"Algo está podrido..."
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| Es difícil imaginar la muerte de la Cacica. Pensar en el hombre capaz de dispararle a la cabeza a una mujer indefensa, posiblemente arrodillada. ¿Cómo puede alguien de un movimiento que pretende luchar por la justicia, que habla de paz, que busca construir una nueva sociedad, hacer esos disparos? Muchos hablan de la degradación del conflicto, así en abstracto, y afirman que si no firmamos la paz "el conflicto" se seguirá degradando. Pero lo que este hecho ha confirmado es que las guerrillas, como los paramilitares, ya atravesaron las barreras éticas más elementales. Los argumentos políticos, la palabrería no importan: el hecho es que se han convertido en movimientos que atraen psicópatas y que, con sus formas de obrar, con sus instrucciones y sus argumentos, estimular actos psicopáticos.
Por supuesto, esa psicopatía tiene causas. Ya he afirmado antes mi convicción de que el carácter extremo de la miseria y la exclusión que han padecido muchos colombianos promueve condiciones favorables para la violencia. Sobre todo, en las últimas décadas, las condiciones de la violencia se reproducen con la violencia: muchos niños son maltratados, se familiarizan desde pequeños con la muerte, son testigos de actos de horror que los marcan para siempre. Crecen sin afecto, golpeados, ignorados y abandonados, y un niño que crece sin afecto no tiene motivos para ser bueno. Formados en esas familias que han visto morir por las armas casi medio millón de sus miembros, o en casas llenas de hostilidades y guerras internas, la delincuencia los recluta cuando llegan a la adolescencia. La delincuencia que quiere dinero o la que pretende obrar por el bien de todos los colombianos: allí llegan los que necesitan la emoción y la disciplina de las armas, un padre autoritario con toda la verdad, el fanatismo de una misión suicida. En sociedades menos descuadernadas, muchos de esos niños maltratados tienen experiencias que permiten su recuperación, no existen tantas organizaciones listas a entrenarlos y organizarlos, y los argumentos sociales no les justifican una vida de violencia y delincuencia. En nuestro país la violencia es bien vista, produce resultados, muchos argumentan que es el único camino que les queda a los pobres y consideran lógico que unos cuantos psicópatas armados nos representen y pretendan llegar al poder a nombre de las necesidades y miserias de los colombianos. Actos como éste, y miles de secuestros y homicidios que aterrorizan a los colombianos, son la razón para que vayan a una asamblea constituyente, con tanto derecho como los que tienen en su favor sólo el apoyo de unos cuantos ciudadanos. Las cosas no cambiarán pronto: todos los días miles de niños colombianos están formándose para la violencia, y estaremos muchos años bajo la sombra de los que saben que el poder nace de las armas. La capacidad estatal es mínima: las autoridades están seguras de que si no convencen a las guerrillas por las buenas, no pueden hacer nada. Quizás algún día puedan más, pero mientras tanto solo lo que se haga en las casas, guarderías y escuelas, lo que proteja con afecto y cuidado material y psicológico a los niños de hoy permitirá que algún día, y el día no esté tan lejano, logremos una verdadera paz. |
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