Colombia en el Diván


¿Quien dijo Magia?


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En muchos países del mundo, grupos fanáticos, generalmente cristianos, están oponiéndose a la magia de Harry Potter. Sus libros han sido prohibidos, quemados, retirados de bibliotecas y listas de lectura escolar, por enseñar a los niños magia y satanismo.

Los niños no necesitan a Harry Potter para creer en la magia: cuando están muy pequeños sus madres son las hadas poderosas que convierten su deseo y su pensamiento en realidad. Basta que sientan hambre para que la comida aparezca, que les de frío para que una cobija los cubra. Al ir al colegio, sin embargo, descubren que ya no son el centro del universo, que son uno más entre todos, y que no basta desear una cosa para tenerla. Poco a poco, de frustración en frustración, aprenden a vivir en el mundo real.

Sin embargo, nunca se pierde la nostalgia de esa omnipotencia infantil. El juego, el arte, la literatura, la religión, son las formas como niños y adultos reconstruyen la magia de la infancia, se identifican con héroes omnipotentes o sueñan con recibir la atención de seres todopoderosos: hasta creen que Dios, que nace cada año y trae regalos a los niños, ha muerto por su amor a ellos, y está pendiente -aunque los resultados no sean muy buenos- de este ínfimo planeta y de sus gentes.

Algunos de los que más creen en cosas mágicas son, por supuesto, los más molestos con la magia de Harry Potter. Suponen que daña a los niños al narrar otra vez la lucha del mal contra el bien, del odio contra el amor. Si revelar la presencia del mal hiciera daño a los niños, habría que empezar por prohibir la historia universal, que comienza con el asesinato de un hermano por otro, con sus Atilas y Genghis Khanes, que arrasaron el mundo pero cuyas masacres resultan de soldaditos de plomo al compararlas con los horrores de la conquista de América, con el holocausto de judíos o con los genocidios de Stalin, o con el intento de resolver a punta de bombas los problemas de una nación cuya riqueza mayor son las piernas para víctimas de minas antipersonales. Y habría que prohibir a Colombia, tan dañina para sus niños, con sus noticieros llenos de violencia, con esos magos que a nombre del pueblo y de la paz convierten a un joven indio que sale envuelto en una sábana blanca a defender su pueblo de Coconuco en una figura de ultratumba: esas si son pruebas!

Quizás la magia más poderosa de Harry Potter es hacer que los niños, así sea después de ver la película, apaguen por un rato el televisor y lean una excelente historia, que es sobre todo una historia de amor. Porque el poder de Harry proviene, como lo dice el rector del colegio, del amor: "Tu madre murió para salvarte. Si hay algo que Voldemort -la fuerza del mal- no puede entender es el amor. No se dio cuenta de que un amor tan poderoso como el de tu madre, deja marcas poderosas. No una cicatriz, no un signo visible... Haber sido amado tan profundamente, aunque esa persona que nos amó no esté, nos deja siempre una protección. Eso está en tu piel...."


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