y la
fortuna -cosas ambas mudables e inseguras de quienes
los elevaron; y
no saben ni pueden conservar aquella dignidad:146 No saben
porque, si
no son hombres de talento y virtudes superiores, no es
presumible que
conozcan el arte del mando, ya que han vivido siempre
como simples
ciudadanos;147 no pueden porque carecen de fuerzas que puedan serles
adictas y fieles.148
Por otra parte, los Estados que nacen de
pronio,
como todas las cosas de la naturaleza -que brotan y
crecen precoz-
142 Como tontos
que se dejan llevar y no saben hacer nada por s� mismos (G).
143 Es imposible
(E).
144 Todo debe ser
obst�culo para gente de esta categor�a (E).
145 Los aliados no
llevaron m�s mira que �sta (E).
146 Hay otros
muchos que se hallan en este caso (E).
147 Como simple
particular y lejos de los Estados en que uno es exaltado: es
lo mismo (E).
148 En esto los
aguardo (E).
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31
mente, no pueden tener ra�ces ni sostenes que los
defiendan del tiempo
adverso;149 salvo que quienes se han convertido en forma tan
s�bita
en pr�ncipes se pongan a la altura de lo que la
fortuna ha depositado
en sus manos, y sepan prepararse inmediatamente para
conservarlo, y
echen los cimientos que cualquier otro echa antes de
llegar al principado.
150
Acerca de estos dos modos de llegar a ser pr�ncipe
-por m�ritos o
por suerte-,151 quiero citar dos ejemplos que perduran en nuestra
memoria:
el de Francisco Sforza y el de C�sar Borgia.
Francisco, con los
medios que, correspond�an y con un gran talento, de la
nada se convirti�
en duque de Mil�n,152
y conserv� con poca fatiga lo que con mil
afanes hab�a conquistado. En el campo opuesto, C�sar
Borgia, llamado
duque Valentino por el vulgo, adquiri� el Estado con
la fortuna de
su padre, y con la de �ste lo perdi�, a pesar de haber
empleado todos
los medios imaginables y de haber hecho todo lo que un
hombre prudente
y h�bil debe hacer para arraigar en un Estado que se
ha obtenido
con armas y apoyo ajenos.153 Porque, como
ya he dicho, el que no
coloca los cimientos con anticipaci�n podr�a
colocarlos luego si tiene
talento,154 aun con riesgo de disgustar al arquitecto y de hacer
peligrar
149 Por m�s
ilustre suerte que se haya tenido al nacer, cuando uno ha vivido
23 a�os en la vida privada, como en familia, lejos de
un pueblo cuya �ndole
ha sido mudada casi por completo, y es transportado
despu�s de repente a �l
en alas de la fortuna y por manos extranjeras para
reinar all�, se halla en un
Estado nuevo de la especie de los que menciona
Maquiavelo. Los antiguos
prestigios morales de convenci�n se han interrumpido
all� muy largamente,
para existir de otro modo que de nombre. Este or�culo
es m�s seguro que el
de Calchas (E).
150 Yo hab�a echado
los m�os antes de serlo (E)
151 Mi caso y el
de ellos (E)
152 �A qui�n me
asemejo m�s? �Excelente augurio! (RC).
153 A menudo bien,
algunas veces mal (G).
154 Talento para
reinar, se entiende. Los otros talentos no son m�s que sobresalientes
insulseces (E).
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el edificio.155 Si se examinan los progresos del duque, se ver� que ya
hab�a echado las bases para su futura grandeza,156 y creo que no
es
superfluo hablar de ello,157 porque no
sabr�a qu� mejores consejos dar
a un pr�ncipe nuevo que el ejemplo de las medidas
tomadas por �l.
Que si no le dieron el resultado apetecido, no fue
culpa suya, sino
producto de un extraordinario y extremado rigor de la
suerte.158
Para hacer poderoso al duque, su hijo, ten�a Alejandro
VI que luchar
contra grandes dificultades presentes y futuras. En
primer lugar,
no ve�a manera de hacerlo se�or de alg�n Estado que no
fuese de la
Iglesia; y sab�a, por otra parte, que ni el duque de
Mil�n ni los venecianos
le consentir�an que desmembrase los territorios de la
Iglesia159
porque ya Faenza y R�mini estaban bajo la protecci�n
de los
venecianos. Y despu�s ve�a que los ej�rcitos de
Italia, y especialmente
aquellos de los que hubiera podido servirse, estaban
en manos de
quienes deb�an temer el engrandecimiento del papa; y
mal pod�a fiarse
de tropas mandadas por los Orsini, los Colonna y sus
aliados. Era,
pues, necesario remover aquel estado de cosas y
desorganizar aquellos
territorios160 para apoderarse sin riesgos de una parte de ellos.161 Lo
que le fue f�cil, porque los venecianos, movidos por
otras razones,162
hab�an invitado a los franceses a volver a Italia: lo
cual no s�lo no
155 Especialmente
cuando no los forma uno m�s que a tientas, con timidez...
(E)
156 �Mejor que yo?
Es dif�cil (G)
157 Quisiera yo,
ciertamente, que no lo hubieras dicho a otros m�s que a m�.
Pero no saben leerte, lo que es lo mismo (G).
158 Tengo que
quejarme de ella, pero la corregir� (E).
159 �Saldr� yo
mejor de un mayor obst�culo da esta especie, para dar reinos a
mi Jos�, a mi Jer�nimo...? En cuanto a Luis, ser� si
queda alguno del que yo
no sepa qu� hacer (RE). Llevaba yo mucha raz�n en
vacilar tocante a �ste.
�Pero el ingrato, cobarde y traidor Joaqu�n!.. El
reparar� sus faltas (E).
160 El Alejandro
con tiara no me reconocer�a m�s que el Alejandro con casco
(RI).
161 �Su parte! Es
poqu�simo para m� (RI).
162 He sabido dar
origen a otras m�s dignas de m� y de mi siglo y m�s de mi
conveniencia (RI).
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impidi�, sino facilit� con la disoluci�n del primer
matrimonio del rey
Luis. De suerte que el rey entr� en Italia con la
ayuda de los
163venecianos164 y el
consentimiento de Alejandro. Y no hab�a llegado
a�n a Mil�n cuando el papa obtuvo tropas de aqu�l para
la empresa de
la Roma�a, a la que nadie se opuso gracias a la
autoridad del rey.
Adquirida, pues, la Roma�a por el duque, y derrotados
los Colonna;
se presentaban dos obst�culos que imped�an conservarla
y seguir adelante:
uno, sus tropas, que no le parec�an adictas; el otro,
la voluntad
de Francia. Tem�a que las tropas de los Orsini, de las
cuales se hab�a
valido, le faltasen en el momento preciso, y no s�lo
le impidiesen
conquistar m�s, sino que le arrebatasen lo
conquistado; y otro tanto
tem�a del rey.165
Tuvo una prueba de lo que sospechaba de
los Orsini
cuando, despu�s de la toma de Faenza, asalt� a
Bolonia, en cuyas
circunstancias los vio batirse con frialdad. En lo que
respecta al rey,
descubri� sus intenciones cuando, ya due�o del ducado
de Urbino, se
vio obligado a renunciar a la conquista de Toscana por
su intervenci�n.
Y entonces decidi� no depen5der m�s de la
fortuna y las armas
ajenas.166 Lo primero que hizo fue debilitar a los Orsini y a los
Colonna
en Roma, gan�ndose a su causa a cuantos nobles les
eran adictos,
167 a los cuales
se�al� crecidos sueldos y honr� de acuerdo con sus
m�ritos con mandos y administraciones, de modo que en
pocos meses
el afecto que ten�an por aqu�llos se volvi� por entero
hacia el du-
163 La prueba que
hice ya, cediendo el ducado de Urbino para lograr la firma
del concordato, me convence de que en Roma, como en
otras partes, hoy en
d�a como entonces, una mano lava la otra, y esto
promete (RC).
164 Los genoveses
me abrieron las puertas de Italia con la loca esperanza de
que sus inmensas rentas sobre Francia se pagar�an sin
reducci�n: �Quid non
cogit auri sacra fames? Ellos, al menos, tendr�n
siempre mi simpat�a con
preferencia a los otros italianos (RC).
165 Caro me ha
costado el no haber tenido igual desconfianza con respecto a
mis favorecidos de Alemania (E).
166 �Por que no
pude hacer de otro modo! (E)
167 Mis Colonna
son los realistas; mis Orsini, los Jacobinos, y mis nobles
ser�n los jefes de unos y otros (G).
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que.168 Despu�s de lo cual, y dispersados que hubo a los
Colonna,
esper� la ocasi�n de terminar con los Orsini.169 Oportunidad
que se
present� y que �l aprovech� mejor. Los Orsini, que se
present� bien y
que �l aprovech� mejor. Los Orsini que muy tarde
hab�an comprendido
que la grandeza del duque y de la Iglesia generaba su
ruina, celebraron
una reuni�n en Magione, en el territorio de Perusa, de
la que
nacieron la rebeli�n de Urbino, los tumultos de Roma�a
y los infinitos
peligros por los cuales atraves� el duque;170 pero �ste
supo conjurar
todo con la ayuda de los franceses.171 Y restaurada
su autoridad, el
duque, que no pod�a fiarse de los franceses ni de las
dem�s fuerzas
extranjeras, y que no se atrev�a a desafiarlas,
recurri� a la astucia; y
supo disimular tan bien sus prop�sitos,172 que los
Orsini, por intermedio
del se�or Paulo -a quien el duque colm� de favores
para conquistarlo,
sin escatimarle dinero, trajes ni caballos-, se
reconciliaron
inmediatamente, hasta tal punto, que su candidez los
llev� a caer en
sus manos en Sinigaglia.173 Exterminados, pues, estos
jefes y convertidos
los partidarios de ellos en amigos suyos,174 el duque
ten�a constru�dos
s�lidos cimientos para su poder futuro, m�xime cuando
pose�a
toda la Roma�a y el ducado de Urbino y cuando se hab�a
ganado la
168 Hab�a empezado
yo todo esto ya en parte, aun antes (le llegar al consulado,
en que me fue bien con haber completado, al punto todas
estas operaciones
(RI).
169 La he
liallacio en el senadoconsulto de la maquinaci�n infernal de nivoso
y en mi maquinaci�n de Arena y Topino en la �pera (RC).
170 V� otros
parecidos... Pichegru, Mallet. De todos triunf� sin necesitar de
los extranjeros (RI).
171 Lo hice sin
necesitar de ninguno (RI).
172 Qui nescit
dissimulare, nescit regnare. Luis XI no sab�a bastante; deb�a
decir: Qui nescit fallere, nescit regnare (RI).
173 Lo que quedaba
contra m� de m�s formidable entre mis Colonna y Orsini
no se escap� mejor (RI)
174 Creo haber
hecho bien una y otra cosa (RI).
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buena la voluntad de esos pueblos, a los cuales
empezaba a gustar el
bienestar de su gobierno.175
Y porque esta parte es digna de menci�n y de ser
imitada por
otros, conviene no pasarla por alto.176 Cuando el
duque se encontr�
con que la Roma�a conquistada estaba bajo el mando de
se�ores
ineptos que antes despojaban a sus s�bditos que los
gobernaban,177 y
que m�s les daban motivos de desuni�n que de uni�n,178 por lo cual
se
suced�an continuamente los robos, las ri�as y toda
clase de des�rdenes179
juzg� necesario, si se quer�a pacificarla y volverla
d�cil a la
voluntad del pr�ncipe, dotarla de un gobierno severo.180 Eligi� para
esta misi�n a Ramiro de Orco, hombre cruel y
expeditivo, a quien dio
plenos poderes.181
En poco tiempo impuso �ste su autoridad,
restableciendo
la paz y la uni�n.182
Juzg� entonces el duque innecesaria tan
excesiva autoridad,183
que pod�a hacerse odiosa, y cre� en el
centro de
la provincia, bajo la presidencia de un hombre
virtuos�simo, un tribunal
civil en el cual cada ciudadano ten�a su abogado. 184Y como sab�a
que los rigores pasados hab�an engendrado alg�n odio
contra su persona,
quiso demostrar, para aplacar la animosidad de sus
s�bditos y
atra�rselos, que, si alg�n acto de crueldad se hab�a
cometido, no se
175 Hab�a conocido
Francia 20 a�os atr�s el orden de que roza hoy y que s�lo
mi brazo pod�a restablecer? (RI).
176 Ella es mil
veces m�s provechosa para los pueblos que lo que es odiosa a
algunos forjadores de frases (RI).
177 Como los
art�fices de Rep�blicas francesas (RC).
178 Como en la
Francia republicana (RC).
179 Enteramente
como en Francia, antes que yo reinara en ella (RC).
180 �No es lo que
hice? Hab�a necesidad de firmeza y dureza para reprimir la
anarqu�a (RI).
181 F...,ser�s mi
Orco (RC).
182 No necesitaba
yo de t� para esto (RI).
183 Por esto
suprimo tu ministerio y te agrego a la jubilaci�n de mi senado
(RC).
184 El crear una
comisi�n senatorial de la libertad individual que, sin embargo,
no har� m�s que lo que yo quiera (RI).
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deb�a a �l, sino a la salvaje naturaleza del ministro.185 Y llegada la
ocasi�n,186 una ma�ana lo hizo exponer en la plaza de Cesena,
dividido
en dos pedazos clavados en un palo y con un cuchillo
cubierto
de sangre al lado.187
La ferocidad de semejante espect�culo
dej� al
pueblo a la vez satisfecho y estupefacto.
Pero volvamos al punto de partida. Encontr�base el
duque bastante
poderoso y a cubierto en parte de todo peligro
presente, luego de
haberse atinado en la necesaria medida y de haber
aniquilado los
ej�rcitos que encerraban peligro inmediato, pero le
faltaba, si quer�a
continuar sus conquistas, obtener el respeto de rey de
Francia, pues
sab�a que el rey, aunque advertido tarde de su error,
tratar�a de subsanarlo.
Empez� por ello a buscarse amistades nuevas, y a
mostrarse
indeciso 188 con los franceses cuando �stos se dirigieron al reino
de
N�poles para luchar contra los espa�oles que sitiaban
a Gaeta. Y si
Alejandro hubiese vivido a�n, su prop�sito de verse
libre de ellos no
habr�a tardado en cumplirse.189
Este fue su comportamiento en lo que se refiere a los
hechos presentes.
En cuanto a los futuros, ten�a sobre todo que evitar
que el nuevo
sucesor en el Papado fuese enemigo suyo y le quitase
lo que
Alejandro le hab�a dado190 Y pens� hacerlo par cuatro
medios distintos:
191 primero,
exterminando a todos los descendientes de los se�ores
a quienes hab�a despojado, para que el papa no tuviera
oportunidad de
restablecerlos192. Segundo, atray�ndose a todos los nobles de Roma,
para oponerse, con su ayuda, a los designios del papa.
Tercero, redu-
185 Ninguno est�
m�s condenado que �l por la opinion p�blica a ser mi chivo
emisario (RI).
186 Rabio de no
poder hacerlo caer en desgracia sin inutilizarle (RI).
187 Buen tiempo
aqu�l, en que se pod�an hacer estos castigos que �l hubiera
hallado meritorios (RI).
188 Bien y muy
bien obrado (RC).
189 Estos malditos
"s�" me impacientan (RC).
190 Es menester
prever estos contratiempos (RC).
191 Grandemente
bien hallados (RC).
192 No faltes a esto
cuando puedas y haz de modo que lo puedas (RC)
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37
ciendo el Colegio193
a su voluntad, hasta donde pudiese.
Cuarto, adquiriendo
tanto poder, antes que el papa muriese,194 que pudiera
por s�
mismo resistir un primer ataque. De estas cuatro
cosas, ya hab�a realizado
tres a la muerte de Alejandro, y la cuarta estaba por
concluirla.
Porque se�ores despojados mat� a cuantos pudo
alcanzar, y muy pocos
se salvaron;195 y contaba con nobles romanos ganados a su causa;196 y
en el Colegio gozaba de gran influencia. Y por lo que
toca a las nuevas
conquistas, tramaba apoderarse de Toscana, de la cual
ya pose�a a
Perusa Piombino, aparte de Pisa, que se hab�a puesto
bajo su protecci�n.
Y en cuanto no tuviese que guardar m�s miramientos con
los
franceses (que de hecho no ten�a por qu� guard�rselos,
puesto que ya
los franceses hab�an sido despojados del Reino por lo
espa�oles, y que
unos y otros necesitaban comprar su amistad,197 se echar�a
sobre Pisa.
Despu�s de lo cual Luca y Siena no tardar�an en ceder,
primero por
odio contra los florentinos, y despu�s por miedo al
duque; y los florentinos
nada podr�an hacer. Si hubiese logrado esto (aunque
fuera el
mismo a�o de la muerte de Alejandro), habr�a adquirido
tanto poder y
tanta autoridad, que se hubiera sostenido por s� solo,
y no habr�a dependido
m�s de la fortuna ni de las fuerzas ajenas,198 sino de su
poder
y de sus m�ritos.199
Pero Alejandro muri� cinco a�os despu�s de que el hijo
empezara
a desenvainar la espada. Lo dejaban con tan s�lo un
Estado afianzado:
el de Roma�a, y con todos los dem�s en el aire, entre
dos
193 De los
cardenales. (N. del T.)
194 Francisco
II... (RI).
195 No estoy
todav�a tan adelantado como �l (RI).
196 No he podido
hacer todav�a m�s que la mitad de esta maniobra: si vuol
tempo... (RI).
197 Supuesto que
he atra�do a esto a todos los pr�ncipes de Alemania, pensemos
en mi famoso proyecto del norte. Acaecer� lo mismo con
resultados que
ning�n conquistador conoci� (RI).
198 Libre de toda
condici�n semejante, ir� mucho m�s lejos (RI).
199 Conviene no
conocer otra dependencia (RI).
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38
poderosos ej�rcitos enemigos, y enfermo de muerte.200 Pero hab�a en
el
duque tanto vigor de alma y de cuerpo, tan bien sab�a
como se gana y
se pierde a los hombres, y los cimientos que echara en
tan poco tiempo
eran tan s�lidos, que, a no haber tenido dos ej�rcitos
que lo rodeaban,
o simplemente a haber estado sano, se hubiese
sostenido contra todas
las dificultades. Y si los cimientos de su poder eran
seguros o no, se
vio en seguida, pues la Roma�a lo esper� m�s de un
mes:201 y, aunque
estaba medio muerto, nada se intent� contra �1,202 a pesar de
que los
Baglioni, los Vitelli y los Orsini hab�an ido all� con
ese prop�sito; y si
no hizo papa a quien quer�a, obtuvo por lo menos que
no lo fuera
quien �l no quer�a que lo fuese.203 Pero todo le
hubiese sido f�cil a no
haber estado enfermo a la muerte de Alejandro. El
mismo me dijo, el
d�a en que fue elegido Julio II, que hab�a previsto
todo lo que pod�a
suceder a la muerte de su padre, y para todo preparado
remedio; pero
que nunca hab�a pensado que en semejante circunstancia
�l mismo
pod�a hallarse moribundo.204
No puedo, pues, censurar ninguno de los actos del
duque; por el
contrario, me parece que deben imitarlos todos
aquellos que llegan al
trono mediante la fortuna y las armas ajenas.205 Porque no es
posible
conducirse de otro modo cuando se tienen tanto valor y
tanta ambi-
200 Peor que peor
para �l; es menester saber no estar nunca enfermo y hacerse
invulnerable en todo (RI).
201 Como Francia
me aguard� despu�s de mis desastres de Mosc� (E).
202 Por m�s
moribundo que estaba, hablando pol�ticamente, en Smolensk, no
tuve nada que temer de los m�os (E).
203 No he tenido
dificultad en esto. La sola noticia de mi desembarco en
Frejus apartaba las elecciones que me hubieran sido
contrarias (RC)
204 En resumidas
(...) no pensar en ello cuando se quiere reinar gloriosamente.
Este pensamiento hubiera helado mis m�s atrevidos
proyectos (RI).
205 Son bien
ignorantes los escritorcillos que dijeron que �l lo hab�a propuesto
a todos los pr�ncipes aun a los que no se hallan ni
pueden hallarse en el mismo
caso. No conozco otro que yo en toda Europa a quien
este modelo pudiera
convenir (RI).
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ci�n.206 Y si sus prop�sitos no se realizaron, tan s�lo fue por
su enfermedad
y por la brevedad de la vida de Alejandro.207 El pr�ncipe
nuevo208 que crea necesario defenderse de enemigos, conquistar
amigos,
vencer por la fuerza o por el fraude, hacerse amar o
temer de los
habitantes, respetar y obedecer por los soldados,
matar a los que puedan
perjudicarlo, reemplazar con nuevas las leyes
antiguas, ser severo
y amable, magn�nimo y liberal, disolver las milicias
infieles, crear
nuevas, conservar la amistad de reyes y pr�ncipes de
modo que lo
favorezcan de buen grado o lo ataquen con recelos; el
que juzgue
indispensable hacer todo esto, digo, no puede hallar
ejemplos m�s
recientes que los actos del duque:209 S�lo se lo
puede criticar en lo que
respecta a la elecci�n del nuevo popt�fice,210 porque, si
bien no pod�a
hacer nombrar a un papa adicto,211 pod�a impedir
que lo fuese este o
aquel de los cardenales, y nunca debi� consentir en
que fuera elevado
al Pontificado alguno de los cardenales a quienes
hab�a ofendido o de
aquellos que, una vez papas, tuviesen que temerle.212 Pues los
hombres
ofenden por miedo o por odio. Aquellos a quienes hab�a
ofendido
eran, entre otros, San Pedro Adv�ncula, Colonna, San
Giorgio y Ascagno;
213 todos los
dem�s, llegados al solio, deb�an temerle214
salvo el
de Ru�n, dado su poder, que nac�a del de Francia, y
los espa�oles,
206 Lo que hice de
an�logo me lo impon�a como una necesidad mi situaci�n, y
como una obligaci�n por consiguiente (E).
207 Mis reveses
dependen de causas an�logas, sobre las que mi ingenio nada
pod�a (E).
208 Esto es cuanto
me es necesario (G).
209 Considero que
soy un ejemplo, no s�lo m�s fresco, sino cambien m�s
perfecto y sublime (RI).
210 Cabeza
debilitada con su enfermedad (RI).
211 Le habr�a
denuesto bien pronto, si se hubiera elegido contra mi gusto
(RC).
212 Todos, menos
el que fue elegido, sab�an o preve�an que deb�an temerme
(RC).
213 Paso ya el
tiempo en que pod�a temerse su resentimiento (RI).
214 Mi solo nombre
los hizo temblar y los har� traer como corderos al pie de
mi trono (RC).
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ligados a �l por afinidad de raza y obligaciones
rec�procas.215 por
consiguiente, el duque deb�a tratar ante todo de ungir
papa a un espa�ol,
y, a no serle posible, aceptar al cardenal de Ru�n
antes que a San
Pedro Adv�ncula. Pues se enga�a quien cree que entre
personas eminentes
los beneficios nuevos hacen olvidar las ofensas
antiguas.216 Se
equivoc� el duque en esta elecci�n, causa �ltima de su
definitiva ruina.
215 �Bello motivo
para contar con esta gente! Maquiavelo ten�a muy buena fe
(RI).
216 Parecen
olvidar cuando su pasi�n lo quiere, pero no nos fiemos de ello
(RI).
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CAPITULO
VIII
DE
LOS QUE LLEGARON AL PRINCIPADO
MEDIANTE
CRIMENES
Pero puesto que hay otros dos modos de llegar a
pr�ncipe que no
se pueden atribuir enteramente a la fortuna o a la
virtud, corresponde
no pasarlos por alto, aunque sobre ellos se discurra
con m�s detenimiento
donde se trata de las rep�blicas.217 Me refiero,
primero, al caso
en que se asciende al principado por un camino de
perversidades y
delitos;218 y despu�s, al caso en que se llega a ser pr�ncipe por
el favor
de los conciudadanos.219 Con dos templos, uno antiguo y
otro contempor�neo,
ilustrar� el primero de estos modos, sin entrar a
profundizar
demasiado en la cuesti�n, porque creo que bastan para
los que se hallan
en la necesidad de imitarlos.220
El siciliano Ag�tocles, hombre no s�lo de condici�n
oscura, sino
baja y abyecta, se convirti� en rey de Siracusa.221 Hijo de un
alfarero,
llev� una conducta reprochable en todos los per�odos
de su vida;222
223sin embargo,
acompa�� siempre sus maldades con tanto �nimo y
tanto vigor f�sico,224
que entrando en la milicia lleg� a ser,
as-
217 Se lo dispenso
(G).
218 La expresi�n
es duramente reprobatoria. �Qu� importa el camino, con tal
de que se llegue? Maquiavelo comete una falta al hacer
de moralista sobre
semejante materia (G).
219 Puede
aparentarlo siempre (G).
220 Discreci�n de
moralista, muy intempestiva en materia de Estado (G).
221 Este, vecino
m�o, corno Hier�n, y de una �poca m�s cercana que la de �l,
tambi�n con mayor seguridad en la genealog�a de mis
ascendientes (G).
222 Raramente se
es malvado de alma y de coraz�n. (Cristina de Suecia.)
223 La constancia
en esta especie es el m�s seguro indicio de mi genio determinado
y atrevido (G).
224 El �nimo
especialmente, que es lo esencial (G).
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cendiendo grado por grado, pretor de Siracusa.225 Una vez
elevado a
esta dignidad, quiso ser pr�ncipe y obtener por la
violencia, sin deb�rselo
a nadie, lo que de buen grado le hubiera sido
concedido.226 Se
puso de acuerdo con el cartagin�s Am�lcar, que se
hallaba con sus
ej�rcitos en Sicilia,227 y una ma�ana reuni� al pueblo
y al Senado,
como si tuviese que deliberar sobre cosas relacionadas
con la rep�blica,
y a una se�al convenida sus soldados mataron a todos
los senadores
y a los ciudadanos m�s ricos de Siracusa. Ocup�
entonces y supo
conservar como pr�ncipe aquella ciudad, sin que se
encediera ninguna
guerra civil por su causa.228 Y aunque los
cartagineses lo sitiaron dos
veces y lo derrotaron por �ltimo, no s�lo pudo
defender la ciudad, sino
que, dejando parte de sus tropas para que contuvieran
a los sitiadores,
con el resto invadi� el Africa; y en poco tiempo
levant� el sitio de
Siracusa y puso a los cartagineses en tales aprietos,
que se vieron
obligados a pactar con �l, a conformarse con sus
posesiones del Africa
y a dejarle la Sicilia.229 Quien estudie, pues, las
acciones de Ag�tocles
y juzgue sus m�ritos, muy poco o nada encontrar� que
pueda atribuir a
la suerte; no adquiri� la soberan�a por el favor de
nadie, como he
dicho m�s arriba, sino merced a sus grados militares,
que se hab�a
ganado a costa de mil sacrificios y peligros;230 y se mantuvo
en m�rito
a sus en�rgicas y temerarias medidas.231 Verdad que no
se puede llamar
virtud el matar a los conciudadanos, el traicionar a
los amigos y
el carecer de fe, de piedad y de religi�n, con cuyos
medios se puede
225 Llegar� a �l
(G)
226 Acu�rdenme por
diez a�os el consulado; me lo har� ceder bien pronto
como vitalicio, �y se ver�! (G).
227 No necesito de
semejante socorro, aunque s� de otros, sin embargo. Pero
son f�ciles de lograr (G).
228 �V�anse mi 18
brumario y sus efectos! Tiene la superioridad de un modo
m�s amplio, sin ninguno de estos cr�menes (RC).
229 He conseguido
mucho m�s. Ag�tocles no es m�s que un enano en comparaci�n
conmigo (RI).
230 A igual costo
la he adquirido (RI).
231 Hice mis
pruebas en esta especie (RI).
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adquirir poder, pero no gloria.232 Pero si se
examinan el valor de
Ag�tocles al arrastrar y salir triunfante de los
peligros y su grandeza
de alma para soportar y vencer los acontecimientos
adversos233 no se
explica uno por qu� tiene que ser considerado inferior
a los capitanes
m�s famosos.234 Sin embargo, su falta de humanidad, sus crueldades y
maldades sin n�mero, no consienten que se lo coloque
entre los hombres
ilustres.235 236No se puede, pues, atribuir a la fortuna o a la virtud
lo que consigui� sin la ayuda de una ni de la otra.237
En nuestros tiempos, bajo el papa Alejandro VI,
Oliverotto, da
Fermo,238 hu�rfano desde corta edad, fue educado por uno de sus
t�os
maternos, llamado Juan Fogliani, y confiado despu�s,
en su primera
juventud, a Pablo Vitelli, a fin de que llegase,
gracias a sus ense�anzas,
a ocupar un grado elevado en las armas.239 Muerto Pablo,
pas� a
militar bajo Vitellozzo, su hermano; y en poco tiempo,
como era inteligente
y de esp�ritu y cuerpo gallardos, se convirti� en el
primer
hombre de su ej�rcito. Pero como le pareci� indigno
servir a los dem�s,
pens� apoderarse de Fermo con el consentimiento de
Vitellozzo
y la ayuda de algunos habitantes de la ciudad a
quienes era m�s cara
la esclavitud que la libertad de su patria.240 Escribi� a
Juan Fogliani
dici�ndole que, luego de tantos a�os de ausencia, deseaba
ver de nuevo
a su patria y a �l, y, en parte, tambi�n conocer el
estado de su patrimonio;
y que, como no se hab�a fatigado sino por conquistar
gloria,
232 �Preocupaciones
pueriles todo esto! La gloria acompa�a siempre al acierto,
de cualquier modo que suceda (RI).
233 �Los venci�
mejor que yo? (RI).
234 D�gnise
exceptuarme (RI).
235 Al contrario,
todos estos cr�menes no significan que careciera de virtud y
de suerte. (Cristina de Suecia.)
236 �Otra vez
moral! El buen nombre de Maquiavelo carec�a de audacia (RI).
237 Yo ten�a el
concurso de ambas en mi favor (RI).
238 �Astuto
personaje! Me hizo concebir excelentes ideas desde mi ni�ez (G).
239 Vaubois,
fuiste mi Vitelli. S� mostrarme agradecido en su oportunidad
(G).
240 Reflexi�n
republicano (G).
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quer�a, para demostrar a sus compatriotas que no hab�a
perdido el
tiempo, entrar con todos los honores y acompa�ado por
cien caballeros,
amigos y servidores suyos.241 Rog�bale,
pues, que tratase de que
los ciudadanos de Fermo lo acogiesen de un modo
honroso, que con
ello no s�lo lo honraba a �l, sino que se honraba a s�
mismo, ya que
hab�a sido su maestro. No olvid� Juan ninguno de los
honores debidos
a su sobrino, y lo hizo recibir dignamente por los
ciudadanos de Fermo,
en cuyas casas se aloj� con su comitiva. Transcurridos
algunos
d�as, y preparado todo cuanto era necesario para su
premeditado crimen,
Oliverotto dio un banquete solemne al que invit� a
Juan Fogliani
y a los principales hombres de Fermo.242 Despu�s de
consumir los
manjares y de concluir con los entretenimientos que
son de uso en
tales ocasiones, Oliverotto, deliberadamente, hizo
recaer la conversaci�n,
dando ciertos peligrosos argumentos, sobre la grandeza
y los
actos del papa Alejandro y de C�sar, su hijo; y como a
esos argumentos
contestaron Juan y los otros, se levant� de pronto
diciendo que
conven�a hablar de semejantes temas en lugar m�s
seguro, y se retir� a
una habitaci�n a la cual lo siguieron Juan y los dem�s
ciudadanos. Y
aun �stos no hab�an tomado asiento cuando de algunos
escondrijos
salieron soldados que dieron muerte a Juan y a todos
los dem�s. Consumado
el crimen, mont� Oliverotto a caballo, atraves� la
ciudad y
siti� en su palacio al magistrado supremo. Los
ciudadanos no tuvieron
entonces m�s remedio que someterse y constituir un
gobierno del cual
Oliverotto se hizo nombrar jefe.243 Muertos todos
los que hubieran
241 �Travieso!
Hay, en toda esta historia de Oliverotto, muchas cosas que
sabr� aprovechar cuando llegue el momento (G).
242 Se asemejaba
ello al famoso banquete de la Iglesia de San Sulpicio, que
me hice ofrecer por los diputados a mi regreso de
Italia, despu�s de fructidor,
mas la pera no estaba todav�a madura (RC).
243 Perfeccion�
bastante bien esta maniobra el 18 brumario, y sobre todo al
d�a siguiente de Saint Cloud (RC).
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podido significar un peligro para �1,244 se preocup�
por reforzar su
poder con nuevas leyes civiles245 y militares246 de manera
que, durante
el a�o que gobern�,247
no s�lo estuvo seguro en Fermo, sino que
se
hizo temer por todos los vecinos. Y habr�a sido tan
dif�cil de derrocar
como Ag�tocles si no se hubiese dejado enga�ar por
C�sar Borgia y
prender, junto con los Orsini y los Vitelli, en
Sinigaglia, donde, un
a�o despu�s de su parricidio,248 fue
estrangulado en compa��a de
Vitellozzo, su maestro en haza�as y cr�menes.249
Podr�a alguien preguntarse a qu� se debe que, mientras
Ag�tocles
y otros de su cala�a, a pesar de sus traiciones y
rigores sin n�mero,
pudieron vivir durante mucho tiempo y a cubierto de su
patria, sin
temer conspiraciones, y pudieron a la vez defenderse
de los enemigos
de afuera, otros, en cambio, no s�lo mediante medidas
tan extremas
no lograron conservar su Estado en �pocas dudosas de
guerra, sino
tampoco en tiempos de paz. Creo que depende del bueno
o mal uso
que se hace de la crueldad250 Llamar�a bien
empleadas a las crueldades
(si a lo malo se lo puede llamar bueno) cuando se
aplican de una
244 Me bastaba,
por de pronto, espantarlos, dispersarlos y hacerles huir. Era
necesario sostener lo que hab�a mandado decir a Barr�s,
solamente: que no
me gustaba la sangre (RC)
245 �Que acaben,
pues, bien pronto ese C�digo Civil, al que quiero dar mi
nombre! (RC)
246 Esto depend�a
enteramente de m� y he provisto a todo en forma c�moda Y
progresiva (RC).
247 Tonto que se
deja quitar la vida con la soberan�a (E).
248 Con esta
palabra de reprobaci�n aparenta Maquiavelo transformarle en un
crimen. �Pobre hombre! (RC).
249 La gente
bonachona dir� que Oliverotto lo ten�a bien merecido y que
Borgia hab�a sido el instrumento de un justo castigo.
Lo siento, sin embargo,
por Oliverotto. Este episodio no ser�a de buen ag�ero
para m� si hubiera en la
tierra otro C�sar Borgia que yo (RI).
250 Hay sin duda
algunos males que se curan s�lo con el hierro y el fuego. En
pol�tica, como en cirug�a, los cirujanos piadosos no
curan ciertas llagns, sino
que matan a los enfermos. (Cristina de Suecia.)
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sola vez251 por absoluta necesidad de asegurarse252 y cuando no
se
insiste en ellas253
sino, por el contrario, se trata de que
las primeras se
vuelvan todo lo beneficiosas posible para los
s�bditos.254 Mal empleadas
son las que, aunque poco graves al principio, con el
tiempo antes
crecen que se extinguen.255 Los que observan el primero de
estos procedimientos
pueden, como Ag�tocles, con la ayuda de Dios y de los
hombres, poner alg�n remedio a su situaci�n; los otros
es imposible
que se conserven en sus Estados.256 De donde se
concluye que, al
apoderarse de un Estado, todo usurpador debe
reflexionar sobre los
cr�menes que le es preciso cometer, y ejecutarlos
todos a la vez,257
para que no tenga que renovarlos d�a a d�a y, al no
verse en esa necesidad,
pueda conquistar a los hombres a fuerza de beneficios.
Quien
procede de otra manera, por timidez258 o por haber sido
mal aconsejado259
se ve siempre obligado a estar con el cuchillo en la
mano,260 y
mal puede contar con s�bditos a quienes sus ofensas
continuas y todav�a
recientes llenan de desconfianza. Porque las ofensas
deben inferir-
251 Si hubieran
comenzado con esto, como Carlos II y otros muchos, estaba
perdida mi causa. Todos contaban con ello: ninguno
hubiera censurado; bien
pronto el pueblo no hubiese pensado m�s en eso y me
habr�a olvidado (E).
252 Por fortuna,
esto es lo que menos los ocupa (E).
253 Si se acaloran
mucho tiempo en esta operaci�n, van contra sus intereses.
Cuando la memoria de la acci�n que debe castigarse ha
envejecido, el que la
castigue s�lo parecer� un hombre genialmente cruel,
porque lo que hace justo
el castizo estar� como olvidado (E).
254 Era f�cil (E).
255 Este m�todo,
el �nico que les queda a los ministros, no puede menos de
serme favorable (E).
256 Se ver� bien
pronto una nueva prueba de ello (E).
257 La
consecuencia es justa, y el precepto de rigor (E).
258 Todo lo que se
hace por timidez est� mal hecho. (Cristina de Suecia.)
259 Una y otra
causa de ruina est�n a su lado; la segunda esta casi toda a mi
disposici�n (E).
260 Cuando se lo
permiten (E).
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se de una sola vez para que, durando menos, hieran
menos;261 mientras
que los beneficios deben proporcionarse poco a poco; a
fin de que
se saboreen mejor.262
263Y, sobre todas las cosas, un pr�ncipe
vivir�
con sus s�bditos de manera tal, que ning�n acontecimiento,
favorable
o adverso, lo haga variar;264 pues la
necesidad que se presenta en los
tiempos dif�ciles y que no se ha previsto, t� no
puedes remediarla;265 y
el bien que t� hagas ahora de nada sirve266 ni nadie te
lo agradece,
porque se considera hecho a la fuerza.
261 Los que,
empezados muy tarde, se inician timidamente, prob�ndose sobre
los m�s d�biles, hacen clamar y rebelarse a los m�s
fuertes. Aprovech�monos
de ello (E).
262 Es necesario
hacerse temer y amar. Este el �nico secreto. (Cristina de
Suecia.)
263 Cuando los
derraman a manos llenas, los recogen muchos que son indignos,
y no los agradecen los otros (E).
264 �Y parece que
uno est� sobre un eje! (E).
265 Lo
experimentar�n (E).
266 Y entonces,
por m�s que se d� y se prometa, no servir� de nada, porque el
pueblo permanece naturalmente con indiferencia ante
quien cae por dilapidador
y falto de previsi�n (E).
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48
CAPITULO
IX
DEL
PRINCIPADO CIVIL
Trataremos ahora del segundo caso: aquel en que un
ciudadano,
no por cr�menes ni violencia,267 sino gracias
al favor de sus compatriotas,
se convierte en pr�ncipe. El Estado as� constituido
puede llamarse
principado civil. El llegar a �l no depende por completo de los
m�ritos o de la suerte; depende, m�s bien, de una
cierta habilidad
propiciada por la fortuna.268 y que
necesita, o bien del apoyo del pueblo,
o bien del de los nobles.269 Porque en
toda ciudad se encuentran
estas dos fuerzas contrarias una de las cuales lucha
por mandar y
oprimir a la otra que no quiere ser mandada ni
oprimida. Y del choque
de las dos corrientes surge uno de estos tres efectos:
o principado,
o libertad, o licencia.
El principado pueden implantarlo tanto el pueblo como
los nobles,
seg�n que la ocasi�n se presente a uno o a otros. Los
nobles,
cuando comprueban que no pueden resistir al pueblo,270 concentran
toda la autoridad e uno de ellos271 y lo hacen
pr�ncipe272 para poder, a
su sombra, dar rienda suelta a sus apetitos. El pueblo,
cuando a su vez
comprueba que no puede hacer frente a lo grandes, cede
su autoridad a
uno y lo hace pr�ncipe para que lo defienda.273 Pero el que
llega al
267 Es lo que
querr�a, pero es cosa dif�cil (G).
268 Este recurso
no est�, sin embargo, fuera de mi alcance y me ha servido ya
con bastante acierto (G).
269 Trataremos,
por lo menos, de reunir las apariencias de uno y de otros (G).
270 Es la
situaci�n del partido directorial; valg�monos de �l para aumentar mi
consideraci�n en el concepto del pueblo (G).
271 Se ver�n
arrasados (G).
272 Acepto este
vaticinio (G).
273 Le haremos
trabajar en este sentido a fin de que, por un motivo totalmente
opuesto, se dirija al mismo fin que los directoriales
(G).
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principado con la ayuda de los nobles se mantiene con
m�s dificultad
que el que ha llegado mediante el apoyo del pueblo274 porque los
que
lo rodean se consideran sus iguales275 y en tal caso
se le hace dif�cil
mandarlos y manejarlos como quisiera. Mientras que el
que llega por
el favor popular276
es �nica autoridad, y no tiene en
derredor a nadie o
casi nadie que no est� dispuesto a obedecer.277 Por otra
parte, no puede
honradamente satisfacer a los grandes sin lesionar a
los dem�s;278
pero, en cambio, puede satisfacer al pueblo, porque la
finalidad del
pueblo es m�s honesta que la de los grandes, queriendo
estos oprimir,
y aqu�l no ser oprimido.
Agr�guese a esto que un pr�ncipe jam�s podr� dominar a
un pueblo
cuando lo tenga por enemigo, porque son muchos los que
lo forman;
a los nobles, como se trata de pocos, le ser� f�cil.
Lo peor que un
pr�ncipe puede esperar de un pueblo que no lo ame es
el ser abandonado
por �l; de los nobles, si los tiene por enemigos, no
s�lo debe
temer que lo abandonen, sino su se rebelen contra �l;
pues, m�s astutos
y clarividentes siempre est�n a tiempo para ponerse en
salvo, a la
vez los que no dejan nunca de congratularse con el que
es esperan
resultar� vencedor.279
Por �ltimo, es una necesidad para el
pr�ncipe
274 Aparentar�
haberla conseguido s�lo por �l y para �l (G).
275 Me han
estorbado siempre con crueldad (E).
276 Porque no pude
acertar a hacer creer que me hallaba en este caso. Me
compondr� para parecerlo mejor a mi regreso (E).
277 Y, sin
embargo, los hab�a atra�do a este punto (E).
278 Los m�os eran
insaciables. Estos hombres de revoluci�n no tienen
jam�s bastante. No la hicieron m�s que para
enriquecerse, y su codicia
crece con sus adquisiciones. Si se anticipan al
partido que va a triunfar
y le favorecen, es s�lo para tener sus favores.
Despu�s, destruir�n
al que hayan elevado, cuando la no tenga m�s que
darles, porque
querran recibir siempre. Siempre habr� el mayor
peligro en servirse
de tales partidarios. Pero �c�mo pasarse sin ellos?
�Especialmente yo,
que carezco de otro apoyo! �Ah, si tuviera el t�tulo
de sucesi�n al trono,
estos hombres no podr�an venderme ni perjudicarme!
(E).
279 �C�mo no prev�
que estos ambiciosos, siempre prontos a anticiparse al
curso de la fortuna, me abandonar�an y a�n me
entregar�an una vez que estuwww.
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vivir siempre con el mismo pueblo, pero no con los
mismos nobles,
supuesto que puede crear nuevos o deshacerse de los
que ten�a, y quitarles
o concederles autoridad a capricho.280
Para aclarar mejor esta parte en lo que se refiere los
grandes, digo
que se deben considerar en dos aspectos principales: o
proceden de
tal manera que se unen por completo a su suerte, o no.
A aquellos que
se unen y no son rapaces281 se les debe honrar y amar; a
aquellos que
no se unen, se les tiene que considerar de dos
maneras: si hacen esto
por pusilanimidad y defecto natural del �nimo,
entonces t� debes
servirte en especial de aquellos que son de buen
criterio, porque en la
prosperidad te honrar�n y en la adversidad no son de
temer;282 pero
cuando no se unen sino por c�lculo y por ambici�n es
se�al de que
piensan m�s en s� mismos que en t�, y de ellos se debe
cuidar el pr�ncipe
y temerles como si se tratase de enemigos declarados,
porque
esperar�n la adversidad para contribuir a su ruina.283
El que llegue a pr�ncipe mediante el favor del pueblo
debe esforzarse
en conservar su afecto, cosa f�cil, pues el pueblo
s�lo pide no ser
oprimido. Pero el que se convierta en pr�ncipe por el
favor de los nobles
y contra el pueblo proceder� bien si se empe�a ante
todo en conquistarlo,
lo que s�lo le ser� f�cil si lo toma bajo su
protecci�n.284 Y
dado que los hombres se sienten m�s agradecidos cuando
reciben bien
viera en la adversidad? Har�n otro tanto en mi favor,
contra �l, en cuanto me
vean en posici�n c�moda, pero listos para volver a
empezar contra m�, oportunamente,
si llego a vacilar. �Por que no pude formar grandes
hombres nuevos!
(E).
280 Esto no es muy
f�cil; por lo menos, no tanto, no tanto como yo quisiera y
debiera hacerlo. Lo tent� con respecto a... y a F...;
ellos fueron m�s peligrosos
a raiz de esto. El primero me entreg�; el segundo, de
quien necesito, ha permanecido
sin definirse, pero lo tendremos de un modo u otro (E).
281 No tengo casi
ninguno de esta especie (RI).
282 No tengo mal
de esta �ndole (RI)
283 No habla
conocido bien esta verdad; el �xito me la ha hecho comprender
con dureza. �Podr� aprovecharme de ello en lo venidero?
(E).
284 Procurar�
hacerlo creer (G).
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de quien s�lo esperaban mal,285 se somete el
pueblo m�s a su bienhechor
que si lo hubiese conducido al principado por su
voluntad. El
pr�ncipe puede ganarse a su pueblo de muchas maneras,
que no mencionar�
porque es imposible dar reglas fijas sobre algo que
var�a tanto
seg�n las circunstancias. Insistir� tan s�lo en que un
pr�ncipe necesita
contar con la amistad del pueblo,286 pues de lo
contrario no tiene remedio
en la adversidad.287
Nabis, pr�ncipe de los espartanos, resisti� el ataque
de toda Grecia
y de un ej�rcito romano invicto, y le bast�, surgido
el peligro,
asegurarse de muy pocos para defender contra aqu�llos
su patria y su
Estado, que si hubiese tenido por enemigo al pueblo,
no le bastara. Y
que no se pretenda desmentir mi opini�n con el gastado
proverbio de
que quien conf�a en el pueblo edifica sobre arena;288 porque el
proverbio
s�lo es verdadero cuando se trata de un simple
ciudadano que
conf�a en el pueblo como si el pueblo tuviese el deber
de liberarlo
cuando los enemigos o las autoridades lo oprimen.
Quien as� lo interpretara
se enga�ar�a a menudo, como los Gracos en Roma y Jorge
Scali en Florencia. Pero si es un pr�ncipe quien
conf�a en �l, y un
pr�ncipe valiente que sabe mandar, que no se acobarda
en la adversidad
y mantiene con su �nimo y sus medidas el �nimo de todo
su pueblo,
no s�lo no se ver� nunca defraudado, sino que se
felicitar� de
haber depositado en �l su confianza.289 290
Estos principados peligran, por lo general, cuando
quieren pasar
le principado civil a principado absoluto; pues estos
pr�ncipes gobiernan
por s� mismos o por intermedio de magistrados. En el
�ltimo
285 Necesito, sin
embargo, fuertes contribuciones y numerosos soldados (RC).
286 Este era mi
lado flaco (C).
287 Me lo han dado
a conocer cruelmente (C).
288 S� y s�,
cuando el pueblo no es m�s que arena (C).
289 Es dudoso y
s�lo resulta cierto cuando se es �l m�s fuerte. (Cristina de
Suecia.)
290 De todo esto
s�lo me falt� la ventaja de ser amado por el pueblo y sin
embargo... Pero el hacerse amar en la situaci�n en que
me hallaba, con las
necesidades que ten�a era muy dif�cil (C).
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caso, su permanencia es m�s insegura y peligrosa,
porque depende de
la voluntad de los ciudadanos que ocupan el cargo de
magistrados, los
cuales, y sobre todo en �pocas adversas pueden
arrebatarle muy f�cilmente
el poder, ya dejando de obedecerle, ya sublevando al
pueblo
contra ellos.291 Y el pr�ncipe, rodeado de peligros, no tiene tiempo
para asumir la autoridad absoluta, ya que los
ciudadanos y los s�bditos,
acostumbrados a recibir nada m�s que de los magistrados,
no
est�n en semejantes trances dispuestos a obedecer las
suyas.292 Y no
encontrar� nunca, en los tiempos dudosos, gentes en
quien poder
conf�an,293 puesto que tales pr�ncipes no pueden tomar como
ejemplo
lo que sucede en tiempos normales, cuando los ciudadanos
tienen
necesidad del Estado, y corren y prometen y quieren
morir por �l,
porque la muerte est� lejana;294 pero en los
tiempos adversos, cuando
el Estado tiene necesidad de los ciudadanos, hay pocos
que quieran
acudir en su ayuda. Y esta experiencia es tanto m�s
peligrosa cuanto
que no puede intentarse sino una vez.295 Por ello, un
pr�ncipe h�bil
debe hallar una manera por la cual sus ciudadanos
siempre y en toda
ocasi�n tengan necesidad del Estado y de �l.296 Y as� le
ser�n siempre
fieles.297
291 Se va a ver
como sucede (E).
292 Cuento con
�ste (E).
293 �En d�nde las
hallar�? (E).
294 No lo
vislumbran en esas protestas de amistad y cartas de congratulaci�n
que los tranquilizan. �No saben, pues, todav�a, como se
produce esto! (E).
295 Si saliera
bien del apuro la primera vez, me desquitar�a con ventaja, en
cuanto pudiera, por m� o por otro (E).
296 No se piensa
nunca bastante en esta verdad (E).
297 En este mundo
no se pueden pasar los unos sin los otros. Muy rara, vez es
imprescindible fiarse de alguien, a menudo es
imprescindible aparentar que
uno se f�a. (Cristina de Suecia.)
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53
CAPITULO
X
COMO
DEBEN MEDIRSE LAS FUERZAS DE
TODOS
LOS PRINCIPADOS
Conviene, al examinar la naturaleza de estos
principados, hacer
una consideraci�n m�s, a saber: si un pr�ncipe posee
un Estado tal que
pueda, en caso necesario, sostenerse por s� mismo,298 o si tiene,
en tal
caso, que recurrir a la ayuda de otros.299 Y para
aclarar mejor este
punto, digo que considero capaces de poder sostenerse
por s� mismos a
los que, o por abundancia de hombres o de dinero,
pueden levantar un
ej�rcito respetable y presentar batalla a quienquiera
que se atreva a
atacarlos;300 y considero que tienen siempre necesidad de otros a los
que no pueden presentar batalla al enemigo en campo
abierto, sino
que se ven obligados a refugiarse dentro de sus muros
para defenderlos.
301 Del primer
caso ya se ha hablado, y se agregar� m�s adelante lo
que sea oportuno. Del segundo caso no se puede decir
nada, salvo
aconsejar a los pr�ncipes que fortifiquen y abastezcan
la ciudad en que
residan y que se despreocupen de la compa��a.302 Quien tenga
bien
fortificada su ciudad, y con respecto a sus s�bditos
se haya conducido
de acuerdo con lo ya expuesto y con lo que expondr�
m�s adelante,
dif�cilmente ser� asaltado; porque los hombres son
enemigos de las
empresas demasiado arriesgadas, y no puede reputarse
por f�cil el
asalto a alguien que tiene su ciudad bien forticada y
no es odiado por
298 Como Francia
con las conscripciones, embargos, etc. (G)
299 No vale nada
(G).
300 Con mayor
raz�n cuando pueden atacar y hacer temblar a todos los otros
(G).
301 �Triste cosa!
No la querr�a yo (G).
302 Esto no me
incumbe (G).
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el pueblo.303 Las ciudades de Alemania son lib�rrimas; tienen poca
campa�a, y obedecen al emperador cuando les place,304 pues no le
temen, as� como no temen a ninguno de los poderosos
que las rodean.
La raz�n es simple: est�n tan bien fortificadas que no
puede menos de
pensarse que el asedio ser�a arduo y prolongado.305 Tienen muros
y
fosos adecuados, tanta artiller�a como necesitan, y
guardan en sus
almacenes lo necesario para beber, comer y encender
fuezo durante un
a�o;306 aparte de lo cual, y para poder mantener a los obreros
sin que
ello sea una carga para el erario p�blico, disponen
siempre de trabajo
para un a�o en esas obras que son el nervio y la vida
de la ciudad. Por
�ltimo, tienen en alta estima los ejercicios militares,
que reglamentan
con infinidad de ordenanzas.307
Un pr�ncipe, pues, que gobierne una plaza fuerte, y a
quien el
pueblo no odie, no puede ser atacado; pero si lo
fuese, el atacante se
ver�a obligado a retirarse sin gloria, porque son tan
variables las cosas
de este mundo que es imposible que alguien permanezca
con sus ej�rcitos
un a�o sitiando ociosamente una ciudad.308 Y al que me
pregunte
si el pueblo tendr� paciencia, y el largo asedio y su
propio inter�s no le
har�n olvidar al pr�ncipe, contesto que un pr�ncipe
poderoso y valiente
superar� siempre estas dificultades, ya dando
esperanza a sus s�bditos
de que el mal no durar� mucho, ya infundi�ndoles
terror con la amenaza
de las vejaciones del enemigo, o ya asegur�ndose
diestramente
303 Me he
encontrado, sin embargo, en este caso; pero me aprovechar� de la
primera ocasi�n para fortificar mi capital, sin que
adivinen el verdadero
motivo (E).
304 Son venales.
(Cristina de Suecia.)
305 Bueno para el
tiempo pasado. Adem�s, no se trata aqu� de agresores franceses
(G).
306 �Qu� plaza
resistir� tanto tiempo si es atacada en forma sin ser socorrida?
(Cristina de Suecia.)
307 De qu�
sirvieron estas precauciones contra nuestro ardor en Alemania y
Suiza? (RC).
308 No ando
rondando un a�o, sin hacer nada, bajo los muros ajenos (RC).
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de los que le parezcan demasiado osados.309 A�adiremos a
esto que es
muy probable que el enemigo devaste y saquee la
comarca a su llegada,
que es cuando los �nimos est�n m�s caldeados y m�s
dispuestos a
la defensa; momento propicio para imponerse, porque,
pasados algunos
d�as, cuando los �nimos se hayan enfriado, los da�os
estar�n hechos,
las desgracias se habr�n sufrido y no quedar� ya
remedio
alguno. Los s�bditos se unen por el lo m�s
estrechamente a su pr�ncipe,
como si el haber sido incendiadas sus casas y
devastadas sus
posesiones en defensa del se�or obligara a �ste a
protegerlos.310 Est�
en la naturaleza de los hombres el quedar reconocidos
lo mismo por
los beneficios que hacen que por los que reciben. De
donde, si se considera
bien todo, no ser� dif�cil a un pr�ncipe sabio
mantener firme el
�nimo de sus ciudadanos durante el asedio, siempre y
cuando no carezcan
de v�veres ni de medios de defensa.311
309 El mejor y aun
el �nico medio es contenerlos a todos por igual empleando
el terror; oprimidos, y no se sublevaran ni osar�n
respirar (RI).
310 Sea o no as�,
me da lo mismo. No lo necesito (RI).
311 Con qu� defenderse,
que es lo esencial (RI).
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CAPITULO
XI
DE
LOS PRINCIPADOS ECLESIASTICOS
S�lo nos resta discurrir sobre los principados
eclesi�sticos, respecto
a los cuales todas las dificultades existen antes de
poseerlos,
pues se adquieren o por valor o por suerte, y se
conservan sin el uno ni
la otra, dado que se apoyan en antiguas instituciones
religiosas que
son tan potentes y de tal calidad, que mantienen a sus
pr�ncipes en el
poder sea cual fuere el modo en que �stos procedan y
vivan.312
Estos son los �nicos que tienen Estados y no los
defienden; s�bditos,
y no los gobiernan.313. Y los Estados, a pesar de hallarse indefensos,
no les son arrebatados, y los s�bditos, a pesar de
carecer de
go1bierno, no se preocupan, ni piensan, ni podr�n
sustraerse a su
soberan�a. Son, por consiguiente, los �nicos
principados seguros y
felices.314 Pero como est�n regidos por leyes superiores,
inasequibles a
la mente humana, y como han sido inspirados por el
Se�or, ser�a oficio
de hombre presuntuoso y temerario el pretender hablar
de ellos.315
Sin embargo, si alguien me preguntase a qu� se debe
que la Iglesia
haya llegado a adquirir tanto poder temporal, ya que
antes de Alejandro,
316no s�lo las
potencias italianas, sino hasta los nobles y se�ores
312 �Ah, si yo
pudiera en Francia convertirme en Augusto y supremo pont�fice
de la religi�n (G).
313 Todos los
pr�ncipes de hoy son eclesi�sticos en este sentido. Toda Italia se
halla en esta situaci�n, y tambi�n gran parte de
Europa. (Cristina de Suecia.)
314 �Es posible
ser m�s desdichado de lo que lo son tos pueblos del Estado
eclesi�stico bajo Inocencio XI? (Cristina de Suecia.)
315 Esta iron�a
merec�a, por cierto, todos los rayos espirituales de la potestad
temporal del Vaticano (G)
316 Alejandro VI
fue un gran papa, a pesar de lo que se diga. (Cristina de
Suecia.)
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de menor importancia respetaban muy poco su fuerza
temporal,317
mientras que ahora ha hecho temblar a un rey de
Francia, y aun pudo
arrojarlo de Italia, y ha arruinado a los venecianos,
no considerar�a
in�til recordar las circunstancias, aunque sean
bastante conocidas.318
Antes que Carlos, rey de Francia, entrase en Italia,
esta provincia
estaba bajo la dominaci�n del papa, de los venecianos,
del rey de N�poles,
del duque de Mil�n y de los florentinos. Estas
potencias deb�an
tener dos cuidados principales: evitar que un ej�rcito
extranjero invadiese
a Italia y procurar que ninguna de ellas preponderara.
Los que
despertaban m�s recelos eran los venecianos y el papa.
Para contener
a aqu�llos era necesaria una coalici�n de todas las
dem�s potencias,
como se hizo para la defensa de Ferrara.319 Para contener
al papa,
bastaban los nobles romanos, que, divididos en dos
facciones, los
Orsini y los Colonna, disputaban continuamente y
acud�an a las armas
a la vista misma del pont�fice, con lo cual la Santa
Sede estaba siempre
d�bil y vacilante.320
Y aunque alguna vez surgiese un papa
en�rgico,
como lo fue Sixto, ni la suerte ni la experiencia
pudieron servirle
jam�s de manera decisiva, a causa de la brevedad de su
vida, pues los
diez a�os que, como t�rmino medio, vive un papa
bastaban apenas
para debilitar una de las facciones. Y si, por
ejemplo, un papa hab�a
casi conseguido exterminar a los Colonna, resurg�an
�stos bajo otro
enemigo de los Orsini, a quienes tampoco hab�a tiempo
para hacer
desaparecer por completo; por todo lo cual las fuerzas
temporales del
papa eran poco temidas en Italia.321 Vino por fin
Alejandro VI y pro-
317 Hoy ya no se
teme ni al poder temporal ni el espiritual. (Cristina de Suecia.)
318 Entiendes mal
los intereses de tu reputaci�n, y la corte de Roma no te
perdonar� esta historia indiscreta (G).
319 Segunda guerra
contra el ducado de Ferrara (1510-12), en la que participaron,
coligados, el papa, Espa�a, Inglaterra y los
venecianos. El duque de
Ferrara, a quien en esa ocasi�n ayudaron los franceses,
fue vencido y despojado
de la mayor (...)
320 Juiciosas
reflexiones dignas de meditarse (G).
321 Lo mismo hago
(G).
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b�, como nunca lo hab�a probado ning�n pont�fice, de
cu�nto era
capaz un papa con fuerzas y dinero;322 pues tomando
al duque Valentino
por instrumento, y la llegada de los franceses como
motivo, hizo
todas esas cosas que he contado al hablar sobre las
actividades del
duque. Y aunque su prop�sito no fue engrandecer a la
Iglesia, sino al
duque, no es menos cierto que lo que realiz� redund�
en beneficio de
la Iglesia, la cual, despu�s de su muerte y de la del
duque, fue heredera
de sus fatigas. Lo sucedi� el papa Julio, quien, con
una Iglesia engrandecida
y due�a de toda la Roma�a, con los nobles romanos
dispersos por las persecuciones de Alejandro,323 y abierto el
camino
para procurarse dinero, cosa que nunca hab�a ocurrido
antes de Alejandro,
no s�lo mantuvo las conquistas de su predecesor, sino
que las
acrecent�; y despu�s de proponerse la adquisici�n de
Bolonia, la ruina
de los venecianos y la expulsi�n de los franceses de
Italia,324 lo llev� a
cabo con tanta m�s gloria cuanto que lo hizo para
engrandecer la
Iglesia y no a ning�n hombre. Dej� las facciones
Orsini y Colonna en
el mismo estado en que las encontr�;325 y aunque
ambas tuvieron jefes
capaces de rebelarse, se quedaron quietas por dos
razones: primero
por la grandeza de la Iglesia, que los atemorizaba, y
despu�s, por
carecer de cardenales que perteneciesen a sus partidos,
origen siempre
de discordia entre ellos. Que de nuevo se repetir�n
toda vez que tengan
cardenales326 que los representasen, pues �stos fomentan dentro y
fuera de Roma la creaci�n de partidos que los nobles
de una y otra
familia se ven obligados a apoyar. Por lo cual cabe
decir que las disensiones
y disputas entre los nobles son originadas por la
ambici�n de
los prelados327. Ha hallado, pues, Su Santidad el papa Le�n una Igle-
322 En su tiempo y
pa�s (G).
323 Me hubiera
gustado poder hacer lo mismo en Francia (G).
324 He aqu� lo que
se llama obrar como grande hombre (C).
325 Es lo �nico
que me conviene hacer en Francia (RC).
326 No har�a mal
en tener all� muchos cardenales que me debieran su birrete
encarnado (RC).
327 Me valdr� de
ella para el triunfo de la m�a (RC).
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sia potent�sima; y se puede esperar que as� como
aqu�llos la hicieron
grande por las armas, �ste la har� a�n m�s poderosa y
venerable por
su bondad y sus mil otras virtudes.
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CAPITULO
XII
DE
LAS DISTINTAS CLASES DE MILICIAS Y DE
LOS
SOLDADOS MERCENARIOS
Despu�s de haber discurrido detalladamente sobre la
naturaleza
de los principados de los cuales me hab�a propuesto
tratar, y de haber
se�alado en parte las causas de su prosperidad o ruina
y los medios
con que muchos quisieron adquirirlos y conservarlos,
r�stame ahora
hablar de las formas de ataque y defensa que pueden
ser necesarias en
cada uno de los Estados a que me he referido.
Ya he explicado antes como es preciso que un pr�ncipe
eche los
cimientos de su poder, porque, de lo contrario,
fracasar�a inevitablemente.
Y los cimientos indispensables a todos los Estados,
nuevos,
antiguos o mixtos, son las buenas leyes y las buenas
tropas; y como
aqu�llas nada pueden donde faltan �stas, y como all�
donde hay buenas
tropas por fuerza ha de haber buenas leyes, pasar� por
alto las
leyes y hablar� de las tropas.
Digo, pues, que las tropas con que un pr�ncipe
defiende sus Estados
son propias, mercenarias, auxiliares o mixtas. Las
mercenarias y
auxiliares son in�tiles y peligrosas;328 y el pr�ncipe
cuyo gobierno
descanse en soldados mercenarios no estar� nunca
seguro ni tranquilo,
porque est�n desunidos, porque son ambiciosos,
desleales, valientes
entre los amigos, pero cobardes cuando se encuentran
frente a los
enemigos; porque no tienen d�sciplina, como tienen
temor de Dios ni
buena fe con los hombres; de modo que no se difiere la
ruina sino
mientras se difiere la ruptura; y ya durante la paz
despojan a su pr�ncipe
tanto como los enemigos durante la guerra, pues no
tienen otro
amor ni otro motivo que los lleve a la batalla que la
paga del pr�ncipe,
328 Cuando uno no
tiene tropas propias o cuando las mercenarias o auxiliares
son m�s numerosas, es evidente (G).
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la cual, por otra parte, no es suficiente para que
deseen morir por �l.
Quieren ser sus soldados mientras el pr�ricipe no hace
la guerra; pero
en cuanto la guerra sobreviene, o huyen o piden la
baja.329 Poco me
costar�a probar esto, pues la ruina actual de Italia
no ha sido causada
sino por la confianza depositada durante muchos a�os
en las tropas
mercenarias, que hicieron al principio, y gracias a
ciertos jefes, algunos
progresos que les dieron fama de bravas; pero que
demostraron lo
que val�an en cuanto aparecieron a la vista ej�rcitos
extranjeros. De tal
suerte que Carlos, rey de Francia, se apoder� de
Italia con un trozo de
tiza. Y los que afirman que la culpa la ten�an
nuestros pecados, dec�an
la verdad, aunque no se trataba de los pecados que
imaginaban, sino
de los que he expuesto. Y como estos pecados los
cometieron los pr�ncipes,
sobre ellos recay� el castigo.330
Quiero dejar mejor demostrada la ineficacia de estos
ej�rcitos.
Los capitanes mercenarios o son hombres de m�rito o no
lo son; no se
puede confiar en ellos si lo son porque aspirar�n
siempre a forjar su
propia grandeza, ya tratando de someter al pr�ncipe su
se�or, ya tratando
de oprimir a otros al margen de los designios del
pr�ncipe;331 y
mucho menos si no lo son,332 pues con toda
seguridad llevar�n al
pr�ncipe a la ruina. Y a quien objetara que esto
podr�a hacerlo cualquiera,
mercenario o no, replicar�a con lo siguiente: que un
principado
o una rep�blica deben tener sus milicias propias; que,
en un principado,
el pr�ncipe debe dirigir las milicias en persona y
hacer el oficio de
capit�n;333 y en las rep�blicas, un ciudadano; y si el ciudadano
nombrado
no es apto, se lo debe cambiar; y si es capaz para el
puesto, suje-
329 Except�o, sin
embargo, a los suizos (E).
330 En tiempos del
buen hombre cualquier falta, ya pol�tica, ya moral, se
llamaba pecado, y no era m�s indulgente con las faltas
de los estadistas que lo
que lo son hoy los jansenistas con los pecado del vulgo
(G).
331 Ej�rcito
formados por un predecesor enemigo, y que s�lo est�n realmente
a vuestro servicio porque les pag�is, no son m�s que
mercenarios (E).
332 Ellos le
tienen entre sus fieles (E).
333 Lo s�; ellos
deber�an saberlo. Pero �lo puede �l? (E).
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tarlo por medio de leyes.334 La
experiencia ense�a que s�lo los pr�ncipes
y rep�blicas armadas pueden hacer grandes progresos, y
que las
armas mercenarias s�lo acarrean da�os.335 Y es m�s
dif�cil que un
ciudadano someta a una rep�blica que est� armada con armas
propias336
que una armada con armas extranjeras.
Roma y Esparta se conservaron libres durante muchos
siglos
porque estaban armadas. Los suizos son muy libres
porque disponen
de armas propias. De las armas mercenarias de la
antig�edad son un
ejemplo los cartagineses, los cuales estuvieron a
punto de ser sometidos
por sus tropas mercenarias, despu�s de la primera
guerra con los
romanos, a pesar de que los cartagineses ten�an por
jefes a sus mismos
conciudadanos. Filipo de Macedonia, nombrado capit�n
de los tebanos
a la muerte de Epaminondas, les quit� la libertad
despu�s de la victoria.
Los milaneses, muerto el duque Felipe, tomaron a
sueldo a Francisco
Sforza para combatir a los venecianos; y Sforza venci�
al
enemigo en Caravaggio y se ali� despu�s con �l para
sojuzgar a los
milaneses, sus amos.337 El padre de Francisco Sforza,
estando al servicio
de la reina Juana de N�poles, la abandon�
inesperadamente; y
ella, al quedar sin tropas que la defendiesen, se vio
obligada, para no
perder el reino, a entregarse en manos del rey de
Arag�n.338 Y si los
florentinos y venecianos extendieron sus dominios
gracias a esas mili-
334 No hay decreto
ni orden que pueda estorbarle. No se hace la ley, sino que
�l la da (G).
335 Contad con
esto, si no ten�is m�s que mercenarios (E).
336 Pero puede
caer al fin (G).
337 Puede hacerse
lo mismo con tropas que s�lo reciben sueldo del Estado. Se
trata de infundirles el esp�ritu que tienen las tropas
mercenarias; lo que es
f�cil cuando uno tiene el presupuesto militar a su
disposici�n, por las contribuciones
que hace entrar en �l. La facilidad es a�n mayor cuando
uno est� con
sus tropas en pa�ses lejanos, donde no pueden recibir
otro influjo que el de su
general. Aprov�chese de ello (G).
338 En
cualesquiera brazos que os ech�is, aunque colmen vuestro principal
deseo, terminar�n por haceros m�s mal que bien (E).
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cias, y si sus capitanes los defendieron en vez de
someterlos339 se debe
exclusivamente a la suerte; porque de aquellos
capitanes a los que
pod�an temer unos no vencieron nunca,340 otros
encontraron oposici�n341
y los �ltimos orientaron sus ambiciones hacia otra
parte.342 En
el n�mero de los primeros se cont� Juan Aucut cuya fidelidad
mal
pod�a conocerse cuando nunca obtuvo una victoria; pero
nadie dejar�
de reconocer que, si hubiese triunfado, quedaban los
florentinos librados
a su discreci�n. Francisco Sforza tuvo siempre por
adversario a los
Bracceschi, y se vigilaron mutuamente;343 al fin,
Francisco volvi� sus
miras hacia la Lombard�a, y Braccio hacia la Iglesia344 y el reino de
N�poles.
Pero atendamos a lo que ha sucedido hace poco tiempo.345 Los
florentinos nombraron capit�n de sus milicias a Pablo
Vitelli, var�n
muy prudente que, de condici�n modesta, hab�a llegado
a adquirir
gran fama. A haber tomado a Pisa, los florentinos se
hubiesen visto
obligados a sostenerlo, porque estaban perdidos si se
pasaba a los
enemigos, y si hubieran querido que se quedara,
habr�an debido obedecerle.
346 Si se
consideran los procedimientos de los venecianos, se
ver� que obraron con seguridad y gloria mientras
hicieron la guerra
con sus propios soldados, lo que sucedi� antes que tentaran
la suerte
en tierra firme, cuando contaban con nobles y plebeyos
que defend�an
339 Apenas tuvo
otro t�tulo que el de hombre honrado aquel famoso Bartolom�
Coleoni que, con tantas oportunidades para hacerse rey
de Venecia, no quiso.
�Qu� bober�a haber aconsejado a los venecianos, al
morir, que no dejaran en
manos de otro tanto poder militar como le hab�an
conferido a �l! (G).
340 Con �ste
conviene empezar (G).
341 Veremos
despu�s si las hay insuperables (G).
342 Lo importante
es ver lo que promete m�s (G).
343 Era menester
saber destruirlo (G).
344 �Sublime! Es
el mejor modelo (G).
345 �Por qu� no
pudiste seguirme! (RC).
346 El Directorio
murmurar� y decretar� lo que guste perseguir� siendo lo que
soy y ser� preciso, en verdad, que mi ej�rcito me obedezca
(G).
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lo suyo;347 pero bast� que empezaran a combatir en tierra firme
para
que dejaran aquella virtud y adoptaran las costumbres
del resto de
Italia. Al principio de sus empresas por tierra firme,
nada ten�an que
temer de sus capitanes, as� por lo reducido del Estado
como por la
gran reputaci�n de que gozaban; pero cuando bajo
Carmagnola el
territorio se fue ensanchando, notaron el error en que
hab�an ca�do.
Porque viendo que aquel hombre, cuya capacidad
conoc�an, despu�s
de haber derrotado al duque de Mil�n, hac�a la guerra
con tanta tibieza,
comprendieron que ya nada pod�a esperarse de �l,
puesto que no
lo quer�a;348 y dado que no pod�an licenciarlo, pues perd�an lo que
hab�an conquistado, no les quedaba otro recurso, para
vivir seguros,
que matarlo.349 Tuvieron luego por capitanes a Bartolom� de B�rgamo,
a Roberto de San Severino, al conde de Pitigliano y a
otros de
quienes no ten�an que temer las victorias, sino las
derrotas, como les
sucedi� luego en Vail�, donde en un d�a perdieron lo
que con tanto
esfuerzo hab�an conquistado en ochocientos a�os.350 Porque estas
milicias, o traen lentas, tard�as y mezquinas
adquisiciones, o s�bitas y
fabulosas p�rdidas.
Y ya que estos ejemplos me han conducido a referirme a
Italia,
estudiemos la historia de las tropas mercenarias que
durante tantos
a�os la gobernaron, y remont�monos a los tiempos m�s
antiguos, para
que, vistos su origen y sus progresos, puedan
corregirse mejor los
errores.351
Es de saber que, en �pocas no recientes, cuando el
emperador
empez� a ser arrojado de Italia352 y el poder
temporal del papa a acre-
347 Gran beneficio
de las conscripciones (RC).
348 Hubiera visto
esto mucho m�s pronto (RI).
349 Es, en
realidad, lo m�s seguro. Hubiera debido hacerlo yo con m�s frecuencia
de lo que lo hice. Dos veces no bastaban; tengo que
temerlo todo por
no haberlo hecho tres veces por lo menos (RI).
350 Peor que peor
para ellos; todav�a no lo han visto todo (G).
351 Digresi�n
superflua para m� (G).
352 Restablecer�
all� el imperio (G).
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centarse, Italia se dividi� en gran n�mero de Estados353 porque muchas
de las grandes ciudades tornaron las contra sus
se�ores, que,
favorecidos antes por el emperador, las ten�an
avasalladas; y el papa,
para beneficiarse, ayud� en cuanto pudo a esas
rebeliones.354 De donde
Italia pas� casi por entero a las manos de la Iglesia
y de varias rep�blicas355
pues algunas de las ciudades hab�an nombrado pr�ncipes
a
sus ciudadanos;356
y como estos sacerdotes y estos
ciudadanos no conoc�an
el arte de la guerra, empezaron a tomar extranjeros a
sueldo.
El primero que dio reputaci�n a estas milicias fue
Alberico de Conio,
de la Roma�a, a cuya escuela pertenecen, entre otros,
Braccio y Sforza,
que en sus tiempos fueron �rbitros de Italia.
Tras ellos vinieron todos los que hasta nuestros
tiempos han dirigido
esas tropas.357 Y el resultado de su virtud lo hallamos en esto:
que Italia fue recorrida libremente por Carlos,
saqueada por Luis,
violada por Fernando e insultada por los suizos.358 El m�todo que
estos capitanes siguieron para adquirir primero el de
quitarle importancia
a la infanter�a. Y lo hicieron porque, no poseyendo
tierras y
teniendo que vivir de su industria, con pocos infantes
no pod�an imponerse
y les era imposible alimentar a muchos, �mientras que,
con un
n�mero reducido de jinetes, se ve�an honrados sin que
fuese un problema
el proveer a su sustentaci�n. Las cosas hab�an llegado
a tal
extremo, que en un ej�rcito de veinte mil hombres no
hab�a dos mil
infantes.359 Por otra parte, se hab�an ingeniado para ahorrarse y
ahorrar
a sus soldados la fatiga y el miedo con la consigna de
no matar en
353 La divisi�n
desaparecer� (G).
354 Gregorio VII,
especialmente, fue muy h�bil en esto (G).
355 Todo esto se
cambiar� (RC).
356 Hacer obrar
s�lo para m� esos tres m�viles a un tiempo (G).
357 �Lastimosos
caudillos de forajidos! (G).
358 A los que hago
temblar, despu�s de haber hecho yo solo tanto como estos
tres monarcas juntos, y eso contra tropas mucho m�s
formidables (RC).
359 �Miserable!
�Lastimoso! (G)
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las refriegas, sino tomar prisioneros, sin
degollarlos.360 No asaltaban
de noche las ciudades, ni los campesinos atacaban las
tiendas; no
levantaban empalizadas ni abr�an fosos alrededor del
campamento, ni
viv�an en �l durante el invierno. Todas estas cosas,
permitidas por sus
c�digos militares, las inventaron ellos, como he dicho,
para evitarse
fatigas y peligros.361
Y con ellas condujeron a Italia a la
esclavitud y a
la deshonra.362
360 �Cobard�a!
�Necedad! Acuchillar, hacer a�icos, despedazar, anilquilar,
aterrar (G).
361 Cuando es
posible, es menester hacer lo contrario, para tener buenas
tropas (G).
362 Deb�a suceder
necesariamente (G).
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67
CAPITULO
XIII
DE
LOS SOLDADOS AUXILIARES,
MIXTOS
Y PROPIOS
Las tropas auxiliares, otras de las tropas in�tiles de
que he hablado,
son aquellas que se piden a un pr�ncipe poderoso para
que nos
socorra y defienda,363
tal como hizo en estos �ltimos tiempos el
papa
julio, cuando, a ra�z del pobre papel que le toc�
representar con sus
tropas mercenarias en la empresa de Ferrara, tuvo que
acudir a las
auxiliares y convenir con Fernando, rey de Espa�a, que
�ste ir�a en su
ayuda con sus ej�rcitos. Estas tropas pueden ser
�tiles y buenas para
sus amos364 pero para quien las llama son casi siempre funestas;
pues
si pierden, queda derrotado, y si gana, se convierte
en su prisionero.365
Y aunque las historias antiguas est�n llenas de estos
ejemplos366 quiero,
sin embargo, detenerme: en el caso reciente de Julio
II, que no
pudo haber cometido imprudencia mayor para conquistar
a Ferrara
que el entregarse por completo en manos de un
extranjero. Pero su
buena estrella hizo surgir una tercera causa, que, de
lo contrario, hubiera
pagado las consecuencias de su mala elecci�n,367 Porque
derrotados
sus auxiliares en Ravena, aparecieron los suizos, que,
contra la
opini�n de todo el mundo, incluso la suya, pusieron en
fuga a los
vencedores, de modo que no qued� prisionero de los
enemigos, que
hab�an hu�do, ni de los auxiliares, ya que hab�a
triunfado con otras
363 �In�tiles! Es
mucho. Imaginar el medio de infundirles la idea de una
incorporaci�n a las propias armas, por medio de la
estratagema de una
confederaci�n o uni�n al gran imperio (RC).
364 Me basta (RC)
365 Mi sistema de
alianza debe prevenir estos dos incovenientes (RC).
366 �Deb�a
confirmarla yo cuando en realidad me vela destinado a desmentirla!
(E).
367 Estas terceras
causas s�lo dieron chascos pesados a mi buena fortuna (E).
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68
tropas.368 Los florentinos, que carec�an de ej�rcitos propios,
trajeron
diez mil franceses para conquistar a Pisa; y esta
resoluci�n les hizo
correr m�s peligros de los que corrieran nunca en
ninguna �poca. El
emperador de Constantinopla, para ayudar a sus
vecinos, puso en
Grecia diez mil turcos, los cuales, una vez concluida
la guerra, se
negaron a volver a su patria;369 de donde
empez� la servidumbre de
Grecia bajo el yugo de los infieles.370
Se concluye de esto que todo el que no quiera vencer371 no tiene
m�s que servirse de esas tropas, much�simo m�s
peligrosas que las
mercenarias, porque est�n perfectamente unidas y
obedecen ciegamente
a sus jefes, con lo cual la ruina es inmediata;
mientras que las
mercenarias, para someter al pr�ncipe, una vez, que
han triunfado,
necesitan esperar tiempo y ocasi�n, pues no
constituyen un cuerpo
unido y, por a�adidura, est�n a sueldo del pr�ncipe.
En ellas, un tercero
a quien el pr�ncipe haya hecho jefe no puede cobrar en
seguida
tanta autoridad como para perjudicarlo. En suma, en
las tropas mercenarias
hay que temer sobre todo las derrotas; en las
auxiliares, los
triunfos.372
Por ello, todo pr�ncipe prudente ha desechado estas
tropas y se ha
refugiado en las propias, y ha preferido perder con
las suyas a vencer
con las otras, considerando que no es victoria
verdadera la que se
obtiene con armas ajenas. No me cansar� nunca373 de elogiar a
C�sar
Borgia y su conducta. Empez� el duque por invadir la
Roma�a con
tropas auxiliares, todos soldados franceses, y con
ellas tom� a Imola y
Forli.374 Pero no pareci�ndoles seguros, se volvi� a las
mercenarias,
368 Es ser
afortunado y vencer como papa (G).
369 Por cierto
haremos lo mismo en Italia, en la que entramos s�lo echando a
los coligados (G).
370 Le ha ido
mucho mejor a Italia con ello (RI).
371 �Necio! �Puede
haber otros de esta fuerza! (G).
372 Sublime y de
gran profundidad (RI).
373 �Ah! �Por qu�
te cansar�as? �Por qu� no apreciabas sus dotes morales,
odiadas por muchos tontos? Pero, �qu� hace esto en
pol�tica? (G).
374 �Qu� no se
toma con estas tropas? Pero, �se conserva tan f�cilmente? (G).
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seg�n �l menos peligrosas; y tom� a sueldo a los
Orsini y los Vitelli.
Por �ltimo, al notar que tambi�n �stas eran inseguras,
infieles y peligrosas,
las disolvi� y recurri� a las propias.375 Y de la
diferencia que
hay entre esas distintas milicias se puede formar una
idea considerando
la autoridad que ten�a el duque cuando s�lo contaba
con los franceses
y cuando se apoyaba en los Orsini y Vitelli, y la que
tuvo cuando
se qued� con sus soldados y descans� en s� mismo: que
era, sin duda
alguna, mucho mayor, porque nunca fue tan respetado
como cuando
se vio que era el �nico amo de sus tropas.
Me hab�a propuesto no salir de los ejemplos italianos
y recientes;
pero no quiero olvidarine de Hier�n de Siracusa, ya
que en otra parte
lo he citado.376 Convertido, como expliqu�, en jefe de los ej�rcitos de
Siracusa, advirti� en seguida de la inutilidad de las
milicias mercenarias,
cuyos jefes ten�an los mismos defectos que nuestros
italianos; y
corno no cre�a conveniente conservarlas ni
licenciarlas, elimin� a sus
jefes.377 E hizo la guerra con sus tropas y no con las ajenas.378 Quiero
tambi�n recordar un episodio del Viejo Testamento que
viene muy al
caso.379 Ofreci�ndose David a Sa�l para combatir a Goliat,
provocador
filisteo, Sa�l, para darle valor, lo arm� con sus armas;
pero una vez
que se vio cargado con �stas, David las rechaz�,
diciendo que con
ellas no podr�a sacar partido de s� mismo y que
prefer�a ir al encuentro
del enemigo con su honda y su cuchillo.
En fin, sucede siempre que las armas ajenas o se caen
de los
hombros del pr�ncipe, o le pesan, o le oprimen. Carlos
VII, padre del
rey Luis XI, una vez que con su fortuna y valor liber�
a Francia de los
375 Siempre �stas,
antes que cualesquiera otras (G).
376 Maquiavelo me
halaga haciendo nueva menci�n de este h�roe de mi genealog�a(
G).
377 Feliz de
haberlo podido y m�s a�n de haberlo hecho (RI).
378 No conviene
nunca pasar a otros, por deber, la menor parte de la gloria y
poder adquiridos (G).
379 La elecci�n de
este ejemplo es una simpleza (G).
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ingleses, conoci� esta necesidad de armarse con sus
propias armas380 y
orden� en su reino la creaci�n de milicias de
caballer�a e infanter�a.
Despu�s, el rey Luis, su hijo, disolvi� los de
infanter�a y empez� a
tomar a sueldo a suizos,381 error que renovado por otros,
es, como
ahora se ve, el motivo de los males de aquel reino.
Porque al acreditar
a los suizos, desacredit� todas sus armas, ya que hizo
desaparecer la
infanter�a y depender la caballer�a de las tropas
ajenas. Acostumbrada
�sta a ir a la guerra en compa��a de los suizos, no
cree poder vencer
sin ellos.382 Lo cual explica que los franceses no puedan contra los
suizos, y que sin los suizos no se atrevan a enfrentar
a otros. Los ej�rcitos
de Francia son, pues, mixtos, dado que se componen de
tropas
mercenarias y prop�as; y, en su conjunto, son mucho
mejores que las
milicias exclusivamente mercenarias o exclusivamente
auxiliares,
pero muy inferiores a las propias.383 Bastar� el
ejemplo citado para
hacer comprender que el reino de Francia ser�a hoy
invencible si se
hubiese respetado la disposici�n de Carlos;384 pero la
escasa perspicacia
de los hombres hace que comiencen algo que parece bueno
por el
hecho de que no manifiesta el veneno que esconde
debajo, como he
dicho que sucede con la tisis.
Por lo tanto, aquel que en un principado no descubre
los males
sino una vez nacidos, no es verdaderamente sabio; pero
�sta es virtud
que tienen pocos.385
Si se examinan las causas de la
decadencia del
Imperio Romano,
380 Necesitan del
tiempo y de funestas experiencias para comprender lo que
les es indispensable (E).
381 �necio! Pero a
veces no; todo su consejo estaba en su cabeza. Miraba a
Francia como a un prado que pod�a segar todos los a�os
tan a fondo como
quisiera. Tuvo tambi�n su hombre de Saint-Jean d�ngeli
y se condujo harto
bien en el negocio de Odet (RC).
382 �Qu�
diferencia! No hay ni un soldado m�o que no crea poder vencer por s�
solo (RI).
383 En una
grand�sima parte (G).
384 Lo es, porque
le he dado otras mucho me (RI).
385 Todav�a en
este siglo de tantas luces... (E).
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se advierte que la principal estrib� en empezar a
tomar a sueldo a los
godos, pues desde entonces las fuerzas del imperio
fueron debilit�ndose,
386 y toda la
virtud que ellas perd�an la adquir�an los otros.
Concluyo, pues, que sin milicias propias no hay
principado seguro;
387 m�s a�n: est�
por completo en manos del azar, al carecer de
medios de defensa contra la adversidad. Que fue
siempre opini�n y
creencia de los hombres prudentes �quod nihil zit
tam infirmum aut
instabile, quam fama potentiae non sua vi nixa�.388 Y milicias
propias
son las compuestas, o por s�bditos, o por ciudadanos,
o por servidores
del pr�ncipe. Y no ser� dif�cil rodearse de ellas389 si se siguen
los
ejemplos de los cuatro a quienes he citado, y se
examina la forma en
que Filipo, padre de Alejandro Magno, y muchas
rep�blicas y pr�ncipes
organizaron sus tropas. Conducta a la cual me remito
por entero.
390
386 Lo mismo pens�
la primera vez que le�, siendo ni�o la historia de esta
decadencia (G).
387 Las vuestras
no son vuestras sino m�s (E).
388 "Que nada
hay tan d�bil e instable como la fama de poder que no se apoya
en las propias fuerzas." T�cito:
"Anales."
389 No para ellos.
Por lo menos no tan pronto (E).
390 Est� bien,
pero ese posible, todav�a mejor, referirse a m� (RC).
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72
CAPITULO
XIV
DE
LOS DEBERES DE UN PRINCIPE
PARA
CON LA MILICIA
Un pr�ncipe no debe entonces tener otro objeto ni
pensamiento ni
preocuparse de cosa alguna fuera del arte de la guerra
y lo que a pues
es lo �nico que compete a quien manda. Y su virtud es
tanta, que no
s�lo conserva en su puesto a los que han nacido
pr�ncipes, sino que
muchas veces eleva a esta dignidad a hombres de
condici�n modesta;
391 mientras que,
por el contrario, ha hecho perder el Estado a pr�ncipes
que han pensado m�s en las diversiones que en las
armas.392
Pues la raz�n principal de la p�rdida de un Estado se
halla siempre en
el olvido de este arte, en tanto que la condici�n
primera para adquirirlo
es la de ser experto en �l.
Francisco Sforza, por medio de las armas, lleg� a ser
duque de
Mil�n, de simple ciudadano que era;393 y sus hijos,
por escapar a las
incomodidades de las armas, de duques pasaron a ser
simples ciudadanos.
394 Aparte de
otros males que trae, el estar desarmado hace
despreciable,395 verg�enza que debe evitarse por lo que luego
explicar�.
Porque entre uno armado y otro desarmado no hay
comparaci�n
posible, y no es razonable que quien est� armado
obedezca de buen
grado a quien no lo est�,396 y que el
pr�ncipe desarmado se sienta
391 Dicen que voy
a tomar la pluma para escribir mis "Memorias". �Yo escribir?
Me tomar�an por un bobo. Es ya mucho que mi hermano
Luciano haga
versos. Entretenerse en tales puerilidades es renunciar
a reinar (RI).
392 He demostrado
lo uno y lo otro (RI).
393 Es indefectible
(E).
394 �Y yo, pues!
(E).
395 Como ellos
bien pronto (E).
396 La espada y
las charreteras solas no lo evitan si no hay algo m�s (RI).
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seguro entre servidores armados;397 porque,
desde�oso uno y desconfiado
el otro, no es posible que marchen de acuerdo.398 Por todo ello
un pr�ncipe que, aparte de otras desgracias, no
entienda de cosas militares,
no puede ser estimado por sus soldados ni puede
confiar en
ellos.399
En consecuencia, un pr�ncipe jam�s debe dejar de
ocuparse del
arte militar, y durante los tiempos de paz debe
ejercitarse m�s que en
los de guerra; lo cual puede hacer de dos modos: con
la acci�n y con el
estudio. En lo que ata�e a la acci�n, debe, adem�s de
ejercitar y tener
bien organizadas sus tropas, dedicarse constantemente
a la caza con el
doble objeto de acostumbrar el cuerpo a las fatigas y
de conocer la
naturaleza de los terrenos, la altitud de las
monta�as, la entrada de los
valles, la situaci�n de las llanuras, el curso de los
r�os y la extensi�n
de los pantanos. En esto �ltimo pondr� much�sima
seriedad,400 pues
tal estudio presta dos utilidades: primero, se aprende
a conocer la
regi�n donde se vive y a defenderla mejor; despu�s, en
virtud del conocimiento
pr�ctico de una comarca, se hace m�s f�cil el
conocimiento
de otra donde sea necesario actuar, porque las
colinas, los
valles, las llanuras, los r�os y los pantanos que hay,
por ejemplo, en
Toscana, tienen cierta similitud con los de las otras
provincias, de
manera que el conocimiento de los terrenos de una
provincia sirve
para el de las otras.401 El pr�ncipe que carezca de
esta pericia carece
de la primera cualidad que distingue a un capit�n,
pues tal condici�n
es la que ense�a a dar con el enemigo, a tomar los
alojamientos, a
conducir los ej�rcitos, a preparar un plan de batalla
y a atacar con
ventaja.402
397 �No lo veis,
pues? (E).
398 �Y creen
estarlo! (E).
399 Maquiavelo,
�qu� secreto les revelas! Pero no te leen ni leyeron jam�s (E).
400 Me he aprovechado
de los consejos (R).
401 A��danse a
esto buenas cartas topogr�ficas (G).
402 �Aprovech�
bien tus consejos? (G)
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Filop�menes, pr�ncipe de los aqueos, ten�a, entre
otros m�ritos
que los historiadores le concedieron, el de que en los
tiempos de paz
no pensaba sino en las cosas que incumben a la guerra;403 y cuando
iba de paseo por la campa�a, a menudo se deten�a y
discurr�a as� con
los amigos: �Si el enemigo estuviese en aquella colina
y nosotros nos
encontr�semos aqu� con nuestro ej�rcito, �de qui�n
ser�a la ventaja?
�C�mo podr�amos ir a su encuentro, conservando el
orden? Si quisi�ramos
retirarnos, �c�mo deber�amos proceder? �Y c�mo los
persiguir�amos,
si los que se retirasen fueran ellos?�.404 Y les
propon�a,
mientras caminaba, todos los casos que pueden
present�rsele a un
ej�rcito; escuchaba sus opiniones, emit�a la suya y la
justificaba. Y
gracias a este continuo razonar, nunca, mientras gui�
sus ej�rcitos,
pudo surgir accidente alguno para el que no tuviese
remedio previsto.
405
En cuanto al ejercicio de la mente, el pr�ncipe debe
estudiar la
historia,406 examinar las acciones de los hombres ilustres, ver
como se
han conducido en la guerra analizar el por qu� de sus
victorias y derrotas
para evitar �stas y tratar de lograr aqu�llas; y sobre
todo hacer
lo que han hecho en el pasado algunos hombres egregios
que, tomando
a los otros por modelos, ten�an siempre presentes sus
hechos m�s
celebrados.407 Como se dice que Alejandro Magno hac�a con Aquiles,
C�sar con Alejandro, Escipi�n con Ciro. Quien lea la
vida de Ciro,
escrita por Jenofonte, reconocer� en la vida de
Excipi�n la gloria que
le report� el imitarlo, y como, en lo que se refiere a
castidad, afabilidad,
clemencia y liberalidad, Escipi�n se ci�� por completo
a lo que
403 En ella
pienso, aun durmiendo... si, no obstante, duermo alguna vez (G).
404 �Cu�ntas veces
he hecho lo mismo desde mi juventud (RI).
405 No se prev�n
nunca todos, pero se halla de repente el remedio, por m�s
que cueste (G).
406 �Desgraciado
el estadista que no la lee! (E).
407 �Por qu� no
tomar m�s de uno, que pueda ser superior a todos los otros?
Carlomagno me ha complacido, pero C�sar, Atila,
Tamerl�n, no son de despreciar
(G).
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Jenofonte escribi� de Ciro.408 Esta es la
conducta que debe observar un
pr�ncipe prudente: no permanecer inactivo nunca en los
tiempos de
paz, sino, por el contrario, hacer acopio de
ense�anzas para valerse de
ellas en la adversidad, a fin de que, si la fortuna
cambia, lo halle preparado
para resistirle.
408 Necia
observaci�n (G).
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76
CAPITULO
XV
DE
AQUELLAS COSAS POR LAS CUALES LOS
HOMBRES
ESPECIALMENTE LOS PRINCIPES,
SON
ALABADOS O CENSURADOS
Queda ahora por analizar como debe comportarse un
pr�ncipe en
el trato con s�bditos y amigos. Y porque s� que muchos
han escrito
sobre el tema, me pregunto, al escribir ahora yo, si
no ser� tachado de
presuntuoso, sobre todo al comprobar que en esta
materia me aparto
de sus opiniones.409
Pero siendo mi prop�sito escribir cosa
�til para
quien la entiende, me ha parecido m�s conveniente ir
tras la verdad
efectiva de la cosa 410 que tras su apariencia.411 Porque muchos
se han
imaginado como existentes de veras a rep�blicas y
principados que
nunca han sido vistos ni conocidos;412 porque hay
tanta diferencia
entre como se vive y como se deber�a vivir, que aquel
que deja lo que
se hace por lo que deber�a hacerse marcha a su ruina
en vez de beneficiarse;
pues un hombre que en todas partes quiera hacer
profesi�n de
bueno es inevitable que se pierda entre tantos que no
lo son.413 Por lo
409 Primera
advertencia que ha de hacerse para comprender bien a Maquiavelo
(RC).
410 En todos los
casos, ver las cosas como ellas son (RC).
411 La imaginaci�n
de Plat�n vale, en la pr�ctica, casi tanto como la de Juan
Jacobo (RC).
412 Con arreglo a
ellos juzgan a los estadistas los vicionarios de moral y de
filosof�a (RC).
413 Si todos no
son malos, los que lo son tienen tales recursos y actividad, que
hace como si todos lo fueran. Los m�s perversos son, a
menudo, los que a tu
lado aparentan ser los mejores (RI).
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cual es necesario que todo pr�ncipe que quiera
mantenerse aprenda a
no ser bueno, y a practicarlo o no de acuerdo con la
necesidad.414
Dejando, pues, a un lado las fantas�as, y
preocup�ndonos s�lo de
las cosas reales, digo que todos los hombres, cuando
se habla de ellos,
y en particular los pr�ncipes, por ocupar posiciones
m�s elevadas, son
juzgados por algunas de estas cualidades que les valen
o censura o
elogio. Uno es llamado pr�digo, otro taca�o (y empleo
un t�rmino
toscano, porque �avaro�, en nuestra lengua, es tambi�n
el que tiende a
enriquecerse por medio de la rapi�a, mientras que
llamamos �taca�o�
al que se abstiene demasiado de gastar lo suyo); uno
es considerado
dadivoso, otra rapaz; uno cruel, otro clemente; uno
traidor, otro leal;
uno afeminado y pusil�nime, otro decidido y animoso;
uno humano,
otro soberbio; uno lascivo, otro casto; uno sincero,
otro astuto; uno
duro, otro d�bil; uno grave, otro fr�volo; uno
religioso, otro incr�dulo,
y as� sucesivamente.415 S� que no habr�a nadie que no
opinase que
ser�a cosa muy loable que, de entre todas las
cualidades nombradas,
un pr�ncipe poseyese las que son consideradas buenas;416 pero como
no es posible poseer las todas, ni observarlas
siempre, porque la naturaleza
humana no lo consiente, le es preciso ser tan cuerdo
que sepa
evitar la verg�enza de aquellas que le significar�an
la p�rdida del
Estado, y, si puede, aun de las que no se lo har�a
perder,417 pero si no
puede no debe preocuparse gran cosa418 y mucho menos
de incurrir en
la infamia de vicios sin los cuales dif�cilmente
podr�a salvar el Estado,
porque si consideramos esto con frialdad, hallaremos
que, a veces, lo
que parece virtud es causa de ruina, y lo que parece
vicio s�lo acaba
por traer el bien estar y la seguridad.
414 Se dir� lo que
se quiera. Lo esencial es mantenerse y conservar el buen
orden del Estado (RC).
415 Escoged si
pod�is (RC).
416 S�, como Luis
XVI. Pero tambi�n acaba uno perdiendo su reino y su cabeza
(RI).
417 Consejo de
moralista (RI).
418 En cuanto a esto,
me burlo del "qu� dir�n" (RI).
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CAPITULO
XVI
DE
LA PRODIGALIDAD Y DE LA AVARICIA
Empezando por las primeras de las cualidades
nombradas, digo
que estar�a bien ser tenido por pr�digo. Sin embargo,
la prodigalidad,
practicada de manera que se sepa que uno es pr�digo,
perjudica; y por
otra, parte, si se la practica virtuosamente y tal
como se la debe practicar,
la prodigalidad no ser� conocida419 y se creer�
que existe el vicio
contrario. Pero como el que quiere conseguir fama de
pr�digo entre
los hombres no puede pasar por alto ninguna clase de
lujos, suceder�
siempre que un pr�ncipe as� acostumbrado a proceder
consumir� en
tales obras todas sus riquezas y se ver� obligado, a
la postre, si desea
conservar su reputaci�n, a imponer excesivos tributos,
a ser riguroso
en el cobro y a hacer todas las cosas que hay que
hacer para procurarse
dinero. Lo cual empezar� a tornarlo odioso a los ojos
de sus s�bditos,
420 y nadie lo
estimar�, ya que se habr� vuelto pobre. Y como con
su prodigalidad ha perjudicado a muchos y beneficiado
a pocos, se
resentir� al primer inconveniente421 y peligrar�
al menor riesgo.422 Y
si entonces advierte su falla y quiere cambiar de
conducta, ser� tachado
de taca�o.423
Ya que un pr�ncipe no puede practicar p�blicamente
esta virtud
sin que se perjudique, convendr�, si es sensato, que
no se preocupe si
es tildado de taca�o; porque, con el tiempo, al ver
que con su avaricia
le bastan las entradas para defenderse de quien le
hace la guerra, y
419 Es tambi�n muy
evang�lico. �De qu� servir�a ser liberal si no lo fuera uno
por inter�s y vanidad? (RC).
420 Esto me afecta
algo, pero recuperare la estimaci�n con enga�osas haza�as
(RI).
421 Ir� en busca
de dinero a todos los pa�ses del exterior (RI).
422 �Ave de mal
ag�ero, habr�s mentido en esto! (RI).
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puede acometer nuevas empresas sin gravar al pueblo,424 ser� tenido
siempre por m�s pr�digo, pies practica la generosidad
con todos
aquellos a quienes no quita, que son innumerables, y
la avaricia con
todos aquellos a quienes no da, que son pocos.425
En nuestros tiempos s�lo hemos visto hacer grandes
cosas a los
hombres considerados taca�os; los dem�s siempre han
fracasado. El
papa Julio II, despu�s de servirse del nombre de
pr�digo para llegar al
Pontificado,426 no se cuid�, a fin de poder hacer la guerra, d�
conservar
semejante farria. El actual rey de Francia ha sostenido
tantas guerras
sin imponer tributos extraordinarios a sus s�bditos
porque, con su
extremada econom�a, provey� a los gastos superfluos.427 El actual rey
de Espa�a, si hubiera sido espl�ndido, no habr�a
realizado ni vencido
en tantas empresas.428
En consecuencia, un pr�ncipe debe reparar poco -con
tal de que
ello le permita defenderse, no robar a los s�bditos,
no volverse pobre y
despreciable, no mostrarse expoliador- en incurrir en
el vicio de taca�o;
porque �ste es uno de los vicios que hacen posible
reinar.429 Y si
alguien dijese: �Gracias a su prodigalidad, C�sar
lleg� al Imperio430 y
muchos otros, por haber sido y haberse ganado fama de
pr�digos,
escalaron alt�simas posiciones�, contestar�a: �O ya
eres pr�ncipe, o
est�s en camino de serlo; en el primer caso, la
liberalidad es pernicio-
423 Yo apenas me
inquietar�a por ello (RI).
424 �Animo
apocado! (RI).
425 �Buen hombre!
(RI).
426 La palabra
liberal, tornada metaf�sicamente, me sirvi� casi lo mismo. Las
expresiones "ideas liberales", "modo de
pensar liberal", que per lo menos no
arruinan y embelesan a todos los ide�logos, son, sin
embargo, de mi invenci�n,
inventado por m� este talism�n, s�lo servir� a mi causa
y abogar� siempre
por mi reinado, aun en poder de los que me destronaron
(E).
427 Idea mezquina
(RI).
428 Tonter�a (RI).
429 No es con �ste
con quien yo m�s contar�a (RC).
430 Mis generales
saben lo que les di antes y adonde tendr�a que llegar para
conferirles ducados y bastones de mariscal (RI).
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sa; en el segundo, necesaria.431 Y C�sar era
uno de los que quer�an
llegar al principado de Roma; pero si despu�s de
lograrlo hubiese
sobrevivido y no se hubiera moderado en los gastos,
habr�a llevado el
imperio a la ruina�. Y si alguien replicase: �Ha
habido muchos pr�ncipes,
reputados por liberal�simos, que hicieron grandes
cosas con las
armas�,432 dir�a yo: �O el pr�ncipe gasta lo suyo y lo de los
s�bditos, o
gasta lo ajeno; en el primer caso debe ser medido; en
el otro, no debe
cuidarse del despilfarro.433 Porque el
pr�ncipe que va con sus ej�rcitos
y que vive del bot�n, de los saqueos y de las
contribuciones, necesita
de esa esplendidez a costa de los enemigos, ya que de
otra manera los
soldados no lo segu�rian.434 Con aquello
que no es del pr�ncipe ni de
sus s�bditos se puede ser extremadamente generoso,
como lo fueron
Ciro, C�sar y Alejandro;435 porque el derrochar lo ajeno,
antes concede
que quita reputaci�n;436 s�lo el gastar lo de uno
perjudica. No hay
cosa que se consuma tanto a s� misma como la
prodigalidad, pues
cuanto m�s se la practica m�s se pierde la facultad de
practicarla; y se
vuelve el pr�ncipe pobre y despreciable437 o si quiere
escapar de la
pobreza, expoliador y odioso.438 Y si hay algo
que deba evitarse, es el
ser despreciado y odioso, y a ambas cosas conduce la
prodigalidad.
Por lo tanto, es m�s prudente contentarse con el tilde
de taca�o, que
implica una verg�enza sin odio, que, por ganar fama de
pr�digo, incurrir
en el de expoliador, que implica una verg�enza con
odio.439
431 Fui liberal en
acciones y palabras. �A cu�ntos necios no se enga�a con el
falso oropel de las ideas liberales! (RC).
432 Vas a juzgarme
(RC).
433 �Qui�n lo hizo
mejor que yo? (RI).
434 He aqu� el
secreto del permiso que di para los saqueos y pillajes. Les daba
cuanto pod�an tomar; de ah� su inmutable apego a mi
persona (E).
435 Y yo (RI).
436 Que sirve para
aumentar la otra (RI).
437 Cuando uno no
sabe otros med�os para mantenerla (RI)
438 Esto casi no
me inquieta (RI).
439 Poco me
importa, en resumidas cuentas. Tendr� siempre el aprecio y el
amor de mis saldados..., de mis senadores, prefectos,
etc. (RI).
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CAPITULO
XVII
DE
LA CRUELDAD Y LA CLEMENCIA; Y SI ES
MEJOR
SER AMADO QUE TEMIDO, O SER
TEMIDO
QUE AMADO
Paso a las otras cualidades ya citadas y declaro que
todos los
pr�ncipes deben desear ser tenidos por clementes y no
por crueles. Y,
sin embargo, deben cuidarse de emplear mal esta
clemencia440 C�sar
Borgia era cruel, pese a lo cual fue su crueldad la
que impuso el orden
en la Roma�a, la que logr� su uni�n y la que la volvi�
a la paz y a la
fe.441 Que, si se examina bien, se ver� que Borgia fue mucho
m�s
clemente que el pueblo florentino, que, para evitar
ser tachado de
cruel, dej� destruir a Pistoya. Por lo tanto, un
pr�ncipe no debe preocuparse
porque lo acusen de cruel, siempre y cuando su
crueldad tenga
por objeto el mantener unidos y fieles a los s�bditos;442 porque con
pocos castigos ejemplares ser� m�s clemente que
aquellos que, por
excesiva clemencia, dejan multiplicar los des�rdenes,
causa de matanzas
y saqueos que perjudican a toda una poblaci�n,
mientras que
las medidas extremas adoptadas por el pr�ncipe s�lo
van en contra de
uno.443 Y es sobre todo un pr�ncipe nuevo el que no debe
evitar los
440 Lo que siempre
sucede, cuando uno llega a la gloria de la clemencia con
grandes pretensiones (E).
441 No ces�is de
clamar que este Borgia era un monstruo de quien es menester
apartar la vista; no ces�is, a fin de que no aprendan
de �l lo que podr�a desbaratar
mis planes (E).
442 Gu�rdate bien
de dec�rselo. Por otra parte, no parecen dispuestos a comprenderte
(E).
443 Tengo
necesidad de que todos est�n ofendidos, aunque m�s no sea que con
la impunidad de algunos (E).
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actos de crueldad,444
pues toda nueva dominaci�n trae consigo
infinidad
de peligros. As� se explica que Virgilio445 ponga en boca
de
Dido:
Res dura el regni novitai me talia cogunt
Mofiri, el late fines custode tueri
Sin embargo, debe ser cauto en el creer y el obrar, no
tener miedo
de s� mismo446 y proceder con moderaci�n, prudencia y humanidad,
de modo que una excesiva confianza, no lo vuelva
imprudente, y
una desconfianza exagerada, intolerable.447
Surge de esto una cuesti�n: si vale m�s ser amado que
temido, o
temido que amado. 448"Nada mejor que ser ambas cosas a la vez; pero
puesto que es dif�cil reunirlas y que siempre ha de
faltar una, declaro
que es m�s seguro ser temido que amado.449 Porque de la
generalidad
de los hombres se puede decir esto: que son ingratos,
volubles, simuladores,
cobardes ante el peligro y �vidos de lucro.450 Mientras les
haces bien, son completamente tuyos: te ofrecen su
sangre, sus bienes,
su vida y sus hijos,451 pues -como antes expliqu�-
ninguna necesidad
tienes de ello; pero cuando la necesidad se presenta
se rebelan. Y el
pr�ncipe que ha descansado por entero en su palabra452 va a la ruina
al
no haber tomado otras providencias; porque las
amistades que se ad-
444 Son nuevos, el
Estado es nuevo para ellos y s�lo quieren ser clementes
(E).
445 Pero,
dichosamente, no es Virgilio el poeta m�s gustado (E).
446 Es f�cil de
decir (RC).
447 �Perfecto!
�Sublime! (RC).
448 No es cuesti�n
para m� (RC).
449 No necesito
m�s que de uno (RC).
450 Los que dec�an
que todos los hombres son buenos quer�an enga�ar a los
princ�pes (RC).
451 Cuenta con
ello (E).
452 �Buen billete
tiene La Ch�tre!
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quieren con el dinero y no con la altura y nobleza de
almas453 son
amistades merecidas, pero de las cuales no se dispone,
y llegada la
oportunidad no se las puede utilizar. Y los hombres
tienen menos
cuidado en ofender a uno que se haga amar que a uno
que se haga
terner;454 porque el amor es un v�nculo de gratitud que los
hombres,
perversos por naturaleza, rompen cada vez que pueden
beneficiarse;
pero el temor es miedo al castigo que no se pierde
nunca.455 No obstante
lo cual, el pr�ncipe debe hacerse temer de modo que,
si no se
granjea el amor, evite el odio,456 pues no es
imposible ser a la vez
temido y no odiado; y para ello bastar� que se
abstenga de apoderarse
de los bienes y de las mujeres de sus ciudadanos y
s�bditos457 y que no
proceda contra la vida de alguien sino cuando hay
justificaci�n conveniente
y motivo manifiesto;458 pero sobre todo abstenerse de
los bienes
ajenos,459 porque los hombres olvidan antes la muerte del padre
que la
p�rdida del patrimonio.460 Luego, nunca faltan excusas
para despojar
a los dem�s de sus bienes,461 y el que
empieza a vivir de la rapi�a
siempre encuentra pretextos para apoderarse de lo
ajeno, y, por el
contrario, para quitar la vida, son m�s raros y
desaparecen con m�s
rapidez.462
Pero cuando el pr�ncipe est� al frente de sus
ej�rcitos y tiene que
gobernar a miles de soldados, es absolutamente
necesario que no se
453 Pero es
menester saber en qu� consiste ella en el pr�ncipe de un Estado
tan dificultoso (E).
454 Creen todo lo
contrario (E).
455 Es preciso que
�ste les castigue de continuo (RC).
456 Es muy
embarazoso (RI).
457 Es tambi�n restrigir
mucho las prerrogativas de los pr�ncipes (RI).
458 Cuando no los
hay reales, los forja uno mismo. Para mis grandes providencias
gubernativas, tengo hombres m�s sabios que Gabriel
Naud� (RC).
459 Es el �nico
p�rfido chasco que su carta me ha dado (E).
460 Observaci�n
profunda que se me hab�a escapado (E).
461 Esta facilidad
para hallar pretextos es una de las ventajas de mi autoridad
(RC).
462 �Ignorante! No
sab�a que uno los engendra (RC).
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preocupe si merece fama de cruel, porque sin esta fama
jam�s podr�
tenerse ej�rcito alguno unido y dispuesto a la lucha.463 Entre las
infinitas
cosas admirables de An�bal se cita la de que, aunque
contaba con
un ej�rcito grand�simo, formado por hombres de todas
las razas a los
que llev� a combatir en tierras extranjeras,464 jam�s surgi�
discordia
alguna entre ellos ni contra el pr�ncipe, as� en la
mala como en la buena
fortuna.465 Y esto no pod�a deberse sino a su crueldad inhumana,
que, unida a sus muchas otras virtudes, lo hac�a
venerable y terrible en
el concepto de los soldados; que, sin aqu�lla, todas
las dem�s no le
habr�an bastado para ganarse este respeto.466 Los
historiadores poco
reflexivos admiran, por una parte, semejante orden, y,
por la otra,
censuran su raz�n principal.467 Que si es
verdad o no que las dem�s
virtudes no le habr�an bastado puede verse en Escipi�n
-hombre de
condiciones poco comunes, no s�lo dentro de su �poca, sino
dentro de
toda la historia de la humanidad-,468 cuyos
ej�rcitos se rebelaron en
Espa�a. Lo cual se produjo por culpa de su excesiva
clemencia, que
hab�a dado a sus soldados m�s licencia de la que a la
disciplina militar
conven�a.469 Falta que Fabio M�ximo le reproch� en el Senado,
llam�ndolo
corruptor de la milicia romana. Los logros, habiendo
sido
ultrajados por un enviado de Escipi�n, no fueron
desagraviados por
�ste ni la insolencia del primero fue castigada
naciendo todo de aquel
su blando car�cter. Y a tal extremo, que alguien que
lo quiso justificar
ante el Senado dijo que pertenec�a a la clase de
hombres que saben
mejor no equivocarse que enmendar las equivocaciones
ajenas.470 Este
463 Principi� con
esto para hacer marchar a Italia el ej�rcito cuyo mando se
me confiri� en 1796 (G).
464 El m�o no
presentaba menos elementos de discordia y rebeli�n cuando le
hice entrar en Italia (G).
465 Puede decirse
otro tanto del m�o (G).
466 Indudable (G).
467 As� nos
juzgamos siempre (G).
468 Admiraci�n muy
necia (G).
469 S�lo debe uno
dejarla cuando as� halla su beneficio (G).
470 Lo segundo
vale m�s que lo primero (G).
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car�cter, con el tiempo habr�a acabado por empa�ar su
fama y su
honor, a haber llegado Escipi�n al mando absoluto;
pero como estaba
bajo las �rdenes del Senado, no s�lo qued� escondida
esta mala cualidad
suya, sino que se convirti� en su gloria.471
Volviendo a la cuesti�n de ser amado o temido,
concluyo que,
como el amor depende de la voluntad de los hombres y
el temer de la
voluntad del pr�ncipe, un pr�ncipe prudente debe
apoyarse en lo suyo472
y no en lo ajeno, pero, como he dicho, tratando
siempre de evitar
el odio.473
471 �Extravagante
gloria! (G).
472 Es lo m�s
seguro, siempre (RC).
473 A no ser que
cause mucho trabajo y estorbo (RC).
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CAPITULO
XVIII
DE
QUE MODO LOS PRINCIPES DEBEN
CUMPLIR
SUS PROMESAS
Nadie deja de comprender cu�n digno de alabanza es el
pr�ncipe
que cumple la palabra dada, que obra con rectitud y no
con doblez;474
pero la experiencia nos demuestra, por lo que sucede
en nuestros
tiempos, que son precisamente los pr�ncipes que han
hecho menos
caso de la fe jurada, envuelto a los dem�s con su
astucia y re�do de los
que han confiado en su lealtad,475 los �nicos
que han realizado grandes
empresas.476
Digamos primero que hay dos maneras de combatir: una,
con las
leyes; otra, con la fuerza. La primera es distintiva
del hombre; la segunda,
de la bestia. Pero como a menudo la primera no basta,
es forzoso
recurrir a la segunda.477 Un pr�ncipe debe saber
entonces
comportarse como bestia y como hombre. Esto es lo que
los antiguos
escritores ense�aron a los pr�ncipes de un modo velado
cuando dijeron
que Aquiles y muchos otros de los pr�ncipes antiguos
fueron confiados
al centauro Quir�n para que los criara y educase.478 Lo cual
significa
que, como el preceptor es mitad bestia y mitad hombre,
un pr�ncipe
debe saber emplear las cualidades de ambas
naturalezas, y que una no
puede durar mucho tiempo sin la otra.
474 Maquiavelo,
admirando hasta este punto la buena fe, franqueza y honradez,
ya no parece estadista(G).
475 Arte que puede
ser perfecciondo todav�a (G). Los tontos est�n aqu� abajo
para nuestros gastos secretos (G).
476 Los grandes
ejemplos le fuerzan a discurrir seg�n mi modo de dar otros
semejantes (G).
477 Es la mejor,
considerando que uno s�lo trata con bestias (RC).
478 Explicaci�n
que nadie supo dar antes de Maquiavelo (G).
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De manera que, ya que se ve obligado a comportarse
como bestia,
conviene que el pr�ncipe se transforme en zorro y en
le�n, porque
el le�n no sabe protegerse de las trampas ni el zorro
protegerse de los
lobos.479 Hay, pues, que ser zorro para conocer las trampas y
le�n para
espantar a los lobos. Los que s�lo se sirven de las
cualidades del le�n
demuestran poca experiencia.480 Por lo tanto,
un pr�ncipe prudente no
debe observar la fe jurada cuando semejante
observancia vaya en contra
de sus intereses y cuando haya desaparecido las
razones que le
hicieron prometer.481
Si los hombres fuesen todos buenos, este
precepto
no ser�a bueno,482
pero como son perversos,483 y no la
observar�an
contigo, tampoco t� debes observarla con ellos484 Nunca
faltaron
a un pr�ncipe razones leg�timas para disfrazar la
inobservancia. 485Se
podr�an citar innumerables ejemplos modernos de
tratados de paz y
promesas vueltos in�tiles por la infidelidad de los
pr�ncipes.486 Que el
que mejor ha sabido ser zorro, �se ha triunfado. Pero
hay que saber
disfrazarse bien y ser h�bil en fingir y en disimular.487 Les hombres
son tan simples y de tal manera obedecen a las
necesidades del momento,
que aquel que enga�a encontrar� siempre quien se deje
enga�ar.
488
479 Todo esto es
muy cierto en la aplicaci�n que le da Maquiavelo en la pol�tica
(G).
480 El modelo es
admirable, sin embargo (G).
481 No hay otro
partido que tomar (G).
482 P�blica
retractaci�n de moralista (G).
483 Esto alcanza
para no fiarse, pero no justifica a quienes son como el resto:
malvados y falsos. (Cristina de Suecia.)
484 Par pari
refertur (G).
485 Tengo hombres
ingeniosos para esto (RI).
486 En general hay
all� m�s beneficio para los vasallos que esc�ndalo (RI).
487 Los m�s
h�biles no son capaces de superarme. El papa dar� fe de ello
(RC).
488 Mientes
atrevidamente; el mundo est� compuesto de necios. Entre la
multitud, esencialmente cr�dula, se contar�n poqu�simas
gentes que duden, y
�stas no se atrever�n a declararlo (RC).
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No quiero callar uno de los ejemplos contempor�neos.
Alejandro
VI nunca hizo ni pens� en otra cosa que en enga�ar a
los hombres, y
siempre hall� oportunidad para hacerlo.489 jam�s hubo
hombre que
prometiese con m�s desparpajo ni que hiciera tantos
juramentos sin
cumplir ninguno; y, sin embargo, los enga�os siempre
le salieron a
pedir de boca, porque conoc�a bien esta parte del
mundo.490
No es preciso que un pr�ncipe posea todas las virtudes
citadas,
pero es indispensable que aparente poseerlas. Y hasta
me atrever� a
decir esto: que el tenerlas y practicarlas siempre es
perjudicial, y el
aparentar tenerlas, �til.491 Est� bien
mostrarse piadoso, fiel, humano,
recto y religioso, y asimismo serlo efectivamente:492 pero se debe
estar
dispuesto a irse al otro extremo si ello fuera
necesario. Y ha de sentirse
presente que un pr�ncipe, y sobre todo un pr�ncipe
nuevo, no puede
observar todas las cosas gracias a las cuales los
hombres son considerados
buenos, porque, a menudo, para conservarse en el
poder, se ve
arrastrado a obrar contra la fe, la caridad, la
humanidad y la religi�n.
493 Es preciso,
pues, que tenga una inteligencia capaz de adaptarse
a todas las circunstancias, y que, como he dicho
antes, no se aparte
del bien mientras pueda,494 pero que, en caso de
necesidad, no titubee
en entrar en el mal.
Por todo esto un pr�ncipe debe tener much�simo cuidado
de que
no le brote nunca de los labios algo que no est�
empapado de las cinco
virtudes citadas, y de que, al verlo y o�rlo, parezca
la clemencia, la fe,
489 No faltan (RC).
490 �Hombre
terrible! Si no honr� la tierra, por lo menos extendi� sus dominios,
y la Santa Sede le debe muchos favores. �Ha llegado la
hora del contrapunto!
(RI).
491 Los necios que
creyeron que este consejo era para todos no saben la enorme
diferencia que hay entre el pr�ncipe y los vasallos
(RI).
492 En los tiempos
que corren, vale mucho m�s parecer hombre honrado que
serio realmente (RI).
493 Suponiendo que
tenga una (RC).
494 Maquiavelo es
severo (RC).
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la rectitud y la religi�n misma,495 sobre todo
esta �ltima.496 Pues los
hombres, en general, juzgan m�s con los ojos que con
las manos porque
todos pueden ver, pero pocos tocar. Todos ven lo que
parece ser,
mas pocos saben lo que eres;497 498y estos
pocos no se atreven a oponerse
a la opini�n de la mayor�a, que se escuda detr�s de la
majestad
del Estado.499 Y en las acciones de los hombres, y particularmente de
los pr�ncipes, donde no hay apelaci�n posible, se
atiende a los resultados.
Trate, pues, un pr�ncipe de vencer y conservar el
Estado, que los
medios siempre ser�n honorables y loados por todos;
porque el vulgo
se deja enga�ar por las apariencias y por el �xitoo;500 y en el mundo
s�lo hay vulgo, ya que las minor�as no cuentan sino
cuando las mayor�as
no tienen donde apoyarse.501 Un pr�ncipe
de estos tiempos, a
quien no es oportuno nombrar, jam�s predica otra cosa
que concordia
y buena fe; y es enemigo ac�rrimo de ambas, ya que, si
las hubiese
observado, habr�a perdido m�s de una vez la fama y las
tierras.
495 Es tambi�n
mucho exigir. La cosa no es tan f�cil; se hace lo que se puede
(RC).
496 Bueno para su
tiempo (RC).
497 No se puede
aparentar mucho tiempo lo que no se es. (Cristina de Suecia.)
498 �Ah!, aun
cuando lo comprendieran ellos... (RC).
499 Con esto
cuento (RI).
500 Triunfad
siempre, no importa como, y siempre tendr�is raz�n (RI).
501 �Fatal y mil
veces fatal retirada de Mosc�! (E).
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CAPITULO
XIX
DE
QUE MODO DEBE EVITARSE SER
DESPRECIADO
Y ODIADO
Como de entre las cualidades mencionadas ya habl� de
las m�s
importantes, quiero ahora, bajo este t�tulo general,
referirme brevemente
a las otras. Trate el pr�ncipe de huir de las cosas
que lo hagan
odioso o despreciable,502 y una vez logrado, habr�
cumplido con su
deber y no tendr� nada que temer de los otros vicios.503 Hace odioso,
sobre todo, como ya he dicho antes, el ser expoliador
y el apoderarse
de los bienes y de las mujeres de los s�bditos, de todo
lo cual convendr�
abstenerse.504 Porque la mayor�a de los hombres, mientras no se
ven privados de sus bienes y de su honor, viven
contentos; y el pr�ncipe
queda libre para combatir la ambici�n de los menos,
que puede
cortar f�cilmente505
y de mil maneras distintas. Hace
despreciable el
ser considerado voluble, fr�volo, afeminado,
pusil�nime e irresoluto,
defectos de los cuales debe alejarse como una nave de
un escollo, e
ingeniarse para que en sus actos se reconozca
grandeza, valent�a,
seriedad y fuerza.506
Y con respecto a los asuntos privados de
los s�bditos,
debe procurar que sus fallas sean irrevocables507 y empe�arse
en
502 No tengo que
temer el menosprecio. Hice grandes cosas, y me admirar�n a
pesar suyo. En cuanto al odio, le pondr� vigorosos
contrapesos (RC).
503 Esto me es
necesario (RC).
504 Modus est in
rebus (PC).
505 No con tanta
facilidad (RI).
506 �Ingeniarse?
�Imposible! Cuando no se ha empezado as� (E).
507 Esencial para
quitar toda esperanza de perd�n a los conspiradores, sin lo
cual perecer�s (RC).
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adquirir tal autoridad que nadie piense en enga�arlo
ni en envolverlo
con intrigas.508
El pr�ncipe que conquista semejante autoridad es
siempre respetado,
pues dif�cilmente se conspira contra quien, por ser
respetado, tiene
necesariamente que ser bueno y querido por los suyos.509 Y un pr�ncipe
debe temer dos cosas: en el interior, que se le
subleven los s�bditos;
en el exterior, que lo ataquen las potencias extranjeras.
De �stas se
defender� con buenas armas y buenas alianzas, y
siempre tendr� buenas
alianzas el que tenga buenas armas,510 as� como
siempre en el
interior estar�n seguras cosas cuando lo est�n en el
exterior, a menos
que no hubiesen sido previamente perturbadas por una
conspiraci�n.
511 Y aun cuando
los enemigos de afuera amenazasen, si ha vivido
como he aconsejado y no pierde la presencia de
esp�ritu, resistir�
todos los ataques, como he contado que hizo el
espartano Nabis. En lo
que se refiere a los s�bditos, y a pesar de que no
exista amenaza extranjera
alguna, ha de cuidar que no conspiren secretamente;
pero de
este peligro puede asegurarse evitando que lo odien o
lo desprecien y,
como ya antes he repetido, empe��ndose por todos los
medios en tener
satisfecho al pueblo.512 Porque el no ser odiado por el
pueblo es uno de
los remedios m�s eficaces de que dispone un pr�ncipe
contra las conjuraciones.
El conspirador siempre cree que el pueblo quedar�
contento
con la muerte del pr�ncipe513 y jam�s, si
sospecha que se producir� el
efecto contrario, se decide a tomar semejante partido,
pues son infinitos
los peligros que corre el que conspira.514 La
experiencia nos demuestra
que hubo much�simas conspiraciones y que muy pocas
508 Se tiene mucho
m�s que el pensamiento: se tiene la esperanza y la facilidad,
con la certeza del triunfo (E).
509 Hay siempre
valentones que no lo estiman (E).
510 He dado
admirables pruebas de esto, y mi casamiento es la m�s alta
expresi�n (RI).
511 Destruir las
que se presentaron (RI).
512 Tonter�a (RI).
513 No se
relaciona conmigo (RC).
514 Me
tranquilizas (RC).
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tuvieron �xito. Porque el que conspira no puede obrar
solo ni buscar la
complicidad de los que no cree descontentos;515 y no hay
descontento
que no se regocije en cuanto le hayas confesado tus
prop�sitos,516
porque de la revelaci�n de tu secreto puede esperar
toda clase de beneficios;
y es preciso que sea muy amigo tuyo o enconado enemigo
del
pr�ncipe para que, al hallar en una parte ganancias
seguras y en la
otra dudosas y llenas de peligro,517 te sea leal.
Y para reducir el problema
a sus �ltimos t�rminos, declaro que de parte del
conspirador
s�lo hay recelos sospechas y temor al castigo,
mientras que el pr�ncipe
cuenta con la majestad del principado, con las leyes y
con la ayuda de
los amigos518 de tal manera que, si se ha granjeado la simpat�a
popular,
es imposible que haya alguien que sea tan temerario
como para
conspirar.519 Pues si un conspirador est� por lo com�n rodeado de
peligros antes de consumar el hecho, lo estar� a�n m�s
despu�s de
ejecutado520 porque no encontrar� amparo en ninguna parte.
Sobre este particular podr�an citarse innumerables
ejemplos;521
pero me dar� por satisfecho con mencionar uno que
pertenece a la
�poca de nuestros padres. Micer An�bal Bentivoglio,
abuelo del actual
micer An�bal, que era pr�ncipe de Bolonia, fue
asesinado por los Canneschi,
que se hab�an conjurado contra �l, no quedando de los
suyos
m�s que micer Juan, que era una criatura.
Inmediatamente despu�s de
semejante crimen se sublev� el pueblo y extermin� a
todos los Conneschi.
Esto nace de la simpat�a popular que la casa de los
Bentivoglio
ten�a en aquellos tiempos, y que fue tan grande que,
no quedando de
ella nadie en Bolonia que pudiese, muerto An�bal,
regir el Estado, y
515 Se le echa un
hermano falso y luego se dice que el resultado es obra de la
Providencia (RC).
516 En especial si
le he comprado antes (RC).
517 Puede contar
con una buena gratificaci�n (RC).
518 Todo que
temer, por una parte, y todo que ganar, por otra (RC).
519 Quedan
siempre, por cierto, bastantes �mulos, �pero los celadores! (RI).
520 �El pueblo!
�No es ingrato y no se pone siempre del lado del que triunfa,
en especial cuando �ste le deslumbra? (RI).
521 El afeminado
esp�ritu de nuestra edad no permite que se renueven (RC).
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habiendo indicios de que en Florencia exist�a un
descendiente de los
Bentivoglio, que se consideraba hasta entonces hijo de
un cerrajero,
vinieron los bolo�eses en su busca a Florencia y le
entregaron el gobierno
de aquella ciudad, la que fue gobernada por �l hasta
que micer
Juan hubo llegado a una edad adecuada para asumir el
mando.522
Llego, pues, a la conclusi�n de que un pr�ncipe,
cuando es apreciado
por el pueblo, debe cuidarse muy poco de las
conspiraciones;523
pero que debe temer todo y a todos cuando lo tiene por
encinigo y es
aborrecido por �l.524
Los Estados bien organizados y los
pr�ncipes
sabios siempre han procurado no exasperar a los nobles525 y, a la vez,
tener satisfecho y contento al pueblo.526 Es �ste uno
de los puntos a
que m�s debe atender un pr�ncipe.
En la actualidad, entre los reinos bien organizados,
cabe nombrar
el de Francia, que cuenta con muchas instituciones
buenas que
est�n al servicio de la libertad y de la seguridad del
rey, de las cuales
la primera es el Parlamento.527 Como el que
organiz� este reino conoc�a,
por una parte, la ambici�n y la violencia de los
poderosos y la
necesidad de tenerlos como de una brida para
corregirlos, y, por otra,
el odio a los nobles que el temor hac�a nacer en el
pueblo -temor que
hab�a que hacer desaparecer, dispuso que no fuese
cuidado exclusivo
del rey esa tarea, para evitarle los inconvenientes
que tendr�a con los
nobles si favorec�a al pueblo y los que tendr�a con el
pueblo si favorec�a
a los nobles. Cre� entonces un tercer poder que, sin
responsabili-
522 �Si fueran
capaces de ir a hacer una cosa semejante en Viena, ya que no lo
han sido de venirme a buscar camus et non! (E).
523 Maquiavelo
olvida aqu� que ha dicho que los hombres eran malos (RI).
524 El sue�o huye
lejos de m� (RI).
525 Pero los
grandes que me vi obligado a hacer se ponen furiosos en cuanto
ceso un instante de colmarlos de bienes (RI).
526 No puede
aquietar a estos ambiciosos m�s que descontentando al pueblo
(RI).
527 Llevas raz�n
en admirarte de esto: pero era menester destruirlo para conseguir
la destrucci�n del trono de los Borbones, sin lo cual;
en resumidas
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dades para el rey, castigase a los nobles y
beneficiase al pueblo.528 No
pod�a tomarse medida mejor ni m�s juiciosa, ni que
tanto proveyese a
la seguridad del rey y del reino. De donde puede
extraerse esta consecuencia
digna de menci�n: que los pr�ncipes deben encomendar a
los
dem�s las tareas gravosas y reservarse las agradables.529 Y vuelvo a
repetir que un pr�ncipe debe estimar a los nobles,
pero sin hacerse
odiar por el pueblo.
Acaso podr� parecer a muchos que el ejemplo de la vida
y
muerte de ciertos emperadores romanos contradice mis
opiniones,
porque hubo quienes, a pesar de haberse conducido
siempre virtuosamente
y de poseer grandes cualidades, perdieron el imperio
o, peor
a�n, fueron asesinados por sus mismos s�bditos,
conjurados en su
contra. Para contestar a estas objeciones examinar� el
comportamiento
de algunos emperadores y demostrar� que las causas de
su ruina no
difieren de las que he expuesto, y mientras tanto,
recordar� los hechos
m�s salientes de la historia de aquellos tiempos.530 Me limitar� a
tomar
a los emperadores que se sucedieron desde Marco el
Fil�sofo
hasta Maximino: Marco, su hijo C�modo, Pertinax,
Juliano, Severo,
su hijo Antonino Caracalia, Macrino, Heliog�balo,
Alejandro y Maximino.
Pero antes conviene hacer notar que, mientras los
pr�ncipes
de hoy s�lo tienen que luchar contra la ambici�n de
los nobles y la
violencia de los pueblos, los emperadores romanos
ten�an que hacer
frente a una tercera dificultad: la codicia y la
crueldad de sus soldados,
motivo de la ruina de muchos. Porque era dif�cil531 dejar a la
vez satisfechos
a los soldados y al pueblo, pues en tanto que el
pueblo amaba
cuentas, no hubiera podido erigirse el m�o. Har� el
mismo estatuto lo antes
posible (RI).
528 �Admirable!
(RI).
529 En el actual
Estado se dirigen a �l todas las cosas que exigen rigor, y sus
ministros se reservan la concesi�n de todas las
gracias. A las mil maravillas
(E).
530 Que s�lo se
lee como una novela (RC).
531 Lo se bien
(RI).
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la paz y a los pr�ncipes sosegados532 las tropas
prefer�an a los pr�ncipes
belicosos, violentos, crueles y rapaces, y mucho m�s
si lo eran
contra el pueblo, ya que as� duplicaban la ganancia y
ten�an ocasi�n
de desahogar su codicia y su perversidad.533 Esto explica
por qu� los
emperadores que carec�an de autoridad suficiente para
contener a unos
y a otros534 siempre fracasaban; y explica tambi�n por qu� la
mayor�a,
y sobre todo los que no sub�an al trono por herencia,
una vez conocida
la imposibilidad de dejar satisfechas a ambas partes,
se decid�an por
los soldados,535 sin importarles pisotear al pueblo. Era el partido
l�gico:
536 cuando el
pr�ncipe no puede evitar ser odiado por una de las dos
partes537 debe inclinarse hacia el grupo m�s numeroso, y cuando
esto
no es posible, inclinarse hac�a el m�s fuerte.538 De ah� que
los emperadores
-que al serlo por razones ajenas al derecho ten�an
necesidad de
apoyos extraordinarios buscasen contentar a los
soldados antes que al
pueblo; lo cual, sin embargo, pod�a resultarles
ventajoso o no seg�n
qu� supiesen o no ganarse y conservar su respeto.539
Por tales motivos, Marco, Pertinax y Alejandro, a
pesar de su vida
moderada, a pesar de ser amantes de la justicia,
enemigos de la
crueldad, humanitarios y ben�volos,540 tuvieron
todos, salvo Marco,
532 Mi posici�n es
dif�cil. Y no es necesario imputarme ambici�n guerrera a
m�, sino a mis soldados y generales, que me la
convierten en una primera
necesidad. Me matar�an si les dejara m�s de dos a�os
sin presentarles el cebo
de una guerra (RI).
533 A ello me
obl1,gan por los mismos motivos. Los soldados son iguales en
todas partes, cuando uno depende de ellos (RI).
534 He logrado
hacer lo uno y lo otro, pero no es bastante todav�a (RI).
535 No conviene
desentenderse de ello; todav�a estoy en el mismo caso, en
todos los aspectos (RI).
536 Esta es m�
disculpa a los ojos de la posteridad (RI).
537 Es una gran
verdad (RI).
538 Es siempre el
ej�rcito, cuando es tan numeroso como el m�o (RI).
539 Hacerlo todo
para esto; me veo forzado a ello (RI).
540 Virtudes
intempestivas en este caso. Es digno de compasi�n el que no
sabe sustituir las virtudes pol�ticas de acuerdo con
las circunstancias (RI).
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triste fin.541 Y Marco vivi� y muri� amado gracias a que lleg� al
trono
por derecho de herencia, sin deb�rselo al pueblo ni a
los soldados;542 y
a que, como estaba adornado de muchas virtudes que lo
hac�an venerable,
tuvo siempre, mientras vivi�, sometidos a unos y a
otros a su
voluntad, y nunca fue odiado ni despreciado.543 Pero Pertinax
fue
hecho emperador contra el parecer de los soldados,
que, acostumbrados
a vivir en la mayor licencia bajo C�modo, no pod�an
tolerar la
vida virtuosa que aqu�l pretend�a imponerle;544 y por esto
fue odiado.
545 Y como al
odio se agreg� el desprecio que inspira a su vejez,546
pereci� en los comienzos mismos de su reinado.
Y aqu� se debe se�alar que el odio se gana tanto con
las buenas
acciones como con las perversas, por cuyo motivo, como
dije antes, un
pr�ncipe que quiere conservar el poder es a menudo
forzado a no ser
buenoI, porque cuando aquel grupo, ya sea pueblo, soldados o
nobles,
del que t� juzgas tener necesidad para mantenerte,
est� corrompido, te
conviene seguir su capricho para satisfacerlo,547 pues entonces
las
buenas acciones ser�an tus enemigas.548
Deteng�monos ahora en Alejandro, hombre de tanta
bondad que,
entre los elogios que se le tributaron, figura el de
que en catorce a�os
que rein� no hizo matar a nadie sin juicio previo;
pero su fama de
persona d�bil549 y que se dejaba gobernar por su madre550 le acarre� el
desprecio de los soldados, que se sublevaron y lo
mataron.
541 Esto deb�a
ser, y yo lo hubiera previsto (RI).
542 Esta fortuna
s�lo est� reservada a mi hijo (RI).
543 Si me fuera
dado renacer para suceder a mi hijo, seria adorado (RI).
544 No pueden
excusarse de ello (E).
545 Es inevitable
(E).
546 Esto no me
afecta (E).
547 Y ellos no
saben dejar de serio (E).
548 Es por cierto,
lo que quieren hacer, pero bastardean y desconocen la fuerza
de su partido (E).
549 Cuando uno es
siempre bueno no puede evitar esta reputaci�n (E).
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Por el contrario, C�modo, Severo, Antonino Caracalla y
Maximino
fueron ejemplos de crueldad y despotismo llevados al
extremo.
Para congraciarse con los soldados, no ahorraron
ultrajes al pueblo. Y
todos, a excepci�n de Severo, acabaron mal. Severo,
aunque oprimi�
al pueblo, pudo reinar felizmente551 en m�rito al
apoyo de los soldados
y a sus grandes cualidades, que lo hac�an tan
admirable a los ojos del
pueblo y del ej�rcito que �ste quedaba reverente y
satisfecho,552 y
aqu�l, atemorizado y estupefacto. Y como sus acciones
fueron notables
para un pr�ncipe nuevo, quiero explicar brevemente lo
bien que supo
proceder como zorro y como le�n, cuyas cualidades,
como ya he dicho,
deben ser imitadas por todos los pr�ncipes.553
Enterado de que el emperador Juliano era un cobarde,
Severo
convenci� al ej�rcito que estaba bajo su mando en
Esclavonia de que
era necesario ir a Roma para vengar la muerte de
Pertinax, a quien los
pretorianos hab�an asesinado.554 Y con este
pretexto, sin dar a conocer
sus aspiraciones al imperio, condujo al ej�rcito
contra Roma y estuvo
en Italia antes que se hubiese tenido noticia de su
partida.555 Una vez
en Roma, dio muerte a Juliano;556 y el Senado,
lleno de espanto, lo
eligi� emperador.557
Pero para adue�arse del Estado quedaban
a�n a
Severo dos dificultades: la primera en Oriente, donde
N�ger, jefe de
550 Es peor a�n
cuando uno tiene la de serlo por ministros ineptos y que carecen
de estima (RI).
551 �Modelo
sublime que no he cesado de contemplar! (RI).
552 El respeto y
la admiraci�n hacen que se contengan como si lo estuvieran
(RI).
553 Y de lo que
siempre estuve convencido (RI).
554 Quise imitar
este rasgo en fructidor de 1797, cuando dec�a a mis soldados
de Italia que el cuerpo legislativo hab�a asesinado la
libertad republicana en
Francia; pero no pude conducirlos all� ni ir yo. Errado
el tiro entonces, no lo
fue luego (RI).
555 En esto ser�
reconocida mi vuelta de Egipto (RI).
556 Mi Didio no
era m�s que el Directorio, y bastaba disolverle para destruirle
(RI).
557 Se me nombr�
jefe de todas las tropas reunidas en Par�s e Inmediaciones
y, por de pronto, �rbitro de ambos consejos (RI).
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los ej�rcitos asi�ticos, se hab�a hecho proclamar
emperador; la segunda
en Occidente, donde se hallaba Albino, quien tambi�n
ten�a pretensiones
al imperio.558 Y como juzgaba peligroso declararse a la vez
enemigo de los dos, resolvi� atacar a N�ger y enga�ar
a Albino,559
para lo cual escribi� a �ste que, elegido emperador
por el Senado,
quer�a compartir el trono con �l; le mand� el t�tulo
de C�sar y, por
acuerdo del Senado, lo convirti� en su colega,560 distinci�n
que Albino
acept� sin vacilar, Pero una vez que hubo vencido y
muerto a N�ger, y
pacificadas las cosas en Oriente, volvi� a Roma y se
quej� al Senado
de que Albino, olvid�ndose de los beneficios que le
deb�a, hab�a tratado
vilmente de matarlo, por lo cual era preciso que
castigara su ingratitud.
Fue entonces a buscarlo a las Galias y le quit� la
vida y el
Estado.561
Quien examine, pues, detenidamente las acciones de
Severo, ver�
que fue un feroz le�n562 y un zorro muy astuto, y
advertir� que todos
lo temieron y respetaron y que el ej�rcito no lo odi�;
y no se asombrar�
de que �l, pr�ncipe nuevo, haya podido ser amo de un
imperio tan
vasto, porque su ilimitada autoridad563 lo protegi�
siempre del odio
que sus depredaciones pod�an haber hecho nacer en el
pueblo.
558 Mi Niger era
simplemente Barr�s, y mi Albino no fue m�s que Sieyes. No
eran formidables. Cada uno de ellos no obraba por su
propia cuenta, y yo
quer�a que se diferenciasen en sus prop�sitos, El
primero deb�a querer el
restablecimiento del rey, el segundo, entronizar al
elector de Brunswick. Pero
yo quer�a otra cosa, y S�ptimo, en mi lugar, no hubiera
actuado mejor (RI).
559 Me bastaba con
retirar a mi Niger y me era f�cil enga�ar a mi Albino (RI).
560 As� hice
nombrar a Sieyes colega m�o en la comisi�n consular, y Roger-
Ducca, al que admit� tambi�n en ella, solo pod�a ser un
contrapeso a mi
disposici�n (RI).
561 No me eran
necesarias tan grandes maniobras para desembarazarme de
Sleyes. M�s zorro que �l, lo logr� f�cilmente en mi
junta del 22 frimario, en
que yo mismo arregl� la Constituci�n que me hizo primer
c�nsul y releg� a
los dos colegas a la jubilaci�n de mi Senado (RI).
562 No me
censurar�n por no haberlo sido ni por asomo en esta coyuntura
(RI).
563 La m�a no
puede ser mayor por ahora y la sostendr� (RI).
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Pero Antonino, su hijo, tambi�n fue hombre de
cualidades que lo
hac�an admirable en el concepto del pueblo y grato en
el de los soldados.
Var�n de genio guerrero, dur�simo a la fatiga, enemigo
de la
molicie y de los placeres de la mesa, no pod�a menos
de ser querido
por todos los soldados.564 Sin embargo, su ferocidad era
tan grande e
inaudita que, despu�s de innumerables asesinatos
aislados, extermin�
a gran parte del pueblo de Roma y a todo el de
Alejandr�a. Por este
motivo se hizo odioso a todo el mundo,565 empez� a ser
temido por los
mismos que lo rodeaban y a la postre fue muerto por un
centuri�n en
presencia de todo el ej�rcito. Conviene notar al
respecto que no est� en
manos de ning�n pr�ncipe evitar esta clase de
atentados, producto de
la firme decisi�n de un hombre de car�cter, porque al
que no le importa
morir no le asusta quitar la vida a otro; pero no los
tema el pr�ncipe,
pues son rar�simos,566
y preoc�pese, en cambio, por no inferir
ofensas graves a nadie que est� junto a �l567 para el
servicio del Estado.
Es lo que no hizo Antonino, ya que, a pesar de haber
asesinado en
forma ignominiosa a un hermano del centuri�n, y de
amenazar a �ste
diariamente con lo mismo lo conservaba en su guardia
particular:
tranquilidad temeraria568 que ten�a que traerle la
muerte, y se la trajo.
Pasemos a C�modo569
a quien, por ser hijo de Marco y haber
recibido
el imperio, en herencia, f�cil le hubiera sido
conservarlo, dado
que con s�lo seguir las huellas de su padre hubiese
tenido satisfecho a
pueblo y ej�rcito. Pero fue un hombre cruel y brutal
que, para desahogar
su ansia de rapi�a contra el pueblo, trat� de captarse
la bene-
564 Aprovech�
todas las oportunidades para adquirir su amor por este medio
(RI).
565 Poco h�bil
(RI).
566 No suceden
nunca, cuando el pr�ncipe impone respeto con una grande y
genial entereza (RI).
567 Cuando uno los
ha ofendido, es indispensable apartarlos, trasladarlos,
desterrarlo, honrosamente o no (RI).
568 Necio,
est�pido, embrutecido (RI).
569 Da l�stima. No
es digno de que yo detenga un solo instante mis miradas
en �l (RI).
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volencia de las tropas permiti�ndoles toda clase de
licencias; por otra
parte, olvidado de la d1,gnidad que invest�a, baj�
muchas veces a la
arena para combatir con los gladiadores y cometi�
vilezas incompatibles
con la majestad imperial, con lo cual se acarre� el
desprecio de
los soldados. De modo que, odiado por un grupo y
aborrecido por el
otro, fue asesinado a consecuencia de una
conspiraci�n.570
Nos quedan por examinar las cualidades de Maximino.
Fastidiadas
las tropas por la inactividad de Alejandro, de quien
ya he hablado,
elevaron al imperio, una vez muerto �ste, a Maximino,
hombre de
esp�ritu extraordinariamente belicoso, que no se
conserv� en el poder
mucho tiempo porque hubo dos cosas que lo hicieron
odioso y despreciable:
571 la primera,
su baja condici�n572 pues nadie ignoraba que
hab�a sido pastor en Tracia, y esto produc�a universal
disgusto; la otra,
su fama de sanguinario; hab�a diferido su marcha a
Roma para tomar
posesi�n del mando, y, en el intervalo, hab�a
cometido, en Roma y en
todas partes del imperio, por intermedio de sus
prefectos, un sinf�n de
depredaciones.573
Menospreciado por la bajeza de su origen
y odiado
por el temor a su ferocidad, era natural que todo el
mundo se sintiese
inquieto y, en consecuencia, que el Africa se rebelase
y que el Senado
y luego el pueblo de Roma y toda Italia conspirasen
contra �l. Su propio
ej�rcito, mientras sitiaba a Aquilea sin poder
tomarla, cansado de
sus crueldades y temi�ndolo menos al verlo rodeado de
tantos enemigos,
se pleg� al movimiento y lo mat�.574
No quiero referirme a Heliog�balo, Macrino y Juliano,
que, por
ser harto despreciables, tuvieron pronto fin, y
atender� a las conclusiones
de este discurso. Los pr�ncipes actuales no se encuentran
ante
la dificultad de tener que satisfacer en forma
desmedida a los solda-
570 Era justo. No
es posible ser m�s indigno para reinar (RI).
571 El ser
despreciado es el peor de los males (RI).
572 Hay siempre
medios para encubrir esto (RI).
573 �Por qu� no
las desaprobaba luego mandando castigarlos? (RI).
574 Es digno de
esto quien deja llegar las cosas a tal extremo (RI).
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dos.575 pues aunque haya que tratarlos con consideraci�n, el
caso es
menos grave, dado que estos pr�ncipes no tienen
ej�rcitos propios,
vinculados estrechamente con los gobiernos y las
administraciones
provinciales,576 como estaban los ej�rcitos del Imperio Romano. Y si
entonces hab�a que inclinarse a satisfacer a los
soldados antes que al
pueblo, se explica, porque los soldados eran m�s
poderosos que el
pueblo, mientras que ahora todos los pr�ncipes, salvo
el Turco y el
Sult�n, tienen que satisfacer antes al pueblo que a
los soldados, porque
aqu�l puede m�s que �stos.577 Except�o al
Turco, que, por estar siempre
rodeado por doce mil infantes y quince mil jinetes, de
los cuales
dependen la seguridad y la fuerza del reino,578 necesita
posponer toda
otra preocupaci�n a la de conservar la amistad de las
tropas.579 Del
mismo modo, conviene que el Sult�n, cuyo reino est�
por completo en
manos del ej�rcito, conserve las simpat�as de �ste,
sin tener consideraciones
para con el pueblo.580
Y advi�rtase que este Estado del
Sult�n es muy distinto de todos los principados y s�lo
parecido al
pontificado cristiano, al que no puede llam�rsele
principado hereditario
ni principado nuevo,581 porque no son los hijos de!
pr�ncipe viejo
los herederos y futuros pr�ncipes, sino el elegido
para ese puesto por
los que tienen autoridad.582 Y como se
trata de una instituci�n antigua,
no le corresponde el nombre de principado nuevo,
aparte de que
575 No me causa
dificultades, en efecto (RI).
576 Cambiar a
menudo las guarniciones (RI).
577 Mi inter�s
quiere que se mantenga entre unos y otros un cierto equilibrio,
sin mayor inclinaci�n ni de un lado ni de otro (RC).
578 Mi guardia
imperial puede, en caso necesario, hacer las veces de gen�zaros
(RI).
579 Debo hacer
otro tanto (RI).
580 Consideraciones
o no, es preciso tener una fuerte guardia, con la que uno
puede contar, aun cuando haya desertores entre las
otras, que se hallan todav�a
muy apegadas al pueblo (RI).
581 La comparaci�n
es curiosa, atrevida, pero verdadera a los ojos de todo
meditador pol�tico (RI).
582 Los cardenales
crean, efectivamente, el gobierno temporal de Roma, como
los magnates de Egipto creaban su sult�n (RI).
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no se encuentran en �l los obst�culos que existen en
los nuevos, pues
si bien el pr�ncipe es nuevo, la constituci�n del
Estado es antigua y el
gobernante recibido como quien lo es por derecho
hereditario.583
Pero volvamos a nuestro asunto. Cualquiera que
meditase este
discurso hallar�a que la causa de la ruina de los
emperadores citados
ha sido el odio o el desprecio, y descubrir�a a qu� se
debe que, mientras
parte de ellos procedieron de un modo y parte de otro,
en ambos
modos hubo dichosos y desgraciados. Pertinax y
Alejandro fracasaron
porque, siendo pr�ncipes nuevos, quisieron imitar a
Marco, que hab�a
llegado al imperio por derecho de sucesi�n;584 y lo mismo le
sucedi� a
Caracalla, C�modo y Maximino al intentar seguir las
huellas de Severo
cuando carec�an de sus cualidades. Se concluye de esto
que un
pr�ncipe nuevo en un principado nuevo no puede imitar
la conducta de
Marco ni tampoco seguir los pasos de Severo585 sino que debe
tomar
de �ste las cualidades necesarias para fundar un
Estado, y, una vez
establecido y firme, las cualidades de aqu�l que mejor
tiendan a conservarlo.
586
583 Serio as� es
lo mejor de la rueda de la fortuna (RI).
584 Hay algo bueno
en cada uno de estos modelos; es menester saber elegir.
Unicamente los tontos pueden atenerse a uno solo e
imitarlo en todo (RI).
585 �Qui�n ser�
capaz de seguir los m�os? (RI).
586 Conclusi�n
perfecta; pero todav�a no puedo desistir de los procedimientos
de Severo (RI).
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103
CAPITULO
XX
SI
LAS FORTALEZAS, Y MUCHAS OTRAS COSAS
QUE
LOS PRINCIPES HACEN CON FRECUENCIA
SON
UTILES O NO
Hubo pr�ncipes que, para conservar sin inquietudes el
Estado,
desarmaron a sus s�bditos; pr�ncipes que dividieron
los territorios
conquistados; pr�ncipes que favorecieron a sus mismos
enemigos;
pr�ncipes que se esforzaron por atraerse a aquellos
que les inspiraban
recelos al comienzo de su gobierno; pr�ncipes, en fin,
que construyeron
fortalezas, y pr�ncipes que las arrasaron.587 Y aunque
sobre
todas estas cosas no se pueda dictar sentencia sin conocer
las caracter�sticas
del Estado donde habr�a de tomarse semejante
resoluci�n,
hablar�, sin embargo, del modo m�s amplio que la
materia permita.588
Nunca sucedi� que un pr�ncipe nuevo desarmase a sus
s�bditos;
por el contrario, los arm� cada vez que los encontr�
desarmados.589
De este modo, las armas del pueblo se convirtieron en
las del pr�ncipe,
los que recelaban se hicieron fieles, los fieles
continuaron si�ndolo y
los s�bditos se hicieron partidarios. Pero como no es
posible armar a
todos los s�bditos, resultan favorecidos aquellos a
quienes el pr�ncipe
587 Un mismo
pr�ncipe puede verse obligado a hacer todo esto en el transcurso
de su reinado, seg�n la �poca y las circunstancias
(RI).
588 Habla, y me
encargo de las consecuencias pr�cticas (RI).
589 As� obraron
los h�biles protectores de la Revoluci�n. Erigi�ndose en
pr�ncipes de Francia, transformaron los Estados
Generales mediante una
asamblea nacional y armaron de inmediato a todo el
pueblo, para formar un
ej�rcito nacional en provecho suyo. �Por qu� conservan
la guardias urbanas y
comunales este t�tulo de nacionales que no les conviene
hoy en d�a? �Guarda,
acaso, cada una de ellas a la naci�n entera? Es
menester que lo pierdan, pero
gradualmente. No son ni deben ser m�s que guardias
urbanas o provinciales:
as� lo exigen el buen orden y el sano juicio (RI).
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arma, y se puede vivir m�s tranquilo con respecto a
los dem�s,590 por
esta distinci�n, de que reconocen deudores al
pr�ncipe, los primeros se
consideran m�s obligados a �l, y los otros lo
disculpan comprendiendo
que es preciso que gocen de m�s beneficios los que
tienen m�s deberes
y se exponen a m�s peligros. Pero cuando se los
desarma, se empieza
a ofenderlo, puesto que se les demuestra que, por
cobard�a o desconfianza,
se tiene poca fe en su lealtad591; y cualquiera
de estas dos opiniones
engendra odio contra el pr�ncipe. Y como el pr�ncipe
no puede
quedar desarmado, es forzoso que recurra a las
milicias mercenarias,
de cuyos defectos ya he hablado;592 pero aun
cuando s�lo tuviesen
virtudes, no pueden ser tantas como para defenderlo de
los enemigos
poderosos y de los s�bditos descontentos.593 Por eso, como
he dicho,
un pr�ncipe nuevo en un principado nuevo no ha dejado
nunca de
organizar su ej�rcito,594 seg�n lo prueben los ejemplos
de que est�
llena la historia. Ahora bien: cuando un pr�ncipe
adquiere un Estado
nuevo que a�ade al que ya pose�a, entonces s� que
conviene que desarme
a sus nuevos s�bditos, excepci�n hecha de aquellos que
se declararon
partidarios suyos durante la conquista;595 y aun a
�stos, con el
transcurso del tiempo y aprovechando las ocasiones que
se le brinden,
es preciso debilitarlos y reducirlos a la inactividad596 y arreglarse
de
590 Los grandes
forjadores de la Revoluci�n Francesa quer�an armar, realmente,
s�lo al pueblo. Los pocos nobles a quienes dejaron
introducirse en su
guardia nacional no los espantaban. Sab�an muy bien que
no tardar�an en
echarlos y teni�ndose el pueblo por el �nico
favorecido, fue s�lo de ellos (RI).
591 �C�mo saldr�n
de este dificil paso habiendo muchas guardias nacionales
que no les responden? (E).
592 No los hay ya
de esta especie (E).
593 Dudo de que
los aliados que est�n en Francia puedan impedir esto, y, por
otra parte, saldr�n muy pronto (E).
594 Imposible para
ellos en este momento, y ser�a urgente. Pero conservan la
m�a, para la que soy todo (E).
595 Puse atenci�n
en esto en Italia (RC).
596 Con gusto los
vi fastidiarse del servicio, y estaba convencido de que,
pasado el 1� de febrero, se cansar�an de e�l (RC).
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105
modo que el ej�rcito del Estado se componga de los
soldados que
rodeaban al pr�ncipe en el Estado antiguo.597
Nuestros antepasados, y particularmente los que ten�an
fama de
sabios, sol�an decir que para conservar a Pistoya
bastaban las disensiones,
y para conservar a Pisa, las fortalezas; por tal
motivo, y para
gobernarlas m�s f�cilmente, fomentaban la discordia en
las tierras
sometidas, medida muy l�gica en una �poca en que las
fuerzas de
Italia estaban equilibradas; pero no me parece que
pueda darse hoy
por precepto, porque no creo que las divisiones
traigan beneficio alguno;
598 al contrario,
juzg� inevitable que las ciudades enemigas se pierdan
en cuanto el enemigo se aproxime, pues siempre el
partido m�s
d�bil se unir� a las fuerzas externas, y el otro no
podr� resistir.
Movidos por estas razones, seg�n creo, los venecianos
fomentaban
en las ciudades conquistadas la creaci�n de g�elfos y
gibelinos; y
aunque no los dejaban llegar al derramamiento de
sangre, alimentaban,
sin embargo, estas discordias entre ellos, a fin de
que, ocupados
en sus diferencias, no se uniesen contra el enemigo
com�n.599 Pero,
como hemos visto, este proceder se volvi� en su
contra, pues derrotados
en Vail�, uno de los partidos cobr� valor y les
arrebat� todo el
Estado. Semejantes recursos inducen a sospechar la
existencia de
alguna debilidad en el pr�ncipe600 porque un
pr�ncipe fuerte jam�s
597 No poner, para
guardar el pa�s conquistado, m�s que regimientos de cuyo
apego estoy seguro (RC).
598 No debe
tomarse literalmente este raciocinio, porque en tiempos de Maquiavelo
los ciudadanos eran tambi�n soldados en caso de ataque
a su ciudad.
No se cuenta ya hoy con los ciudadanos para el caso de
defender una ciudad
atacada, sino con las buenas tropas que han sido
colocadas en ella. Pienso,
pues, como los antiguos florentinos, que es bueno
mantener partidos de cualquier
�ndole en las ciudades y provincias, para ocuparlas
cuando son de naturaleza
turbulenta. Bien entendido que ninguno se dirija contra
m� (RC).11
599 Estratagema
que me result� acertada a menudo. Les echo, a veces, algunas
semillas de discordia particulares, cuando quiero
distraerlos de ocuparse
en los negocios de Estado o cuando preparo en secreto
alguna extraordinaria
medida de gobierno (RI).
600 Quiz� tambi�n,
a veces, algo de prudencia y de arte (RI).
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106
tolerar� tales divisiones, que podr�n serle �tiles en
tiempos de paz,
cuando, gracias a ellas, manejar� m�s f�cilmente a sus
s�bditos,601
pero que mostrar�n su ineficacia en cuanto sobrevenga
la guerra.
Indudablemente, los pr�ncipes son grandes cuando
superan las
dificultades y la oposici�n que se les hace.602 Por esta
raz�n, y sobre
todo cuando quiere hacer grande a un pr�ncipe nuevo, a
quien le es
m�s necesario adquirir fama que a uno hereditario, la
fortuna le suscita
enemigos y guerras en su contra para darle oportunidad
de que las
supere y pueda, sirvi�ndose de la escala que los
enemigos le han tra�do,
603 elevarse a
mayor altura. Y hasta hay quienes afirman que un
pr�ncipe h�bil debe fomentar con astucia ciertas
resistencias para que,
al aplastarlas, se acreciente su gloria.604
Los pr�ncipes, sobre todo los nuevos, han hallado m�s
consecuencia
y m�s utilidad en aquellos que al principio de su
gobierno les
eran sospechosos que en aquellos en quienes confiaban.605 Pandolfo
Petrucci, pr�ncipe de Siena, gobernaba su Estado m�s
con los que le
hab�an sido sospechosos que con los otros. Pero de
este punto no se
pueden extraer conclusiones generales porque var�an
seg�n el caso.606
S�lo dir� esto: que los hombres que al principio de un
reinado han
sido enemigos, si su car�cter es tal que para
continuar la lucha necesitan
apoyo ajeno, el pr�ncipe podr� siempre y muy
f�cilmente conquistarlos
a su causa;607 y lo servir�n con tanta m�s fidelidad cuanto
601 En tiempos de
guerra es menester distraerlos de otro modo para contentarlos
(RI).
602 �Pod�an ser
superadas m�s de lo que lo hice yo?(RI).
603 �Cu�ntas escalas
me trajeron! Me aprovech� bien. (RI).
604 Maquiavelo
debe estar contento del provecho que saqu� de este consejo
(RI).
605 Esto puede ser
verdad para otros, pero casi no lo es para m� (RI).
606 Enhorabuena
(RI).
607 Como gan� a
ciertos nobles que, por ambici�n o median�a de fortuna,
necesitaban puestos, y a los emigrados, a las puertas
de Francia
y restitu� a quienes volv� a abrir las puertas de
Francia y restirtu� sus
bienes... (RI).
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que saben que les es preciso borrar con buenas obras
la mala opini�n
en que se los ten�a;608 y as� el pr�ncipe saca de
ellos m�s provecho que
ele los que, por serle demasiado fieles,609 descuidan sus
obligaciones.
Y puesto que el tema lo exige, no dejar� de recordar
al pr�ncipe
que adquiera un Estado nuevo mediante la ayuda de los
ciudadanos
que examine bien el motivo que impuls� a �stos a
favorecerlo, porque
si no se trata de afecto natural, sino de descontento
anterior del Estado,
dif�cil y fatigosamente podr� conservar su amistad,
pues tampoco
�l podr� contentarlos.610 Con los ejemplos que los
hechos antiguos y
modernos proporcionan, med�tese serenamente en la
raz�n de todo
esto, y se ver� que es m�s f�cil conquistar la amistad
de los enemigos,
que lo son porque estaban satisfechos con el gobierno
anterior,611 que
la de los que, por estar descontentos612 se hicieron
amigos del nuevo
pr�ncipe y le ayudaron a conquistar el Estado.613
Los pr�ncipes, para conservarse ir�s seguramente en el
poder,
acostumbraron construir fortalezas que fuesen rienda y
freno para
quienes se atreviesen a obrar en su contra614 y refugio
seguro para
ellos en caso de un ataque imprevisto.615 Alabo esta
costumbre de los
608 �Qu� no
hicieron conmigo con ese fin? (RI).
609 Es necesario
saber turbar esa tranquilidad cuando se sospecha que aflojan;
y, aun cuando no hubiera motivos, para sospecharlo,
algunos intempestivos
arranques surten siempre un buen efecto (RI).
610 Solo me
quisieron para que los llenara de bienes y como son insaciables,
querr�an lo mismo a nuestro pr�ncipe que me
sustituyera, a fin de verse colmados
tambi�n por �l. Su alma es el tonel de las Danaides, y
su ambici�n, el
buitre de Prometeo (RI).
611 Tales como los
realistas moderados (RI).
612 Por despecho
de ambici�n (RI).
613 Reflexi�n muy
profunda (RI).
614 As� fueron
construidos la Bastilla, en el reinado de Carlos el Sabio, para
asegurarse de los parisienses, y el Castillo Trompeta,
de Burdeos, en el de
Carlos VIII, para asegurarse de los bordeleses. No
perdamos esto de vista
(RI).
615 En la primera.
ocasi�n me har� una en las alturas de Montmartre, para
imponer respeto a los parisienses. �Pero no la tuve
cuando ellos se entregaron
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antiguos. Pero rep�rese en que en estos tiempos se ha
visto a Nicol�s
Vitelli arrasar dos fortalezas en Citt� di Castello
para conservar la
plaza. Guido Ubaldo, duque de Urbino, al volver a sus
Estados, de
donde lo arroj� C�sar Borgia, destruy� hasta los
cimientos todas las
fortalezas de aquella provincia, convencido de que sin
ellas ser�a m�s
dif�cil arrebatarle el Estado.616 Lo mismo
hicieron los Bentivoglio al
volver a Bolonia. Por consiguiente, las fortalezas
pueden ser �tiles o
no seg�n los casos, pues si en unas ocasiones
favorecen, en otras perjudican.
Podr�a resolverse la cuesti�n de esta manera: el
pr�ncipe que
teme m�s al pueblo que a los extranjeros debe
construir fortalezas;617
pero el que teme m�s a los extranjeros que al pueblo
debe pasarse sin
ellos. El castillo levantado por Francisco Sforza en
Mil�n ha tra�do y
traer� m�s sinsabores a la casa Sforza que todas las
revueltas que se
produzcan en el Estado. Pero, en definitiva, no hay
mejor fortaleza
que el no ser odiado por el pueblo618 porque si el
pueblo aborrece al
pr�ncipe, no lo salvar�n todas las fortalezas que
posea619 pues nunca
faltan al pueblo, una vez que ha empu�ado las armas,
extranjeros que
lo socorran.620
En nuestros tiempos no se ha visto que hayan
favorecido a ning�n
pr�ncipe, salvo a la condesa de Forli, despu�s de la
muerte del
conde Jer�nimo, su marido; porque gracias a ellas pudo
escapar al
furor popular, esperar el socorro de Mil�n y recuperar
el Estado.621
Pero entonces las circunstancias eran tales que los
extranjeros no
cobardemente a los aliados! El Castillo Trompeta
contendr� a los traidores del
Garona (E).
616 Destruir todas
las de Italia, excepto las de Mantua y Alejandr�a, que fortificar�
todo lo m�s que pueda (G).
617 Cuando se teme
a los unos tanto como a los otros, conviene tenerlas y en
tantos sitios como se teme (E).
618 Pero, si os
aborrecen, os hacen a menudo m�s da�o que el bien que podr�an
haceros cien amigos (E).
619 No lo creo
(E).
620 Entonces, como
entonces. �Hoy ver�amos! (E).
621 Esto es, por
cierto, bastante para la justificaci�n de las fortalezas (E).
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pod�an auxiliar al pueblo.622 Y despu�s su
fortaleza, de nada le sirvi�,
cuando C�sar Borgia la asalt� y el pueblo se pleg� a
�l por odio a la
condesa.623 Por lo tanto, mucho m�s seguro le hubiera sido,
entonces y
siempre, no ser odiada por el pueblo que tener
fortalezas.624
Consideradas, pues estas cosas, elogiar� tanto a quien
construya
fortalezas como a quien no las construya, pero
censurar� a todo el que,
confiando en las fortalezas, tenga en poco el ser
odiado por el pueblo.
625
622 No ten�a un
ej�rcito como el m�o (E).
623 Si no ten�a
m�s que esto para defenderse, lo creo muy bien (E).
624 �No ser
aborrecido por el pueblo? Vuelve siempre a esta pucriliclad. Las
fortalezas equivalen, sin duda, al amor del pueblo (E).
625 Puedes
alabarme anticipadamente (E).
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CAPITULO
XXI
COMO
DEBE COMPORTARSE UN PRINCIPE
PARA
SER ESTIMADO
Nada hace tan estimable a un pr�ncipe como las grandes
empresas
y el ejemplo de raras virtudes.626 Prueba de
ello es Fernando de
Arag�n, actual rey de Espa�a a quien casi puede
llamarse pr�ncipe
nuevo,627 pues de rey sin importancia se ha convertido en el
primer
monarca de la cristiandad.628 Sus obras,
como puede comprobarlo
quien las examine, han sido todas grandes, y algunas
extraordinarias.
629 En los
comienzos de su reinado tom� por asalto a Granada,630
punto de partida de sus conquistas. Hizo la guerra
cuando estaba en
paz con los vecinos, y, sabiendo que nadie se
opondr�a, distrajo con
ella la atenci�n de los nobles de Castilla, que,
pensando en esa guerra,
no pensaban en catribios pol�ticos, y por este medio
adquiri� autoridad
y reputaci�n sobre ellos y sin ,que ellos se diesen
cuenta.631 Con dinero
del pueblo y de la Iglesia pudo mantener sus
ej�rcitos, a los que
templ� en aquella larga guerra y que tanto lo honraron
despu�s.632
M�s tarde, para poder iniciar empresas de mayor
envergadura, se
entreg�, sirvi�ndose siempre de la Iglesia, a una
piadosa persecuci�n y
626 Con ellas me
he elevado y �nicamente con ellas puedo sostenerme. Si no
hiciera otras nuevas que sobrepujaran a las anteriores,
decaer�a (RI).
627 Los hay de
muchas especies (E).
628 Llegar� a
serlo (E).
629 No m�s que las
m�as (RI).
630 Hacer otro
tanto con Espa�a (RC).
631 Mis
circunstancias se diferenciaban mucho de las suyas en mi empresa de
Espa�a, para que tuviera iguales triunfos. Por lo
dem�s, me pod�a pasar sin
ellos (RI).
632 Fernando fue
m�s feliz que yo o tuvo ocasiones m�s favorables. El hacer
obrar a mi hermano (�ah, qu� hermano!), no es como si
yo mismo obrara?
(RI).
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111
despoj� y expuls� de su reino a los �marranos�.633 No puede
haber
ejemplo m�s admirable y maravilloso. Con el mismo
pretexto invadi�
el Africa, llev� a cabo la campa�a de Italia y
�ltimamente atac� a
Francia, porque siempre medit� y realiz� haza�as
extraordinarias que
provocaron el constante estupor de los s�bditos y
mantuvieron su
pensamiento ocupado por entero en el �xito de sus
aventuras.634 Y
estas acciones suyas nacieron de tal modo una tras
otra635 que no dio
tiempo a los hombres para poder preparar con
tranquilidad algo en su
perjuicio.636
Tambi�n concurre en beneficio del pr�ncipe el hallar
medidas
sorprendentes en lo que se refiere a la
administraci�n,637 como se
cuenta que las hallaba Bernab� de Mil�n. Y cuando
cualquier s�bdito
hace algo notable, bueno o malo, en la vida civil, hay
que descubrir un
modo de recompensarlo638 o castigarlo639 que d� amplio
tema de conversaci�n
a la gente. Y, por encima de todo640 el pr�ncipe
debe ingeniarse
por parecer grande e ilustre en cada uno de sus actos.
Asimismo se estima al pr�ncipe capaz de ser amigo o
enemigo
franco, es decir, al que, sin temores de ninguna
�ndole, sabe declararse
633 Mi devoci�n
por el concordato no pudo autorizarme m�s que para echar a
los curas que me hab�an mostrado antes y que se
mostraban todav�a reacios a
las promesas y juramentos. No los necesitaba sino
d�ciles y bien jesu�ticos.
De cuando en cuando agraviar� a los "Padres de la
fe". �Fesh los proteger�, y
ellos lo har�n papa! (RC).
634 El tener
siempre embobados a mis pueblos, dandoles que hablar de continuo
sobre mis triunfos o mis proyectos engrandecidos por el
genio de la ambici�n,
no puede menos que serme de gran utilidad (RC).
635 A ello me
dediqu� especialmente en mis tratados de paz, haciendo insertar
siempre alguna cl�usula propia, para engendrar el
pretexto de una nueva
guerra inmediata (RI).
636 Es tambi�n uno
de mis fines en la r�pida sucesi�n de mis empresas (RI).
637 Pero conviene,
por cierto, que estas cosas deslumbren con el fausto y que
no carezcan por completo de algunas apariencias de
utilidad p�blica (RI).
638 La instituci�n
de mis premios decenales (RI).
639 Ya no puede
inventarse nada en este ramo (RI).
640 Te comprendo y
me conformo con tus consejos (RI).
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112
abiertamente en favor de uno y en contra de otro641 El abrazar un
partido es siempre m�s conveniente que el permanecer
neutral.642
Porque si dos vecinos poderosos se declaran la guerra,
el pr�ncipe puede
encontrarse en uno de estos casos: que, por ser los
adversarios
fuertes, tenga que temer a cualquiera de los dos que
gane la guerra, o
que no;643 en uno o en otro caso siempre fe ser� m�s �til
decidirse por
una de las partes y hacer la guerra.644 Pues, en el
primer caso, si no se
define, ser� presa del vencedor.645 con placer y
satisfacci�n del vencido;
646 y no hallar�
compasi�n en aqu�l ni asilo en �ste, porque el que
vence no quiere amigos sospechosos y que no lo ayuden
en la adversidad,
y el que pierde no puede ofrecer ayuda a quien no
quiso empu�ar
las armas y arriesgarse en su favor.647
Ant�oco, llamado a Grecia por los etolios para arrojar
de all� a
los romanos, mand� embajadores a los acayos, que eran
amigos de los
romanos, para convencerlos de que permaneciesen
neutrales. Los
romanos, por el contrario, les ped�an que tomaran las
armas a su favor.
648 Se debati� el
asunto en el consejo de los acayos, y cuando el
enviado de Ant�oco solicit� neutralidad, el
representante romano replic�:
�Quod autem isti dicunt non interponendi vos bello,
nihil magis
alienum rebus vestris est, sine gratia, sine
dignitate, praemium victoris
erifis�.
641 Salvo el hacer
luego al rev�s (RC).
642 Indicio de la
mayor debilidad en armas y genio (RC).
643 Pase; no temo
a ninguno en particular, y los tendr� divididos hasta que
pueda reunirlos conmigo (RC).
644 No hay otro
(RI).
645 As� es como
los neutrales de las alianzas anteriores fueron despojos m�os
(RI).
646 Disposiciones
de que me aprovecho siempre a costa suya (RI).
647 Buena
reflexi�n para otros en especia para quienes no tuvieron nunca
bastante sano juicio para hacerla (RI).
648 As� hare
hablar a los pr�ncipes de Alemania, cuando se se trate de mi
famosa expedici�n a Rusia. Har� marchar a los otros sin
esto (RI).
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113
Y siempre ver�s que aquel que no es tu amigo te
exigir� la neutralidad,
y aquel que es amigo tuyo te exigir� que demuestres
tus sentimientos
con las armas. Los pr�ncipes irresolutos, para evitar
los
peligros presentes, siguen las m�s de las veces el
camino de la neutralidad,
y las m�s de las veces fracasan.649 Pero cuando
el pr�ncipe se
declara valientemente por una de las partes si triunfa
aquella a la que
se une, aunque sea poderosa y �l quede a su
discreci�n, estar�n unidos
por un v�nculo de reconocimiento y de afecto; y los
hombres nunca
son tan malvados que, dando una prueba de tama�a
ingratitud, lo
sojuzguen.650 Al margen de esto, las victorias nunca son tan
decisivas
como para que el vencedor no tenga que guardar alg�n
miramiento.
sobre todo con respecto a la justicia.651 Y si el
aliado pierde, el pr�ncipe
ser� amparado, ayudado por �l en la medida de lo
posible y se har�
compa�ero de una fortuna que puede resurgir.652 En el segundo
caso,
cuando los que combaten entre s� no pueden inspirar
ning�n temor,
mayor es la necesidad de definirse, pues no hacerlo
significa la ruina
de uno de ellos, al que el pr�ncipe, si fuese
prudente, deber�a salvar,653
porque si vence queda a su discreci�n654 y es
imposible que con su
ayuda no venza.
Conviene advertir que un pr�ncipe nunca debe aliarse
con otro
m�s poderoso para atacar a terceros, sino, de acuerdo
con lo dicho,
cuando las circunstancias lo obligan,655 porque si
venciera queda en su
649 Se mostraron
d�biles, y por esto mismo pod�an considerarse perdidos (RI).
650 �Val�an, pues,
los hombres de entonces m�s que los de ahora, en que
semejantes consideraciones ni cuadran ni se hacen?
Nuestro siglo de luces
dilat� maravillosamente la esfera de la ciencia
pol�tica (RI).
651 Cada uno la
entiende a su modo (RI).
652 Bueno para los
principillos (RI).
653 Rusia no vio
esto cuando abandon� a Austria a mis armas. Ver� mejor
cuando se trate de obrar contra Rusia, Austria y
Prusia, por m�s interesadas
que est�n en su conservaci�n, pueden dejarse por m�
(RI).
654 Todas ellas
llegar�n a esto (RI).
655 Ofrecer� tal
cuando me convenga (RI).
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poder,656 y los pr�ncipes deben hacer lo posible por no quedar a
disposici�n
de otros.657 Los venecianos, que, pudiendo abstenerse de
intrevenir,
se aliaron con los franceses contra el duque de Mil�n,
labraron
su propia ruina.658
Pero cuando no se puede evitar, como
sucedi� a los
florentinos en oportunidad del ataque de los ej�rcitos
del papa y de
Espa�a contra la Lombard�a, entonces, y por las mismas
razones expuestas,
el pr�ncipe debe someterse a los acontecimientos. Y
que no se
crea que los Estados pueden inclinarse siempre por
partidos esguros;
659 por el
contrario, pi�nsese que todos son dudosos; porque acontece
en el orden de las cosas que, cuando se quiere evitlir
un inconveniente,
se incurre en otro.660
Pero la prudencia estriba en saber
conocer la naturaleza de los inconvenientes y aceptar
el menos malo
por bueno.
El pr�ncipe tambi�n se mostrar� amante de la virtud y
honrar� a
los que se distingan en las artes.661 Asimismo,
dar� seguridades a los
ciudadanos para que puedan dedicarse tranquilamente a
sus profesiones,
al comercio, a la agricultura y a cualquier otra
actividad; y que
unos.no se abstengan de embellecer sus posesiones por
temor a que se
las quiten, y otros de abrir una tienda por miedo a
los impuestos.662
Lejos de esto, instituir� premios para recompensar a
quienes lo hagan
y a quienes traten, por cualquier medio, de
engrandecer la ciudad o el
Estado.663 Todas las ciudades est�n divididas en gremios o
corporaciones664
a los cuales conviene que el pr�ncipe conceda su
atenci�n.
665 Re�nase de
vez en vez con ellos666 y d� pruebas de sencillez y
656 Lo ser�n (RI).
657 No es
necesario que puedan evitarlo (RI).
658 Mis�rrimo
ejemplo (RC).
659 Puede contar
uno con su suerte (RC).
660 Los hay
siempre m�s numerosos o m�s graves de una parte de otra (RC).
661 Multplicas las
apetnets de invenci�n (RC).
662 Los tributos
no espantan nunca a la codicia mercantil (RC).
663 �Se
multiplicaron alguna ves tanto como lo hice yo?
664 Es muy popular
(RC).
665 Basta, por
cierto, con mostrarse en las reuniones teatrales. (RC).
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generosidad, sin olvidarse, no obstante, de la
dignidad que inviste, que
no debe faltarle en ninguna ocasi�n.
666 Es menester
ser sobrio en ello (RC).
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CAPITULO
XXII
DE
LOS SECRETARIOS DEL PRINCIPE
No es punto carente de importancia la elecci�n de los
ministros,
que ser� buena o mala la cordura del pr�ncipe.667 La primera
opini�n
que se tiene del juicio de un pr�ncipe se funda en los
hombres que lo
rodean668 si son capaces y fieles,669 podr� reput�rselo por sabio,
pues
supo hallarlos capaces y mantenerlos fieles;670 pero cuando
no lo son,
no podr� considerarse prudente a un pr�ncipe que el
primer error que
comete lo comete en esta elecci�n.671
No hab�a nadie que, al saber que Antonio da Venafro
era ministro
de Pandolfo Petrucci, pr�ncipe de Siena, no juzgase
hombre muy
inteligente a Pandolfo, por tener por ministro a quien
ten�a.672 Pues
hay tres clases de cerebros: el primero discierne por
s�;673 el
segundo
entiende lo que los otros disciernen674 y el tercero
no discierne ni
entiende lo que los otros disciernen.675 El primero es
excelente, el
667 Pero esta
cordura debe acomodarse tambi�n a las circunstancias. Las hay
tales que el m�s difamado es el m�s recomendable (RP).
668 �Qu� habr�an
pensado de m� si hubiera tomado por ministros y consejeres
a varios amigos declarados de los Borbones, condecorados
con sus cruces de
San Luis y colmados de mercedes por aquel a quien yo
sustitu�a y que aspiraba
a su lantarme? (RI).
669 Puede hallar
todo esto en un individuo desacreditado mucho mejor que en
aquel cuya reputaci�n huele como b�lsamo (RC).
670 Aqu� est� la
dificultad, y en ello hallar�s su ruina (E).
671 No sabe
evitarlo el que no conoce a los hombres y deja dirigir por otro en
sus elecciones (E).
672 Ved sus
elecciones y juzgad (E).
673 A esto me
apego m�s (RC).
674 No falto a
ello, pero siempre con visos de una gran superioridad intelectual
(RC)
675 Son unos
est�pidos y animales. Maquiavelo olvid� los esp�ritus sistem�ticos
y encaprichados con sus sistemas (RC).
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segundo bueno y el tercero in�til.676 Era, pues,
absolutamente indispensable
que, si Pandolfo no se hallaba en el primer caso, se
hallase
en el segundo. Porque con tal que un pr�ncipe tenga el
suficiente discernimiento
para darse cuenta de lo bueno o malo que hace y dice,
reconocer�, aunque de por s� no las descubra, cu�les
son las obras
buenas y cu�les las malas de un ministro, y podr�
corregir �stas y
elogiar las otras; y el ministro, que no podr� confiar
en enga�arlo, se
conservar� honesto y fiel.
Para conocer a un ministro hay un modo que no falla
nunca.
Cuando se ve que un ministro piensa m�s en �l que en
uno y que en
todo no busca sino su provecho, estamos en presencia
de un ministro
que nunca ser� bueno y en quien el pr�ncipe nunca
podr� confiar.677
Porque el que tiene en sus manos el Estado de otro
jam�s debe pensar
en s� mismo, sino en el pr�ncipe,678 y no
recordarle sino las cosas que
pertenezcan a �l.679
Por su parte, el pr�ncipe, para
mantenerlo constante
en su fidelidad, debe pensar en el ministro. Debe
honrarlo, enriquecerlo
y colmarlo de cargos, de manera que comprenda que no
puede estar sin �l, y que los muchos honores no le
hagan desear m�s
honores, las muchas riquezas no le hagan ansiar m�s
riquezas680 y los
muchos cargos le hagan temer los cambios pol�ticos.681 Cuando los
ministros, y los pr�ncipes con respecto a los
ministros, proceden as�,
pueden confiar unos en otros;682 pero cuando
procedan de otro modo,
676 Los cuartos se
pierden creyendo con soberbia que hacen lo mejor (E).
677 Hacer todo
cuanto sea posible para que no pueda pensar en sus intereses
sino ocup�ndose de los tuyos (RC).
678 No es posible:
es muy severo. Pero, si piensa m�s en s� que en m�, lo
notar� al punto, y v�a, v�a (RC).
679 �C�mo saben
encubrir sus intereses bajo los de m� reinado! (RI).
680 Cuando no son
como los m�os, gentes que tienen tragada toda verg�enza,
queda m�s honradez en mi reino de Italia (RI).
681 �Trapaceros!
Han aprendido ahora a hacerse importanles en todos los
gobiernos, aun en los m�s disparatados y opuestos (E).
682 Buenos para
otros tiempos o para otros lugares distintos de Francia (RI).
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las consecuencias son perjudiciales tanto para unos
como para
otros.683
683 �Qui�n hubiera
cre�do que ser�a yo? Reparar� esto (E).
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119
CAPITULO
XXIII
COMO
HUIR DE LOS ADULADORES
No quiero pasar por alto un asunto importante, y es la
falta en
que con facilidad caen los pr�ncipes si no son muy
prudentes o no
saben elegir bien. Me refiero a los aduladores, que
abundan en todas
las cortes.684 Porque los hombres se complacen tanto en sus propias
obras, y de tal modo se enga�an, que no atinan a
defenderse de aquella
calamidad; y cuando quieren defenderse, se exponen al
peligro de
hacerse despreciables.685 Pues no hay otra manera de
evitar la adulaci�n
que el hacer comprender a los hombres que no ofenden
al decir la
verdad;686 y resulta que, cuando todos pueden decir la verdad,687 faltan
al respeto. Por lo tanto, un pr�ncipe prudente debe
preferir un tercer
modo: rodearse de los hombres de buen juicio de su
Estado, �nicos a
los que dar� libertad para decirle la verdad, aunque
en las cosas sobre
las cuales sean interrogados y s�lo en ellas.688 Pero debe
interrogarlos
sobre todos los t�picos,689 escuchar sus opiniones con
paciencia y
despu�s resolver por s� y a su albedr�o.690 Y con estos
consejeros comportarse
de tal manera que nadie ignore que ser� tanto m�s
estimado
cuanto m�s libremente hable. Fuera de ellos, no
escuchar a ning�n
otro poner en seguida en pr�ctica lo resuelto y ser
obstinado en su
684 Son
necesarios. Un pr�ncipe necesita de su incienso; pero no debe dejarse
desvanecer. y esto es lo dif�cil (RI).
685 Si no me
alabaran con ponderaci�n, el pueblo me tendr�a por inferior a un
hombre vuklgar (RI).
686 Consiento en
ello, pero �querr�n dec�rmela? (RC).
687 Es ya
demasiado el permitirlo a dos o tres (RC).
688 Prohibici�n a
estos mismos, de abrir la boca si no son interrogados (RC).
689 Es mucho (RC).
690 No descuide
esto, y me va bien (RI).
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120
cumplimiento.691 Quien no procede as� se pierde por culpa de los
aduladores o, si cambia a menudo de parecer, es tenido
en menos.692
Quiero a este prop�sito citar un ejemplo moderno. Fray
Lucas
[Rinaldi], embajador ante el actual emperador
Maximiliano, dec�a,
hablando de Su Majestad, que no ped�a consejos a nadie
y que, sin
embargo, nunca hac�a lo que quer�a.693 Y esto
precisamente por proceder
en forma contraria a la aconsejada. Porque el
emperador es un
hombre reservado que no comunica a nadie pensamientos
ni pide
pareceres; pero como, al querer ponerlos en pr�ctica,
empiezan a
conocerse y descubrirse, y los que lo rodean opinan en
contra,694 f�cilmente
desiste de ellos.695
De donde resulta que lo que hace hoy lo
deshace ma�ana, que no se entiende nunca lo que desea
o intenta
hacer y que no se puede confiar en sus
determinaciones.696
Por este motivo, un pr�ncipe debe pedir consejo
siempre, pero
cuando �l lo considere conveniente y no cuando lo
consideren conveniente
los dem�s, por lo cual debe evitar que nadie emita
pareceres
mientras no sea interrogado.697 Debe
preguntar a menudo, escuchar
con paciencia la verdad acerca de las cosas sobre las
cuales ha interrogado
y ofenderse cuando se entera de que alguien no se la
ha dicho
691 Soy yo, por
cierto (RI).
692 A�adase la
fuerza de las actuales circunstancias que le hacen m�s
inevitables estos dos peligros, y le veis ya en aquel
fin al que los aduladores
arrastran (E).
693 Tuvo buenos
pensamientos, especialmente cuando quiso ser el colega y el
igual del papa, aun en materia de religi�n, y tom� con
esta mira el t�tulo de
"pontifex maximus". Pero no ten�a mi entereza
genial. Se content� con decir
que "si fuera Dios y tuveira dos hijos, el primero
ser�a Dios y el segundo rey
de Francia". En cuanto a m�, omnipotente en
Europa, har� que mi hijo, si
queda �nico, tenga por s� solo la soberan�a de la Santa
Sede junto con la del
imperio (RI).
694 Desgraciado
del que lo imaginara siquiera (RI).
695 Bella
imaginaci�n en una cabeza d�bil (RI).
696 No somos realmente
auxiliados m�s que cuando las gentes por quienes
queremos serlo saben que somos invariables (RI).
697 He sabido
hacer perder por completo la voluntad de ello (RI).
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121
por temor.698 Se enga�an los que creen que un pr�ncipe es juzgado
sensato gracias a los buenos consejeros que tiene en
derredor y no
gracias a sus propias cualidades.699 Porque �sta
es una regla general
que no falla nunca: un pr�ncipe que no es sabio no
puede ser bien
aconsejado y, por ende, no puede gobernar, a menos que
se ponga bajo
la tutela de un hombre muy prudente que lo gu�e en
todo.700 Y aun en
este caso, durar�a poco en el poder, pues el ministro
no tardar�a en
despojarlo del Estado. Y si pide consejo a m�s de uno,
los consejos
ser�n siempre distintos, y un pr�ncipe que no sea
sabio701 no podr�
conciliarlos. Cada uno de los consejeros pensar� en lo
suyo, y �l no
podr� saberlo ni corregirlo.702 Y es
imposible hallar otra clase de
consejeros, porque los hombres se comportar�n siempre
mal mientras
la necesidad no los obligue a lo contrario.703 De esto se
concluye que
es conveniente que los buenos consejos, vengan de
quien vinieren,
nazcan de la prudencia del pr�ncipe, y no la prudencia
del pr�ncipe de
los buenos consejos.704
698 Maquiavelo
exige mucho. S� mejor que �l lo que conviene en mi situaci�n
(RI).
699 La opini�n
est� fijada. Se sabe que puedo decir como Luis XI: "Mi verdadero
consejo est� en mi cabeza" (RI).
700 Sed un Luis
XIII hoy en d�a y ver�is bien pronto que Armand har�, como
Pepino (RI).
701 No debe
cargarse, entonces, con el peso de otro (RI).
702 Esto se
verifica (E).
703 Verdad
irrefragable, que bastar� que los ministros y cortesanos alejen el
pr�ncipe toda lectura de Maquiavelo (E).
704 �En d�nde est�
la cabeza reinante capaz de ello? En un islote del Mediterr�neo
(E).
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CAPITULO
XXIV
POR
QUE LOS PRINCIPES DE ITALIA
PERDIERON
SUS ESTADOS705
Las reglas que acabo de exponer, llevadas a la
pr�ctica con prudencia,
hacen parecer antiguo a un pr�ncipe nuevo y lo
consolidan y
afianzan en seguida en el Estado corno si fuese un
pr�ncipe hereditario.
706 Por la raz�n
de que se observa mucho m�s celosamente la conducta
de un pr�ncipe nuevo que la de uno hereditario, si los
hombres
la encuentran virtuosa, se sienten m�s agradecidos y
se apegan m�s a
�l que a uno de linaje antiguo.707 Porque los
hombres se ganan mucho
mejor con las cosas presentes que con las pasadas,708 y cuando en
las
presentes hallan provecho, las gozan sin inquirir
nada; y mientras el
pr�ncipe no se desmerezca en las otras cosas,709 estar�n
siempre dispuestos
a defenderlo.710 As�, el pr�ncipe tendr� la doble gloria de haber
creado un principado nuevo y de haberlo mejorado y
fortificado
con buenas leyes, buenas armas, buenos amigos y buenos
ejemplos.711
Del mismo modo que ser� doble la deshonra del que
habiendo nacido
pr�ncipe, pierde el trono por su falta de prudencia.712
705 El cap�tulo
m�s curioso (E).
706 Hice la prueba
(RI).
707 El apego que
la mayor�a de sus nobles me manifiesta, me prueba que los
tienen casi olvidados (RI
708 Especialmente
cuando son emigrados a quienes han sido restituidos sus
bienes a hidalguillos pobres a los que se hizo ricos. Y
aun los rico me agradecen
el haberlos ayudado a aumentar su caudal (RI).
709 Me echar�n en
cara esta falta para justificarse de haberme vuelto la espalda
(E).
710 Hago la feliz
experiencia suya (RI).
711 No me falta
ninguna de estas glorias (RI).
712 Esto me
interesa (RI).
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Si se examina el comportamiento de los pr�ncipes de
Italia que
en nuestros tiempos perdieron sus Estados, como el rey
de N�poles, el
duque de Mil�n y algunos otros, se advertir�, en
primer lugar, en lo
que se refiere a las armas, una falta com�n a todos:
la de haberse
apartado de las reglas antes expuestas. Despu�s se
ver� que unos tuvieron
al pueblo por enemigo,713 y que el que lo tuvo por amigo
no
supo asegurarse de los nobles.714 Porque sin
estas faltas no se pierden
los Estados que tienen recursos suficientes para
permitir levantar un
ej�rcito de campa�a,715 Filipo de Macedonia, no el
padre de Alejandro,
sino el que fue vencido por Tito Quincio, dispon�a de
un ej�rcito
reducido en comparaci�n con el de los griegos y los
romanos, que lo
atacaron juntos; sin embargo, como era guerrero y
hab�a sabido congraciarse
con el pueblo y contener a los nobles716 pudo resistir
una
lucha de muchos a�os; y si al fin perdi� algunas
ciudades, conserv�,
en cambio, el reino.717
Por consiguiente, estos pr�ncipes nuestros que
ocupaban el poder
desde hac�a muchos a�os no acusen a la fortuna por
haberlo perdido,
sino a su ineptitud. Como en �pocas de paz nunca
pensaron que podr�an
cambiar las cosas (es defecto com�n de los hombres no
preocuparse
por la tempestad durante la bonanza),718 cuando se
presentaron
tiempos adversos, atinaron a huir y no a defenderse,719 y esperaron
713 El tener como
enemiga a s�lo una parte debe bastar (E).
714 Esto le es
imposible con los que le rodean (E).
715 S�, pero en
caso de que pueda disponer de ellos... (E).
716 De igual modo
asumir� mejor postura con respecto a la confederaci�n, si
es que se renueva (E).
717 Aun cuando
aceptara la cesi�n ya hecha de los pa�ses conquistados por m�
y me restringiera a los l�mites establecidos, siempre
ser�a emperador de los
franceses (E).
718 V�ase c�mo se
verifica esto: cuanto les rodea se pavonea en medio de sus
satisfacciones, y temer�an hacer una mala digesti�n si
dieran cabida a la
menor inquietud. Aun supuesto que si volvieran a verme
no querr�an creer
todav�a en la posibilidad de mi regreso. Su natural
disposici�n se presta
grandemente a mis estratagemas narc�ticos (E).
719 No tendr�n ya
lugar para hacerlo (E).
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que el pueblo, cansado de los ultrajes de los
vencedores, volviese a
llamarlos.720 Partido que es bueno cuando no hay otros; pero est�
muy
mal dejar los otros por �se, pues no debemos dejarnos
caer por el simple
hecho de creer que habr� alguien que nos recoja.
Porque no lo hay;
y si lo hay y acude, no es para salvaci�n nuestra,
dado que la defensa
ha sido indigna y no ha dependido de nosotros.721 Y las �nicas
defensas
buenas, seguras v durables son las que dependen de uno
mismo y
de sus virtudes.722
720 Contestar�
como un pr�ncipe que se ha vuelto moderado, humano, sabio
(E).
721 �Tendr�n ellos
otra? Es posible que los desamparen al ver mi buena presencia;
y, por otra parte, me asegurar� activamente (E).
722 Nunca cont�
m�s que con �stas..., �y las tendr�! (E).
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CAPITULO
XXV
DEL
PODER DE LA FORTUNA EN LAS COSAS
HUMANAS
Y DE LOS MEDIOS PARA OPONERSE
No ignoro que muchos creen y han cre�do que las cosas
del mundo
est�n regidas por la fortuna y por Dios de tal modo
que los hombres
m�s prudentes no pueden modificar�as; y, m�s a�n, que
no tienen
remedio alguno contra ellas.723 De lo cual
podr�an deducir que no vale
la pena fatigarse mucho en las cosas, y que es mejor
dejarse gobernar
por la suerte. Esta opini�n ha gozado de mayor cr�dito
en nuestros
tiempos por los cambios extraordinarios, fuera de toda
conjetura humana,
que se han visto y se ven todos los d�as.724 Y yo,
pensando alguna
vez en ello, me he sentido algo inclinado a compartir
el mismo
parecer. Sin embargo, y a fin de que no se desvanezca
nuestro libre
albedr�o, acepto por cierto que la fortuna sea Juez de
la mitad de
nuestras acciones pero que nos deja gobernar la otra
mitad, o poco
menos.725 Y la comparo con uno de esos r�os antiguo que, cuando
se
embravecen,726 inundan las llanuras, derriaban los �rboles y las
casas
y arrastran la tierra de un sitio para llevarla a
otro; todo el mundo
huye delante de ellos, todo el mundo cede a su furor.
Y aunque esto
sea inevitable, no obsta para que los hombres, en las
�pocas en que no
hay nada que temer, tomen sus precauciones con diques
y reparos,727
de manera que si el r�o crece otra vez, o tenga que
deslizarse por un
723 Sistema de los
perezosos o d�biles. Con ingenio y actividad se sobrepone
uno a la m�s adversa fortuna (E).
724 Los habr�a
visto, mayores y m�s numerosos que los que engendr� y que
puedo producir todav�a (E).
725 San Agust�n no
discurri� mejor sobre el libre albedr�o. El m�o ha domado
a Europa y a la naturaleza (RI).
726 Esta es mi
fortuna: soy yo en persona (RI).
727 No les dej�
lugar mi facilidad para ello (RI).
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canal o su fuerza no sea tan desenfrenada ni tan
perjudicial.728 As�
sucede con la fortuna729 que se manifiesta con todo su
poder all� donde
no hay virtud preparada para resistirle y dirige sus
�mpetus all� donde
sabe que no se han hecho diques ni reparos para
contenerla. Y si ahora
contemplamos a Italia, teatro d� estos cambios y punto
que los ha
engendrado, veremos que es una llanura sin diques ni
reparos de ninguna
clase; y que si hubiese estado defendida por la virtud
necesaria,
730 como lo est�n
Alemania, Espa�a y Francia, o esta inundaci�n
no habr�a provocado las grandes transformaciones que
ha provocado731
o no se habr�a producido.732 Y que lo
dicho sea suficiente sobre
la necesidad general de oponerse a la fortuna.733
Pero ci��ndome m�s a los detalles me pregunto por qu�
un pr�ncipe
que hoy vive en la prosperidad, ma�ana se encuentra en
la desgracia,
sin que se haya operado ning�n cambio en su car�cter
ni en su
conducta.734 A mi juicio, esto se debe, en primer lugar, a las
razones
que expuse con detenimiento en otra parte, es decir, a
que el pr�ncipe
que conf�a ciegamente en la fortuna perece en cuanto
ella cambia.735
Creo tambi�n que es feliz el que concilia su manera de
obrar con la
�ndole de las circunstancias, y que del mismo modo es
desdichado el
que no logra armonizar una cosa con la otra.736 Pues se ve
que los
hombres, para llegar al fin que se proponen, esto es,
a la gloria y las
riquezas, proceden en forma distinta: uno con cautela,
el otro con
�mpetu; uno por la violencia, el otro por la astucia;
uno con paciencia,
el otro con su contrario; y todos pueden triunfar por
medios tan dispa-
728 No es mi
estrella la que puede reducirse as� (RI).
729 Como ser�a la
de mis enemigos (RI).
730 Lo ser� (G)
731 Ver� otras
muchas (G).
732 �Si me vieras
en medio de ella y conocieras mis planes!... (G).
733 A pesar de tu
discreci�n, te adivino y sacar� provecho (G)
734 �Pobres
formalistas! (RI).
735 Es menester
adaptarse a sus variaciones, sin contar con ella por completo,
aunque aparentando que se est� seguro del �xito (RC).
736 Jam�s la
benignidad estuvo m�s en discordancia con mi situaci�n (E)
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res.737 Se observa tambi�n que, de dos hombres cautos, el uno
consigue
su prop�sito y el otro no, y que tienen igual fortuna
dos que han
seguido caminos encontrados, procediendo el uno con
cautela y el otro
con �mpetu,: lo cual no se debe sino a la �ndole de
las circunstancias,
que concilia o no con la forma de comportarse.738 De aqu�
resulta lo
que he dicho: que dos que act�an de distinta manera
obtienen el mismo
resultado; y que de dos que act�an de igual manera,
uno alcanza
su objeto y el otro no. De esto depende asimismo el
�xito, pues si las
circunstancias y los acontecimientos se presentan de
tal modo que el
pr�ncipe que es cauto y paciente se ve favorecido, su
gobierno ser�
bueno y �l ser� feliz; mas si cambian, est� perdido,
porque no cambia
al mismo tiempo su proceder. Pero no existe hombre lo
suficientemente
d�ctil como para adaptarse a todas las circunstancias,
ya porque
no puede desviarse de aquello a lo que la naturaleza
lo inclina,739 ya
porque no puede resignarse a abandonar un camino que
siempre le ha
sido pr�spero.740
El hombre cauto fracasa cada vez que es
preciso ser
impetuoso.741 Que si cambiase de conducta junto con las
circunstancias,
no cambiarla su fortuna.
El papa Julio II se condujo impetuosamente en todas
sus acciones,
742 y las
circunstancias se presentaron tan de acuerdo con su modo
de obrar que siempre tuvo �xito. Consid�rese su
primera empresa
contra Bolonia, cuando aun viv�a Juan Bentivoglio. Los
venecianos lo
ve�an con desagrado, y el rey de Espa�a deliberaba con
el de Francia
737 Se obtiene si
seguimos nuestro espont�neo modo de ser y no obramos
interrospectivamente (RC).
738 El variar
seg�n las circunstancias y las �pocas, sin perder nada del propio
vigor, es lo m�s dif�cil del mundo y lo que requiere
mayor entereza. Dentro de
poco se ver� la calidad y la adaptabilidad de la m�a
(E).
739 Es dificil,
pero lo he de conseguir (E).
740 Mostrarse
bueno durante el reinado por el solo hecho de haberse mostrado
tal antes, cuando se ten�a el prop�sito de llegar al
trono es el �todo m�s
ruinoso (E).
741 Espero hacerlo
con absoluta confianza en mi buena estrella (E).
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sobre las medidas por tomar; pero Julio II, llevado
por su ardor y su
�mpetu, inici� la expedici�n poni�ndose �l mismo al
frente de las
tropas.743 Semejante paso dej� suspensos a Espa�a y a los
venecianos;
y �stos por miedo, y aqu�lla con la esperanza de recobrar
todo el reino
de N�poles, no se movieron; por otra parte, el rey de
Francia se puso
de su lado, pues al ver que Julio II hab�a iniciado la
campa�a, y como
quer�a ganarse su amistad para humillar a los
venecianos744 juzg� no
poder negarle sus tropas sin ofenderlo en forma
manifiesta. As�, pues,
Julio II, con su impetuoso ataque, hizo lo que ning�n
pont�fice hubiera
logrado con toda la prudencia humana;745 porque si �l
hubiera esperado
para partir de Roma a tener todas las precauciones
tomadas y ultimados
todos los detalles, como cualquier otro pont�fice
hubiese
hecho,746 jam�s habr�a triunfado, porque el rey de Francia
hubiera
tenido mil pretextos y los otros amenazados con mil
represalias.747
Prefiero pasar por alto sus dem�s acciones, todas
iguales a aquella y
todas premiadas por el �xito, pues la brevedad de su
vida748 no le
permiti� conocer lo contrario. Que, a sobrevenir
circunstancias en las
que fuera preciso conducirse con prudencia, corriera a
su ruina, pues
742 Por suerte ya
no hay papas como �ste, que arroj� al Tiber las llaves de San
Pedro para utilizar s�lo la espada de San Pablo (G).
743 He seguido
esta t�ctica, pero no por arrebato, como �l, sino por c�lculo y
de acuerdo con la oportunidad (RI).
744 Inventar� algo
semejante con respecto a los aliados, seg�n el curso de su
pol�tica (E).
745 Las
imprudencias son, a menudo, necesarias, pero conviene calcularlas
(E).
746 �Cu�ntos
reyes, aun sin ser del clero, obran con esa lenta y necia prudencia!
(E).
747 Si no consigo
evitar todo esto, autorizo a que me juzguen indigno de reinar
(E).
748 Es estupendo,
sin embargo, poder continuar con �xito y durante diez a�os
el mismo m�todo. Maquiavelo hubiera tenido que decir
que Julio II sab�a
distraer con pactos amistosos a las potencias que
quer�a sorprender (RC).
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nunca se hubiese apartado de aquel modo de obrar al
cual lo inclinaba
su naturaleza.749
Se concluye entonces que, como la fortuna var�a y los
hombres se
obstinan en proceder de un mismo modo, ser�n felices
mientras vayan
de acuerdo con la suerte e infelices cuando est�n de
desacuerdo con
ella. Sin embargo, considero que es preferible ser
impetuoso y no
cauto,750 porque la fortuna es mujer y se hace preciso, si se la
quiere
tener sumisa, golpearla y zaherirla. Y se ve que se
deja dominar por
�stos antes que por los que act�an con tibieza. Y,
como mujer, es
amiga de los j�venes, porque son menos prudentes y m�s
fogosos y se
imponen con m�s audacia.751
749 Cuando salimos
siempre bien con tal conducta y ella est� de acuerdo con
nuestra �ndole, tenemos motivos poderosos para no
despreciarla, aunque
mezcl�ndole algo e est�pida moderaci�n diplom�tica
(RI).
750 As� es. Las
reiteradas experiencias hechas impiden toda duda al respecto
(E).
751 Lo comprob�
muchas veces, y si fuera menos joven no contarla ya con
ella. Debo apresurarme (E).
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CAPITULO
XXVI
EXHORTACION
A LIBERAR A ITALIA DE LOS
BARBAROS752
Despu�s de meditar en todo lo expuesto, me preguntaba
si en
Italia, en la actualidad, las circunstancias son
propicias para que un
nuevo pr�ncipe pueda adquirir gloria, y si se
encuentra en ella cuanto
es necesario a un hombre prudente y virtuoso para
instaurar una nueva
forma de gobierno, por la cual, honr�ndose a s� mismo,
hiciera la
felicidad de los italianos.753 Y no pude
menos que responderme que
eran tantas las circunstancias que concurr�an en favor
de un pr�ncipe
nuevo, que dif�cilmente podr�a hallarse momento m�s
adecuado.754 Y
si, como he dicho, fue preciso para que Mois�s pusiera
de manifiesto
sus virtudes que el pueblo de Israel estuviese
esclavizado en Egipto, y
para conocer la grandeza de Ciro que los persas fuesen
oprimidos por
los medas, y la excelencia de Teseo que los atenienses
se dispersaran,
del mismo modo, para conocer la virtud de un esp�ritu
italiano, era
necesario que Italia se viese llevada al extremo en
que yace hoy, y que
estuviese m�s esclavizada que los hebreos, m�s
oprimida que los persas
y m�s desorganizada que los atenienses; que careciera
de jefe y de
leyes, que se viera castigada, despojada, escarnecida
e invadida, y que
752 Maquiavelo
hablaba como romano y pensaba siempre en los franceses.
Para m�, en cambio, los b�rbaros a quienes hay que
echar de Italia son Austria,
Espa�a, el papa, etc. (G).
753 Magn�fico
proyecto, cuya ejecuci�n me estaba reservada. Con italianos
afeminados como hoy, hubiera sido imposible. Pero
siendo yo italiano, puedo
hacerlo con franceses a mis �rdenes de quienes los
italianos aprender�n el
valor militar (G).
754 Los tiempos
actuales son mucho m�s propicios todav�a, puesto que, al ser
rechazada all� la Revoluci�n, se produjeron hondas
conmociones pol�ticas y
una gran agitaci�n en los esp�ritus (G).
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soportara toda clase de vejaciones.755 Y aunque
hasta ahora se haya
notado en este o en aquel hombre alg�n destello de
genio como para
creer que hab�a sido enviado por Dios para redimir
estas tierras756 no
tard� en advertirse que la fortuna lo abandonaba en lo
m�s alto de su
carrera. De modo que, casi sin un soplo de vida,
espera Italia al que
debe curarla de sus heridas, poner fin a los saqueos
de Lombard�a y a
las contribuciones del Reame y de Toscana y cauterizar
sus llagas
desde tanto tiempo gangrenadas.757
Vedla c�mo ruega a Dios que le env�e a alguien que la
redima de
esa crueldad e insolencia de los b�rbaros.758 Vedla pronta
y dispuesta
a seguir una bandera mientras haya quien la empu�e. Y
no se ve en la
actualidad en quien uno pueda, confiar m�s que en
vuestra ilustre
casa,759 para que con su fortuna y virtud, preferida de Dios y
de la
Iglesia, de la cual es ahora pr�ncipe, pueda hacerse
jefe de esta redenci�n.
760 Y esto no os
parecer� dif�cil si ten�is presentes la vida y acciones
de los pr�ncipes mencionados.761 Y aunque
aqu�llos fueron
hombres raros y maravillosos, no dejaron de ser
hombres;762 y no tuvo
ninguno ocasi�n tan favorable como la presente; porque
sus empresas
no fueron m�s justas ni m�s f�ciles que �sta, ni Dios
les fue m�s benigno
de lo que lo es con vos. Que es justicia grande: iustum
enim esi
bellum quibus necessarium, et pia arma ubi nulla nisi
in armis spes
est. Aqu�
hay disposici�n favorable; y donde hay disposici�n favorable
755 Conviene
volverla a poner en el mismo estado, para restablecerla luego
bajo un cetro �nico (G).
756 No tanto como
yo, por cierto (G).
757 Heme aqu�,
pero antes de salvarla para m� es menester que introduzca el
hierro y el fuego en sus heridas (G).
758 Al mando de
esos mismos b�rbaros escuchar� tus ruegos (G).
759 As� hubiera
sido a haber formado yo parte de ella entonces (G)
760 De
emprenderla, si, pero no de consumarla, por incapacidad para hacer
m�s de lo que hizo (G).
761 Pero es
preciso tener su fuerza para imitarlos bien (G).
762 Mal
razonamiento, pues hay hombres y hombres (G).
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no puede haber grandes dificultades,763 y s�lo falta
que vuestra casa se
inspire en los ejemplos de los hombres que he
propuesto por modelos.
Adem�s, se ven aqu� acontecimientos extraordinarios,
sin precedentes,
ejecutados por voluntad divina: las aguas del mar se
han separado,
una nube os ha mostrado el camino, ha brotado agua de
la piedra y ha
llovido man�;764 todo concurre a vuestro engrandecimiento. A vos os
toca lo dem�s765 Dios no quiere hacerlo todo para no quitarnos el libre
albedr�o ni la parte de gloria que nos corresponde.766
No es asombroso que ninguno de los italianos a quienes
he citado
haya podido hacer lo que es de esperar que haga
vuestra ilustre casa,
ni es extra�o que despu�s de tantas revoluciones y
revueltas guerreras
parezca extinguido el valor militar de nuestros
compatriotas. Pero se
debe a que la antigua organizaci�n militar no era
buena y a que nadie
ha sabido modificarla.767 Nada honra tanto a un hombre
que se acaba
de elevar al poder como las nuevas leyes y las nuevas
instituciones
ideadas por �l,768
que si est�n bien cimentadas y llevan
algo grande en
s� mismas, lo hacen digno de respeto y admiraron. E
Italia no carece
de arcilla modelable.769 Que si falta valor en los
jefes, s�brales a los
soldados. Fijaos en los duelos y en las ri�as, y
advertid cu�n superiores
son los italianos en fuerza, destreza y astucia. Pero
en las batallas,
y por culpa exclusiva de la debilidad de los jefes, su
papel no es nada
brillante; porque los capaces no son obedecidos; y
todos se creen capa-
763 Hay algo de
verdad en todo esto, pero lo que veo con mayor claridad es el
ardor extremo que Maquiavelo despliega al plantear tal
soluci�n (G).
764 Otros tantos
mil agros que se renovaron en m� favor con mayor realidad
que para Lorenzo (RC
765 As� ser� (RC).
766 Se ve que
Maquiavelo quer�a tener su participaci�n. Yo se la concedo
porque me ha sido �til con sus advertencias (RI).
767 Con las m�as,
tan gloriosamente probadas en Francia y que ellos tendr�n a
su vez, el triunfo es inevitable (RC).
768 La t�ctica que
empleo es invento m�o, y ante sus efectos se han rendido
todos los magnates de Europa (RI).
769 Esto siempre
es un aliento (G).
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ces, pero hasta ahora no hubo nadie que supiese
imponerse por su
valor y su fortuna, y que hiciese ceder a los dem�s.770 A esto hay
que
atribuir el que, en tantas guerras habidas durante los
�ltimos veinte
a�os, los ej�rcitos italianos siempre hayan fracasado,
como lo demuestra
Taro, Alejandr�a, Capua, G�nova, Vail�, Bolonia y
Mestri.
Si vuestra ilustre casa quiere emular a aquellos
eminentes varones
que libertaron a sus pa�ses, es preciso, ante todo, y
como preparativo
indispensable a toda empresa, que se rodee de armas
propias;
porque no puede haber soldados m�s fieles, sinceros y
mejores que los
de uno. Y si cada uno de ellos es bueno, todos juntos,
cuando vean que
quien los dirige, los honra y los trata paternalmente
es un pr�ncipe en
persona, ser�n mejores.771 Es, pues, necesario organizar
estas tropas
para defenderse, con el valor italiano, de los
extranjeros.772 Y aunque
las infanter�as suiza y espa�ola tienen fama de
temibles, ambas adolecen
de defectos, de manera que un tercer orden podr�a no
s�lo contenerlas,
sino vencerlas.773
Porque los espa�oles no resisten a la
caballer�a, y los suizos tienen miedo de la infanter�a
que se muestra
tan porfiada como ellos en la batalla. De aqu� que se
haya visto y volver�
a verse que los espa�oles no pueden hacer frente a la
caballer�a
francesa, y que los suizos se desmoronan ante la
infanter�a espa�ola.
Y por m�s que de esto �ltimo no tengamos una prueba
definitiva,
podemos darnos una idea por lo sucedido en la batalla
de Ravena,
donde la infanter�a espa�ola dio la cara a los
batallones alemanes, que
siguen la misma t�ctica que los suizos; pues los
espa�oles, �giles de
cuerpo, con la ayuda de sus broqueles hab�an penetrado
por entre las
picas de los alemanes y los acuchillaban sin riesgo y
sin que �stos tu-
770 Al siglo XVIII
�nicamente le estaba reservado el producir a este hombre
(G).
771 �Qu� no har�
cuando disponga como pr�ncipe suyo, de un ej�rcito italiano
asimilado a otro franc�s! (G).
772 Maquiavelo no
habla m�s que de defenderse de los extranjeros. Yo aspiro
a conquistarlos y a hacerlos mis s�bditos (G).
773 Procedimiento
rid�culo que la p�lvora hizo olvidar. Aquellos pretendidos
maestros del arte militar eran s�lo unos chiquillos
(G).
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viesen defensa, y a no haber embestido la caballer�a,
no hubiese quedado
alem�n con vida. Por lo tanto, conociendo los defectos
de una y
otra infanter�a, es posible crear una tercera que
resista a la caballer�a y
a la que no asusten los soldados de a pie, lo cual
puede conseguirse
con nuevas armas y nueva disposici�n de los
combatientes.774 Y no ha
de olvidarse que son estas cosas las que dan autoridad
y gloria a un
pr�ncipe nuevo.775
No se debe, pues, dejar pasar esta ocasi�n para que
Italia, despu�s
de tanto tiempo, vea por fin a su redentor.776 No puedo
expresar
con cu�nto amor, con cu�nta sed de venganza, con
cu�nta obstinada
fe, con cu�nta ternura, con cu�ntas l�grimas, ser�a
recibido en todas
las provincias que han sufrido el aluvi�n de los
extranjeros. �Qu�
puertas se le cerrar�an? �Qu� pueblos negar�anle
obediencia? �Qu�
envidias se le opondr�an? �Qu� italiano le rehusar�a
su homenaje?777
A todos repugna esta dominaci�n de los b�rbaros.
Abrace, pues, vuestra
ilustre familia esta causa con el ardor y la esperanza
con que se
abrazan las causas justas, a fin de que bajo su ense�a
la patria se ennoblezca778
y bajo sus auspicios se realice la aspiraci�n de
Petrarca:
Virt� contro a furore
Prender� l'arme; e fia �l conbatter corto,
Ch� l'antico valore
Negl'italici cuor non � ancor morto.779
774 Todo lo he
preparado ya (G).
775 Mi t�ctica,
cuyo secreto no poseen a�n mis enemigos, me las procurar� en
una forma muy superior a la que le hubiera ido posible
a Lorenzo (G).
776 Italia lo ha
visto, al fin, en m� (RI).
777 Todas estas
predicciones se han cumplido. Hasta los habitantes de la
Ciudad Eterna se vanaglorian de estar bajo mi cetro
(RI).
778 Lo conseguir�
todo, siempre que no haya riesgo para m� (RI).
779 Hoy, gracias a
mi, revive casi por completo. Me cuidar�, sin embargo, de
permitir que se re�nan en una sola naci�n, a no ser que
pretenda destruir a
Francia, a Alemania y a Europa entera (RI).