Colombia en el diván



S.O.S.

    



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índice Colombia en el diván
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Colombia esta en situación crítica, pero puede escoger a dónde ir. Antes, en ocasiones similares, no se enfrentaron los problemas y el país se entretuvo con chichiguas y reparaciones menores.

Tenemos una maltrecha economía (ciencia esquizofrénica que no entiendo: dizque estamos en la olla porque las tasas de interés están tan altas que los empresarios no invierten y tan bajas que nadie ahorra y no hay que invertir), una violencia cada día peor (la guerrilla celebró la declaración europea de que no son terroristas acabando el pueblo de Bojayá, y por ahora no tendrá que tocar sus cuentas camufladas en Europa) y una situación social que no da espera (desplazados, desempleo, pobreza).

A los ministros les corresponde enfrentar esto. Pero para escogerlos rara vez se mira quien conoce un tema, tiene experiencia y ha mostrado honestidad e inteligencia. Lo que importa es de quién es amigo, que cuota representa, de que departamento es, de que sexo, de que minoría, de la cuerda o familia de cual ex presidente. Se escogen los que no saben, para darles oportunidad de aprender: hábiles en el arte del chamboneo, no construyen nada, sólo les interesa salir en los medios, declaran que han resuelto los problemas para los próximos años y se retiran al año, antes de que les explote en la mano lo que hicieron: el que venga atrás que arree.

No habría mejor sorpresa que ministros que dominen sus temas, tan capaces e inteligentes como el presidente (lo que no era difícil en los últimos años). Colombia se llenaría de esperanzas con un gabinete con gente como Mónica Aparicio, Cecilia María Vélez, Luis Fernando Ramírez, Nicanor Restrepo, Lucho Garzón, Armando Montenegro, Rafael Orduz, Luis Alberto Moreno, José Fernando Isaza, Patricia Correa, Antonio Navarro, Marco Palacios, Juan Felipe Gaviria, Rafael Pardo, Juan Mayr, Fabio Villegas y otros parecidos.

Estaríamos más tranquilos con personas decididas a aguantar cuatro años. Con un ministro de educación o de cultura cada 10 o 15 meses, no alcanzan siquiera a aprender a recitar a León de Greiff: "y una total inopia en los cerebros...”. Cuando saben como se llama la secretaria ya se van, habiendo logrado solo desordenar lo que intentó su predecesor.

Sería un descanso que el 27 de mayo el presidente anunciara sus ministros, para que empiecen el empalme y el 7 de agosto ya sepan lo que van a hacer y no pierdan meses informándose y tratando de acomodarse a los nombramientos del 6 de agosto.

La gente de provincia, al llegar a Bogotá, sueña con entrar al curubito y congraciarse con las oligarquías bogotanas, los ex presidentes y los medios. Ojalá el nuevo presidente piense que no vale la pena quedar bien con una clase dirigente que se tiró el país, y solo le importe resolver los problemas de Colombia.

Clarita Gómez de Melo

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