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Los niños colombianos aprenden muchas cosas en sus escuelas y colegios, casi todas para desarrollar sus cabezas. Padres y maestros creen que la educación sirve es por los logros académicos: ciencias, matemáticas, geografía, historia. Sin embargo, lo fundamental de la educación está en otra parte, y casi nunca se le pone atención suficiente: el desarrollo de la capacidad integral del niño para vivir y relacionarse, dominar su cuerpo, organizar su vida y manejar sus afectos, hacer amigos y amores, para disfrutar de sus emociones y su sensibilidad y convertirlas en fuente de creatividad y de arte, el recurso más alto de la vida. Los colegios se cierran durante tres meses al año, como si aprender necesitaria vacaciones, mientras los niños se van a casa a ver televisión, a enloquecer a las mamás, a olvidar lo que aprendieron y a tratar de conseguir con que dar una vuelta por el centro comercial. Algunos padres, muy ricos, mandan a sus hijos a colonias de vacaciones, para que conozcan la naturaleza (en Estados Unidos o Costa Rica) y descubran la sexualidad, sin ser regañados ni molestados. René Char decía que "no tenemos más que un recurso contra la muerte: hacer arte antes de que llegue". El presidente ha dicho, con optimismo excesivo, que un niño que tiene en la mano un instrumento no empuñará un arma. Pero aunque la cosa no es segura -hasta Hitler era un pasable intérprete de Chopin- si es muy probable: como decía W. H. Auden, "el arte es lo único que puede hacernos buenos". Siguiéndoles la idea, un buen componente de la anunciada revolución educativa sería usar los colegios, en esos tres meses de vacaciones (y también en las horas de la tarde, cuando sea posible), para un inmenso programa de educación de la sensibilidad y el cuerpo. Estudiantes de artes, deportistas, artistas, artesanos, hoy muy desempleados, podrían enseñar a los niños (que deberían pagar, con excepción de los más pobres, al menos los costos de maestros y materiales), música, instrumentos, teatro, cuento y poesía, coros, dibujo, pintura, cerámica, ajedrez, deportes, mecánica, y llevarlos a bibliotecas y museos. Sería la oportunidad de reforzar lo que es fundamental, y es hoy débil en la escuela porque no hay maestros especializados, porque después de pagarles a los que enseñan las cosas secundarias no quedan recursos, porque se cree que estas cosas hay que enseñarlas con todos los formalismos, escalafones y rituales burocráticos. ¡Colegios subempleados y creadores desocupados de todo el país, uníos! Clarita Gómez de Melo |
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