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La eleccion del nuevo presidente produjo grandes esperanzas e ilusiones. Una inmensa mayoría de colombianos piensa que tiene lascalidades justas para enfrentar los graves problemas del pais. Su aire adusto y serio contra con la imagen de superficialidad y frivolidad del presidente actual. Transmitió la impresión de que, aunque algunas de sus políticas fueran discutibles, obraría con la única preocupación del bien del páis, sin descanso y una firmeza acompañada de sensibilidad social. Muchos votaron por él, más que por estar de acuerdo con un programa u otro, por la confianza en su actitud sobra, en su honradez y en la idea de que no haría ninguna concesión, ni ma más mínima, a la corrupción. Era un presidente que podía equivocarse, pues no se las sabía todas. Pero sus errores, eso creían los colombianos, no serían por hacer concesiones a los políticos, por ayudar a los amigos a enriquecerse al calor del apoyo presidencial, por transar conlos parlamentarios y sobornarlos con contratos, casi siempre legales, para enriquecer a los grupos privados que financias sus campañas. Después de años de intentos ineficaces de combatir la corrupción con más y más leyes -que hacen más ineficiente al Estado pero nunca tapan todos los huecos- y con más y más mecanismos e instituciones de control, que se enredan los unos a los otros, la idea de que habría un presidente con cero tolerancia a la corrupción atrajo a mucha gente. La insistencia en mantener como uno de los principales funcionarios a alguien que representa justamente el estilo más difícil de derrotar de la corupcíón- el de los contratos legales, el de los que se benefician con sus contactos y amistades y encuentran los buenos negocios en las informaciones confidenciales sobre asuntos estatales, el de los que dicen mentiras pero son suficientemente mañosos para no violar la ley -resulta más inquietante en el nuevo presidente que en el anterior, bien caracterizado por apoyar los negocios legales de sus amigos más cercanos. Y muchos pueden preguntarse si la firmeza que tanto les atrajo en el presidente no será más bien arrogancia y tozudez. Según Sigmund Freud, la ilusión es un error investido de afecto. La mayorían de los colombianos pusieron una carga inmensa de afecto y emoción en la esperanza de tener un presidente distinto a los demás. Pero parece que otra vez han sido víctimas de la ilusión. Clarita Gómez de Melo |
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