Colombia en el diván



Todo nos llega tarde

    



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"Colombia es tierra de leones", escribió Ruben Darío, que probablemente nunca vino por aquí: los leones son tan escasos como los cóndores por fuera del escudo nacional.

Los animales van a disminuir más, pues el Concejo de Bogotá, para defender los derechos de las bestias -defender los de los seres humanos, secuestrados, asesinados, maltratados, obligados a arriesgar su vida para vivir, es tarea imposible- ha prohibido que los circos los exhiban.

Sin embargo, quedan otros animales, a los que valdría la pena aplicar por analogía la prohibición del Concejo. ¡Que bueno sería prohibir los delfines, aunque sea algo tarde, pues el país se habría ahorrado mucho problema si nos hubieramos librado de ellos hace cincuenta o sesenta años! Pero es que como decía Julio Florez, "todo nos llega tarde, hasta la muerte".

Los elefantes han sido últimamente invisibles, de manera que puede ser innecesaria su prohibición: la última vez que los pudimos ver fue cuando el alcalde de Bogotá decidió casarse montado a sus espaldas.

Pero si sería un gran descanso prohibir los lagartos, que en este país clasista se encuentran de todas las categorías, inclusive con pretenciones de gran elegancia, tipo lacoste. Y los micos, tan versátiles, que cambian con frecuencia de circo, y se vuelven muy abundantes en las sesiones de final de año, cuando los colombianos, y sobre todo los congresistas, andan más dormidos. Esta prohibición es de urgencia nacional

Hay que proteger también los conejos, pues todo el mundo quiere ponerlos. En epoca de impuestos, claro, pero sobre todo despues de las elecciones: por cada promesa hecha por un político hay que poner un pobre animalito de estos. Tambien sería bueno impedir que los candidatos a cargos públicos se aprovechen de las avispas, a las que ponen a trabajar en sus operaciones electorales, Y prohibir los osos, que los presidentes y gobernantes se pasan haciendo, Y los lobos con piel de cordero, que invitan con voces seductoras a votar por ellos y luego se dedican tranquilamente a la rapiña. Y estaríamos mejor sin tanto cordero con piel de lobo que hay por allí, esos que se la pasan repitiendo en la televisión: "que tiemblen los corruptos", "que tiemblen los delincuentes", "que tiemblen los terroristas", cuando los que están temblando son ellos. Y en la vida diaria, cómo progresaría nuestra cultura si prohibimos los lobos, cómo descansarían las señoras si fuera posible acabar con tanto gallinazo, cómo descansaríamos todos si logramos declarar ilegales las culebras. Y sobre todo, que feliz sería Colombia si se acabaran las hienas, que comen carne humana y carne de secuestrado, y se ríen, creyendo que estan trabajando a favor del pueblo.

Pero como no sería sano para la biodiversidad eliminar todos los animales, podemos quedarnos con algunas cabras de balaca y, eso sí, proteger todo el sardinerío que se amontona en las calles de este país. La ley no puede ser tan dura.

Clarita Gómez de Melo

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