Hacer performance en la ciudad de México por Ema Villanueva Texto leído en la mesa “El performance en la ciudad de México” del ciclo “arteACCIÓNes PERFORMANCE” Museo de la Ciudad de México 16 de junio 2002 Me invitaron a esta mesa para hablar de mis experiencias al hacer performance en la ciudad de México. Qué bueno que no me invitaron a hablar de otros, porque creo que no se puede hablar de los demás sin caer en reduccionismos y generalizaciones. Creo que “performance” es sólo una nueva manera de nombrar algo que ha pasado en la Ciudad de México desde hace muchísimo tiempo. Ya muchos han escrito, a mi modo de ver con razón, que esta es una ciudad con una tradición performática. Yo estoy de acuerdo, pero no en el sentido pintoresco e ignorante en el que Bretón decía que este era un país “surrealista”, sino porque la gente le da a su vida un tono de ritualidad, que genera imágenes y experiencias sui géneris. Un ejemplo de esto sería la carnicería donde encontramos una virgen junto a un poster de la revista bueníssima, ambas bajo una gran cabeza de cerdo; frente a esto, el carnicero diciendo piropos romántico-eróticos a las mujeres que pasan, vestido con un delantal ensangrentado, mientras sostiene un bistec en la mano izquierda y un enorme cuchillo en la derecha (este ejemplo lo tomo respetuosamente de César Martínez). Creo que frente a esta cultura espontánea y popular, el arte conceptual que se presenta en los museos tiene que trabajar mucho, mucho para estar a la altura. Ahora bien: yo hago performance y otras formas de arte, que llamo Arte Público. Me gusta hacer acciones con un sentido político, en el más amplio sentido de la palabra: nunca partidista ni propagandista, sino que se inserten y entren en diálogo con las diferentes ideas y prejuicios de la sociedad. Como ejemplos de esto mencionaré algunas piezas que he realizado, como casi todas, en colaboración con mi compañero Eduardo Flores. 1. Pasionaria. La Policía Militar Preventiva ocupaba Ciudad Universitaria. Con el cuerpo pintado de rojo y negro, vistiendo sólo un bikini bicolor, caminé de metro Zapata a CU pidiendo a los transeúntes que pintaran en mi cuerpo su opinión sobre la huelga; repartía, a mi vez, volantes con información sobre la problemática de la UNAM (aquella no reproducida en los medios de comunicación y que al día de hoy sigue vigente) y los puntos del pliego petitorio “con mis comentarios personales, no autorizados por el CGH ni por nadie”. 2. Orgullosamente UNAM. Unos meses después de regresar a clases en la UNAM, se emprendió fuera y dentro de ella una ominosa campaña publicitaria llamada “Orgullosamente UNAM”, destinada a hacer olvidar a los estudiantes presos y expulsados, así como sus causas de lucha. Para jugar con esas nociones de “pureza” e “impureza” que manejaba la campaña propagandística de rectoría, lo que hice durante un ciclo de acciones y conferencias, fue llegar a la explanada de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales vestida de novia, con una gran banda de edecán que decía “Orgullosamente UNAM”; Allí encontré a un hombre de traje, con fistoles y símbolos de la institución; lo senté enmedio del patio, lo desvestí y allí mismo le realicé sexo oral. 3. Clase de Dibujo Libre. Es una clase de dibujo con modelo como las que se dan en escuelas de arte –yo modelo y Eduardo Flores conduce la clase-, pero con algunas diferencias: (1) ocurre en un lugar público, abierta a cualquier persona que quiera participar; (2) al mismo tiempo que da instrucciones de dibujo, Eduardo comenta sobre distintos temas como la libertad de expresión, invitando a la gente a reflexionar y formarse una opinión propia, por medio de un diálogo con preguntas y respuestas desde ambos lados; y (3) yo modelo con una actitud activa: participo en las pláticas, y varias veces durante la acción me bajo de la tarima para platicar directamente con los participantes. Dura entre 60 y 90 minutos, y la hemos hecho unas 15 veces, la última de ellas el domingo pasado en la plancha del Zócalo, en apoyo a las propuestas educativas de la CNTE. 4. Vivos los queremos. Esta fue una serie de acciones (performance, danza, teatro y “mitin”) que organizamos Eduardo y yo en el zócalo, en apoyo al Comité Eureka, y solicitando la presentación con vida de los desaparecidos políticos mexicanos. Participaron artistas y activistas de México, Argentina, Brasil, Puerto Rico y Guatemala, así como madres e hijos de desaparecidos mexicanos. Eduardo y yo, dado que éramos los organizadores, no nos presentamos. Mi objetivo principal en estas y otras piezas ha sido generar debate y discusión sobre temas e ideas que la sociedad da por sentadas, o llamar la atención hacia temas que me parecen importantes y que la costumbre y la apatía han vuelto invisibles. Para prevenir polémicas inútiles, quiero establecer algunas de mis ideas: 1. Creo que toda pieza de arte comunica, voluntaria o involuntariamente, lo quiera o no. 2. Asimismo, toda pieza de arte tiene un efecto político, aún aquella que intenta ser “apolítica”. 3. Creo que la diferencia del arte público con la propaganda, es que no busca imponer una idea como “la verdad”, ni trata sólo de difundir una versión de las cosas, sino que le da la oportunidad al espectador de formar su propia opinión, e incluso de participar en la pieza. Así, el espectador le da a la obra no sólo su forma final, sino también su significado. Quiero finalizar mencionando algunos puntos que siempre tomo en cuenta a la hora de preparar una pieza. Estos puntos los he aprendido de los expertos, quienes realmente saben cómo hacer una intervención urbana: aquellos que realizan lo que de manera completamente subjetiva, inadecuada y soberbia llamamos “performances involuntarios”: el legendario policía crucificado en Reforma (de nombre Ricardo Chairez Coria, para mayor referencia); las no menos famosas enfermeras que se desangraron frente a la Comisión Nacional de Derechos Humanos; y el señor Fernández Noroña, que organizó -entre muchas otras cosas- el derramamiento de miles de litros de leche de vaca frente a la Secretaría de Comercio. Para mí, ellos son quienes han logrado acciones que verdaderamente logran cierta conexión de algún tipo con “el público”. Observando sus trabajos y estudiándolos un poco, he sacado una lista de características que deberíamos tener en cuenta aquellos que hacemos performance en las calles de la ciudad de México: 1. Surgen de una necesidad real de comunicación, y no de un mero afán de hacerse famoso o de pertenecer al mundo del arte. 2. Saben perfectamente qué quieren decir y por qué; tienen muy claro a qué público se están dirigiendo, y qué reacción buscan generar en él. 3. El autor sabe quién es él, sabe qué representa, y esa identidad forma parte de la pieza y le da sentido. 4. Los autores están comprometidos con su “pieza”, con su mensaje, y con su sociedad, y no con “el arte”, los críticos y su gremio. 5. Trabajan con metáforas y símbolos claros e impactantes. 6. Son políticos, pero también son personales. 7. Saben que, para que su pieza llegue a quienes tiene que llegar, debe llamar la atención de los medios de comunicación; y para ello tiene que competir con (y ganar a) noticias mundiales, campeonatos de fútbol, publicidad quizá cien veces más atractiva… 8. No se fían de su genialidad… para estar seguros, dan volantes y comunicados de prensa. 9. Hacen su manifestación lo suficientemente breve para que no aburra o se convierta en “parte del paisaje”, y lo suficientemente larga para que sea vista y surta efecto. 10. No esperan a que se les dé el espacio adecuado, financiamiento, permisos o becas para realizar sus acciones. Ellos los buscan y los consiguen. También los cuentistas -Poe, Chéjov, Quiroga, Borges, Cortázar, etc.- me han enseñado mucho de cómo hacer performance; pero no es el tema de la mesa, así que sólo voy a terminar con una frase de Cortázar que dice más o menos así: Mientras que la novela puede ganar por puntos, el cuento tiene que ganar por knockout. El performance es igual: mientras que otras disciplinas pueden ganar “por decisión”, el performance gana por knockout, o no gana. Gracias.
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