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Quizás la palabra surgió
del primer grito de llamada del infante cuando se ausentó su madre, de la cual, por su
inmadurez absoluta, siempre ha dependido. La palabra empieza como un medio para hacer
venir a la madre. Cuando esta no puede atenderlo le da un juguete para que la represente
temporalmente. Cuando abandona al hijo, porque no lo ha deseado, no le da los juguetes
para que la representen, sino para que la reemplacen, y para salir de él lo pone frente a
un televisor o en manos mercenarias que la sustituyan. Y allí empiezan las falsas
promesas: con el desinterés comienza la perversión de la palabra. En otro plano, nuestros gobernantes, a quienes no interesa el pueblo, ni llenar sus necesidades y deseos, lo abandonan y usan la palabra como placebo, en reemplazo de ese interés. Esa perversión de la palabra, ese gusto por la retórica y la palabrería es uno de los rasgos más notorios de la política colombiana Los programas políticos de estos días, parecen generados por una máquina verbal: tome una palabra del primer numeral, añada una del segundo, mezcle a gusto con una del tercero y si el plato lo requiere, añada un poco del cuarto y concluya con un tris del quinto o del sexto, intercambie....
Las palabras se usan para esconder lo que se quiere decir: nada más mentiroso que "a decir verdad", más desesperanzador que "voy a ser corto", más sospechoso que "verdaderamente" o "ciertamente", más oscuro que "claramente". Si hay una investigación exhaustiva, sabemos que nada se sabrá: el último magnicidio aclarado, y no del todo, es el de Rafael Uribe Uribe. Los colombianos nos hemos acostumbrado a filtrar lo que oímos: si alguien dice que tiene un compromiso con lo social, no sabemos si el compromiso es con los votos o los cocteles. Si el presidente anuncia que no habrá impunidad para los secuestradores, podemos apostar que serán indultados, si dice que el gobierno "no tolerará" los ataques a la población civil, sabemos... Cuando un tribunal decide promover la igualdad educativa, habrá menos recursos para los menos hábiles; si afirma que hará atender ciertas enfermedades, que tiemblen los demás enfermos; si ordena subir los salarios de los trabajadores, que se preparen para el desempleo. Y así pues es como el verbo se ha hecho "carve", que es la "carne" que les llega a los pobres.
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