La madre Cecilia Cros Gurnés, nació el 16 de Septiembre de 1.902 en San Lorenzo de la Muga, un pueblo Catalán enclavado en las faldas del Pirineo (Noreste de España).

Asistía al Colegio que las hermanas de Nazaret tenían en San Lorenzo siempre atenta a cualquier enseñanza que recibía de sus maestros observándolos y tratando de imitarlas.  En 1.909 cuando San Pio X concedió permiso a los niños para acercarse a comulgar, experimentó su primer contacto con Jesús y esa misma tarde se acercó sin timidez a la Madre Superiora y le expresó su deseo de ser religiosa a lo que la superiora le respondió de que no hablara más del asunto hasta que fuera mayor.

Así la pequeña siguió siendo la misma de siempre y guardaba su secreto hasta que el 17 de enero de 1.927 entró a la Congregación de Nazaret haciéndose novicia y desarrolló sus cualidades naturales que le iba a exigir  su nueva vida religiosa. El 18 de julio de 1.927 recibe el hábito y su congregación oficial y definitiva a Jesucristo fue el 5 de septiembre de 1.933.

Trabajo incasablemente en la educación de las niñas, nunca dejaba perder oportunidades para dar palabras alentadoras, era dura en sus exigencias pero nunca dejaba ir a una niña a su casa si no tenia acercamiento a ella. Ella creaba un ambiente de confianza, alegría y colaboración que se basaba en el amor.  Luego de haberse convertido en Superiora General, se dedicó por completó a la educación de las niñas.

 

El 17 de agosto de 1.955 fue reelegida Superiora General reemprendiendo su expansión misionera iniciada en 1.952. En 6 años fundó 26 casas, de ellas 16 en Venezuela: 13 colegios, 2 residencias  universitarias y un noviciado sin haber tocado un céntimo de los presupuestos del Estado.  En pocos años trajo 89 religiosas de España  que impulsaron con cariño dichas obras. La mentalidad futurista de la Madre Cecilia Cros y fe en las personas que la rodeaban  hizo que toda su labor fuera posible.

Aunque el colegio no estaba terminado, se había previsto la inauguración oficial de la capilla el día 12 de marzo de 1959. Madre Cecilia Cros debía traer la piedra de altar desde Maracaibo. Pero cuando junto con otras dos religiosas viene con ella, el día nueve de marzo, un camión deslumbra al conductor y el auto cae por un puente en la carretera de Dabajuro, en Tarana. La piedra golpeó a Madre Cecilia Cros la cual, además de otras fracturas, sufrió fractura craneal.

 

 

Es de noche cuando ocurre el accidente pero consiguen que un camión pare y la traslade a la medicatura de Dabajuro. Sin embargo llega tan sólo su cuerpo sin vida; en el camino, recorriendo kilómetros quien tantos recorrió por Dios, rezando en su lengua nativa, el catalán, y sostenida por dos personas que representan el pueblo que ella ha escogido como hermano muere aquella que se ha sentido “universal como el universo”.

                                          

Se avisó a Monseñor Iturriza el cual se trasladó rápidamente a la medicatura e hizo que las otras dos hermanas fueran trasladadas al hospital. Y por la mañana, le corresponde a él la penosa tarea de acercarse a un Colegio Javier que ya se está engalanando para la fiesta. La noticia, dada con amor de padre y dolor de amigo, cae como un mazazo. Pero la fe sostiene y hace reaccionar a las religiosas que convierten su dolor en oración.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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