Colombia en el diván



Madre nuestra que estás en los cielos...

    



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La Alcaldía de Bogotá anunció que vinculará a los padres a los programas de lactancia. Y para que seamos más iguales, el presidente se dirige ahora a los "colombianos y colombianas", aunque sigue poniendo a los varones primero.

El capitalismo dio a las mujeres la oportunidad de emanciparse, de ejercer todos los oficios. Pero al darles la posibilidad de ser iguales en el terreno legal y laboral, las sometió a nuevas esclavitudes. Si antes estaban encerradas y su única función era tener y criar hijos, ahora son ejecutivas o trabajadoras, sirvientas y madres.

A pesar de sus éxitos profesionales, las mujeres no parecen contentas: los hombres, educados y criados por ellas, están aterrados y cada vez parecen desearlas menos. Ellas, desesperadas, se desnudan, se convierten en objetos sexuales, en modelos, para recuperarlos y atraerlos. Al mismo tiempo, no desean de verdad a esos hombres cada vez más débiles y lejanos, incapaces de imponer la ley en el hogar: que las mujeres suelten a los hijos para dejarlos crecer, lo que solo ocurre si desean y son deseadas por sus hombres.

La mujer ha dispuesto del mayor de los poderes, tener y formar a los hijos. Los machistas contra los que luchan son su producto, y lo son los ablandados hombres de hoy. Nada más influyente, destructivo y dañino que las madres, cuando no desean ni respetan a su hombre y se aferran a sus hijos. ¡Y las madres son mujeres!

Por eso, es buena idea que ellos vuelvan al hogar a colaborar en la formación de los hijos, y no dejen la más importante de las funciones de la sociedad en las manos únicas (y por ello terribles) de las mujeres. ¡Que se dediquen también a la lactancia infantil! Y también sería buena idea que nuestra sociedad diera, a las 600000 madres de cada año, siquiera dos años pagados, para criar a sus hijos sin tener que trabajar afuera.

Lo de colombianos y colombianas es inoficioso. La guerra contra el idioma es muy complicada, y lograr la igualdad de los géneros gramaticales imposible: cada avance deteriora los idiomas, que han resultado muy arbitrarios. El alemán, con sus tres géneros es quizás el más sabio: allí la esposa es neutra. Por otra parte, habría que cambiar el género de muchas cosas, nombradas con criterio machista. El día es injustamente masculino y la noche mujer. ¿Y como es que el sol, con su brillo y su calor, es masculino y la luna, tan débil, femenina?: Los igualitarios alemanes hablan de "la " sol y "el" luna. Y, para evitar traumatizar a nuestros niños, hay que ser consistentes, y hablar como el presidente: "para que unos y otras rindan en sus estudios, y sas profesoras y sus profesores las y los formen .para que sean ciudadanas y ciudadanos buenos y buenas en nuestra Colombia" (que, como "la humanidad", resultó mujer, vaya uno a saber por qué).

Clarita Gómez de Melo

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