Colombia en el diván



Dime con quien andas...

    



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índice Colombia en el diván
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Según Sigmund Freud la política echa a perder el carácter. Sin embargo, en situaciones tan difíciles como la de Colombia, los ciudadanos ingenuos nos ilusionamos y creemos que los políticos pondrán las necesidades del país por encima de sus intereses. Pero una y otra vez la desilusión vuelve y los políticos vuelven a mostrar que no son muy confiables.

En estas semanas las personas que se han propuesto como salvadores del país escogieron sus candidatos a la vicepresidencia. Este cargo no tiene ninguna función distinta a ser presidente, si algo le pasa al titular. Y si su única tarea es ser presidentes, así esta sea una posibilidad remota, lo responsable es escogerlos por sus calidades para eso.

Pero es evidente que los candidatos (con la excepción de Noemí Sanín)) piensan que sus compañeros de fórmula no van a ser presidentes, y por eso buscaron personas que les sirvan para otras cosas. Según dicen, Uribe escogió a Francisco Santos para que le mejorara su imagen internacional y le sumara votos de las víctimas del secuestro. Serpa, por su parte, escogió a José Gregorio Hernández para que le trajera algunos sufragios del difunto partido conservador, quizás confiando en que, como en otras épocas, los muertos sigan votando ("Muertos son los que tienen muerta el alma, y votan todavía", decía Rafael Arango Villegas parodiando a Gustavo Adolfo Becquer). Y unos cuantos votos upaquizados, pues Hernández debe su fama a haber ordenado compensar las injusticias cometidas con los deudores de vivienda inventándose, sin pensar en las consecuencias, unas reglas que acabaron prácticamente con la posibilidad de que se preste plata para hacer casa. Eso es lo que ahora llaman social democracia o populismo, que es hablar a favor del pueblo y actuar sin pensar qué le va a pasar al pueblo.

Lucho Garzón, un defensor serio de los sectores populares, sin motivos para entregarse a maquinarias políticas, eligió a Vera Grabe, para pagar el apoyo de algún gran elector independiente.

En resumen, no escogieron sus vicepresidentes pensando en el país, sino buscando ventajas de corto plazo, unos cuantos votos o los servicios que les podían prestar en otras cosas. Ingenuo que es uno, creyendo que debían escoger personas que pudieran, si tenían que trabajar en su cargo, hacer algo serio para resolver los problemas del país, para salvar esta tierrita. ¡Pero solo a alguien muy iluso se le ocurriría que así funciona la política...!

En el caso de Lucho, hay algo más grave. Cuando hay que decir y volver a decir que se tiene que acabar con la violencia, cuando lo principal es cómo lograr la paz, no es un buen mensaje escoger a alguien a quien recordamos disparando en el Palacio de Justicia. Por supuesto, los que fueron guerrilleros y se han arrepentido deben ser aceptados y acogidos por el país, y deben poder hacer política. Pero el candidato del diálogo habría podido ofrecer un mejor símbolo del país que hay que construir...

Clarita Gómez de Melo

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