Colombia en el Diván

"Me tocó ser así..."


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La senadora Pilar Córdoba presentó un proyecto de ley que da a las parejas permanentes del mismo sexo derecho a la seguridad social, a compartir sus propiedades, a heredar, a una licencia laboral (tres días) por muerte del otro, a visitas de pareja si uno de ellos está preso. El proyecto no habla de "matrimonio" o "familia" y se orienta, en forma muy práctica, a que los homosexuales (hombres y mujeres) no sean discriminados por su condición.

La propuesta tiene inquieto al Ministro de Justicia, que opinó en un noticiero que atentaba "contra las buenas costumbres". No explicó cuales buenas costumbres dañará la ley, a menos que sea la de hostigar y perseguir a los homosexuales. El ministro parece compartir la idea, ya prehistórica, de que la homosexualidad es una perversión o una enfermedad, cuando no un acto delictivo, por lo que son justos y convenientes los esfuerzos de la autoridad para combatirla o desestimularla.

Quienes así piensan desconocen que las personas no escogen ser así, sino que, como en el título de un libro brillante que tiene mucho que ver con este tema, "me tocó ser así". La orientación sexual es el resultado de un proceso de identificación con el padre del mismo sexo, que muchas veces falla, sobre todo cuando el padre es un perdedor en las relaciones de afecto con su pareja. Si la madre no quiere ni respeta al padre, si este es un derrotado, el niño no se identificará con él. Si la madre no es deseada por el marido, la niña no se identificará con alguien a quien nadie quiere. Esta identificación no es una elección, y usualmente se mantiene estable para toda la vida, sin que terapias, drogas, represión social o legal, convicciones filosóficas o prédicas moralistas puedan convertir a un heterosexual en homosexual o a un homosexual en heterosexual.

Por eso, ningún homosexual puede decidir, por pura y libre elección, que en adelante se dedicará a hacer el amor con personas del otro sexo: aunque lo quiera no podrá hacerlo, pues el deseo no surge donde uno quiere sino donde menos se piensa.

Lo que hace más injusta la oposición a la ley es que la homosexualidad es en casi todas las culturas un destino trágico. El homosexual es perseguido, debe ocultar sus afectos y deseos, vivir señalado y confinado a un ghetto, arriesgar su trabajo o su respetabilidad. Se quiere añadir una penalidad adicional a quienes ya son víctimas de los prejuicios y la ignorancia, impidiendo a los que tengan el valor de convivir con una pareja disfrutar de beneficios que se reconocen a quienes tienen pareja de distinto sexo. Los prejuicios de la sociedad son difíciles de erradicar, es verdad. Pero que las autoridades los estimulen o compartan, y justifiquen con ellos una situación de discriminación, es, esa sí, una muy mala costumbre.


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