Colombia en el diván



Carta abierta a Vera

    



mail.gif (410 bytes)
mail-text.gif (1167 bytes)

índice Colombia en el diván
índice Colombia en el diván

 


En una columna reciente dije que los colombianos recordaban a Vera Grabe en el ataque al Palacio de Justicia. Estaba equivocada. Vera me escribió, aclarando que no estuvo allí. "Fui guerrillera durante muchos años de mi vida, y no me arrepiento porque fue un camino que abracé con la misma honestidad y compromiso con la que, una vez dejadas las armas en marzo de 1990, abracé la paz cuando llegamos a la conclusión de que ese era el camino". Los siguientes son apartes de mi respuesta.

Estimada Vera: Quiero agradecer su amable carta y excusarme por el error que cometí. Me molesta mucho haberlo cometido y haber sido injusta. Sin embargo, quisiera precisar mi opinión en dos puntos generales:

1. Estoy de acuerdo en que para lograr la paz es necesario acoger a las personas que participaron en la guerrilla. Pero creo que el daño que la guerrilla ha hecho al país ha sido tan profundo que hace falta una renuncia total a lo que representó su lucha. No a los objetivos de ella, legítimos y que comparto. Pero al escoger la guerra como herramienta contra la injusticia, la miseria, la desigualdad, etc., la guerrilla dio validez a la idea de que era justo cometer injusticias para combatir la injusticia. Muchos colombianos murieron y siguen muriendo a causa de esto, y el país es hoy más atrasado, más violento y más injusto porque los que buscaban la justicia escogieron las armas en vez de la política. Quienes usaron la violencia deben hacer una catarsis social, decir que se equivocaron y pedir perdón a sus víctimas, a las familias de los secuestrados y de los muertos, a toda Colombia.

Algunos guerrilleros aceptaron la paz como un cambio de estrategia: la lucha armada era buena, pero hoy es más ventajoso otro camino. Este rechazo oportunista de la violencia no me convence. La única justificación de la sociedad para aceptar la reinserción de quienes usaron las armas para quitar vidas humanas, sin castigar estos homicidios y secuestros, es que acepten que fue un terrible, un profundo error.

Usted dice que no se arrepiente de haber abrazado ese camino, porque lo hizo con honestidad. No dudo de su honestidad y buena fe, pero esto no excluye que haya sido un gravísimo error, pues las armas nunca han arreglado nada. Y si hemos logrado algo de paz–si queremos llamar paz a una situación de violencia e injusticia que no vive ningún otro país del mundo: somos el único que se destruye a sí mismo- es apenas el comienzo de un proceso que borre las consecuencias de la guerra. No puedo considerar buena una paz que apenas cura parte de la violencia que la guerrilla misma creó.

2. Es conveniente que exista una alternativa política de contenido social, que busque la paz, la justicia, la lucha contra la pobreza y la exclusión. Por eso votaré por Lucho Garzón, como antes creí en Gerardo Molina. Y para consolidar este movimiento hay que dejar toda ambigüedad sobre la lucha armada y la violencia. Lo que aleja a muchos colombianos de movimientos como el de Lucho es el temor de que todavía estén cerca a los grupos armados. Sólo si Ud. y Lucho y son claros en este punto, si señalan que han roto para siempre con la estrategia armada, que no esperan nada de las FARC ni del ELN, su movimiento tiene perspectivas. Para reafirmar la opción por la paz, la reconciliación, la civilidad, sería clave que no quedara ninguna ambigüedad, ningún equivoco (como los que trágicamente mantuvo la UNO) que haga creer a quienes están cerca de las FARC que la candidatura de Lucho puede ayudar a darles un nuevo aliento político, que un resultado satisfactorio para Lucho puede ser un apoyo a las luchas guerrilleras.

Cordialmente

Clarita Gómez de Melo

siguiente.gif (1147 bytes)


© Derechos Reservados de Autor
Colombia

Hosted by www.Geocities.ws

1