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Pocas cosas preocupan tanto a algunos colombianos como lo que funciona bien y produce resultados. Arreglar lo que está mal es complicado: es más fácil cambiar lo poco que está funcionando. Hace unos meses se discutió en el senado la conveniencia de trasladar las actividades culturales del Banco de la República (el museo del oro y las bibliotecas) al Ministerio de Cultura. Y esta semana varios artículos de prensa dicen que como la hora zanahoria en Bogotá ha funcionado y hay menos muertos, es ya hora de irla quitando. Quizás la economía se esté resintiendo, porque hay menos entierros y crece el desempleo en las funerarias. Otras cosas, además, están afectando al activo sector de la economía que vive de los muertos. Un informe de policía dice que los bogotanos están abandonando el saludable hábito del suicidio, que disminuyo en este año más del 20%. Es difícil adivinar la causa. Algunos optimistas pensarán que el hecho de que medio millón de bogotanos ya no monten en bus sino en Transmilenio eliminó uno de los motivos de suicidio, y que tanto parque y tanta biblioteca en los barrios bajó el pesimismo de la gente, pero quizás la respuesta está en otra parte: el desempleo está tan grave que la gente no se suicida para que su familia no tenga que cargar con los gastos del entierro. Mientras tanto, otro sector de nuestra golpeada economía crece aceleradamente, en parte por los esfuerzos de nuestros legisladores por arreglar las cosas. Como la policía estaba metiendo mucho delincuente a la cárcel, el Congreso de la República expidió un nuevo código, y ahora todos los "jaladores" de carros podrán seguir trabajando varios años antes de que los encierren. Quizás los congresistas querían ayudar a las compañías de seguros (aunque la política estatal ha sido en esto muy exitosa, y tanta inseguridad ha hecho que en el primer semestre del 2001 les entraran 280.000 millones de pesos mas en primas que hace un año!) incitándonos a todos a pagar el seguro contra robo. Claro que cuando la cosa no funciona de verdad, no se arregla y se sigue el método de Simón el Bobito, que "vio un montón de tierra que estorbaba el paso, y unos preguntaban: ¿qué haremos aquí? ¡Bobos! dijo el niño resolviendo el caso; que abran un grande hoyo y la echen allí." Hace años Paz de Río está quebrado, y por eso le metieron plata y plata, para que las perdidas fueran respetables. Como ahora el Seguro Social también está quebrado, se hizo un arreglo para que sus empleados actuales reciban intereses del 16% sobre sus cesantías, a cambio de no actualizarlas con el último sueldo en el futuro. Abrir un hueco grande hoy, para echar la tierra en otro que no sabemos cuando van a hacer. Solo falta que le entreguen a Corelca las Empresa Públicas de Medellín, que Avianca administre a Aces, que la Universidad de los Andes sea dirigida por la Antonio Nariño, y que el Congreso, como lo hace cada vez más, maneje directamente el presupuesto nacional. |
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