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EL CARISMA RECIBIDO,
HERENCIA
DE SAN JOSÉ MANYANET
A SUS HIJOS E HIJAS
“Seguir y
anunciar a Cristo en el misterio de Nazaret”
(Const. 3)
Es la síntesis del Carisma que consagró
enteramente al Padre Manyanet, a contemplar con realismo,
el Misterio de la Encarnación del Hijo de Dios, que redime a la
humanidad desde la experiencia de ser familia. Dios-con-nosotros, se
revela y se hace cercano, en el espacio sagrado de un hogar.
“Al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido
de una mujer...” Nacido en el seno de una familia humana.
Manyanet entra en Nazaret, la casa de María y de José, y se hace Hijo de
la Sagrada Familia.
“Vos me llamasteis a
vuestra santa casa para que allí me emplease en el ejercicio de sublimes
virtudes y en ello quiero complaceros como es debido” (MD I Parte, 22º)
En aquella Familia Santa encontró todo lo que anhelaba su corazón.
Decidió quedarse con Ellos, y sólo salió de Nazaret para anunciar lo que
del Misterio de Dios, hecho hombre, le fue revelado en la sencillez y
familiaridad de lo cotidiano. Nazaret,
“morada de paz y verdadera
alegría... aquí se te enseñará y encontrarás lo que quiere y tu corazón
sea”. (E.N., v.1)
Para Manyanet, Nazaret es camino de simplicidad y belleza, “Trinidad de
la tierra”, nombre familiar con el que él solía llamar a Jesús, María y
José, que le permite acercarse y contemplar por dentro, la Trinidad del
cielo, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.
El don del Espíritu otorgado a san Josep Manyanet, determina su
respuesta a las necesidades de los tiempos y es en sí mismo: NAZARET, un
Carisma para la Iglesia... NAZARET, un Carisma para el mundo... NAZARET,
un Carisma para las familias...
El Carisma configura y da fisonomía a quien lo recibe, de él se
desprenden la identidad como sello que imprime a la consagración un
estilo peculiar de seguir a Jesucristo y una dimensión espiritual y
apostólica que le son propias. |
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