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Los colegios están inquietos porque se ha prohibido que más de uno de cada veinte niños pierda el año. Temen que los alumnos no aprendan si no se les asusta con otro año entero oyendo los mismos cuentos del año anterior, algo tan inútil como leer el periódico dos veces. Platón decía que lo que se aprende a la fuerza no echa raíces en la memoria. El temor a repetir no hace aprender más a los niños, y el esfuerzo por memoriar datos para pasar los examenes casi nunca sirve: aprobado el examen, el niño olvida lo que aprendió y pasa orondo al otro curso. Los que pierden, por fallar en algunas materias, gastan el año repitiendo las que ya habían aprobado. Y los maestros no se preguntan por lo esencial: porque los niños no aprenden, si lo que enseñan no es atractivo o interesante, si tienen en cuenta los diferentes intereses de sus estudiantes. Mas que aprender cosas, los niños deben ir al colegio a aprende a vivir y a convivir, a transformar los intensos afectos familiares en nuevos afectos que amplíen sus relaciones, a tratar con niños de su edad, a tolarar a los rivales, a controlarse, a ser solidarios, a respetar las diferencias. Sobre todo, a no hacer a los demas lo que no quieren que les hagan a ellos. En lo academico, lo basico es despertar en los niños el interés y el gusto por aprender y conocer, y desarrollar sus habilidades para ello. Las unicas herramientas de conocimiento que hay que dominar son leer y escribir bien y las matematicas,. Con ellas aprenderan en la vida y en los libros (y ahora en Internet) lo que sus maestros no les enseñen: seguirán aprendiendo toda la vida. Este enfasis en las calificacionse deforma la enseñanza y hace que los niños, inducidos a pelear por notas, piensen que lo importante no es saber sino pasar los exámenes, no importa como: allí se educan, desde su más tierna edad, en las útiles técnicas del fraude y del engaño. Los niños acaban compartiendo la obsesión colombiana: todos quieren ser doctores (y presidentes de la República o de cualquier cosa) El error del Ministerio es dejar que un niño en cada curso deba ir a fracasar a la clase siguiente. Nadie debe quedarse. El que este muy débil en lo que importa (las matemáticas son lo único que hay que aprender en orden), quie tome cursos adicionales o repita esa sola clase, pero que siga con los compañeros de su edad. Pruebas periodicas nacionales pueden indicar a los alumnos su nivel, el punto de la curva en el que están, para que sepan en que tienen que mejorar y si están aprendiendo lo que requieren para seguir avanzando o para recibir una educación profesional o técnica ( que es la que más falta hace en el país). Y con estas pruebas, además, se sabria que tan buenos son los profesores, que son los que deberían repetir los curso que no aprendieron bien. Clarita Gómez de Melo |
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