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La idea de que una cátedra de educación sexual mejore la forma de vivir de los colombianos es una ingenua utopía, que parte de la idea de que una serie de bien intencionados conocimientos y declaraciones sobre valores, en el marco abstracto e indiferenciado de un salón de clase, puede realmente cambiar la conducta de las personas. Tratar de alterar de este modo la formación efectiva que reciben los niños en la casa y en sus experiencias individuales es, en el mejor de los casos, un inútil y costoso ejercicio: para los niños angustiados o en dificultades, los saberes de clase, ya sean sobre su autoestima, o el afecto, o la familia, o la reproducción, son retórica vacía. Para otros, estas clases son una costura y simple ocasión para burlas y chistes. En el peor de los casos, la individualidad de los profesores, la forma tímida o reprimida o perversa como vivan su propia sexualidad, no dejarán de reforzar los problemas de los estudiantes
¿Quiere decir esto que es mejor quedarnos con la situación actual, caracterizada por la represión, el ocultamiento de lo sexual, la violencia familiar, la ignorancia? De ninguna forma. Pero si va a hacerse algo, que sea algo efectivo y que no tienda a generar efectos negativos mayores que los beneficios posibles. La única forma que considero válida debe orientarse, en cuanto a la prevención, hacia el sitio donde realmente puede hacerse educación sexual: la familia, y ante todo al educador primario de todos los afectos y emociones: la madre. En vez de centenares de miles de horas de clase, dictadas por profesores escasamente capacitados (y la capacitación para esto no es enseñar unos hechos y dominar un discurso sobre el afecto, la ternura, el amor y el sexo, sino aprender a ver problemas, superarlos en uno mismo y poder guiar a otros: esto no se logra en unos pocos meses), preferiría ver que estos recursos se dedicaran a dar cursos intensos a las madres embarazadas -son unas 700000 colombianas al año-, para prepararlas para educar realmente a sus hijos, con su conducta, su afecto y su contacto vivido, en el amor y la sexualidad. Y preparar en forma intensa, previa selección con base en el equilibrio y la salud emocional propios, a quienes puedan formar a las madres Y para reparar algo a los niños que ya viven angustiada o difícilmente su sexualidad, el camino no es el discurso, sino tener en los colegios, otra vez previa preparación intensa, a docentes capaces de enfrentar, individual, personalmente, las consultas y problemas de sus escolares Por supuesto, esto no elimina la conveniencia de que los niños adquieran, en la forma más objetiva posible, los conocimientos sobre reproducción o salud que apoyen sus conductas: pero es preferible que sea en la clase de biología, sin moralismo, en un ambiente sobrio y ajeno a la broma, que usualmente se apodera de las clases siempre inadecuadas de educación sexual
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