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En los Estados Unidos, en
épocas de la esclavitud, el médico Samuel Cartwrigth, descubrió dos enfermedades: la
drapetomonia, o compulsión de muchos esclavos a escaparse, y la disatesia etiópica, que
era la tendencia irresistible a desobedecer a los amos. Los siquiatras norteamericanos
diagnostican con frecuencia la paranoia de los negros, una enfermedad también frecuente
en judíos y homosexuales. En la Unión Soviética se trataban los síntomas
anticomunistas de poetas y disidentes con drogas y choques eléctricos. Es frecuente el
síndrome de pereza crónica (SPC) que tienen los pobres, por el cual nunca salen de su
situación. Entre las mujeres existe el síndrome de "más vale malo conocido"
(MVMC), propio de las que se resignan patológicamente a los maridos que las aporrean.
(Dame palo pero dame que comer) La Asociación de Psiquiatría Norteamericana define en su Manual de Diagnóstico(DMS) las enfermedades mentales. Antes existía la "ninfomanía" de las mujeres deseosas de sexo; reemplazada ahora por el Desorden del Deseo Sexual (DDS), de las que no tienen ganas de hacer el amor. Cuando unas enfermedades desaparecen de la lista otras se ponen de moda: ahora nos llegó el ADHD: o Desorden de Falta de Atención con Hiperactividad. Según el Manual, se requieren ocho rasgos de catorce para tenerlo: no quedarse sentado cuando así se ordena, contestar antes de que acabe la pregunta, empezar nuevas actividades sin terminar las anteriores, olvidar los elementos necesarios para hacer algo, no respetar los turnos, no oír a los demás, interrumpirlos o hablar demasiado. Todos los colombianos probablemente lo padecen, incluso en el gabinete municipal de Bogotá, y por supuesto cuando un maestro aburridor o un padre autoritario no pueden soportar un niño, seguramente encuentran un típico caso de esta patología. Las compañías de drogas están felices:
los siquiatras recetan ritalina para el mal, y colegios y 'profesores presionan para que
los padres hagan tratar a sus hijos con esta droga. Hasta ha habido demandas en USA contra
los que ven con simpatía la inquietud de sus hijos o creen que si se aburren en clase es
por causa de los profesores. En nuestro país, cosa bastante alarmente, ya hay muchos
colegios en los que la epidemia de ADHD se ha desatado, y sus autoridades y consejeros
insisten en que los padres den la droga a sus hijos necios. Los niños, por supuesto, se
ponen formalitos y no molestan más. Los problemas reales -el maltrato en las casas, los
conflictos entre los padres, la falta de atención, la rutina aburridora de la clase y la
falta de alternativas pedagógicas- se ignoran, pues la droga cura los síntomas de una
enfermedad que nadie ha definido bien, no ha sido estudiada científicamente y se
diagnostica a partir de los prejuicios y actitudes de los adultos, que usan su poder para
callar a los chiquitos. Como en la zarzuela, "juzgando por los síntomas que tiene el
animal, el niño puede estar enfermo o puede no lo estar".
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