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Los niños aprenden pronto a mentir: es un mecanismo para existir con independencia de los padres, para comprobar que estos no adivinan, como Dios que está en todas partes, todo lo que hacen. La mentira les permite esconder algo de sí mismos y fortalecer su independencia. Luego, cuando son adultos y han madurado, serán capaces de abandonar la mentira y sentir que existen incluso cuando tienen que decir verdades incómodas, cuando deben reconocer sus limitaciones, fracasos y debilidades. Hay mucho adulto, sin embargo, que nunca madura, y se siente obligado, para probarse a si mismo que existe, que es algo, que los demás reconocen su importancia, a seguir diciendo mentiras. En estos días la televisión nos ha mostrado una serie en la que el personaje principal vive en el mundo de la fantasía, se cree todas sus mentiras para sentirse el más inteligente y seductor, el mejor administrador, el más verraco de todos. Su acto más audaz, y probablemente un buen ejemplo de irresponsabilidad, fue conseguir trabajo como salvavidas sin saber nadar. La imagen de Pedro el Escamoso surge inevitablemente al parar oreja a lo que dice un folleto de la presidencia de la República que circuló hace unos días, con un costo altísimo, que supongo ha beneficiado a los mismos medios de comunicación que lo criticaban con independencia mientras cobraban por distribuirlo. Dudo que el país haya visto alguna vez una manipulación tan engañosa de la estadística y de las cifras como la que se ve en esas páginas. Algunas de las cifras que nos recuerda el folleto son ciertas, pues no es posible mentir todo el tiempo, ni hace falta: los gobiernos peores hacen algunas cosas buenas, y algunos ministerios y entidades del Estado son serios y eficientes. Pero las sorpresas abundan: el presidente dice que el proceso de paz no fracaso, mientras que los colombianos creemos que la violencia aumentó, que la guerrilla y los paramilitares están más fuertes que hace cuatro años. Dice también que en estos cuatro años se crearon 1.200.000 nuevos empleos, que deben ser como los empleos de Freidell, una empresa de subempleados que nunca trabajan, pero no menciona que hay más desempleados que hace cuatro años. Dice que redujo el costo de la deuda externa, pero no nos cuenta que ésta aumento hasta unos niveles que van a dejar casi sin crédito al nuevo gobierno. Se enorgullece de que le prestaron a unas empresas pequeñas y medianas, en los cuatro años, un promedio de 200.000 pesos anuales, que deben haberles ayudado mucho. Hace cuatro años Colombia escogió su salvavidas. Pero este resultó como Pedro el Escamoso: ni siquiera sabía nadar, pero cree que todo lo hizo muy bien, que todo le quedó perfecto, y lo dice para que el 75% de los colombianos que según las encuestas cree que las cosas salieron muy mal, paren orejas y 40 millones crean que su gobierno si fue “másimo”. Clarita Gómez de Melo |
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