Colombia en el diván



Y el verbo se hizo "carve"




 
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Quizás la palabra surgió del primer grito de llamada del infante cuando se ausentó su madre, de la cual, por su inmadurez absoluta, siempre ha dependido. La palabra empieza como un medio para hacer venir a la madre. Cuando esta no puede atenderlo le da un juguete para que la represente temporalmente. Cuando abandona al hijo, porque no lo ha deseado, no le da los juguetes para que la representen, sino para que la reemplacen, y para salir de él lo pone frente a un televisor o en manos mercenarias que la sustituyan. Y allí empiezan las falsas promesas: con el desinterés comienza la perversión de la palabra.

En otro plano, nuestros gobernantes, a quienes no interesa el pueblo, ni llenar sus necesidades y deseos, lo abandonan y usan la palabra como placebo, en reemplazo de ese interés. Esa perversión de la palabra, ese gusto por la retórica y la palabrería es uno de los rasgos más notorios de la política colombiana

Los programas políticos de estos días, parecen generados por una máquina verbal: tome una palabra del primer numeral, añada una del segundo, mezcle a gusto con una del tercero y si el plato lo requiere, añada un poco del cuarto y concluya con un tris del quinto o del sexto, intercambie....

Estoy empeñado, me comprometo a, mi programa consiste en:

Ampliar. gestionar, implementar, incentivar, mejorar, modernizar, promover, propender por, reactivar, recuperar, reestructurar, renovar, trasformar.

la administración, la cobertura, la competitividad, las condiciones, el empleo, las finanzas, la calidad, las estructuras, las vías de comunicación, los macroproyectos, el proceso de paz, recursos externos, una estrategia.

de la gestión pública, de seguridad, educativa, eficiente, hospitalaria, productiva, regional, social

para: satisfacer, cubrir, resolver, responder, superar, lograr.

las necesidades publicas, carencias históricas, demandas de la población, los problemas tradicionales,

Las palabras se usan para esconder lo que se quiere decir: nada más mentiroso que "a decir verdad", más desesperanzador que "voy a ser corto", más sospechoso que "verdaderamente" o "ciertamente", más oscuro que "claramente". Si hay una investigación exhaustiva, sabemos que nada se sabrá: el último magnicidio aclarado, y no del todo, es el de Rafael Uribe Uribe. Los colombianos nos hemos acostumbrado a filtrar lo que oímos: si alguien dice que tiene un compromiso con lo social, no sabemos si el compromiso es con los votos o los cocteles. Si el presidente anuncia que no habrá impunidad para los secuestradores, podemos apostar que serán indultados, si dice que el gobierno "no tolerará" los ataques a la población civil, sabemos...

Cuando un tribunal decide promover la igualdad educativa, habrá menos recursos para los menos hábiles; si afirma que hará atender ciertas enfermedades, que tiemblen los demás enfermos; si ordena subir los salarios de los trabajadores, que se preparen para el desempleo. Y así pues es como el verbo se ha hecho "carve", que es la "carne" que les llega a los pobres.


 

 


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