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En el Santuario de las
Lajas, hay una placa en la cual una cooperativa campesina agradece a Nuestra Señora
"el milagro de sacarnos la personería jurídica en dos años". Con una
"clasesita dirigente" como la nuestra, embebida en su propio narcisismo y en sus
intereses particulares, los ciudadanos ven como un milagro que en dos años se logre
conseguir algo... En la relación entre madres e hijos, que es el patrón de las relaciones humanas posteriores, muchas veces las madres, centradas en si mismas, no logran dar una atención genuina al niño, se muestran ajenas a sus necesidades reales. Ante tal frustración, el niño se vuelve envidioso, impaciente, celoso, posesivo, impulsivo, no desarrolla su autonomía y depende agresivamente en todo de la madre. Responde entonces con anorexia o bulimia: el rechazo total a la comida o la compulsión de comer, para hacerse notar o hacerse ver a través de la levedad total o la obesidad. Entre los adultos, y especialmente entre nuestros pobres, que son mayoría, la anorexia no es salida, pues "se da silvestre" y a la fuerza; los gordos si resultan visibles: son sospechosos de apropiarse de la parte de los demás, de transgredir las prohibiciones, de ocupar más espacio y pesar más, de no caer en la tentación de dominarse a sí mismos. Los grandes artistas logran captar, en ese espacio de la creación donde nada es verdad ni mentira, los rasgos profundos de la realidad. Fernando Botero, al hacer de la búsqueda de volumen el eje de su visión estética, logra en forma original y universal que sus gordos se conviertan en espejo de los colombianos. El arte de Botero ha permitido que los colombianos se reconozcan, divertidos, en esos gordos llenos de gracia, ahítos de aire y de promesas, mientras que su generosidad del maestro les permitirá también a todos nuestros compatriotas ver, en las obras de los otros artistas que ha regalado. lo que antes solo podían gozar los que podían viajar a las capitales del arte mundial. Y este es el principio de un gran cambio. Entre todas las esculturas hay una especial; la "mujer reclinada", una gorda de mármol blanquísimo, iluminada levemente en la boca y los pezones, símbolos de la avidez, por "la aurora de rosados dedos" que decía Homero. El humor de Botero permite que nos reconozcamos críticamente sin sentirnos heridos. Esa gorda pues debería ser el símbolo de la patria, en vez de los engañosos cuernos de la abundancia de nuestro escudo.
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