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Los
habitantes de Nueva York y todos aquellos que pueden haber visitado la famosa
estatua de la Libertad en su puerto, pueden darse una idea de lo que puede
haber sido el Coloso de Rodas, recortandose en la noche del Mediterraneo,
pleno de serena majestuosidad; deslumbrando a quienes, embelesados, recorrian
sus costaneras
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